Continuamos con todo el alboroto de las parejas.

¿Quién es la siguiente víctima?

¡Descubrelo!


Capítulo 11

Un elfo tímido

Gritó desesperado, pateo el suelo y golpeo con fuerza la corteza de un gran árbol frente a él, este se agrieto por el impacto continuo y feroz.

- ¡Estúpido! ¡Imbécil! ¡Idiota! - se repetía una y otra vez sin cansancio.

Todo estaba marchando tan bien, había pasado días tranquilos vigilando los alrededores, ningún peligro se había mostrado y las cosas estaban calmadas, hasta cierto punto él también había tenido un descanso de todo el tormento al que era sometido.

Pero entonces tenía que cagarla, tenía que romper las tres principales reglas que se le habían impuesto, ¿y todo por qué? Por una simple chiquilla torpe que no sabe controlar su magia y se pone en absurdos problemas todo el tiempo.

La voz amenazante de Herodes aún resonaba en su cabeza, casi parecía que lo tenía en frente repitiendo su advertencia una y otra vez.

- Tienes completamente prohibido acercarte a ella, mantente a una distancia de más de 10 metros - le había enumerado las reglas de su acuerdo para la protección de Ana Lover - No puedes hablarle y sobre todo, que ni se te ocurra tocarla con tus desagradables y asquerosas manos malditas - cada palabra era una amenaza latente - Si llegas a desobedecer, juro que te lanzaré al hoyo más profundo de la tierra, donde todo ser vivo te arroje su inmundicia, para después ahogarte con agua hirviendo y verte retorcer de dolor al verter ácido. No conforme con eso te hechizaré para que miles de torturas te azoten cada 3 minutos hasta el fin de tu patética existencia... ¿Has comprendido? - lo último lo dijo con una sonrisa y rostro sereno.

Y ahora él estaba ahí, oculto en el bosque prohibido, sabiendo que había cometido el mayor pecado y temeroso de que McGarden se enterara pronto de su error. Se preguntaba qué lo había hecho desobedecer, por qué se acercó a ella de esa manera, sin pensar en las consecuencias, impulsado por la curiosidad y un extraño magnetismo proveniente de esa joven.

La muchacha era un enigma, lo supo desde que la vio tan encantadora aquella noche, vestida de un ángel y deleitándose con su música. Entonces al día siguiente la magia desapareció para dejar al descubierto a una niña con peinados extravagantes, tímida y tonta, se había sentido algo decepcionado. Sin embargo, jamás pensó que ella pudiera cometer aquel acto del que fue espectador.

¡Aquella chica había provocado que una de sus compañeras cayera al vacío!

Era obvio que al venir de la familia McGarden algo de sus genes desquiciados tenía que heredar, pero hasta ahora ella se había mostrado tan noble y amable, tan temerosa y vulnerable que en ningun momento pensó que sería capaz de cometer tal acto ¿Por qué lo hizo?

Después todo salió mal, cuando él se aproximó a ella para evitar que se desmayara y no uso sus poderes como lo tenía planeado, él la recibió entre sus brazos y la sujeto con devoción.

¡Que Morgana lo ayudara! Esa sensación había sido magnifica, en toda su horrible y larga vida jamás pensó que podría llegar a sentirse vivo y en paz. Su aroma le envolvió con encanto, una fragancia de orquídeas, de la que estaba seguro de que ya se había vuelto adicto. El tacto de su piel cálida le estremeció de manera agradable y le dieron deseos de inspeccionar más piel, más de su cuerpo.

¡A la mierda! ¿¡Que carajo pasaba con él?! No se suponía que se sintiera así por una ridícula brujita mimada y con complejo de elfo doméstico... O tal vez.

Claro, era la respuesta más lógica. Cada heredero McGarden tenía como propósito aplicarle una tortura, hasta ahora Herodes había sido el más ingenioso y creativo, sin embargo, la pena más atroz era ese deseo, era el anhelo de algo que sabes que jamás podrás obtener, aunque aparentemente lo tengas al alcance de tus manos. Todo era parte de su maldición, tenía que ser así. Ahora podría entender su perturbación, solo era parte del sufrimiento impuesto por una McGarden, por esa preciosa y dulce McGarden.

