*Ninja Britten 11: Ya llegó el coscorrón a la cabeza, pero no el que se esperaba ni el que se merecía. Espero sigas disfrutando de la historia, ¡muchas gracias por leer y esperar!
*Nisuy: Uff creo que nunca quedó claro, pero ahora que está la re publicación, creo que podrás darte cuenta de quién. No daré spoilers, ahí verán uwu. Muchas gracias por tu apoyo!
"Tienes todo lo que no me gusta"
Capítulo 11:
No sabes nada.
En el momento en que Dia revisó sus cosas para sacar sus libros, se dio cuenta de que esos dulces no eran algo que ella traería al instituto; fue así como se dio cuenta de que no traía su mochila, sino la de su prima.
La primera clase había comenzado, así que tendría que esperar a que terminara para poder devolverle sus pertenencias a Ruby. Tan pronto como escuchó el timbre, tomó la mochila y salió del salón, casi chocando con su compañera de cabello color mandarina.
— ¡Lo siento, Dia!
— ¿Qué haces con esos pergaminos?
— Eh... Una chica los iba a llevar a la biblioteca, pero me ha pedido que lo haga yo.
— ¿Por qué?
— Bueno...
La pelinegra había sido testigo muchas veces de como Chika era arrastrada a las tareas de las demás, ya que su amable o quizá, muy tonta compañera, siempre decía que sí, en vez de dar a conocer lo que realmente quería, o decir simplemente que no. De vez en cuando le había soltado algún comentario de que debía comenzar a cambiar, pero parecía que tales consejos no llegaban a la ojicarmín.
Sin darle más vueltas al asunto se despidió de su amiga y continuó su camino al laboratorio, pues sabía que a la pelirroja le tocaba esa clase.
— ¡Hermana! ¿Qué ocurre?— preguntó Ruby cuando vió a Dia entrar a su salón.
— Tienes mi mochila.
— Oh, cierto.
— ¿Ya te habías dado cuenta?
— Recién cuando llegué, en la primera clase el profesor nos está leyendo algo de historia japonesa, así que no necesito un cuaderno, él nos entrega unas hojas para llenar.
— Entiendo, bueno, te devuelvo tu mochila— extendió las asas —. Por cierto, ¿mis tías saben que traes tantos dulces al instituto?
— Eh... No... y no le digas, por favor.
— Bueno, pero espero que te estés alimentando adecuadamente.
— Hi girls!— exclamó Mari al llegar, sentándose a lado de Ruby.
— Yousoro!— saludó You.
— Hola Mari— saludaron al unísono las Kurosawa.
La pelinegra sintió una mirada insistente detrás de ella. Volteó y se encontró con unas amatistas rojizas que miraban a su pequeña hermana. Eso la molestó un poco, puesto que no le gustaba para nada la idea de alguien interesado en Ruby, mucho menos si ese alguien era una persona que no conocía y tenía pinta de matona rebelde... Omitió lo obvio acerca de sí misma, ella lo hacía por la pelirroja.
Tenía un cabello realmente bonito, su voz era tierna. Sí, exactamente el tipo de chicas que le atraían a Leah, sin embargo, su observación se vio interrumpida cuando sintió una mirada encima de ella y se encontró con una aterradora chica de cabello negro y ojos verdes. No sabía por qué la miraba de tal manera, pero no se dejaría intimidar, así que se enfocó en el pizarrón.
— Hermana, será mejor que regreses, se te hará tarde— le recordó Ruby.
— Oh... Sí... You, Mari, se las encargo— dijo Dia.
— The end of the world! ¿Qué te pasa?— preguntó la rubia.
— ¿Eh?
— Nunca me pedirías que cuidara algo, mucho menos a tu adorable hermanita— bromeó mientras se echaba sobre la espalda de la pelirroja.
— Es una tarea muy sencilla, sólo es una clase y You está contigo— aunque eso no la tranquilizaba realmente, el historial de la co capitana del equipo de natación también era algo de cuidado, pero ya había advertido a Ruby sobre la chica—. Las veo más tarde— con eso dicho, Dia salió del laboratorio, no sin antes darle una mirada de advertencia a la pelipúrpura.
