Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.
Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!
Figura Ocho
Capítulo Doce: Padres y Niños
EPOV
Pasamos el siguiente mes trabajando en nuestros programas con Carlisle. Liam vino y nos hizo algunas sugerencias a finales de julio. Fue bueno verlo. Compartió algunas noticias de casa y se fue unos días después. Además de la canción de cuna y Fever, aprendimos otras dos rutinas. La música seguía sin definirse para esas piezas, pero la coreografía ya estaba aprendida. También ayudaba mucho el estar trabajando con alguien que sí tenía ética de trabajo. Tanya se quejaba más de lo que practicaba. Bella se esforzaba hasta el cansancio.
Probablemente demasiado. Estaba sufriendo de un virus estomacal y seguía insistiendo en que patináramos, aunque ella estaba vomitando cada dos minutos. Después de la tercera vez que salió corriendo del hielo, Carlisle le dijo que ya habíamos terminado y me hizo arrastrarla a casa. Ella hizo pucheros hasta que me la eché sobre el hombro y patiné con ella fuera del hielo.
Me vomitó los pantalones.
Eso no fue divertido. Tuve que manejar a casa usando sólo mi bóxer. El ÚNICO día que no traigo pantalonera para hacer ejercicio y me vomitan. Después de eso, Bella estuvo en reposo absoluto por casi cuatro días. Terminé llevándola al hospital porque estaba muy deshidratada. Gruñó todo el tiempo, pero ya casi había perdido quince libras por estar vomitando. Casi podía contarle las costillas a través de la blusa. Después de su estadía en el hospital, Bella se mejoró y eventualmente se recuperó. Gracias a Dios.
Insistió en quedarse con Alice mientras estuviera enferma. Detestaba eso porque quería cuidar a mi chica, pero dijo que ya se sentía lo suficiente mal por haberme vomitado los pantalones, no necesitaba infectarme más con su enfermedad. Después de unas horas de dormir mal, usé mi llave recién hecha del apartamento de Bella y me escabullí para dormir con ella. Me regañó, pero no podía importarme menos. Mi amor estaba enferma y quería asegurarme de que estuviera saludable.
Unos días después estábamos ya de regreso en el hielo. No estábamos entrenando con la misma intensidad porque Bella seguía muy débil, pero al menos estuvimos trabajando en nuevas versiones de las elevaciones. El teléfono de Bella sonó mientras trabajábamos. El tono era Bitch de Meredith Brooks.
—Ugh, mi mamá —gimió.
—Lindo tono —dije con ironía.
—Amo a mi mamá, pero es un poco perra —dijo Bella mientras patinaba hacia su bolso—. Hola Renee.
Escuché una voz chillona en el teléfono. Bella hizo una mueca y se lo apartó del oído.
—Mamá, relájate. Por favor, te dará un paro cardíaco. —Más gritos. Bella alzó su mano libre, haciendo un gesto de hablar. Resoplé en voz baja—. ¿Quieres conocerlo? Mamá, ya tenemos casi cuatro meses entrenando. —Bella se mordió el labio y patinó hacia mí—. Sí, espera. Quiere hablar contigo.
Tragué. Iba a hablar con Mamá Swan.
—¿Hola?
—¿Edward? —preguntó.
—Sí —dije.
—Soy Renee Swan. ¿Cuáles son tus intenciones con mi hija? —preguntó seriamente.
—¿Disculpe? —dije con voz ahogada.
—¿Planeas patinar con ella por un año y luego la dejarás cuando tu anterior pareja terminé de lidiar con lo que está lidiando ahora? ¿Hmmm? —preguntó Renee.
—Estoy con Bella a largo plazo —respondí—. Es una chica hermosa… ¡patinadora! Hermosa patinadora. —Me golpeé la frente por mi desliz. Bella me pellizcó el trasero, fulminándome con la mirada—. Um, creo que Bella quiere hablar con usted.
—Uh huh —dijo Renee—. Pásamela.
Le entregué el teléfono a Bella con una sonrisa tímida. Bella me lo quitó y me gruñó. Se alejó patinando. Agarré una botella de agua y me castigué mentalmente por mi estúpido desliz.
Es una hermosa chica. Con hermosas tetas. ¿Puede quitarse ya la blusa? Queremos ver un poco de pezón.
Ahora no es el momento, chicos. Muy poco oportuno.
Vamos. ¿Por favor? Estamos rogando.
Cállense.
Bella terminó su llamada y se deslizó hacia mí.
—Mi mamá siente curiosidad, Edward. ¿Quieres saber por qué?
—Porque soy un idiota —dije, frunciendo el ceño.
