Disclaimer: Tengo tanto derecho a reclamar como propios los personajes y argumento de Orgullo y Prejuicio en la misma medida que el resto de la humanidad que no es Jane Austen.

Nota de autor:

I. Las situaciones y diálogos no relatados en la obra original que son mencionadas a continuación, son producto de mi imaginación.

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El sábado, las hermanas Bennet se dirigieron a Meryton una vez más en compañía del señor Collins. Como el día anterior, Mary caminó al lado de él, Jane junto a Elizabeth y Kitty acompañada de Lydia. Fueron recibidas por el señor y la señora Philips con buen humor, el primero porque ya se encontraba bajo el influjo del vino y la segunda porque disfrutaba de la compañía de sus sobrinas.

El salón ya tenía algunos soldados que Kytty y Lydia conocían, entre ellos el señor Wickham, quien había aceptado con prontitud la invitación. Se trataba de una oportunidad de conocer a la mujer que de alguna manera había capturado la atención del reservado Darcy. Entre sus propósitos de la noche estaba conocer qué tan estrecha era la relación entre la señorita y Darcy, qué tanto dinero tenía y para determinar qué tan complicado sería arruinar la reputación de ella, esto en caso de que el lazo con Darcy fuese más profundo de lo esperado.

Después de saludar a las personas conocidas y ser presentados a los que no, Jane fue a conversar con una de sus amigas, la señorita Earnshaw; Lydia y Kitty se acercaron a los soldados y Elizabeth permaneció un rato con Mary y el señor Collins, ya que la señora Philips se había acercado a conversar un poco más para conocer al que sería su sobrino.

Desde su lugar, Elizabeth observó al señor Wickham cuando él estaba en pláticas con otro par de soldados, debía reconocer que él tenía una silueta distinguida y se expresaba con más propiedad que el resto de los miembros del ejército. Sus ojos eran de un verde singular y en general todo él evocaba un aire felino, casi predatorio. En muchos aspectos, ella pudo establecer semejanzas físicas con el señor Darcy. Ambos hombres eran altos y atléticos, con cabelleras oscuras y facciones agradables, pero había una diferencia muy grande en los ojos, y no solo se trataba del color. Mientras el señor Wickham reflejaba seguridad en cada mirada, confiado de sí mismo; el señor Darcy observaba todo con cautela, alerta de cualquier movimiento a su alrededor.

Las mesas de juegos fueron colocadas en el salón y Lydia animó a Elizabeth a jugar y sentarse con ella, de esa manera no habría lugar para la señorita Jones, explicó su hermana. Wickham vio este movimiento como una oportunidad, ya que la menor de las hermanas Bennet parecía estar realmente dedicada al juego como para tomar parte en la conversación. Él tomó una silla y la colocó junto a Elizabeth.

Ya sea porque la mirada herida del señor Darcy vino a su mente o porque aun podía escuchar sus palabras, un escalofrío recorrió la espalda de Elizabeth cuando Wickham se acercó a ella. Durante un par de minutos él fingió estar interesado en observar el desarrollo del juego, después de los cuales entabló conversación con ella. Elizabeth esperaba que el señor Wickham abordase el tema de la relación con el señor Darcy, sin embargo no sería ella quien haría mención de él.

Wickham halagó con modales más agraciados que el señor Collins la compañía de los presentes, elogió el paisaje de Hertford y lo pintoresco que le parecía Meryton. Sutilmente él hizo mención de Netherfield.

—Las personas aquí en Meryton me han dicho que se trata de una de las propiedades más grandes de la región. ¿Sabe a qué distancia está de aquí?

—A unas dos millas, señor. Cuando los caminos no están en mal estado es una caminata agradable.

—No lo dudo, señorita. Parece que el señor Bingley ha hecho una elección estupenda al rentar tan fina propiedad. El señor Philips me comentó que se trata de la primera vez que el señor Bingley alquila una casa, está aprendiendo la vida de un caballero del campo – él no había perdido la sonrisa aun y su voz era alegre.

—Eso asegura el señor Bingley, es su intención adquirir experiencia antes de decidir asentarse definitivamente en algún lado— contestó ella.

—Supongo que ha sido por eso que ha pedido la ayuda del señor Darcy. Él ha manejado la propiedad de su familia por varios años y su padre fue un excelente maestro al enseñarle cómo dirigir una finca como esa. ¿Lleva mucho tiempo él señor Darcy en la zona?

—Llegaron a finales de septiembre, ¿considera usted eso mucho tiempo?

—Lo suficiente para conocer el área y a sus habitantes— dijo él con una amplia sonrisa que mostró un par de hoyuelos— ¿lo conoce bien?—inquirió Wickham. Elizabeth sonrió por dentro, él señor Wickham no había demorado demasiado en traer el tema a la plática.

—Conozco al señor Darcy en la medida en la que él me lo ha permitido, no es posible decir que se trata de un hombre que se integre con facilidad en nuevas sociedades—Wickham encontró la respuesta un tanto ambigua para su gusto pero no estaba dispuesto a abandonar el tema.

