DESPUES DE LA HISTORIA

CAPITULO 27

Podía sentir el tacto de sus labios con los míos, con una succión que lograba trasmitirnos lo desesperados que estábamos de la emoción.

― Abre un poco mas la boca… ―murmuré, apenas pude separarme un poco.

Y es que ya habíamos chocado nuestros dientes sin querer, al intentar tocar su lengua, que seguía escondiéndose detrás, de forma tímida.

― Esta bien… pero… inclina un poco mas tu rostro… ―terminó respondiéndome, mientras volvía a posar sus manos en mi cuello y atraerme de nuevo.

No se quien de los dos estaba mas impaciente en esto. El, por sentir como sus labios se estrujaban con los míos, al grado de sentir que quería morderme, o yo, que rodeaba su lengua tímida con la mía, que parecía el kraken enfurecido atacando y tratando de arrastrar consigo a la doncella escondida en un barco.

"Y esto ha sido todo por hoy, nuestros invitados TVQM, supongo que quieren decir unas palabras para finalizar" ―la voz de uno de los presentadores del programa resonaba de fondo, tratando de opacar nuestros gemidos obscenos.

"TVQM se siente agradecido por darnos la oportunidad de participar en este programa ―el líder del grupo hablaba, con cierta emotividad―. Sabemos que aun no somos tan reconocidos, pero estaremos trabajando…"

Terminamos separándonos, luego de no se cuanto tiempo, para tomar aire y tragar la saliva excesiva que teníamos ambos.

― …No sabia que… un beso se podía sentir así de bien… ―dije apenas recuperé el aliento, acostada a su lado, aun ruborizada, al igual que él.

― Hum… ―se limitó a responderme, aun presa de la respiración agitada.

― Cuando… nos recuperemos… ¿Quieres continuar?

Yoosung me miró en silencio, con la vista baja, para luego abrazarme a modo de calmarse y terminar cerrando los ojos por completo.

― Me gustaría… pero es mejor que no ―suspiró―, además, ya será la hora en que debas irte…

― ¿Qué? Pero si recién son… ―me detuve al ver el reloj de pared que tenia en su cuarto y notar que pronto marcarían las siete de la tarde.

¿En qué momento había perdido la noción del tiempo?

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Mientras esperaba llegar al lugar indicado, su mente se encontraba inmersa en sus pensamientos y recuerdos.

Había pasado ya un día desde su encuentro, pero el hecho de haber cedido ante algo que no deseaba, lo había mantenido con un muy mal humor.

Ella es una buena chica. Su empresa no es la gran cosa, pero creo que te seria de provecho, como un reto para hacerla crecer, apenas pase a ser de nuestro dominio…

Padre, yo… ―Jumin dudó por un segundo en como responderle, ya que este se mostraba emocionado por la idea―. Agradezco que te preocupes de mi futuro, pero… no puedo evitar quedarme sin respuesta, ante tal propuesta inesperada.

Casarte es algo natural. Creí que era un tema que no te asombraría ―expresó el CEO Han, haciendo una pausa en su almuerzo―. Si lo que te asusta es que sea un matrimonio arreglado y sus repercusiones, no deberías preocuparte. Todo el mundo sabe que este tipo de acuerdos son comunes en las familias corporativas.

Lo sé padre, eso no es algo que me inquiete. Pero, si me permites ser sincero ―se detuvo para esperar la respuesta de su padre, quien asintió para que prosiguiese―, tenia el pensamiento de que podría mantener mi estado de soltería, por lo menos hasta llegar a mis treinta.

El año que viene, ya cumplirás 27 años, de ahí, a 30, no hay mucha diferencia ―insistió su padre, al entender que trataba de negar su propuesta―. Jumin… entiende, trato de hacer esto por tu propio bien…

¿Mi propio bien? ―repitió intrigado este, a las ultimas palabras de su padre.