—No un idiota, eres indiscreto. Ahora mi mamá está viendo nuestra actuación en Las Vegas con lupa para ver si hay alguna indicación de que estamos juntos —gimió Bella.
—¿Por qué es tan malo que tus padres se enteren? —pregunté—. No soy tan asqueroso, ¿o sí?
—No, Edward. No lo eres. Es sólo que mi mamá y papá han gastado mucho dinero en mi patinaje y no quieren que ese dinero se vaya a la basura. Si estoy saliendo con alguien, entonces no estoy concentrada.
—Comparándote a cuando estabas con Jacob, ¿tu forma de patinar es mejor ahora o antes? —pregunté.
—Ahora —respondió.
—¿Por qué?
—Porque confío en ti —respondió Bella.
—Hay más, Bella —dije—. Sí, confías en mí. Pero ¿qué más?
—Me estoy divirtiendo en el hielo. Me estoy dejando llevar —suspiró.
—También te has hecho más fuerte en tus saltos. Porque te estás divirtiendo. Porque antes patinabas en tu cabeza. Ahora no. Estás patinando con el corazón. Para tu propia diversión —dije—. Entonces, ¿conoceré a Mamá Swan como tu pareja o como tu novio?
Bella alzó la vista hacia mí de golpe.
—Como ambos —respondió—. Eres ambos para mí. Eres mi pareja dentro y fuera del hielo. Cuando conozcas a mi familia, te presentaré como mi novio y mi pareja.
Patiné hacia ella y la cargué, dándole vueltas. Se rio y me rodeó el cuello con los brazos. La bajé gentilmente y la besé con ternura.
—Te amo, Bell.
—También te amo, Edward. Lo siento —hizo un puchero.
—No es necesario —dije. Le besé el cuello y volví a trabajar.
Después de nuestra práctica, Bella y yo manejamos de regreso al apartamento. Mi chica gimió cuando estacioné el carro.
—¿Qué?
—Mira el lugar de visitas —murmuró.
—Hay una patrulla ahí —dije—. Tal vez algo está pasando en el complejo.
—No es una patrulla de Seattle, Edward —dijo Bella—. Mira de cerca.
Qué me jodan. Es una patrulla de Forks.
—Tus padres están aquí —tragué.
—¿Listo para conocer a mis padres? —preguntó Bella con una sonrisa descarada.
—No.
—Vamos, mi confiado novio. Pon a Renee en su lugar —Bella sonrió. Nos bajamos de mi carro y subimos al apartamento de Bella en el elevador. Me mordí la uña mientras íbamos tomados de la mano en el elevador. Bella me arrastró a su apartamento, donde abrió su puerta. Sentado en el sofá estaba un hombre con cabello castaño canoso y unos inquisitivos ojos cafés. Además de un bigote de estrella porno. Estaba usando uniforme de policía, jugueteando con la radio en su hombro. Junto a él estaba una delgada mujer de largo cabello café con luces. Tenía la cara pálida y llevaba mucho maquillaje. Obviamente Bella había heredado sus rasgos de su padre y no su madre.
—Mamá, papá —dijo Bella con una sonrisa. Ambos se pusieron de pie para abrazar con fuerza a Bella.
—Oh, Bells, ¿no te bañaste antes de salir de la pista? —preguntó Renee, arrugando la nariz. Me olí discretamente y gemí por dentro. No apestaba ni de cerca, pero si Renee se estaba quejando de mi chica que olía a rosas y flores, entonces me odiaría a mí.
—No, mamá. No los esperaba. Además, no hicimos mucho en el hielo. Sigo recuperándome del virus estomacal —dijo Bella—. ¿Alice los dejó entrar?
—Sí, así es. Pero tuvo una emergencia en la tienda —dijo Renee mirando detenidamente a Bella—. Creo que no le agrado mucho a Alice.
—Oh no, mamá —dijo Bella mientras se sentaba en el sofá con su mamá—. Alice está muy ocupada con su tienda. Como sea, me gustaría presentarles a alguien. Mamá, papá, este es Edward Masen… mi pareja. Y mi novio.
—Gusto en conocerlos —dije ofreciéndole la mano a Renee. Ella me fulminó con la mirada, su cara se estaba volviendo de un morado muy poco natural.
El papá de Bella se paró y tomó mi mano.
—Es un placer, Edmund. Soy Charlie y esta sordomuda es mi esposa, Renee.
—Es Edward, papi —dijo Bella.
—Cierto, perdón —dijo Charlie de forma ahogada.
—Edward, ¿te molesta si pasamos un poco de tiempo a solas con Bella? —dijo Renee, con voz engañosamente baja.
—Por supuesto, Sra. Swan —dije, agarrando mi mochila del piso—. Llámame más tarde, Bell.
