Pues aquí estoy de vuelta, con el final de esta historia yay!
Muchas, muchas gracias a todas las lindas personitas que han estado leyendo y comentando durante el transcurso de este fic *corazón* *corazón* *corazón*. Siento mucho el tiempo que no estuve activa pero estoy aún así muy orgullosa de haber terminado, odio los fics que te dejan a medias y tenía la espinita clavada en el corazón.
Espero que os guste este pequeño epílogo y le dé un toque dulce a ese final. ¡Disfrutad de él!
Epílogo: Una segunda oportunidad
La joven se quedó en silencio y también la enorme sala donde había dado su conferencia. La mayoría de los jóvenes allí presentes habían sido "obligados" por sus profesores, ofreciendo algo de nota extra si asistían. Aún así no le importaba, solo con que alguno hubiera disfrutado ya era suficiente.
Nemuri se apartó el pelo negro hacia atrás y concluyó con un "gracias por escuchar" que rompió la magia del momento. Todos los alumnos aplaudieron con educación y esperaron a que abandonara la tarima antes de empezar a recoger sus cosas.
Midoriya guardó su cuaderno de apuntes, aquella conferencia había sido la mejor de todas con diferencia. Había disfrutado muchísimo con el estudio tan detallado y la amplia información. Tenía apuntado el título del libro del que se había hablado y lo compraría en cuanto pudiera.
-¿Te ha gustado? -preguntó Uraraka mientras guardaba también sus cosas.
-¿Bromeas? Me habría pasado la noche preguntando cosas. Ha sido una maravilla.
-Estoy de acuerdo -Iida, que los esperaba ya en el pasillo para bajar hasta la salida, también se alegraba de haber ido. No todos los día conocía uno a una persona que supiera tanto sobre las civilizaciones antiguas.
-¿No sería increíble que aún quedaran demonios entre nosotros? Con habilidades tan increíbles como el chico que podía ser un dragón… -la chica fantaseaba con distintas habilidades que le gustaría tener pero el de pelo verde seguía la conversación solo a medias. Sus ojos habían reconocido a alguien a quien no podía dejar de mirar siempre que se cruzaban. Nunca había hablado con el joven rubio de ojos rojos que iba a otra clase en otra parte de su edificio. No sabía ni su nombre y de alguna forma algo en el fondo de su mente le decía siempre que se conocían. Cada vez que miraba hacia su dirección, como acababa de hacer ahora mismo, desviaba la mirada antes de que se encontraran sus ojos.
Allí estaba de nuevo. Su pelo era inconfundible, sus ojos esquivos lo traían por el camino de la amargura, nunca había logrado mirarlos completamente. ¿Qué era lo que tenía ese chico que no podía evitar mirarle siempre? Era de otra clase, estudiaba vete tú a saber qué y no habían coincidido en nada salvo… aquella charla. Esa a la que no quería ir pero le convencieron porque no iba sobrado en la asignatura y solo con asistir ya tendría algunas décimas más.
-¿A que no ha sido tan malo, Bakugou? -Kirishima bostezó y se abrochó el cuello de su abrigo. Ya era de noche y el frío le arañó la cara.
-No tan mal supongo -lo había perdido de vista. La mayoría de los alumnos habían salido ya y todos se dirigían juntos a la salida del campus. Con la poca luz de las farolas, atisbar a una persona concreta no era fácil.
-Hace mucho frío, ¿quieres volver en autobús? -el rubio se metió las manos en los bolsillos y asintió. No le importaba tanto el frío pero no quería volver andando hasta su residencia. Consultó el mapa para cerciorarse de cuál era la línea más directa y esperó con el pelirrojo al urbano correcto.
-Tengo mucho frío chicos, no pienso ir andando -Uraraka movía los pies para tratar de mantenerlos en calor. Iida consultó su dinero y estuvo de acuerdo. Midoriya andaba distraído y asintió sin saber a qué exactamente. Juraría haber visto un pelo rubio de punta cerca pero había desaparecido. Toqueteó su colgante, no tan frío al tacto como cabría esperar debido a la temperatura y miró un poco desconcertado a sus amigos cuando se dirigían al autobús.