—Es cierto, lo conozco de toda la vida y sé que él no exhibe un comportamiento precisamente agradable en sociedad, sin embargo ayer que lo vi en compañía de usted parecía menos reservado, señorita Elizabeth— ella reconoció el ataque de inmediato, pero procuró no mostrar sorpresa por las palabras del señor Wickham.

—Cuando la conversación es acerca de libros el señor Darcy tiende a ser menos reservado, señor.

—Él posee una biblioteca estupenda, estoy seguro que lo ha mencionado; tanto la de Londres como Pemberley son colecciones magníficas— Elizabeth asintió para confirmar lo dicho por él, y esto animó a Wickham a continuar–. Con una renta de diez mil libras anuales él puede permitirse la adquisición de los volúmenes más recientes. ¿Le ha hablado acerca de Pemberley?

—Vagamente, sus descripciones son principalmente acerca de los bosques de la región— dijo Elizabeth. Había fragmentos de sus conversaciones que ella consideraba pequeñas joyas y que no estaba dispuesta a compartir con el señor Wickham cuando ni Jane tenía conocimiento de ello.

—Es la casa más hermosa que he visto, situada junto a un río sin que parezca una escena artificial. Solíamos pescar en ese mismo río durante los veranos— él hizo una pausa y explicó—, la relación con su familia ha existido desde mi infancia, el difunto señor Darcy fue mi padrino y siempre me tuvo un gran aprecio, es una pena que después de su muerte su hijo no estuviese dispuesto a mantener la relación— Elizabeth no se sorprendió de esto y Wickham experimentó confusión al no provocar ninguna reacción en ella. Él dudó que Darcy hubiese hablado de sus problemas con alguien fuera de su familia, por lo que agregó— siempre fue su deseo verme asentado cerca de Pemberley, pero como ve, no es la situación— dijo con un tono de falsa amargura y se encogió de hombros.

—Estoy segura que usted sabrá abrirse camino, señor Wickham. Creo que usted puede labrarse un futuro tal y como lo hizo mi primo— contestó ella con calma. Él se sonrojó ligeramente pero no respondió, en cambio, decidió utilizar un enfoque diferente.

—El señor Bingley parece un caballero amigable y de modales que lo recomiendan a todos. Me sorprende ver dos personalidades tan diferentes siendo amigos.

—Y sin embargo es posible, señor Wickham—dijo con una sonrisa Elizabeth— aunque no he de negar que en un principio también me sorprendió.

A ella le intrigaba conocer hacia dónde iba el cuestionamiento del señor Wickham acerca del señor Darcy, aunque tal inquisición ya empezaba a agotarla. Si bien apenas habían pasado tres días desde que ella y el señor Darcy habían aclarado las diferencias, Elizabeth había aprendido mucho acerca de él y las interacciones anteriores tuvieron más sentido.

Era cierto que el señor Darcy no tenía el mejor comportamiento en sociedad y distaba mucho de ser el invitado alegre que animaría un recinto con su presencia, pero tras la confesión de él acerca de lo mucho que detestaba los bailes y los grandes grupos de gente desconocida, Elizabeth había determinado que el señor Darcy, con todo y su imponente presencia a dónde quiera que fuese, era una persona hasta cierto punto tímida y extremadamente reservada. La idea parecía ser absurda, ya que Elizabeth no dudaba que el señor Darcy tuviese una vida social activa dada la importancia del nombre de la familia y parientes de él, no obstante, era retraído en compañía de extraños. Ella supuso que en parte se debía a que una fortuna como la de él lo debía hacer presa de madres como la suya y damas como la señorita Bingley, que lo veían como el candidato ideal para una unión ventajosa, sin importar la complejidad de la persona bajo la superficie.

—Señor Wickham— se animó ella después de que él habló de cuán amigable era el señor Denny cuando no prosperó el tema del señor Bingley— ¿Cómo ha encontrado a nuestro coronel? Todos tenemos por hombre agradable al coronel Forster y no nos gustaría escuchar lo contrario acerca de él— preguntó ella.

—Es un hombre muy gentil conmigo y con gran gusto por su profesión, señorita Elizabeth. No tengo motivo de queja para permanecer bajo la instrucción de él aquí en Meryton, además la recepción por parte de la gente es agradable, no siempre el ejército es bienvenido por todos. Su tía ha mostrado gran generosidad al extender su invitación hacia mí, lo que me hace estar agradecido con ella.

—El señor y la señora Philips tienen gusto por la nueva compañía. El señor Collins también ha sido invitado y se ha expresado con gran ceremonia por el gesto.

—Un hombre peculiar— dijo Wickham y agregó con seriedad— y satisfecho con su elección de carrera. Usted ha hablado de trazar mi propio camino, pero a veces me pregunto cómo hubiese sido mi vida de estar vivo el señor Darcy. Tal vez ya estaría casado y con hijos, viviendo en Kympton.

