¡Hola!
Sé que esto es una sorpresa, empezar una historia sin terminar otra... pero, he de decir en mi defensa que esta ya la tengo escrita hace tiempo y estaba guardada en una carpeta en el olvido por lo que solo es revisar y reescribir alguna escena que no me convence. El otro día la encontré y me dije ¿por qué no subirla? y aquí estoy. He tardado un poco mas de lo normal porque me he tomado unas vacaciones para ver a mi familia y amigos por fin pero ya he vuelto.
Esta historia está inspirada en una famosa historia de amor entre una sexy cantante y un famoso presidente con la banda sonora de mi querida "Lana del Rey" a la que amo y admiro. En este capítulo aparece la canción "The other women" y "In my feelings" y una pequeña parte de "Hope is a dangerous thing for a woman like me to have"
Mil perdones si se me escapa alguna falta de ortografía y agradecer todo el cariño que recibe esta historia. Mil gracias por vuestros comentarios que me animan día a día a mejorar. Confirmo que pronto actualizaré Protectora pues tengo el capítulo nuevo casi terminado pero tengo muy poco tiempo y me cuesta bastante actualizar.
Como sabéis los personajes no me pertenecen y hago esto con el único fin de divertirme y haceros pasar un buen rato.
Espero que me dejéis un review y me comentéis que os parece, ya sabéis toda crítica es buena.
Sin más, a leer.
Capítulo 14
Ranma escuchaba la radio junto con su gabinete y su familia. Los vítores llenaban la sala cada vez que salía una zona de Japón dando su nombre como ganador, estaban prácticamente terminando ya con el recuento de votos y podía decirse que Ranma Saotome era el presidente de Japón, aunque él no estaba para nada contento.
— Sapporo también le ha dado el más alto porcentaje al candidato Saotome, con un 85%...
— ¡Eso es fabuloso! — grito Nodoka quien se abrazó a Ukyo contenta mientras los hombres descorchaban botellas de sake.
— ¡Ranma hijo, estamos a un paso de lograrlo! — gritaba Genma eufórico con un puro en las manos.
Ranma le miro de reojo pero no dijo nada, aunque debería tener toda su atención en lo que aquel hombre decía por la radio ya que su futuro político estaba en juego, su mente no podía alejarse de ella, de su dulce Akane.
El día anterior la había alejado de su lado por egoísta y cobarde, había perdido a su más grande amor por una silla de cuero que solo le traería obligaciones y problemas.
— Estamos terminando con el recuento de votos pero por ahora tenemos una victoria clara del candidato Saotome...
— ¡Vamos chicos! ¡Casi es el momento! — Gritaba Ryoga con su copa en la mano — ¡Ranma! ¡Ya casi está amigo!
— Si... recemos — murmuró poniendo una falsa sonrisa en su rostro.
— Ay me va a dar algo — gimió Ukyo llevándose la mano al corazón — querido no entiendo cómo estás tan tranquilo.
Ranma se encogió de hombros y dio un leve trago a su copa de sake — no ganó nada estando nervioso.
— De verdad que poca sangre tienes — dijo Ukyo chasqueando su lengua — que suerte tienes de que te quiera tanto.
Ranma rodó los ojos dispuesto a ignorar a su prometida cuando la voz del hombre dio la noticia que todos en aquella sala esperaban — Victoria aplastante señoras y señores, ya es oficial el candidato Saotome es el nuevo presidente de Japón con el porcentaje más alto en los últimos...
No pudo escuchar más ya que los gritos y vítores de sus acompañantes opacaron el discurso de aquel hombre. De repente una lluvia de confeti y cintas de colores le rodeo y todos se acercaron a él para abrazarlo y felicitarle.
— ¡Ranma hijo! ¡Lo logramos! — gritaba Genma con alegría.
— Muchas felicidades señor — dijeron sus ayudantes y miembros de su equipo haciendo una profunda reverencia.
— Gracias, no lo habría conseguido sin vosotros.
— Nada de eso querido — interrumpió Ukyo lanzándose a sus brazos — el mérito es tuyo, eres un gran orador y un hombre maravilloso, estoy muy orgullosa de ti y muy honrada en ser tu primera dama — se acercó a su rostro para besarlo pero cuando Ranma se dio cuenta giró su cara y la alejo de él evitando así el contacto.
— Ukyo por favor, no es momento ni lugar.
— ¡Pero soy tu prometida! ¡Nos casamos en un mes!
Ranma iba a contestarle de forma brusca pero gracias al cielo Ryoga apareció como un ser salvador — Ukyo ya sabes cómo es, un tradicional y tímido chiquillo, apiádate de él, ya tendréis tiempo de quereros en privado.
Ukyo se sonrojó ante las palabras de Ryoga — Tienes razón, discúlpame querido.
— No pasa nada — dijo con seriedad — vete con mi madre por favor antes de que se desmaye.
Ukyo asintió levemente y obedeció sin rechistar a su prometido. Ranma bufo molesto haciendo que su amigo soltara una risita.
— ¿No deberías estar feliz? Lo has conseguido Ranma, ya eres el presidente más joven de Japón.
— Estoy contento — espetó brusco haciendo que su amigo alzara una ceja.
— Se te nota — dio un leve sorbo a su copa de sake y dirigió su mirada hacia Ukyo quien parloteaba alegremente con Nodoka quien se secaba las lágrimas de felicidad — ¿sabes? A veces es necesario equivocarse para aprender.
Ranma miro a su amigo sin entender a qué se refería pero Ryoga solo se encogió de hombros — Nada cosas mías — luego dio otro largo trago de la copa — lo que sí te recomiendo es que disimules un poco más, eres político debería dársete bien enredar y mentir y permíteme decirte que tú falsa sonrisa no engaña a nadie.
Ranma soltó un largo suspiro sabiéndose derrotado. Ryoga era su amigo de toda la vida, le conocía bien y sabia cuando mentía.
Tenía razón, no estaba contento más bien estaba triste y amargado pero él solito se había buscado estar así. Si hubiera seguido a su corazón en vez de a su cabeza en aquellos momentos estaría celebrando su victoria en los delicados brazos de Akane Tendo y no en aquella sala que olía a tabaco y alcohol barato aguantando el griterío de todos.
Debería estar eufórico de haber conseguido aquello por lo que tanto había peleado, debería estar dando saltos de alegría al ver los frutos de su esfuerzo, sacrificio y dedicación, debería... en cambio allí estaba como un muerto en vida lamentándose por haber perdido a su hermosa Akane, por haber sido un estúpido y haber renunciado a ella tan fácilmente.
Debería estar dando saltos de alegría y no fingiéndola. Todo por la ausencia de esa pequeña mujer en su vida. Era tan importante para él como el aire que respiraba y la había perdido para siempre.
— Ranma — le llamó uno de sus encargados de prensa — los periodistas están aquí, debes dar ya tu primer discurso como presidente.
Ranma asintió levemente acercándose al hombre quien se giró para mirar a Ukyo — Señorita Kuonji, venga usted también.
— ¿Yo? — preguntó con los ojos brillantes de emoción.
— Si, es bueno que la prometida del presidente salga con él, así la gente verá que se apoyan mutuamente y dará una gran imagen.
— Todo sea por ayudar a mi amor — Ranma frunció el ceño cuando Ukyo se colgó de su brazo — vamos querido, la nación nos espera.
Ranma suspiró frustrado y echó a andar con Ukyo agarrada a él como un pulpo. Lo que menos necesitaba ahora era que la prensa le fotografiara con su prometida e inventaran cosas que pudieran llegar a Akane para terminar de alejarla de él.
¿Terminar de alejarla? Tú mismo te has encargado de ello — le grito su conciencia con burla. Apretó con rabia la mandíbula pero cuando se acercó a los periodistas puso de nuevo esa coraza fría y sin sentimientos que ponía siempre que debía hablar en público.
Ukyo se soltó de su agarre y se colocó dos pasos detrás de él, impecable con una enorme y exagerada sonrisa en su rostro, encantada de tener todos esos focos y micrófonos apuntando hacia ella, aunque en realidad el protagonista fuera él.
Había llegado el momento de cumplir con su deber. Lo había conseguido, era el presidente y debía actual como tal.
Cogiendo aire dijo — Muchas gracias a todos, quiero agradecer de corazón la confianza que el pueblo japonés ha depositado en mí, soy un hombre sencillo que ha trabajado mucho para llegar a donde he llegado pero vuestro apoyo ha sido el motivo principal por el que ahora estoy aquí y no pienso defraudaros.
Mientras soltaba el discurso Ranma observaban la nada pensando en cierta cantante que llenaba sus días de luz, aquella que debía estar justo a su lado y a la que nunca olvidaría — He cometido muchos errores, pero pienso seguir trabajando duro para mejorar y convertirme en el líder que merece un pueblo tan grande como es el pueblo japonés.
Seguramente Akane no estaría viéndole u escuchándole, lo más probable es que no quisiera verle ni en pintura pero en su mente él se la imaginaba escuchándole en casa orgullosa de él — Prometo que trabajaré día a día por cumplir todas y cada una de vuestras exigencias y juro también llevar a este país a la prosperidad, no descansaré hasta ver a Japón recuperada de esta crisis que nos asola y juro que todos y cada uno de mis votantes no se arrepentirá de haberme elegido como su presidente, como así también juro que los que no me han votado terminarán alegrados de que yo gobierne ya que intentaré ganarme día a día con mucho esfuerzo su confianza. Una vez más muchas gracias y espero poder ser un gran presidente. Buenas noches.
