La historia que dejamos pasar
Capítulo 26
Los casos que encargaron a Kotoko, como los que le explicaron tendría durante la semana, se trataban de seguimientos pre y post operatorios, por lo cual solo debió leer las historias médicas y consultar a sus compañeros las dudas que tuviera para poder comenzar oficialmente su jornada. Así pues, se apuró en organizarse y dar la respuesta indicada a la demanda.
Con Moto-chan acordó que platicarían cuando acabaran sus turnos, ya que su amiga tenía una operación durante su hora de almuerzo, y postergó su opinión del regreso de Irie-kun a Cirugía.
Mientras hacía notas personales de las historias, notó perfectamente las miradas que recibía del personal que pasaba por ahí; estas le hicieron preguntarse si su causa era la desconfianza por su regreso, esos rumores mencionados en el grupo de Line o algo de lo que no estaba enterada todavía. Ahora sí no era ajena de la atracción que suscitaba a su alrededor.
—Se cansarán —farfulló anotando furiosamente los nombres de Nishigaki e Irie-kun, solo por la posibilidad de que cualquiera de los dos estuviese relacionado. Que se trataran de los dos médicos más apuestos del Departamento los hacía blanco de miradas y, como ocurría en cualquier lugar, a quienes tuviesen un mínimo contacto importante con ellos.
Era como en la preparatoria y universidad de Tonan.
Superficialmente pensó que trataba de no comportarse de esa forma con otros, no para evitar que la energía negativa se regresara a ella, sino por compresión, y hasta el momento no había recibido lo mismo de otra gente.
El único consuelo posible era aguardar a que una cosa más les llamara la atención.
Al cabo de un rato, satisfecha con su tarea y viendo la hora, decidió ir a sus pacientes. Se presentó y buscó atenderlos con la calidez y profesionalismo que se esmeraba en mostrar hacia su trabajo. Además, en esa ocasión estaba más vivaz que de costumbre, ya que estaba pletórica de volver a hacer lo que amaba.
Eso le hizo darse cuenta que su reposo en la residencia Irie fue de mucha ayuda para avanzar de las consecuencias de su conversación con su ex prometido, un mes atrás.
Celebró en su mente que todo iba de maravilla y de pronto frenó para no golpear al susodicho con el carrito de medicinas. Él iba a entrar a la misma habitación que ella.
—Disculpa, Irie-sensei —dijo rascándose la cabeza.
Él negó sin mostrar emoción.
—Bienvenida, Kotoko.
El tono amistoso —en Irie-kun la combinación de educado y atento podía catalogarse como tal— la sorprendió de sobremanera. Estaban fuera de su hogar, en el hospital, y esa no era la manera habitual de él para comportarse, incluso años atrás.
Y ya no era una "enferma".
Sin embargo, se recompuso convencida que era la civilidad y calma luego de la enorme tormenta que vivieron. Trabajaría muy bien con esa actitud de él.
Era la cereza del pastel para su día, o año.
¡Finalmente!
—¿Entrarás?
Pestañeó volviendo a la tierra y vio que Irie-kun había ingresado a la habitación y sostenía la puerta esperando su respuesta.
—Sí.
No era el mejor momento para distraerse.
{…}
Kotoko tenía un almuerzo tranquilo; con la falta de Moto-chan y Marina, que tendría turno nocturno, la compañía de Tomoko y Keita ofrecía poca excitación. Platicaban, pero sin comentarios sarcásticos o muy animados por un chisme.
A veces se preguntaba cómo encajaban con sus otras dos amigas.
Sonrió mientras masticaba un poco de arroz con curry.
—¿Puedo sentarme con ustedes?
Los tres asintieron a su amigo de lentes, quien suspiró al ocupar el asiento junto a Tomoko.
—¿Estás bien, Nishigaki-sensei? —preguntó Kotoko, notando su rostro agotado.
—Horas en quirófano. Mi operación terminó hace poco, el paciente tuvo dos paros, intra y postoperatorio. Es sorprendente que resistiera consciente al ser prensado por el coche y sedado su cuerpo se rinda.
—¿Estaba despierto mientras sus órganos eran aplastados? —inquirió Tomoko con mirada brillante.
Kotoko se estremeció, Keita suspiró y Nishigaki entrecerró los ojos.