Ya en su respectivo salón, no pudo dejar de pensar en si Ruby estaría bien. Su rostro era tal, que Chika se acercó a ella para preguntarle cómo se sentía, pero inmediatamente fue abordada por otra chica.
— Takami, necesitamos que lleves esto a la sala de profesores.
— ¿Eh? ¿Ahora?
— Lo siento, lo haríamos nosotras, pero tenemos deberes que no terminamos así que...
— Entonces deberían ser más organizadas, sólo le causan problemas a Chika— intervino Dia.
— Pero si es Kurosawa Dia, ¿acaso también te piensas adueñar del control de Uranohoshi?
— Eso no es de su incumbencia.
— Acompáñame, Dia, por favor— tartamudeó Chika, mientras tomaba los libros y empujaba su amiga. No quería una confrontación en el salón.
La pelinegra estaba más que dispuesta a regresar y partirle la cara a esas altaneras chicas, ya la traían hasta la coronilla desde escuela media, pero Ruby siempre había evitado que se fuera encima de ellas. Curioso que ahora quien la detuviera fuera nada más y nada menos que Chika Takami.
La ayudó con la mitad de los libros y continuaron el camino.
— ¿No te dije que si querías hacer algo sólo lo hicieras? Es lo mismo a la inversa— le recriminó.
— Bueno... a veces es un poco difícil.
— He estado en la misma clase que Sasha desde primaria, y jamás me ha manipulado tanto como a ti.
— Lo sé...
— Bueno, aunque desde primaria eres demasiado blanda.
— ¿Eh?
— Primera fila siempre durante la primaria, no te perdías mis conciertos de koto— le dijo mientras subían las escaleras.
— E-Eh... Sí... Je, je... No pensé que notaras mi constancia— dijo un poco apenada.
— Eres de las pocas personas en Uchiura con el cabello de ese color— señaló un mechón de cabello trenzado que llevaba Chika —. Obviamente destacarías.
— Supongo que tienes razón— sonrió ligeramente —. Aunque después ya no pude asistir más que a tus conciertos.
— Quién te manda a inscribirte a Kimino Gakuen— le dijo con una sonrisa.
— ¡Hey! Mis hermanas y mi madre fueron ahí.
— Y no pudiste decir que no a inscribirte en esa escuela.
— ¿Acaso querías que siguiéramos en la misma escuela? — Chika sonrió. Dia no supo qué responder, lo cuál le hizo fruncir el ceño. La pequeña de ojos rojizos interpretó esto como el desagrado de la pelinegra hacia la idea de conocerla por más tiempo, así que su sonrisa desapareció gradualmente, hasta hacerla desviar la mirada— Simplemente creí que sería lindo seguir la tradición.
— Sí, sí... Bueno, quizá en esos años no te habría gustado tratarme más de cerca— rememoró, intentando seguir la conversación que pensó que Chika quería finalizar.
— "La bravucona de Sakuranomiya"— citó la pelimandarina —. Escuchaba a varias chicas de esa escuela hablar de ti, eras famosa.
— No se ve tan a menudo que una Kurosawa se meta en problemas, aunque nunca me pudieron hacer nada debido a mis buenas calificaciones y mi estatus.
— Pero te ganaste algunas enemigas— soltó Chika, mientras rememoraba todos esos comentarios malintencionados de Sasha y algunas compañeras más.
— Eso no me importa— sentenció antes de entrar en la sala de profesores.
El camino de regreso fue acerca de cosas triviales, sin embargo, la ojicarmín no quitaría el dedo del renglón con sus intentos por conocer más a su compañera. Dia no parecía aborrecer sus conversaciones del todo, así que una vez que entraron en el salón de nuevo, se sentó junto a ella y la miró, sin saber exactamente cómo preguntar.
— ¿Qué ocurre?— preguntó Dia.
— Eh... Te veías algo consternada cuando regresaste la clase pasada, ¿algo pasó?
— Nada...
— Um...— Chika no se movió.
— ¿Qué?
— ¿Te sientes bien?
— ¿Sigues con lo mismo?
— Bueno, si voy a intentar cambiar como persona, tengo que comenzar a ser firme, comenzaré por no moverme de aquí hasta que me digas qué es lo que te preocupa— afirmó débilmente; la pelinegra concluyó que si ponía una cara suficientemente intimidante y le decía que se alejara, seguramente Chika saldría corriendo.