No quería decirlo, pero… ―el CEO Han habló con cierta pena en su voz―. Desde que entraste en tu adolescencia, he temido por tu desarrollo como hombre. Detesté que tu madre te haya criada de esa forma tan asquerosamente fría que tenia como ley de vida. Y fue una de las razones por la que me separé de ella y pedí tu custodia completa, sin importar el costo. Me agrada que cumplas mis expectativas en la empresa, pero me inquieta el hecho de que, en todos estos años, no me hayas presentado una sola novia, ni hablado de tan siquiera una mujer que te gustase. A veces siento envidia, que, al reunirme con otros CEOs, estos hablen de sus hijos y el dolor de cabeza que estos le producen al no control sus ímpetus juveniles, o de que sus hijos se han casado, presumiendo las fotos de sus nietos y que ahora podrían morir tranquilos… ―se detuvo mientras se limpiaba la frente, del sudor de la aflicción que le provoca tocar tal tema, demostrando su lado sensible―. Mientras que conmigo, soy la burla escondida de todas las otras familias cuando voy a la iglesia solo, sabiendo de mis fallidos matrimonios.

Jumin se quedó en silencio.

Le era incomodo ver a su padre emotivo. Pero no por que le avergonzara, si no por que no sabia como consolarlo ante tal confesión.

Es cierto que estos últimos años se había centrado en su propia vida y ya no lo acompañaba a la iglesia los domingos, que todos sus encuentros eran planeados y menos frecuentes…

No había pensado en la posibilidad de que eso causaría soledad en el corazón de su padre, ni el sufrimiento que le causaban las malas lenguas, que criticaban a una familia monoparental como la suya.

Lamento que tengas que pasar por todo eso, padre ―respondió luego de casi un minuto de silencio―. Yo había decidido darte tu espacio, al ver que frecuentabas y disfrutabas la compañía de las mujeres que se convirtieron posteriormente en tus esposas, que no pensé en lo que me acabas de contar.

Esta bien, sé que de todas las personas que tengo a mi alrededor, tu Jumin, serias el único que nunca pensaría en hacerme daño de forma intencional ―se calmó su padre, mientras se limpiaba el contorno de sus ojos con recato, con el pañuelo de seda que traía en su traje, para evitar que ni la más minúscula lágrima saliese de este―. Pero en verdad quiero que reconsideres mi propuesta e intentes salir y conocer a la señorita Sarah. No necesariamente tenemos que anunciar tu compromiso de golpe. Y si ella no te gusta, podemos encontrar a otra. Debe haber alguna mujer, hija de alguno de nuestros socios o amigos de iglesia, que podría ser la esposa que necesitas.

Padre, yo… ―suspiró Jumin por lo bajo, tratando de disimular la molestia ante su insistente propuesta a la cual no podía alegar en contra, con algo concreto―, yo en este momento me encuentro ocupado, resolviendo unas cuestiones personales, aparte de los de la empresa, y aunque aceptase tu propuesta, me temo que terminaría incumpliéndola, por falta de tiempo.

¿Y que es eso personal a lo que tienes prioridad, incluso por arriba de una petición de tu padre? ―inquirió el mayor de los Han, con cierta molestia ante la negativa de su hijo, hacia algo que le pedia con todo el corazón.

No puedo decírtelo padre, por lo menos no ahora ―Jumin agachó su cabeza a modo de disculpa, ya que lo que menos necesitaba en ese momento, era otra aflicción, como lo seria una pelea con su padre―. Pero… un año. Dame un año, y luego de eso aceptaré tu propuesta y saldré con todas las candidatas que tengas para mi y escogeré de entre ellas, a una esposa ―terminó diciendo, con una propuesta que, si bien en el fondo no le gustaba, le daría tiempo.

¿Un año? Es mucho tiempo… ―respondió el anciano, con voz de queja.

Por favor, padre ―se levantó Jumin, para poder agacharse y usar el respeto exagerado a su favor―. Solo le pido un año.

Las otras personas que almorzaban en ese fino lugar, voltearon a verlos con recato, agarrando sus costosas bufandas de piel o sosteniendo sus monoculares, manteniendo sus posturas burguesas, pero chismosas.