—Creo que comienzo a confirmar tu patrón, Tomoko-san —sentenció el médico con gravedad y regocijo. Por la similitud de conducta al hablar de un tema psiquiátrico, debía ser algo respecto a ello.
Keita rió entre dientes.
—En fin, es un placer tenerte de vuelta, Kotoko-san. Cirugía era un mundo demasiado gris sin tu presencia.
Las mejillas le ardieron.
—¿Qué cosas dices, Nishigaki-sensei?
—Sola la verdad. Oh, ¿les molestaría que Irie-sensei se siente con nosotros? Hay muy poco lugar.
Keita y Tomoko le cuestionaron con la mirada. Ella se encogió de hombros.
—Entonces lo llamaré.
Curiosa de la reacción, oteó hacia atrás. Él estaba frente a la zona de compra, sosteniendo una bandeja mientras veía a su alrededor. —¡Irie-sensei! ¡Ven! ¡Acompáñanos!
Kotoko lo vio congelarse en medio de su escaneo. Después, lentamente dirigió su cabeza hacia ellos, cual robot. No obstante, al localizar su objetivo, caminó con la calma, el porte y la seguridad que le caracterizaban.
Ella recuperó la postura. Tanto Tomoko como Keita abrieron los ojos de par en par por la abierta aceptación de Irie-kun, fingiendo normalidad cuando este se detuvo en su mesa y se sentó a su lado.
—Visité a Kotoko-san en la casa de Irie-sensei y pude pasar un buen rato con él, nos llevamos un poco más, ¿no es así?
Irie-kun lanzó un resoplido que quizá intentó ser amistoso, pero le pareció irónico y molesto.
—Aunque eres de pocas palabras, resultas ser un joven agradable, Irie-sensei. Creo que eres tímido.
Kotoko por poco se ahogó con su agua. Tosió ganándose la atención de toda la mesa; lo que había supuesto Nishigaki era muy divertido. Irie-kun sabía cómo, cuándo y dónde hablar, solamente decidía no hacerlo para evitarse la molestia de convivir con gente de intereses diferentes a los suyos.
Bueno, podía exagerar con el cómo, ya que él podía ser hiriente con sus comentarios, le faltaba un poco de gracia social.
¿O sí era timidez, derivada de su desconocimiento de interactuar con otros? Él era menos agudo con las emociones humanas.
¿Sería tímido por culpa del trauma de su infancia, en el que su convivencia se vio afectada por la burla?
Keita le dio unos golpecitos entre los omóplatos.
—Gracias, ya me encuentro mejor.
—Estás muy interesado en mí —replicó Irie-kun, monótono.
—Claro que sí, eres mi primer pupilo, y como estás perfectamente cualificado en lo académico, debo concentrarme y ayudarte en lo que pueda.
Ella sonrió. —Me habría gustado un supervisor como Nishigaki-sensei —aseveró apreciando la amabilidad de su amigo, el cual le devolvió su sonrisa.
—Tú sí que sabes cómo calentar el corazón de una persona, Kotoko-san.
Soltó una risita abochornada.
—De hecho, podrías colaborar conmigo. Sus familias son amigas, tienes que darme consejos con lo que conoces de Irie-sensei.
—¿Eh?
Se sintió incómoda oyendo esa sugerencia. Y una voz le hizo preguntarse si él era ciego para no haber notado el disgusto que Irie-kun mostraba por ella hasta hacía poco.
¿O creería que era rechazo a que la hija de una persona cercana trabajaba en el mismo sitio que él?
—No la molestes con estupideces, Nishigaki-sensei —dijo Irie-kun ecuánime.
—Ahora siento curiosidad, ¿qué clase de información interesante puede saber Kotoko-san de ti?
—Eh, Nishigaki-sensei, ummm, esto es un poco incómodo de hablar, porque, verás, él y yo…
—Estuvimos comprometidos, así que aprende a cerrar la boca.
Ella iba a decir que no eran cercanos.
Su amigo pestañeó repetidamente detrás de sus lentes, mirándolos a ambos. Debía estar tan estupefacto como ella de lo admitido por Irie-kun, el cual siguió comiendo como si nada.
—Oh, perdón, me disculpo sinceramente con ambos, veo que fui muy imprudente. Me siento horrible por insistir, aunque mi intención era… Ah, por lo menos siguen hablándose.
