11. Si hubiera un Óscar a la negación, yo sería Meryl Streep
Mi primer impulso es salir corriendo, refugiarme en la seguridad de mi habitación, acurrucarme bajo las mantas y fingir que los últimos diez minutos no han existido. Por desgracia, ahora mismo no es la mejor opción, no cuando Itachi parece dispuesto a asesinar a alguien y la mujer objeto de sus iras es lo más parecido que tiene a una madre. Tengo que arreglar este desaguisado y cuanto antes; las palabras de Mikoto se niegan a abandonar mi cabeza. Puede que se hayan instalado en ella de forma permanente porque, fuera o no su intención, ha conseguido cambiar algo crucial dentro de mí. Si lo que pretendía era que me cuestionara toda mi vida, lo ha conseguido. Tengo dentro un remolino de emociones, pero sé que debo intentar no ser demasiado brusca. Mis pensamientos, el instinto de supervivencia, todo debe ser silenciado porque no quiero ni puedo destruir la relación de Itachi con su madre.
Me levanto de la mesa, ignoro a Mikoto, que parece agotada y bastante alicaída, y me dirijo hacia Itachi, que parece que me esté observando en busca de pruebas físicas de lo que acaba de ocurrir. Me pregunto si el alma refleja en el exterior el daño que se le inflige, porque es curioso que las heridas superficiales, las que al día siguiente de hacértelas ya no recuerdas, te dejen una cicatriz de por vida y en cambio el dolor, esa horrible sensación que te persigue para toda la vida, es invisible para todo el mundo, incluido uno mismo. Si intento imaginarme cómo soy ahora mismo por dentro, bueno, a juzgar por el dolor que siento diría que alguien me ha rociado con gasolina y me ha prendido fuego.
—No pasa nada, solo estamos hablando.
Le cojo de las manos y él me dedica una mirada incrédula, como si le pareciera increíble que me haya atrevido a mentirle.
—Estás llorando —replica, malhumorado, y solo me doy cuenta de que tengo las mejillas anegadas de lágrimas cuando las recoge con el pulgar—. Lo siento, pero no me creo que solo estuvierais hablando.
Atraviesa a Mikoto con la mirada y yo le sujeto por la mejilla y le obligo a mirarme.
—No te enfades, no estábamos...
—Será mejor que tú y Sakura habléis en privado.
Mikoto se acerca y me dedica una mirada de simpatía. Sé que no es mala, que su problema no tiene nada que ver conmigo como persona. No es más que una madre protegiendo a su hijo, una madre que cree que Itachi y yo no estamos hechos el uno para el otro. Intenta proteger a su familia y lo entiendo, pero lo que me duele es la facilidad con la que me ha retirado de la ecuación. Quizá estoy siendo un poco presuntuosa, pero los Uchiha siempre me han tratado como a una más de la familia y ahora, en cambio, me dicen que parte de la culpa de que estén pasando por un mal momento es mía y que debería alejarme de ellos para que puedan recomponer los lazos. Madre mía, menudo papelón.
—Dime qué le has dicho.
Mikoto ni se inmuta al oír el tono gélido de Itachi, lo cual es una prueba más de lo convencida que está.
—Le he dicho lo que te dije ayer a ti cuando nos enteramos de que habías despedido a tu representante y hablamos... del otro tema. Creo que ambos estáis en una etapa de vuestras vidas en la que no os conviene entregaros tanto a otra persona. Quizá vosotros no lo veis, pero los demás sí. No sois felices y a mí me gustaría ver a mi hijo feliz, y a ti también Sakura, aunque no te lo creas. Yo no saco nada de todo esto, solo quiero lo mejor para los dos, y a veces vale más retirarse a tiempo y no arrepentirse luego, cuando ya es demasiado tarde.
Y con esa profecía nos deja solos y cierra la puerta del patio con firmeza para que sepamos que ahora es cuando toca hablar. Suelto las manos de Itachi, me aparto de él y me cubro con los brazos porque, de pronto, estoy temblando.