Sin embargo, algo en ella se sentía feliz de que alguien se interesara de esa manera por sus sentimientos. Después de todo, debido a su carácter y forma de ser, todos pensaban que podía encargarse sola de todo lo que le pasaba. Obviamente no era así, pero Dia tenía que hacerlo posible para no caer ante las expectativas. Eso y... la mirada de la chica frente a ella era bastante tierna.
— Está bien— suspiró, fingiendo darse por vencida, pero la realidad era que quería sacar sus temores con alguien —... Hoy vi a una chica que miraba muy insistente a Ruby, no era una mirada normal, era una mirada dedicada sólo a ella, temo que esté interesada en mi hermanita.
La pelimandarina tuvo que morderse la lengua para no reír al escuchar a Dia decir "hermanita". Ella no parecía del tipo de persona que hablaba con diminutivos, pero eso era algo lindo en cierta forma.
— Una mirada es sólo una mirada, Ruby es muy bonita, es normal que llame la atención— intentó decir Chika para calmar a su amiga.
— Es muy pequeña— sentenció.
— ¿Eh? Eres demasiado seria, ¿es que acaso a ti no te gusta nadie?
— Eso no tiene nada que ver— frunció el ceño.
— ¡Ah! Entonces sí.
— No me interesa nadie de esa manera, al menos por el momento. Soy muy joven y Ruby también.
—Pero si tenemos 15...
— Somos muy jóvenes.
— Suenas como una anciana.
— ¿Qué?— Dia tomó la mejilla de Chika y la estiró ligeramente hacia ella — Simplemente cuido a mi hermana.
— ¡Ay!— la ojicarmín intentó quitarse la mano de Dia, pero entre más lo intentaba, más le dolía — ¡Dia!
— Te lo ganaste, chica mandarina.
La ojicarmín tomó la mejilla de su compañera y la estiró también.
— ¡Oye!— el ataque de la chica de ojos verdes se intensificó, esta vez, tomando la otra mejilla de su compañera, quien no dudó en imitar su acción.
— Pero qué bien se llevan ustedes dos— Yoshiko se detuvo delante de ellas, y sólo así se soltaron, ambas sobando sus lastimadas caras.
— ¿Tú crees?— preguntó Dia con cierto sarcasmo en la voz.
— Rara vez has perdido la compostura, y eso sólo pasa cuando Takami está cerca.
— Me saca de quicio.
— ¿Dónde he visto esa actitud antes?— giró su vista al asiento de la pianista, pero esta no se encontraba en su lugar.
— No te atrevas— refutó Dia —. A diferencia de Sakurauchi, si yo tuviera sentimientos románticos hacia alguien, se lo diría de frente.
— Sí, pareces ese tipo de persona— razonó Yoshiko.
— Ahora que lo pienso, ¿dónde está Riko?— preguntó Chika, mientras miraba en todas direcciones del aula.
— La profesora del club de música la llamó junto a Mari por lo de la composición.
— Cierto, Kanan tampoco está— notó la pelinegra.
— ¿Qué tan mal creen que termine esa junta?— el ángel caído sabía que le esperaba una larga reunión a su marinera.
— No creo que tengan que hablarse.
— Hay que esperar y ver, Chika— respondió Dia en un suspiro.
Kanan llevaba apenas cinco minutos en la sala, y sentía que habían pasado cinco años. Ame, la actual capitana del equipo de natación, no había dejado de tomar del brazo a su amiga y juguetear con su cabello y dedos, pero, por primera vez, vio a You rechazar las atenciones de su senpai.
La chica de cabello grisáceo castaño había tomado una decisión. Dejaría de hacer "cosas lascivas" con cualquier chica, comenzaría a marcar su límite y a apreciar más sus sentimientos; aunque esto era un paso realmente difícil para You, ya que aunque ella no sintiera nada romántico, debía admitir que sus intensas sesiones de besos y toqueteos con aquellas chicas se sentían demasiado bien.
Pero ahora no podía evitar pensar que realmente estaba haciendo algo malo, más que para las demás personas, algo malo consigo misma, Hanamaru le había mostrado tal error al dejarle ver y sentir su amor sincero y desinteresado.