Un poco más tranquilo con su reflexión y análisis de los hechos, se recostó en la hierba y decidió permanecer ahí un poco más, por lo menos hasta que el cosquilleo de sus manos desapareciera.


Un nuevo día comenzaba y con ello surgió otra reunión en la sala de menesteres. De nueva cuenta todas las chicas se hallaban ahí.

Astoria y Hermione habían sido arrastradas en contra de su voluntad, pero aun así ponían atención al relato de Pansy quien narraba, con mucho detalle casi exagerado, los sucesos posteriores al heroico encuentro con Potter.

- ¡Impresionante! - exclamó Ginny cuando la Slyderin terminó de hablar - ¡Quiero ser la siguiente! - pidió con entusiasmo.

- No, yo seré la siguiente - clamó Daphne.

- ¿Por qué tú? - dijo Weasley molesta.

- Porque si - respondió Greengrass mayor como si fuera algo obvio.

- No es una buena respuesta. Yo tengo a Zabini y ese es un gran reto. Lo digo por experiencia, ya quiero actuar - explicó la pelirroja algo ansiosa.

- Chicas calma, hay que solucionar esto como personas responsables y maduras - alegó Hermione.

- ¿Cómo? - preguntó Luna.

- ¿Conocen el juego de "Piedra, papel o tijeras"? - dijo Granger como quien no quiere la cosa. Todas la miraron interrogantes y ella empezó a explicar con detalle aquel juego.

(...)

Ginny casi había llorado de frustración cuando perdió contra Daphne, todo por creer que al escoger piedra lo más lógico era que pudiera romper todo, pero no, al parecer una piedra podía ser vencida por un papel ¡Que estupidez!

Pansy se había interesado mucho en la pareja que aparentemente era la adecuada para Daphne. Conocía muy bien a la rubia, habían sido amigas desdé el vientre materno, y sabía muchos de sus secretos, incluso uno muy doloroso dónde la Greengrass mayor había perdido toda fe en el amor, además de volverse más tosca y fría en su trato con las personas.

Daphne siempre había preferido tener alguna relación libre y le agradaban los chicos mayores cuyas características principales fueran el ser rudo, dominante y posesivo, combinación que no siempre le resultaba muy agradable pues el final de esas relaciones siempre era desastroso y violento.

Pansy y Tori no entendían cómo alguien tan torpe, bobo, llorón y marica, como lo era Neville Longbottom, pudiera quedar excelente con la ruda, soberbia y grosera Daphne Greengrass. Todas esperaban expectantes la explicación y plan de Ana para con esta peculiar parejita.

- La señorita Greengrass mayor tiene muchas virtudes - empezó la niña elfo - Sin embargo, como a todas, le hace falta algo... - quedo en silencio por un momento, temiendo continuar ya que no creía que la rubia Slyderin reaccionará de la mejor manera.

- ¿Qué cosa? - preguntó irritada e impaciente, Daphne.

- Pues, amabilidad, empatía, sensibilidad - Ana enumeraba las carencias de la rubia.

- No olvides "consideración" - agregó Ginny risueña. Daphne la miro mal.

- También, humildad - dijo Hermione. Daphne empezaba a enfadarse en serio.

- Un filtro ante sus palabras no le vendría mal - comentó Pansy.

- ¡Ya está bien! - gritó Daphne enfadada - Entonces, ¿se supone que al salir con Longbottom voy a obtener todo eso? - preguntó irritada e incrédula.

- Bueno, Ana ha observado y Ana pudo apreciar que la señorita Greengrass mayor puede complementarse con el joven Longbottom y viceversa - explicó - El joven Longbottom es distraído y algo ingenuo ante las personas... - Fue interrumpida por un comentario de Daphne.

- Como Tú, Comprenderás - alegó sarcástica. Ana la ignoró.

- Le hace falta el carácter defensivo que posee la señorita Greengrass mayor. Por eso Ana piensa que serían una buena pareja. La amabilidad y consideración del joven Longbottom, con el carácter rudo de la señorita Greengrass mayor.

- Bueno, basta de rodeos. ¿qué debo hacer, entonces? - Daphne quería acabar con esa absurda conversación y empezar con la patética prueba de cortejo, solo esperaba que fuera algo emocionante como lo que ocurrió con Pansy.