Los periodistas y su prometida aplaudieron de forma escandalosa mientras los fotógrafos inmortalizaban el momento. Ranma se retiró con paso apresurado siendo seguido de cerca por Ukyo.
Deseaba salir de allí, encerrarse en su cuarto y beber hasta desmayarse escuchando la voz de Akane en el disco que tenía. Así podría evocarla a su lado, feliz y orgullosa de estar con él. Intentando borrar la cara de tristeza y decepción que puso la última vez que la vio. Seguramente en aquellos momentos Akane estaría componiendo y odiándole como merecía por cobarde... no la culpaba de ello.
Lo que Ranma no sabía es que las elecciones habían sido seguidas muy de cerca por la bella cantante quien sentada en su sofá con una taza de té en las manos se sonreía con tristeza a la nada — Felicidades Ranma...
Habían pasado casi dos semanas desde que había sido nombrado presidente y la vida no era como Ranma siempre se la había imaginado.
Los primeros días fueron agotadores, sobre todo cuando tuvo que conocer al emperador y jurar su cargo. Su familia y Ryoga le acompañaban siempre por lo que nunca tenía un momento a solas y eso no le gustaba en absoluto.
Para Ranma ser el presidente consistía en ayudar a los más desfavorecidos, en trabajar codo con codo con su gabinete para mejorar la economía del país y sacarlo de la crisis, de hablar con los países vecinos y entablar jugosos acuerdos comerciales... ¡cosas así! Pero no, desde que había sido nombrado presidente lo único que hacía era firmar algunos papeles y pasearse por el país exhibiéndose como un pavo.
Ukyo estaba más que encantada con su papel de primera dama ocupando las portadas y siendo el centro de atención, pero él lo odiaba. No le gustaba ese mundo en el que tenía que moverse.
— Tú te lo has buscado — le dijo su conciencia. Aquel día no era del todo malo pues estaba de visita en un orfanato local donde miles de niños se agolpaban en catres compartidos. Aquel orfanato necesitaba ayuda pues se caía a pedazos por eso Ranma decidió visitarlo, para observar de cerca la condición de los huérfanos y de las personas que les cuidaba.
Observó horrorizado como la suciedad y la humedad estaban presentes en el edificio y como los niños mal vivían. Definitivamente tenía que hacer algo.
Cuando termino la visita y la prensa les fotografío, Ranma y Ukyo volvieron al coche que les esperaba a la puerta. Ranma observó cómo su prometida agarraba un pequeño ramo de flores con su mano y decía adiós con la otra a los animados niños.
Una vez dentro del coche cuando las puertas se cerraron la sonrisa de Ukyo desapareció y soltó un bufido tirando las flores con mala gana al asiento.
— Por Dios pensaba que no saldríamos de ahí nunca.
— No deberías tirar así el regalo de esos niños — Dijo Ranma mirando por la ventana.
Ukyo chasqueó la lengua alisando su bonito kimono azul — esas flores estaban secas, incluso pinchaban he tenido que hacer un esfuerzo muy grande en sujetarlas con una sonrisa ¡mira mis manos!
— Oh vaya que desfachatez la de esos pequeños huérfanos, ¿cómo no pueden tener el jardín arreglado? A lo mejor lo que se ahorran en comida lo podrían gastar en un bonito ramo de flores que si sea de tu agrado — escupió con veneno mirando a Ukyo quien bajo la vista avergonzada — da gracias que al menos tienen unas flores secas para alegrar esa... cosa a la que ellos llaman casa.
— Dales una ayuda económica y listo — dijo Ukyo encogiéndose de hombros — tampoco estaba tan mal.
— ¿tampoco estaba tan mal? ¿Has visto las paredes? ¿Y las ventanas rotas? — Ukyo abrió la boca pero no le dio tiempo a contestar — o la pequeña cama que compartían esas trillizas cuyos padres murieron en la guerra ¿eso no lo has visto? ¿O estabas demasiado ocupada en mirar a los estúpidos periodistas que te fotografiaban?
— ¿Me estás acusando de ególatra? — preguntó Ukyo enfadada.
— No, te estoy acusando de hipócrita y consentida.
Ukyo miro a su prometido con el rostro enfadado pero no le replicó, había sido educada para callar y servir a su marido, por mucho que discrepara nunca le llevaría la contraria. Era algo que Ranma sabía y agradecía.
— Makoto, pon la radio por favor — dijo Ranma cruzándose de brazos mirando por la ventana. No soportaba un segundo más de conversación con Ukyo.
El chofer no contestó, simplemente encendió la radio y busco un dial que se escuchara de forma correcta. Cuando escucho la voz que salía por la radio el corazón de Ranma bombeo con fuerza en su pecho.
— No me lo puedo creer ¿es que esta mujer está en todas partes? — gimió ofuscada Ukyo.
Ranma la ignoro completamente hipnotizado por la triste voz que salía de la radio — escribiendo con sangre en las paredes porque la tinta de mi pluma no funciona en mi libreta — desde que se había ido de su casa no la había vuelto a ver, es más apenas alguien la había visto. Cuando salía su imagen era en las portadas de las revistas en algún desfase nocturno pero por lo demás no había ni una noticia suya.
— No me preguntes si soy feliz sabes que no lo soy pero al menos puedo decir que no estoy triste — cantaba Akane en la radio. Ranma se auto flagelo mentalmente al saberse el culpable de aquella tristeza en su voz — porque la esperanza es algo peligroso para una mujer como yo...
— Maldita sea ¡quita esa basura! — bramó furiosa Ukyo. El chofer miró apurado a Ranma por el retrovisor y este le hizo una señal afirmativa para que quitara la radio. Le había dolido de sobremanera aquella corta parte de la canción. Seguramente era nueva pues se sabía todo el repertorio de Akane de memoria y esa no le era conocida.
No había tenido noticias suyas ni las esperaba, tampoco las iba a buscar porque no se las merecía. Le había hecho mucho daño y aquella triste letra se lo dejo claro, ella había puesto sus esperanzas y sueños en él y una vez más solo se llevó una terrible decepción. Si solo pudiera dar atrás en el tiempo...
— que pesadilla de mujer por favor, parecía que había desaparecido pero por lo visto no — bufo Ukyo tomando una revista que había en el respaldo del asiento — ¿ves lo que te digo? ¡Mírala!
Ranma observó la portada de la revista que le mostraba Ukyo, en ella su preciosa Akane vestida en un escotado traje de color rosa palo sonreía a un tipo alto quien la miraba con ojos lujuriosos. Bajo la foto se leía el titular "Akane Tendo ha vuelto al juego"
Ranma apretó los dientes furioso ante la imagen de la revista. Quiso retorcerla y romperla en mil pedazos — Que descaro el suyo ¿sabes con cuántos hombres se le ha relacionado en los últimos diez días? ¡Con al menos cinco! Siempre borracha y de fiesta ¿pero qué tipo de mujer se cree que es? ¿Cómo va a casarse alguien con ella? Es vergonzoso.
— Esas portadas muestran que la señorita Tendo es muy popular entre los hombres — soltó con voz grave intentando disimular el enfado. Cierto era que las pocas veces que sabía de ella era por las revistas donde mostraban a la Akane de antes, la libertina y fiestera joven que se acostaba con hombres diferentes todos los días. La Akane que no se dejaba ver desde que se habían conocido.
— Solo la quieren para acostarse con ella, al final todos terminan casándose con chicas de buena familia, como tú hermana o como yo — dijo orgullosa — nunca conseguirá que la amen de verdad ¿tú serías capaz de estar con alguien así? Seme sincero, por muy hermosa que sea ¿podrías casarte con ella? ¿Sería la chica que le presentarías a tú madre? — Ranma sintió su sangre hervir ante las palabras de Ukyo las cuales a pesar de ser inocentes habían dado en un punto muy sensible de Ranma.
No pudo contestarle porque claramente no era el más indicado para hacerlo. Se mordió la lengua deseando gritarle que él la amaba como un loco, que era la mujer ideal y que nunca podría compararse con ella. Con su silencio Ukyo sintió que salía victoriosa — No hace falta ni que contestes.
Con una radiante sonrisa abrió la revista y comenzó a leer interesada un artículo sobre consejos en el matrimonio. Ranma suspiró y dirigió de nuevo su mirada al exterior.
Echaba de menos a Akane, la añoraba muchísimo y se moría de celos al saber que había estado con algún idiota la noche anterior, pero no podía hacer o decir nada porque su Akane ya no era suya.
Apretó con rabia los puños y suspiró. Esa sería su triste condena el resto de su vida, ser espectador de los amoríos de Akane, un simple desconocido para ella durante el resto de su vida. Y solo Dios sabía cuánto dolía en su pecho aquello.
Dos días después se encontraba en su despacho charlando con algunos ministros sobre los nuevos presupuestos cuando su padre entró en la sala cortando la reunión.
— Disculpen caballeros pero debo hablar con mi hijo.
— Papá, no es buen momento esta reunión es importante.
