Hermione y Luna bajaron desde las gradas hasta la zona por donde salían los equipos, para buscar a Harry y a Ginny.
Estarían bastante deprimidos y querían animarlos, todavía podían escucharse los cantos que estaban coreando los seguidores de Slytherin en el estadio.
Al terminar de bajar las escaleras, vieron a Harry pateando el suelo con rabia mientras Ginny le abrazaba intentando calmarlo.
-No es para tanto, alguna vez tenemos que perder- dijo la capitana del equipo, suspirando.
-¡Pero no es justo! Han ido a por mí desde el principio, así era imposible que pudiera hacer nada- gruñó Harry con furia.
-En el próximo los venceremos como me llamo Ginny Weasley- respondió ella.
-Exacto, Harry. No te desanimes, lo importante es ser campeones a final de curso- añadió Hermione, que acababa de llegar a su lado.
-Sí, aunque juguéis contra Ravenclaw siempre os apoyaré a vosotros- dijo Luna muy sonriente.
Harry levantó la cabeza y miró a sus amigas con ojos agradecidos.
-No sé qué haría sin vosotras tres- murmuró mientras abrazaba a Ginny más fuerte.
-¿Todavía lloriqueando, Potter?-.
A Hermione se le heló la sangre en las venas al escuchar la voz de Draco.
Los cuatro se giraron lo justo para ver al equipo de Slytherin al completo, que estaban mirándolos con desdén junto a una de las puertas del campo.
-Lárgate, Malfoy- respondió Harry con rabia.
-¿No te ha gustado mi manejo de las bludgers?- preguntó Nott en tono burlón.
Harry apretó los puños y Ginny le dio unos golpecitos en el pecho mientras negaba con la cabeza.
-No merece la pena, ni le contestes- murmuró en voz baja para que solo él lo escuchara.
Hermione frunció el ceño y clavó sus ojos llenos de rabia en Nott.
-Si no hubierais hecho eso Harry habría atrapado la snitch mucho antes que Malfoy- dijo con voz seria.
Vio que Draco levantaba ambas cejas.
-¿Eso crees, Granger?- preguntó el chico rubio con una sonrisa torcida.
-Nadie ha pedido tu opinión, asquerosa sangre suc...- empezó Nott, pero no pudo terminar de hablar porque Draco le dio un codazo en las costillas.
Hermione, Harry y Ginny se sorprendieron al verle hacer eso, pero Luna escondió una sonrisa.
-Saca ese insulto de tu vocabulario de una puta vez- gruñó Draco a su amigo, mirándolo con ojos furiosos.
-¡Joder! ¿Por qué mierdas la defiendes?- preguntó Nott, tocándose en la zona donde Draco le había golpeado.
-No la estoy defendiendo, ya te dije que esa palabra ha dejado de tener sentido y no debemos volver a usarla- respondió Draco.
-Draco nunca defendería a alguien de Gryffindor, y menos a esa- añadió Goyle, que estaba mirando a Hermione con una mueca de asco.
-No, no lo haría- contestó el rubio, fijando sus ojos en ella.
Hermione sintió un nudo doloroso en el estómago.
-Lo que os jode es que ella es mejor que todos vosotros juntos- dijo Harry con voz grave, aguantando la rabia que recorría todo su cuerpo.
-Vámonos- añadió Ginny, tirando de un brazo de Harry y cogiendo a Hermione de la mano.
Ella estaba aguantando las lágrimas, no pensaba darles el gusto de ver que sus palabras le afectaban.
Les enseñó el dedo corazón al grupo de Slytherin antes de darse la vuelta y volver al castillo junto a sus amigos.
Los cuatro entraron juntos en el gran comedor y se sentaron en la mesa de Gryffindor.
La directora McGonagall justo pasó detrás de ellos mientras se sentaban y puso los ojos en blanco al ver a Luna en la mesa incorrecta, pero lo dejó pasar como hacía siempre.
