Estoy feliz, Sorachi nos dio muchos pixeles de OkiKagu en la pelicul

Perdón por la tardanza, luego de terminar la universidad vino navidad, año nuevo y quise tomarme un poquito mas de tiempo para descansar. Espero que les guste el nuevo cap, lo hice un poquito más largo que los otros.

Muchos besitos!


Nuestro mismo destino

Luego de analizar todo lo que él le había dicho, Sougo se levantó y se sacudió levemente la tierra dejando a Hijikata sentado frente al río.

—Hijikata-san —Toushiro alzó su vista para mirarlo, sin embargo, los ojos carmines de su cuñado seguían tan oscuros como hace un momento— ¿Estás seguro que esa mujer es la responsable de las bajas?

—Según testigos, es la asesina más connotada de los Yato.

—Imposible —¿Imposible? El pelinegro estaba anonadado, ¿por qué sería imposible? ¿Acaso Sougo no había visto sus habilidades con sus propios ojos?—. Es imposible que una mujer sea tan fuerte —él sabía que no era así, él sabía que ella podía incluso ser más fuerte que él, pero simplemente no podía culparla, simplemente no quería que Kagura fuera la próxima en la lista de sus asesinatos—. Seguramente fue Yato no Kamui. Ya sabes, son bastante parecidos.

—Sougo —Hijikata se levantó para quedar a la altura de Okita—, al hijo de los Yato le cortaron el brazo en la batalla, ¿cómo podría asesinar tan hábilmente a los de nuestro clan estando manco?

—Tsk… —apretó los puños, maldijo el momento en el que le cortó el brazo a ese malnacido—, deberíamos asegurarnos antes de…

—¿Antes de qué? —le interrumpió— ¿estás dudando de atacar a tu enemigo? No importa quien haya sido. Da igual si fue Kamui, Kankou o Kagura, hay que asesinarlos si queremos ganar la guerra.

—Esta guerra de mierda no tiene sentido… —murmuró para sí mismo, sin embargo, su cuñado lo escuchó.

— ¿Estás negándote a una orden? ¿Acaso quieres cometer seppuku?

—No aceptaré una orden viniendo de ti, Hijikata. Ni siquiera tienes mi sangre.

— Pero soy el esposo de tu hermana. Tengo cierto poder en el clan.

—¿Me estás jodiendo? ¡El legítimo jefe del clan seré yo, no tengo por qué acatar tus órdenes! ¡Ni siquiera las órdenes de Kondo-san!

—¡Cuida tus palabras, mocoso! ¡Llámalo con el nombre que le fue heredado!

—¡¿Hasta cuándo vamos a seguir con esta farsa?! ¡Kondo-san fue adoptado por mi padre, no es hijo legítimo de los Okita! ¡Si no fuera por mi padre, él ni siquiera tendría posición aquí! ¡¿Acaso quieres que un Okita de verdad siga las órdenes de un hijo bastardo?!

Un golpe certero en su rostro hizo que Sougo cayera inmediatamente a la orilla del río mojando así sus ropas. ¡¿Pero qué mierda estaba diciendo?! ¡Se merecía ese puñetazo con creces!

—¿Por qué te esmeras en desobedecer una orden? Y no solo eso, estás mancillando el nombre del líder de los Okita —Hijikata tomó una pausa y apretó su puño con fuerza. Luego gritó— ¡SI NO FUERA POR OKITA NO ISAO NI SIQUIERA ESTARÍAS VIVO, HIJO DE PUTA! —se acercó al castaño y lo tomó de su haori para que lo viera directo a los ojos—. Deja de ser tan arrogante y madura. Ya tienes 23 años y te sigues comportando como un mocoso mimado. Se te dio una orden ¿no? ¡La cumples! No sé por qué te niegas tanto a matar a la hija de los Yato, pero si no lo haces tendrás que cometer seppuku. ¿Acaso la vida del enemigo vale más que la tuya? —lo soltó con fuerzas haciendo que Sougo cayera nuevamente al agua—. Me tienes podrido. Te escapas a medianoche dejando a tu hermana preocupada, no reconoces a Isao-san y encima quieres desacatar una orden. Deja de pensar en ti por un maldito momento y piensa en tu hermana. ¿Sabes lo acongojada que está desde que haces tus escapadas de medianoche? —No esperaba que respondiera, y de hecho no lo hizo. Todo estaba en silencio, Okita no podía decir nada—. Me largo a la aldea. Ya sabes lo que tienes que hacer.

Sougo quedó completamente solo a la ladera del río. Aunque Hijikata le había dicho eso, realmente no sabía qué hacer y su rostro se mantenía serio, sin ánimos de continuar y pensando "Esto no puede estar pasando".

Se puso de pie, aún seguía mojándose en el río y ya estaba comenzando a sentir el agua fría calando su piel.