Para ella, era el primer beso que había sentido lleno de sentimientos hermosos, todos los deseos que tenía Hanamaru para ella, el entregarse completamente aunque sólo hubieran rosado un poco sus labios. No aceptaría el amor de la castaña, eso era obvio, pero en honor a eso, para agradecer la valentía de Maru, ella comenzaría a ir por el "camino correcto", tal y como le había enseñado su padre, aunque el mismo hubiera arruinado su vida por querer ir por la buena senda.
A pesar de eso, no iba a ser fácil sacarse de encima su pasado así como así, por tal razón, no sabía cuál era la mejor manera de rechazar a Ame. Debería hablar con ella al final de la clase, y por lo pronto, sólo se dedicaría a repeler sus caricias educadamente.
Lo que la peligrisácea no notaba, pero Kanan sí, es que la molestia en el rostro de Riko solo iba en aumento, haciendo terriblemente incómoda la junta para los ajenos al problema entre esas dos chicas.
— Y la última parte sería un solo de piano, ¿qué les parece?— preguntó la profesora al equipo de natación.
— Perfecto, todo suena demasiado genial, felicidades Sakurauchi, Ohara— felicitó animosamente el entrenador.
— You're welcome!— respondió Mari, mientras codeaba a Riko para que volviera a enfocarse.
— G-Gracias— la pelirroja hizo una reverencia.
La junta terminó por fin, para alivio de Mari y Kanan, quienes fueron las primeras en salir (huír) del lugar.
— ¡Qué tensión!
— I know! Estuve a poco de cubrirle los ojos a Riko.
— Bueno, ha sido una semana extenuante, ¿no quieres salir hoy?— preguntó Kanan a Mari.
La rubia sintió que su estómago era tomado por miles de mariposas revoloteando sin ningún control. Pero no era una cita, era una salida normal entre amigas de la infancia, nada fuera de lo común.
— Of course! ¿A dónde?
— Eh, no lo sé... ¿Lo decidimos después de clases?
— Está bien, te veo después de clases, entonces— sonrió la rubia, causando estragos en el corazón de la peliazulada.
Mientras tanto, dentro del salón del club.
— Es increíble que no puedas controlarte incluso estando los profesores aquí.
— ¿Qué? Si no he hecho nada— alegó You.
—Déjala, hermosa, debe estar celosa— se burló Ame.
— ¿Celosa? Simplemente abogo por la buena moral.
—No he hecho nada malo, aunque sí es algo incómodo que me estuvieras queriendo abrazar todo el tiempo— habló You, primero a Riko y después a la pelinegra.
—Sólo es un mimo, You— se excusó mientras jugaba con el cabello de la co capitana
Los celos mataban a Riko, pero no dejaría que esa estúpida nadadora siguiera controlando su mente, se dispuso a irse.
—Tengo que hablarte de algo, ven conmigo— You tomo la muñeca de Ame y salieron del salón antes que la pianista.
Riko quería aplaudirse su madurez, pero ese dolor punzante en su pecho no la dejaba sentirse orgullosa de su reciente logro, después de todo, por más que quisiera darle vueltas a sus sentimientos, en el fondo sabía que le gustaba esa tonta. Aún más, se estaba enamorando de ella, quien sabe por qué, quien sabe cómo, pero así era.
Era una cobarde, ya que la única razón por la que reprobaba la conducta de You, era porque tenía miedo de enamorarse; hacerlo no le costaba nada, se ilusionaba con facilidad y caía con la misma. Ya antes había sufrido por alguien que no podía tomarse en serio una relación, alguien como You Watanabe.
No necesitaba que le rompieran el corazón de nuevo.
— ¿Todo bien, darling?— le preguntó Mari una vez que salió.
— Sí... Todo bien.
— Será mejor que regresemos, pronto comenzará la siguiente clase— señaló Kanan.
Riko asintió y las siguió al edificio principal.
— Si querías estar a solas, pudimos haber ido al almacén— dijo Ame mientras abrazaba a su kouhai por el cuello.
— Quiero que estemos solas, pero no para lo que piensas— se apartó.
— ¿Entonces?— Ame entendía al fin que You no la había llamado para lo que creía.