—Es probable, señor Wickham,— dijo ella como si estuviese reflexionando el asunto— que usted no hubiese sentido la inclinación de desistir del puesto como párroco para perseguir una carrera en leyes. Aunque me extraña verlo como soldado si el señor Darcy asegura que lo compensó de manera generosa por la renuncia de aquel beneficio para que usted cubriera los gastos por sus estudios— dijo ella en voz baja para evitar que los demás escucharan. Wickham palideció por las palabras de Elizabeth y consideró que era momento de abandonar su cuestionamiento.

—Me temo que no lo sabremos jamás— dijo él con un gesto forzado y se retiró de la mesa con la excusa de haber escuchado que le hablaban del otro lado del salón. Lydia vio el movimiento del señor Wickham y le recriminó a su hermana el haber insultado al caballero, aunque ella desconocía por completo el contenido de la conversación. El juego siguió su curso y pronto la emoción por las apuestas borró el descontento de la menor de las Bennet.

Ahora que Elizabeth había sido testigo de la actitud del señor Wickham no tuvo la menor duda de las palabras del señor Darcy. Por el contrario, sintió una profunda pena por él. Darcy había manifestado pena ante la revelación del verdadero carácter del señor Wickham, mientras que Wickham solo había expresado sufrir por la pérdida de los beneficios de la protección del difunto señor Darcy. Una vez más ella lamentó no haber comprendido antes la actitud de Darcy, pero se alegró de que al menos ahora estuvieran en buenos términos.

Con el ejército asistiendo al baile de Netherfield, ella cuestionó si el señor Wickham tendría el atrevimiento de asistir. No dudaba que el señor Bingley lo recibiría, lo cual solo podría ser evitado si el señor Darcy expresaba tales inquietudes a su anfitrión, lo que no veía con gran posibilidad de suceder.

Por el resto de la velada Wickham permaneció alejado de la señorita Elizabeth y solo buscó la compañía de Lydia y Kitty, que se sentían halagadas porque el hombre más atractivo del grupo estaba dispuesto a sentarse con ellas.

Jane vio a su hermana sola y se acercó a ver cómo estaba, ya que de todas las hermanas era la única que no mostraba su característico buen humor. Cuestionó cómo se encontraba y si había sucedido algo que la hubiese alterado. Elizabeth le aseguro que todo estaba bien, por lo que Jane no tuvo sino aceptar esa contestación por el momento. Ella apreció un poco diferente a Elizabeth desde la excursión al Monte Oakham, pero no su hermana no había expresado nada acerca de cómo se sentía. El jueves después de la visita de Charlotte la vio más animada, pero tampoco compartió la causa del cambio en su talante.

Lo que sí había notado es que a pesar de estar en compañía del señor Darcy ya no se quejaba del caballero, por lo que supuso que tal vez habían hablado. Esa idea le alegró, ya que ella no era partidaria de estar en conflicto con otros y tener a su hermana disgustada con el mejor amigo de su pretendiente la tenía intranquila.

Tal vez esa noche Elizabeth estaría dispuesta a hablar.


En otra habitación, ligeramente más espaciosa que la de los Philips, todo el grupo de Netherfield cenaba con los Thompson. Se trataba de una familia con una propiedad de tamaño aproximado a Longbourn a unas tres millas de Netherfield. La pareja tenía dos hijas y dos hijos, lamentablemente ninguno de los muchachos se encontraba presente y Darcy no pudo evitar sentirse observado una vez más. El rumor de Bingley cortejando a la señorita Bennet había alcanzado los oídos de la señora Thompson, quien ahora estaba bajo la idea que si una Bennet había atrapado al señor Bingley y sus cinco mil libras anuales, una señorita Thompson podía atrapar al señor Darcy.

La señorita Bingley de inmediato percibió las intenciones de su anfitriona y se mostró excesivamente atenta con el amigo de su hermano, lo cual incomodó aún más a Darcy. La dama se dedicó a elogiar Pemberley y la belleza de la propiedad durante los meses de verano. Tales comentarios, que tenían la intención de demostrar la cercana relación que ella tenía con el caballero, solo avivaron el interés de la familia Thompson. En varias ocasiones Darcy fue cuestionado acerca de las cualidades de su finca, si las diez mil libras anuales eran verdad y sobre su tío el conde. En toda su estancia en aquel condado, Darcy jamás se había sentido tan ofendido por el interés de alguien sobre sus bienes materiales.

Darcy pensó en lo que estaría sucediendo en la cena de la señora Philips y aunque no le agradaba mucho ella, deseo estar en Meryton en lugar de con los Thompson; al menos allá no le estarían forzando a responder preguntas que él no deseaba contestar y podría pasar el rato hablando con Elizabeth sobre cualquier tema menos el monto de su riqueza.

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Saludos a quienes se toman el tiempo de leer esta historia y un agradecimiento a aquellos que extienden un comentario, deciden seguirla o agregarla a favoritos.

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