¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación. También, aunque no suelo hacerlo, quiero recomendarles las músicas que utilicé para escribir determinadas escenas, ustedes sabrán cuando iniciar :P La primera se llama "Down of Faith" de Eternal eclipse, y la segunda para Sakura "Trascendence" de Lindsey Stirling en su versión orquestal ;)

Bueno a comenzar :D

La bendición del Caído.

Capítulo 11

Sakura Kinomoto

Pisadas poderosas se escuchaban por los pasillos. Levanté la mirada de las claras que estaba batiendo con el azúcar, en el momento justo en que varios guardias pasaron desfilando frente a la puerta de la cocina; era la tercera vez que los veía pasar por allí en menos de una hora. Suspiré y volví mi atención al recipiente, ya habían transcurrido cuatro días desde el ataque a Zhuran, pero la tranquilidad no había regresado del todo. La seguridad se había triplicado y el ambiente estaba cargado de una tensión perpetua que apenas nos dejaba respirar.

La situación era tal que la cantidad de sirvientes había sido reducida al personal de confianza, quedando únicamente los que vivíamos dentro de la mansión. Los demás habían sido despachados con una buena remuneración económica según había escuchado, para controlar el flujo de información que podrían llevar a la ciudad sobre lo que pasaba en Zhuran, en especial con respecto al estado de la princesa. Y basado en eso precisamente, nadie entraba y nadie salía sin la autorización del duque, orden que todos habían acatado por la extrema lealtad que le tenían a su señor.

Dejé de batir la mezcla para descansar un poco y pensé en él. Había conocido a infinidad de personalidades de alto rango durante mis conciertos: hombres y mujeres que parecían haber nacido para ejercer poder en el mundo y guiar las vidas de todos los que los rodeaban, pero ninguno de ellos le llegaba a los talones de Shaoran Li. Lo que había visto de él en esos días como duque era realmente impresionante; ese hombre tenía una disciplina y un control sobre sí mismo que me desconcertaba y agradaba en partes iguales, tenía que admitirlo, porque esa seguridad, honorabilidad e inquebrantable sentido de la rectitud, lo hacían ser quién era: un duque amado y seguido por su gente.

Suspirando, reanudé mi ardua tarea de batir, pero no pude evitar mirar a mi izquierda siguiendo el tarareo alegre de la señora Wu. Contrario a lo que esperaba, la mujer había aceptado de buena manera toda esa situación de extrema seguridad, a pesar de que ella no desaprovechaba una oportunidad de ir a Rhuddem para pasear por el mercado y enterarse de los últimos acontecimientos.

"Es por el bien de su alteza y su excelencia", fue lo que me dijo con una flamante sonrisa cuando le pregunté si estaba de acuerdo.

Resoplé, al parecer la única melancólica en todo Zhuran era yo… aunque en mi caso se debía a un motivo muy diferente que tenía que ver con lo que había pasado entre el duque y yo.

No había podido conversar con Li en esos días, pero parecía estar cumpliendo su palabra ya que nadie se había aparecido para llevarme a la hoguera o algo por el estilo. Eso era bueno, pero no podía estar del todo tranquila porque el temor a ser expuesta seguía ejerciendo presión sobre mis hombros. Bien decían que el peor enemigo de una persona era uno mismo al crear millones de escenarios negativos… y en mi caso uno era peor que el anterior. Las noches se me hacían eternas entre tanto pensar, y hasta temía que Li apareciera en algún momento por la puerta para arrastrarme fuera de sus tierras, pero luego me obligaba a mí misma a calmarme, recordando que en el poco tiempo que tenía de conocerlo, me había mostrado que su palabra era sagrada para él.

Y pensando en él, no pude evitar buscar en mi memoria el recuerdo de esa noche. Verlo batirse a duelo con aquella mujer había sido impresionante, pero según Layla, eso se debía a la bendición del duque: hyfel, así se llamaba su don, y le brindaba la habilidad de ser un gran guerrero; el mejor entre todos. Sin embargo, algo allí no terminaba de convencerme, porque si eso era así… ¿por qué había murmurado que mi bendición era la contraparte de la suya? No lo había hecho intencional, pero era un dato que obviamente pesqué y me lo quedé… ¿Qué rayos tenía que ver el sanar personas con saber pelear? Negué con mi cabeza, no tenía sentido alguno… Allí había gato encerrado… o más bien, lobo encerrado y debía descubrirlo.

Un murmullo a mi espalda y resoplidos me hicieron salir de mis pensamientos, dejé de batir otra vez y miré sobre mi hombro, dos cocineros intercambiaban palabras que estaba segura eran chismes de lo que ocurría dentro de la mansión, y precisamente gracias a esos rumores era que me había enterado que el duque estaba demasiado ocupado con las reparaciones, la compensación de los familiares de los caídos aquella horrible noche y buscando una forma de protegernos a todos, ya que el ataque que habíamos sufrido no había sido uno cualquiera, sino más bien una clara amenaza por parte del enigmático enemigo del cual todos hablaban: El Caído.

Por lo poco que había escuchado por ahí, sabía que se trataba de un sujeto poderoso, aunque nadie sabía a ciencia cierta quién era y mucho menos cuál era su bendición, puras especulaciones que no llevaban a nada en realidad y que incrementaban el pánico general. Pero de lo que todos sí estaban seguros era que la guerra estallaría en cualquier momento.

«¿En qué clase de mundo vine a parar?», pensé, mordiendo mi labio inferior. Aunque enseguida me corregí, pues lo que en realidad debía averiguar era el porqué había dado allí.

Suspiré y seguí batiendo con mayor fuerza, no tenía información, no tenía pistas… mucho menos ideas y el estrés me bloqueaba. Lo peor era que el único que podía ayudarme tenía sus propias preocupaciones y por primera vez desde que llegué no podía discutírselo y mucho menos exigirle algo bajo esas circunstancias…

―Pásame tres huevos, querida. Y pon más empeño en esa crema, por favor. Me prometiste una maravilla. ―La voz de la señora Wu me sacó de mis pensamientos.