Tras todo lo que hizo en la guerra contra Voldemort, esa chica se había ganado el derecho de sentarse donde quisiera.
Hermione sintió los ojos de Draco sobre ella durante toda la comida, pero no miró hacia la mesa de Slytherin ni un solo segundo.
Terminó de comer y decidió marcharse a su cuarto un rato, tenía ganas de estar sola.
-Ahora iremos nosotras, Hermione. No te pongas a estudiar que te conozco- le dijo Ginny cuando la vio levantarse.
-Tal vez lea un rato, quiero estar tranquila- respondió ella, despidiéndose con la mano mientras se alejaba para salir del gran comedor.
Draco la vio irse y se apresuró a levantarse para seguirla.
-¿A dónde vas?- le preguntó Pansy al verlo moverse con tanta prisa.
-Tengo cosas que hacer- respondió él, cortante.
Hermione iba subiendo por las escaleras movedizas en dirección al cuadro de la señora gorda, deseando llegar a su sala común donde sabía que a esas horas lo más seguro es que no hubiera nadie.
Cuando solo le quedaba un tramo de escaleras, una mano la sujetó por el hombro deteniendo su avance.
Miró hacia atrás con mala cara y se encontró con los ojos de Draco.
-Quiero hablar contigo- dijo él en voz baja.
Hermione se sacudió, soltándose de su agarre.
Tenía que estar bromeando, lo último que quería era estar cerca de él después de lo que había dicho tras el partido.
-Pues yo no tengo nada que decirte- respondió, frunciendo el ceño.
Draco levantó una ceja.
-¿Estás cabreada? ¿En serio?-.
-No deberías hablarle ni acercarte a "esa", Malfoy. Si tanto asco te doy aléjate de mí- gruñó Hermione entre dientes con rabia.
-No me das asco- respondió él mientras se acercaba de nuevo a ella.
-Ni se te ocurra tocarme- le advirtió ella, dando dos pasos atrás.
Draco suspiró.
-¿Podemos hablar de esto en un sitio menos público?-.
Hermione se cruzó de brazos y lo miró fijamente sin decir nada.
Él puso los ojos en blanco y la agarró de un brazo, subiendo las escaleras que faltaban hasta el cuadro sin hacer caso de las protestas de la chica.
Se situó ante la señora gorda y dijo -Pudding de calabaza-.
La mujer lo miró con desconfianza pero asintió y apartó el cuadro para dejarle pasar.
-¿Sabes la contraseña de Gryffindor? ¿Por qué?- preguntó Hermione, más enfadada aún.
-Porque te he escuchado decirla- respondió Draco mientras pasaba por el agujero de la pared junto a ella.
Se asomó un poco y, tras comprobar que no había nadie, entró en la sala común.
-¿Me has estado espiando?- preguntó ella, sorprendida.
Draco no respondió y se detuvo en el centro de la enorme sala roja.
-¿Cuáles son las escaleras que suben a los dormitorios de las chicas?- preguntó, mirando a Hermione.
Ella le dedicó una sonrisa malvada.
-Las de la derecha, pero va a ser divertido verte intentarlo. Tienen un hechizo para que los chicos no puedan subir-.
Draco respondió a su sonrisa y sacó la varita, murmurando unas palabras.
De la punta salió una pequeña nube azulada que voló hasta sus zapatos, elevándolo en el aire unos centímetros.
El chico volvió a andar por el aire sin soltar a Hermione, y los dos subieron por las escaleras.
Como no las pisaba, las escaleras de caracol no lo detectaron y permitieron que pasara.
-Eres un maldito tramposo para todo- gruñó Hermione con enfado.
Draco no aflojó el agarre en su brazo hasta que entraron en el cuarto.
Hermione se sacudió, quedando libre de nuevo, y miró al chico rubio con odio.
