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Pd: El proceso de marcar las casillas sólo necesita hacerse una vez. Espero les ayude.
Tazuna le había repetido el mensaje que Sasuke le había dejado palabra por palabra antes de desaparecer sin más pistas con una mueca de disculpa. La acudió un leve mareo conforme sentía la conocida sensación fría y hueca del miedo en su estómago, pero se mantuvo firme y se las arregló para emitir un débil -Oh- y un incierto -Okay- antes de que él se apresura a decir cosas tranquilizadoras como -Seguramente volverá pronto- y -Él de hecho dijo que volvería.- Por supuesto que sabía que había algo raro con Sasuke últimamente, pero él era bastante directo para manifestar cuando algo andaba mal, incluso más si era ella la fuente primaria de su descontento.
Sin importar cuanto había intentado que hablara de lo que le estaba molestando él se sacudía sus esfuerzos; pero ni siquiera una vez tuvo la impresión (como la había tenido varias veces antes) que cuales fueran los sentimientos negativos que había estado albergando estos tenían que ver con ella. Al menos eso había pensado, cuando se fue empezó a creer que la culpa debía ser suya. Sasuke estaba mucho mejor predispuesto hacia ella, realmente había sentido que alcanzaban otro nivel de confianza; aunque si ese hubiese sido el caso seguramente al menos le habría contado cual era el problema. Sabía que le había gustado quedarse en la casa de Tazuna, no porque él de hecho se lo hubiese dicho, sino porque podía notarlo. Ella era la única cosa con la que sólo recientemente se llevaba bien, al menos después de sus conflictos pasados. Suponía que Sasuke y ella no habían mejorado tanto como se había hecho creer.
Con la preocupación creciendo a la par de los días de su ausencia empezó a estar un poco resentida por ello. No era sólo que había puesto todo su empeño, corazón y alma en construir un vínculo de confianza con el que él pudiese contar y le permitiese ayudarlo a resolver cualquiera de sus problemas, habían estado viajando juntos durante meses, eran compañeros e incluso se habían convertido en amigos. ¿Cómo era que él la había dejado de repente, sin ni siquiera decirle a dónde se dirigía y cuándo pensaba que iba a regresar, dejándola tan angustiada?
La única vez que ella había hecho algo parecido era demasiado dichosa para entender el enojo de Sasuke-estaba muy feliz de que él pareciera tan molesto porque eso significaba que le importaba-cuando huyó del país del Rayo sin decirle ni una palabra, pero ahora podía. Por alguna razón ya no podía conectarse con el miedo que al principio había sentido apenas Tazuna le informó de la ida de Sasuke, en lugar de sólo estar preocupada también había empezado a estar furiosa. ¿Cómo se atreve? Incluso había tenido el descaro de decirle que no volviese a hacer algo tan estúpido de nuevo, ¿Alguna vez pensaba en seguir sus propios consejos?
Se le escapó un bufido cuando cortó el repollo a la mitad y la hoja del cuchillo se hundió en la tabla de picar.
-Supongo que Sasuke-san tiene suerte de que esa no sea su cabeza.- Los ojos de Tsunami estaban muy abiertos, pero su tono era gentil.
Estaba absolutamente mortificada. -Lo siento mucho,- sacó el cuchillo y vio el tajo alarmantemente profundo en la madera. La mujer hizo un gesto despreocupado y ella se encorvó al apoyar las manos en la encimera, derrotada. Ni siquiera sabía manejar ese tipo de emociones con Sasuke, usualmente era Naruto el que lograba ponerla furiosa; aunque la idea de arrojarle algo a la cabeza a Sasuke a modo de desquite le era bastante menos instintiva de lo que solía serlo con Naruto.
-Los chicos pueden ser difíciles.- Mencionó Tsunami, troceando sus propios vegetales. -Los hombres en general. Además, Sasuke-san parece un joven reservado, ¿No es así?-
-Lo es.- «Pero no conmigo. Ya no más, o al menos eso pensaba.»
La mujer leyó su renuencia y le preguntó en un tono empático. -¿Te preocupa que esté en peligro?-
Ella negó con la cabeza, ligeramente sorprendida de descubrir que no era así. A pesar de todos los ataques y el conocimiento de que Sasuke era un blanco andante, sólo alcanzaba a sentirlo por cualquiera que se cruzase en su camino. Luego de algunos segundos de meditarlo se encontró a punto de decir-y callando- diversas formas de explicarle a Tsunami porque el asunto le molestaba tanto; estuvo a punto de argumentar que «Sasuke no se iría así sin más» pero la verdad era que si bien no lo había hecho en esos últimos meses juntos, su angustia al respecto se debía al pasado en el que Sasuke totalmente se había ido sin más.
No quería admitir que era su propio trauma el que volvía la partida de Sasuke un problema, pero era probable que Tsunami lo pensara de todos modos. Después de todo, él si dijo que volvería, y la parte de ella que no estaba terriblemente preocupada por lo que le estaba pasando y realmente quería llorar sabía que Sasuke no lo habría dicho si no planeara volver.
-Tendrás el derecho a disgustarte cuando regrese.- Tsunami la consoló. -Estoy segura de que arreglarán las cosas entonces, te lo digo por experiencia. Después de años como hija, esposa y madre se aprende a mantener la calma sobre las cosas que están momentáneamente fuera de tu control.-
Consideró seriamente intentar rastrearlo así como él hizo con ella en Kirigakure, pero mientras más lo pensaba el «derecho a disgustarse» iba perdiendo más y más sentido mientras su parte sensata le iba ganando terreno a la voz estridente de su yo interna, hasta convencerse de que tal derecho realmente no existía. No podía acusar a Sasuke de ser algo más que descortés por no haberle dicho personalmente que planeaba irse, él tenía derecho a elegir no develar los asuntos que consideraba privados y también podía ir a donde quisiese cuando quisiese. Él era un adulto y ella no tenía derechos de hija, esposa o madre. El vínculo entre ellos, aunque fuerte, no daba cabida a esa clase de reclamos o exigencias.
Aunque su sentido común hubiese ganado la batalla, este nunca había sido rival para sus sentimientos. Convencerse de que hacía lo correcto en esperar no evitaba que divagara en los motivos por los cuales Sasuke parecía tan extraño últimamente y estos la consumieran lentamente junto a los días y la preocupación. Durante el día se esforzaba por mantener la calma y ser funcional alrededor de Inari y su familia, pero por las noches apenas y podía dormir. Una parte de ella se negaba a descansar desconociendo si Sasuke se encontraba bien y estaba perennemente a la expectativa de que volviera.
La habitación se había vuelto gigante sin él y se demoraba cada vez más en irse a la cama noche tras noche, por esa razón cuando finalmente regresó lo supo de inmediato. Parpadeó hasta asegurarse de que realmente era él y el resto de su cuerpo se detuvo en tensión: a pesar de su razonamiento previo, no estaba segura de si quería correr y reclamarle por lo molesta que estaba o abrazarlo por el alivio que sentía de que hubiese vuelto.
Sasuke le dirigió una mirada directa y penetrante, de esas que solían ser lo bastante intimidantes como para haber visto a otros rehuirlas. Probablemente tenía que ver con que a pesar de que él tenía la habilidad innata de permanecer impasible, sus ojos siempre estaban cargados de intensidad.
-Tadaima.- El tono usualmente plano de Sasuke resultó sorpresivamente vehemente y a pesar de no ser efusivo, por alguna razón la expresión sonó como una disculpa. Incluso los reclamos de su yo interna fueron acallados por completo.
-Bienvenido.- Murmuró, algo aturdida.
Conforme lo observaba con detenimiento sus impulsos iniciales fueron superados por la aprensión, desde ahí podía ver claramente los círculos oscuros alrededor de sus ojos, el encorvamiento de su postura; la fuerza en su mirada empezó a parecerle algo febril. Desestimó las cosas que había planeado hacer o decir en cuanto volviera sin siquiera un pensamiento y casi se abalanzó sobre él para comprobar su temperatura, colocando el dorso de la mano sobre su frente. La piel de Sasuke llameaba y no le sorprendió que se estremeciera cuando palpó su rostro y la hendidura de su cuello, sus manos debían parecerle bastante frías en comparación.
-Estás ardiendo.- Le informó, alarmada y Sasuke hizo una mueca. Las preguntas que supuso haría, los por qués y a dóndes también fueron omitidas. Era evidente por el estado de su ropa que había estado viajando bajo la lluvia y por el momento lo único importante en su mente era ponerle algo seco. -Vamos, tienes que quitarte todo.-
Le costó trabajo darle espacio para que se deshiciera de las prendas mojadas sin hacer más para ayudarlo que despojarlo de la capa antes de que entrara al baño. Había cierto alivio en el hecho de que a pesar de arrastrar los pasos y desplomarse de una forma menos grácil sobre el futon debido a su afección por fin ella estuviese allí para intervenir de ser necesario; este coexistía con la angustia que le causaba estar tan poco acostumbrada a ver debilidad en Sasuke. Tomó su mano, fría y sudorosa, mientras revisaba su estado general.
-¿Vas a decirme que sucedió?- Le susurró una vez comprobó que no estaba pasando nada grave.
La mirada vidriosa de Sasuke se enfocó de nuevo y recobró su seriedad antes de responder. -No.-
Sonó bastante rotundo como para no discutirlo, pero aunque no lo intentó, volvió a sentirse algo molesta. Durante días pensó que enloquecía de preocupación, él regresaba en un estado que justificaba su agitación y no se molestaba ni un poco en subsanar sus dudas. Su yo interna ahora tenía un lanzallamas por boca que vociferaba su verdadera opinión al respecto, pero su rostro apenas y mostraba contrariedad. Sin embargo, Sasuke la miraba con atención, las mejillas coloreadas por la fiebre, como si estuviese escuchándola.
Se sorprendió cuando sintió que estrechaba ligeramente sus dedos, en un gesto extraño de su parte pero que sin duda intentaba ser tranquilizador. -Estoy aquí.- Dijo él en voz baja.
La momentánea amargura se disipó. Se sintió enternecida y de alguna forma reconfortada, incluso las más pequeñas manifestaciones físicas voluntarias de Sasuke eran extrañas y a todas las consideraba valiosas. Ahora eran amigos, se recordó, debía actuar como tal.
-Por supuesto,- afirmó ella suavemente, sonriendo un poco por primera vez en días. No importa a donde fuiste, no realmente, si regresaste. Pensó para convencerse. -Sigues siendo una molestia.-
En algún punto aquel cúmulo turbio que se había asentado en el fondo de sus entrañas ascendió hasta su pecho, ocupando espacio vital que hacía que respirar resultase más difícil de lo que lo era antes de reconocer que estaba allí. Empezó a deteriorarse con una rapidez que no le sorprendió y más bien le pareció una consecuencia natural, la manifestación externa de lo mal que debían verse las cosas en el interior. De a ratos se sumergía en una pseudo-inconsciencia agitada de la que emergía tal como si lo hiciese de un frío pozo negro, helado y aturdido, y la imagen de ella a su lado resultaba como la primera bocanada de aire. Hacía mucho que Sakura había empezado a adentrarse como una enfermedad dentro de él, pero sólo ahora su cuerpo estaba haciendo un esfuerzo por defenderse; reaccionaba a su estímulo de forma violenta y al intentar purgarla de su organismo no tenía en cuenta lo maltrecho que lo estaba dejando a él.
El frío que sentía sobre la piel le causaba estertores, pero de alguna forma también podía percibir el calor que lo quemaba desde el interior. Sakura le colocaba compresas empapadas sobre la frente que resultaban desagradables, las gotas frías escurriéndosele desde las sienes hasta el cabello; pero la humedad de su propio sudor resultaba un alivio fresco. Se había enfermado pocas veces en la vida y ninguna había sido demasiado relevante, se preguntó si era posible morir de esa manera.
-No estás muriendo, sólo pescaste un resfriado por andar descubierto bajo la lluvia.- Sakura lo contradijo y se dio cuenta de que el estupor de la fiebre lo estaba haciendo delirar. -Por alguna razón los hombres son más sensibles a la enfermedad. Todos siempre piensan que se están muriendo, pero una vez pase la fiebre te sentirás mejor.- Intentaba bromear al respecto, por supuesto, tú no eres la que se está muriendo, pero no lograba enmascarar por completo la preocupación de su rostro.
No consideró en ningún momento que el mal que lo afectaba no fuese producto de su consternación; sabía que contra lo que luchaba era un conocimiento, no un virus. Los manuscritos médicos de Sakura señalaban que las emociones eran concebidas en el cerebro y era una creencia que también fluían a través de los canales de chakra. Tal vez sólo si ella examinaba su cabeza tendría una idea del verdadero problema, se daría cuenta de que estaba sucediendo. La sugerencia hizo que se apartara de la mano que lo examinaba con brusquedad.
Los intervalos gélidos y abrasadores perdieron algo de fuerza y el resto del tiempo se asentó en un profundo cansancio del cual no podía deshacerse. Intentaba dormir tanto como le era posible, pero su sueño se interrumpía con imágenes y situaciones inconexas que de alguna forma siempre incluían a Sakura, como había sucedido mientras se encontraba lejos. Algunos eran recuerdos perdidos, suyos o de ella, otras creaciones nuevas e inquietantes de cosas en las que nunca se había atrevido a pensar. La inconsciente oscuridad del sueño se había acortado hasta casi desaparecer y cada vez apenas cerraba los ojos su mente proyectaba un carrete interminable de escenas de modo que el descanso no existía; incluso menos cuando despertaba agitado y con el corazón latiéndole en la garganta, las emociones recorriéndolo aún intensas y el periodo posterior de la ansiedad que le causaba ser presa de esas reacciones evitando que cerrara los ojos de nuevo, la intensidad de sus pensamientos manteniéndolo siempre despierto.
Desde que había regresado a casa de Tazuna no había tenido ningún respiro. Estaba harto, irritado por la falta de sueño y la desagradable vulnerabilidad que venía con todo el problema. Tener a Sakura revoloteando a su alrededor todo el tiempo empezó a sacarlo de quicio. Estaba molesto porque se estaba consumiendo en algo contra lo que no podía pelear y aún si no llegaba a culparla por instigarlo, con seguridad no le mejoraba las cosas.
-Te ves algo afiebrado de nuevo,- comentó ella, hablando rápido, haciendo un alboroto a su alrededor y buscando con los dedos el pañuelo de la frente. -Deberíamos probar otra cosa... Cubrirte con más mantas, no puedo darte nada más por algunas horas. No entiendo por qué nada está funcionando, Sé que no quieres hablar de ello, pero ¿Hubo algo durante tu uhm... viaje que pueda darnos una pista?-
Estaba agotado, de la fiebre, todas las sensaciones y también de Sakura. La última cuerda de su tensión se rompió inadvertidamente, pero su voz sonó llana y serena. -Déjame solo.-
Sakura se le quedó mirando aturdida durante unos segundos. -Tal vez si mejor tomas un baño...-
-¡No estás ayudando, Sakura!- Le espetó. -¡Déjame solo!- Quería un momento de paz.
El rostro de Sakura la mostró herida antes de cerrarse en una expresión predeterminada y estoica. En ese instante su mente proyectó imágenes de recuerdos lejanos: vio una bandeja de metal con una manzana a medio pelar en las manos de Sakura y luego en el suelo cuando él la sacudió de un manotazo; los ojos verdes, incrédulos y lastimados los mismos que justo había visto.
-Está bien.- Dijo ella en un tono monocorde.
Sólo pasaron unos dos segundos pero el arrepentimiento, el remordimiento y la culpa se aglomeraron en ese escaso espacio de tiempo, el frío vacío del error en su estómago evitando que reaccionara antes de que Sakura le diera la espalda y se retirara de la habitación.
La soledad no le trajo paz. Por el contrario, la agonía que había estado padeciendo trascendió a otro nivel cuando su grito por tranquilidad terminó empeorando las cosas. Estaba lo suficientemente cansado como para intentar ignorarlo, pero la ansiedad se acumuló en su abdomen como un charco de ácido; siempre que intentaba quedarse dormido aparecía la imagen del rostro dolido de Sakura y también el fuerte impulso de levantarse, ir a buscarla y hacer algo que borrara esa expresión, lo que hacía que abriera los ojos y el sueño se alejara aún más.
La sensación pesada y adolorida de su cuerpo terminó por sobreponerse a la inquietud de su mente. En la oscuridad que le siguió la encontró como le era familiar últimamente, el rostro intemporal decepcionado. Se encontró a si mismo disculpándose con una vehemencia con la que nunca se había disculpado en la realidad cuando no pareció conmovida, sin saber si lo hacía por su reciente altercado o por algún otro motivo del pasado. Lágrimas se derramaron de los ojos de Sakura pero no cayeron al suelo, sino sobre su frente. Despertó al mirar hacia arriba.
Su corazón se aceleró en medio de la confusión al abrir los ojos, la mujer sobre él estuvo desenfocada durante un segundo en el que pensó que era su madre. Tsunami. Sus hombros se desplomaron contra el futon cuando su visión se aclaró.
-¿Dónde está Sakura?- Su voz sonó ronca.