Esta bien, pero por favor, siéntate ―soltó entre la indignación y resignación su padre, al notar lo importante que le parecía ese asunto personal a su hijo, que había llegado al extremo de usar la presión pública para ganar―. Estas personas son hambrientas al chisme.

― Señor Han, hemos llegado a la dirección indicada ―la voz del chofer Kim lo trajo a la realidad―. ¿Seguro que quiere ir solo?

― Ah, no te preocupes, solo hablaré por un rato con alguien que vive en alguno de estos edificios ―salió del auto, luego de que el chofer Kim le abriera la puerta―. Volveré en unos minutos.

Lo cierto, es que ni él creía que se había tomado la molestia de ir a visitar a Yoosung a su departamento de estudiante, al no tener información de él y la coordinadora en el chat, durante dos días. Pensaba que, hablando con él sobre sus problemas, le ayudaría a olvidar el disgusto que había tenido con su padre.

Para no llamar la atención, se había limitado a caminar sin su saco y corbata.

Aunque era algo incomodo tener que andar con ropa ejecutiva, en un lugar donde había escaleras y nada de ascensores.

Por suerte Yoosung vivía solo en el tercer piso, y no el ultimo.

Cuando estaba a la mitad del segundo piso, pudo divisar una figura conocida a la distancia. Era la coordinadora hablando por teléfono.

Por instinto se detuvo al pensar que, como venia hacia él, lo saludaría, pero esta luego de terminar su llamada, se volvió sobre sus pasos y pareció no notar su presencia.

¿Por qué volvía hacia el tercer piso?

Cierto.

Seguramente su encuentro con Yoosung, para extinguir su enemistad no había sido positivo, y volvía para intentarlo de nuevo.

Caminó con prisa para dar con ellos y de ser posible ayudar en tal caso hipotético, ya que a comparación de lo que había injuriado Zen en el chat, estaba casi seguro que podía decir que conocía a Yoosung y encontraría algún modo de calmarlo.

Su número de departamento era el segundo del tercer piso, así que podía ver una escena completa de la puerta de este, aun estando en las escalinatas.

Se detuvo en estas, para ocultar su presencia y aparecer justo en el momento en el que los otros comenzasen a discutir en su puerta, como refuerzo para tal situación que estaba empezando a afligirlo incluso a él.

― Oh, volviste ¿se te olvidó algo? ―dijo el rubio apareciendo en escena, con el semblante de una persona que ya no parecía molesta, al contrario, parecía sonreír.

― Todo lo contrario. Recordé que quería hacer esto desde hace mucho…

Se ocultó detrás de la pared de la escalera, apenas entendió lo que sus ojos vieron.

Esos dos.

Acababan de mostrarse afecto físico, pero de forma mucho más indecorosa a comparación de lo que vio en la fiesta.

¿Qué debía hacer ahora? No esperaba presenciar tal situación.

Y si lo encontrasen fisgoneando, tendría que explicarse.

De solo pensarlo, se sentía algo incómodo.

Fue el escuchar de la puerta cerrarse, lo que lo hizo decidirse, corriendo hacia la salida, como si su vida dependiese de ello.

Por suerte nadie lo había visto; fue así por lo menos, hasta llegar al primer piso, donde una anciana lo miró con curiosidad al ver como la rebasaba pasando por su costado como gato callejero en fuga.

Ni el mismo chofer Kim supo cuando fue que entró al auto de golpe.

― ¿Señor Han? ¿Se encuentra bien?

― Si, ahora sáqueme de aquí lo más rápido que pueda ―le respondió tratando de volver a tomar la compostura, mientras se llevaba una mano a la cabeza, para tratar de arreglar su cabello despeinado al correr tan brusco.

El chofer Kim asintió, a pesar de la intriga que le producía el pensar en que había pasado para que su jefe se encontrase como un gato asustado.

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Ahora podía decir que se encontraba bien consigo mismo, aunque le producía cierta tristeza el que su amada se hubiese tenido que ir.