Asentí y de inmediato le obedecí, para continuar con mi ardua, pero productiva tarea. Sí, estaba haciendo un merengue suizo en un lugar donde no existía Suiza y sin batidora. ¡Toda una proeza! Pero de alguna forma debía demostrar que era útil.

―Jamás he hecho una crema como esta ―dijo ella, viendo sobre mi hombro.

―Un secreto familiar ―dije para salvarme―, pero le aseguro que le encantará y hasta la autorizo para usarla. Aunque le advierto que el brazo queda doliendo un poco… ―En momentos así, extrañaba mi casa y obviamente a mi súper batidora que hubiera hecho el trabajo en un tercio del tiempo.

Cuando adquirió la consistencia deseada, la dejé enfriar y reposar, mientras mezclaba una de las esencias que tenía la señora Wu que parecía ser lavanda con un poco de miel. Luego la incorporé al merengue para darle un sabor diferente y suave. Improvisé una manga pastelera y comencé a decorar los pequeños "panecillos" que había preparado previamente, aunque en mi mente les gritaba cupcakes.

―Pruébelo ―le insté.

La señora Wu sonrió y limpió sus manos con su delantal; se llevó uno a la boca. Cuando vi que su mirada se llenaba de alegría supe que era un rotundo éxito.

―Definitivamente, tienes que enseñarme a hacer esta crema.

Asentí y seguí decorando los demás cupcakes. Estando todos listos, decidí colocar unos arándanos como decoración para finalizar. ¡Perfectos! Era una violinista prodigiosa, pero mis manos también servían para la repostería, ¡sí señor!

―Veo que estás muy entretenida ―escuché a mi espalda y di un pequeño brinco.

―¡Tomoyo! Casi me matas del susto. ―Su risa delicada ondeó en la cocina, llamando la atención de los pocos chicos que había a nuestro alrededor.

Grácilmente, acomodó las mangas de su hanfu para tomar uno de mis cupcakes y se lo llevó a la boca, saboreando el merengue con gusto. Debía admitir que ella era hermosa; su cabello ondulado, largo y negro, armonizaba con sus ojos que eran tan azules que podían considerarse casi violetas. Y gracias a su piel nívea parecía una muñeca delicada de porcelana.

―¡Esto está delicioso!

―¿Te gusta?

Asintió con una sonrisa gustosa.

―Me gustaría llevarle uno a su alteza, estoy segura que lo disfrutara.

―Ah… bueno… no creo que sea buena idea ―dije, rascando mi brazo.

―Layla, además de ser su escolta principal, también es su probadora. No habrá problemas ―dijo, palmeando mi mano.

A decir verdad, que la princesa comiera algo preparado por mí me asustaba horriblemente, porque si algo le pasaba, la primera sospechosa sería yo y estaba segura que Li no dudaría en cortar mi cabeza él mismo, por mucho que hubiera jurado protegerme. Yo era una desconocida, la chica era su primita, simple jerarquía. Pero viendo la mirada alegre de Tomoyo, supe que no recapacitaría.

Suspirando, tomé un pequeño plato y escogí el cupcake que se veía más bonito y le pedí a Wei que preparara un delicioso té de almendras al cual me había hecho adicta desde que llegué. No sabía qué diablos hacía ese anciano, pero sus manos hacían magia con el condenado té.

Estando todo listo y acomodado en una bandeja, se la extendí a Tomoyo, pero ella no hizo amago de tomarla. Sólo sonrió.

―Ahm… está listo.

―¿Podrías traerla tú, por favor? ―dijo y se giró para salir de la cocina sin esperar respuesta.

Resoplé, después de haber tenido varias conversaciones con ella, había llegado a la conclusión de que mi nueva amiga era… un poco excéntrica, por así decirlo, pero con cada día que pasaba me parecía más bien que Tomoyo Daidoji estaba más loca que una cabra.

La señora Wu me hizo señas para que siguiera a la chica y soltando otro bufido, obedecí. Ya me habían dicho que, en el escalafón del servicio, las doncellas estaban por encima de una simple sirvienta… o sea yo.

Tomoyo se desplazaba con un andar elegante, grácil y suave, que llamaba la atención de los jóvenes que pasaban a nuestro lado, aunque quisieran disimularlo. Y si ella era así, no quería ni imaginarme como sería la princesa Meilin.

―Lamento mi actitud ―dijo, girando su cabeza para mirarme, sin detenerse―. En realidad, quería sacarte de la cocina sin llamar mucho la atención y sin que te ganaras un regaño.

―¿Y por qué querías que saliera de la cocina?

―Es que su alteza desea verte.

―¡¿A mí?! ―grité y frené mis pasos de golpe. ¡Cielo santo! Por el susto casi soltaba la bandeja.

Tomoyo hizo señas para que bajara la voz y enroscó su brazo alrededor del mío.

―Guarda la calma.

―¿Cómo pretendes que me calme? ―dije, comenzando a hiperventilar―. ¡¿Por qué rayos querría verme a mí?!

―Su alteza es una joven amable y jovial ―mencionó ella―. Estoy segura que sólo desea conversar con la persona que valientemente dio alerta del ataque.

―¿Y quién diablos le dijo eso a ella? ―mascullé.

―¡Oh, querida! Esa boca. ―Chasqueó su lengua y frunció su ceño―. No sé quién se lo dijo, pero al preguntármelo no lo negué. Me pidió que fuera por ti y que fuera discreta.

Tuve que morderme la lengua para no soltar una mala palabra que comenzaba por m y terminaba por da. Cielos, no salía de una para meterme en otra.

Subimos hasta el tercer piso y nos internamos por el corredor de la derecha, yo era despistada y solía perderme con facilidad, pero podía reconocer donde estaba. Así que, intencionalmente, apuré la marcha y pasé de largo la habitación donde se había desarrollado la pelea.

―¡No es por allí! ―gritó Tomoyo cuando me vio girar hacia la izquierda. En realidad, no sabía a dónde iba, sólo quería salir de ese pasillo que me traía recuerdos tétricos como el sujeto que se había quitado la vida frente a mí.