Tsunami volteó el paño que escurría sobre su frente. La observó con mayor cuidado de lo que lo había hecho antes, su madre tenía un rostro bondadoso y sus ojos eran grandes y a menudo parecían tristes; no se parecía en nada a la hija de Tazuna, tal vez a excepción de los reflejos azules en el cabello.
-Sakura-san me pidió que vigilara que tu temperatura no 'empeorara y volara tu terca y malagradecida cabeza'.- Repitió ella con algo de humor, aunque se mantenía reservada. -Estaba bastante disgustada así que Inari se ofreció a llevarla a algún lugar. Confío en que estará de mejor humor cuando regrese, sobre todo si tu cabeza sigue en su lugar.-
Sakura debía estar realmente molesta con él si había dicho algo así en voz alta.
En lugar de irse, la mujer adivinó su inquietud. Lo miró durante unos segundos en los que pareció sopesar si era correcto dirigirse a él o no antes de decidirse a hacerlo.
-Desde que te fuiste ella trató de conservar la calma para no preocuparnos, pero siempre la encontraba mirando las puertas. Te estuvo esperando todo el tiempo, y creo que no me equivoco al decir que apenas tuvo algo de descanso mientras lo hacía. Estuvo preocupada todos esos días y no ha dejado de estarlo desde que regresaste porque estás enfermo.- No sonaba como si estuviese reprendiéndolo, pero lo sintió así. Había sido lo suficientemente desgraciado con su propio agotamiento como para pensar por un momento en que Sakura había estado pasando algo similar. Ahora el rostro de Sakura de la última vez no sólo se veía herido, tenía una sombra de cansancio que le hizo preguntarse cómo antes lo había pasado por alto.
»Sé más amable con ella.- Sugirió, y luego de una pequeña pausa añadió, -puede que sea extraño de creer para un chico tan apuesto como tú, pero es muy difícil encontrar personas que te amen, sobre todo cuando les has mostrado incluso las peores partes de ti, esas que ni siquiera a ti te gustan.-
Tsunami le dio una pequeña sonrisa tímida antes de dejarlo sólo y en ese momento le encontró parecido con Mikoto.
Sabía a lo que la mujer se refería. Había amado a su familia porque había nacido con el apego en las venas; su madre, padre y hermano lo habían amado por encima de otros porque estaban predispuestos a hacerlo por quien era, de igual forma él a ellos. Nunca había tenido otra clase de amor y por eso en un principio no pudo entender su apego hacia Naruto y luego con el resto de su equipo: había sido una elección mutua, incluso contra su voluntad. Siempre le había parecido absurda la forma en la que Sakura lo quería, pero padeciendo las cosas como ahora lo hacía, desarrolló algo cercano a la simpatía. No podía existir en paz si las cosas no estaban parejas entre ambos.
Estuvo atento a su regreso, cuando cruzó la puerta de la habitación se detuvo al verlo de pie. Su rostro no mostraba ninguna expresión y su cuerpo no estaba tenso, pero de alguna forma eso era peor. Entendió el derrotero por el cual la culpa había encarrilado sus sueños, quería disculparse, pero en su subconsciente era más fácil. Era cierto que Sakura recientemente se había convertido en algo parecido a una espina en su costado, pero hasta ahora no había pensado en todo el tiempo en el que Sakura se había preocupado y sufrido por él. Seguramente para ella, él debía ser algo mucho peor que una espina.
-He sido una mayor molestia para ti de lo que tú alguna vez has sido para mí.-
Su revelación le había parecido correcta en su mente, pero al decirla su rostro se arrugó un poco. No quería que pensara que era una molestia, porque no era lo que quería decirle. Su breve ausencia había sido la verdadera molestia, al igual que su ansiedad por haberla lastimado. Las palabras, sin embargo, no parecían abarcar lo que realmente quería decir. No quería decir que la entendía, porque no sabía si lo hacía y una parte de él aún esperaba que todo ese estado fuera pasajero. Quería que volviera a ser fácil apartar la vista de las cosas cuando aparecían frente a él.
-Es cierto.- Respondió Sakura en voz baja. Su rostro ya no le pareció tan inexpresivo como cansado, se había encorvado un poco y él sintió una vez más el aguijón de la culpa. -Sé que no te sientes bien y que todo el proceso puede ser agobiante, pero créeme que quiero que mejores tanto como tú. Esto ya debía haber mejorado hace un par de días y puede que me esté volviendo un poco loca no saber por que no mejoras...-
-No hay nada de malo contigo, Sakura.- Soltó las palabras, y esta vez si parecieron correctas.
La resistencia de Sakura disminuyó y finalmente se acercó a él con una expresión comprensiva. Colocó la mano en el espacio de piel que su camisa dejaba a la vista en lo que era ambos un gesto amable y una forma de comprobar su temperatura. Notó como todas las molestias corporales que lo habían aquejado hasta el momento se alejaban con su toque.
-No sé si tus defensas están algo bajas o pescaste un virus realmente malo, pero pasará pronto.- Aseguró ella.
Aún no tenía ninguna teoría, pero sabía-más que temía- mientras su mano se alejaba demasiado rápido y su cuerpo lo resentía, que Sakura se equivocaba. Nada de eso dejaría de perseguirlo lo suficientemente pronto.
La certeza se asentó de forma progresiva y certera en algún momento en medio del caos de sensaciones físicas, como un ancla pesada que se hubiese precipitado durante infinitos kilómetros de océano hasta final e inevitablemente tocar fondo. La caída en un principio-que no podía ni quería definir-debía haber pasado inadvertida, desde que le parecía imposible que la realidad que lo había golpeado con tanta fuerza hubiese sido una cuyo golpe se hubiese gestado en días o semanas, incluso los meses parecían irreales. No obstante, creer que el principio de esas sensaciones hubiese iniciado hacía años parecía igual de absurdo. No había manera de que hubiese podido cultivar algo así por tanto tiempo sin que esto se manifestara antes.
El conocimiento lo volvió un caos y volteó su mundo de cabeza, pero observándola detenidamente, no parecía haberle hecho nada a Sakura. No se veía diferente, y esa parte de él que aún era rebelde e incrédula agudizó la mirada para señalar sus efectos: aún era demasiado ruidosa y brillante, exasperante y molesta. Tampoco su apariencia estaba realzada por una luz distinta, seguía siendo baja y de cabello rosa. La verdad era que no estaba viéndola de una forma diferente en lo absoluto y eso fue lo más difícil de procesar.
Si se volvía encarnizadamente mezquino, incluso podía ver en ella cosas que francamente le disgustaban cuando eran niños. Sakura era nerviosa a su alrededor y al mismo tiempo se tomaba muchas libertades, y por supuesto, tenía el don para irritarlo con sus palabras y actos como pocas personas lo habían hecho antes. Estas cosas, incluso señalándolas, chocaban y resbalaban de él sin el más mínimo efecto, no aliviaban la opresión en su corazón y si pensaba el asunto con detenimiento, si removía todas esas cosas de ella no la haría más agradable a sus ojos. No opacaban las cosas que admiraba de Sakura y que cada vez era más fácil señalar, como su gracia en general y la luz del fuego que la encendía y la hacía quien era, desesperante y viva.
En un espacio turbulento vio las cosas con una perspectiva que sólo podía darle la fiebre: justo en el lugar donde se arremolinaban las emociones viscerales en la parte baja del abdomen, fue capaz de ver la semilla. Era lo suficientemente minúscula como para que tuviese sentido que la intrusión pasara inadvertida, aunque ahora de ella partían raíces como venas que se entrelazaban entre sus órganos, enrollándose alrededor y en conjunto con el enramado de sus vasos, nervios y conductos, más y más finos conforme se alejaban del pequeño epicentro; delgados bucles esparcidos delicadamente por toda la extensión interna que delimitaba su contorno. La invasión real, no obstante, provenía de las ramas gruesas, pálidas y nudosas que habían germinado en su interior. Abarcaban el espacio que se habían labrado para si mismas, enroscándose alrededor de sus órganos y fusionándose con ellos, creciendo hasta llenar cada espacio vacío y compartiendo cada cavidad habitada, de los pies a la cabeza; anudando a sus asas, rodeando su estómago, ramificándose a través del árbol dentro de sus pulmones y enjaulando su corazón como dedos blancos. Se había apoderado de todo el lugar, estaba atestado de ella de una forma en la que justificaba su malestar, pero también le dio una resolución: no podría deshacerse de ella, porque era una parte viva de él. Sabía con una sobria y distante claridad que si intentaba pelar o arrancar una, él sangraría. Tanto como que si las ramas florecieran, exactamente qué tipo de capullo lo haría.
Desde el principio, Sakura había sido una amenaza porque siempre había reaccionado a ella de forma diferente e incongruente que con nadie más. Empezó a pensar que de hecho, la semilla pudo haberse plantado desde el momento en el que registró y ubicó la existencia de Sakura y que tal vez su mente y cuerpo empezaron a rechazarla instantáneamente. Sólo cuando se había permitido darle el espacio y tiempo apropiado, extendió las raíces y creció.
Cuando finalmente remitió la fiebre estaba agotado, tendido exangüe y adolorido como en el periodo posterior a una batalla. No necesitaba que Sakura apareciera frente a él para sentir de nuevo la verdad fluyéndole por las venas; las ramas nudosas oprimieron su corazón en son de burla, para asegurárselo. Había luchado y perdido. En lugar de destruir la amenaza exterior, la había asimilado. Ella estaba viva, viva y dentro de él, ocupando una dimensión que no podía pasar por alto o negar, y él ya se había dado por vencido, ya estaba demasiado cansado para siquiera pensar en deshacerse de ella.
La conjuró en el espacio iluminado de su mente por su propia voluntad, no como la furtiva oscuridad en la que las imágenes de Sakura solían escabullirse, y de alguna forma supo que eso era todo. No se parecía a ninguna emoción violenta que hubiera experimentado antes, le faltaba la definición que caracterizaba cada sensación a la que había estado esclavizado toda su vida; la gélida humedad del miedo, el frío vacío atenazante de la preocupación, la presión ardiente de la rabia, la seca y agitada ebullición del odio, incluso la infrecuente, vibrante calidez de la felicidad. Esto era nuevo, las incluía a todas de una forma enfermiza y él estaba conmocionado de ser capaz de experimentar tanto a la vez y permanecer en una pieza.
Comoquiera que fuese, la cansada resignación era mejor que la indignación inicial de lo erróneo de todo el asunto, que la sugerencia de haberse traicionado a sí mismo. Era mejor creer que no era nada que él hubiese o no hecho, cambiado o permitido que sucediera, definitivamente no porque él lo hubiese querido, y estaba casi seguro de que tampoco había habido un cambio importante de parte de Sakura; que había ocurrido como muchas de las cosas buenas y malas de la vida lo hacían, sin que él pudiese hacer nada para detener su curso.
Sakura le importaba de una forma en la que nunca pensó que le importaría alguien, se admitió compungido, y permanecer cerca de ella no era un capricho ni terquedad, sino una necesidad. Estaba en su mente, que gobernaba su cuerpo y en consecuencia reaccionaba alarmantemente a su cercanía tanto como a su distancia.
-La fiebre se ha ido,- comprobó ella, sacando el termómetro de su boca y observándolo con satisfacción. No,-ya no estaba envuelto en llamas pero aún le parecía que su temperatura basal había aumentado algunos grados,- no se ha ido. Experimentó una clase diferente de alivio cuando el vial mostró de nuevo que ya no estaba híper pirético, no porque tuviese la ilusión descansar tanto como significaba que Sakura podría hacerlo. Podía notar que estaba exhausta y el alivio sólo lo acentuaba. -Seguiremos comprobándolo cada tanto, sólo para estar seguros. Pero ya pasó medio día desde que estuviste por encima de treinta y siete.- Dijo alegremente.
Cerró los ojos e intentó creer que todo de verdad había acabado, pero no le trajo ninguna calma porque sabía que no era así. Sin embargo, estuvo ligeramente sublevado por el prospecto de no pasar más tiempo abrasándose en el exterior y desvariando; de recobrar el movimiento aunque se sentía extrañamente cohibido de hacerlo. Tenía alguna clase de sereno distanciamiento de la realidad que de seguro era entumecimiento, pero al menos le había amortiguado parte del shock de su descubrimiento y le permitía mantener una expresión imperturbable frente a Sakura, sobre todo considerando que todavía no había aprendido a lidiar con eso.
-Ahora descansarás mejor,- Sakura le dio una pequeña sonrisa brillante que hizo que el enramado en su interior se sacudiera. Las cosas debían estar realmente mal si como ella, se preocupaba más por el descanso de otra persona cuando sus párpados estaban a medio camino de cerrarse. -Te daré algo para eso.-
-Tomo algo de eso también.- Le dijo con voz plana. -Parece que estás a punto de caerte dormida en el sitio.-
-Por supuesto que no,- Sakura dijo en un falso tono ofendido. -Practico el ejercicio profesional de la resistencia.-
Inari, Tazuna y Tsunami se pasaron por la habitación para admirar su mejoría. Habían hecho breves visitas desde que había llegado a la casa, pero no había estado lo suficientemente bien como para unirse a las comidas en el comedor y tampoco para atender a la llegada de ninguno. Había cierto sentido de confort en ver que ellos también se deshacían de los remanentes de la preocupación acerca de su salud, al igual que la camaradería y familiaridad del constructor de puentes y su familia. Sin embargo, se sintió aliviado cuando Sakura les anunció que debía descansar algo más y estuvieron sólo los dos de nuevo en la habitación, por conflictivo que fuese.
Sakura le tendió la taza prometida de té humeante y se sentó con la suya junto a él en su futon. Ambos bebieron en un silencio que probablemente sólo era cómodo porque estaban tan agotados como adormecidos. Cuando estaban juntos y no intentaba analizar nada la paz era posible, el mundo estaba bien y dejaba de desmoronarse bajo sus pies amenazándolo con hacerlo caer. Podía arreglárselas con eso por el momento.
«Cuando estaban juntos...» Fue quedándose dormido, sus pensamientos aletargados dispersándose, «...el mundo estaba bien.»
Despertó un par de horas después de que ambos se quedaran inadvertidamente dormidos, no recordando el momento en el que había alcanzado a dejar la taza de té a un lado antes de desconectarse completamente, insegura de si era debido a las luces encendidas o al instinto de percatarse de que Sasuke estaba bien.
El cansancio que había hundido su rostro había desaparecido y dormía con total abandono, tanto que no se agitó cuando le apartó delicadamente el cabello negro de la frente. Él también debía haberse quedado dormido sin darse cuenta, su postura era descuidada e inhabitual, y la taza había rodado vacía unos centímetros más allá de su mano extendida. Él lucía bastante joven; una sonrisa triste tiró de sus labios conforme la conocida ola cálida del afecto brotaba de su pecho.
La persona que había escrito en el manual que los médicos no deberían tratar a sus seres queridos tenía un punto bastante sólido.
Para efectuar un buen trabajo era necesario un correcto balance de simpatía y distanciamiento, y era francamente imposible que la balanza no estuviera desnivelada por mucho a favor de la simpatía cuando amabas a quien tratabas. Sakura se enorgullecía de tener una mente veloz y una memoria corporal innata en momentos críticos que habían salvado la vida de seres muy queridos, pero era por lejos mucho mejor medic-nin de campo cuando se trataba de esos casos. Había algo fortalecedor en saber que si era lo suficientemente rápida, hábil y capaz podía detener una hemorragia y reparar el daño tisular, que la diferencia entre la vida y la muerte era ella.
Había remendado a Naruto, Kakashi y a Sai muchas veces al igual que al resto de los Once después de misiones y entrenamientos, pero realmente ninguno de ellos había enfermado-a excepción de un par de veces en las que Kiba había tenido algunos problemas con su nariz extremadamente sensible y Choji había tenido un serio caso de indigestión -por lo cual no tenía mucha experiencia en asociar lechos de enfermedad con seres allegados.
Por supuesto que también había aprendido el ejercicio de la paciencia durante su tiempo en el hospital de Konoha cuando se refería a padecimientos que no se asociaban a traumatismos. Sabía como tratar la evolución de pacientes contra cuyas afecciones no podía luchar directamente, pero era mucho más sencillo cuando la balanza estaba apropiadamente nivelada. El peso del distanciamiento usualmente evitaba que la desesperara la imposibilidad de hacer más para acabar con una enfermedad que administrar tratamiento. Evitaba que se sufriera en carne viva el dolor del otro, sobre todo tratándose de Sasuke.
La temperatura de Sasuke había sido alarmantemente alta y a lo largo de toda su fluctuación había sufrido con él cada estremecimiento y quejido. Resultó increíblemente desesperante que ninguna de sus medicinas surtieran efecto y todo lo que pudiese hacer con el ninjutsu médico sólo se tratara de un sociego momentáneo. Una parte de ella se solidarizó con el hecho de que estuviese malhumorado por no encontrar alivio, la otra parte que estaba secretamente tan irritada como él por la acumulación de noches sin dormir desde que él se había ido estaba lista para darle el tipo de reprimenda reservada para sus peores pacientes. No sólo había estado preocupada y frustrada por no poder hacer más, tampoco estaba acostumbrada a que su presencia no fuese asimilada automáticamente-como acostumbraba-como un paliativo y menos aún que sus atenciones fuesen desdeñadas. Mayormente considerando que feliz habría intercambiado lugares con él en lugar de sólo verlo padecer.