Habían tantos pensamientos en su mente que no sabía que carajos ocurría a su alrededor. Estaba acongojado, y se repetía incesantemente lo mismo "Matarla…. ¿Matarla…? No puedo matarla… ella dijo que quería mi cabeza. Si la mato no podrá obtenerla".

Absorto, intentó volver a la aldea con la mirada sombría y tratando de idear un plan para poder sacarse ese mandato de encima. ¿Por qué debía hacerle caso? No tenía por qué obedecer órdenes de Hijikata, no obstante, él tenía razón sobre Okita no Isao y Sougo sabía que le debía un pago enorme por salvar su vida cuando solo era un niño.

No fue algo muy grave, pero sí bastante importante. Cuando Okita no Sougo tenía solamente 10 años, fue salvado por Isao de caer a un acantilado. De cierta manera el castaño le debía la vida y desacatar una orden de su parte sería una deshonra.

Pero él pensaba que la vida de Kagura era tan valiosa como la suya. No quería matarla, quería seguir viéndola, quería seguir peleando con ella y apreciar como sus cabellos se movían por esos movimientos rápidos que daba con la katana. Quería seguir olfateando su exquisito olor a amapolas y ver esa tersa piel bajo la luz de la luna… quería acariciarla, quería besarla...

Sintió una presencia tras de sí. Pensó que sería Hijikata nuevamente, quizás intentando molestar. Ya estaba harto de él y lo único que se le ocurría era hablarle en un tono venenoso. No quería saber nada de ese pelinegro malnacido.

—¿No que ibas a irte a la aldea, Hijikata-san? —sin embargo, en cuanto se dio la vuelta, unos ojos azulinos se posaron en él con extrañeza, viendo un poco acongojados el cómo el castaño tenía un golpe marcado en la cara y sus ropas mojadas—, China…

—No sabía que te gustaba recibir puñetazos en la mañana también —sonrió un poco al verlo, sin embargo, esa sonrisa no era muy grata—, es una sorpresa encontrarte a estas horas por acá.

—Lo mismo digo, aunque mi sorpresa es mayor que la tuya —intentó sonreír mientras ocultaba el golpe con su mano—, ¿qué haces aquí?

—Solo vine a caminar por el río… —dejó de mirarlo y comenzó a caminar en dirección a la orilla del agua para poder sentarse cerca—, te ves muy ofuscado, Sádico. Nunca creí que te encontraría con tus ropas sucias y un golpe en la cara ¿Ocurre algo?

Sougo se mantuvo callado y le siguió el paso a la chica. Se sentó junto a ella y miró cómo el sol se reflejaba en el agua.

Aún no le contestaba, la miraba de reojo y se dio cuenta de que era la primera vez que la veía a plena luz del día. A pesar de que la luna se reflejaba siempre con gracia sobre su piel, el sol, en esos momentos, resplandecía en sus cabellos de fuego, haciendo que brillaran con hermosura y se viera incluso más preciosa que la primera vez que la vio maquillada.

Tenía ganas de besarla. Verla allí, tan calma y grácil, tan pulcra, sin marcas de pelea, sin nada que le indicara que venía preparada para batallar con él, sin su katana ni su armadura, se le hacía de lo más sublime del mundo.

—Solo tuve un problema familiar. Es todo —Sougo no podía decirle la verdad. No podía contarle que le habían ordenado algo tan difícil como matarla. Prefería mantenerse en silencio mientras ideaba un plan para zafarse de esa orden—. ¿No te da miedo venir aquí a plena luz del día? —inquirió.

—No realmente. La verdad no había planeado venir hasta acá. Nunca vengo en las mañanas. Solo caminé y caminé… Estaba tan absorta en mis pensamientos que me impresioné al llegar acá y verte tirado en el lago, todo mojado y con un golpe en la cara —sonrió en tono burlón y miró de reojo a Sougo.

—No te mofes de mí, bastarda. ¿Quieres empezar una pelea?

—También —continuó antes de que el chico siguiera increpándola—, vi como un hombre se alejaba dejándote tirado. ¿Tuviste problemas con él? —sonrió más para sí misma que para él—, no creí que alguien además de mí pudiera dejarte en un estado tan lamentable y patético.

—¿Quién dijo que estaba en un estado lamentable y patético? Además, nunca me has dejado así, China idiota. ¿Realmente quieres comenzar una pelea aquí y ahora? —la acorraló tirándola al suelo haciendo que sus cabellos se desplegaran por sobre el pasto—. No estás armada, esta vez no podrás derrotarme —incluso, en un momento como ese en el que ella aprovechaba de burlarse, quería besarla.

Aunque no tuviera como darle una pelea de katanas porque la chica no venía armada, si podría darle otro tipo de batalla.

—¿Qué se supone que estás haciendo a plena luz del día? Cualquiera que nos viera podría malinterpretarlo. ¡Quítate, sádico!