Genma le lanzó una dura mirada — Seguro que los presupuestos pueden esperar, además si el emperador no da el visto bueno no pueden ir para adelante así que puedes posponerlo cinco minutos más.
Ranma suspiró aguantándose las ganas de lanzarle el cenicero a su padre. Miro a sus ministros disculpándose con la mirada.
— Espero que no les moleste que lo dejemos un momento.
— Por supuesto que no señor — dijo el más anciano de todos recogiendo los papeles — además vamos con tiempo de sobra.
— Es cierto señor — hablo otro haciendo una inclinación — no se preocupe esperaremos fuera.
— Gracias — dijo viéndolos salir de su despacho no sin antes despedirse de su padre con una palmada en el hombro.
Cuando salieron Genma cerró con seguro la puerta para así asegurarse de que nadie les molestaba. Al girarse enseño a Ranma un sobre color azul celeste.
Se lo tendió a su hijo el cual lo sujetó con curiosidad. Al leer lo que era su ceño se frunció — ¿Has cortado una reunión sobre los presupuestos anuales para darme una estúpida invitación a una de las tantas galas benéficas a la que nos invitan todos los días? ¿En serio papa?
— No es una simple cena, es la cena de mi amigo Sanjiro.
— ¿y qué más da? En serio papá esto que has hecho roza lo ridículo...
— Tú no sabes quién está invitada ¿verdad?
Ante el tono de voz de su padre Ranma se supuso que una vez más Akane estaba metida en el ajo. Se sobo con rabia el puente de la nariz.
— Déjame adivinarlo... Akane.
— Bingo
Ranma chasco la lengua con rabia. No sabía por qué pero cada vez que pasaba un tiempo sin verla volvía a aparecer en su vida en alguna cena o gala benéfica. Parecía que esta vez no era la excepción.
— Siempre puedo no ir si así lo deseas.
— ¿estás loco? — Preguntó Genma exageradamente — tienes que ir, Sanjiro es nuestro amigo y tu patrocinador sin él no habrías podido hacer tantas campañas ni tendrías tanta buena publicidad así que no ir no es una opción.
— ¿Entonces qué diablos quieres que haga?
— No acercarte a ella esa noche.
Ranma soltó una risa amarga y negó con la cabeza — Será ella quien no se acerque a mi papá, por si no lo recuerdas no quiere verme ni en pintura.
— Ese es el problema Ranma, que por tu torpeza esa mujer está despechada y muy cabreada — dijo con rabia.
— Akane no dirá nada sobre nuestra relación — se adelantó Ranma sabiendo lo que insinuaba su padre — puede estar enfadada pero no me haría eso.
— No seas iluso Ranma, ¿es que no has escuchado esa nueva estúpida canción?
Ranma alzó una ceja confundido sin entender a qué se refería su padre — ¿qué canción?
— Esa mierda lastimera que suena en todas las malditas radios de este país — dio un fuerte golpe con su puño en la mesa pero Ranma ni se inmutó — No me digas que no la has escuchado.
— Estoy muy liado papá, por si no te acuerdas Japón entero depende de mí por lo que no tengo mucho tiempo para escuchar la radio.
— Pues en esa cancioncita deja implícitas muchas cosas, yo soy tú y me pondría la radio cuanto antes.
— Si tengo tiempo la escuchare — dijo haciéndose el aburrido aunque ambos sabían que en cuanto Genma saliera por la puerta sintonizaría la radio y esperaría paciente por la canción de Akane.
No quería leer ni escuchar nada sobre ella, era doloroso saber sobre ella y no tenerla a su lado. Las únicas noticias que tenía de la menuda y bonita mujer era sobre sus amoríos pasajeros que eran como mil estacas en el corazón, por eso decidió no leer prensa ni escuchar la radio o ver la televisión, prefería vivir en la ignorancia por muchas ganas que tuviera de ver su bonito rostro.
— Ten cuidado Ranma, como esa mujer se vaya de la lengua estamos perdidos.
— ¡Ya te he dicho que no lo hará! — grito Ranma harto de su padre. Solo quería que se largara y él dejara en paz.
Genma le miro unos segundos en silencio pero luego se enderezó y se giró para salir — Ya te dejo hijo, le diré a tus ministros que vuelvan más tarde — Ranma asintió levemente — más te vale que tengas razón Ranma. Ahora mismo estamos en las pequeñas manos de esa mujerzuela.
— Adiós papá — dijo con la mandíbula apretada por la rabia que sentía al escuchar los apelativos de su padre hacia la que él consideraba el amor de su vida.
Genma no contestó, abrió la puerta y salió dejando a Ranma solo. Se levantó de su silla con rabia y fue hacia la radio que había en el despacho. Sabía perfectamente que cadena sintonizar para escuchar rápido la nueva canción de Akane.
Esa estúpida cadena juvenil que escuchaba Ranko repetía una y otra vez las canciones de la chica por lo que no tuvo que buscar mucho tiempo.
— Hoy en radio...
Cuando escucho la voz de aquel estúpido presentador se sirvió una copa de whisky y se volvió a sentar en su silla. Tuvo que esperar un par de canciones para poder escuchar aquello que quería oír.
— Estamos recibiendo miles de llamadas pidiendo la nueva canción de Akane Tendo — Ranma sonrió acercando su vaso a su cara pero sin beber — nuestra artista favorita lleva un tiempo creando y está joya nos muestra que está en un momento muy bueno. Como a nosotros nos encanta escuchar su talento aquí lo tienen, una vez más y para deleite de todos la nueva canción de Akane Tendo.
Ranma se acomodó en su silla y cerró los ojos para sentir y escuchar bien la melodía. No tuvo que esperar mucho tiempo para escuchar la voz de su chica a través de la radio.
Los pelos se le erizaron cuando aquella dulce y triste voz llegó a sus oídos, como la había echado de menos.
— La otra mujer tiene tiempo para hacerse la manicura, la otra mujer es perfecta donde su rival falla... nunca ha sido vista con rulos en el pelo.
Ranma abrió los ojos y suspiró con tristeza. Esa canción le dolía como mil demonios y apenas estaba empezando. En ella su chica estaba comparándose con Ukyo siendo relegada a una amante cualquiera... así es como ella se sentía.
— La otra mujer encanta su ropa con perfume francés, la otra mujer pone flores frescas en cada habitación... nunca hay juguetes tirados por todas partes y cuando su hombre viene a llamarla la encuentra esperando como una Reina solitaria — en ese momento de la canción la voz de Akane se quebró levemente y Ranma sintió un pinchazo en la boca del estómago.
Akane se sentía una basura, alguien a quien no tomabas en serio, alguien con quien nunca se puede tener una familia... algo bonito que te gusta mirar y con la que quieres divertirte pero no formar una familia... que equivocada estaba y que estúpido el por hacerla sentir así.
— Porque estar es su lado es un cambio a la vieja rutina — Ranma bebió con rabia lo que quedaba de su copa al escucharla cantar con tanto dolor. Ella pensaba que para él no significaba nada más que una forma de rebeldía ¡pero no era así!
— La otra mujer, siempre llorará hasta dormirse... la otra mujer nunca tendrá su amor — no es cierto — murmuró Ranma con dolor, si lo tenía lo tendría siempre — y mientras pasen los años la otra mujer pasará su vida sola... sola... — cantaba con tristeza una Akane que le desgarró el alma al presidente.
Cuando la canción termino la voz del presentador volvió a resonar elogiando la voz y el talento de la cantante especulando sobre cuán real era la canción de Akane y quien sería ese hombre casado con el que mantenía una relación.
Idiotas, idiotas todos y el el primero por dañar a semejante ángel. Aquella canción era una declaración abierta de todo el dolor que le había causado con unas pocas palabras y acciones, de lo engañada y sola que se sentía por su culpa, por no ser suficiente para él como ella sentía que sí lo era Ukyo...
Quiso golpearse por estúpido, y luego quiso llorar por haberle hecho tanto daño. Un daño que no se merecía. Apago la radio con cansancio y se volvió a sentar en su sillón tirándose hacia atrás suspirando.
— Perdóname Akane, por favor — murmuró al aire — perdóname.
Aquella canción le había dejado claro de lo mal que lo estaba pasando Akane, no sabía si ella esperaba que él la escuchara, si quería que lo hiciera pero una cosa era segura, en ella había plasmado todos los sentimientos y pensamientos dolorosos que le había producido aquella situación y todo por su culpa.
Se restregó la cara agobiado por volver a verla, a lo mejor si sabía que es estaba allí no aparecía simplemente por no verle la cara... pero si lo hacía... no sabía cómo podía reaccionar.
Si ella iba del brazo de otro hombre no sabía cómo iba a reaccionar o como aguantaría las ganas de darle un puñetazo al cabrón que la acompañara.
Tampoco sabía cómo iba a reaccionar ella pero una cosa era segura, no iba a verse débil frente a él, seguramente sería altanera y orgullosa por el simple hecho de que él no la viera sufrir por su culpa, eso era algo que le encantaba de ella, que no se dejaba humillar ni que la vieran derrotada.
Esa cena iba a ser un infierno porque no sólo estaría su querida Akane, también su madre y su prometida lo cual no auguraba nada bueno. Solo podía rezar para que todo saliera bien.