Sin embargo, su esfuerzo por hacer las paces resultó genuino-y un esfuerzo, en general. Entendió que ella había estado rondándolo nerviosamente y Sasuke no era el tipo de persona que sobrellevaba bien la intromisión del espacio, sobre todo cuando últimamente parecía estar intentando trazar una línea bien definida entre ellos, yéndose precipitadamente y apartándola de sus actividades. Incluso si dolía, comenzaba a pensar que tal vez él estaba intentando enviarle una sutil indirecta acerca de quería mantener sus distancias ahora que todo entre ellos se había vuelto de alguna forma más personal. Ahora creía que probablemente Sasuke pretendía evitar que se ilusionara y le estaba enviando señales que debía interpretar. Aún así, su relación definitivamente se había modificado si en lugar de hacer una cruda declaración al respecto, Sasuke tenía gestos amables con ella, en un intento de mantener la cordialidad.
«Eso es porque le importo como amiga.» Se había asegurado de que Sasuke la considerara de una forma más gentil, que confiara en ella y apreciara su compañía. Hasta ese momento no se había detenido a ponderar que había cumplido sus intenciones iniciales con él: lo había encontrado, seguido, y a través del camino no sólo había afianzado su vínculo con él, verdaderamente había logrado ayudarlo. Sasuke era una persona diferente a la que había sido hacía unos meses y podía ateñirse algo del mérito debido a su propia terquedad y constancia. A pesar de sentirse muy complacida por todo esto, y de repasar una y otra vez que eso era lo que había esperado, había una especie de vacío en su pecho donde residía encubierta su más arraigada esperanza.
Pensar en ello la hacía querer mostrar una buena fachada e intentar lucir indiferente, pero cada vez su expresión decaía. Lo amaba, y esto la impulsaba a necesitar estar lo más cerca posible de él, pero la única necesidad que quería atender era la de refrenarse y dar un paso atrás. Sasuke y ella vivían en harmonía siempre que sus sentimientos no la sobrepasaban y cruzaban los límites de su comodidad. No podía estar menos apesumbrada ante su resolución de apartar sus esperanzas y disimular sus emociones con respecto a Sasuke, pero podía superarlo si hacerlo lo hacía feliz a él, con ella y con la convivencia de ambos. Para cuando la fiebre cesó, ya estaba decidida.
El amor siempre se había sentido como un pequeño dolor dulce y sordo que podía extenderse por todo su cuerpo y en ocasiones se exacerbaba en ciertas áreas como su pecho, estómago o garganta; siempre se había tratado de una aflicción. No recordaba cómo se sentía no estar enamorada y tampoco había conocido más que el amor no correspondido, pero haber estado saturada de él le daba una ligera ventaja: conocía sus emociones y como canalizarlas. No la entristecía pensar-no tanto, al menos-que Sasuke no llegara a amarla como ella siempre había querido tanto como la idea de estar lejos de él. Vivir bajo la sombra del amor no correspondido le permitía conformarse con sólo estar a su lado.
Pudo ir a cualquier lugar, pensó mientras recogía la taza y aprovechaba que Sasuke parecía estar inconsciente para moverlo ligeramente a una posición más cómoda, pero necesitaba un médico y sin importar qué lo había hecho irse había regresado hasta ella. Bien podía ser sólo su sentido común, pero ella sabía mejor que eso. Para Sasuke, ella era una zona segura. Ella podía ser lo que sea que él quisiera, sería lo que fuera que necesitara.
En el medio de sus arreglos, sus movimientos finalmente lograron perturbarlo y su mano le atrapó la muñeca. Sasuke la observó durante unos segundos con los ojos apenas abiertos antes de que sus párpados volvieran a cerrarse, la mano alrededor de su muñeca aflojándose pero no cediendo. Su sonrisa fue mucho más brillante aunque él no podía verla y cubrió los dedos que la rodeaban durante unos segundos antes de zafarse y devolver el brazo junto a él.
-No te preocupes por nada, Sasuke-kun.- Le susurró. Aunque sus palabras debían ser tranquilizadoras, no pudo evitar que sonara como un arrullo amoroso. Soy su lugar seguro. -Somos un equipo ahora.-
La condición de Sasuke mejoró mientras ella lo supervisaba tan atentamente como le era posible desde el palmo de distancia que consideraba necesario para no seguir apabullándolo. Pareció funcionar, desde que él no se mostró nada menos que gentil ante sus atenciones y ambos se adaptaron de nuevo a la anterior rutina, aunque Sasuke nunca aclaró los motivos de su ausencia ni la naturaleza de esta y se mantenía visiblemente circunspecto. Nunca había sido alguien de muchas palabras, pero ahora su silencio estaba acompañado de algo más que no podía definir; él de nuevo parecía alguien reservado y distante.
Esperó hasta que él estuvo lo suficientemente recuperado como para sugerir que tal vez era tiempo de moverse. Habían pasado semanas en casa de Tazuna, y aunque la hospitalidad ni la buena disposición de parte de la familia había disminuído en lo más mínimo desde el día uno-era agradable estar en un lugar en el que ambos eran tan bien recibidos- pensó que tal vez el instinto de Sasuke para moverse podía «o no» ser una de las cosas que lo había empujado a irse abruptamente.
A pesar de eso, él no pareció particularmente aliviado o contrariado. Más bien, se mostró indiferente todo el tiempo excepto para preguntar -¿A dónde iríamos?- Lo cual también hizo con un tono bastante ausente.
Se sintió extraño que él renunciara tan fácilmente al liderazgo que había tenido durante todo el viaje, Sasuke siempre había sido el que sabía exactamente qué ruta debían tomar a continuación. Estuvo tentada a encogerse de hombros y darle una sonrisa-más bien una mueca-mitad avergonzada mitad consternada, pero la parte eficiente de ella que estaba comprometida a manejar el nuevo estado de ánimo de Sasuke de forma inteligente respondió con rapidez.
-Es una buena estación para ciertas plantas que no crecen por aquí en el país del Fuego y puede que te ayuden a fortalecerte un poco.-
Sasuke la miró durante unos segundos con el rostro sin expresión y la mirada desesperanzada. Si hubiese pestañeado se habría perdido la leve inclinación de su cabeza antes de que se apartara de nuevo. Intentó no desanimarse ni alarmarse tanto por el nivel de su apatía, sobre todo con su imposibilidad para presionar el asunto. Como una amiga, lo único que parecía correcto era recordarle por qué confiaba en ella y esperar que eligiera compartir sus preocupaciones «o no» cuando quisiese hacerlo, sin importar hasta que punto ella deseara saber qué le estaba ocurriendo.
No imaginó que pretender ser amiga de Sasuke sería más difícil que sólo disimular su amor, pero era bastante complicado intentar ser comprensiva cuando su instinto con cualquier otro de sus amigos sería sacudirlo como un salero-o un muñeco de trapo, dependiendo de si se trataba de alguno de los chicos o de Ino-hasta que soltara toda la sopa. Sin importar cuan despreocupada intentaba ser, la idea de actuar con Sasuke de la misma manera la mortificaba.
Sin embargo, aún había algo que sólo era natural para la amistad que unía a cada uno de los miembros del Equipo Siete por igual, aquel tipo de miradas compartidas que rememoraban el pasado y revivían ciertas emociones que le permitían caminar cerca de él y verlo con nostalgia.
Se habían despedido oficialmente en la casa, pero Tazuna e Inari insistieron en acompañarlos todo el camino hasta el final del Gran Puente Naruto. Inari bromeó durante todo el trayecto y juntos hablaron de próximas visitas y futuros viajes a Konoha. Sólo una parte de su mente atendía a la conversación, la otra se reflejaba en el taciturno Sasuke que observaba el oleaje porque sabía que como ella, pensaba en el pasado. Les había tomado seis años regresar y desconocían cuándo volverían de nuevo al país, pero siempre sería un lugar al que volver.
-Nee, deben convencer a Naruto-niisan que venga con ustedes la próxima vez,- dijo Inari una vez Tazuna y él se detuvieron. -Entonces tendremos una competencia de pesca justa.-
-Tener a Naruto de tu lado no mejorará tus posibilidades.- Sasuke le respondió antes de que ella lo hiciera por él, sorprendiéndola un poco y ganándose una gran sonrisa de parte del chico.
-Tal vez lo haga si proponemos un buen incentivo.- Miró en su dirección de forma que tal vez pretendía ser disimulada e inocente, pero se carcajeó ante la falta de reacción de Sasuke y arruinó el efecto.
-Extiéndanle también la invitación a su viejo sensei,- añadió Tazuna. -No tendrá mucho que hacer cuando le de el puesto a Naruto y este es un buen lugar para los perros.-
-Se lo diremos.- Especialmente la parte en la que usted le dice viejo a él.
Les sonrió por última vez antes de darse vuelta y comenzar a caminar, pensando que ese lugar era especialmente bueno para todos ellos, así como también que por como iban sucediendo las cosas desde que habían sido oficialmente el Equipo Siete, era improbable que los cuatro volvieran todos juntos otra vez. Extrañamente, el pensamiento no la hizo sentir triste. Allí, junto a esas personas y en ese puente, siempre existirían los cuatro. Al alejarse del puente podía sentir la presencia de los miembros faltantes, y al darle una mirada de soslayo a Sasuke le pareció que él también se había animado un poco.
Se detuvo sólo un momento para mirar atrás, Tazuna permanecía con las manos en los hombros de Inari, quien se las arreglaba para mostrar una gran sonrisa aún en la distancia conforme agitaba sus brazos en despedida. La visión reconfortó su corazón y antes de saberlo devolvía los amplios arcos con sus propios brazos y gritaba -¡Adiós!- Con una mezcla de melancolía y alegría.
No notó la lágrima que se había deslizado por su mejilla, pero si la mano que Sasuke posó sobre su hombro mientras él también daba un último vistazo al constructor y a su nieto.
-Tal vez debieron quedarse un poco más,- Tazuna comentó en su camino de vuelta. -Sasuke aún se ve un poco enfermo, ¿No lo crees?-
-No lo sé,- respondió Inari. Había visto a Sasuke cuando parecía bastante enfermo hacía unos días. -Creo que sólo está constipado.-
El anciano le envió una mirada divertida. -¿Cómo lo sabes?-
-Bueno,- explicó él en un tono sabihondo. -Tsubasa tuvo esa misma cara larga y estuvo realmente constipado cuando le gustó esa chica el verano pasado.-
Tazuna pareció considerarlo seriamente durante algunos momentos. -Kami lo ayude si Sakura realmente lo confunde con estreñimiento y quiere ayudarlo con sus brebajes.-
Inari se estremeció de sólo pensarlo.
-Eso luce horrible.- Pensó en voz alta, y el sonido de su propia voz lo extrañó. Había pasado la mayor parte del viaje sin emitir más que monosílabos, receloso y atontado como se encontraba; pero el mal aspecto del ingrediente medicinal-no podía definir si era un tubérculo, hongo o el órgano disecado de alguna criatura-que Sakura examinaba bajo la mirada atenta del apotecario lo hizo reaccionar. Retrocedió bruscamente cuando por encima de su hombro lo alcanzó el olor. Olía incluso peor.
-Lo sé,- Sakura admitió en tono de disculpa, aunque notó con alarma que ella sonaba resignada y complacida por igual. -Pero estoy segura de que puedo mejorar el sabor.-
Le envió una mirada abiertamente dudosa que ella no notó por encontrarse inspeccionando el resto de las plantas.
-No es un buen trago,- enfatizó el apotecario? rechoncho y bigotón como si fuese necesario recalcarlo. -Pero una vez dentro les garantizo que tiene una gran función revitalizante. Es milagrosamente bueno para la mayoría de los males dependiendo de con que se combine.-
No hay manera en el infierno de que me trague eso, pensó, y aunque también estuvo tentado a decirlo sólo lo miró con el rostro adusto. Sin embargo, Sakura le echó un vistazo en ese preciso momento y colocó una expresión suplicante, habiendo leído el pensamiento tras su mueca.
-Sé que esto es particularmente bueno,- aseguró Sakura. Ante su falta de reacción después de su recomendación, añadió, -¡Es sólo que has estado tan enfermo! Aún no te has recuperado del todo, y no tengo demasiadas alternativas desde que no he podido identificar qué te sucede. Para este punto estoy lo suficientemente dispuesta a probar cualquier cosa que sepa que te puede ayudar.-
Cerró los ojos, cediendo de mala gana. El tema estaba fuera de discusión, por supuesto. No había otra forma de subsanar la genuina preocupación de Sakura, porque incluso aunque sabía que no estaba enfermo-al menos en el sentido literal de la palabra-a su cuerpo le había costado afrontar la situación tanto como a su mente. Desde que habían salido del país de las Olas no había sentido nada más que un deje de aturdimiento y no había encontrado la manera de justificar su dispersión y otras conductas impropias de él, como que se volviera difícil mirarla a los ojos por temor a que finalmente acertara en su diagnóstico y de al mismo tiempo de alguna forma resultara difícil apartar la vista de ella; excepto fingiendo constantes dolores de cabeza, lo cual no estaba muy lejos de la verdad.
Intentaba mantener la calma, pero había una especie de tensión que se acumulaba siempre que pensaba en lo que estaba sucediendo. No sabía que hacer con eso, agitándose dentro de él y que como un animal, se paseaba silenciosamente alrededor y no hacía escándalo si se dejaba solo, pero tampoco daba cabida a ser ignorado. Eligió pasarlo de largo lo mayor posible, aunque aún lo mantenía constantemente a la vista por el rabillo del ojo. Por el momento no podía hacer nada más, apenas procesaba la evidencia de la novedad.
El país del Fuego terminó siendo una distracción bienvenida. Aún a pesar de la cautela y tensión que le había traído viajar por varios países junto a Sakura en su situación, era bastante diferente moverse por las ciudades de su país natal: los ojos que los seguían no sólo eran curiosos, más a menudo que en cualquier otro lugar podía ver la chispa del reconocimiento en la mirada de algunos individuos. Allí, el abanico en su espalda tenía realmente un significado y la mayoría de las personas que lo ubicaban también lo hacían con muchas de las cosas que había hecho, buenas o malas. El exceso de atención evitaba que pudiera enfocarse demasiado en Sakura, aunque por el momento era improbable que realmente se preocupara por una amenaza exterior cuando para él sólo existía un verdadero problema.
Sin embargo, sus sentidos estuvieron alerta con el pequeño temblor del suelo bajo sus pies que acompañó el repentino movimiento de personas huyendo. Inconscientemente detuvo el avance de Sakura con una mano, pero ella ya lo había hecho y su cabeza se había girado en dirección al estruendo.
-...esos lugares sólo traen problemas... malos vicios...-
-...¡Estuvo a punto de caernos encima!-
-Los ninjas sólo saben crear disturbios...-
-¿Tu la viste? A mí no me importaría que ella me golpeara...-
-¡... va a derribar todo el lugar!-
-¡Pechos!-
Como si los fragmentos de los comentarios de las personas que corrían en su dirección detonaran algo, los músculos del brazo de Sakura se tensaron bajo su agarre y en segundos ella también corría, sólo que en dirección contraria al flujo de gente y hacia donde provenía el disturbio.
-¡Sakura!- Chasqueó la lengua, irritado.
La siguió y sobrepasó hasta detenerse a unos metros de la nube de polvo y la caída de escombros que provenía de las ruinas de al menos una cuarta parte de la edificación de una casa de apuestas cuyo cartel colgaba precariamente de un lado. A través del gran agujero entre la pared y el techo de una de sus salas, se apreciaban las luces intermitentes y figuras coloridas de maquinas tragamonedas. Sakura llegó a su lado cuando aún no se habían esclarecido las figuras y los gritos en medio del caos, pero había una voz femenina que predominaba entre las demás.
-¡Más les vale que se quiten de mi camino si no quieren sufrir la misma suerte!- La voz atronadora retumbó de modo que cayeron más escombros desde las paredes. Hubieron unos milisegundos en los que pudo divisar que se dirigía a cuatro hombres corpulentos que se sacudieron ante la amenaza, pero aparte de eso no se movieron. -Bien... se los advertí.-
Estaba listo para ponerse en movimiento, pero Sakura había avanzado antes de que la mujer terminara la frase. El desconcierto acerca de su postura temeraria le restó un par de segundos de ventaja en el cual ella fue a por la figura que arremetió hacia los hombres y juntas colisionaron hasta crear una onda de choque que levantó más polvo y derribó otra sección del edificio, destruyendo algunas de las máquinas a su paso.
-¿Sakura?- La mujer sonó extrañada. Ambas imitaban a la perfección la postura de la otra, con las piernas separadas para mantenerse sobre el terreno y los antebrazos cruzados para amortiguar el choque.
-¡Tsunade-shishō!-
Él se dio cuenta unas milésimas de segundo tarde quien era la rubia a la que había pretendido ponerle la espada en el cuello. Tsunade se dio cuenta de su presencia tras ella antes de que pudiera detenerse o retractarse, pero su instinto de supervivencia se puso en marcha aumentando su velocidad de una manera imposible, de modo que su puño le osciló a centímetros del pecho. La cercanía le envió una punzada de alarma que lo hizo volver a saltar para alejarse mucho más de ella.