—¿Lo sabías? —Se le escapa una mueca, pero no dice nada—. ¿Cuánto tiempo hace que piensa así? Me parece increíble que me hayas dejado pasearme por tu casa como si nada, sabiendo que tu madre no me quiere aquí. Me siento tan estúpida... Dios, yo que pensaba que esto era una gran reunión familiar y resulta que tu madre tenía planeado decirme... decirme que tenemos que...
Algo del tamaño de una pelota de golf se instala en mi garganta y soy incapaz de terminar la frase. Itachi me pasa un brazo alrededor de los hombros y me atrae hacia su pecho.
—Escúchame bien, no hay nadie en el mundo a quien considere mi familia más que a ti. —Intento interrumpirle, pero él continúa—: Me conoces mejor que nadie, Sakura, incluso las partes de mí que no quiero que nadie vea. Mikoto, mi padre, Sasuke significan mucho para mí, pero nunca me he permitido... —Hace una pausa y coge aire antes de seguir—. Nunca me he permitido el lujo de mostrarme vulnerable delante de ellos. Durante mucho tiempo he sentido que la única persona en la que puedo confiar es en mí mismo, que soy todo lo que tengo, no hay nada más. Mis padres... me han querido incluso cuando no les he dado motivos para ello, pero el miedo al rechazo siempre ha estado ahí. Soy una bala perdida, era una bala perdida —se corrige en cuanto ve que me dispongo a rebatir lo que acaba de decir—. Creo que nunca les he dado acceso total porque sé cómo se ponen las cosas en esta casa cuando lo hago.
—Itachi —susurro con el corazón partido.
—Y contigo no tengo que esconder nada. Me has visto en mi peor momento, al fondo del puto abismo, y no te has separado de mí. ¿Tienes idea de lo que significa eso para mí? —suplica—. Si tienes la más mínima duda sobre lo nuestro después de lo que te ha dicho Mikoto, ten en cuenta una cosa: que nunca querré a nadie tanto como te quiero a ti. Creía que la única persona en la que podía confiar para que me cubriera las espaldas era yo mismo, pero tú me has hecho ver que no siempre tengo que tener el control y que hay más gente, en mi caso tú, dispuesta a cuidar de mí.
De pronto, la presa se rompe y soy incapaz de controlar las lágrimas. Me abrazo con fuerza a Itachi y lloro con toda mi alma porque ya no puedo contener más las emociones. No estoy pensando en el futuro, no voy a tomar ninguna decisión. No tenemos plan B, pero sé que, si el pánico que veo en sus ojos se parece remotamente a lo que siento yo ahora mismo, depende únicamente de mí priorizar nuestra relación por encima de todo lo demás. Sí, he perdido el apoyo de alguien que yo creía que me quería, pero tengo delante a la persona más importante de mi vida, que se está rompiendo por las costuras, y no puedo permitir que nadie se entrometa en nuestra relación, se lo debo. No tengo por qué explicarle a nadie la conexión que compartimos, pueden juzgarnos si es lo que quieren. Lo importante es lo que sentimos nosotros, el amor y los lazos que siempre nos han unido.
—No le hagas caso —me suplica Itachi.
Y, por un instante, bloqueo la parte de mí que amenaza con despertar a los demonios del pasado, la misma que me obliga a cuestionarme a diario, porque si hay una verdad universal en mi vida es que quiero a este chico más de lo que jamás me querré a mí misma.
No soy una mujer de grandes talentos ni nada que se le parezca. No sé dibujar ni aunque mi vida dependa de ello, mis profesores de música tiraban la toalla después de un par de semanas intentando sacar a la luz un supuesto don innato y, bueno, si me hubiera gustado el deporte, no me habrían bautizado como Sakura la Obesa. Así pues, nada de habilidades especiales, aunque me defiendo bailando y escribiendo, pero ¿sabes qué más se me da realmente bien? ¿Pero bien de verdad?
Evadirme. Si hubiera un Óscar a la negación, yo sería Meryl Streep.
Siempre que hay algo que requiere mucha atención por mi parte, puedes apostar todos tus ahorros a que evitaré el tema a menos que no me quede otra opción. Así pues, cuando la madre de tu novio te devora y escupe los restos como quien se come un chicle, la única opción posible es fingir que no ha ocurrido. Aquel día salí de su casa como alma que lleva el diablo y, desde entonces, no he vuelto a pisarla. No quiero ofender a Mikoto, pero no creo que pueda volver a mirarla igual que antes. Puede que lo hiciera por el bien de Itachi, pero no me gustan las encerronas.