El plan de la rubia Slyderin era simplemente mostrar un punto, un aprendizaje para su hermana, planeaba intentar conquistar a Longbottom para después ponerlo de ejemplo a Tori mostrándole en un tercero como es que ella lucia al estar de arrastrada con Malfoy. No le importaba en absoluto el Gryffindor, conquistarlo sería más fácil que otra cosa, es más, planeaba obsesionarlo con ella para que después ante su rechazo ese bobo la persiguiera como perrito faldero. Le haría ver a Astoria que tan patético era ese actuar y Longbottom era el muñeco perfecto para la prueba.

- Será difícil hacer que el joven Longbottom sea el que dé el primer paso - las palabras de Ana sacaron la de sus cavilaciones mentales - Por lo que la señorita Greengrass mayor tiene que iniciar el acercamiento.

- Pan comido - respondió Daphne segura de sí misma.

- Y, el plan es que se sume a varias clases que el joven Longbottom toma... La principal es Herbología - Ana abrazo su libro esperando la reacción de la rubia Slyderin.

- ¡¿QUÉ?! - gritó la susodicha, mientras su hermana menor empezaba a reír ruidosamente. Pansy también se quería burlar pero se contenía para no provocar más el enfado de Daphne.

- Mi hermana primero se come mil langostas vivas, antes de ensuciarse con tierra y fertilizantes - comentó Tori, aún entre risas.

- ¡Exactamente! - respondió Daphne.

- Creo que exageran un poco - dijo Hermione - No será tan difícil. Además, Neville es muy buen estudiante, el trabajar con él o compartir una de sus aficiones es una gran forma de ganar su confianza y atención - explicó dándole más credibilidad al plan de su amiga, Ana le sonrió en agradecimiento.

- Pero ¡¿Por qué Herbología?! - chilló Daphne - Puede ser cualquier otra. Me parece que Slyderin y Gryffindor comparten más clases, ¿no? - argumentó, intentando devaluar el plan expuesto.

- Si, como pociones y defensa contra las artes oscuras - respondió Luna.

- Lo ven, en alguna de ellas puede servir igual - dijo Daphne, creyéndose ganadora de la disputa.

- Es verdad, pero en aquellas clases ya hay parejas asignadas y el ambiente entre Slyderin y Gryffindor sigue siendo muy conflictivo, por lo que no podrían tener una conversación tranquila - dijo Ana, descartado por completo cualquier escape que la rubia Slyderin pudiera proponer - El joven Longbottom es excelente en Herbología y a pesar de que también suele ser un blanco de burlas, no duda en ayudar a otros si se lo piden - dijo firme.

Daphne hizo una mueca de desagrado.

- En Herbología hay más estudiantes de Hufflepuff y Ravenclaw, por lo que sería menos incomodo y sorpresivo si Daphne Greengrass convive con Neville Longbottom - habló Luna, sonriente y entusiasmada por el plan.

- Hay algunas cosas a tomar en cuenta antes de interactuar con el joven Longbottom - Ana abrió su libro dispuesta a explicar los detalles de la estrategia para la conquista del Gryffindor.

- No es necesario que lo hagas Daphne - habló Tori - Solo déjalo hasta aquí y terminemos de una vez con toda esta estupidez - Tori se iba a levantar de su lugar para dejar la sala de menesteres, pensando que su hermana se negaría en rotundo y entraría en razón.

- Bien, ¿Cómo tengo que hablarle a Longbottom? - Ana sonrió ante las palabras de Daphne, Astoria se quedó muda y petrificada en su lugar, las demás esperaban que Ana diera rienda suelta a los detalles en su libro.

Daphne Greengrass no era una mujer cobarde, si iniciaba algo lo terminaría y saldría victoriosa, de eso estaba segura, este era su juego y sus reglas.


A nadie se le hizo raro que repentinamente quisiera aprender sobre las plantas y tampoco importó mucho que insistiera en un horario específico, o que tuviera que reorganizar sus demás clases y actividades por introducir ese nuevo capricho a su rutina. No, para nada, todo salía a pedir de boca y nadie le interrogaba por ello, pero la verdad era que estaba más estresada que de costumbre y en su primer clase de Herbología la dominaba un humor de perro rabioso.