A unos metros lejos de él, la mujer finalmente se dignó a ver a quien pretendía destrozar. Ella entrecerró los ojos ambarinos. -Uchiha.- Masculló.
-¡Tsunade-shishō!- Sakura de nuevo exigió su atención. -¿Qué está sucediendo aquí?-
Tsunade se giró, no para responderle a su aprendiz sino para mirar enfurecida a la pequeña multitud frente a la casa de apuestas. -Acaban de interrumpir una merecida sentencia. ¡Ese bastardo...!-
-¿Ustedes son shinobi?- Le preguntó de la nada un hombre nervudo y visiblemente nervioso. Sasuke estuvo lo suficientemente extrañado como para asentir. -Gracias al cielo... Necesitamos ayuda, esa mujer...-
-¡Por un demonio Kirito!- Tsunade espetó, interrumpiéndolo. -¡Estos son shinobis de mi aldea... Aldea de la que siempre seré la Godaime, por si se te olvida!-
Kirito se estremeció de un salto, como si la voz de la mujer lo hubiese electrocutado. -S-sabe que no quiero problemas, Tsunade-sama, pero mi casa de apuestas...-
-¡Tu casa de apuestas se hace rica sólo con mi afiliación anual, y aún así no tienes la decencia de impedir que esa sucia sabandija haga trampas!-
Tsunade apuntó un dedo acusador en dirección a los hombres contra los que había cargado, y una mirada más precisa le mostró que detrás de la pared humana se reguardaba otro hombre.
-Fue un juego limpio,- se defendió con un tono tranquilo la fuente de la discordia. Era delgado y de actitud despreocupada, pero tal vez era el hecho de que pareciera demasiado relajado a pesar de tener a Tsunade sólo a unos metros bufando y deseosa de volverlo papilla lo que lo volvía sospechoso. Tenía cierto brillo malicioso en los ojos.
»Soy un jugador excelente y no es una sorpresa que haya ganado. Todos siempre se molestan cuando no ganan, he ahí el porqué de invertir en tanta seguridad.- Se refirió a sus guardaespaldas. -Por lo que sé, desde que te llaman La Legendaria Perdedora tampoco fue una sorpresa para ti.-
-Hijo de perr...-
Nuevamente, Sakura se colocó frente a la rubia con la intención de interponerse entre sus ansias asesinas asesinas y el hombre. -¿Estás segura de que no fue una equivocación?- Preguntó preocupada.
-Sin dudas ella siempre pierde...- Añadió Kirito.
-Shishō...- La voz de Sakura se fue apagando, insegura.
-¡Maldita sea, Sakura!- Tsunade le gritó. -¡Sé perfectamente como perder el dinero por mi cuenta, muchas gracias! ¡Uno diría que precisamente perder tanto te daría la facultad de saber cuando no lo haces, y no tengo ningún problema en repartir mi dinero entre el idiota de Kirito y la otra docena de casinos que hay en el país, pero no pienso permitir que ese bastardo de Homare Tatsuya crea que por mi reputación puede ser capaz de birlarme fácilmente y salirse con la suya!-
Sakura permaneció impasible ante el arrebato y preguntó en el mismo tono, -¿Cuánto dinero?- La voz de Tsunade se apagó hasta un murmullo inintelingible, pero Sakura pareció captarlo perfectamente. -¡¿C-cuánto?!- Chilló, mortificada. -¿Cómo es que siquiera tienes esa cantidad para apostar? ¿Ser Hokage es tan rentable?-
-No seas tonta, ser Hokage no paga medianamente tan bien, es una pérdida económica total considerando de todo lo que eres responsable.- Dijo Tsunade displicentemente. -Pero mi título no es sólo honorífico, soy una heredera después de todo.-
Ella pareció sopesarlo durante unos momentos, y luego se giró hacia Kirito, su actitud ligeramente diferente a la que había dirigido a su maestra, con una gravedad profesional. -¿Qué tiene para decir?-
Le pareció que el hombre también se sobresaltó un poco cuando Sakura lo penetró con la mirada. -No hay pruebas de que sea cierto,- y luego, de mala gana por decirlo demasiado cerca de la rubia, -y es difícil de probar, considerando su... trayectoria.-
Sakura no reparó otra mirada en el dueño del casino y se volvió hacia Tatsuya, calculadora. El hombre le devolvió la mirada y ella entrecerró los ojos. Sasuke casi pudo ver como trabajaba su cerebro en una estrategia a seguir, él sacó sus propias conclusiones: Tsunade aún tenía obvias intenciones asesinas hacia Tatsuya y notó que Sakura no había insistido en convencer a su maestra de que estaba equivocada, parecía más enfocada en lidiar con el resto de los implicados.
Por el rabillo del ojo vio como la seguridad del casino parecía estar saliendo del estupor-aunque aún Kirito lo miraba como si esperara que fuese capaz de ponerle algo de control a la situación.- Suspiró internamente, resignado. Con la inflexibilidad que estaba mostrando cada uno intuía que aquello como fuera terminaría en una pelea. Se llevó el resto de las esperanzas de Kirito al colocarse a un lado de Sakura, junto a Tsunade. Después de todo, de hecho siempre sería la Godaime y también era la maestra de Sakura, problemático o no, ambos motivos le concernían. Al menos esperaba que el tal Tatsuya si hubiese hecho trampa, de lo contrario sería una injusticia y también los haría quedar como idiotas. Al verlos a los tres juntos, Homare empezó a mostrar signos de inquietud.
Sakura salió de su avalúo y miró como los guardias de Kirito empezaban a rodearlos, los guardaespaldas de Tatsuya volvían a asumir una postura defensiva; apenas notó el frente unido-con la latente amenaza que mostraba la postura de Tsunade y él junto a ella- negó con la cabeza, frotándose las sienes con una mirada incrédula.
-¿Podemos resolver esto como adultos?-
-Es una idea estúpida.- Se quejó Tsunade. Era la más infeliz con todo el arreglo, sobretodo porque le impedía zanjar el asunto como prefería. -Yo podría haberle sacado a golpes el dinero de vuelta sin molestarnos tanto.-
-Por favor, no es una mala idea en lo absoluto,- contradijo Sakura en voz baja. Eso sería un regaño si ella no se las arreglara para conseguir que todas sus frases hacia Tsunade tuviesen un dejo de deferencia. -No iba a permitir que todo el mundo te viera moler al tipo a golpes sin un reclamo legítimo, ¿Qué pensarían de tí?-
-Que soy una persona con la que no deben meterse.- Objetó Tsunade.
Sakura siguió hablando como si no la hubiese escuchado. -...Además, habrías perdido ese dinero de todos modos. Ahora verdaderamente no tienes nada que perder.-
La solución de Sakura terminó siendo bastante más diplomática de lo que Sasuke hubiera podido concebir por si solo. Apeló por el título nobiliario, la posición y la cuantiosa contribución de Tsunade a la casa de apuestas para que Kirito accediera a que hubiera una segunda partida, todo o nada.
A Tatsuya tampoco le había emocionado la perspectiva de ceder a la suerte dinero que ya consideraba suyo, pero pronto estuvo claro que su única otra opción era arriesgarse a que Tsunade lo 'moliera a golpes', porque no estaba dispuesta a dejar ir el asunto.
-Está bien,- espetó Tatsuya a regañadientes. -Como quieras, si estás tan ansiosa por perder otra vez.-
-Si se me permite,- intervino Sakura, -me gustaría ser yo quien juegue en lugar de Tsunade-shishō.- Cuando Homare amenazó con protestar, ella se dirigió a Kirito. -Creo que sería lo mejor. No estoy alterada, así que eso mejorará el juego para todas las partes.-
Kirito pareció complacido con la entereza de Sakura. -Por supuesto.- Concedió. -¿De verdad hay un problema con que la chica sea tu oponente?- Le preguntó a Tatsuya.
Al ver que tenía las de perder, se encogió de hombros, reacio. -Como sea.-
Una vez empezaron a arreglar la mesa de juego, Sasuke se detuvo junto a Sakura.
-¿Alguna vez has jugado esto?- Puesta en duda la confiabilidad de Tatsuya, a Sakura se le había dado a escoger en qué modalidad se llevaría a cabo la apuesta, ella había elegido un juego de cartas.
Contrario a él, Sakura respondió lo suficientemente alto como para que los demás escucharan después de alzar ligeramente un hombro. -Conozco los fundamentos. Nunca lo he jugado, pero si vi como otros lo hacían la última vez que vine a uno de estos lugares.- Él frunció el entrecejo. -Bueno, hay pocas probabilidades de que me vaya peor que Tsunade-shishō.-
Estaba empezando a creer que la fama de la Godaime no era una exageración, desde que esta no se inmutó ante el comentario despreocupado de Sakura. Sólo mencionó, -bueno, más vale que no te hubiera llevado a ninguno de esos lugares cuando entraste en edad, de ese modo ya habríamos acabado con esto.-
Era impropio de Sakura abordar un enfoque que dependiera tanto de las probabilidades del azar, considerando que el posible resultado podría ser un desastre si ella-de forma literal-jugaba mal sus cartas. Contener la ira de Tsunade no estaba haciendo nada para aminorarla, lo contrario, y todo sería mucho peor ahora que estaban reunidos en la semiderruida sala de apuestas con mucha más audiencia alrededor, atraida por el conflicto. Tal vez era su actitud serena o simplemente la forma en la que conocía a Sakura, pero de alguna manera supo que procedía de acuerdo a un plan bien establecido, y tenía los flancos cubiertos.
Antes de irse a la mesa, Sakura se acercó a él de una forma que le erizó los vellos del cuello, acercando la boca a su hombro y susurrando rápidamente, -mantén los ojos abiertos.-
-¿A qué?- Le preguntó de la misma forma, confundido.
-Todo.- Murmuró antes de retirarse.
Tatsuya se sentó lo bastante confiado por la inexperiencia de Sakura como para que se notara y una vez en su asiento, la calma de ella se mostró como indiferencia. Él no tenía la menor idea sobre el juego ni su transcurso, pero podía deducir el progreso general por las reacciones de los observadores. A su lado, Tsunade miraba atentamente a su alumna y hacía una mueca involuntaria siempre que esta perdía una mano.
Sin embargo, la racha de Sakura mejoró considerablemente después de unas pocas rondas. Pronto las tornas cambiaron y aunque Tatsuya quería parecer despreocupado cierta tensión a su alrededor lo delataba.
Estaba más que contrariado por su petición, sobre todo porque sabía que significaba algo y prácticamente no le había dicho nada. Había observado franticamente la habitación y sus ocupantes en busca de cualquier cosa que llamara su atención, pero pronto se encontró realmente frustrado por no encontrar nada. No sabía si ese todo sólo abarcaba al juego y los jugadores y estaba perdiendo el tiempo con todas las demás cosas a las que también le estaba prestando atención.
Captó las primeras diferencias cuando el éxito de Sakura empezó a decaer en picada. Ella estaba mirando intensamente sus cartas, y su sola expresión le dijo que sabía que algo estaba fuera de lugar. Haber reparado en todos los aspectos relevantes y las nimiedades en aquel espacio lo ayudó encontrar las cosas que salían fuera del patrón establecido los últimos minutos: en algunas rondas, Tatsuya había barrido la habitación con la mirada durante unos pocos segundos en lugar de sólo enfocarse en sus cartas y Sakura, como hasta el momento, aunque no había ocurrido en todas las rondas. Su instinto lo hizo seguir con atención la última de ellas, y con el ojo de Sharingan capturó en cámara lenta el objetivo en el que Homare se detuvo unos milisegundos más que en lo demás.
El hombre en cuestión estaba a poca distancia de él, y a diferencia de los demás a su alrededor sólo parecía exhibir un interés casual en la partida, distrayéndose a menudo, enfocando la mirada en otros lugares y luciendo despreocupado en sus gestos. Es muy inquieto, pensó. En las pocas ocasiones en las que Tatsuya levantó la mirada desentendidamente hacia la habitación, el hombre estaba en una postura diferente que la vez anterior. No fue hasta que le prestó exclusiva atención que notó que sólo uno de sus movimientos era sutil: la ligera vibración de sus labios al moverse.
Se dirigió hacia él por instinto. -Disculpa.- Le dijo, colocándole una mano en el hombro. El hombre no pudo ocultar la alarma en sus ojos, y Sasuke no necesitó una confirmación para saber que todo se refería a eso. No obstante, Sakura escuchó el sonido de su voz y volteó a ver en su dirección, luego se inclinó sobre la mesa hacia Tatsuya y antes de que él pudiera echarse para atrás ella arrancó de su oreja un hilo minúsculo y traslúcido que intuía debía ser un dispositivo de escucha.
-¡Hijo de perra!- Sakura exclamó, escandalizada. -¡Sí hiciste trampa!-
Consiguió capturar todo lo ocurrido en los movimientos difusos en medio del caos. Cuando el sujeto que sujetaba intentó escapar lo noqueó con un cabezazo en la coronilla; al caer a sus pies, vio a Tsunade saltando con gracia felina encima de la mesa de juego intentando alcanzar a Tatsuya un segundo antes de que dos de los guardaespaldas corrieran hacia él. Estocó a uno de ellos con la espada y una vez hubo caído, envió la espada al aire para crear con la mano una pequeña ola repulsiva usando el Rinnegan que envió al otro volando a estrellarse contra las máquinas tragamonedas, atrapando a Kusanagi al caer justo después. No se dio cuenta de que estaba buscando a Sakura hasta que la vio, estaba ayudando a la seguridad de Kirito a desalojar a las personas.
Los eventos posteriores se desarrollaron rápida y afortunadamente para cada parte involucrada.
-¡Ese canalla escapó!- Gritó Tsunade, luego repitió. -¡Escapó! Kami sabe que es la única forma en la que podría haber conservado ileso el cuello por algo más de tiempo.-
Cuando el cómplice de Tatsuya volvió en si les dio suficiente información como para entenderlo. Homare Tatsuya era uno de muchos nombres y apariencias en las cuales sólo había siempre un común denominador: era un maestro del escape, eran sus habilidades para ello lo que lo hacían un estafador con relativo éxito en casas de apuestas en muchos países. Sin importar cuan bueno fuera para huir y no ser reconocido, prefería no ser descubierto-le permitía mantener una apariencia por más tiempo-así que tendía a ser cuidadoso con sus métodos y mucho más con la gente contra la cual apostaba.
Elegía a cierta clase, en su mayoría principiantes porque era menos probable que sospecharan de alguna trampa, y por supuesto, los sabidos sin suerte. Había sido mala suerte-para él- que Tsunade fuera tan buena perdedora como para percibir que algo no estaba bien. Anticipaba las jugadas de la mujer con la ayuda de quien se encontraba en posición de ver sus cartas e informarle mediante un pequeño micrófono, e intentaron hacer lo mismo con Sakura. Los guardaespaldas, más que por seguridad, eran pagados para asegurarse de causar distracción suficiente para ayudarlo a escapar si algo salía mal.
-Era demasiado engreído.- Respondió la rubia cuando Sakura le preguntó cómo se había dado cuenta. -Ni siquiera trató de robarme humildemente. Mastico y escupo hombres como él todo el tiempo, sabía que había algo malo en él ¡Y estaba en lo correcto!-
Cualesfueran los momentos de aflicción-Sasuke francamente dudaba que existieron-que Tsunade pudo haber soportado cuando no le creyeron y su reclamo fue desestimado fueron enmendados cuando Kirito, visiblemente miserable por la destrucción a su alrededor, se inclinó tanto como su columna se lo permitió para disculparse por los inconvenientes. A su lado estaba de pie un empleado sosteniendo un maletín abierto con una cantidad ridícula de dinero dentro, el dinero de la apuesta. Sin embargo, cuando Sakura se acercó a mirar, Kirito rápidamente lo cerró con un chasquido.
-Tomaremos esto como parte del pago de Tsunade-sama por toda la destrucción al edificio y sus bienes.- Dijo en actitud de negocios. -También debemos organizar el pago del dinero que falta.-
Él expulsó el aire ruidosamente esta vez, sombríamente entretenido por como había resultado todo. Mientras enfundaba la espada de vuelta a su vaina, a mitad del movimiento su codo empujó una palanca y el pitido repentino que causó lo sobresaltó.
Había accionado de forma accidental una de las máquinas tragamonedas parcialmente aplastadas-por él-, que funcionó por su cuenta y las imágenes coloridas en la pantalla giraron hasta mostrar una secuencia triple de tres grandes y rojos sietes. Antes de que pudiera reaccionar, la cosa rota empezó a escupir lo que parecía una cantidad infinita de monedas doradas que hicieron grandes montones a sus pies, y pasaron varios minutos hasta que la máquina escupió la última de ellas. Llevándose por el rostro disgustado con el que Kirito miraba la pequeña fortuna a su alrededor, supuso que no era una característica común y había sido su golpe lo que de alguna forma había terminado dañando el contenedor de las monedas en el interior.