No me gustó la forma de señalarme, como si yo fuera la única responsable de los problemas de su familia. No fue justa y, por mucho que me guste hacerme la víctima, en algún momento hay que poner unos límites. Pero incluso mientras me fustigo en mi casa, a escasos minutos de la de Itachi, no puedo evitar pensar en todo lo que me dijo. Era cuestión de tiempo. No le sueltas semejante bomba a una chica como yo y esperas que no pase nada. Soy de esas personas que dejan reposar las cosas, que las meditan detenidamente y que les dan vueltas y vueltas hasta que nos explota la cabeza por la cantidad de engranajes que se mueven dentro de ella al mismo tiempo.
Negarlo todo es la solución perfecta. Si no pienso en ello, si finjo que no ha ocurrido, puedo torturarme tranquilamente.
Pero la negación tiene sus límites cuando la persona que ha provocado todo el problema no deja de rondarte. Itachi y yo estamos cenando con Shikamaru, Temari y mi padre, y la estampa parece sacada de una de las historias de Edgar Alan Poe. Hina podría hacernos de Oscar Wilde, pero ha quedado con unos amigos. Ninguno de nosotros sabe por qué mi padre ha insistido en que cenemos todos juntos y preferiríamos que no lo hubiera hecho. El ambiente está cargado de tensión. Shikamaru y yo seguimos enfadados con mi padre; últimamente hemos pasado tanta vergüenza por su culpa que ha empezado a afectarnos. Llevamos mucho tiempo esforzándonos por parecer una familia unida, pero cuanto más profundizan los periodistas en el pasado de mi padre, más se debilita la conexión. Luego están Shikamaru y Temari, que se comportan como si no pudieran estar en la misma habitación. Ella por poco le arranca la cabeza a mi hermano de un mordisco cuando él le ha preguntado si quiere más vino. Aún no he podido preguntarle qué demonios les ha pasado y me siento increíblemente egoísta por ello. Han pasado un par de días desde la debacle de Mikoto, pero cada vez que cierro los ojos o dejo volar la mente, mi cerebro insiste en recordarme la conversación de marras.
—Eh, ¿me pasas el pollo?
Itachi me empuja con el codo y, de pronto, me doy cuenta de que llevo ausente buena parte de la cena. El resto de la velada se sucede en un silencio angustiante; en cuanto acabamos de comer, nos levantamos de la mesa como accionados por un resorte. Temari no se queda a dormir y, aunque Shikamaru y ella alquilaron un piso antes de irse juntos a la universidad, la única opción que le queda es pasar la noche en casa de Ino, ya que tuvo que vender la casa de su madre para pagarse la carrera.
Nos dice que se va, y como veo que mi hermano no la detiene, la sigo hasta la puerta.
—¿Estás bien?
—Sí —responde, pero no me mira a los ojos—. ¿Y tú? La cosa parece un poco tensa entre Itachi y tú.
—Buen intento, pero no estábamos hablando de mí, sino de por qué mi hermano y tú parecéis al borde de asesinaros el uno al otro. Ahora mismo no sois la viva imagen del amor, precisamente.
—Y parece que haya sido así desde siempre.
Suspira y yo me doy cuenta de que por muchos problemas que tenga con mi novio, nada justifica que esté siendo tan mala amiga con ella.
—Vamos, necesitamos salir de esta casa cuanto antes. Voy a buscar el bolso.
Temari asiente, visiblemente aliviada. Seguro que hace tiempo que necesita a alguien con quien desfogarse y yo no he estado a su lado.
Itachi ve que me voy y, quizá debería agradecerle que sea tan intuitivo, pero ahora mismo no me apetece hacerlo. Desde la conversación con Mikoto, el ambiente está tan enrarecido que apenas hemos pasado tiempo juntos. Cuando estamos solos, ni siquiera sabemos qué decirnos. Estamos intentando superar lo ocurrido e ignorar el hecho de que nuestras familias creen que no deberíamos estar juntos. Por eso, cada minuto que pasamos juntos se ha convertido en la forma de demostrarles que se equivocan.