— Voy a dejar de verte, al menos para hacer estas cosas.
— ¿Eh?
— Yo... ya no quiero hacer esto, espero comprendas.
La cara de Ame era indescifrable, tanto que un escalofrío recorrió a la ojiazul. Tuvo un mal presentimiento.
— Entonces seamos novias— soltó de la nada.
— ¿Qué?
— You... siempre yo— por primera vez, Ame Kagami mostraba inseguridad y nervios, pero no parecían adecuados a la situación. Era exagerado, casi aterrador —... Siempre me has gustado, pero sabía que no aceptabas ninguna propuesta de relación, así que por eso me acerqué a ti de esta manera.
— Lo siento...— comenzó a decir You.
— ¡Espera!— la desesperación en el rostro de su capitana la incomodaba, pero la siguió escuchando — No me digas nada ahora, déjame enamorarte.
— No creo que esto funcione así...
— Por favor— las lágrimas comenzaron a salir de los ojos negros de Ame. You sintió un poco de culpa, ya que de una u otra forma se imaginaba que su capitana estaba enamorada de ella, solamente que no se comparaba en nada al amor de Maru. Había algo más, sólo que no sabía qué era.
— No te prometo nada, de inicio no me interesa...— dijo con debilidad.
— Sólo déjame acercarme a ti.
— Como amigas, no seas pesada...
Ame asintió con una sonrisa, parecía que un peso se había ido de sus hombros.
Llegó la hora del descanso y finalmente todas se reunieron en la cafetería.
— Ella es Leah— presentó Hanamaru a su amiga.
— ¡Woah! Es muy linda... ¡tan pequeña!— exclamó Chika.
Dia no podía creer tan mala suerte, aquella insolente era amiga de Hanamaru; aunque quizá debió deducirlo, ya que estaban sentadas juntas. Intuitivamente buscó ponerse al lado de su hermana, pero esta ya se estaba presentando.
— No había tenido oportunidad de hablarte, pero bienvenida a Uranohoshi— dijo con amabilidad. La seguridad en sus palabras sorprendió a Dia, pero la suavidad de su voz dejaba ver que hablar con esa claridad le tomaba bastante esfuerzo.
Leah por su lado, casi se suelta a reir, aquella chica aterradora tenía la expresión más graciosa del mundo.
Todas se presentaron y esperaron a You, quien llegaba tarde.
La chica de ojos azules llegó acompañada de cierto dolor de cabeza para Riko: La capitana del equipo de natación.
— Bueno, vayamos a comer— indicó Kanan.
Una vez dispuesta la comida, empezaron a platicar amenamente, riéndose de las ocurrencias de Yoshiko, Mari y Chika. Dia no se había despegado de Ruby, así como Ame de You.
Leah no necesitaba una explicación de todo lo ocurrido para entender que Riko moría de celos por el ex amor de su amiga, aunque realmente no estaban haciendo nada malo. La pelinegra tomaba algunos salchipulpos de su bento y se los daba a You en la boca.
Hanamaru procuraba no mirarlas, distrayéndose con la imitación de un delfín de Kanan, pero la pianista casi asesinaba al ya muerto, nugget de pollo de su bento.
— Oh, qué linda— Ame acarició el cabello de su kouhai cual cachorrita.
— ¡Por favor, estamos comiendo!— la bomba Sakurauchi explotó.
— ¿Cuál es tu problema?— aquella chica de cabello color vino estaba exasperando a la capitana.
— Mi problema son ustedes dos, ¿qué creen que hacen?
— Solo comemos, em...— entre tanta broma, You de verdad había vuelto a olvidar el nombre completo de Sakurauchi.
— ¡Soy Riko! En serio que eres...
— Oye, tranquila— Chika puso su mano en la espalda de Riko —. Sólo está dándole de comer.
— ¡¿Y eso qué?! ¡Cielos, no tienes vergüenza You Watanabe, no me sorprende que tengas la fama que tienes!
Ese había sido un golpe certero, You sabía que no podía refutar lo que Riko decía.
— Escucha, lo siento... Lo sé, y estoy intentando cambiar, perdón si te molesta la clase de persona que soy...