Se dirigió al dueño con casual indiferencia. -¿Con esto basta?-
Tsunade fue la única otra en recuperarse de la impresión y removió descuidadamente con el tacón de las sandalias las pequeñas montañas doradas con el ojo experto de alguien acostumbrado a manejar grandes cantidades de dinero. Después de algunos momentos se inclinó sobre una pila y se llenó los brazos de monedas, el montón acunado contra su amplio pecho.
-Genial, incluso nos queda algo,- dijo ella con una sonrisa. -¡La celebración va por mi cuenta!-
-¿Todo el tiempo supiste que iba a funcionar?- Le preguntó con curiosidad. No le preguntó lo que realmente quería saber, que era cómo rayos sabía que él lograría descubrir la trampa. La confianza de Sakura era de alguna manera reconfortante y no quería cuestionarla.
-Bueno, sabía que si había hecho trampa la primera vez volvería a hacerlo de nuevo y yo podría descubrirlo si jugaba contra él.- Explicó Sakura. -Estuve bastante atenta a sus movimientos para saber si las cartas estaban trucadas o accionaba algún genjutsu, pero no era el caso. Cuando descubriste que había alguien más involucrado supe de inmediato que debía estar soplando mis cartas y que ambos debían tener algún medio de comunicación, y lo encontré.-
Para haber afirmado nunca haber jugado, ella sin duda parecía saber mucho sobre las trampas del juego. -Estabas ganándole antes de que él empezara a hacer trampas.- Señaló.
Sakura asintió. -Dejé que mi inexperiencia lo confiara durante las primeras rondas antes de comenzar a jugar en serio. Cuando empezó a perder lo obligué a hacer trampas, probablemente había acordado con su cómplice no hacerlo excepto a menos que la situación lo requiriera. Creo que en un principio no pretendía hacerlo estando en la mira y todo eso.-
Alzó una ceja, intrigado. -¿Tú lo obligaste? ¿Y cómo se suponía que ibas a asegurarte de hacerlo si nunca habías jugado?-
Ella sonrió algo avergonzada. -Yo no iba a perder ese juego, Sasuke-kun.-
Su entrecejo se frunció, pero reparó en que se le escapó el honorífico. No le disgustó. -¿Cómo...?-
-Matemáticas.- Dijo Sakura con simpleza. -Cálculo mental, conocimiento de las probabilidades, cierta predicción y,- juntó ambos pulgares hasta casi tocarse, -sólo un poco de suerte.-
Tsunade resopló una risa, del otro lado de la mesa repleta frente a ellos. -La suerte de Kirito tampoco fue la mejor, creo que incluso confió en tí, Sakura.- Él lució lo suficientemente confundido como para que la rubia se dirigiese directamente a él, lo que no había hecho hasta ahora. -Lo que Sakura hace es contar las cartas. En la mayoría de los lugares también se considera hacer trampa.- La mujer tenía una sonrisa burlona, pero él pudo distinguir cierto orgullo en su voz.
Cuando se giró a ella, Sakura se apresuró a excusarse. -¡No debería ser así! No es necesariamente mi culpa que tenga mejor memoria que el promedio... Además, es muy difícil de descubrir. La mayoría de la gente que hace trampas contando las cartas debe marcarlas primero para diferenciarlas, y aún así se les hace difícil llevar la cuenta.-
-Tú... Memorizaste las cartas.-
-Mantuve la cuenta, si.- Sakura admitió tímidamente, la verguenza aún coloreaba sus mejillas.
-Mi pequeña genio,- mencionó Tsunade en son de burla, aún así la admiración era tan implícita que la sonrisa avergonzada de Sakura se transformó lentamente en una gran sonrisa pícara que la mujer imitó.
Era poco probable que fueran confudidas por parientes, la coloración era distinta, pero había algo inconfundiblemente parecido en la forma en la que ambas se manejaban, algo acerca de la postura y los movimientos más allá del sello. Había un aire de autoridad innata en Tsunade que a Sakura comunmente le faltaba, pero Sasuke pensaba que en su mayoría tenía que ver con la diferencia de edad. Había visto a Sakura comportarse con esa confianza en Amegakure, probablemente vendría a ella tan naturalmente cuando alcanzara la edad de su maestra.
-Con todo lo que pasó...- La sonrisa de Sakura decayó mientras iba cayendo en cuenta, -ni siquiera pregunté, ¿Qué estás haciendo aquí, Tsunade-shishō? Pensé que al irme Kakashi-sensei volvería a pedirte que te hicieras cargo del hospital.-
-Lo hizo, fue una lata, por supuesto. - admitió sin inmutarse. -Estoy jubilada, niña. No estaba feliz de regresar a la aldea a trabajar, pero Shizune accedió a tomar la mayor parte del trabajo. Me tomé muchas molestias para escaparme hace unos días, Shizune no podrá empezar a buscarme hasta que consiga alguien que la cubra.-
-¿No estabas feliz de regresar...- Sakura preguntó, preocupada, -...por Orochimaru?-
Tsunade miró a su alumna unos segundos antes de responder. -Sólo no me emocionaba la idea de volver a estar a cargo de algo. Cuando asumí la responsabilidad del liderazgo de la aldea nunca pensé que sobreviviría al puesto, sin contar a Kakashi, he sido la única Hokage que no ha muerto durante su mandato defendiendo a Konoha.
»Cuando la guerra acabó, de alguna forma estaba viva y había alguien más joven e igual de calificado para velar por las cosas. Probablemente ya había agotado mi cuota vitalicia de buena suerte y decidí que no me arriesgaría e intentaría vivir tranquilamente el resto de mis días. Te entrené para que ya no me necesitaran, no estaba feliz porque arruinaste mis vacaciones.-
La duda aún estaba clara en el rostro de Sakura, así que la mujer suspiró antes de continuar. -No me importa que Orochimaru haya regresado a Konoha. No, no es precisamente una persona con la que me gustaría cruzarme en el mercado, pero mientras haya límites bien establecidos entre nosotros está bien para mí.
-Yo pensé que...- Que ella estaría tan molesta como tú, pensó él. -Yo pensé que te disgustaría.-
La rubia se encogió de hombros ligeramente. -Sé que te cuesta entenderlo, pero a pesar de todo la aldea sigue siendo el lugar de Orochimaru. Ahora tiene la oportunidad que siempre quiso e incluso puede que pruebe que no es una total pérdida de espacio. Sus padres están enterrados allí, así que también ahí esta su humanidad, por poca que sea. Él tiene tanto derecho de estar ahí como yo, y por eso no permitiría que me sacara de allí. Yo elijo ir y venir a voluntad.
Sakura frunció el entrecejo, probablemente rumiando el hecho de que Orochimaru había salido del vientre de un mamífero y que su maestra se colocara a su nivel. Él estuvo gratamente sorprendido de que alguien que perdía dinero por deporte pudiera mostrar de tanta madurez.
»Konoha no es lo mismo sin algunas personas allí,- Dijo ausentemente, mirando a la distancia. Luego miró a Sakura con cariño. -Incluída tú.- Ante eso, ella le sonrió afectuosamente de vuelta. -Pero es el hogar después de todo. Puedo escapar de el por un tiempo, pero siempre será mi lugar para regresar. Más a menudo de lo que me gustaría ahora que tú te fuiste y alguien tiene que asegurarse de que el hospital no se desmorone, y Naruto no tiene suficiente con solo un Kage rondando a su alrededor.-
-Lamento haber arruinado tus vacaciones, shishō.- Terminó por decir su aprendiz con una media sonrisa.
-¿A qué te refieres con que lo sientes?- Tsunade preguntó sardónicamente. -Me debes.-
Sakura adquirió cierta rigidez en su asiento. -¿Qué?-
-Arruinaste mis vacaciones, así que lo menos que puedes hacer es celebrar conmigo.- Señaló la rubia.
-Supuse que ya lo estábamos haciendo...- Murmuró Sakura.
Él parpadeó una vez, aún autoexcluído-también excluído por Tsunade- de la situación. No estaba seguro exactamente qué quería celebrar si había perdido una gran cantidad de dinero y justo se había quejado de que Sakura la había obligado a salir de su retiro.
-Me refiero a una celebración real.- Cuando su alumna permaneció impávida, Tsunade agitó con impaciencia la botella de sake que había ordenado con el banquete. -Como la que celebramos en tu último cumpleaños. Creo que no me he divertido tanto desde entonces.-
Sakura se espantó, pero se las arregló para decir mesuradamente. -Nunca entendí la diversión en tomar esa cantidad de sake, mucho menos después de tenerlo fuera del sistema. El mejor regalo de cumpleaños que me diste fue la lección para aprender a metabolizar el alcohol.-
-Oh, pero si fue de lo más divertido.- La rubia le sonrió el recuerdo. -Sobretodo durante todo el tiempo que te tomó purgar el alcohol de tu sistema.- Ante la mueca de la chica, ella adoptó un tono mediador. -No quiero beber sola, Sakura, compláceme.-
Cuando Sakura-movida por el afecto o algún sentido moral- se sirvió y se llevó una copa compungida a los labios, la voz de Tsunade la detuvo antes de que diera el primer sorbo. -Sin metabolizarlo, o lo sabré.-
-¡Shishō!- Reprochó ella, bajando el vaso con un golpe en la mesa y derramando parte de su contenido.
-¿No eras tierna cuando eras más joven y me tenías el miedo suficiente para no contradecirme?- Tsunade le preguntó a nadie en particular, y el notó que Sakura dio un respingo sutil. Ahora que lo presenciaba, entendió de cierta forma el temor reverente que ella había mostrado por la figura de su maestra durante su viaje, la mujer era perversa. Sakura no titubeó demasiado al llevarse la copa a los labios. Tsunade sonrió complacida.
-¿Estás segura de que es la mejor de los tres?- Le preguntó de modo que sólo Sakura escuchara, inclinándose ligeramente en su dirección mientras Tsunade llamaba desde el fondo ordenando que trajeran más botellas. No lo había elaborado, pero le había venido a la mente algo que habían conversado sobre los Sannin en alguna oportunidad.
-Me tocó la mejor.- Afirmó ella, la copa entre sus dedos aún casi llena.
Él frunció el entrecejo. -Naruto...- Ni siquiera recordaba el nombre de su maestro, sólo lo había oído de pasada. Pero estaba seguro de que Sakura se había jactado en una ocasión de tener el mejor maestro de los tres. No era difícil que alguien superara a Orochimaru, pero Tsunade había demostrado ser una vieja bruja. ¿Realmente el miembro restante era peor?
-Completo pervertido.- Sakura respondió a su pregunta no hecha con total convicción. Alzó una ceja en su dirección, y ella cerró los ojos para asentir.
Sasuke bufó inaudiblemente. Era un milagro que ellos hubieran llegado a ser seres medio decentes habiendo sido guíados cuando aún eran tan jóvenes por maestros como la vieja zorra viciosa, el perverso mórbido sociópata y un completo pervertido.
-¿Por qué no estás bebiendo también, Uchiha?- Preguntó Tsunade. Su expresión era de indiferente curiosidad.
-No bebo.- Puntualizó él, sin expresión.
-Tampoco Sakura.- Señaló ella.
Los ojos avellana continuaron presionándolo con una silenciosa pero indiscutible insistencia. En aquel momento, le importaba muy poco quién era ella. Era improbable que cayera en lo que sea que Sakura había caído al ceder; él continuó mirándola de vuelta, impávido. Aún le disgustaba la punzada de alerta que le había enviado cuando Tsunade se había acercado demasiado con la intención de atacarlo, Sakura podía hacer tanto daño como ella y nunca le había dado una sensación similar. La mujer era peligrosa y era obvio que disfrutaba la intimidación, una parte de él se resistía a satisfacerla, sobre todo porque le parecía que ella lo estaba evaluando.
Antes sólo había conocido a la antigua Hokage de pasada, para el momento en el que había regresado a Konoha ella ya le había cedido sus funciones a Kakashi y Sakura se había encargado de su tratamiento médico. Hasta ahora le había parecido una figura distante; cuando Sakura empezó a revelar fragmentos de su entrenamiento con ella, a pesar del visible afecto que había demostrado tenerle a su maestra él la había esbozado en su mente como una persona severa. Ahora tenía una imagen más clara. Con la fuerza demoledora, el carácter inflexible y una vena maliciosa, la mujer le parecía diabólica.
Cuando no obtuvo ninguna respuesta de su parte, Tsunade dijo con actitud despreocupada. -Supongo que hay otro tipo de celebraciones que podrían parecerme atractivas esta noche. Podría seguirle la pista a Tatsuya y repartir trozos de él por la ciudad. Si la sabandija es demasiado escurridiza como para tener suerte esta noche (estoy segura de que eventualmente la tendría de todos modos) siempre puedo volver a la casa de apuestas de Kirito y patear otra pared hasta que el edificio se venga abajo. Sus disculpas no me parecieron muy convincentes.-
Él se detuvo a considerar si era sólo una exageración o un medio de extorsión, y si le convenía o no decir lo que estaba pensando, que era que bien podía hacer lo que le viniera en gana excepto manipularlo para cumplir su capricho, y vio como Sakura se alarmaba por el rabillo del ojo. No quería apartarse del desafío en los ojos de la rubia, pero tuvo que hacer un esfuerzo para no sobresaltarse cuando Sakura alcanzó su muñeca bajo la mesa.
Cuando la miró, incrédulo y algo afectado ella no lo miraba a él, sino a su maestra. Entendió que le estaba advirtiendo que se callara, pero había evitado tener cualquier tipo de interacción física con Sakura ahora que no podía predecir ni controlar tan bien sus propias reacciones. Lo había molestado la idea de hacer algo de alguna forma quedar en evidencia, pero afortunadamente sólo había mirado con el ceño fruncido la mano en cuestión a causa de la sensibilidad de su piel.
-No puedes obligar a Sasuke a tomar si no quiere hacerlo, Tsunade-shishō.- Fue demasiado amable para ser una advertencia. Era más como una petición.
Entendió la implicación de la mirada de Tsunade y sus cejas arqueadas. Y un demonio si creía que podía. -No lo sé,- terminó por evadir el asunto. -Pero definitivamente puedo ir en una cacería nocturna. Eso sería diversión garantizada.-
-¡Eso es...!- Chantaje. Sakura luchaba por encontrar las palabras, pero daba crédito al hecho de que se empeñara en librarlo del asunto. -¡No puedes pretender seriamente ir a meterte en todos esos problemas sin que yo haga algo para impedirlo!-
Había una cortés duda en su semblante. -Supongo que puedes tratar.-
En lugar de retraerse, Sakura entrecerró los ojos y él se dio cuenta de que estaba midiendo sus posibilidades. Estaba tomándoselo en serio, e incluso aunque la idea de enfrentarse con Tsunade junto a Sakura no era del todo inatractiva, se cuestionó si debía dejar que todo llegara tan lejos.
-No voy a permitir que hagas nada estúpido sólo porque Shizune no está aquí para evitarlo, y tampoco que presiones a Sasuke para que haga lo que tú quieras. ¡Ni siquiera quiero beber, pero me tomaré sola toda la estúpida botella si eso es suficiente para que lo dejes tranquilo!- La vehemencia de Sakura era seria esta vez.
-Eso no será necesario.- Dijo Tsunade.
Sakura pareció desinflarse. -¿Qué? ¿Por qué?-
-Porque él ya está bebiendo.- Señaló ella.
Ignoró la mirada de Sakura porque estaba ocupado intentando parecer aburrido mientras la rubia aún le sostenía la mirada. La verdad era que estaba bastante irritado de que lo hubiera empujado a hacerlo, pero continuaba convenciéndose que beberse el maldito trago era un precio pequeño comparado a corretear a la vieja por toda la ciudad tratando de evitar que matara a alguien o destruyera propiedad privada, como no tenía dudas de que ocurriría ya que Sakura se estaba tomando el asunto demasiado en serio como para que hubiese una posibilidad real de que Tsunade realmente no estuviera hablando en serio.
La sonrisa dentuda de la mujer no ayudaba a superar el mal sabor. Había probado el alcohol en alguna ocasión por curiosidad sólo para comprobar que la cosa sabía peor de lo que olía y nunca le había interesado el efecto que le describían después de ingerir la suficiente cantidad. Le parecía más defecto que efecto la capacidad del alcohol para atontar el sistema nervioso y no podía entender por que habían personas que se sometían a ello a voluntad, menos alegando que era por diversión. Sospecharía de los motivos de Tsunade para obligarlos a tomar si ella no estuviera empinando la botella con demasiada frecuencia y entusiasmo. Desgraciada vieja.
Sin embargo, los ojos suplicantes de Sakura lo mejoraron todo un poco. -De verdad no tienes que hacerlo.- Susurró ella, angustiada.
Él negó con la cabeza. No vale la pena, quiso decir. Decidió que con al menos controlar la cantidad que iba a ingerir le bastaba. Sorbió la bebida, para probarle que estaba bien, y evitó carraspear el ardor en el fondo de su garganta. Con el segundo trago, ya no fue necesario.
Sakura estaba evidentemente renuente a dejar de estar contrariada, negándose a beber hasta que él lo hizo las veces suficientes como para que ella empezara a ceder a regañadientes, con las sutiles amenazas de Tsunade empujándola. Se mantuvo tensa y enviando miradas preocupadas en su dirección que él ignoraba junto a todo lo demás. Tsunade había argumentado que quería celebrar con ellos, pero el estado de ánimo en la mesa era todo lo contrario, con la renuencia y el silencio de Sakura y él. A pesar de esto, la mujer de hecho parecía estar celebrando, comía y bebía en abundancia y permanecía impérvida a la nube de molestia en el lado contrario de la mesa.
