No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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Garrett golpeó a Edward en la espalda.

―Maldito perdedor, sal del bus. No le estás haciendo ningún bien a nadie emborrachándote aquí sentado de nuevo.

―Cállate. ― Edward lanzó el resto de la cerveza hacia atrás.

―¿Sabes lo que necesitas? Necesitas echarte un polvo. ― Garrett probablemente tenía razón. Habían pasado dos semanas desde su fin de semana de felicidad. Era tiempo de olvidar a la maravillosa profesora de sexo y seguir adelante.

―Sí. ― dijo Edward. ―Supongo que sí.

―Jazz está organizando un circulo de mamadas. A lo mejor deberías unirte.

―¿Para eso viniste? ― Edward rodó los ojos.

―Bueno, siempre lo vences. Y él le prometió a Emmett que, si no ganaba, abandonaría el sexo por un mes.

Edward se echó a reír. Jazz ni siquiera se molestaba en negar su adicción sexual. ¿Un mes? El hombre se quemaría espontáneamente.

―Sí, me gustaría ver eso.

―A todos nos gustaría verlo. Él se imaginó que como no ibas a participar, seguramente ganaría.

―Estoy dentro. ― Edward se puso de pie, tambaleándose ligeramente. Garrett envolvió el brazo de Edward sobre sus hombres para ayudarlo a caminar.

―Tienes que dejar de beber tanto.

―Lo sé. ―Pero el beber mitigaba el dolor tan bien. El zumbido inducido por el alcohol había comenzado a disiparse en el momento que entraron al otro bus.

―Edward está dentro. ― anunció Garrett. Emmett saltó de la silla y abrazo a los dos guitarristas.

―¡Sí! ― Miro por encima del hombro a su vocalista. ―Vas hacia abajo, Jazz.

―Pensé que nosotras íbamos hacia abajo. ― una de las seis mujeres murmuró, pareciendo confundida.

―Nadie invitó a Edward. ― protestó Jazz. Una explosiva rubia con lápiz labial rojo levantó la mano.

―Me pido a Master Cullen.

―¿Eres una gallina, Jazz? ―preguntó Edward. ― ¿Tienes miedo de perder?

Jazz agarró a la chica más cercana y la instó para que se pusiera de rodillas frente a su silla. Ella le cogió la hebilla del cinturón.

―Estoy lista. ¿Y tú?

Edward se sentó en la silla del capitán al lado de Jazz. La ansiosa rubia se arrodilló ante él. Ella alcanzó la bragueta, pero él le agarró la mano.

―¿Quién más está dentro? ― preguntó.

Emmett, Garrett y Jace se sentaron uno al lado del otro en el sofá de cuero al otro lado de las sillas de los dos capitanes.

Dos chicas se peleaban el privilegio de chupar a Garrett. Él puso la mano sobre la cabeza de la ganadora y le dio a la perdedora su chupeta. Ella fue a ponerse de mal humor en la esquina, lamiendo su premio de consolación.

―Te follaré luego, cariño, ¿De acuerdo? ― Garrett le dijo. Resplandeciendo, ella asintió.

―La primera chica en hacer a su chico venirse obtiene un pase tras bambalinas. ― dijo Jazz. ―Y el último chico en venirse obtiene los derechos para fanfarronear.

―Y tú no puedes tener sexo por un mes. ― le recordó Emmett.

―Eso es sólo si pierdo.

Las cremalleras se abrieron, las duras pollas se revelaron y los condones de sabores rodaron en su lugar.

La rubia arrodillada frente a Edward liberó su mano de la de él y le abrió los pantalones. Pronto descubrió que no estaba para nada duro. Sus compañeros de banda lo esperaban para que pudieran empezar. La sólo idea de un circulo de mamadas normalmente lo hacía reventar la cremallera de su pantalón, pero la idea de la rubia con los dulces labios rojos alrededor de su polla no tenía ningún interés. ¿Tal vez con una chica diferente?

Edward miró alrededor en el interior del bus, pero ninguna de ellas era Isabella. Su corazón se contrajo.

―Supongo que estoy demasiado borracho. ― dijo. Él le subió la cremallera y alejó a la rubia antes de dejar el bus.