— No, no, no, You... Ella no sabe de lo que habla— Ame tomó ambas mejillas de You y la hizo mirarla —. No te deprimas. Y tú— miró a Riko —, dudo que lo sepas, pero ella me pidió que dejáramos de hacer ciertas cosas, oh sí, esas cosas que te molestan. No tienes por qué saberlo, ni siquiera sé por qué te importa, pero no permitiré que difames así a mi You.
— Te estás pasando, Riko— susurró Chika, severa, cosa que sorprendió a todas. Leah tomó su vaso de té frío, mientras miraba la escena.
— ¿Tú crees? ¡Pero si ella...!
— No está bien lo que dices zura— Maru se levantó de la mesa.
— Tiene razón— apoyó Kanan —. Entiendo que ambas tienen fricciones, pero no deberías hablar de la gente que no conoces.
— Además no es el momento— añadió Yoshiko, ambas peliazuladas se veían un poco molestas. Leah se levantó de su asiento.
— Tranquilas chicas— You habló, sus amigas parecían estar a punto de saltar sobre Riko —. Estamos en un gran día, hay que ahorrarnos malos ratos.
— ¡Eres tú la que los causa!— espetó la pianista, casi a punto de perder la poca compostura que le quedaba— No puedo creer que pidas calm...
Riko no pudo terminar su oración. Sintió algo frío caer en su cabeza y se giró. Aquella chica pelipúrpura le había echado el té encima.
— Cálmate, si tienes asuntos que atender con You, deberías hablarlos en privado, en vez de hacer una escena frente a todas— dijo con severidad.
— ¿Pero tú quién...?
— ¿Hace cuánto conoces a You?— preguntó Leah.
— Comienzos del semestre...— contestó Riko.
— ¿Y ya te sientes con derecho a insultarla? — miró con desagrado a la pianista — ¿Cuál es la relación con sus padres? ¿Por qué nunca trae comida a la escuela? ¿Por qué no le importa besar a quien sea? ¿Qué es lo que siente? ¿Por qué en los días lluviosos insiste tanto a Kanan que lleve una sombrilla? ¿Cómo se hizo esa cicatriz en la rodilla? ¿Qué hay detrás de esa radiante sonrisa?— preguntó Leah, y ni bien terminó esa pregunta, You se levantó de la mesa y salió de lugar. No se detuvo, y volvió su vista a Riko — ¿Puedes responder eso?
— N-No...— admitió, mirando a la co capitana del equipo de natación alejarse.
— Entonces no te atrevas a hablar de ella como si la conocieras.
— Ven, Riko— Chika tomó a su amiga de la muñeca —. Con permiso, chicas, disculpen.
La amante de las mandarinas llevó a la pianista a la enfermería para que tomara un baño.
La atmósfera se había vuelto incómoda, sin embargo, Mari rompió el silencio.
— ¿Qué va a hacer el equipo en la siguiente competencia?
— Eh... Iremos a Osaka...
— Gracias por defender a nuestra amiga— dijo Kanan, dirigiéndose a Leah.
— No es nada, no me gustan las personas cobardes.
— Riko no es mala persona, creo, aunque admito que me ha incordiado un poco lo que dijo...
— Hanamaru piensa igual.
— Todo lo que le preguntaste a Riko... ¿Te lo contó ella?
— Cada palabra.
— De verdad la ama...
— Sí pero... me alegro de que la haya rechazado— Kanan mostró la duda en su rostro y Leah se apresuró a decir —. Lo que sé de ella y lo poco que he visto hoy, me hacen pensar que Maru habría sufrido mucho a su lado, en este momento, no se merece siquiera a la enojona esa.
— Ya comenzó a cambiar— la defendió Kanan.
— La gente no cambia en un día, de hecho nunca lo hacen, sólo deben madurar.
— ¿De verdad tienes nuestra edad?
— Sí, y una hermana demasiado recta, así como una madre que comenzó demasiado joven, alguien tenía que entenderla si mis abuelos no lo hicieron— la pelipúrpura dejó salir un suspiro.
— Pues... un gusto Leah— Kanan le ofreció su mano como saludo.
— Igualmente— le sonrió mientras la estrechaba.
Hanamaru no exageraba al decir que eran agradables, aunque algunas fueran unas tontas.
Eso último, lo añadió Leah.