Tsunade ignoró los refunfuños de Sakura con una charla incansable hasta que su pupila empezó a responder a ella, reticente al principio, y progresivamente cada vez menos conforme se adentraban en temas que le interesaban, médicos en su mayoría, que él sólo podía seguir de forma parcial; las últimas noticias acerca del hospital de Konoha, nombres de personas que no conocía e incluso menciones de un cerdo. También notó que en algún punto Sakura paró de desdeñar el licor y lo que antes había sido una imposición casi empezó a parecer un acto voluntario. La bebida pareció drenar su tensión, estaba relajada y él creyó que la felicidad que empezaba a mostrar era la que imaginó que tendría al reunirse de nuevo con alguien a quien apreciaba tanto. Sólo que ahora que conocía a Tsunade, Sasuke no entendía por qué.
A pesar de la cantidad de alcohol que Tsunade se estaba tragando permanecía pendiente de que Sakura y él cumplieran con el castigo. Rellenaba el vaso de Sakura de forma sutil en medio de sus conversaciones, y cuando le parecía que él no estaba haciendo lo suficiente le enviaba una mirada de condescendencia-que escondía una ligera advertencia- y también rellenaba el suyo, todo el tiempo mostrándose como si estuviera haciendo demasiado siendo atenta con él.
La risa de Sakura se tornó más ruidosa y libre y él se encontró a si mismo absorto en ella, sorprendido por su rica cualidad. Nunca la había escuchar reír de esa manera antes, y por primera vez encontró un eco de esa misma alegría dentro de él, como si el sonido se convirtiera en una ola poderosa que lo atravesó y lo alcanzó en el interior, donde el resto de ella reaccionó a el.
Supuso que se trataba del alcohol. Hasta ahora, había regulado minuciosamente todo lo que había consumido, pero aún así podía sentir los sutiles cambios de la sustancia extraña en su sistema. Tal vez en un principio ni siquiera habría sentido la diferencia si el primer indicio no hubiese sido tan relevante para él a causa de que era una sensación poco conocida: los pensamientos y sensaciones que antes vetaba e intentaba reprimir surgían como niebla entre barrotes, incapaz de contenerse. Era el único motivo que justificaba que estuviese divagando sobre la risa de Sakura libremente y-desde que había regresado a las Olas-otra vez se permitiera observarla de forma irrestringida, como si sus temores previos no tuvieran fundamento.
Excepto que lo tenían. El regocijo que había sentido se oscureció cuando lo mismo que aumentaba su alegría parecía potenciar su preocupación. Pronto, lo inhundó una ola de desesperación que lo dejó algo aturdido, y la enredadera alrededor de su corazón presionó con fuerza. Había sido un salto repentino, su ánimo había subido y caído en picada y apenas podía explicarse a si mismo por que. Estar allí sentado a su lado lo hacía desdichado, y al mismo tiempo no se hubiera movido para alejarse.
Obtuvo su explicación cuando por inercia se había llevado la copa-otra vez rellena- a los labios. El alcohol. Estaba empezando a incapacitar algunas de sus funciones, y él no iba a permitir que jodiera con nada más. Alejó el vaso bruscamente.
Realmente no lo entendía. -¿Cuál es el punto de esto?- Preguntó él en voz alta. ¿Porque tenía que tener un punto, no?
-Disfrutar.- Respondió la rubia con naturalidad. -El licor produce una buena sensación.-
-Es totalmente desagradable.- Manifestó con franqueza. Tal vez excesiva, considerando que estaba decidido a no hablar por el resto del tiempo en el que aún estuvieran en presencia de Tsunade. Frunció el seño.
-¿Te parece?- La pregunta fue una total ironía. -Que mal.- No pareció que Tsunade lo sintiera en lo absoluto.
Tal vez ella captó que no estaba dispuesto a negociar esta vez con el asunto del alcohol, porque lo dejó en paz y volvió a su conversación con Sakura. A pesar de haber dejado de beber, las sensaciones extrañas no se detuvieron y más bien empeoraron, el ruido y los colores del resto de las personas del lugar arremolinándose, pero por alguna razón, a su lado, Sakura parecía más definida. Una vez se enfocó en Sakura reconoció que la bebida también había actuado en ella, aunque de forma diferente a él: el alcohol la había ruborizado, sus párpados se veían un poco más caídos sobre los ojos brillantes y estaba siendo inusualmente bulliciosa, incluso para ella. Ambas lo eran, enfrascadas en su parloteo, pero a pesar de que Tsunade había bebido sustancialmente más que Sakura y también estaba ruborizada y ruidosa, no había perdido ese brillo alerta de sus ojos que la hacía parecer que tenía en cuenta cada detalle y no estaba pasando nada por alto. Sakura estaba al borde de parecer torpe, sus movimientos-para tomar la copa y gesticular-eran descuidados.
Había tenido curiosidad acerca de la diversión que Tsunade pudo haber tenido aquella vez en el último cumpleaños de Sakura cuando ella había bebido, pero verla perder sus reflejos lo alarmó casi tanto como la idea de perder los suyos. Aquella maldita cosa estaba afectándola tanto como a él, estaba seguro de que era dañina y lo peor, completamente sin sentido. Estaba a punto de mandar a la anciana al diablo e iniciar una disputa potencial al tirar el vaso de alcohol que Sakura aún sostenía en la mano, pero la expresión intensa de Sakura lo detuvo. Estaba observando los movimientos del mesero que se había acercado a retirar las botellas vacías.
Era joven, y lento, ahora que se detenía en sus movimientos ralentizados comprendió por que; mientras apilaba las botellas vacías sobre la bandeja le estaba dando una profunda y sutil-aunque no tanto para ellos-mirada al gran escote de la Godaime. La mujer estaba inconsciente de esto-o sencillamente no le importaba-pero Sakura evidentemente no lo estaba.
-¿Qué crees que estás haciendo?- Sakura le espetó de forma amenazante, arrastrando un poco las palabras.
Notó su error apenas ocurrió, y tal vez por eso reaccionó de la forma en que lo hizo. El joven se sobresaltó y se giró hacia Sakura, y como si reconociera la familiaridad del sello en la frente de ambas mujeres, bajó la mirada hacia el pecho de Sakura buscando el mismo «rasgo» que había estado admirando en Tsunade. La mirada de Sakura se afiló y por primera vez en la vida le envió la misma punzada de alarma que había sentido cuando su maestra lo atacó hacía algunas horas.
Hubo un estruendo y parte de las cosas sobre la mesa volaron y cayeron al suelo, pero de lo único de lo que estuvo consciente fue de la ligera sorpresa de haber sido capaz de moverse tan rápido. Se había movido con la celeridad de una serpiente, de modo que una vez vio los primeros movimientos de los músculos de Sakura preparándose para saltar, cuando parpadeó los estrépitos no habían terminado de morir y él ya la tenía aprisionada contra su cuerpo, inmovilizándola y evitando que se abalanzara sobre el mesero. De la segunda cosa que estuvo consciente fue del momento en el que ella se tensó, y un poco después lo notó él mismo. La había enjaulado con su único brazo y la retenía contra él, su mano estaba extendida sobre el vientre de ella. Del otro lado de la mesa, aunque ninguno de los dos lo vio, los ojos de Tsunade resplandecieron.
De manera tortuosa, su mente empezó a hacer las conexiones pertinentes logrando que cada parte de su cuerpo en contacto compartiera la misma «plena consciencia» y casi pudo ver como aquel proceso se extendía hasta Sakura. El calor que empezó a percibir debajo de su mano se expandió desde su vientre hasta que pudo verlo colorear la parte del cuello de Sakura que estaba a su vista, al menos antes de que ella echara la cabeza hacia atrás y pudiera ver el rojo furioso quemándole las mejillas, los ojos verdes bien abiertos y aunque de alguna forma aún parecían velados, sobrios. Su mirada lo congeló en el sitio, y la parte de él que lo regía y exigía que se alejara todo lo posible en ese instante sonaba lejana y ahogada debajo de la fiebre.
-Está bien, suficiente diversión.-
La voz de Tsunade era mucho más fuerte, y lo hizo soltar a Sakura tan rápidamente como la había agarrado. Se arrepintió inmediatamente después, cuando sin su soporte ella se desplomó sobre la silla. La ola que lo había inundado se transformó rápidamente en preocupación, y al volverse hacia Tsunade, rabia.
-¿Qué le sucede a Sakura?- No estaba inconsciente, pero obviamente no tenía completo control sobre su cuerpo y su reacción no había sido nada como ella. Sabía que había sido el alcohol, pero ¿Qué si algo había ido mal en ella? Tsunade había bebido mucho más que Sakura y a simple vista estaba bien.
-No es nada,- aseguró la mujer, -Sakura tiende a volverse espontánea cuando consume cierta cantidad de alcohol. Digamos que potencia su estado de ánimo, si se siente violenta entonces aumenta su instinto destructivo.-
-¿Por qué la obligaste a beber?- Preguntó de vuelta, aún más irritado.
-¿Pueden dejar de hablar de mi como si yo no estuviera aquí?- Sakura intervino, arrastrando las palabras desde su silla.
Ambos la ignoraron.
Tsunade le envió una mirada lacónica. -Bueno, es obvio. Ella no puede ocultar nada en ese estado, así podría saber como están yendo realmente las cosas ahora que está fuera de Konoha.- Conmigo, presintió él. -Tienes suerte, si Sakura estuviera triste hubiera empezado a llorar y entonces ya no tendrías la cabeza sobre los hombros.-
-¿Entonces por qué nos fastidiaste tanto para que yo también lo hiciera?-
La rubia se encogió de hombros. -Tenía curiosidad acerca de si funcionaba igual contigo. Todos lo asimilamos de forma diferente.-
Él continuó mirándola enfurecido mientras Tsunade lo confrontaba con la mirada entrecerrada, retándolo. La corriente de tensión era visible entre ellos.
-¿Quieren dejar de actuar como idiotas?- Sakura mencionó repentinamente y rompió la conexión. Él la miró con el entrecejo fruncido. De alguna forma le sonaba familiar, aunque Sakura realmente no se expresaba de esa manera.
-Ahora,- dijo Tsunade. -Sakura necesita agua y dormir hasta que se le pase el efecto. Yo me encargaré de arreglar todo este desastre.- Sólo entonces se dio cuenta de que más de la mitad del contenido de la mesa estaba en el suelo y que la mayoría de las personas a su alrededor aún estaban enfocadas en el alboroto. El mesero había sido lo suficientemente inteligente como para esfumarse del lugar.
Extendió un brazo hacia Sakura. -¿Estás bien?-
Ella pestañeó, como atontada. -Si, Sasuke-kun.-
Trató de no pensar en lo que estaba haciendo cuando se puso el brazo de Sakura sobre los hombros y la tomó de la cintura para balancear el peso de su cuerpo para ayudarla a caminar, pero la calidez volvió con su proximidad, como un radiador.
-Adiós, Tsunade-shishō.- Sakura omitió parcialmente la primera sílaba del nombre y siseó el resto de las s. -Espero que Shizune-san venga pronto. Realmente necesitas a alguien que te controle.-
Tsunade le dio una sonrisita desdeñosa y a él le divirtió el arranque de sinceridad de Sakura, sobre todo porque antes del alcohol cuidaba todas las palabras que le dirigía a su maestra.
Antes de retirarse, la voz de la mujer los alcanzó. -Sasuke.- Lo que verdaderamente lo detuvo fue que lo llamara por el nombre por primera vez. -Cuida de Sakura.- Fue una petición, y le pareció extraño desde que habría esperado más una imposición de parte de Tsunade. Sonó como la delegación de una responsabilidad, incluso un voto de confianza, de una forma similar a la última vez que Naruto le había pedido lo mismo. Que fuera de ese modo lo obligó a asentir.
-Si algo sucede,- Tsunade lo amenazó una última vez, -lo sabré. Eres lo suficientemente inteligente como para intuir el resto.-
Lo sabía. En adelante ese encuentro particular no lo haría tomarse nada más que en serio a la maestra de Sakura.
Tsunade estaba naturalmente inclinada a encontrar desagradable a Sasuke Uchiha.
Tal vez un poco por su experiencia personal acerca de sentimientos involucrados con compañeros de equipo problemáticos, pero no se engañaba demasiado como para no saber que se trataba más del exceso de cariño que le tenía a la chica. Shizune había sido la primera niña que le había inspirado un sentimiento maternal después de que Nawaki se había ido; pero Sakura era la primera en la que realmente había visto una pequeña versión de si misma. Verla crecer y convertirse en una joven aguerrida y hermosa que asimiló todas sus habilidades era lo más parecido que tenía al orgullo que describían algunas mujeres cuando los hijos les heredan algunas de sus cualidades.
Se alarmó un poco cuando supo que Sakura se había ido, porque ella había tomado la misma desición cuando era sólo un poco mayor. Los viajes habían servido para convertir el dolor en algo con lo que podía vivir, pero la habían transformado en una persona escencialmente distinta. Temió por Sakura, porque una vez que ella misma había salido de Konoha estaba segura de que nada la habría hecho volver, al menos nada tan certeramente demoledor como Naruto, y el chico había tenido suerte, toda la suerte que ella no tenía para lograrlo. Una vez le llegó el rumor de que Sakura y Sasuke estaban juntos, había tomado la novedad con reservas. Realmente no sabía si esto era bueno o malo, conocía la naturaleza del sufrimiento de Sakura porque alguna vez lo había vivido ella misma con Orochimaru, y no sabía hasta que punto su situación distaba de la de su alumna. Fue su propia experiencia con Orochimaru lo que le impidió ver a Sasuke de forma diferente del que, ni más ni menos, era su maestro.
Nunca pensó que tendría la suerte de poder hacer un avalúo completo, pero el azar era caprichoso. Lo más probable era que ni siquiera se tratara de su propia suerte-que era más que nada inexistente-, sino la de Sakura.
El chico era apuesto, lo era más siempre que volvía a verlo y también tenía esa aura peligrosa que volvía atractivos e irresistibles a chicos como Orochimaru lo había sido en su tiempo (y aquel toque de peligro no se había convertido en completo desequilibrio). También era un mocoso engreído y se había divertido poniéndolo en situaciones que intuía no iba a tolerar, pero para su sorpresa, había soportado bastante bien. No fue difícil descifrar la razón. Se comunicaban de una forma peculiar, Tsunade había tenido la sensación que las partes de sus conversaciones que ella alcanzaba a escuchar estaban incompletas, como si el resto se hubiera transferido por un medio distinto y por eso se las perdió. Tal vez la descripción adecuada era que ambos lucían coordinados, y en las situaciones de ese día Sasuke había elegido seguirle la corriente a Sakura, aunque visiblemente a su pesar.
Había alcanzado a preguntarle a Sakura en un corto momento a solas qué estaba sucediendo con Sasuke. Su alumna sólo había negado con la cabeza. -Eres la primera persona que no nos confronta directamente al respecto.- Sonó agradecida por ello. Ella no supo si sentirse bien u ofendida de que a Sakura le sorprendiera que tuviera más sensibilidad que los mocosos brutos de Naruto y Sai.
La bebida había sido una brillante inspiración momentánea, pensó, dándole un trago a la botella. Aunque fue un poco decepcionante que el Uchiha también tuviese un prodigioso manejo del alcohol.
-¡Tsunade-sama!- La voz de Shizune la arrancó de sus pensamientos. Maldición, eso fue rápido.
-Pensé que te tomaría algo más de tiempo encontrarme.- Le dijo con sólo un poco de resignación.
Shizune cruzó los brazos contra el pecho. -Chôkichi-san accedió a cubrirme sólo un día después de que te fuiste. No sé por qué crees que está bien dejar tus responsabilidades de lado así como así, pero te comprometiste a asumir el liderazgo y la gente te toma en serio, debes...-
-Oh, por favor.- La interrumpió. -Eres perfectamente capaz de cubrirme siempre que no esté.-
-¡Ese no es el punto!- Reprendió ella nerviosamente. -Al menos deberías avisar siempre que quieras irte, y estaría bien que de vez en cuando no te fueras a buscar problemas. ¿Qué hay de todo ese alboroto en la casa de apuestas de Kirito? El lugar está casi en ruinas, ya no te permitirán la entrada al local.-
-Honestamente creo que Kirito sabe mejor que eso.- Mencionó, llevándose la botella a la boca.
Shizune estaba a punto de replicar, pero se distrajo momentánemanete con la cantidad de botellas vacías sobre la mesa. Tomó una y la vio buscar en la etiqueta los grados de alcohol. -¿Te tomaste todo esto?- Preguntó horrorizada.