Obviamente eso no pasó.
El día de la cena había discutido con Ukyo debido a la dichosa boda. Tras pedirle que lo atrasaran de nuevo su prometida explotó como una loca, gritando incoherencias y echándole en cara que no quería casarse con ella.
Su madre intentó echarle un cable alegando que ahora que era presidente tenía muchos compromisos y que si ella quería ser una buena esposa para él debía hacer sacrificios.
— Sabes que os casareis querida, todos lo saben ¿Qué importa en unas semanas o en unos meses?
Por suerte para el las palabras de su madre calmaron a la muchacha pero Ranma sabía que ahí no terminaría la cosa, la cara de Ukyo y las enfadadas miradas que le lanzaba así se lo decían. Cuando llegaron al hogar de su amigo y patrocinador Ukyo se acercó a sus amigas, todas engalanadas en exagerados kimonos y vestidos que les tapaban hasta el cuello y por debajo de las rodillas. Todo muy puritano, muy correcto.
Él se acercó a varios conocidos que le comenzaron a bombardear con temas económicos y de política exterior y aunque en todo momento parecía interesado y dentro de la conversación en su cabeza solo tenía un propósito, encontrar a Akane entre la multitud.
Por más que sus ojos se paseaban por la sala no lograba dar con ella, ni sola ni acompañada. Parecía que su querida cantante no había hecho acto de presencia aquella noche. Eso escamó a Ranma ¿le habría pasado algo? ¿Estaría con algún hombre? Ese último pensamiento le revolvió las tripas y bebió su copa con fuerza
— Tiene una prometida hermosa señor presidente — le dijo un jovencito de apenas veinte años con timidez sacándole de sus pensamientos — ojala pueda encontrar yo una mujer así algún día.
Ranma sonrió cordial — seguro que cuando menos lo esperes aparecerá.
— Su prometida es todo lo que uno desea — dijo otro de los hombres — es hermosa, muy elegante y se le ve una mujer recatada y habilidosa, seguro que será una gran madre y ama de casa.
— Sí que lo será — contestó mirando de reojo a su prometida quien sonreía falsamente a una jovencita que llevaba un vestido amarillo. Ranma la conocía bien y sabía que aunque en aquel momento Ukyo estuviera siendo amable con la muchacha dentro de su cabeza estaba acumulando información para criticarla más tarde con su círculo más cercano, aquella mirada reprobatoria no le daba ninguna duda.
— Una mujer debe ser discreta y callada — dijo Hiro un hombre que se dedicaba al negocio del bambú — debe ir dos pasos por detrás de su marido y siempre debe apoyarle, en cada uno de su discurso siempre se ve a su prometida muy entregada a usted señor Saotome.
— Lo está —contestó sin mirar al hombre mientras rechazaba con elegancia una copa — es capaz de poner mis necesidades y deseos sobre los suyos.
— Así debe ser, una mujer que piense por sí misma es peligrosa.
— ¿Y eso por qué? — Preguntó el jovencito — yo tengo una hermana menor y me gustaría que estudiara le apasionan las matemáticas.
—Bueno siempre puede ser enfermera o no se… profesora de infantil, pero cuando se case obviamente no deberá seguir trabajando, el deber de una mujer es cuidar su hogar, están hechas para eso, no conozco a ninguna mujer que no desee casarse y engendra hijos.
Varios hombres asintieron levemente dándole la razón a aquel charlatán que cada vez le caía peor ¿Qué el deber de una mujer es casarse? Estaba loco. Hace un par de meses pensaba igual que el pero desde que su pequeño tormento había aparecido en su vida su visión del mundo había cambiado por completo y en especial sobre las mujeres.
Aquel estúpido no tenía idea de nada, era un hombre que necesitaba sentirse superior de alguna forma y la forma más fácil es dominando a lo que él consideraba el sexo débil, las mujeres. Ranma sonrió con burla al imaginarse un encuentro entre Hiro Yamada y Akane Tendo. Su chica le destrozaría en dos segundos.
— No creo que todas piensen así —habló uno de los hombres que no había asentido.
— ¿Por qué dice eso?
El hombre sonrió con malicia y señalo la puerta — Porque aquel monumento de mujer que acaba de entrar no parece muy sumisa y mucho menos con deseos de ser ama de casa y madre.
Ranma se giró al igual que el resto de los hombres y su boca casi se desencaja al observar a su preciosa chica entrar por la puesta con altanería y sensualidad.
— Es... es… ¡es Akane Tendo! — Chillo nervioso el muchacho peinándose el pelo con ansia — ¿estoy bien? ¿Estoy presentable?
Los hombres rieron al ver el estado de nervios que tenía el jovencito por la presencia de la cantante en la sala — eres muy joven para ella.
— me da igual, es hermosa y tiene un cuerpo de infarto.
— Es una descarada y una vulgar fulana — dijo con desagrado Hiro poniendo gesto de asco en su cara mirando como Akane saludaba con coquetería al anfitrión y a sus acompañantes los cuales la devoraban con la mirada.
Y no era para menos, su menudo cuerpo estaba enfundado en un sexy y escotado vestido negro de lentejuelas que la hacían brillar aún más. El vestido tenía una larga abertura que dejaba ver su exquisita y larga pierna al caminar, los tirantes eran tan finos que apenas eran visibles y su espalda quedaba prácticamente al descubierto.
Ranma sintió que su boca se secaba ante el espectáculo, esa mujer era un pecado andante y le encantaba serlo. Akane Tendo no daba puntada sin hilo, Ranma la conocía bien y sabía que si se había puesto ese traje era para que todos los presentes hablaran de ella, para bien o para mal.
— Es un bombón Hiro, no puedes negarlo.
El hombre gruñó y negó varias veces — Su hermosura se ve eclipsado por su vulgaridad, prefiero mil veces una mujer como la señorita Kuonji que a esa mujerzuela que se exhibe ante todos.
— Hablando del diablo — murmuró el jovencito momentos antes de que una descolocada Ukyo se agarrara con fuerza de su brazo.
— Ranma mírala, mírala que falta de vergüenza.
— bueno, nunca ha sido muy discreta.
Ukyo bufó y le miró con rabia — No quiero que te separes de mi ¿entendido?
Ranma sintió una vena marcarse en su frente ¿Quién se creía Ukyo que era? ¿Su madre? No iba a tolerar que le hablara así delante de nadie por lo que mirándola con firmeza dijo — No eres nadie para decirme que hacer, estaré donde quiera ¿entendido?
— Pero… pero querido yo…
— señor Saotome por favor, es entendible que su mujer este preocupada, mire al resto de las mujeres — Ranma echó un vistazo a la sala y vio como varias mujeres estaban agarradas a sus esposos fulminando con la mirada a la cantante quien ignoraba a todos por estar muy entretenida hablando con un simpático chico que a ojos de Ranma estaba a punto de sufrir un infarto — cuando una mujer como Akane Tendo entra en la sala todas las mujeres atan en corto a sus maridos.
— No entiendo el por qué — bufó Ranma molesto soltándose del agarre de Ukyo quien cabezota le agarro de nuevo.
Hiro chasqueó la lengua — como se nota que ha estado ocupado señor Saotome, la señorita Tendo es famosa por enredarse con todo tipo de hombres incluidos los casados, es lógico que las mujeres tengan que hacerse notar para que sus maridos no caigan en sus garras.
— Los maridos caen en sus garras porque ellos así lo quieren — dijo Ranma con firmeza mirando a los ojos de aquel hombre que cada vez le caía peor — ella no les obliga a meterse en su cama.
—La carne es débil señor Saotome, los hombres somos hombres al final, por eso lo que una buena mujer debe hacer es…
— Sí, si lo sabemos ya nos lo ha explicado — le cortó con rapidez el presidente harto de aquel discurso rancio — Debo ir con mis padres, mi madre no es muy fan de esa mujer y debo controlarla — dio una leve inclinación y se alejó del grupo arrastrando a ukyo con él.
— Ranma, espera me haces daño — protesto la joven siendo ignorada por Ranma el cual caminaba hacia sus padres quienes hablaban con un matrimonio de ancianos.
Nodoka sonrió ampliamente al verles — Ranma cariño, mira ellos son los Yamaguchi, te han votado.
Ranma dio una gran inclinación — les agradezco su confianza en mí, espero no decepcionarles.
El hombre le devolvió la inclinación — No es nada señor Saotome, estamos seguro de que usted será el líder que necesitamos para que este país vuelva a ser la gran nación que era antes, esta guerra nos ha dividido pero estoy seguro de que usted podrá volver a traer la armonía a Japón.
— Es mucha presión la que me da señor Yamaguchi pero me esforzare para conseguirlo.
— Su hijo es muy guapo señora Saotome — dijo la señora Yamaguchi a Nodoka quien sonrió orgullosa — y su prometida toda una dama, se nota que está muy bien educada.
Ukyo se sonrojo enormemente ante el halago de la señora, Ranma rodó los ojos ante el gesto de su prometida — por favor señora Yamaguchi, me hará sonrojar.
— No hay por qué querida, se merece tales halagos, se le ve una joven centrada, elegante, refinada y que sabe muy bien que puesto ocupar junto a su futuro marido — de repente el ceño de la mujer se frunció ligeramente — a diferencia de otras mujerzuelas de por aquí, por cierto ahí viene una.