¿Cuándo dejamos de ser los protagonistas de esta relación?
—¿Sales?
Está recogiendo la mesa con mi padre, que enseguida se retira para que podamos hablar tranquilamente.
—Sí. Creo que Temari necesita alguien con quien hablar.
Intenta disimular el chasco que se acaba de llevar, pero se le nota y me siento fatal por alejarme de él así. Sin embargo, cuando lo miro, veo a Mikoto y recuerdo todas las cosas crueles que me dijo, las mismas que aún no he tenido tiempo de digerir.
—Ah. ¿Sabes a qué hora volverás? Mi padre quiere que le ayude con unas cosas, pero mándame un mensaje cuando llegues y me acerco.
—Mira, es tarde y lo de Temari puede que se alargue. No está bien y yo no me he comportado como una buena amiga. Quizá me quede a dormir con Ino y con ella. ¿Por qué no nos vemos mañana?
De repente, le cambia la cara y yo siento que soy la peor persona del mundo. El instinto de supervivencia a veces tiene estas cosas. Parece que quiere decirme algo, que espabile o que deje de mirarme el ombligo el tiempo suficiente para intentar solucionar nuestros problemas como una persona madura.
Pero lo que Itachi no sabe es que soy la reina de la evasión. Antes de que el sentimiento de culpabilidad me obligue a quedarme con él, cojo la puerta y me voy.
Tengo la boca abierta mientras el helado gotea sobre la mesa. Soy consciente de que la camarera de la otra noche me está fulminando con la mirada; sabe que este desastre le toca limpiarlo a ella, pero después del bombazo que acaba de soltar Temari, me la refanfinfla mi helado de fresa, tal es el calibre del proyectil.
—¡¿Cómo?! —grito, y acto seguido me hundo en el asiento al notar las miradas del resto de los clientes. Temari me dedica una mirada capaz de congelar a cualquiera.
—Sakura, por favor, ¿es que quieres que se entere todo el mundo o qué? Sabía que no era buena idea contártelo.
—Vale, lo siento, pero no esperaba que dijeras... eso. Es la primera vez que oigo algo así.
—Hasta ahora se nos ha dado bastante bien fingir, pero hemos llegado a un punto en que ya no puedo mirarle a la cara sin que me duela. Hace tiempo que las cosas no van bien.
—No sabes cuánto lo siento... Seguramente no debería posicionarme, pero Shikamaru es imbécil.
—No sé si esa palabra basta para definirlo, pero es que, si te dijera la mitad de las barbaridades que le he dicho a tu hermano, te arderían esas orejitas de niña buena que tienes —me dice, y se le escapa la risa.
Está concentrada en quitarle la espuma al batido con la pajita. La miro y me estremezco al imaginar una pelea entre dos personas tan tozudas como Temari y mi hermano.
—¿Y no te ha pedido perdón? ¿Ni una sola vez?
—Ha intentado hablar conmigo para mejorar la situación, pero las palabras «lo siento» no han salido de su boca. Una disculpa nos vendría genial, así yo sabría que se avergüenza de su comportamiento, de lo que dijo, pero es que no se entera. Ni siquiera sabe por qué estoy tan enfadada.
O puede que esté evitando el problema. Al fin y al cabo, es mi hermano. Somos maestros de la incomunicación, sabemos cómo bloquear a los demás cuando las paredes se ciernen sobre nosotros.
—Pero ¿ahora estás mejor? Lo siento, no me imagino lo que debe de ser pasar por eso.
Temari se encoge de hombros como si no le afectara, pero ni siquiera ella es tan fuerte. Lo que me acaba de contar es más que suficiente para dejarle marca durante una buena temporada.
—Cuando me di cuenta de que tenía una falta, mi primera reacción no fue ponerme de los nervios. La idea de estar embarazada no me daba miedo —me dice, muy tranquila—. Es decir, seguramente sería lo normal, considerando que estoy en mi primer año de universidad, sin blanca y en una relación con un tío que justo está empezando a enderezar su vida. No estamos preparados para ser padres ni de lejos, además de que tener un hijo ahora mismo sería lo peor que podría pasarnos, pero recuerdo que lo único que sentí fue alegría.