-No.- Le respondió. -Sakura y Sasuke lo hicieron.-
-¿Sasuke y Sakura?- Repitió Shizune, extrañada. -¿Sakura?- Enfatizó esta vez, frunciendo el entrecejo. -Pensé que dijo que desde la última vez no volvería a beber.-
Tsunade le dio una sonrisita arrogante. -Todos decimos eso.-
-Oh, kami.- Shizune palideció. -Esto es muchísimo. ¿Cómo lograron irse caminando después de todo esto?-
-Bueno, Sakura se bebió la mayoría y Sasuke tiene mejor aguante. La mayor parte del trabajo recayó en él.- Explicó.
Había hecho cálculos mentales usando el grado del alcohol y la cantidad de bebida que habían consumido. Sus cuentas eran correctas-no había la menor duda en ello-ambos tendrían horas bajo esa influencia deshinibida.
Shizune volvió a lucir afrontada. -¿Ni siquiera estás un poco preocupada en su nombre?-
¿Preocupada? Había estado preocupada meses antes de que Sakura se fuera de Konoha, en el cumpleaños en el que la habían hecho beber de más y admitió bajo la completa honestidad a la que la empujaba el alcohol que se sentía desesperanzada y sola. Sólo tenía dieciocho años y ya se sentía como Tsunade lo había hecho después de la muerte de Dan, y su amor ni siquiera estaba muerto, sólo parecía imposible y lejano. Esa preocupación la había hecho apostar en contra de la vida amorosa de Sakura con la fé absoluta que le tenía a su mala suerte, y también la había hecho tomar cartas en el asunto ahora que se los había cruzado y Sakura aún negaba con la cabeza cuando se hablaba de Sasuke y ella.
Lo había observado a él, como parecía indiferente a todo lo que lo rodeaba excepto con una excepción, como después de que el alcohol le hiciera efecto parecía haberse encerrado en si mismo, como si sus ojos no viesen hacia el exterior si no al interior, y lo único que podía devolverlo a la realidad era Sakura. En su mente, las imágenes de Sasuke y Orochimaru se separaron como el velcro. Había demasiadas emociones crudas en la mirada de Sasuke como para compararse a la falta de ellas que había en su maestro.
-No,- respondió con sinceridad. Antes de que Shizune se escandalizara, se apresuró a decir. -Estoy bastante segura de que hice algo bueno.-
Sabía que la única razón por la que verdaderamente vivía era para apostar. Como podía permitirselo era otra cosa. Aunque se lo había dicho a Sakura, ser heredera del Clan Senju jamás hubiera podido costear su vicio si no inviritera parte de su capital en otros negocios y permitiera que mejores jugadores apostaran de vez en cuando con su dinero y multiplicaran sus ganancias. Nadie entendía por qué le gustaba perder dinero, mucho menos apostar, ya que las únicas veces que ganaba siempre sucedían cosas terribles.
Había empezado a apostar desde muy corta edad, así que hacía mucho tiempo sabía que tenía una pésima suerte. No sólo en lo que se refería al azar, a lo largo de su vida sus pérdidas se fueron acumulando. Sus abuelos, sus padres, su hermano, su equipo, Dan. La amargura de la pérdida la había empujado a pelear contra el destino. Se obsesionó con ganarse la suerte, la suerte que le pertenecía. Los años le habían hecho aceptar de cierto modo que era sólo su suerte, y que ella era parte del balance negativo del orden de estas cosas, donde había personas cuya suerte en contraste era toda la que ella no tenía.
Sakura era tan parecida a ella en todo lo que valía, pero afortunadamente no compartía su suerte. Era cierto que era una pequeña genio y eso le daba ventaja en el juego, pero su intelecto también era parte de su buena fortuna. Aunque era una creencia común que las personas afortunadas para el azar no lo eran en otros aspectos, como el amor, ella había vivido muchos años como para saber que eso no era enteramente cierto. Tsunade era la prueba de que habían personas enteramente afortunadas, y otras que no. Ella siempre había gozado de una suerte terrible que se manifestaba sólo en circunstancias que prometían cobrar un precio; había tenido la suerte de amar y conocer el amor en profundidad sólo para perderlo todo después. Pero estaba segura de que la suerte de Sakura era la de las buenas pues aún conservaba todo lo realmente importante, y era capaz de conseguir lo que le faltaba. De hecho, creía que ya tenía todo lo que realmente necesitaba, sólo necesitaba un empujón.
Pensaba mejor de Sasuke después de ese día. El chico también tenía algo de suerte inconsciente-Sakura había luchado por su suerte, era una luchadora como su maestra-como su codo había demostrado con la máquina tragamonedas. Ambos tenían que tener suerte si después de todo lo que habían atravesado en conjunto y por separado, se habían encontrado de nuevo y aún tenían algo valioso que compartir.
Hoy no había sido un mal día, aunque no había ganado el dinero de la apuesta tampoco había perdido nada. Tendría que regresar a Konoha (en parte por culpa de Sakura) y aunque su alumna si había interrumpido su retiro, no estaba realmente molesta con ella. Sakura estaba ganándose su suerte, así como ella continuaría luchando contra la vida y el destino por la suya. Moriría apostando hasta ganarse su legítima buena suerte, una fortuna que no trajera desgracias.
Hasta entonces, estaba contenta de utilizar su mala suerte para el beneficio de los demás. Seguiría apostando contra Sasuke y Sakura hasta que los próximos rumores le confirmaran que perdió una vez más. Después de todo, le había enseñado todo lo que sabía a Sakura y estaba segura de que algún día su alumna sabría más, y Sasuke era un sobreviviente por naturaleza.
Si, se comunicó con él, como a menudo lo hacía. A ellos les irá mejor a que nosotros, Dan.
El peso y la descoordinación de Sakura los hizo tambalearse sin que él pudiese hacer nada para remediarlo todo el camino hasta la posada más cercana. A pesar de ello, apenas podía decir que él estaba en mejores condiciones. La sustancia-que en un principio sólo había nublado sus pensamientos-se había disipado momentáneamente en su pequeño altercado con Tsunade, pero realmente lo había embotado aún más una vez que se puso de pie, de un modo que sentía la necesidad de sacudir la cabeza para aclararse y lo hacía maldecir mentalmente a la Quinta de una manera que nunca había hecho con Orochimaru.
La mirada de Sakura era perspicaz y parecía más lúcida, pero sus movimientos eran considerablemente más torpes, como si su mente se mantuviera estable pero fuera demasiado rápido y su cuerpo se enlenteciera y le costara seguirle el paso. El alcohol estaba haciendo el efecto opuesto en él: el eterno control de los movimientos de su cuerpo era algo demasiado arraigado en Sasuke para dejarlo ir por una sustancia, pero el últimamente abusado dominio de su mente era más susceptible; sus pensamientos iban en cámara lenta, se juntaban, aglutinaban y retrasaban. En contraste, los pensamientos de Sakura saltaban y no eran restringidos por el filtro de su mente, y él tuvo la impresión de que tal vez Sakura se había ido y su versión interna se había apoderado de ella.
-¿Crees que Tsunade-shishō vaya tras Tatsuya ahora que ya no estamos allí?- Preguntó Sakura, con el rostro caído sobre el pecho. La lengua de Sakura era definitivamente más lenta de lo que estaba yendo su cerebro. No esperó a que respondiera para echarse a reír. -Nunca más le quedarán ganas de engañar a nadie. ¡Espero que Tsunade-shishō le decore la cara, Shānnarō!-
Estaba tan ansioso por llegar y que se pasara el efecto que no le prestaba tanta atención como lo habría hecho de estar sobrio e intrigado por la dualidad manifiesta. Prácticamente la arrastró hasta que llegaron frente al mostrador. El hombre que los atendió los miró con curiosidad.
-¿Una habitación?- Preguntó él. Sasuke asintió. Tenía que asegurarse de que Sakura permanecía bien mientras los efectos se pasaban, no estaba seguro de si el alcohol pudiese hacer que dejara de respirar o algo por el estilo. Estaba seguro de que una vez escuchó que alguien se había ahogado de borracho. Vieja bruja.
Cuando el hombre le entregó la llave, Sakura la interceptó y miró al hombre durante segundos interminables con los ojos entrecerrados, él la miró de vuelta con las cejas levantadas. -¡No es lo que está pensando, pervertido!- Terminó diciendo ella. -Tsunade-shishō le pidió a Sasuke-kun que cuidara de mi.-
Ofuscado, alejó a Sakura casi a rastras del mostrador mientras ella seguía gritando -¡Pervertido!- Hasta que él ahogó su voz con la palma de su mano. Para cuando llegaron a la habitación y necesitó la mano para abrir la puerta Sakura se había callado, aunque tenía el entrecejo fruncido, atenta a algo que él no podía ver. Una vez dentro, apenas tuvo tiempo para sentirse irritado por la nube que oscurecía sus pensamientos y no lo había hecho arreglar las especificaciones de la habitación cuando notó que sólo había una cama. Estaba considerando-mucho más lentamente, con lo máximo que podía trabajar coherentemente sus pensamientos-si valía la pena volver a pedir otra habitación más adecuada cuando Sakura salió de su ensoñación.
-¿Qué hacemos aquí?- Preguntó ella. Él sólo alcanzó a pestañear. -Necesitamos volver al restaurante. Dejamos a Tsunade-shishō con el pervertido.- Entonces cayó en cuenta que la acusación al hombre del mostrador había hecho eco al mesero olvidado momentáneamente.
Sakura se giró hacia la puerta y él la interceptó tan rápido como lo había hecho en el restaurante. Esta vez, ella luchó su agarre. -¡Déjame ir, Sasuke-kun!- Gritó, irritada. -¡Tengo que darle una lección a ese bastardo!-
A pesar de sus reflejos, la fuerza de Sakura aún era superior a la suya. Lo empujó con fuerza hasta que chocó contra la puerta y cuando se abalanzó para detenerla ella se desvió y envió con un estrépito una pequeña mesa y el jarrón sobre ella hacia el otro lado de la habitación, donde chocó contra la pared y volaron pedazos de madera y porcelana por igual.
Ella se había detenido en el acto y durante algunos momentos miró los fragmentos en el suelo a metros de ellos y luego le dio una mirada especulativa a su puño cerrado. -Ni siquiera canalicé chakra para hacer eso,- dijo Sakura en un murmullo alarmante y casi inentendible. Sin que lo hubiera previsto, dio un puñetazo al aire y el próximo se dirigió directo a la pared, que vibró cuando la atraveso limpiamente. -¡Así que de esto estaba hablando Rock Lee con el tal puño borracho, ja, ja, ja!- El contraste tan violento entre un humor y otro fue lo que lo hizo reaccionar-mucho más lentamente de nuevo-y atajó su próximo golpe por la muñeca.
-¡Maldición Sakura, nos echarán de este lugar si sigues destrozándolo todo!-
Ella trató de zafarse pero esta vez él forcejeó hasta que quedó inmovilizada contra su pecho. No pensó en ello-de nuevo-hasta que no estuvo frente a ella y el calor de su cuerpo volvió a traspasarlo y a alterar las células de su cuerpo. Permaneció quieta, como hace rato, aunque vio que no había reaccionado de la misma manera. En lugar de tensarse sólo estaba mirando su pecho, perdida en algún pensamiento al que él no tenía acceso. Sakura jamás había sido tan difícil de predecir, era como encontrarse frente a una persona desconocida.
-¿Estás molesto conmigo?- Masculló.
Estaba molesto, pero no con ella. Odiaba el estado de ebriedad con todas sus fuerzas y perder el poco control que le quedaba, ciertamente odiaba a Tsunade Senju y que Sakura también estuviese en esa situación, pero no a ella, estaba tan perdida en ello como él. Se relajó sólo un poco, y lo lamentó porque lo apegó a su cuerpo y nuevamente la voz de la razón parecía fácil de ignorar. -No.- Fue casi un respiro.
Entonces se alzó hasta mirarlo con ojos verdes y brillantes. No fue capaz de mover ni un solo músculo cuando ambas manos le acunaron el rostro. -Lo único que quiero es que seas feliz.- Sakura pareció más sobria en ese momento, aunque seguía arrastrando las palabras. -Todo lo que hago es para hacerte feliz. Quiero que lo seas, sólo así yo puedo serlo también.- Sus ojos se anegaron de lágrimas que hicieron resplandecer sus ojos. -Haría lo que sea por ti, Sasuke-kun. ¿Lo sabes, no es así?-
En un momento supo que la situación se pareció demasiado al sueño que lo había sacudido todo, pero no estuvo consciente de ello hasta que sintió que la única fuerza que lo obligaba a moverse lo empujaba hacia abajo, con una voluntad superior a la suya. La gravedad parecía haberse redoblado y la cabeza sobre sus hombros le pareció infinitamente más pesada, la verdadera resistencia era la rigidez de la cordura que lo había congelado en el sitio. Estuvo vagamente consciente de que no podía moverse, pero no pudo pensar con claridad en apartarse. Sólo podía sentir el poder que lo obligaba a inclinarse como una rama sometida por el viento de un huracán, con una magnitud con la que le parecía que no ceder haría algo peor que romperlo, lo arrancaría de raíz.
Nunca pudo esclarecer como había iniciado, su pecho se había inflado para aspirarla al bajar y ella se había empujado hacia arriba hasta sus labios, encajando como dos piezas. No fue para nada como respirar fuego, todo resultó tan naturalmente puro como inhalar aire, incluso mejor que eso, respirar después de estar privado de oxígeno. Hubo alivio y también desesperación, la necesidad de llenarse los pulmones para aliviar el ardor, el querer retribuirle al cuerpo por lo que le faltaba. Se estremeció por la fuerza de la sensación que lo recorrió de pies a cabeza e incluso en medio de la desorientación y el aletargamiento en un momento de lucidez llegó a preguntarse qué demonios estaban haciendo. Los labios de Sakura se movieron suavemente y profundizar el contacto fue la única clase de respuesta que pudo procesar.
Al cerrar los ojos no pudo pensar en nada más. Su mente se desconectó de su cuerpo y este empezó a actuar por su cuenta con reflejos que no sabía que tenía, y la cercanía que le había parecido insoportable ahora era su única conexión con el mundo; se entregó completamente a la calidez en el medio de la oscuridad y la proximidad de su cuerpo. Cuando Sakura inclinó la cabeza hacia atrás para aumentar el contacto sus labios le resbalaron hasta la barbilla; movido por el instinto e instigado por los suaves sonidos de su aprobación le recorrió la piel con los labios, completamente dominado por la sensación de su cuello exponiéndose cada vez más para su exploración... Hasta que estuvo demasiado expuesto. Pestañeó un poco, mareado, y levantó la mirada para observarla mejor.
La cabeza de Sakura colgaba hacia atrás, con los labios rojos entrabiertos y los ojos cerrados. El sonido de su propio corazón sonaba violento en comparación con el de ella, y cuando sintió su respiración acompasada frunció el entrecejo. -Sakura.- La llamó. En contraste con lo terso y fluido que le había parecido todo hacía un momento, su voz sonaba bastante áspera.
Cuando no respondió, sintió una punzada de frustración. -Sakura.- Llamó un poco más fuerte.
La sacudió con fuerza, y la cabeza rosada se bamboleó sin soporte hacia delante y hacia atrás hasta volver a caer sobre su espalda. Fue entonces cuando escuchó sus ronquidos suaves, y la consciencia lo acudió como un relámpago. Se tensó durante el segundo en el que finalmente se dio cuenta de lo que estaba haciendo y la soltó como si lo estuviera quemando. Sakura tuvo suerte de que estuvieran al borde de la cama y al caer lo hiciera sobre ella, aunque desparramada y en una posición extraña.
Dio dos grandes zancadas para poner distancia entre ellos y sólo entonces reparó en las reacciones de su cuerpo. Aún todo iba lo suficientemente lento como para que tardara varios segundos en encontrar el culpable de haber actuado tan fuera de sí: el alcohol. Sin embargo, la rabia que afloró en él no se dirigía hacia lo que probablemente le había quemado las neuronas, sino a su proveedora. Esperaba de todo corazón que Tsunade se fuera al infierno.
Hizo un gran rodeo a la cama hasta alcanzar el lado opuesto en el que Sakura había colapsado, tomando una de las almohadas y lanzándola al suelo, de mala gana. La idea de compartir la cama con ella después de lo que había pasado le parecía tan mortificante como insoportable. Sakura tenía suerte de haber caído inconsciente, él tendría suerte si pegaba un ojo esa noche. Estaba horrorizado y se sentía traicionado por si mismo por haber perdido tanto el control. Pero nada era peor que la conmoción de que resultara imposible negar el hecho de que lo había disfrutado.
Se revolvió en el suelo durante minutos. Como su mente, embotada y acelerada, su cuerpo estaba tenso, rezumando vivo con electricidad. Se llevó la mano a la boca que aún le hormigueaba, aturdido y extrañado de que pudiera ser tan sensible. La sensación había sido exquisita, la suavidad de los labios húmedos contra los suyos y el áspero contraste de su lengua. Lo hizo darse cuenta de que apenas recordaba nada de cómo se sintió haber besado a Sakura la primera vez, después de la pelea. En ese momento debió haber estado entumecido por la rabia, la impresión, el dolor y el alivio como para enfocarse en las sensaciones por individual, al menos no con la claridad que otorgaba el licor para ciertos detalles.