— Kaori por favor — le riño su marido ganándose una mirada reprobatoria — es una invitada de lujo, íntima amiga de nuestro anfitrión no puedes insultarla.
— es lo menos que merece — murmuró por lo bajo Nodoka observando como la joven se acercaba del brazo del anfitrión.
—Mejor cerráis la boca queridas, porque se están acercando — murmuró Genma mirando de reojo a su hijo quien de repente se había puesto muy tenso. Ukyo se agarró a su brazo con fuerza marcando su territorio.
— Por favor que descaro — murmuró la señora Yamaguchi tomando también del brazo a su marido quien la mando callar.
— Amigos míos que gusto volver a verles reunidos ¿Qué tal les trata la vida?
El señor Yamaguchi sonrió con amabilidad y dio una leve inclinación, a duras penas ya que su mujer seguía agarrada fuertemente a el — Buenas noches gracias por invitarnos a su fiesta.
— De nada, hoy es un día para celebrar que este campeón de aquí — dijo golpeando amistosamente a Ranma en el brazo — ha ganado las elecciones. Es un momento de alegría por cierto mucho gusto de verla señora Saotome, hacía tiempo que no nos veíamos.
Nodoka sonrió falsamente — Sí, bastante tiempo —casi de inmediato lanzo una leve mirada a la bella cantante quien tenía una sonrisa socarrona en su rostro.
El anfitrión se dio cuenta de que todos miraban a la joven cantante — Oh, perdón mis modales ¿conocen a la señorita Tendo? Seguro que sí.
— Nos la hemos topado un par de veces si — dijo Genma muy serio mirando a la cantante quien amplió su sonrisa burlona — un placer verla de nuevo señorita.
— Igualmente señores, hacía mucho que el destino no nos cruzaba — de repente los ojos de la chica se posaron en Ranma quien la observaba como si fuera una deidad caída en la tierra. Akane se percató del tenso rostro del presidente y de forma coqueta le guiñó el ojo para luego decir — Muchas felicidades señor Saotome debe de estar muy contento.
Antes de que Ranma, el cual estaba boqueando cual pez fuera del agua, pudiera contestar su prometida gruño y le contestó de mala manera — si lo estamos.
Akane posó sus ojos en los de Ukyo y los presentes pudieron ver un duelo de miradas asesinas en la cual ninguna de las dos tenía pensado rendirse. Ukyo estaba como un perro guardián de su futuro marido su lenguaje corporal así lo decía pero Akane… Akane estaba tranquila pero burlona, riéndose mentalmente de los celos enfermizos que tenía la mujer.
— ¿Es que su prometido no tiene boca para contestar? Que yo sepa las jovencitas finas les enseñan a cerrar la bocaza en conversaciones privadas.
— Señorita Tendo le ruego que respete a mi nuera — dijo Nodoka llamando la atención de la cantante quien seguía con los ojos posados en Ukyo — Ranma hijo, dile algo.
Ranma se tensó ante las palabras de su madre maldiciendo su suerte. Ni siquiera había prestado atención a la disputa, sus ojos y su mente estaban posados únicamente en la mujer frente a él, en los momentos que vivieron juntos y que se moría por recuperar.
Dio un carraspeo y se enderezó, no podía seguir siendo tan obvio o todo se iría al garete y la habría perdido para nada. Con la mandíbula tensa y la burlona mirada de la mujer de su vida sobre el Ranma dijo — le pido por favor que respete a mi prometida.
Akane permaneció callada unos segundos — si señor saotome, discúlpeme por mi desafortunado comentario — luego se giró hacia el anfitrión quien estaba anonadado pro la pequeña disputa — creo que lo mejor será que vaya al bar, creo que aquí ya he visto bastante.
Ranma sintió sus tripas arder al ver la coqueta sonría que akane le regalaba a ese viejo verde que la miraba devorándola con la vista. Además su chica había acariciado con lentitud el pecho del hombre de manera sensual antes de irse sin siquiera decir adiós, bamboleando sus caderas de forma hipnótica.
— Con todos mis respetos Sanjiro no sé porque demonios está invitada esa mujer — habló Nodoka con enfado observando el descarado coqueteo de Akane con el camarero — no representa ninguno de los valores que defiende mi hijo al cual estamos honrando esta noche.
Sanjiro puso un gesto nervioso en su rostro — Sí, sé que sus actitudes distan mucho de lo que la mayoría de los presentes aceptarían como correcto, pero es una gran artista, la más grande ahora mismo y eso no me lo puede negar.
— Pero no pinta nada aquí — reclamó la matriarca Saotome — incomoda a muchas mujeres y…
— Y pervierte a los hombres — dijo la señora Yamaguchi recibiendo un asentimiento por parte de las mujeres presentes — no es correcto que esté aquí.
— Es la invitada de Sanjiro — dijo esta vez Genma — aunque no estén conformes no deberías despreciar así a una invitada del hombre que es nuestro anfitrión — Genma se giró a Sanjiro con un falso gesto de disculpa que Ranma no compraba, sabía de sobra que el mayor de los Saotome estaba tan disgustado o más que su madre y prometida pero también sabía que Sanjiro era un pez gordo al que tenían comiendo de su mano, perder su apoyo sería perder donaciones e ingresos que necesitaban — perdónalas Sanjiro.
El anfitrión negó con la cabeza restándole importancia — Tranquilo amigo, es entendible que algunas mujeres les moleste la presencia de Akane, pero créanme sus matrimonios no corren peligro.
— ¿Y eso por qué? — preguntó interesado Ranma. Quiso morderse la lengua al instante pues su voz había sonado desesperada pero es que necesitaba saber porque Sanjiro había dicho aquello de forma tan segura.
— Por lo visto acaba de pasar por una difícil ruptura, su próximo disco saldrá pronto y le ha costado mucho trabajo terminarlo, ahora está centrada en su carrera y no quiere más líos con hombres…
— Comprometidos — terminó Ukyo la frase con asco recibiendo una mirada afirmativa del anfitrión — eso es lo que pasa cuando te metes con hombres casados, al final sales escaldada. Se merece ese dolor.
— No es su culpa señorita Kuonji — la defendió Sanjiro — él le prometió matrimonio a ella pero al final no tuvo valor para dejar a su esposa —Ranma se tensó ante las palabras del anfitrión, tanto el cómo Genma se lanzaron una rápida mirada llenar de terror ¿Qué había contado Akane? ¿Cuánto sabría Sanjiro? Sintió que un enorme agujero se abría bajo sus pies. Si Akane había contado por ahí su relación sería su ruina…
— ¿Y usted como sabe eso? — preguntó Nodoka con curiosidad.
— ¿Y quién es ese hombre casado? — preguntó esta vez la señora Yamaguchi con un intenso brillo malicioso en la mirada.
Sanjiro se encogió de hombros levemente — Desconozco el nombre de su ex pareja, Akane no me ha contado mucho más pero sé que le dolió mucho, la conozco desde hace años, prácticamente desde que empezó y nunca la había visto tan triste tras romper con alguno de sus amantes — Ranma sintió que su corazón se quebraba ante el tono de tristeza que usaba Sanjiro al hablar de Akane, sin poder evitarlo sus ojos la buscaron encontrándola sentada en un taburete bebiendo una copa sin hablar con nadie.
— Entonces ¿es usted amigo de la señorita Tendo? — preguntó Genma interesado.
— Yo financie su primer disco — afirmó —la escuche en un bar una noche, estaba empezando su carrera y cuando escuche esa voz… era como una sirena que hipnotizaba a toda la sala — Ranma no pudo evitar darle la razón internamente — cuando la vi supe que sería una estrella, no solo es preciosa sino también tiene talento, Akane Tendo nació para triunfar no para cantar en bares de mala muerte por cuatro monedas.
— Tampoco canta tan bien — gruñó Ukyo — y sus letras son altamente reprobables, la hermana de Ranma la adora y aunque su hermano y yo le aconsejamos deja de escuchar tales perversiones no nos hace ningún caso.
Sanjiro abrió los ojos de par en par — ¿Qué no canta bien? Con todos mis respetos señorita ¿es acaso usted sorda? — ukyo ahogó un grito ante el comentario de Sanjiro quien se giró a mirar a Ranma — Señor Saotome, podemos estar de acuerdo en que la señorita Tendo no sea de su agrado y que sus letras sean algo…. Picantes para usted y las creencias y ética que tiene, pero sé que aprecia el talento de lejos ¿usted piensa que Akane Tendo es una cantante mediocre?
De repente Ranma notó sobre el las miradas de todos los presentes, todas le miraban con curiosidad pero había una más afilada de lo normal, la de Ukyo. Su prometida le miraba ceñuda como esperando que le diera la razón y dispuesta a darle guerra si no lo hacía. Suspiró con cansancio ante el comportamiento infantil de todos esos adultos que la rodeaban ¿Qué Akane no cantaba bien? Tonterías, claro que entendía que no le gustara, que la odiara o que no quisiera verla cerca de el pues era bien sabido que las mujeres se ponen paranoicas cada vez que una mujer bonita se acerca a su pareja, pero como Sanjiro dijo tenía que ser sorda o imbécil para no apreciar el talento de Akane.