Poco a poco se había ido llenando. Bakugou y Kirishima estaban sentados en los asientos justo de la parte de atrás, al lado de la ventanilla. El pelirrojo trataba de quitar toda la condensación parar mirar afuera mientras el rubio jugueteaba con un colgante que siempre llevaba. Rojo, era una piedra que por extraño que suene, estaba cálida al tacto a pesar del frío.
-Tío mira, ese chico lleva una piedra como la tuya -ni lo había oído. Porque mientras el muchacho de pelo verde buscaba un asiento para él y sus amigos, alzó la vista y sus ojos se encontraron. Todo se detuvo para ellos un instante, hasta sus corazones.
Iida empujó al joven, aún aturdido, hasta el fondo para ocupar los asientos que quedaban libres. Cuando se sentó junto a él, no pudo evitar mirarle, estaba muy cerca y su corazón latía deprisa. ¿Qué acababa de pasar? El rubio también lo miró, sonriendo de medio lado. El autobús se puso en marcha y el ambiente se llenó de la charla de los estudiantes. Midoriya colocó su mano al borde del asiento, pegada al rubio, que imitó su gesto. Tras unos segundos de duda, movió el meñique y el anular para rozar los del otro. Tenía la piel más suave que había tocado nunca. Izuku se sonrojó pero correspondió al gesto y entrelazaron los dedos. Como si de un corazón se tratara, sus piedras palpitaron y un torrente de recuerdos los atravesó. Extrañas criaturas, viajes en dragón, noches con fiebre acurrucado en los brazos de un muchacho que lo hacía estremecer. Y después un vacío tan grande que inundó sus ojos de lágrimas.
Izuku apretó los dedos que lo unían al otro con fuerza y trató de recuperar el aliento, pestañeando para no ponerse a llorar. El ambiente era sofocante, de repente no podía seguir ni un segundo más dentro de aquella lata de sardinas. Se levantó de un salto, rompiendo el contacto y susurró a sus amigos:
-Acabo de recordar que tengo algo que hacer todavía, nos vemos mañana -no esperó respuesta, aprovechó la parada que tocaba para, de un salto, bajar al frío de la noche. Caminó un poco para disimular mientras el vehículo se alejaba. Aspiró una bocanada de aire frío, dos, tres. Sentía todavía un hormigueo en los dedos y un lío de imágenes en la cabeza.
-Deku… -era la primera vez que escuchaba su voz, ¿por qué le sonaba tan familiar? Igual que aquella palabra. Se giró y vio allí al rubio, debía de haberse bajado tras él.
-Deku -volvió a llamarlo, esa parecía ser la mejor palabra, le hacía sentir acogedor. Cuando lo vio levantarse, supo que si lo dejaba marchar quizás no volvería a verlo. Había sido tan intensa esa sensación que sus piernas habían seguido al chico sin pensar.
Se acercó a él y lo miró a los ojos. Leyó en ellos el desconcierto, el mismo que sentía él. ¿Y por qué solo quería abrazarlo y no soltarlo? Lo agarró por la mano, la misma que había tocado antes en el transporte y eso pareció relajarlo.
-Kacchan -sonrió y ambos entendieron sin llegar realmente a comprender, que había mucho más de lo que sabían, de lo que recordaban. Que había más vidas además de la que ahora tenían. Y que aquello se sentía como una segunda oportunidad.
Izuku se acercó a él y cuando el rubio lo rodeó con los brazos, se apretó contra él. Su calor y la forma de su pecho se sentían muy familiares, suspiró. Katsuki olió su pelo y sintió mucha nostalgia de pronto. ¿Eran hierbas acaso? El de ojos verdes se separó escasos centímetros para alzar la cabeza y mirarlo.
-Kacchan -al volver a escuchar su voz llamándolo así no aguantó más las ganas. Con una sonrisa pícara, eliminó la distancia que había entre ellos y lo besó.
Gracias por leer :3