-No tienes ningún derecho a estar aquí, en cuanto vuelvan los prefectos les diré que cambien la contraseña para que no puedas volver a entrar jamás- dijo ella con la voz más aguda de lo normal.
Draco resopló y caminó hasta la cama de ella, sentándose en el filo.
-No entiendo por qué estás tan enfadada conmigo, Hermione-.
Ella apretó los puños, intentando controlarse.
-Dijiste que nunca defenderías a una chica como yo, eso significa que me desprecias como todos estos años-.
Él alzó las dos cejas con incredulidad.
-¿Qué querías que les dijera? ¿Que me molesta que hablen así de ti y que te he besado varias veces?-.
Ella se quedó en silencio sin saber qué contestar.
-Es mejor que no sepan que somos amigos o que hay algo entre nosotros. Tú misma lo dijiste- le recordó él.
Hermione apartó la mirada y resopló con fastidio.
-Tampoco me gustó lo que has hecho para que Harry perdiera ni tu forma de hablarle después del partido-.
Draco sonrió ante el cambio de tema.
-Potter y yo nunca nos llevaremos bien, eso deberías saberlo. Y no hice nada que no fuera legal, te dije que se lo pondría difícil-.
-¿Por qué tantas molestias solo para acostarte conmigo? Seguramente podrías tener a muchas chicas si te lo propones... ¿Por qué yo?- preguntó Hermione, volviendo a mirarlo a los ojos.
Él se levantó y caminó hacia ella hasta que la tuvo acorralada contra la pared.
-Porque tú me resultas mucho más interesante que las demás, y porque quiero estar contigo a solas, rozar tu cuerpo en zonas donde nunca nadie te haya tocado y escucharte suspirar mientras dices mi nombre-.
Hermione se quedó sin respiración, sintiendo el aliento del chico sobre su rostro y sin poder despegar la mirada de sus ojos.
Intentó hablar pero no supo qué decir... ¿qué se podía contestar a eso?
Él rompió los pocos centímetros que los separaban y atacó los labios de Hermione en un beso hambriento, recorriéndolos con la lengua antes de adentrarse por completo en su boca mientras la atrapaba entre sus brazos.
Ella jadeó y cerró los ojos, perdiéndose por completo en ese beso que estaba haciendo arder toda su piel.
La cabeza le empezó a dar vueltas y no era capaz de pensar, solo podía controlar sus manos que estaban enterradas en los mechones rubios del chico que la seguía besando con desesperación, aumentando la intensidad con cada segundo.
Hasta ellos llegó el ruido de varias personas entrando en la sala común.
Draco se separó lentamente, lo justo para poder hablar mientras la miraba a los ojos.
-Perdiste la apuesta, Hermione... y no intentes negarlo más, tú también lo estás deseando-.
Ella suspiró y bajó la mirada, avergonzada.
-Será solo una vez y ya te dejaré tranquila con este tema, lo prometo- añadió él, levantando su barbilla para que volviera a mirarlo.
-¿Solo me quieres para un rato?- preguntó ella.
Draco entrecerró los ojos, pensativo.
-Mmm... tal vez los dos queramos repetir, ya veremos lo que pasa-.
Volvió a besarla unos segundos y se alejó, abriendo la ventana.
-¡Accio saeta!- gritó mientras alzaba la varita.
Hermione se acercó a él, muy sorprendida, y vio como la saeta de Draco iba volando por las almenas del castillo en dirección a ellos.
En cuanto se acercó a la ventana, Draco atrapó la escoba con una mano y en un movimiento rápido se subió sobre ella.
-Mañana por la mañana no hagas planes- dijo él, guiñándole un ojo.
Hermione sonrió tímidamente y asintió, todavía bastante sonrojada.
Draco se alejó volando y ella cerró la ventana en cuanto lo perdió de vista.
-Esta maldita serpiente me va a volver loca- murmuró Hermione mientras se dejaba caer en su cama, tratando de recuperar el aliento.