—Eres la persona más valiente que conozco. Haría falta más que un embarazo no planeado para tumbarte. Seguro que serías una madre genial.
Me mira y esboza una sonrisa triste.
—Lo único que me preocupaba era la reacción de Shikamaru. Pensé que se asustaría y se alegraría al mismo tiempo, ¿sabes? Pero que saldríamos adelante, los dos juntos. Yo dejaría la universidad, podría volver a estudiar más adelante. Buscaría trabajo, tu hermano podría hacer algún turno más en la discoteca, pero...
Espero a que continúe. No me apetece saber hasta qué punto la ha cagado mi hermano, pero al mismo tiempo quiero estar al lado de mi amiga.
—Cuando vio el test de embarazo, se volvió loco. En serio, perdió el norte. Si hubieras visto el ataque de pánico que le dio... Dios, fue como si se convirtiera en otra persona. Tardó un rato en calmarse, tuve que asegurarme de que respiraba con normalidad. Luego se puso a gritar; ni siquiera se dirigía a mí, fue como si se hubiera olvidado de que yo estaba allí. Y justo entonces lo miré y pensé que ojalá el test saliera negativo y no estuviera embarazada. Y por primera vez en mi vida recé. Porque, tal y como iban las cosas, estaba claro que iba a acabar siendo una madre soltera. Tu hermano se estaba comportando como todos los tíos que mi madre traía a casa: miserables, egoístas y poco de fiar.
Una lágrima solitaria se desliza por su mejilla y, de pronto, se me ocurren cien formas de asesinar a Shikamaru.
—Él se salió con la suya y yo también. Al final no estaba embarazada, pero nunca había deseado no haber conocido a tu hermano tanto como mientras esperaba a que saliera el resultado de la prueba. Lo odié al instante, lo odié por horrorizarse ante la idea de tener un hijo, un hijo conmigo. Y cuando el test dio negativo, te juro que fue como si alguien le hubiera devuelto la vida.
No quiero ser yo quien los separe, su relación les pertenece solo a ellos, pero que hasta ahora hayan seguido actuando como si nada no es propio de ninguno de los dos. La Temari que yo conozco le habría dado la patada a Shikamaru nada más ver el resultado.
—Supongo que te estarás preguntando por qué sigo con él, ¿verdad? Cuando un tío se comporta así, bueno, está bastante claro que es un gilipollas. Las alarmas no podrían sonar más alto, pero el hecho es que... —Respira hondo—. Shikamaru es un buen tío, uno de los mejores que he conocido, y créeme, conozco a unos cuantos imbéciles. No se parece en nada a los otros y por eso estoy tan descolocada. No me esperaba esa reacción de él y solo quiero saber la razón. ¿Por qué la posibilidad de que estuviera embarazada le hizo reaccionar tan mal? Las cosas han cambiado entre los dos y sé que ya no podemos volver a ser los de antes, por mucho que Shikamaru lo intente. Lo quiero y deseo que lo nuestro funcione, pero para avanzar necesitamos solucionar las cosas.
—¿Has intentado hablar de todo esto con él? Porque yo solo veo mucha ira por parte de los dos. ¿Te has sentado con él y le has explicado lo que acabas de decirme a mí?
Si esto fuera un programa de la tele, tendría un montón de flechas señalándome con la palabra «hipócrita» escrita en ellas. Le acabo de dar un consejo a mi amiga que, a pesar de cómo están las cosas, yo jamás seguiría. Se puede decir que he tocado fondo.
—Podríamos hablar si dejáramos de discutir durante medio segundo. Ahora mismo hay demasiado odio entre los dos. Yo no soporto estar cerca de él y él reacciona en consecuencia. Quizá necesitamos tiempo. Lo he estado pensando mucho y me he dado cuenta de que no puedo quedarme todo el verano aquí. Nos mataría, destruiría lo que tenemos. Un día de estos, nos diremos algo que no podamos retirar y entonces sí que se habrá acabado todo.
Sus palabras me llegan al alma, pero no dejo que me lo note. Lo último que necesita es sumar mis problemas a los suyos. Sin embargo, todo lo que acaba de decir resuena en mi interior hasta el punto de que por un momento creo ver mi situación reflejada en la suya. Su dolor es de una magnitud más grande, eso es evidente, pero nuestras relaciones con los hombres a los que queremos están al borde del abismo. La única diferencia es que ella está haciendo algo al respecto.