La chica me dio alcance y me guio hacia la derecha, poco tiempo después nos internamos en otro corredor que estaba completamente custodiado por guardias. Vaya, si algún intruso llegaba a la princesa, podría considerarse mejor que Houdini porque era simplemente imposible pasar sin ser visto.

Uno de los guardias que estaba custodiando la puerta nos detuvo y le preguntó a Tomoyo acerca de mí; ella sólo sacó un pequeño pergamino de su manga y al leerlo, el joven se hizo a un lado y abrió la puerta para nosotras.

Al ingresar, me quedé boquiabierta. Esperaba entrar directamente a la habitación donde estaría la princesa, pero en lugar de eso, me encontraba en una sala preciosa. La decoración era divina, como diría mi tía Sonomi: las paredes y los muebles eran de un marfil muy lindo y brillante, que compaginaba a la perfección con las cortinas de terciopelo rosa. Las telas estaban corridas, permitiendo que los rayos del sol de la tarde ingresaran en la estancia y le brindaran luz a las pinturas que decoraban las paredes, las cuales representaban distintos paisajes: todos hermosos y dignos de apreciarse, pero lamentablemente Tomoyo no me dio chance de observar más al darme un ligero empujón para que avanzara hacia la puerta del fondo.

Sentía el sudor bajar por mi frente a medida que me acercaba, ¿qué podría querer ella con una simple sirvienta? ¿Y si me había visto usar mi poder en ella? ¡Oh, dioses! ¿Por qué tuve que pensar en eso? Ejercí presión en mis músculos para tratar de calmar el temblor que me recorría entera.

―Ya estamos aquí, alteza ―anunció, Tomoyo.

―Pueden pasar ―escuché la suave autorización en la otra habitación.

La chica empujó la puerta y tras dar un suspiro, seguí sus pasos. Mis ojos buscaron inmediatamente esa cama que recordaba y allí, sentada y apoyada en la cabecera, estaba la muchacha a quien le había salvado la vida: la princesa de Cerenia, Meilin Li.

Después de haberla visto casi a punto de dar su último suspiro, me alegraba enormemente poder apreciar esa mirada rojiza llena de vigor y vida. Su largo cabello negro estaba suelto y caía libre por su espalda, creando una capa oscura tras ella. Ese color negro azabache resaltaba el color de su piel, la cual tenía un tono un poco más oscuro que la de Tomoyo, pero se notaba a leguas que era tan lisa y tersa como el trasero de un bebé. Sentí envidia, porque en mi caso cuando estaba por venirme el periodo aparecían las enemigas de cualquier mujer y más cuando estaba estresada. No quería ni imaginarme como sería mi próxima menstruación si aún estaba en ese jodido mundo, ¡me saldrían millones! Oh mierda… ya estaba divagando, ¡los nervios eran los responsables!

Sacudí mi cabeza disimuladamente y volví a enfocar mi atención. Debía estar alerta para distraer su atención y negar lo que pudo haber visto cuando la sané, en caso de ser necesario. Sí, ese era un buen plan: ¡lo negaría con mi vida!

―Así que tú eres la chica ―dijo ella, recorriéndome con sus penetrantes ojos. Mirada patentada por los Li, sin lugar a dudas.

Asentí con suavidad al no encontrar mi voz.

―Alteza, la joven ha preparado unos panecillos exquisitos y pensé que le gustaría probarlos ―explicó Tomoyo, acercándose para ayudarla a ponerse en pie.

―¿Es así?

―Y Wei ha enviado un delicioso té de almendras para acompañar.

―Me parece perfecto, ya me hacía falta un poco de dulzor ―dijo, caminando con cuidado hacia la mesita, sujetándose el abdomen con su mano, justo donde tenía la herida.

Layla apareció a mi lado, asustándome, y me quitó la bandeja para llevarla hasta ella. Rayos, estaba tan nerviosa que ni había reparado en ella.

Como me había dicho Tomoyo, la joven capitana colocó el plato frente a la princesa y al recibir su aprobación, cortó el cupcake con el tenedor y removió la crema, tomó un trozo untado y se lo llevó a la boca. Luego probó el té y retrocedió hasta colocarse a mi lado.

―Quiero uno para mí ―susurró con una sonrisa.

―En la cocina dejé varios, espero que no se los coman todos porque ni los he probado yo ―dije en el mismo tono de voz.

―Aprobados. ―Hizo una seña con su dedo pulgar como yo le había enseñado durante nuestras infernales, pero productivas clases de equitación; y volvió a mirar a la princesa que hablaba con Tomoyo―. No te preocupes, ella sólo desea agradecerte. Es una chica muy loable.

―Eso… me dijo Tomoyo.

Esperado el tiempo prudencial, la princesa probó el dulce y una sonrisa apareció en sus labios.

―¡Oh, esto está exquisito! ―me halagó y miró en mi dirección―. La felicito en verdad.

―Gracias, alteza ―dije, haciendo una reverencia.

―Acérquese un poco, no debe tener miedo ―dijo, haciéndome señas con su mano.

Mordiendo mi labio inferior y confiando en lo que mis amigas me habían dicho, obedecí, aunque en realidad no podía negarme a una orden directa de una princesa… No me arriesgaría a que fuera como la reina roja de Alicia y me mandara a cortar la cabeza por desagradarla.

―Bien. ―Hizo una pausa para tomar un sorbo del té y posó sus ojos rojizos en mí―: Tomoyo me ha dicho que su nombre es Sakura.

―Así es, alteza.

―Su excelencia me ha informado que fue usted quien lo buscó cuando vio que los intrusos iban hacia mi habitación, aun cuando eso significaba arriesgar su propia vida. ―Traté de disimular de la mejor forma posible la sorpresa que causaron sus palabras. Si bien Li no había mentido al decir que había ido a su despacho, exageró y adornó la verdad para hacerme ver como una heroína cuando no lo era, la pregunta era: ¿por qué?―. Es usted muy valiente.

―No, yo… Sólo hice lo que debía hacer, alteza ―dije, siguiéndole el hilo a Li, ¡pero cuando lo viera le iba a caer a preguntas!

―Y modesta, además ―mencionó, emitiendo una risa suave y melodiosa―. La verdad es que le debo mi vida, Sakura.