Nishigaki calló y empezó a comer en silencio. Kotoko, sin poder evitarlo, soltó una carcajada.
Había llegado el día que alguien más que ella sacara a Irie-kun de sus casillas.
Porque la conocían, ninguno se atrevió a preguntar la razón de su risa y continuaron su almuerzo.
{…}
Un aire fuerte corría en la azotea del hospital, donde Kotoko y Moto-chan habían subido a platicar, porque era más privado que otros espacios. Su amiga tenía que hacer compras de víveres después y buscar un sitio le quitaría tiempo que aprovechar para no llegar a la hora concurrida del supermercado.
—¿Qué tal fue tu primer día?
Kotoko cerró los ojos sujetando la malla de metal al borde del edificio. —Muy bien, todos estuvieron geniales conmigo. Ya ansiaba volver.
—¿Estás conforme con el regreso de Irie-sensei al Departamento?
Giró su cabeza para ver a Moto-chan y asintió contenta.
—Sí, hoy es como un nuevo comienzo, así debió ser en octubre. Ahora puedo trabajar a su lado sin sentir que me odia y que los nervios entorpezcan un poco mis acciones. Creo que él ya no está enfurecido por lo que pasó, en el almuerzo mencionó nuestro compromiso con Nishigaki-sensei y, en su casa, fue bastante amable.
Moto-chan esbozó una sonrisa.
—Me da gusto por ti. Entonces, ¿vivir ahí de nuevo no te afectó?
—Fue un poco incómodo algunas veces, pero era lo que se necesitaba. Estoy muy tranquila ahora, puedo convivir con los Irie sin lamentar que les duela por sentirse divididos. Y ya no me angustia lo que no pudo ser.
—¿Piensas que… podrías enamorarte de alguien más?
Se quedó absorta en el horizonte unos instantes. —No, eso no va a cambiar, sería injusta con otro hombre si le prometo amarlo sin pensar en mi primer amor, mas me gusta mi vida como la he construido y siento que tengo lo indispensable. Puedo estar soltera y ser feliz.
Su amiga le pasó un brazo por los hombros.
—Gracias por preocuparte, Moto-chan —susurró pegándose a ella. —Espero que puedas confiar en mí como yo en ti.
—No lo dudes.
{…}
Kotoko cerró un ojo, enfocó el otro en el interior del frasco y contó detenidamente el número de comprimidos azules dentro del recipiente, cantidad que anotó tras ponerle la tapa.
Colocó la medicina en el carrito y repitió lo mismo con el siguiente fármaco, para corroborar que todo estuviera en orden. Más allá de la desconfianza con el personal, a veces los pacientes adoloridos aprovechaban una distracción para hacerse con más medicamento del prescrito por los doctores.
Un frasco de gabapentina se resbaló de su mano y se hincó para recuperarlo debajo del carrito, agradeciendo que no terminara de abrirse.
—Qué medicina rebelde.
Se movió con brusquedad y el carrito se inclinó; consiguió atraparlo, pero golpeó la mesa y varios frascos cayeron al suelo.
—Lo siento, Kotoko-san —dijo el médico con las manos en la mesa.
—No hay problema, estoy acostumbrada a cosas como esta. —Hizo a un lado el carrito para buscar debajo de la mesa y Nishigaki se arrodilló con ella. —Afortunadamente no se desperdiciaron medicinas.
—Habría asumido mi responsabilidad.
—Sería muy cómico para ti. ¿Nunca has tenido que explicar algo vergonzoso?
Ella tenía mucha experiencia en eso.
—Hasta ahora, a lo que te refieres, no —respondió el médico—. Soy un hijo mayor que procura ser gran ejemplo, fui un chico aplicado y bueno con los deportes. Hice esfuerzos por mantenerme fuera de problemas y conservar una imagen adecuada con mi hermano; era mi deber, mi padre murió cuando éramos niños.
—Fue difícil, ¿no?, mi mamá falleció en mi infancia.
—Así es.
Ambos colocaron los frascos sobre la mesa y se agacharon para comprobar que no restaba ninguno.
—¡Ah! —exclamó ella extendiendo la mano al ver un frasco bajo el sofá.
Sus dedos chocaron con los de él justo cuando alguien aclaró su garganta.
Nishigaki se alejó y ella cogió el frasco.