Sabía que Ukyo con esa mirada le advertía que le diera la razón pero no pensaba hacerlo, no iba a arrastrar por el suelo el trabajo y talento de Akane, total nunca le importó mucho lo que Ukyo dijera, hiciera o pensara. Pero debía defenderla de forma disimulada, no podía sacar las garras de forma agresiva pues podría ponerse en evidencia, debía usar todo su arsenal político para dar una respuesta clara, rápida y que no tuviera opción a replica.
— No puedo negar —comenzó con tono sereno — que es una mujer con una gran voz, sino no estaría en donde está ahora — Sanjiro asintió — pero tampoco puedo negar que sus letras no me parecen adecuadas.
— Bueno a menos es capaz de admitir que tiene talento.
— Si la chica tener tiene talento — dijo Nodoka — pero desperdicia ese talento siendo una coqueta y una descarada.
Sanjiro soltó una risita — Bueno, cada uno vive su vida como más le gusta ¿no? Su hijo es presidente, usted se ha casado y es feliz con su vida marital y yo he decidido no casarme porque me da mucha pereza la vida marital.
— Es diferente, usted es un hombre.
Sanjiro miró fijamente a Nodoka y sonrió levemente negando con la cabeza. Ranma sabía lo que significaba ese gesto, su anfitrión no tenía ganas de seguir discutiendo con paredes. El bien sabía lo que era eso y le entendía pues muchas veces había discutido con su madre y su prometida y se había desesperado porque era igual que chocarse contra un muro de contención.
— Se ha hecho tarde — dijo Sanjiro mirando su reloj y luego sonrió ampliamente — es hora de la cena, por favor amigos podéis ir a vuestra mesa — Cuando Ranma se iba a girar el señor Sanjiro le tomó del brazo alejándole levemente del resto, con voz baja y gesto pícaro dijo — sé que la señorita Tendo no es de tu agrado hijo, pero sé que en el fondo eres hombre y aprecias la belleza.
— No sé de qué habla.
— Yo creo que si — murmuró con coquetería desviando la vista hacia la joven cantante sentada en un mesa llena de jovencitos que la miraban como si fuera una diosa — la has devorado con la vista hijo — Ranma se puso tenso cosa que Sanjiro notó — pero no te asustes, es natural cualquiera lo haría.
Ranma necesitaba salir de aquel apuro en el que estaba metido, su cerebro iba a mil por hora pero la imagen de su Akane rodeada de babosos le tenía al límite y su cerebro apenas podía pensar en otra cosa que no fuera retorcer cuellos — Es una mujer hermosa sí, pero jamás tendría nada con ella.
— Nunca he dicho eso hijo — dijo Sanjiro de forma picara — luego después de cenar te he preparado una sorpresa.
— ¿Una sorpresa? — preguntó con curiosidad. El anfitrión no dijo nada más, le dio una amistosa palmada en la espalda y le guio a la mesa principal donde cenarían todos juntos.
Aunque la velada paso de forma educada y cómoda para los presentes Ranma estaba inquieto por varias razones. Una de ellas era que justo enfrente de su mesa estaba la de Akane, quien coqueteaba y sonreía a todo aquel que le prestara un mínimo de atención cosa que le revolvía las tripas. Otra era debido a lo que le comentó Sanjiro, eso acerca de la sorpresa, no entendía que sorpresa podía ser y no estaba seguro de si quería saberlo.
Pasó toda la cena metido en su mundo respondiendo monosílabos y fingiendo prestar atención, por lo menos hasta que Sanjiro se levantó y fue hasta la mesa de Akane, tras susurrarle unas palabras la muchacha se levantó y salieron del salón de forma apresurada.
— ¿Qué se traen esos dos entre manos? — preguntó Genma al aire.
— Seguro que van a… hacer algo inapropiado — mascullo Ukyo — Ranma deberías ir a ponerles en su sitio.
— ¿Yo? ¿Por qué? Que hagan lo que quieran —dijo Ranma con un mal disimulado enfado ante las palabras de su prometida ¿podría ser verdad? ¿Se habrían escapado para tener un encuentro rápido en el baño? Podría ser, él lo había hecho una vez con Akane… sus mejillas se sonrojaron al recordar el apasionado encuentro.
— No creo que hayan hecho nada — dijo Genma — ahí vienen de nuevo.
Los ojos de los presentes s encentraron en la pareja que subió a un escenario donde una pequeña banda ponía un agradable hilo musical. Sanjiro tomó el micrófono y el silencio inundo la sala.
— Amigos, buenas noches. Si les he reunido a todos aquí hoy es para celebrar el triunfo de Ranma Saotome en las elecciones, yo siempre supe que ese joven apuesto y seguro de sí mismo ganaría sin dudarlo y no me equivoque ¡Felicidades hijo, te lo mereces! — la gente aplaudió y felicito a Ranma quien agradeció de manera educada en general a los presentes con un leve gesto de cabeza.
— Ranma te conozco desde hace años, desde que empezaste tu carrera en la política vi en ti a alguien que iba a triunfar, lo mismo que vi en ella — dijo mirando a Akane quien estaba a su lado — por eso, como ambos estáis unidos por el éxito le he pedido a mi querida y preciosa Akane que nos deleite esta noche y cante algo en tu honor.
Los hombres aplaudieron y silbaron felices pues podrían ver una actuación en directo de Akane Tendo. Ranma por el contrario se quedó quieto mirando de forma seria a Akane quien le miraba con un brillo extraño en los ojos. No era el toque burlón o malicioso de antes, su rostro estaba deformado en una mueca que era difícil de explicar, en sus bonitos ojos solo veía resentimiento y venganza y eso le asusto y entristeció a partes iguales.
Sanjiro pasó el micro a Akane y esta mutó su rostro poniendo un coqueto gesto — Bueno, esto es un poco precipitado, no había preparado nada pero por suerte siempre tengo un as bajo la manga — los hombres silbaron y aplaudieron de nuevo — Esta noche homenajeamos a un gran hombre, un gran político que con esfuerzo y dedicación a conseguido lo que quería, espero que sea muy feliz señor Saotome y espero que le guste esta canción que compuse hace poco.
Ranma sintió como sus tripas se revolvían y se removió inquieto en la silla. La voz de Akane era neutra, amable pero falsa, aunque para el resto de la sala hubiera sido un intento de la cantante por dar un toque serio a su típica forma de ser, pero él sabía la verdad tras ese tono: el odio, el resentimiento y el dolor. Todo eso lo había causado el.
Akane miró a los músicos y con un gesto de mano les indico que empezaran a tocar. Ranma la observó sujetar levemente el micro sin sacarlo de la base y sintió su cuerpo temblar cuando la vio cerrar los ojos y empezar a cantar.
— Estoy fumando mientras corro, pero todo está en orden ¿puede ser que me he enamorado de otro perdedor? — Akane soltó la palabra "perdedor" con burla como juguetonamente a la par que abría los ojos y miraba a Ranma con asco — estoy llorando mientras me corro, haciendo el amor mientras hago dinero me lamento en mi taza de café porque me he enamorado de otro perdedor.
Ukyo soltó un grito ahogado cuando escucho la letra de la canción y miró a su suegra indignada quien miraba estupefacta a la mujer que se pavoneaba de forma sensual en el sitio sobre el escenario. De repente el balanceo frenó en seco y Akane se cuadro de forma brusca pero sin quitar el gesto de altanería y la sonrisa torcida de su rostro.
— Quita ese humo de cigarrillo de mi cara, has estado malgastando mi tiempo tomando lo que es mío con las cosas que estás haciendo — Ranma apretó sus manos de manera disimulada al escuchar que Akane sentía que le había hecho perder el tiempo — comienza la charla, bueno, ahora todos saben tu nombre y ya no hay vuelta atrás al lugar del que viniste, cariño no lo hagas…
Ranma apartó su mirada de ella no quería seguir viendo esa mirada que le despedazaba sin compasión cantándole, escupiéndole en la cara aquellas palabras llenas de resentimiento — Porque me tienes llena de sentimientos, hablando en mis sueños otra vez… ahogando todos nuestros gritos… ¿quién es más fuerte que esta perra? — Ukyo de nuevo ahogó un grito y Ranma volvió a posar sus ojos en Akane quien tenía el ceño ligeramente fruncido dándole más rabia a esa parte de la canción — ¿Quién es más libre que yo? ¿Quieres hacer un cambio? Estás invitado cariño... estoy sintiendo... todos mis putos sentimientos...
Ranma sintió su garganta secarse, no debía pero tampoco podía apartar los ojos de aquella mirada chocolate que le fulminaba y burlaba a partes iguales.
— Estoy fumando mientras corro, esta ciudad y tú deberíais creerme cariño, me rio mientras tomo mis prisioneros y anoto los nombres — la sonrisa cínica es aquel hermoso rostro fue como una bofetada en la cara. En aquella canción Akane le estaba demostrando que a pesar del dolor ella siempre se sobrepone, que no le necesita que sigue siendo una mujer libre que hace lo que quiere... con quien quiere.
Sintió su estómago contraerse ante la imagen de su chica en brazos de algún imbécil pero él se lo había buscado ¿no? No podía esperar que Akane Tendo le guardara el luto, tenía una personalidad que no le permitía humillarse de esa forma ante nadie y menos ante un hombre como el, que le destrozó el corazón.
