Ese día se grabaría en su memoria para siempre. Meditaba taciturna mientras fingía tranquilidad al avanzar por los pasillos de la escuela.
Edward Masen era oficialmente su novio. Ya no había vuelta atrás. Sería reconocida por todos como su novia desde ese momento en el que completamente sonrojada caminaba tomando la mano del muchacho.
Masen tenía una postura tensa y una mirada amenazante hacia todo aquel que osaba mirarlos. Cosa que ocurría con una frecuencia escandalosa. Sin embargo la actitud agresiva y altiva del muchacho provocó que más de uno alejara la mirada intimidado. Parecía un leon caminando lento entre sus presas.
- Esto debe ser una broma... - escucharon a Tanya opinar a la distancia.
Y no fue la única que parecía incómoda ante la imagen. Los compañeros de equipo de fútbol americano de Edward los veían fijamente, sin embargo en su actitud no había incredulidad sino algo más.
No quería ni imaginar que demonios pasaba por la mente de Edward. Tenía el rostro tenso y su mirada era iracunda cuando se cruzó con la de sus supuestos amigos.
La tensión del ambiente se podía cortar con un cuchillo cuando él la acompañó a su clase de Literatura. Los murmullos se detuvieron al verlos entrar juntos.
Grandioso.
- Bella espera. - la detuvo Edward tomando su brazo y tiró de ella hasta sacarla del aula.
Ella cedió porque suficiente atención estaban recibiendo como para protagonizar una nueva escena.
- Edward tengo clases...
- ¿Puedo tenerte un par de minutos más? - le preguntó suavizando su tono de voz.
Bella asintió ya que había quedado ligeramente deslumbrada con su voz.
El muchacho le dedicó una pequeña sonrisa que se esfumó al escuchar el timbre de inicio de clases.
- Bella... hay algo que quiero pedirte. - empezó el muchacho nervioso. - Me toca Gimnasia. ¿Puedes acompañarme mientras hablo con el entrenador?
- ¿Yo? - preguntó confundida. - Si vas a renunciar debes hacerlo solo.
- Te necesito ahí. - admitió sincero. - No es fácil para mí. Realmente me gusta jugar y... si ustedes están ahí podré renunciar.
- ¿Es en serio? Tengo clases de Literatura y...
- Estas adelantada. Hoy leerán casi toda la hora por el ensayo que dejo de tarea, tú ya hiciste ese ensayo. - Bella suspiró al oírlo. Ese era el lado malo de hacer todas sus tareas junto a él.
Asintió sin poder negarse. Su embarazo le permitía entrar tarde a clases de todas maneras.
Edward le había dicho que tenía que salirse del equipo lo antes posible ya que el campeonato se acercaba y el entrenador debía saber que no contaba con él. Lo que Bella no espero es que hubiera escogido el primer período.
Las miradas seguían en ellos y fue aún peor cuando pasaron junto a la puerta del vestuario de hombres y Edward se cruzó con sus amigos.
- Así que era verdad. - Matt los observó con una sonrisa torcida. - No sabía que tenías fantasías sobre mamás pero bueno no es una sorpresa ya que tú no tienes una.
Bella tuvo que prácticamente colgarse de su cuello para evitar que su novio golpeara al muchacho impertinente.
- Edward... - le susurró asustada. - Detente.
- ¿Qué pasa Masen? ¿Ahora te dan órdenes? No sé que mierda pasa contigo. No te reconozco.
Edward tembló de rabia bajo las manos de Bella.
- Masen. - gruñó molesto el entrenador. - No quiero peleas a esta hora, ya te dije que esa energía debes usarla en el juego.
Bella empujó el pecho de su novio hasta que retrocedió.
- ¿Swan? - preguntó el entrenador confundido. - Tú no llevas gimnasia, ve a clase.
Edward reaccionó en ese momento.
- No. Ella está acompañándome. Tengo que hablar con usted, entrenador.
El hombre levantó las cejas sorprendido.
- Bueno entren. - indicó señalando su oficina.
El muchacho tomó la mano de su novia y se encaminó no sin antes golpear con fuerza su hombro contra el de Matt.
- Debo admitir que estoy intrigado, Masen. Dime de una vez que necesitas.
Edward pasó su mano entre sus cabellos en señal de nerviosismo.
- Estoy aquí porque debo dejar el equipo.
El entrenador lo miró sin hablar unos segundos para luego carraspear incómodo.
- ¿Estas hablando en serio? - preguntó sorprendido.
- Si, señor. - Edward volvió a tomar la mano de Bella. - Debo dejar el equipo por mi familia, mi hijo nacerá pronto y debo trabajar durante mis horas libres para mantenerlo.
El entrenador dirigió su mirada a Bella que se sonrojó profusamente.
- Ya veo... - suspiró pasado una de sus manos por su rostro aturdido. - Dios Masen... si te vas... - volvió a gruñir aturdido. - Queda tan poco para el campeonato, sabes que ya empiezan a venir los cazatalentos y tú tienes talento. Creo que eres el único que lo tiene en toda esta escuela.
- Gracias por el alago sin embargo no puedo seguir jugando.
Habló firme sin dudar pero cada cierto tiempo le daba apretones a la mano de Bella en señal de ansiedad.
El entrenador dudo que decir por unos segundos.