—¿Pasa algo, Irie-sensei? —preguntó su amigo irguiéndose.
Kotoko cuidó no darse contra la mesa gateando hacia atrás.
—¿Necesitas a una enfermera, Irie-sensei? —cuestionó sentándose sobre sus pantorrillas para depositar el frasco con los demás.
Nishigaki le ofreció su mano para levantarse y la aceptó.
—Gracias. —Miró a Irie-kun, quien observaba la mesa, ceñudo. —Ummm, hubo un accidente con los frascos, lamento el desorden —explicó intuyendo que le inquietaba el estado de los medicamentos, revueltos en la superficie de plástico.
—Fuimos un poco torpes —comentó Nishigaki sonando divertido.
—Sí, ya sabes, Irie-sensei. Pero, ¿por qué estás aquí? En realidad, ¿qué hacen los dos aquí? Tampoco me dijiste, Nishigaki-sensei.
Irie-kun cerró los ojos un minuto y recuperó el semblante calmo.
—Yo solo pasaba por aquí y vi cuando se te cayó el frasco. Debo seguir con mi trabajo, nos vemos.
Kotoko negó ante la huida de su amigo.
—Eh, ¿tú también pasabas? —inquirió viendo a Irie-kun, deseando escapar de la tarea de organizar el desastre; no tenía que contar de nuevo las pastillas de varios botecitos, pero sí revisar los pequeños códigos de las etiquetas para descartarlos.
Él suspiró. —Te buscaba para decirte que Matsumoto se internó esta mañana.
—¿Qué? ¿Está muy mal? —Se preocupó en demasía por la noticia.
—Hablé con ella hace unos momentos, voluntariamente estará un mes en el hospital, ayudará a su situación.
Respiró con alivio.
—Me alegra que no la trajeran de urgencia.
Observó las medicinas e hizo una mueca. —Bajaré al terminar esto. —Se dejó caer en el sofá.
Arrugando la nariz por las consecuencias del primer frasco caído, empezó a leer las etiquetas para apartar los que estaban listos.
—Kotoko, no guardes silencio si te está inquietando. —Cogida de sorpresa, apretó el bote de sus manos, evitando que terminara en el suelo otra vez.
—Pensé que te habías ido, Irie-sensei —expresó sin apartar la vista de su actividad, hasta que repitió sus palabras y lo miró con el ceño fruncido. —Estoy bien, mientras no sea muy grave.
Él abrió la boca para hablar, pero la cerró al mismo tiempo que se oyeron múltiples voces de fuera, cuyos dueños eventualmente aparecieron en la entrada. La interrupción incitó a la partida de Irie-kun y sus dos compañeros se sentaron en la sala para conversar sobre un caso.
Ella se aseguró que si era importante él se lo diría en otra oportunidad y se concentró de lleno en los medicamentos.
Cuando acabó, acudió a dar sus dosis a los pacientes que lo requerían. Luego fue a visitar a Matsumoto, a quien encontró leyendo.
En la habitación había otra paciente, dormida, y Kotoko tuvo cuidado de no hacer mucho ruido.
—Ya vino la señora Big —enunció Matsumoto al apartar la mirada de su libro.
—¿Eh?
—Es cultura estadounidense. Una película. La pareja de la protagonista, el señor Big, la deja plantada, estando enamorado de ella.
Le gustó que la pelinegra no anduviera de puntillas con el asunto, si bien otra se sentiría herida. Además, Kotoko aceptaba su error, parte de su historia personal.
—¿Y por qué lo hizo? —Sentía curiosidad.
—Él no estaba preparado para casarse, la boda ya no un evento sencillo como quería, y se dejó influenciar por unas palabras de la mejor amiga de Carrie. Ese es el nombre de la protagonista. Al señor Big le entró pánico a minutos de casarse y no llegó a la ceremonia.
—¿Qué pasó? —La otra no sabía lo que ocurrió; sin embargo, había cierto parecido en su historia, aunque la persona que no estaba lista era Irie-kun.
—Carrie le habló y él le dijo que no podía hacerlo. Ella quedó devastada, mas el señor Big se dio cuenta de su error y trató de volver. Ambos se cruzaron, él le pidió perdón y ella lo atacó furiosa.
—Es triste.