Eso no iba a discutírselo porque literalmente se la había arrebatado a la parca de las manos, lo sabía por lo agotada que me había dejado. Mi cansancio era equivalente a lo cercana que estaba la persona a la muerte… y ella había estado a un pie de encontrarse con Caronte.

―Me gustaría darle un recompensa ―dijo, recuperando mi atención―. Puede pedir usted lo que quiera.

―¡Oh no, alteza! No lo hice con esa intención ―dije, enfatizando mi respuesta con manos y cabeza.

―Los Li no conocemos el significado de la deuda ―dijo, frunciendo ligeramente su ceño―. Debo retribuirle de alguna forma su acción.

―No necesito nada en realidad, alteza… ―volví a negar. Además, lo único que quería ella no podía dármelo: volver a casa.

La observé suspirar, siempre había creído que las personas de la realeza se interesaban por ellos mismo y miraban a los demás por encima de su hombro, pero esa chica era todo lo contrario. Sus ojos rojizos me observaban como si realmente quisiera desvelar mis necesidades, y cuando nuestras miradas conectaron sentí lo mismo que Li me inspiraba, un estremecimiento que me recorrió toda la espina dorsal, aunque en menor medida por supuesto. La mirada cobriza de ese hombre superaba la de la princesa como en cinco niveles.

―Bien, ya que no desea una compensación material, le ofreceré un trato ―dijo, bajando el cubierto―. El duque me ha comunicado su decisión de llevarme él mismo de regreso a palacio ―reveló, haciendo que un frío me abordara a tal punto de hacerme tiritar.

Comencé a barajar ideas en mi cabeza: si Li se iba de Zhuran, yo quedaría sola, desamparada… y no quería. Aunque el miedo estaba constante en mí y me torturaba en las noches, estaba segura que mermaría con el tiempo, más si él cumplía su palabra como lo estaba haciendo. ¡Demonios! ¡Li había prometido ayudarme a volver a casa! Sabía que tenía sus prioridades, pero… Negué con la cabeza, con mayor urgencia debía encontrarlo y hablar con él para aclarar mis dudas o me volvería loca.

―Estoy segura que le encantará ―le escuché decir cuando volví a prestar atención y ella pareció notarlo porque alzó una ceja divertida. Sentí mis mejillas arder―. No prestó atención.

―Lo siento, alteza ―musité.

―¿Sabe? Me cae bien ―dijo, riendo con más gana―. Le decía que me gustaría tomarla como doncella y que venga conmigo a la capital ―dijo, sorprendiéndome―. Necesito personas como usted, que sean leales y de noble corazón.

―No puede saber eso de mí, no me conoce. ―Inmediatamente me llevé la mano a la boca y me reprendí. ¿Acaso era idiota o qué?

―Por eso mismo puedo decirlo ―dijo, sonriendo―. Además, Layla y Tomoyo hablan maravillas suyas, Sakura.

―Yo… les agradezco a ambas ―dije, mirándolas. Ellas me sonrieron y les correspondí el gesto.

―¿Qué le parece? No sería una compensación, le estoy ofreciendo un trabajo muy bien remunerado ―dijo, adquiriendo una expresión seria―. Ser doncella de una princesa no es lo mismo que ser una sirvienta, tendría oportunidades únicas y crearía contactos adecuados para labrarse un futuro.

Eso sería en verdad muy bueno si fuera a quedarme allí, pero tenía esperanzas de volver a casa en algún momento. Además, debía preguntarle a Li su opinión al respecto… Aunque no me gustaba depender de otro, estando en un mundo que no conocía, debía hacerlo. Lo que él pensara era importante, porque una cosa era estar en la seguridad de Zhuran y bajo su protección, y otra muy diferente ir a un palacio plagado de gente desconocida. Tendría que aparentar que realmente pertenecía a ese mundo, prepararme para ello…

―Alteza, le agradezco enormemente la oportunidad ―dije, inclinando mi cabeza―. Pero debo pensarlo, yo… no sé desenvolverme entre los nobles y me sentiría un poco insegura… Además, podría meter la pa… digo… hacer algo que la decepcionaría o avergonzarla ―corregí a tiempo.

―Eso es algo que podría arreglarse con unas cuantas clases de etiqueta que Tomoyo podría darle ―dijo, restándole importancia con su mano.

―Aun así… si me lo permite, me gustaría pensarlo.

La princesa hizo un mohín digno de una niña que no se había salido con la suya, pero afortunadamente me concedió el tiempo, haciéndole prometer que le tendría una respuesta en tres días. Le di mi palabra que así sería, considerando que ese era tiempo suficiente para hacerle cacería a cierto duque mentirosito y exagerado.

«Espero que estés preparado para el interrogatorio, Shaoran Li», pensé.

La puerta se abrió y por ella se asomó la imagen majestuosa de la duquesa viuda. Era una mujer que poseía un aura tan fuerte que intimidaba con su mera presencia, y más cuando la había visto en acción.

Enseguida, Tomoyo, Layla y yo hicimos una reverencia ante ella, pero al enderezarnos noté que sus ojos azules estaban posados en mí, quizás preguntándose qué hacía yo con la princesa.

―Se me hace familiar su rostro ―dijo, colocando su abanico cerrado en mi mentón para hacerme subir la mirada―. Oh sí, esos ojos. Fue usted quien nos ayudó la noche del ataque.

―Sí… así es, su gracia.

―La he llamado para agradecerle, tía ―explicó la princesa colocándose a mi lado―. Es una joven muy noble, no ha aceptado mis intenciones de compensarla.

La mujer sonrió levemente y bajó el abanico.

―La honestidad y la lealtad son virtudes que deben ser alabadas y protegidas ―dijo, asintiendo―. Cuenta usted con nuestra gratitud y espero que en algún momento podamos retribuirle.

No dije nada, sólo me limité a asentir e inclinar la cabeza. Ya sabía de dónde había sacado Li ese porte tan fastuoso: esa señora proyectaba la presencia de una reina y no estaba exagerando.

En definitiva, ¡me declaraba su fan!

―Puede retirarse, Sakura. Pero no olvide considerar mi propuesta, tiene tres días.