Tal vez era egoísta, ya que la tuvo casi todo el día para el solo, pero ya la extrañaba a pesar de que recién había partido de su lado.

El dolor causado por el malentendido que los llegó a enemistarse se había esfumado por completo, pero ahora el dolor mudo por su ausencia empezaba a inundarlo de nuevo.

¿Tan aterrador era el enamorarse?

¿Será que todas las personas tenían que pasar por eso?

¿O es que solo él era quien sentía esa opresión en el pecho? Dolorosa pero extrañamente agradable, asfixiante pero soportable, intensa pero cálida, de una forma tan embriagante que domaría incluso al ser más frio. Tan refrescante como el aire nocturno, pero temible como…

El timbre de su puerta lo sacó de su efímero pensamiento.

¿Quién sería?

¿Ella?

No, era imposible. Acababa de irse, la probabilidad de que eso sucediese era…

― Oh, volviste ―su rostro abatido por el pensamiento se esfumó, para brillar con la alegría de la sorpresa―. ¿Olvidaste algo?

― Todo lo contrario ―le respondió su amada, con un tono de voz que recién había conocido y sus ojos relucientes de cierta malicia― Recordé que quería hacer esto desde hace mucho… ―agregó para luego atraerlo hacia ella, agarrándolo del cuello de su suéter ligero, y así poder juntar sus labios, aunque al principio de una forma algo brusca, para poder besarlo de forma tan intensa como recién habían aprendido.

Le siguió la corriente, aunque con algo de pena ante lo inesperado, mientras sus manos aún no se decidían en donde apoyarse.

― Espera… alguien podría vernos… aquí en el pasillo… ―logró articular apenas, tratando de no perderse al impulso por completo, tal como parecía estarlo ella.

― ¿Y eso qué? No importa ―le respondió esta, que, al no sentir sus labios, pasó a besarle el cuello y rodearlo con sus brazos.

¿Que no importaba?

Y creer que sentía egoísta instantes atrás con su pensar, cuando ella reaccionaba de forma tan impulsiva y sin remordimiento.

― Cielos… mejor entremos, si una de mis vecinas chismosas nos ve, nos convertiremos en el tema del mes.

Entraron, pero cuando estaba por cerrar la puerta, ella se le adelantó y la cerró de golpe y apoyarse en el marco de esta, dejando caer su bolso junto a sus zapatos a un lado.

― Tienes razón, como que me dejé llevar un poco afuera ―dijo tratando de recobrar la compostura, al notar que este aun le miraba con cierta confusión a sus acciones―. Mientras me acomodaba para irme, en el fondo no quería hacerlo, pero cuando empecé a bajar las escaleras, aclaré mi mente y decidí que me quedaría.

― Mencionaste que tu madre tiende a controlarte, si te quedas, creo que al menos deberías…

― Si, ya le avisé. Lo hice mientras caminaba en las escaleras.

― ¿En serio? ¿Reaccionó bien a que te quedaras a dormir fuera? ¿Con tu novio? Digo, si quiera le has contado que salimos ¿verdad? ―la intriga lo inundó, ya que no quería emocionarse ante una decisión algo apresurada.

― Eh… le dije que no dormiría en casa hoy… fue mas un aviso que una petición de permiso ―se llevó una mano al mentón, analizándolo―. ¿Si se enojó por eso?, no lo sé, colgué antes ―murmuró más para sí, que para responderle―. Y si, sabe que tengo un novio, ya se lo conté… a lo que me recuerda, Yoosung, ¿Tu ya le has hablado a tus padres de mí?

― ¿Ah? ―reaccionó apenas al principio, al ver que le respondía su pregunta con otra―. Bueno, mis padres saben de ti, aunque no les he hablado en detalle. Ellos son de los que prefieren conocer a la persona por sus propios ojos y criterio a que les cuenten como son… eso es porque ellos…

― Son conservadores, si, recuerdo que ya me lo comentaste antes.