Todo le había salido fatal durante la clase, cambiar de maceta una planta se le había hecho una tarea inalcanzable, luego gritó como loca al encontrarse con un pequeño insecto que voló y tomó la mala decisión de colocarse tranquilo en su rubio cabello. Ella había saltado y sacudido sus manos alterada, casi llorando terminó en un rincón del invernadero, asustada y esperando a que la profesora le asegurará que aquel animal del infierno ya se hubiera ido.

Si quería llamar la atención, pero solo la de Longbottom, no la de toda la clase y menos de aquella forma. Todo estaba siendo un tormento y a punto estaba de rendirse.

- Muy bien jóvenes - se escuchó la voz de la profesora - ahora vamos a plantar estos capullos para... - comenzó a explicar y mostrar la última actividad del día de hoy en clase - Como pueden ver es muy fácil, espero que ya no haya inconvenientes - dijo lanzando una mirada a Daphne, esta solo bufo molesta - Pueden trabajar en parejas, quiero todos los capullos plantados antes de que la clase termine, así que rápido.

En menos de lo que canta un gallo, cada alumno se emparejó e inició su labor con rapidez.

Daphne estaba más perdida que un cachorrito abandonado, obviamente nadie se le acercó para hacer pareja con ella conscientes de que era un complemento desastre, miraba para todos lados y no tenía idea de cómo pedir ayuda, además de que no había tenido ni un avance con Longbottom.

Busco al susodicho con la mirada y lo encontró en un punto apartado trabajando con maestría, lo hacía parecer tan fácil. Se dio cuenta de que también estaba solo y decidió aprovechar la oportunidad.

Se acerco a él con recelo, se paró a un par de metros de distancia, lo observó por algunos minutos.

La verdad era que nunca le prestó atención, en algún momento le había visto como un niño regordete y bobo, sin nada que llamara la atención más que su constante torpeza y mala suerte, pero ahora que lo miraba mejor el chico estaba muy cambiado, la madurez empezaba a sentarle muy bien. Tenía una espalda ancha que formaba un triángulo invertido, piernas largas y gruesas, sus facciones eran más rudas, manos grandes, aquella barriga había desaparecido dejando en su lugar una buena cintura que se coronaba con unos glúteos generosos. El tipo estaba bueno, pero su actitud seguía siendo la de un perrito miedoso.

Neville se sintió incomodo y levantó la mirada, encontrando a la Slyderin observándolo con intensidad, cosa que le causó un acentuado rubor en el rostro.

- Hola - Daphne empezó a hablar al verse descubierta mirando de más.

- ¿Ho... Hola? - contestó el Gryffindor nervioso y desconfiado.

- Yo... No sé... Tú - nunca en su vida se había sentido tan nerviosa, esa no era ella, esa era la niña elfo o cualquier otros ser inferior, tenía que retomar el control ¡ya!

- Ayúdame - casi gritó, la orden le causó un sobresalto a Neville.

- ¿Cómo? - respondió él sin poder creer lo que ocurría.

- No sé hacer todo esto, ayúdame - le dijo firme y mirándolo con altivez.

Neville frunció el ceño, le desagradaba mucho que le trataran así, de seguro el terminaría haciendo todo el trabajo, ya estaba harto de aquello que las personas siempre abusaran de él, así que, con dificultad, la ignoró y siguió en lo suyo.

Daphne estaba pasmada, él le había ignorado descaradamente, ¡oh pero eso no se quedaría así!

De repente a su mente llego una de las instrucciones de Ana: "Se gentil y suave"

Ella no sabía ser eso, pero tenía que intentar algo.

- Por favor - susurró al mismo tiempo que se paraba al lado del chico, quedando pocos centímetros entre ellos.

Neville pudo escucharla a la perfección y se levantó de su lugar para encararla.

Daphne no pudo evitar una exclamación de asombro al darse cuenta de lo alto que era el chico, casi le ganaba por dos cabezas.

El susurro mental de otra indicación llego a su mente: "Adúlalo directamente, sin sarcasmo o hipocresía, que todo sea sincero"

- Vaya, Longbottom. Eres enorme - lo dijo verdaderamente sorprendida, luego le sonrió de lado y agregó - ¿Lo serás de todas partes? - era oficial que no estaba siguiendo muy bien los consejos.

El Gryffindor, entendiendo la referencia, se puso más colorado que un semáforo en rojo, aparto la cara y la cubrió con su brazo, avergonzado.

- No quería incomodarte - intentó reparar su error la Slyderin, no sabía muy bien que decir.