―Lo haré, alteza. Se lo prometo ―mencioné y dejé la habitación de la princesa atrás sintiéndome aliviada de que esa charla hubiera finalizado… aunque el sentimiento no me duró mucho.

Debía tomar una decisión. Si bien Zhuran representaba mi zona de confianza, mi refugio, Li había sido claro al decir que allí no conseguiríamos las respuestas que yo quería obtener. ¿Debía tomar la oportunidad para cambiar de escenario? ¿Ir a Diem? Posiblemente habría bibliotecas enormes qué podría revisar, ya que, siendo una doncella de la princesa, podría acceder a esos sitios, ¿verdad? Era una gran ventaja… el problema radicaba en que no sabría cómo desenvolverme o a quien preguntar sin levantar sospechas, allí necesitaba de Li.

Solté un suspiro lleno de pesadez, el duque era una persona con poder y grandes responsabilidades porque de sus decisiones dependían las personas de su ducado. En sus hombros descansaban sus destinos… y yo quería sumarle una nueva carga.

Cuando llegué a la segunda planta, mis pies se frenaron al escuchar un sonido… uno que yo conocía muy bien. Mi piel se erizó en respuesta y los latidos de mi corazón se dispararon a niveles incalculables, incluso podía sentir cómo se iba gestando en mi interior la excitación.

Siendo tentada por ese sonido tan glorioso y mágico, mis pies se movieron en su búsqueda sin reparar en nada más. Las notas eran ejecutadas con tal maestría que me hacían suspirar y anhelar poder encontrarme con su ejecutante, evidenciar con mis ojos lo que mis oídos escuchaban. Su entrega a la música y su pasión, porque eso era lo que podía captar de ella, un ímpetu tan desbordante que estremecía cada rincón de mi ser.

A medida que avanzaba, el sonido se hacía más fuerte; un vibrato maravilloso y poderoso hacía sollozar las cuerdas y mis manos picaban por deslizarse sobre ellas también, para producir yo los gemidos de mi alma. Porque eso era lo que deseaba, dejar que mi espíritu hablara a través de la música, desahogar el miedo que había estado conteniendo en mi interior y que amenazaba con convertirme en su presa.

Llegué hasta una puerta, mi boca se secó al escuchar la melodía al otro lado. El pecho se me infló de tanta alegría con las notas rápidas y potentes, que ni siquiera me detuve a pensar que podría ser regañada por interrumpir, no me importaba nada más que encontrarme al fin con aquello que amaba. Posé mi mano sobre la perilla y, sin dudarlo siquiera, ejercí presión hacia abajo, la puerta se abrió.

El sonido inundó mis oídos de forma extraordinaria, las reacciones físicas de mi cuerpo se duplicaron y enseguida mis labios tiraron hacia arriba en una sonrisa que no podía ni quería esconder. ¡Cielos! No sabía si reír o llorar. Busqué casi con desesperación a aquel que ejecutaba las notas de forma prodigiosa y mis ojos se abrieron a más no poder cuando lo vi al otro lado de la habitación. Se trataba precisamente de la persona que ansiaba ver… Shaoran Li.

Sus dedos se deslizaban por las cuerdas con una presteza maravillosa y su ejecución del arco estaba tan llena de fuerza, que producía sonidos vibrantes, seductores e hipnóticos. No reconocía la melodía, pero podía sentir en mi piel su frustración, su molestia y sus temores. Era tan intenso que tuve que abrazarme a mí misma para calmar los temblores de mi cuerpo.

Y como si fuera una polilla y él mi luz, me acerqué un poco más, extasiándome con tan magnífica visión. Un hombre de su porte y de su fuerza, meciendo su cuerpo al ritmo de la melodía de su alma, sosteniendo delicadamente el instrumento mientras acariciaba sus cuerdas con una sensualidad que no debería ser legal.

Mordí mi labio inferior para no dejar libre los suspiros que querían brotar de mis labios, y buscando serenarme, cerré mis ojos para enfocarme únicamente en su música. Fue peor. Podía sentir cómo su melodía vigorosa acariciaba mi piel, haciendo suyos mis sentidos con cada nota. Mi temperatura aumentó y el calor se concentró en mis mejillas, esa sensación era tan exquisita que simplemente dejé de pensar y sólo me enfoqué en sentir, en descubrir el alma del hombre regio que tocaba el violín frente a mí… y era hermosa. Por los dioses que lo era porque la música no mentía.

Nunca.

Podía ver colores, el naranja ardiente del sol que se fundía con el púrpura anunciante de la noche, un crepúsculo extraordinario y conmovedor. Precioso, sublime, perfecto.

―¿Qué hace aquí? ―La música cesó con la pregunta.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para salir del trance al que me había sometido. Abrí mis ojos y parpadeé varias veces, tratando de calmar los latidos de mi corazón y disipar el calor de mi rostro antes de siquiera atreverme a mirarlo.

―¿Está bien? ¿Acaso… es por su bendición? ―Lo sentí acercarse y cuando sus botas estuvieron en mi campo de visión, subí un poco la mirada. El violín y el arco estaban siendo sujetados por su mano izquierda y no pude frenar el impulso de llevar mi mano a la suya.

Pude sentir la tensión de su brazo a través de sus dedos ante mi toque, pero no me importo. Deslicé mi mano hacia el caracol y sonreí con emoción al sentir las curvas bajo las yemas de mis dedos.

―Es un instrumento majestuoso ―susurré, sin dejar de sonreír―. Y tu forma de tocar es… extraordinaria. Transmites muchísimo sentimiento. ―Levanté la mirada y me encontré con esa mirada casi dorada que decía mucho a pesar de la inexpresividad de su cara.

―No ha respondido mi pregunta.

―Venía de la habitación de la princesa cuando te escuché y literalmente fui seducida por el violín ―dije, ampliando mi sonrisa. No me avergonzaba confesarlo ya que ese instrumento era mi pasión, y las pasiones no merecían ser ocultadas―. ¿Puedo?