Aún tenía algo de horror mezclado con asombro de haber experimentado algo así, pero el horror le ganó cuando su mente proyectó por su cuenta que la sensación vertiginosa del beso había sido desconocida para él a pesar de haber besado antes a Naruto. Dos veces. Fue la completa repugnancia del recuerdo involuntario lo que finalmente lo hizo apartar a Sakura y apagar su mente para ser capaz de dormir.
El encargado en el mostrador suspiró y se recordó que los ninjas aportaban gran parte de sus ingresos en el hostal cuando empezó a escuchar los gritos y luego los estruendos del mobiliario haciéndose añicos. No había nada peor que shinobis borrachos, y él los reconocía como tal aún sin distintivo, porque definitivamente eran de la clase mala de borrachos.
Su único consuelo fue divertirse agregando ceros a su cuenta.
De lo primero que estuvo consciente al despertar era que estaba sobre una superficie incómoda y dura, lo segundo fue que su cuerpo estaba engarrotado y adolorido, lo tercero; como si lo hubieran golpeado con un mazo en la cabeza, el recuerdo de que había besado a Sakura. Se incorporó de un salto-que su cuello lamentó y el dolor de su sien resintió- y miró a su alrededor después de que las formas recobraron su nitidez. La mayor parte de la luz que se filtraba en la habitación lo hacía por medio del agujero que Sakura había abierto en la pared, pero estaba bien entrada la mañana, quizás más cerca de la tarde. Reconoció que incluso las sensaciones experimentadas la noche anterior debieron estar veladas por el alcohol, la mortificación que ayer parecía tan terrible hoy era inaguantable ante la perspectiva de tener que lidiar con el asunto sobrio y en sus cinco sentidos, y aún peor, con Sakura.
Ni siquiera quería mirarla, pero se sintió responsable de verificar que la quieta figura sobre la cama estaba bien y respirando. Cuando se acercó, lo alarmó el que Sakura no pareciera haberse movido un centímetro de la posición extraña e incómoda en la que había aterrizado sobre el colchón, pero el suave subir y bajar de su pecho lo tranquilizó. El vaho de alcohol aún predominaba en la habitación cerrada y se dijo que una vez terminara de disiparse todo acabaría.
La situación de anoche obviamente había sido incitada por la influencia de la bebida y ahora que las cosas habían vuelto a la normalidad no había razón para que todo lo demás no lo hiciera. Sólo había reaccionado de esa forma porque su cuerpo se había desligado de su control y su mente se encontraba aturdida, pero ahora que estaba plenamente consciente las sensaciones no volverían a ser tan apabuyantes. Seguramente Sakura estaría de acuerdo con él una vez despertara, aunque por el momento no podía imaginarla despertando, casi tanto como quería que despertara, con una ansiedad que creía tenía que ver con su necesidad de afrontar todo el asunto de una vez.
Como si sus pensamientos la hubieran perturbado, Sakura empezó a removerse y a quejarse en medio de la bruma del despertar. Las partes de ella dentro de él que rodeaban sus visceras se apretaron y en medio del vacío y la pesadez que lo acudió sólo alcanzó a alejarse algunos pasos, volteándose y poniéndole atención al jarrón y a la mesa rota.
-Sasuke,- llamó ella con voz ronca.
Se preparó mentalmente antes de girarse. Sakura se había sentado sobre la cama y se frotaba el cuello rígido. Su expresión adolorida lo hizo sentir un relamazo de culpa por no haber acomodado su costura cuando estuvo inconsciente.
-¿Qué hora es?- Preguntó, parpadeando y mirando alrededor. -¿Dónde estamos?-
Respondió la única pregunta que conocía. -En un hostal cerca el centro.-
-Tsunade-shishō.- Mencionó Sakura repentinamente, frunciendo el entrecejo y frotándose la frente y la sien. -Retiro lo dicho. Puede que después de todo tú tengas el mejor Sannin de los tres. Aunque era aficionado a asesinar nunca te obligó a hacerlo. Realmente no votaría por Orochimaru si estuviese segura de que Jiraiya-sama no le enseñó alguno de sus vicios a Naruto.-
El parloteo de Sakura lo estaba volviendo más tenso, si eso era posible. Estaba extendiendo innecesariamente lo inevitable.
-Que descaro,- exclamó ella, sonaba irritada. -Estoy segura de que esperaba que esto ocurriera. Llevé el cálculo de lo que consumí usando los grados de alcohol de la primera botella, Tsunade-shishō debió haber ordenado las demás con más contenido de alcohol sin que yo me diera cuenta. Conozco sus trucos, es una jugarreta que una vez le hizo a Shizune para lograr que se embriagara...
»No sabes lo difícil que fue sacarlas a ambas de la sala de descanso de la mansión Hokage. Tuve que pedirle ayuda al escuadrón ANBU que hacía su ronda de seguridad ese día, fue tan vergonzoso... No sé como no me di cuenta...-
¿Era posible que le estuviese dando largas a propósito? Porque para él sólo estaba empeorando las cosas.
-...lo hizo sólo para ser irritante... Ni siquiera recuerdo la mitad de nuestra reunión... ¿No podía querer sólo un lindo reencuentro? ¡Con la cantidad de dinero que ganamos probablemente le sacamos un pie de la bancarrota, pero aún así quería más de nosotros!- Resopló ella, enojada.
Espera, ¿Qué? -¿No lo recuerdas?- Le preguntó.
Sakura se sobresaltó. -Bueno, recuerdo la conversación sobre las células madres y el cambio de dieta de Tonton, pero después de eso todo es confuso.- Admitió ella, avergonzada. -Tengo algunas lagunas mentales, pero recuerdo que ambos salimos del local.-
-¿Después de eso?- Insistió.
Ella negó con la cabeza. -¿Asumo que vinimos aquí, no fue así?-
Él continuó mirándola, perplejo. No lo recordaba. Sintió un alivio violento y también una inexplicable molestia. Después de todo, ahora sería sólo su trabajo hacer como si nada hubiese ocurrido.
-Oh no.- El rostro de Sakura decayó en una mueca de mortificación. -¿Hice algo de que arrepentirme?-
Quiso espetarle que ella no tenía ni idea a qué se refería. En su lugar, sólo dejó que su mirada vagara por la habitación y reparara en los destrozos. Sakura palideció. -¿Yo hice eso?-
A pesar de su irritación, suspiró inaudiblemente antes de decir. -Fue un accidente.-
Se mordió el labio, él apartó la mirada. -Lo pagaré, aún así. Tsunade-shishō me dejó conservar parte del dinero de la máquina tragamonedas. Sé que técnicamente es tuyo...-
-Está bien.- Dio por zanjado, y Sakura lo entendió.
-Kami, mi lengua es como una lija, muero de sed.- Se quejó ella, parándose de la cama y trastabillando al dar sus primeros pasos hasta recobrar el equilibrio. Se sostuvo la cabeza como si estuviese apunto de rodar y caerse. -Nunca volveré a tomar de nuevo...- Su voz se fue apagando detrás de la puerta del baño, y él estuvo de acuerdo con ella.
Se quedó de pie en la habitación, sorprendido de que todo hubiese resultado tan fácil. Había previsto una situación bastante incómoda, pero la falta de recuerdos de Sakura se los ahorró a ambos. Aún así, no se dio cuenta de que había permanecido tieso en su sitio durante algún tiempo hasta que Sakura salió del baño, el olor de la frescura de la ducha filtrándose con ella. Tenía el cabello goteando y la ropa húmeda, y en su rostro aún habían rastros de los excesos de la noche; pero aún unos metros lejos de él la calidez que lo había envuelto con el contacto de su cuerpo lo alcanzó a la distancia.
A través del cuerpo lo recorrió de nuevo aquella sensación extraña, poderosa y dominante que lo empujaba hacia ella, pero esta vez tenía la suficiente estabilidad mental como para frenarla violentamente. Por supuesto, no podía refrenar el hecho de que dicha sensación se manifestara sin que esta vez tuviera el alcohol para justificarla. Tampoco que sin importar a donde mirara, había repetido el suceso una y otra vez en su cabeza sin que pudiera evitarlo. Sabía reconocer cuando estaba en problemas.
Estaba en grandes problemas.
¡!
Si hubiese escrito esta N/A el mes pasado estaría llena de luz, amor y mis buenas esperanzas en la vida. Octubre fue mi mes de cumpleaños (uno maravilloso) y la pasé muy feliz con mis amigos a pesar de todo. La nota llega este mes y se ha vuelto un poco más complicado que eso, Noviembre ha sido un mes malo al menos en comparación con los demás. La razón por la que este está retrasado es porque casi no he tenido tiempo para escribirlo (raro si no estoy en la U, tengo todo el tiempo libre del mundo porque soy un -sólo un poco-una niña mimada) me he estado haciendo cargo de mi casa desde que mamá enfermó, y ha sido difícil encontrar tiempo para sentarme y pasar esto a limpio.
Pero lo encontré, y espero que haya valido la espera. Los buenos sentimientos de Octubre hicieron la mayor parte de este cap, mi compromiso con ustedes el otro. Una mención especial a estefaniafontes, Gabruiela y Crystal-Uchiha, que en 26 capítulos de esta historia han sido las únicas que han admitido que les gustan mis N/A jaja. Intuyo que algunas más lo hacen, desde que las leen (y eso ya es decir mucho, porque personalmente aunque no siempre, soy del tipo de lectora que se salta las notas). Así que en honor a la buena recepción del history time anterior...
Describir los sentimientos románticos (sobre todo los primeros) no ha sido sólo una experiencia mía ni de varias de ustedes que lo compartieron, se ha usado en otras obras. A principios de cuarentena leí Amor en los Tiempos de Cólera y fue como, 'Dios, me alegro que alguien lo entendiera'. Como leyeron en el cap, ahora que Sasuke está entrando en su 'proceso' Sakura lo ha estado interpretando equivocadamente y por primera vez está tratando de ser sólo amiga de Sasuke porque cree que es lo que él quiere. También estuve allí, y morirme con lo que llevaba dentro era un precio que estaba dispuesta a pagar por verlo feliz, y creo que podría haberme acostumbrado a ello si las cosas no hubieran evolucionado como tenían que hacerlo.
Ahora, la verdadera historia parte de que obviamente tuve una experiencia similar con la bebida... Yo no creía que era realmente posible borrarse de la faz de la tierra tomando alcohol pero perdí dos horas de mi vida que nunca recuperaré, y en ellas dije e hice cosas que nunca había/habría dicho/hecho, confesé cosas que ni siquiera sabía conscientemente que sentía y me comporté de formas que no son las mías. Dando una explicación más médica, el alcohol es un depresor del sistema nervioso, y el sistema nervioso no sólo rige nuestro cuerpo, es parte de la estructura de la consciencia, que si se encuentra perturbada por algo el contenido (que es todo lo que no vemos pero Freud define como consciente, inconsciente y subconsciente, en otras definiciones, yo, ello y superyo) también se ve afectado. La forma más fácil de explicarlo es que nuestra parte consciente media con todo lo que sabemos bueno y malo y nos hace comportarnos y reprimirnos. En términos de caricatura, si el alcohol fuera un arma te golpearía hasta dejarte inconsciente, le dispararía al ángel a la derecha de tu hombro y dejaría al diablillo de la izquierda a sus anchas. El diablillo, por supuesto, es el maestro de nuestros instintos más básicos y primitivos, de lo que realmente queremos y sin la mediación de las mejores partes de nuestro ser no le importa cuán malo sea conseguirlo, no hay más cadenas.
Sakura interna es la personificación del diablillo de Sakura, así que por supuesto que si la parte sensata es dejada fuera de combate ella se iba a hacer cargo de la situación. Fue muy divertido escribirlo. Sasuke sólo sucumbió a lo inevitable. Ese pobre chico necesitaba un respiro de su consciencia. Moraleja: todo lo que hacemos ebrios la parte más primitiva de nosotros quiere hacerlo. Para los que se lo preguntan, quiero que este recuerdo sólo le pertenezca a Sasuke (un beso que Sakura no pueda recordar) en parte por todo el asunto de los besos en la trama y sobre todo porque partiendo de mi propia experiencia, yo habría podido vivir una vida más tranquila y menos mortificada si no me hubieran contado lo que hice estando ebria. Totalmente. Es solidaridad con el personaje. Al menos no la hice vomitar. Con respecto al juego, no especifiqué ninguno pero principalmente pensé en el póker y blackjack con respecto a las trampas comunes.
Respondiendo a algunas preguntas, Sasuke sólo le ha dado la ropa normal a Sakura, él conserva las camisas con el emblema del clan. Si no se ha mencionado aún es porque es parte de la trama futura, ya saben como es esto, hay cosas que se mencionan en los primeros capítulos que toman sentido o se desenlazan apenas hace pocos caps. No, no pienso hacer que Sakura se embarace de inmediato. No hay forma de que explique el conflicto moral de Sasuke con respecto al sexo porque no tiene que ver únicamente con el sexo, al menos no sin revelar la trama. Leyendo un poco de las teorías y preocupaciones de todas, creo que la situación como la planteo satisfacerá a la mayoría.
Con respecto a mis otras historias: Recientemente actualicé La Maldición de la Flor Dorada, pero era una falsa alarma. Sólo estaba dejando el prólogo, la historia tenía un capítulo que necesitaba edición así que lo borré. Las historias de mi perfil que aún están allí e incompletas es porque estoy decidida a terminarlas, pero lo intenté antes y soy un desastre para manejar dos historias a la vez, siempre termino enfocándome en una o en otra y no quiero que eso suceda con esta. Lapsus, por el contrario, es una historia que escribí que si al día siguiente que Naruto terminó y estaba llena de mi frustración (Siempre amé el Sasusaku, pero estaba convencida de que el Narusaku sería cannon debido a como Kisihimoto manejó la trama) y es muy fácil relacionarla con Home porque sigue ciertas líneas argumentales... pero, en este fic incluí a propósito el hecho de que Sakura se fuera de la aldea en secreto y sin ver a nadie, en Lapsus se encontró antes con Naruto. Además, en otra cosa que diferirá será en la llegada a la aldea. En ese entonces no se sabía casi nada excepto que Sasuke se había ido y había dejado a Sakura y Sarada, pero ahora se conoce un poco más, en Home los tres volverán juntos a Konoha hasta que sea tiempo para que Sasuke se vaya. Sin embargo, a pesar de las diferencias, no veo lo malo en hacer a Lapsus la precuela de esta historia. Como Marvel, este bien puede que sea el multiverso de Sakura, donde todas las líneas argumentales de mis historias convergen en algún punto.
Hablando de La Maldición de la Flor Dorada y el próximo capítulo: creo que ya he dejado claro antes que realmente no me gusta mucho el Naruhina. Me he visto todas las pelis de Naruto (me encantan, más que todo porque Sakura ha tenido un papel protagónico en todas y es un personaje con el que puedo identificarme) excepto de Last por la razón ya mencionada, pero más que todo porque me puso algo celosa que ellos tuvieran un espacio en el que pudieran desarrollar su 'romance' (loco como resultara) mientras yo literalmente tuve que inventarme una historia para rellenar la relación de Sakura y Sasuke. Intuyo que tiene que ver con que Kishi era fan de Dragon Ball y básicamente dejaron a la gente con la misma incógnita con Vegeta y Bulma... pero igual. Ahora que Sasuke sabe que siente "algo" y que definitivamente es un problema, avanzamos a la próxima fase de esta historia: ¿Qué se hace con lo que se siente? Mi capítulo que viene será mi intento de The Last en el contexto de esta historia, una aventura bonita y divertida donde haya drama and serious realizations. Menciono a LMFD porque su trama se basa en las eras antiguas asiáticas y más o menos algo así quiero construir para el próximo cap. Hasta ahora, creo que los enviaré en una misión relativa a alguno de los Señores Feudales.
Con esto dicho, les recuerdo que generalmente nunca tengo los llamados bloqueos de escritora porque antes mencioné mi lista de temas a tocar en cada capítulo. El 50% de la trama de cada capítulo que han leído, los puntos claves al menos siempre están preconcebidos, el resto se desarrolla en la marcha. Aunque no pueda escribirla, me ausente por meses, o esté en la universidad, siempre antes de dormir pienso un poco en esta historia. La bosquejo, por así decirlo. Por eso, cuando tengo tiempo de escribir, cuando me inspiran a escribir, cuando me animan a escribir, no me faltan nunca las palabras. A veces sólo tengo que escribir para no perderme demasiado en la realidad.
Dicho todo, gracias. Gracias por la calidez, los alicientos y las buenas vibras. Me alegra poder devolverles a todas un poquito de todo lo bueno que me producen. Sus respuestas me hacen tan feliz como supongo que mi historia las hace a algunas de ustedes y como siempre, siguen siendo lo que me impulsa a continuar con esto. En los próximos días haré algo al respecto a los pedidos por una plataforma más interactiva... en mis cuentas personales soy una chica normal (nadie sabe que escribo, ni siquiera mis mejores amigos. La gente sólo supone que debo tener alguna aptitud artística porque siempre estoy leyendo algo) esta es como una identidad secreta, así que probablemente me cree un twitter de identidad secreta. Si esto sucede, lo colgaré en mi bio para los interesados.
Sigan cuidándose mucho, a ustedes y los suyos. Me alegra poder darles el escape que a veces esto significa para mí.
Con amor,
Nahare~