Matsumoto pareció abochornada. —Ellos hablaron con calma meses más tarde, aclarando sus sentimientos ante todo lo ocurrido. Se reconciliaron y se casaron en una ceremonia simple.
Había algunas similitudes de miedo con su propia historia que se preguntó si la pelinegra le espiaba.
—Una buena pareja está hecha de comunicación y confianza —pensó en voz alta. —Siempre hay que poner de tu parte para poder estar juntos.
Matsumoto le dirigió una mirada curiosa, como si le interesara su opinión sobre romance.
Kotoko se cubrió la boca para no reírse. —Ahora que lo pienso, así que te gustan las películas de amor, ¿eh? ¿Quién lo diría?
—Cállate, Aihara —espetó Matsumoto girando la cabeza.
—Ejem, Matsumoto, acabas de recordarme mi corazón roto, tengo el derecho de molestarte —repuso con falsa inocencia, disfrutando de eso.
—No sé por qué me he dejado engañar con esa aparente carita inofensiva tuya.
Sonrió presumida y Matsumoto se cruzó de brazos.
Obtenido su pequeño triunfo, decidió cambiar de tema. —Mejor cuéntame, ¿qué te hizo decidirte a internarte?
—Supongo que oír a la enfermera con menos probabilidades de llegar a serlo me ayudó a reflexionar. Si hasta tú lo decías es que de verdad tomaba mucho riesgo.
Empuñó ambas manos, amenazante.
—Es un halago, no hice caso a Irie.
Gruñó, pese a sospechar que Matsumoto estaba aburrida y utilizaba eso como entretenimiento.
—Me alegro de ya no verte constantemente, pero deseo que te mejores.
Escuchó el sonido de la puerta deslizándose seguido de jadeos.
—¡Yuuko! —Sudou-senpai habló al mismo tiempo que Kotoko volteó.
Le ordenó silencio mientras lo observaba. Lucía igual que años atrás, con la excepción de que usaba traje y no mostraba la calma habitual de cuando no tenía una raqueta en sus manos. Estaba agitado y tenía cara de preocupación.
—Yuuko, ¿cómo te sientes? ¿por qué no me dijiste que te internarías? Tus empleados me informaron al ir a la empresa para invitarte a comer —pronunció sin respirar su antiguo entrenador.
—Es evidente, no te debo explicaciones que no daría a amigos —manifestó Matsumoto con la mirada en la ventana, haciendo una perfecta representación de indiferencia.
Kotoko se encogió.
—Yuuko, me preocupo por ti —susurró él en tono herido.
—No te lo he pedido. Deberías preocuparte más por tu trabajo, ¿cuántas veces has estado a punto de perderlo por estar detrás de mí? Tendrías que estar ahí en lugar de malgastar tu tiempo donde no eres necesario, hay muchos médicos y enfermeras para atenderme.
Quiso golpear a la insensible pelinegra, podía usar palabras más amables para rechazarlo. Definitivamente seguía siendo la versión femenina de Irie-kun.
Si bien no defendía a Sudou-senpai acosándola.
—Matsumoto —intervino en forma de reprimenda.
Sudou-senpai agitó su cabeza, se dio la vuelta y chocó con Irie-kun, parado en la entrada. Su antiguo prometido se hizo a un lado y el otro huyó.
Ella se puso en pie para seguirlo e Irie-kun ingresó.
—Personalmente, te aconsejo ser clara con tus sentimientos. —Estaba fuera cuando él dijo eso y se detuvo. —Si estás preocupada por su futuro, díselo de la manera correcta, no tiene la habilidad para leer entre líneas como tú y yo.
Abrió los ojos sorprendida, comprendiendo los duros comentarios de la pelinegra.
Y esos inteligentes llamaban a otros estúpidos.
Dándose cuenta que escuchaba a escondidas, brincó y apresuró el paso para alcanzar a Sudou-senpai. Creyó oír que Matsumoto argüía que le enseñaba a partir de sus propios errores, pero no estuvo segura.
Iba hacia las escaleras tras ver los ascensores ocupados cuando una mano la cogió de la muñeca.
Chilló.
—Espera al elevador, lo detendré por ti —le indicó Irie-kun con presteza y lo vio bajar los escalones ágilmente.
Tardó unos segundos en reaccionar, pasmada del comportamiento inusitado de él. ¿Por qué se inmiscuía?