Li alzó su ceja izquierda como solía hacer cada vez que no estaba de acuerdo con algo que yo decía, pero contrario a lo que creí, me confió el apreciado instrumento. Mi corazón volvió a latir como loco al tenerlo entre mis manos, era precioso, de un color caoba muy oscuro, y por lo que había podido oír, no tenía nada que envidiarle a uno fabricado por el mejor Luthier. Incluso podía hacerle fácilmente competencia a mi compañero… Como me gustaría tenerlo a mano para compararlos.

Deslicé mis dedos por las cuerdas metálicas y me atreví a hacer un pequeño pizzicato, la cuerda La vibró y produjo el sonido que esperaba, hice lo mismo con las otras tres. Estaba perfectamente afinado.

―¿Sabe tocarlo? ―Asentí embobada por las cuerdas que no dejaban de vibrar entre mis dedos. El arco apareció frente a mí y alcé mi mirada hacia Li, me instó a tomarlo―. Me gustaría escucharla.

―No toco música de tu mundo.

―Por eso mismo, quiero oír lo que el suyo tiene para ofrecerme ―dijo, mostrando una diminuta sonrisa que por poco paralizó mis latidos. ¡No le había visto sonreír nunca!―. Quizás los movimientos se llamen diferentes, incluso las notas, pero la música es una sola.

Sus palabras me llegaron, realmente lo hicieron porque yo pensaba lo mismo. Él era un noble, un duque, pero teniéndolo frente a mí… escuchando sus palabras y su música, no podía verlo diferente. Era un hombre, uno un poco prepotente al que me gustaba llevarle la contraria, pero un ser humano, al fin y al cabo.

Tomé el arco, enderecé mi espalda y coloqué el violín en posición, sintiendo como la mentonera se adaptaba a mi barbilla. Cielos, estaba tan emocionada que mis manos temblaban. Respiré profundo un par de veces y a la tercera expiración, deslicé el arco por la cuerda Sol; una corriente recorrió mi espina dorsal y una sonrisa brotó desde lo más profundo de mi alma.

¡Amaba ese instrumento!

Como tenía tiempo sin tocar, lo primero que hice fue tocar algunas escalas y ejecutar varios movimientos con el arco, mis dedos no parecían estar fuera de forma porque se movían frenéticos por las cuerdas, deseosos de crear los más celestiales sonidos. Habían extrañado reunirse con sus amantes.

―¡El sonido es precioso! ―dije con emoción―. Tocaré algo de Vivaldi, era un gran violinista de mi mundo y creó piezas asombrosas.

Li no dijo nada, sólo se apoyó contra una mesa para disfrutar de lo que yo tocaría para él.

Cerrando mis ojos, dejé que la música fluyera de mi alma hacia las cuerdas. El concierto en La menor de Vivaldi era uno de mis favoritos, así que toqué el primer movimiento con entusiasmo. El sonido del violín era perfecto, la potencia era la adecuada, y los forte resonaban en el salón con intensidad, como debía ser.

Y dejándome abordar por los sentimientos de la música que el violín y yo emitíamos juntos, llegué inevitablemente a las cuatro estaciones. No podía tocarla completa porque era muy larga, pero sí quise resaltar esas partes tan características, para que él pudiera sentir en su piel cada una de ellas. Primavera, siendo tan suave y llena de trinos que evocaban el cantar de los pájaros; el renacer de la vida en la tierra. Luego, los cálidos sonidos del verano que transmitían las emociones de la temporada, tan fuertes y llenos de voluntad como el fuego. Y el otoño llegó después, ofreciendo notas sutiles y delicadas que ondeaban como las hojas secas que danzaban libres en el viento. Y por último el invierno que estaba lleno de sonidos rápidos y profundos, manifestando el sentir en el cuerpo por una ventisca helada y la transformación.

Y llegando al final, decidí cambiar de estilo. Uno más moderno que quizás podría mostrarle a él lo que en mi mundo había, pero que a su vez servía para expresar mi sentir. Trascendencia, así se llamaba la pieza, y la escogí porque precisamente así era como veía ese momento. Un instante importante, único y de gran valor, que marcaría un antes y un después para ambos.

Había visto abiertas las puertas del alma de mi aliado y yo le abría las mías voluntariamente. Le estaba revelando a Shaoran Li lo que había en mi interior: mi miedo, dudas y ansiedad. Mi cuerpo comenzó a moverse y mis pies se deslizaron por el mármol con el ritmo, entonces una lágrima corrió por mi mejilla como resultado de los sentimientos que brotaban de mi alma, aun así, la sonrisa de mis labios no se extinguía. Todo lo contrario, se hizo más amplia. Y continué tocando, más y más, dejando que mis emociones se desbordaran como cascada, haciéndome sentir extasiada… ¡libre! Porque al fin podía ser yo misma, Sakura Kinomoto había emergido, y estaba feliz. ¡La música había vuelto a mí!

Cuando la última nota fue ejecutada y el silencio volvió a envolvernos, mis ojos se mantuvieron cerrados; mi respiración era agitada y el sudor bajaba por mi frente, pero mi espíritu estaba radiante de alegría. Nadie, absolutamente nadie podría borrar la sonrisa que tenía en mis labios.

Unos dedos cálidos trazaron el camino surcado por el par de lágrimas que se habían escapado de mis ojos. Desde mis pestañas hasta llegar a mi mentón.

―Si usted dice que mi ejecución fue extraordinaria, la suya me ha dejado sin palabras.

La forma en la que había hablado y su sutil caricia despertaron ciertas emociones que tenía tiempo sin experimentar, era como ser tocada por los cálidos rayos del sol de verano, que despejaba la frialdad de la soledad.

Abrí los ojos y lo que vi me dejó casi sin aliento. Su mirada, esa que derrochaba poder, estaba completamente dorada. Esa vez el estremecimiento no fue causado por la música.

―Bueno… ―Aclaré mi garganta al sentirla seca de repente―. En realidad, soy una violinista en mi mundo. Una de las mejores de mi país… según dicen.

―No lo pongo en duda ―dijo, cruzándose de brazos―. Si no hubiera visto su bendición con mis propios ojos, diría que tendría una ligada a las artes. ―Mis ojos se abrieron completamente al escuchar su risa grave y varonil de boca cerrada.