—¿Te quieres ir? ¿Adónde?
Se encoge de hombros.
—Tengo familia en Boston, amigos de toda la vida de mi madre. He estado allí alguna vez, es un buen sitio para aclararse.
—Ah.
—No sé cuándo me iré, aún no se lo he dicho a Shikamaru. No se lo va a tomar bien, pero necesito estar sola una temporada.
—Claro.
—Gracias por escucharme, Sakura. Sé que te estoy poniendo en una situación difícil, pero me alegro de haberme quitado este peso de encima.
—Yo encantada de ayudar. Todo saldrá bien, lo sabes, ¿verdad? Si hay alguien capaz de solucionar sus problemas y echarle un par de narices, esa eres tú.
Ella asiente y se le escapan unas lagrimillas.
—Sí, nunca te olvides de que soy una luchadora.
Esa noche no pego ojo y, cuando a la mañana siguiente alguien llama a la puerta, mataría por una taza de café. Medio dormida y agotada, abro y me encuentro el rostro sonriente de Itachi. Su sonrisa se agranda cuando ve que he dormido con su camiseta de fútbol americano.
Eh, a quién le importa que tengamos problemas de dependencia. Hay tanto odio y tanta negatividad en el mundo... Pienso en la relación de mis padres, en los problemas de Temari y Shikamaru y, aunque parezca extraño, pienso en Karin y lo mucho que luchó para sentirse querida, y me doy cuenta de lo importante que es mantenerse fiel al amor verdadero cuando se tiene la suerte de encontrarlo.
Si hasta casi me parece bien la burrada de dinero que estoy pagando por la universidad porque parece que realmente estoy madurando.
—Hola. —Le sonrío—. No te esperaba tan pronto.
Abro la puerta para que entre y él se queda ahí plantado, en el pasillo, adorable y arrebatador como siempre, mientras que yo parezco recién salida del vestidor del gimnasio, olor incluido.
Genial, vamos.
—He pensado que el mejor momento para emboscarte es cuando el cerebro te funciona al mínimo.
—¿Cualquier hora antes de mediodía?
Itachi sonríe.
—Uno tiene sus truquitos, lo cual me recuerda que abajo hay café y roscas. ¿Por qué no te duchas y te vistes y, después de desayunar, salimos a dar un paseo?
—¿Es la forma educada de decirme que apesto?
—No, es mi forma de intentar que te quites mi camiseta porque cuanto más te veo con ella, más ganas tengo de cerrar la puerta y no salir de aquí en horas.
Me muerdo el interior de las mejillas y retrocedo hacia el interior de mi habitación.
—Dame solo un minuto.
Cuando acabo de vestirme, bajo y me encuentro a Itachi tomándose una taza de café con mi padre. Me emociona ver que cuida a mi familia tanto como a mí. Muchos chicos no se preocupan por los padres o los hermanos de sus parejas, pero Itachi ha estado ahí desde el principio. Otro punto a tener en cuenta antes de decidir si mandarlo todo a paseo.
—Hola, Sakura, no quería robarte a tu novio, pero necesitaba consejo.
—¿Para qué?
Bebo un sorbo de mi néctar de los dioses particular con sabor a cafeína y miro de reojo mi rosca de queso fresco.
—Ha llegado la hora de retirarse de la política. Ha sido una gran etapa de mi vida, pero ya no me compensa, no después del daño que os ha provocado a Shikamaru y a ti. Joder, si el único motivo por el que me metí en política fue porque tu madre me insistió. Es evidente que no se me da bien y encima me ha costado un matrimonio y casi una relación.
La novia de mi padre, Mei, se ha portado como una auténtica jabata todo este tiempo. Cualquier otra en su lugar habría salido corriendo a la primera de cambio, pero ella conoce los entresijos del negocio y ha permanecido a su lado de principio a fin, incluso cuando Shikamaru y yo nos habíamos distanciado.
—He hecho unas cuantas inversiones, así que no creo que tengamos problemas con el dinero. Eso espero...