— Estoy llorando mientras abro fuego, en el humo pueden escucharme acercarme. Si tú fuera yo y yo fuera tú me saldría de mi camino — no pudo evitar tragar saliva ante aquella velada amenaza que bien podía ser una simple metáfora de que no le quería ver más en la vida o que si se le ocurría acercarse a ella le cortaría esa parte de su cuerpo que tanto ama, y conociéndola seguramente era la segunda.
— Quita ese humo de cigarrillo de mi cara, has estado malgastando mi tiempo tomando lo que es mío, bueno, tú sabes lo que haces — Akane se apartó el pelo de forma brusca de la cara mientras afianzaba más el micro entre sus dedos — comienza la charla, bueno ahora todos saben tu nombre, ya no hay vuelta atrás al lugar del que viniste, cariño no lo hagas...
Akane cerró los ojos y tomando aire en sus pulmones cantó con rabia la parte del estribillo — porque me tienes llena de sentimientos, hablando en mis sueños otra vez, ahogando nuestros gritos... ¿quién es más fuerte que esta perra? — Nadie — pensó Ranma con rabia — ¿quién es más libre que yo? — Nadie — repitió su mente, Nadir era más fuerte y más libre que ella, Akane a pesar del daño que le hizo estaba ahí frente a él demostrándole que aunque tenía el corazón roto seguía con su vida igual que antes y eso le enamoraba cada vez más de ella porque Akane no era una mujer cualquiera como Ukyo o su madre que se hundiría en la depresión y se haría la víctima frente a su grupo de amistades dejando claro a todos que un hombre jugó con ellas y su inocencia, ella no, ella tomaba fuerzas y se levantaba, juntando todas sus armas y dando un ataque certero al ego de aquel que le rompió el corazón demostrando que no necesita a nadie más que a ella misma para vivir la vida y ser feliz... era digna de admiración aunque saberla perdida le dolía.
— ¿quieres hacer un cambio? Estás invitado cariño... estoy sintiendo todos esos putos sentimientos.
De repente noto que la mirada de Akane se endurecía, sus bonitos ojos marrones se oscurecieron y se afilaron como los de un gato listo para atacar clavando sus pupilas en las suyas y agudizando la voz como una sirena — me tienes en este lugar justo ahora y no tiene sentido, me tienes en este llagar justo ahora contra la pared... me tienes sintiéndome tan triste... ¡y no tiene sentido! Tengo que irme ahora mismo.
Ranma una vez más tuvo deseos de apartar sus ojos de ella, no se sentía digno de mirar a aquella mujer pero sentía que era lo que ella buscaba, mirarle a los ojos y decirle a su manera, la manera artística, que era un cerdo y un cabron, que él había tenido la culpa de todo lo que estaban pasando y que no era justo que solo ella lo estuviera pasando mal, pero también le estaba diciendo que aún había mucha Akane Tendo por ver y que él no iba a apagarla que seguiría brillando incluso sola.
— Porque me tienes llena de sentimientos... hablando en mis sueños otra vez... — Ranma tomó su copa y bebió de un trago el contenido mientras Akane terminaba de cantar aun fijando su vista en él. Por las caras de la mesa y las miradas que le lanzaban de vez en cuando juraría que más de uno allí presente se había dado cuenta de las miradas cargadas de odio que le lanzaban la bonita cantante al presidente.
Su padre era el peor de todos sus ojos estaban clavados con fiereza en la cantante quien al terminar sonrió ladina y lanzó un beso al público quien aplaudía con fuerza a excepción de algún que otro detractor moralista.
Ranma rezó mentalmente para que su padre no reventara la copa que tenía en sus manos, la apretaba con tanta rabia que en cualquier momento el cristal volaría en mil pedazos. No podía permitir eso así que le dio una ligera patada bajo a la mesa a su progenitor que pilló la indirecta ante la mirada de su hijo.
Una vez más giró su vista hacia la cantante quien agradeció al público y luego volvió a enfocar su mirada en el presidente — Espero que le haya gustado señor Saotome, mi arte es lo único que tengo para entregar el mundo así que espero que esta pequeña parte de mí le haya sido de su agrado, no puedo darle más — Ranma asintió levemente con la cabeza pero su cuerpo tembló por la tristeza que sintió ante las duras palabras de la cantante. Aquella calma, educación y a la vez frialdad con la que habló dolió mil veces más que cuando le grito en su casa. No le había pasado desapercibida la indirecta y sintió unas terribles ganas de sollozar como un niño pequeño — Espero de todo corazón que le vaya bien la vida señor Saotome, por favor todos denle un aplauso al presidente Saotome.
La gente se animó y aplaudió de nuevo a Ranma quien cohibido bajo la mirada hasta que los aplausos cesaron, cuando levantó la vista de nuevo buscando la figura de Akane ya no estaba en el escenario.
Genma se levantó de la mesa y se excusó diciendo que iba al baño pero Ranma le conocía bien, sabía perfectamente que su padre planeaba algo, esa mirada oscura le delataba. Espero prudentemente que su padre se alejara y cuando salió por la puerta dijo — creo que yo también debo ir al baño.
Antes de recibir respuesta Ranma se levantó rápido de la mesa y siguió a su padre. Cuando salió al pasillo miro a ambos lados intentando adivinar el camino que había tomado su padre. Sin saber muy bien porque se dirigió a la derecha, camino por el largo pasillo encontrándose de vez en cuando a un camarero pasar a toda prisa sin mirarle siquiera.
Iba a doblar la esquina cuando escucho la voz de Akane protestar por algo. Se escondió cual ladrón y escuchó atento la conversación de la cantante. Se sorprendió cuando escucho a su padre confrontarla.
— Lo has hecho a propósito, quieres hundir a mi hijo.
— Y yo le repito que no tengo que darle ninguna explicación — dijo Akane con rabia — pero créame a diferencia de su hijo conmigo lo último que quiero es hacerle daño.
— No te creo.
— No me importa — contrataco Akane — y ahora si me disculpa debo volver a la sala.
Ranma se preparó para encararla cuando escucho el repiqueteo de los tacones de akane en el suelo de mármol pero entonces la voz de su padre la hizo frenar en seco.
— ¿Cuanto?
Tras un leve silencio Akane preguntó — ¿cuánto qué?
— Cuanto quieres para alejarte de mi hijo.
Ranma abrió los ojos sorprendidos. Jamás se esperó que su padre le ofreciera dinero a la cantante para alejarla de su vida.
— ¿Que insinúa?
— ¿Es lo que las mujeres como tú quieren no? A mí no me engañas.
— ¡No se atreva a insultarme!
Genma soltó un bufido — un millón — Ranma se sintió ofendido ante la charla, no por él sino porque su padre tratara a akane como una caza fortunas cualquiera.
— No — respondió tajante.
— ¿Quieres más? Está bien un millón quinientos mil pero aléjate para siempre de la vida de mi hijo.
Akane se acercó a Genma de manera lenta con una cínica sonrisa en el rostro — No quiero su sucio dinero, no lo necesito, no sé qué clase de mujeres está acostumbrado a tratar aunque me lo imagino solo con ver la nuera que tiene.
— Respete a la prometida de mi hijo, ella es mil veces más mujer que usted.
— No me cabe duda — musitó Akane con rabia — pero quiero que le quede claro una cosa, yo no tengo intención en acercarme a su hijo, no me arrastro ante nadie y tampoco le debo nada a nadie, guarde su dinero y la poca dignidad que le queda y lárguese de mi vista.
Genma se quedó callado sorprendido por la reacción de la cantante. Ranma sintió que era momento de entrar en la disputa, no iba a permitir que su padre le faltara así el respeto a la mujer que amaba pero sobretodo necesitaba hablar con ella, necesitaba volver a sentirla cerca.
Cuando apareció por la esquina su padre y Akane le miraron sorprendido.
— Hijo... ¿desde cuando estás ahí?
— Suficiente para avergonzarme de ti — dijo con rabia — ya te lo dije mil veces papá Akane no es como las demás, ella no necesita nada de nosotros.
Luego miro a la chica quien tenía los ojos abiertos de par en par — Lo siento mucho Akane.
El bonito rostro de la mujer se tensó de nuevo y bajo la vista molesta — No hay problema pero solo le advierto que si me vuelve a molestar tomare medidas.
— No hará falta Akane — la cantante asintió y paso por su lado pero Ranma no la dejó escaparse, la tomó con rapidez del brazo haciendo que frenara su huida — espera Akane por favor quiero hablar contigo.
— Tu y yo no tenemos nada que hablar — dijo con rabia apartando su mano de su brazo — ya dijiste lo que tenías que decirme así que ya no queda ninguna conversación pendiente.
Ranma, cabezota como era no se dio por vencido. Ignorando a su padre camino tras Akane hasta que se colocó frente a ella para frenar su paso
— Solo espera un momento, escúchame durante un segundo...
— ¡No! No quiero escucharte más Ranma Saotome, ya no hay nada que decir, se acabó — dijo con firmeza mirándole a los ojos — no quiero hablar más contigo Ranma, la última vez fue suficiente dolor.
— Lo siento muchísimo Akane, nunca quise dañarte pero tenía tanto miedo a perderlo todo que...