― Si… lo siento, no debí meter el tema de los padres, arruiné el momento jaja.

― ¿Qué? Nha, no te disculpes, tienes todo el derecho de preguntar algo que te incomode. Yo hago lo mismo ―lo calmó―. Pero volviendo al tema de nosotros, ahora que lo pienso, vine toda aventada y ni siquiera te pregunté para tomar mi decisión ―esta se rascó la cabeza con pena―. ¿Te molesta si duermo contigo esta noche? ―se tomó una pausa al haber dicho eso con ligera preocupación, ante una posible negativa―. Sé que tal vez te sientas suficiente de mí, ya que pasamos todo el día juntos, pero lo cierto es que me sentí sola en lo que me marchaba…

Sus palabras se cortaron al sentir su abrazo rápido, un tanto asfixiante.

― Yo también me sentí vacío apenas partiste ―se acomodó en su hombro―. Sin duda, no me molestaría que te quedases a dormir.

― Me alegra oírlo ―se limitó a responder esta al notar el sentimiento mutuo, mientras correspondía a su abrazo con tranquilidad.

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― Me alegro haberme preparado para este momento ―escuchaba a Yoosung decir, mientras forcejeaba al tratar de sacar algo del fondo del armario que tenia en una de las paredes de su habitación―. Dame unos minutos, cariño ―me habló al notar que ya había llegado de la tienda, a la que había ido a comprar un cepillo de dientes y otras cosas―, puedes ducharte si quieres, yo ya lo hice.

Asentí, mientras dejaba de acariciar a nuestra pequeña Lisa, que aún seguía comiendo de forma concentrada sus croquetas en la cocina.

Me duché de forma rápida. Como no tenia mi secadora de cabello, no me lo lavé.

El cuarto de baño de Yoosung era muy bonito. Sus champús y cremas eran de colores llamativos y la cortina de baño estaba decorada con patitos amarillos.

Casi no daba ganas de salir rápido de tal lugar.

― Te dejé un pijama encima del gabinete, es nuevo, siéntete cómoda de usarlo ―Oí su voz desde afuera, mientras me secaba.

Le agradecí apenas lo noté.

Ya que estaba dudando en que si podría pasar la noche cómoda con mi ropa con la que estuve todo el día.

Cuando salí, Yoosung ya se encontraba sentado en…

― ¿Es esto lo que creo que es? ―me senté a su lado, para luego dejarme caer y sentir lo blandito que era ese futón blanco, que extendió encima de su alfombra.

― Hum, me lo regaló mi abuela cuando supo que me mudaría a Seúl ―me imitó, acostándose a mi lado―. Es bastante pesado y ocupa espacio, pero me ayudó mucho cuando compré mi cama y me llegó recién a la semana.

― Me imagino. Y lo mejor es que ambos cabemos en él ―le guiñé un ojo.

― Jaja eres muy graciosa ―me respondió con gracia, para luego entrecerrar un poco los ojos, de forma pensativa―. Sabes, hace dos días, me encontraba llorando solo aquí…

― No dudo que sí, lo siento por eso, aun no me perdono haber reaccionado como lo hice…

― ¿Ah? No, no te lo decía a modo de reclamo, no te disculpes ―me interrumpió mientras volteaba de costado su rostro para verme―. Solo me calma que, con solo hablarlo, hayamos podido dejar todo eso atrás… Siéndote sincero, llegué a pensar que me dejarías… eso me martirizaba.

― Bueno, es cierto que estaba muy molesta contigo, pero no creo que hubiésemos llegado a ese extremo ―le miré algo asombrada ante su confesión―. Y sobre lo de hablar… es cierto que resultó una solución "fácil" para nosotros, pero lo cierto es que, a una gran parte de parejas, ese "hablar" les cuesta mucho y eso llega a dañar sus relaciones hasta puntos inimaginables.

― Hum, estaba pensando algo similar. ¿Crees que sea por compatibilidad?

― ¿Compatibilidad?