- Si - habló de repente el chico.

- ¿Qué? - cuestionó la rubia, al no saber exactamente si se refería a su comentario o a otro tema que se le escapaba.

- Si, te ayudare - dijo por fin pero no la miraba al rostro. Daphne también se ruborizo un poco.

Ambos se inclinaron en el lugar, Neville empezó a explicar lentamente cada paso a seguir, Daphne le presto toda la atención posible.

Los minutos pasaron y ya casi terminaban. La mente de ambos era un caos.

Por un lado estaba Daphne pensando en qué más decir, qué más hacer, en que la voz del Gryffindor era muy erótica y en que odiaba la tierra.

Luego estaba Neville y su perturbación ante la deslumbrante rubia a su lado. Él sabía quién era y no le era indiferente su presencia, pero tenía que aparentar puesto que si aquella muchacha se daba cuenta de lo nervioso que estaba de seguro se burlaría de él.

Para Neville Longbottom las chicas siempre le generaban un problema, nunca había sido muy atractivo o interesante, por ello jamás había atraído la atención del género femenino, sin embargo, siempre tuvo una pequeña fantasía, un destello de interés amoroso que él siempre pensó que no sería correspondido.

Ahora se encontraba en esa situación, junto a la persona que le robaba algún suspiro anhelante, con la que fantaseaba, su interés romántico y de quien se sentía satisfecho con solo ver su sombra pasar.

Neville Longbottom tenía como amor platónico a Daphne Greengrass, y por primera vez ella estaba, hasta cierto punto, conviviendo con él. Se sentía agradecido y sabía que ese momento se convertiría en un maravilloso recuerdo que guardaría en su corazón por siempre.

- Longbottom - la rubia llamó su atención, aunque no tenía ni idea de que le iba a decir, pero ya no podía soportar ese silencio que para ella era muy incómodo.

Neville la miró esperando a que continuará hablando.

Otro consejo apareció en la cabeza de la Slyderin: "Pregúntale cosas e inclúyelo en tu dinámica"

- ¿Lo estoy haciendo bien? - le miró a los ojos.

- Si, está bien - respondió el chico algo cohibido por la bella mirada azul de la joven.

- Sabes, eres muy bueno en esto - Daphne estaba decidida a iniciar una plática con el chico.

- No es realmente nada especial, es muy fácil, cualquiera podría hacerlo - dijo sonrojado.

- ¿Bromeas? Para mí es una tarea descomunal, lo detesto - se quejó la rubia.

- Entonces ¿por qué entraste a esta clase? - cuestionó curioso.

Daphne se quedó muda y algo pálida, no tenía respuesta para esa pregunta. De repente la profesora pidió que ordenarán todo pues la clase había terminado.

Ambos se levantaron al mismo tiempo, se quitaron los guantes y se quedaron mirándose fijamente.

Daphne decidió arriesgarse, le hizo una seña con el dedo para que él se agachara a su altura, Neville obedeció.

La Slyderin se acercó a su rostro y sus narices se rozaron, el Gryffindor se sentía en el paraíso.

- Por ti... vine por ti - le susurró con una voz de fingido cariño para después besar ligeramente la nariz del muchacho, dar media vuelta y encaminarse por sus cosas para dirigirse a su siguiente clase.

Neville apenas pudo recuperarse de la impresión y razonar lo que había pasado.

Ella había besado su nariz.

Ella besó su nariz.

¡Daphne Greengrass le había besado la nariz!

Corrió como loco y la detuvo antes de que partiera, ella lo miró intrigada.

- ¿Te... te puedo acompañar? - tartamudeo y se sonrojó, pero estaba muy emocionado y no quería que ese encuentro terminara aún.

- Claro - Daphne no lo pensó mucho, eso era lo que ella buscaba después de todo, aunque se sorprendió cuando el Gryffindor la detuvo de nuevo pidiendo permiso para llevar sus cosas en su lugar y que ella estuviera más cómoda.

Normalmente ella no aceptaba muestras de caballerosidad, creía que eran expresiones de machismo disfrazado de amabilidad, pero aquella situación lo ameritaba, por lo tanto le concedió el deseo al Gryffindor, le sonrió encantadora y caminó seguida de él.