- Esta es una decisión muy grande, Masen. No puedo permitir que te vayas sin que analices la situación seriamente. - suspiró frustrado. - Simplemente no lo permitiré. Tienes talento y puedes llegar a conseguir una beca por eso. Puedes llegar a ir a la universidad si continuas mejorando tu rendimiento.
- No... - Edward quiso empezar.
- Tú sabes que tienes un excelente nivel que hace mucho hubieras podido superar. El alcohol y las fiestas no te han dejado lograrlo. Ahora puedes lograrlo por tu hijo.
- No puedo entrenador. Debo trabajar y los entrenamientos no me lo permitirán.
- ¿Dónde trabajas?
- Son mesero en el restaurante de los Weber.
- Puedes trabajar solo los fines de semana, muchos chicos de aquí trabajaban solo esos días.
- La paga no es tan buena como tener turnos diarios.
El entrenador medito dos segundos antes de contestar.
- Puedes privarte de algunas cosas y podrás con todo.
- No privaré de nada a mi hijo. - le aseguró.
- Hablo de ti. Ponte a pensar cuanto dinero gastas en alcohol, fiestas e incluso en esa motocicleta.
- Llevo tiempo sin consumir alcohol y ya no tengo motocicleta. - admitió sorprendiendo a Bella que le dedicó una mirada pensativa.
- Entonces ya estas en buen camino. Creo que puedes lograrlo. Estas preocupado por tu presente pero no estas pensando en tu futuro. Tu hijo merece que te esfuerces más y estoy seguro que si eres disciplinado podrás lograr esa beca. Imagínate en unos años, ¿seguirás sirviendo mesas? Puedes lograr mucho más.
- Entrenador...
- No aceptaré tu renuncia hoy. Quiero que lo pienses. Junto a Bella. Ambos deben pensar seriamente en la oportunidad que pierdes al dejar al equipo. Tienes hasta el viernes para decirme tu respuesta final y quiero que consideres que si aceptas quedarte te apoyaré en todo lo que este en mis manos además de que vigilaré que te conviertas en el mejor de todo el estado. Piénsalo y ahora vayan a clase. Ambos.
Los adolescentes salieron de la oficina en silencio. Sus planes y acuerdos habían quedado en el aire. Caminaron hasta la clase de Bella pero el cobrizo tiró de ella antes de que tocaran la puerta y la apegó a su pecho en un abrazo asfixiante.
- Lo siento. - susurró en su cuello. - No debí permitir que me hiciera dudar. Él me necesita en el equipo seguro dijo todo eso por esa razón.
- ¿No eres bueno? - ella le preguntó confundida.
- Lo soy pero una beca... nunca he soñado tanto. - rió suavemente antes de dejar un pequeño beso en su cuello.
- ¿No crees que puedas obtenerla? - insistió ella tratando de alejarse para ver su rostro pero él seguía insistiendo en dejarlo escondido en su cuello.
- No lo sé. Tal vez. - suspiró respirándola. - Pero nuestro hijo necesita algo seguro no puedo desperdiciar mi tiempo por un sueño. Lo mejor es que trabaje.
Bella no contestó nada y siguió permitiendo que él se aferrara a su cuerpo. Parecía bastante necesitado de ese consuelo físico por lo que instintivamente acarició sus cabellos.
El cobrizo se relajó aún más contra su cuerpo mientras ella meditaba.
¿Y si lo lograba? ¿Si ese año y parte del siguiente se enfocaba en lograr una beca y lo lograba? Edward tendría estudios universitarios y por ende su hijo tendría un mejor futuro. Un padre educado era más de lo que ella se permitió soñar para su bebé, siempre creyó que ninguno de los dos tenía ni una chance de lograr estudiar. Para ella era un sacrificio que ambos siguieran en la secundaria y que no estuvieran trabajando todo el día.
- Hueles delicioso. - el muchacho le confesó suspirando.
Él también olía divino. Quiso decir pero prefirió seguir en silencio ya que él empezó a dejar pequeños besos en su cuello hasta que se detuvo para verla a los ojos.
- Quiero besarte. Dime que no quieres que lo haga y me detendré ahora.
Sorprendida no supo que decirle así que se mordió el labio y fijo la vista en sus labios carnosos.
Ese gesto fue todo lo que él pudo soportar.
Antes de poder advertirlo estaban besándose contra la pared junto a la puerta de la clase de Literatura. Era una locura que podía meterlos en problemas pero Bella se permitió ser adolescente por unos segundos.
Ese Edward lujurioso no se presentó, en otras épocas las cosas los hubieran llevado a algún baño o armario donde podrían desfogar el deseo que los quemaba por dentro. Sin embargo, el cobrizo la estaba besando lento y pausado. Sus manos estaban quietas en sus caderas y no en sus pechos como antes acostumbraba. No parecía querer encenderla sino algo diferente que ella no entendía, ya que todos sus besos siempre solían ser el inicio de algo más.
- ¿Estas bien? - susurró él acabando con el beso.
- Si. - le aseguró inquieta.
- Vendré por ti luego de la clase de gimnasia para ir a Geografía juntos.
- Esta bien. - ella aceptó aún hipnotizada.
- Bien. - el cobrizo sonrió antes de darle otro pequeño beso e irse.
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Actualizados están!
¿Opiniones? ¿Estos dos están mejorando o me parece?
Nos leemos pronto!