—Me dices que me quite, ¿pero por qué no lo intentas por ti misma? —la tomó de los brazos y los sujetó contra el suelo—. No veo que opongas resistencia. Además, ¿no sería extraño reunirse con el enemigo? —se acercó lentamente a su oído y le susurro—, el solo hecho de estar aquí juntos es sospechoso… —besó sensualmente la oreja de Kagura haciendo que la chica se estremeciera. ¿Qué creía que estaba haciendo?

—¿P-Por qué mierda te estás poniendo fogoso en una situación como esta? —la chica corrió su cabeza para que el castaño no siguiera besando aquella parte sensible—. ¿Te volviste loco o eres estúpido?

—¿Entonces para qué viniste si no fue para pelear? —su rostro estaba demasiado cerca de la bermellón. En cualquier momento podría robarle un beso. Posicionó una de sus piernas entremedio de las piernas de la chica acercándola peligrosamente a su parte más sensible.

—¡Te dije que estaba deambulando y llegué hasta acá, perro estúpido! —comenzó a ejercer fuerza en sus brazos para poder liberarse, pero ese bastardo la sostenía con demasiada fuerza—, ¡déjame ir, bastardo. No estoy de animos para esto!

—No mientas, Kagura. Viniste hasta acá porque me extrañabas. Además, puedo subir esos ánimos… —besó levemente su mejilla, haciendo que la chica sintiera el sensual calor de sus labios—, admítelo. Si lo admites… —se fue acercando poco a poco a sus labios mediante besos suaves—, yo también podría hacerlo…

—B-Basta… A plena luz del día… no… —dejo de resistirse y sus brazos ya no intentaban zafarse. La chica no había llegado hasta él para esto. Ella ni siquiera lo había planeado. ¿Qué clase de suerte tenía para encontrarse justamente con Okita aquel día? Su mente se estaba nublando y ya no podía pensar en aquello que tanto la acongojaba y que la había llevado hasta allí.

—¿No…? ¿Estás segura…? Si no opones resistencia lo interpretaré de otra manera… Déjame saborearlos una vez más… —Sougo finalmente llegó a sus labios y plantó en ellos un beso tan sensual que pronto pasaría a ser fogoso.

No es de extrañarse que Kagura se había impresionado cuando sintió la lengua de ese chico entrar en su boca, pero por más impresionada que estuviera, no podía negar que ese acto la estaba excitando.

—S-Sougo… —le había dicho mientras él la besaba.

El castaño acercó su rodilla a la entrepierna de Kagura y la acarició levemente. Sentía como se iba mojando de a poco debido a lo exquisito de ese beso y al peligro de ser descubiertos.

Sin embargo, la chica tenía bastante fuerza de voluntad y en cuanto sintió que el castaño estaba rozando algo que no debía, lo tiró al suelo con suma fuerza y se levantó rápidamente tapándose la boca y con las mejillas sumamente rojas.

—¡¿Eres idiota?! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡¿Por qué nos expones así en un lugar como este?! —no se sabía si estaba furiosa o avergonzada— ¡Y pensar que estuve triste por tu culpa! —se dio la media vuelta dándole la espalda a Sougo. No entendía a qué se refería con eso.

—Al menos podrías tener un poco más de cuidado cuando alejas a alguien, bastarda —se frotó un poco el estómago, el golpe que se había dado contra el suelo casi abría de nuevo la herida que ella le había hecho—, ¿a qué te refieres con estar triste por mi culpa? —preguntó extrañado. Aquello que Kagura le había dicho lo dejó demasiado expectante.

—… —que idiota era. Se le había escapado algo que nunca debió decir. Se mantuvo en silencio sin mirar a los carmines ojos de su contrincante.

—Oye, China. Te estoy hablando —Sougo se puso de pie y buscó su mirada—, ¿por eso llegaste hasta acá? ¿Por eso estabas absorta en tus pensamientos? Dime, China. ¿Qué culpa tengo yo con todo eso?

—Es irónico, ¿no? —dijo finalmente luego de unos minutos en los que no hablaba ni mencionaba palabra alguna delante de Sougo—, la vida es bastante curiosa… —seguía sin mirarlo a los ojos, no podía mirarlo a los ojos. Aquello que tanto la acongojaba llegó nuevamente a su mente. Era increíble que la única persona que podía sacarla de sus casillas fuera la misma por quien sufría en esos momentos.

—¿A qué te refieres con eso? Se directa, no soy adivino.

—Es irónico que desde que te conocí haya querido cortarte la cabeza y dársela a mi clan… pero ahora… cuando son ellos los que me lo piden… —se dio la media vuelta para verlo a los ojos con lágrimas. Sougo ya entendía a dónde quería llegar y se había impresionado de verla tan débil ante él—, yo… no quiero asesinarte, Sougo… —una sonrisa forzada se dibujaba en su cara y él comprendió todo a la perfección.

Los dos tenían la misma tarea…, sin embargo, ninguno de los dos quería cumplirla.