¡Oh cielos! ¡Se había reído! Levemente, pero ¡una risa con todas sus letras! Y debía decir que le lucía. Sus facciones se suavizaban, haciéndolo lucir más joven…

―¿Por qué me mira de esa forma?

―Es que… te has reído.

―¿Y qué tiene de especial eso?

―Pues… para alguien que se la pasa inexpresivo la mayor parte del tiempo, es especial… Y es una lástima por qué tienes una risa muy agradable, es profunda y rebosante de matices, como una melodía de violín ―dije, riendo.

―¿Debo tomar eso como un cumplido? ―Asentí sin dudarlo―. A veces creo que usted me considera un témpano de hielo. ―Oh cielos… ¿Ahora una sonrisa ladeada?

Tragué grueso, demasiado para mi pobre sistema nervioso.

―No tanto como… un témpano, pero debes aceptar que tu seriedad a veces intimida.

―No a usted, por lo que me ha demostrado ―dijo, alzando su ceja izquierda nuevamente.

Y eso no era del todo cierto, lo que pasaba era que me encantaba contradecirlo por una extraña y placentera razón, pero no estaba dispuesta a decírselo. Así que, desviando la conversación hacia temas más seguros, le comenté que en mi mundo la nobleza era más bien ornamental, la democracia era la que regía y por ello no estaba acostumbrada a lidiar con un duque ni a presentar mis respetos, algo que lo hizo sonreír de nuevo. Vaya que estábamos risueños ese día…

―Eso justificaría su impertinente actitud ―mencionó sin borrar su gesto.

―Se trata de edades ―dije, frunciendo el ceño―. No creo que me lleves muchos años, a pesar de que tu eterno ceño fruncido te haga lucir mayor.

―Le llevo varios.

―Oh no te dejes engañar por mi cara angelical ―dije, apuntando su pecho con el dedo índice de la mano que sostenía aún el arco del violín. Vaya que era duro… Sacudí la cabeza y retomé―: Tengo veinticuatro años, Li. ―Él volvió a sonreír de lado, haciéndome fruncir el ceño―. ¿Por qué te ríes?

―Creía que tenía unos veinte a lo mucho.

―Ah pues… ¿muchas gracias? ―dije, cruzándome de brazos, esperando que él me revelara la suya, pero permaneció callado―. ¿Qué estás esperando?

―¿A qué se refiere?

―Tu edad.

―Nunca dije que fuera a decírsela ―mencionó con su cara muy lavada. Idiota.

―Bien, no me digas. Puedo averiguarlo por otros medios ―le desafié. ¡Era algo natural el llevarle la contraria!

―Imagino que lo hará, es una persona que se caracteriza por empeñarse en salirse con la suya.

Demonios, eso no podía debatírselo, pero tampoco lo iba a aceptar.

―Es bueno que nos hayamos encontrado aquí ―mencioné, cambiando el tema drásticamente otra vez―. La princesa me ha hecho una propuesta y quería discutirlo contigo.

―Si se refiere al ofrecimiento de ser su doncella, ya lo sabía. Yo mismo planteé la idea.

Se me resbaló el violín de las manos por el asombro, pero logré atajarlo entre mis brazos. ¡¿Qué diablos pasaba con él?!

―¿Acaso te volviste loco? ¡Casi me da un infarto por el susto de ser llamada por ella! ¿Por qué hiciste eso?

―Precisamente por eso. ―Me quitó el instrumento de las manos con tranquilidad, para colocarlo en un aparador que estaba a un lado del hermoso piano de cola negro―. Debía mostrar sorpresa genuina, inseguridad y humildad. Aunque no estoy seguro de este último ―dijo, volviendo a reír.

―¡Oye!

―Me imagino que le mencionó que en seis días partiremos a Diem ―dijo, volviendo a adoptar su rostro serio. Asentí, aunque lo de los seis días la princesa lo había omitido―. Fue complicado sortear las preguntas de Mei y estoy seguro que volverá a arremeter, pero esta es la única manera de llevarla conmigo sin levantar sospechas.

―Pero…

―Le prometí ayudarla a descubrir más de su bendición y la forma de volver a su hogar ―me interrumpió―. Lamentablemente, aquí no podremos conseguir mucho, pero en Diem sí.

―¿Cómo lo sabes?

Li guardó silencio por un largo tiempo, pero sus ojos no se desviaron de los míos. Había algo en ellos, oculto, aguardando para salir a la luz… y no había nada más seductor que los misterios. O por lo menos para mí.

―Existe una persona ―dijo al fin―. Es un erudito de la corte y viejo amigo de mi difunto padre; me ayudó en su momento con sus conocimientos y estoy seguro que lo hará con usted.

―Pero… eso significaría decirle la verdad a él ―susurré, sintiendo como mi respiración comenzaba agitarse. Estaba comenzando a entrar en pánico―. ¡Me lo prometiste! ¡Dijiste que guardarías el secreto!

―Es por ello que estoy pidiéndole su permiso. ―Posó sus manos fuertes en mis brazos―. Esta persona es discreta, no dirá su secreto. Se lo garantizo.

―¡¿Cómo puedes estar tan seguro?!

―Lo sé porque él ha guardado mi propio secreto por más de veinte años.

Sus ojos enigmáticos y profundos se fijaron en los míos, y gracias a eso pude reconocer en ellos lo mismo que había visto en los míos todos esos años cuando me veía en el espejo, el temor a ser descubierto… y la soledad. Entonces lo entendí. Ese secreto del cual hablaba era tan grande como el mío… y no pude detener el torrente de preguntas que atravesaron mi cabeza en ese breve instante: ¿tendría que ver ese secreto con su bendición? ¿Habría un lado oculto en su poder que no podía ser mostrado? ¿O sería acaso que Li portaba dos bendiciones? ¿Era eso posible? ¡Demasiadas dudas! Y siendo él tan cerrado estaba segura que no me contaría ni una letra.

Injusto… pero justificado, y lo comprendía mejor que nadie.

Li frunció su ceño y deslizó sus manos sobre mis brazos poco a poco para dejarlos en libertad, dejando que el frío reemplazara su agradable calor.