—Papá, el dinero no es importante. Nunca lo ha sido y espero que no hayas alargado tu infelicidad solo por eso.
Parece aliviado, pero sacude lentamente la cabeza.
—Tenía mis motivos, pero me alegro de que te parezca bien. Ahora solo me queda hablar con Shikamaru y con tu abuelo. Deséame suerte.
Le doy un beso en la mejilla y se aleja para hacer unas llamadas importantes.
—Das consejos bastante buenos, ¿eh?
Me giro hacia Itachi y me lo encuentro sonriendo de oreja a oreja. Aún no puedo quitarme de la cabeza el lío con Mikoto, como si fuera un ruido molesto que he tenido la mala suerte de oír por la radio. Sus palabras se niegan a abandonar mi cabeza, pero voy a luchar contra ellas hasta el último momento.
—Bueno, he pensado que si quería arreglar lo nuestro, antes tenía que hacer algo para que pasaran ciertas cosas. Esto solo es el principio. No pienso dejar que nos distanciemos tan fácilmente.
El corazón me retumba dentro del pecho.
—Pero eres consciente de que el riesgo existe, de que lo que ha pasado con Mikoto podría cambiarnos para siempre.
Su rostro se tiñe de un color ceniciento.
—Está convencida de que tiene razón. Saku, yo quiero luchar por nuestra relación, me gustaría poder gritarle a la cara que se pasó de la raya al atacarte de esa manera, pero tienes que entender que es mi madre o lo más parecido que tengo a una madre. No puedo...
—No te estoy pidiendo que te cargues tu relación con ella. ¡Es lo último que quiero! Pero ¿no te das cuenta de lo que ha hecho? Desde el día que hablé con ella, no puedo dejar de preguntarme si eres feliz o no, si estás bien conmigo pero todos mis problemas te impiden vivir una vida normal y libre de dramas innecesarios.
—¿De verdad crees que mi vida anterior a ti era normal y libre de dramas?
—Pero ¡yo no quiero que nuestra relación sea una extensión de eso! Quiero que seas feliz, y ahora mismo siento que tengo que ir de puntillas para que nada relacionado conmigo, con mi familia o con mis absurdas inseguridades te afecte.
—¡Esto no funciona así! —replica casi gritando—. Estamos juntos para todo. Me importa una mierda lo que te dijo Mikoto, no tienes que esconderme ninguna parte de ti. Por mucho que empeoren las cosas, pienso estar a tu lado.
—Pero ¿no estás cansado? ¿No estás harto de tantos problemas? ¿No te gustaría tener una novia normal como todos tus amigos? Una chica espontánea, extrovertida y alegre como un puto rayo de sol. ¿Una chica que se atreva a ponerse tu camiseta y presentarse en un partido? Yo no soy esa chica, Itachi, hay algo en mi cabeza que no funciona bien. ¿No crees que te mereces un descanso?
—Te oigo... y me pregunto si alguna vez me has creído cuando te digo lo mucho que te quiero. Si vas a permitir que cualquier cosilla de nada se interponga entre nosotros, quizá lo mejor sería que te diera un poco de tiempo para pensar qué quieres realmente, con quién quieres estar. Si estás buscando excusas para deshacerte de mí, no pienso darte ni una. Si necesitas tiempo para aclararte, por mí de acuerdo, tómate el tiempo que necesites. Pero ten clara una cosa: siempre te estaré esperando. Puede que Mikoto haya sido el detonante, pero no me digas que todas esas ideas no estaban ya en tu cabeza.
—¿Sabes qué? Si estás convencido de que tu madre no hizo más que psicoanalizar el lío padre que yo ya tenía en la cabeza, adelante, piensa lo que quieras. ¿No quieres que se resienta tu relación con ella? Perfecto. Pero ¿sabes qué? Que me voy a coger ese tiempo que me has ofrecido. ¡Creo que me vendrá bien para recuperarme del trauma que me ha provocado tu madre!
Llegados a este punto, estamos levantando tanto la voz que el perro del vecino se pone a ladrar.
Obviamente, eso quiere decir que mi padre y mi hermano nos están oyendo.
Creo que por eso, cuando Itachi se va sin más, me debato entre el alivio y el desconsuelo.