Neville caminaba dos pasos detrás de ella, temeroso de que su compañía le desagradara o la incomodara. Daphne por otro lado, estaba bastante satisfecha con lo conseguido, miro de reojo al chico y noto su semblante preocupado y al mismo tiempo ilusionado, por un instante sintió pena por él, pero solo fue un instante ya que su plan beneficiaba a alguien más importante en su vida.

Se detuvo y giró su cuerpo para mirar al chico, él también la miró interrogante.

- Sabes - inició ella - Eres muy lindo - dijo sonriendo y aplicando el consejo de alagar.

- Yo, no... sí, bueno, gracias... Tú, linda, también... Es decir, siempre linda, bella... ¡No! es que, aunque fueras fea... ¡No, no! eso no lo quería decir - los nervios de Neville le jugaron mal, cerró los ojos con fuerza y golpeo su frente contra la pared, sabiendo que se había visto como un estúpido.

La encantadora risa de Daphne Greengrass lo hizo mirarla, ella de verdad reía y no sonaba con burla, era una risa divertida y agradable al oído.

- Vaya, eres especial. Apúrate que se me hace tarde - dijo sonriendo la Slyderin y continuó su camino.

Al llegar al salón de clases, Daphne miró a Neville y tomó sus cosas.

- Gracias - le dijo mientras acomodaba con delicadeza un mechón rebelde del cabello de Neville, luego entro sin decir nada más.

Longbottom quedo como estatua es su lugar y con una sonrisa boba en su rostro.

(...)

Al mismo tiempo en otro lugar, Hermione, Luna y Ana se encontraban realizando varias tareas pendientes. Situadas en una mesa de la biblioteca parecían muy concentradas en sus deberes.

Aunque a Hermione se le complicaba poner toda su atención en su ensayo de encantamientos, pues justo frente a ella reposaba el tan afamado libro de Lover, la curiosidad la invadía y era casi incontrolable.

El haber acertado en cuestión a Harry y Pansy era algo bastante sorprendente, por ello Granger quería saber un poco más sobre las características que le hacían afín con Malfoy, solo por curiosidad, no significaba que quisiera intentarlo como las otras lo estaban haciendo, claro que no, solo quería saber.

Mirada tras mirada, se volvía loca por tomarlo entre sus manos y leer solo su apartado, no le interesaba otra cosa, y se sentía un poco insegura de pedírselo a Ana. Aunque ya muchas personas habían leído gran parte del contenido del libro, Hermione lo creía algo demasiado personal y por ello no se atrevía a intentar mirarlo, pero se estaba volviendo loca.

- Chicas, mi clase empieza pronto. Nos vemos más tarde - la voz de Luna la saco de sus pensamientos tortuosos.

- Hasta luego- se despidió Ana, Hermione solo hizo un gesto con la mano derecha como despedida.

Ana estaba muy concentrada y Hermione había dejado de lado su tarea para mirar fijamente, casi con obsesión, el libro de las parejas de Hogwarts.

- Ana necesita otro libro. Ana vuelve en seguida - Hermione dio un respingo al escucharla, luego la vio dirigirse a las estanterías muy apartadas de donde ellas estaban. Parecía que Ana no se había dado cuenta de la perturbación de su amiga.

Lo peor era que se le presentaba una gran oportunidad, solo una pequeña ojeada a ese libro violeta, solo para saciar su curiosidad. Tenía en su interior un debate tortuoso.

¡Al diablo! No lo resistió, la tentación era mucha. Tomo el libro violeta y rápidamente busco su nombre en él, lo encontró en las primeras páginas. Inicio su lectura, con cada palabra ella hacia gestos de desconcierto, asombro y acuerdo, mucho de lo ahí escrito tenía bastante verdad y lógica, al entenderlo mejor parecía que algo así podría realmente pasar.

Llego al apartado de conquista, la cual, a diferencia de las demás, solo tenía tres puntos descritos, se enfocó en el primero:

"Ante la provocación un alago disfrazado de repulsión"

- Ósea, ¿Cómo? - dijo sin comprender el significado de la oración.

- Ana te lo puede explicar - Hermione casi se cae hacia atrás cuando se encontró con Ana frente a ella mirándola.

Le había atrapado con las manos en la masa, o en el libro, pero no parecía molesta, todo lo contrario tenía una sonrisa divertida en el rostro y un brillo de emoción en los ojos.