Agitó la cabeza y fue hacia los ascensores… frente a los que entendió.
Sin quererlo, dentro de la cabina se encontró sonriendo por el modo en que Irie-kun la había protegido de otra posible caída en las escaleras, incluso si para ello debía implicarse de más en un asunto que normalmente ignoraría.
Decidió bajarse en la planta principal, donde halló a los dos hombres parados cara a cara.
Suspiró.
—Gracias, Naoki-san —expresó al llegar a ambos—. Sudou-senpai, ¿podemos hablar?
El pelinegro se pasó una mano por el rostro y asintió.
—El jardín trasero es bastante cómodo —comentó suavemente.
Irie-kun inclinó la cabeza antes de dejarlos a solas. Pudo sentir su mirada en su espalda mientras guiaba a Sudou-senpai a su destino.
No conversaron en su camino al patio y ella prefería ofrecerle palabras de consuelo en la tranquilidad del jardín, donde se respiraba un ambiente menos tenso que el interior. Los arbustos de flores y la fuente eran el oasis para mucho dolor vivido dentro de las paredes del edificio.
—Es bonito —murmuró Sudou-senpai roncamente una vez llegaron.
—Sí, es raro encontrarlo vacío como ahora.
Le indicó una banca que miraba hacia la fuente y se sentaron.
—Yo no quiero que me recuerdes lo patético que soy, pero decidí escuchar lo que quieras decirme porque tú no llegaste a casarte con Irie.
—Es imposible escapar de ese tema —masculló.
—Me provocó mucho miedo, pensé que Yuuko lo intentaría de nuevo con él, perdí mis esperanzas… aunque nunca tuve alguna, ¿verdad?
—No me corresponde a mí hablar de los sentimientos de Matsumoto. Solo ella sabe cómo se siente. —Cogió aire. —Sudou-senpai, ya son muchos años persiguiéndola. ¿No crees que sería mejor rendirte? Has insistido por mucho y eso no te hace bien. Y ella también tiene derecho a negarse y que lo respetes. No tienes que dejar de quererla, solo, centrarte en algo más, como en ti mismo. Descubrir más de ti, crecer, entender qué eres sin ella en tu vida. Tú eres una persona especial, muy buena, sin necesidad de alguien que aumente tus cualidades. Está bien preocuparse por otros y enamorarse, pero primero necesitamos pensar en nosotros mismos, hacernos felices sin que dependa de otros y, luego, estar con los demás.
Sudou-senpai cerró los ojos.
—Hace años abandoné a Irie-kun porque no podía amarme, aunque estaba a punto de ser su esposa. Y, gracias a eso, pude abrir los ojos y darme cuenta del daño que le hacía a él mi insistencia, así como lo mucho que perdí tratando de que me mirara. Me hice enfermera, hoy me siento satisfecha de la mujer en que me he convertido. Y todavía sigo enamorada de él, eso no cambiará nunca, pero tengo mi carrera, mi familia y mis amistades y eso me hace sentir bien. Si yo hubiera seguido empeñada en tenerlo, mi vida sería distinta y siempre dependería de él para alcanzar mi felicidad.
Un llanto brotó de Sudou-senpai y Kotoko se sintió mal de llevarlo hasta las lágrimas; era una repetición de su charla con Chris.
—Aihara, nunca creí que te escucharía decir cosas como ésa. ¡Tu senpai se siente tan contento por ti! ¡Estoy muy orgulloso de hasta dónde has llegado! ¡Oh! ¡Soy una vergüenza y mal ejemplo para mi kouhai!
—Lo serás si pierdes tu empleo por tonterías.
Ambos saltaron al oír a la pelinegra, que estaba parada a unos metros de ellos. A varios más detrás, Irie-kun observaba atento.
¿Cuánto habrían alcanzado a escuchar?
NA: ¡Hola!
Este ha sido el capítulo más largo de toda la historia. Se viene el punto de vista de Naoki, y ya saben que pasan cosas muy interesantes en el suyo.
Besos, Karo.
Sakura Anheli: ¡Acabas de descubrirme! El objetivo malvado de los autores de FF es hacer sufrir a quienes leen ja,ja. Naoki siempre será un lento que no dé señales claras, lamentablemente para Kotoko, que tampoco es tan aguzada.