―Puedo ver las dudas en sus ojos y el miedo, por eso quiero dejarle en claro que es usted quién tiene el control. Si no le parece, entonces buscaré otra forma ―dijo, haciendo que una sensación electrizante me recorriera el cuerpo. Eso… era muy lindo de su parte―. Pero estoy seguro que esa persona podría poseer información valiosa, y si no es así, por lo menos nos guiaría hacia el camino que debemos transitar.

―Estarás muy ocupado con el asunto de la guerra… como para sumarte una preocupación más ―dije, bajando la mirada, pero enseguida sentí sus dedos en mi mentón para alzarlo hacia él.

―Tiene razón, mi reino siempre será mi prioridad, pero también le di mi palabra y pienso cumplirla.

Mordí mi labio inferior para no suspirar, porque sus intenciones en verdad me habían conmovido. Eso demostraba muchísimo acerca de la clase de hombre que era… Diablos, ya comenzaba a caerme bien y me sentí agradecida, realmente lo hacía porque a pesar de todos los problemas y adversidades que le esperaban en Diem, Shaoran Li me seguía tendiendo su mano… y sería un desaire rechazarla, ¿verdad?

―Bien, haremos como tú dices… Confío en ti.

―Un gran paso para asentar mejor nuestra alianza. ―Y otra sonrisa que le quedaba de maravilla, más cuando estaba tan cerca.

―Aún te llevaré la contraria, duque. No creas que eso cambiara.

―No lo consideré ni por un momento.

La puerta del salón se abrió y al girarnos vimos que era Hiragizawa quién había entrado. Sus ojos azules pasaron del duque hacia mí y viceversa, para luego sonreír ladino. ¡Ah, vamos! Era despistada, pero podía intuir muy bien qué clase de pensamientos podían pasar por la cabeza de un hombre.

―¡No pienses cosas que no son!

―No he dicho nada. ―Alzó sus manos.

―No hace falta ―dije, cruzándome de brazos.

―¿Sucedió algo? ―intervino Li, manteniendo su voz serena.

―El capitán Han desea hablar con usted, excelencia. Nuestros pajarillos han cantado.

―De acuerdo.

El joven duque caminó hacia su amigo con su espalda recta y dando esos pasos fuertes que tanto lo caracterizaban, pero a último momento, se giró y me miró sobre su hombro.

―Ya que le gusta tanto la música, puede venir cuando lo desee.

―¿En serio?

La comisura derecha de su boca se alzó y desapareció tras la puerta, siendo seguido por su amigo que me dio una rápida mirada llena de curiosidad.

Caminé de espaldas hasta sentir el borde del mueble y me dejé caer en él; demasiadas emociones para un solo día. Miré al techo y me dije que lo mejor sería mentalizarme que a partir de ese momento habría un cambio de escenario en mi curiosa aventura. Diem… ¿qué me esperaba allí? No lo sabía, pero tenía una corazonada de que no sólo desvelaríamos mis misterios, sino también los de ese duque con ojos de oro… como los de un lobo. Un hombre lleno de enigmas, cubierto por un velo oscuro. Y no sabía por qué, pero la palabra que susurraban las voces constantemente se me vino a la cabeza.

―Heiran ―suspiré.

Mi corazón se agitó y no pude evitar mascullar una maldición. Ah demonios… estaba en problemas.

¡Hola, chicos! Aquí tienen el capítulo once de esta aventura :D Acertaron al decir que Sakura los acompañará siendo doncella de Meilin y vemos que la princesa ya la ha tomado bajo su ala a pesar de que Sakura no le dio una respuesta, ¿cómo será Sakura con ella? ¿Se adaptará a todo el asunto del protocolo? Y vemos que el duque sabe muy bien cómo salirse con la suya :P es bueno con las palabras y como el mismo ha dicho, en esquivar las preguntas de su prima xD ¿Se quedará ella tranquila? Quizás no o quizás es una niña romántica que quiere ver que hay allí como para que su primo se moviera de tal forma haha. Lo veremos después.

Y para los que se preguntaban ¿cómo Sakura descubrirá que Shaoran toca el violín?, pues aquí tienen la respuesta :D Debo decir que después de escribir esta escena la amé con locura porque transmite mucho, o por lo menos así lo sentí y espero que para ustedes haya sido igual :D Por eso este es mi capítulo favorito, porque marca un antes y un después para esos dos. Más que aliados y confidentes, porque Shaoran conoce los secretos de Sakura, comparten algo más profundo que es la música y eso los ha unido. Hay una trascendencia como ha dicho Sakura.

Y ahora sí ¡nos vamos a Diem! ¿Qué encontraremos allí? ¿Estará todo tranquilo? ¿De qué erudito habla Shaoran? ¿Y qué clase de información cantaron los pajarillos traidores? :O ¿Habrá más acercamiento entre Sakura y Shaoran? ¿El Caído que estará planeando? Eso lo veremos en los siguientes capítulos.

Muchas gracias a todos los que me han dejado sus valiosos comentarios, me muestran cuanto disfrutan de la lectura y espero que este capítulo haya sido de su agrado porque, como les dije, lo escribí con mucho cariño y es de mis favoritos. Me dicen que tal les fue con las canciones :D Siempre contesto, pero ya que a mis queridos guest no puedo, les envío saludos y a Noedrian que si me dejó su nombre allí ;)

Y nuevamente, les agradezco a mis lectores cero Pepsipez y WonderGrinch que me prestaron sus ojitos para la revisión y por sus comentarios oportunos :D

Espero sus opiniones acerca de este capítulo, estaré encantada de leerlas. ¿Seguimos juntos en esta aventura? Espero que sí. ¡Nos vamos a Diem!

Les recuerdo que todos los miércoles dejo adelantos en mi página de Facebook, así que pasen por allí para estar enterados de esto y mucho más :D Y por cierto, quiero agradecer a todos los que me escribieron sus buenos deseos con "El Príncipe de la Máscara", les agradezco un montón porque ustedes son parte de todo esto.

Nos leemos en el siguiente.

Un beso para todos y mucho ánimo chicos,

CherryLeeUp.