― Si, por ejemplo, yo pensé que éramos casi iguales en personalidad en un principio, pero luego descubrí que en realidad somos muy diferentes, eso me produjo miedo, porque parecía que no podíamos entendernos, pero si me entendiste cuando recién nos conocimos, entonces eso significaba que no es necesario ser iguales, para que nos entendiésemos. Que el ser diferentes era lo que nos hacía compatibles ¿no crees?

― Es una buena analogía, pero creo que la compatibilidad no depende de ser iguales o diferentes. En nuestro caso funciona, pero si hubiese dos personas idénticas a nosotros y les tocase interactuar entre ellos, podrían no amarse, o incluso odiarse, por lo diferentes que son.

― Oh, entonces en el caso de dos personas iguales, estas podrían amarse u odiarse.

― Exacto. Lo que reafirma en que no hay formula de compatibilidad segura.

― Mmm… tal vez no haya una formula segura, pero si un factor.

― ¿Eso crees? ¿Qué factor sería ese? ¿Edad? ¿Generación? ¿Gustos culturales?

― Amor.

Me quedé en silencio ante su corta pero concreta respuesta.

Me frustré un poco internamente, ya que, en nuestra charla sustancial, mi lógica terminó perdiendo ante su pensar emocional.

¿Y cómo podía debatir contra eso?

Incluso la ciencia había probado que las primeras civilizaciones se habían establecido y durado, en un principio por que el humano se motivó a superarse por el amor a sus semejantes, que los impulsaba a protegerlos y mejor su estilo de vida.

La gastronomía, la medicina e incluso las primeras tecnologías eran muestra de esto.

― ¿Cariño? ―su voz me sacó del ligero pensamiento que tuve ante su respuesta que terminó nuestro debate―. ¿Ya piensas dormir?

― No, solo estaba pensando en lo que me dijiste.

― Ah, que alivio… pensé que te habías molestado por mi ultima respuesta y preferías dormirte.

― Si estoy molesta.

― ¡¿Qué?! Oh no… olvida lo que dije… yo solo…

― No puedo olvidar esta ofensa, me ganaste en un debate usando tus pensamientos cursis ―le interrumpí, mientras lentamente me subía encima de él, con una cara de fingido enojo―. Ahora solo me queda buscar venganza…

― Jaja.

― Ah, ¿encima te ríes? Pensaba tener compasión, pero ahora será todo lo contrario… ¡Prepárate para sufrir!

Fue entonces que arremetí contra él, con mi ataque de cosquillas.

― ¡Jajaja! Jaja ay, no, nooo, jajaja… ja… ―articulaba apenas mientras se revolcaba y reía.

― Así que esta es tu debilidad ―profesé como villana que acaba de descubrir como vencer al prota―. ¡Muere de risa Yoosung Kim!

― ¡Ah! Jaja para… jaja… ¡ah! ¡Ahhhhh!

Me detuve, aunque en el fondo de mí, algo se encendió, al escuchar lo que parecían gemidos entre medio de su risa.

― Ay, ya… no, no quiero más… ―mi rubio se detuvo igual, mientras se limpiaba las lágrimas que se le habían salido de tanto reír.

― Eso fue por hacerme enojar ―arremetí, mientras seguía sentada arriba de él, y me acercaba a su rostro para limpiarle una lágrima que había rebalsado su mejilla.

― Hum… ― soltó con cierta tristeza.

― Pero esto otro, es porque tienes razón…

Apenas terminé de decirlo, volví a tocar sus labios con los míos.

― ¿Podríamos continuar lo que dejamos en la tarde?

― Está bien, pero solo unos minutos ―aceptó mi propuesta, a pesar de que su rostro se tornaba rojo.

Tocar su lengua con la mía, creo que se había vuelta mi nueva adicción, e hicieron que los minutos se sintiesen solo como un par de segundos.

― Un poco más… ―me quejé al grado de que le mordí leve el labio inferior al apartarme.