―Edward. ― Garrett lo llamó.

―Edward está fuera. ― dijo Jazz cuando Edward bajó el último escalón. ―Comencemos.

Caminó entre los buses y se apoyó contra el parachoques. No sabía cuánto tiempo permaneció allí respirando. Diez minutos, tal vez. Sabía que los chicos se burlarían de él por no haber sido capaz de levantar la polla, pero eso no era lo que realmente le molestaba. No podía sacarse de la cabeza a Isabella.

Garrett salió del bus unos minutos más tarde. Pasó por donde Edward estaba parado, y se apoyó contra el parachoques a su lado.

―Supongo que perdiste. ― dijo Edward.

―Ni siquiera intenté ganar. El premio real es tener a una chica haciendo su mejor esfuerzo para hacerte venir. ¿Cómo puedo negarle un pase tras bambalinas? ― Edward sonrió.

―Mi pobre chica ni siquiera tuvo la oportunidad de intentar.

―Tienes que llamarla. ― dijo Garrett.

―¿Huh? ― Garrett lo golpeó en el brazo.

―A Isabella, retardado. Llámala.

―No tengo su número. Además, no quiere verme. ― Agachó la cabeza para mirarse las botas.

―No creo eso ni por un segundo. ― dijo Garrett. ―Y puedes conseguirte el numero si en realidad lo quieres. ― Él se echó a reír.

―Ni siquiera me sé el apellido.

―¿De dónde es?

―Kansas City. ― dijo automáticamente, pero Garrett ya sabía eso. Edward no podía dejar de hablar de ella, así que Garrett sabía más de Isabella de lo que posiblemente hubiera querido saber.

―Y es una profesora, por lo que tiene que trabajar en una universidad cercana.

―¿Y?

―Y no hay muchas profesoras de sexualidad humana en esas universidades. Tal vez una o dos, ¿verdad?

―Supongo. ― Edward se encogió de hombros.

―Isabella no es un nombre muy común. Y aunque todas las profesoras de sexualidad humana en el área de Kansas City se llamaran Isabella, las podrías llamar hasta encontrarla.

―Se pondrá más molesta si la llamo. ― dijo Edward, sin embargo, la esperanza revoloteó en su adolorido corazón.

―¿Y qué? Si ella te dice que la dejes en paz, tal vez la sacarás de tu sistema y si no lo hace, a lo mejor volveremos a verte feliz. Mierda, toda la banda está sufriendo por la depresión en la que estás. Te necesitamos, lo sabes. Tú eres nuestro pegamento.

―De acuerdo, lo entiendo. Trataré de encontrarla. ― Edward suspiró con fuerza.

Garrett frotó las manos vigorosamente sobre el cabello de Edward hasta que éste se alejó con cosquilleo en el cuero cabelludo.

―No hay necesidad. Ya lo hice. ― Garrett le dio un pedazo de papel con un número telefónico garabateado sobre él. Los zurdos y su escritura a penas legible. ―Este es el número de su trabajo, el de su casa no está registrado.

―¿Cómo conseguiste esto?

―Internet. Y, por cierto, su apellido es Swan. Su foto está en el directorio de la facultad. ― ¿Una foto? Tendría que echarle un vistazo más tarde. Ver si era tan hermosa como la recordaba.

―¿Cuándo la encontraste?

―Hace una semana.

―¿Y esperaste hasta ahora? ― Edward frunció el ceño.

―Creí que a lo mejor te darías por vencido con ella.

―Ahora sólo tengo que tener el valor suficiente para que me rompan el corazón de nuevo. ― Edward miró fijamente el papel.

―No te demores mucho. ― dijo Garrett. ―Lo digo en serio. Nunca te he visto de esta manera. No por tanto tiempo.

―Isabella es diferente. ― Garrett resopló y se echó a reír como si estuvieran de vuelta en el quinto grado.

―Estás mal, Cullen.

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Está bien, está bien jaja ya dijeron que fue muy cruel dejarlo en esa parte jajaja no soy mala c: entonces… ahí les dejo el siguiente cap n.n

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¡Nos leemos pronto!