— Pero no tenías miedo a perderme a mí — dijo Akane con l voz quebrada pero sin llegar a llorar. Ranma sintió su pecho apretarse ante la voz dolida de su chica favorita, él estaba igual, tan herido como ella — eres el hombre al que más he amado en mi vida... y al que más he odiado también...
— No me digas eso por favor Akane — intento tomar su rostro entre sus manos sin importarle que alguien les viera pero Akane se escabulló fe su toque.
— Solo déjalo estar Ranma —hablo Akane con pesadez — Se feliz con la vida que has elegido, que yo lo seré también.
Sin darle opción a nada más paso a su lado caminando con paso firme lejos de él quien solo podía mirar impotente como al mujer que amaba se alejaba de nuevo. Quería gritar, correr tras ella abrazarla, decirle que la amaba y no alejarse nunca más de ella, pero sabía que era imposible.
Dio un suspiro y se giró para mirar a su padre con reproche y volvió a la sala con gesto enfadado en su rostro. Al entrar a la sala no encontró a la chica pero tampoco iba a buscarla, seguramente Akane no se cortaría ni un pelo en partirle la cara de una bofetada si la volvía a molestar. Se dirigió a su mesa puso su mejor cara de político y fingió que nada había pasado. Poco después llegó su padre y siguió charlando con sus acompañantes.
Paso cerca de quince minutos cuando Ranma no aguanto más. Necesitaba verla, aunque fuera a lo lejos. Escaneo rápidamente la sala y la encontró charlando con un joven mientras se colocaba un largo abrigo de pelo blanco. Observó atento como ante la insistencia del muchacho Akane solo sonreía coquetamente y negaba con la cabeza. Tras una breve conversación el chico se inclinó ante ella y desapareció para alivio del presidente.
Akane se acercó a su mesa con calma mientras que el corazón de Ranma se aceleraba con cada paso que daba la chica. Si akane tenía algo es que era una caja de sorpresas, tenerla cerca no era algo seguro para él ni para ella y mucho menos después de la escena del pasillo. Akane enfadada era peligrosa y no sabía si tomaría represalias contra ellos por eso aunque adoraba poder verla y tenerla cerca le ponía terriblemente nervioso la situación.
Cuando llegó a su mesa el anfitrión se levantó — Akane querida ¿ya te vas?
— Así es, mañana debo levantarme temprano a terminar unas cosas del nuevo disco por eso no me puedo quedar más tiempo.
— Mejor — murmuró Ukyo tomando la mano de Ranma sobre la mesa. El presidente miró a Akane con nerviosismo pero la chica no se inmutó.
— Es una pena querida pero es entendible, seguro que será un gran disco.
— Es un poco diferente a lo que estoy acostumbrada pero confío en que a la gente le guste — de repente miro a Ukyo con un deje de burla — al menos a la gente con buen gusto musical.
Ukyo abrió la boca para replicar pero Ranma apretó la mano de su prometida para que se callara. Aunque la cara de Ukyo demostraba no estar conforme obedeció la muda orden de su prometido.
Ranma fijo sus ojos en los de Akane y entristeció aún más si podía al notar que Akane a pesar de notar aquel apretón de manos no mudó su rostro, seguía sereno imposible como si le diera igual lo que había presenciado.
— Bueno, creo que es hora de irme, disfruten la velada.
— Muchas gracias querida cuídate y nos veremos pronto.
Akane sonrió y luego se dirigió a Ranma — Señor Saotome, una vez más... mucha suerte en la vida.
— Lo mismo digo señorita Tendo y gracias.
Akane no respondió tomó con descaro la copa de Sanjiro y la bebió de un trago antes de irse. Los presentes en la mesa la siguieron con la mirada hasta que desapareció por las puertas del salón.
— Es una mujer... imponente — dijo la señora Yamaguchi.
— Aunque no me guste admitirlo tiene toda la razón — hablo Nodoka mirando a su hijo — suerte que no se dedica a la política hijo, con esa seguridad que tiene te habría vapuleado.
— No diga tonterías suegra — protestó Ukyo.
— Es la verdad — dijo Ranma sin poder evitarlo — Tiene una presencia que impone. Tiene la habilidad de atraer miradas aunque esté rodeada de personas.
Esta vez fue el turno de Genma de mirar de forma reprobatoria a su hijo quien al darse cuenta de su error carraspeó levemente — Es decir, con esa personalidad alocada y esa extravagante forma de vestir y comportarse...
— Sin duda alguna — dijo la señora Yamaguchi dándole la razón.
— ¿habéis escuchado que los americanos...?
Por suerte para Ranma su padre cambio de forma radical el tema de la conversación intentando dispersar él aura que había dejado Akane Tendo en el ambiente cosa que agradeció enormemente pues no tenía el cerebro preparado para inventar excusas para posibles meteduras de pata que pudiera cometer.
Mientras ellos hablaban de los americanos, su política y su economía las mujeres de la mesa se enfrascaron en una banal conversación sobre un famoso diseñador francés. Así entre charlas amenas y alguna copa la velada termino. Cuando estaban en la lujosa limusina Ukyo decidió soltar la bomba que Ranma sabía se llevaba guardando desde la cena.
— Querido, ¿qué te traes entre manos con Akane Tendo?
Ranma y si padre se tensaron en el asiento y se miraron con miedo ¿es que Ukyo sabía algo? Genma le ordenó con la mirada que contestara algo pero las palabras se negaban a salir de su boca.
— ¿a qué te refieres querida? — preguntó su madre sacándolo sin saberlo siquiera del aprieto.
— Bueno, es que esa canción era muy extraña y no paraba de mirarte... parecía que te la cantaba a ti.
— Es que se la cantaba a él — dijo con fiereza Genma ganándose la mirada curiosa de su mujer y su nuera — es decir, Sanjiro le pidió que cantara para él así que es lógico que le mirara.
— Ya pero no se...
— Déjate de tonterías Ukyo — hablo Nodoka — ¿que puede haber entre mi hijo y esa mujer si apenas se conocen? ¿Verdad hijo?
Ranma que seguía tenso asintió levemente — La he visto en un par de ocasiones pero nada demasiado amistoso, charlas por educación.
— ¿lo ves querida?
— Ukyo no deberías de ser tan celosa — dijo Genma — si sigues viendo a todas las mujeres que se acercan a mi hijo como una amenaza no podrás dormir tranquila nunca.
Ukyo bajo la vista avergonzada y abrazó el brazo de Ranma como una colegiala tímida, gesto que enervó al presidente deseando alejarla de él de un manotazo.
— No puedo evitarlo, es que es tan... tan desvergonzada. No le importa que un hombre esté prometido o casado para meterse con él, me da miedo que pueda interesarse en Ranma.
— Te entiendo querida pero no tienes nada de qué preocuparte — dijo Nodoka tiernamente con tono maternal — mi hijo a diferencia de los demás no tiene ningún interés en esa mujer, sabes que su forma de ser no le gusta para nada ¿verdad?
Ukyo miro a Ranma con curiosidad, como si esperara que afirmara las palabras de ay madre. Ranma respiró hondamente y asintió con la cabeza plasmando con ese simple gesto una gran sonrisa en el rostro de Akane.
— Me quedó más tranquila así mi amor.
El resto del trayecto quedó algo borroso en la mente de Ranma pues en su cabeza solo había una persona, Akane Tendo. Su rostro, su cuero, su voz, su burbujeante forma de ser que le atrapaba... necesitaba verla de nuevo, necesitaba besarla y sentirla junto a él... la amaba.
Tras dejar a Ukyo en su casa y llegar al hogar Saotome Ranma se encerró en su cuarto intentando dormir algo pero no podía. En su cuerpo ardía la necesidad que sentía de tenerla junto a él de nuevo.
Con cuidado de no despertar a nadie se levantó y caminó despacio por el pasillo hasta llegar a su despacho. Encendió la luz y tomó el teléfono marcando el número de Akane, ese que ya se sabía de memoria a pesar de haber pasado tanto tiempo.
Escucho con ansiedad los tonos del teléfono, notando como su mano temblaba por la ansiedad. Quería hablar con ella, quería verla y suplicarle perdón mil veces si era necesario.
Para su mala suerte Akane no contestó. Ranma suspiró y colgó el teléfono. Se mantuvo sentado y apoyó su cabeza en la mesa en un gesto desesperado.
Sabía que todo era su culpa, que se lo merecía, se merecía su odio e indiferencia pero le dolía tanto. Le dolía como mil demonios saber que Akane Tendo ya no le esperaba, que ya no quería verle, que a pesar de amarle también le odiaba y no quería tener nada que ver con él nunca más.
Soltó un gemido lastimero seguido de un sollozo que salió desde lo más profundo de su alma. Allí, en su despacho Ranma tuvo que dejar ir al amor de su vida de manera definitiva y no porque él así lo deseaba sino porque Akane así lo quería.
Ya no había esperanza para él, ya no había ese pequeño atisbo de luz al final del túnel, aquella vocecita en su cabeza que le decía que a lo mejor algún día akane volvería a sus brazos porque le amaba tanto como el a ella, pero se acabó del todo. Akane no quería volver a verle nunca más y estaba bien sin él. No le necesitaba para ser feliz.
Akane ya había pasado página y eso le había destrozado.