― Auch… ―soltó, luego de bajarme de encima suyo―. Sé que fue poco… pero es todo… lo que puedo darte hoy ―se sentó al igual que yo, para tratar de recuperar el aliento.

― De acuerdo, pero… podemos seguir haciendo otras cosas ¿verdad? ―me le acerqué y volví a besar su nariz, recorrer su mejilla y terminar en su cuello.

Pude sentir como se estremecía de forma sutil, pero…

― Lo siento, pero si seguimos no podré controlarme ―me apartó con seriedad, para luego levantarse e ir al armario de dónde sacó unas almohadas―. Te recuerdo… que sigo siendo un hombre. Y mañana tienes trabajo y yo debo ir a mis clases.

― Ser hombre o mujer no es algo que deba significar peligro.

― Mas que peligro, seria impulso. No quiero caer en el impulso… por lo menos no aún ―refutó mientras me daba una de las dos almohadas que tenia consigo―. ¿Quieres dormir en mi cama o en el futón?

― ¿En cuál de ambas puedo duermo contigo?

― Jaja muy graciosa ―me respondió ya con el ceño fruncido mientras me levantaba y empujaba a su cama―. Eres mi invitada, así que toma mi cama, yo dormiré en el futón.

― Oh… ―me resigné al notar que hablaba en serio, ya apagando la luz y tapándose con el cobertor del futon.

― Buenas noches cariño.

― Ya duérmete, señor seriedad.

Pude oír como se reía por lo bajo al escucharme frustrada.

― Escucho tus risas, puritano.

― … ―su risa reprimida se escuchó mas fuerte―, ni siquiera soy creyente, pero gracias.

Mi indignación aumentaba con cada risita ahogada que le escuchaba soltar.

Pero luego de unos segundos el silencio inundó el lugar, dejando solo audible a lo lejos, el ronroneo de Lisa que en alguna parte se acomodaba para dormir, tal vez.

Bueno, no pude morder la tableta de chocolate, pero al menos le di una lambida… ―me consolé mentalmente, ya entrando en un estado de resignación completa.

Traté de conciliar el sueño, mientras abrazaba uno de los peluches que tenia Yoosung en su cama, pero estos tenían su esencia y me hacían extrañarlo.

Me abre revolcado de un lado a otro por unos minutos, pero no me sentía cómoda.

Fue entonces que me animé a romper el silencio.

― Yoosung… ―hablé con la esperanza de que tal vez este despierto aún.

Afortunadamente, parecía que sí, ya que se movió ligeramente, a pesar de que me estaba dando la espalda y solo podía ver la parte de atrás de su cabeza.

― Yoosung… ―volví a insistir.

― ¿Hum? ―terminó respondiéndome levemente.

― Duermo contigo…

― No.

― Por favor…

― No.

― Prometo no sobrepasarme ―insistí, esta vez usando un motivo―. Además, tengo frio…

Pasaron varios segundos antes de una respuesta suya.

Se levantó en silencio y se apoyó en el borde de la cama, para posar su mano en mi cara y luego manos, como si tomase mi temperatura.

― Es cierto… en especial tus manos… están algo frías ―pronunció mientras se rascaba su cabeza ya toda despeinada y los ojos entrecerrados del sueño―. Mmm… está bien, puedes dormir conmigo en el futón…

Apenas se acomodó de nuevo, salte a su lado debajo del cobertor.

―… pero si me tocas de más ―bostezó― te muerdo. Y no será una mordida lasciva ―agregó, para luego cerrar los ojos por completo y dormirse de costado.

― Entiendo ―me tapé con entusiasmo, aunque tenía cierta ambición más―. Pero, ¿puedo abrazarte?

― No… bueno, si… pero no bajes tus manos más debajo de la zona de mi ombligo…

― Si, buenas noches ―fue lo último que respondí, para luego abrazarlo por la espalda, aprovechando que estaba de costado.

― Buenas noches… cariño… ―me respondió apenas audible, mientas posaba una de sus manos, en la mía que lo abrazaba.

FIN DEL CAPITULO.