—Lo haré —dijo. Me hizo una seña de "Te amo" mientras fruncía el ceño. Sonreí y salí del apartamento. Apenas se había cerrado la puerta cuando escuché a Renee arremeter contra Bella. Sacudí la cabeza y subí a mi apartamento, dándome una ducha rápida. Esperé impaciente la llamada de Bella, un mensaje o que viniera a mi casa. Estaba caminando de un lado a otro por la sala.
Un suave golpe llenó mi apartamento. Me tropecé cuando corrí a abrir la puerta. La abrí y vi la cara de Charlie mirándome.
—Hola Edward. Bella me envió aquí para alejarme de la Tercera Guerra Mundial que está pasando allá abajo. ¿Puedo entrar?
—Seguro —dije. Abrí más la puerta y llevé a Charlie a la sala—. ¿Quiere algo de beber?
—¿Tienes alcohol?
—¿Cerveza le parece bien? —pregunté.
—Perfecto —dijo Charlie. Agarré dos cervezas y me senté junto a él. Encendí la televisión, cambiando el canal hasta que llegué a ESPN—. Eres un hombre inteligente. Me agradas, Edward. El acento es un poco raro, pero eres buena persona.
—Y pensar que Bella me dijo que le tuviera más miedo —bromeé.
—Sí, se equivocó en eso. Yo soy el papá tranquilo —dijo Charlie, bebiéndose su cerveza—. Renee es la tirana.
—¿Bella va a estar bien? —pregunté.
—Bella estará bien. Es resiliente, como yo. Renee es la que te debería preocupar —Charlie se rio entre dientes.
—¿Y qué cree que esté pasando allá abajo? —pregunté.
—Probablemente Renee está menospreciando a Bella por tener novio. Le dirá que está perdiendo la concentración y desperdiciando nuestro tiempo —Charlie suspiró.
—¿Menospreciando? —gruñí. Me paré y fui a la puerta—. Esas son mierdas.
—Edward, relájate. De todas formas, Bella ignora la mitad de lo que Renee dice —dijo Charlie con resignación. Entrecerré los ojos y abrí la puerta, tomando mis llaves del mostrador de la cocina—. ¿A dónde vas?
—A la batalla —dije—. Tengo que salvar a mi chica de la Tercera Guerra Mundial. —Bajé corriendo las escaleras y abrí la puerta de Bella. Estaba sentada en el sofá, escuchando a su madre despotricar sobre que no es lo suficientemente buena. La estaba haciendo que se desmoronara.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo entraste? —preguntó Renee.
—Tengo una llave.
—Isabella Marie Swan, ¿te lo estás follando? —gritó Renee.
—Sí, mamá. Me lo estoy follando. De hecho, estoy embarazada —espetó Bella—. Nace en seis meses.
—¡¿Qué?! —gritó Renee. Se dio la vuelta y me dio una cachetada—. Bastardo. Has corrompido a mi bebé. —Alzó la mano de nuevo y detuve su muñeca antes de que pudiera tocar mi cara.
—Escúcheme, Sra. Swan —gruñí—. Bella es una mujer adulta, capaz de tomar sus propias decisiones. Si queremos follar, entonces esa es decisión de ella. No de usted. Si queremos tener un jodido bebé, esa es decisión de ella. NO DE USTED. —Mi temperamento ardía rápidamente. Y déjenme decirles, no es algo bonito. Soy una persona muy relajada, pero cuando estoy enojado soy como el Monte Vesuvius. Listo para explotar.
—Cómo te atreves a hablarme así —dijo Renee con furia.
—Cómo se atreve a golpearme —espeté—. No he hecho nada para faltarle el respeto a su hija, a usted o a su familia. Pero cuando usted abrió la boca, me faltó el respeto a mí y a mi honor.
—Tiene razón, madre —dijo Bella, poniéndose de pie—. Lo amo y no hay nada que tú puedas decirme para cambiar eso.
—¿Lo amas? ¿Cuánto tiempo llevan juntos? —preguntó Renee, su cara se estaba poniendo morada.
—Tres meses —respondimos Bella y yo. Pasé junto a ella y rodeé la cintura de Bella con mi brazo—. Amo a Bella con todo mi corazón. Nada cambiará eso.
—¿Es su dinero? ¿Es por eso que la amas? —gruñó Renee.
—No. Tengo mi propia fortuna, Sra. Swan. NO amo a su hija por su dinero —dije, poniéndome cada vez más molesto por la forma en que Renee trataba a mi chica—. La amo porque es hermosa, inteligente, talentosa y todo lo que alguna vez pude querer en una mujer.
—Apuesto que también es buena en la cama —dijo Renee, cruzando los brazos sobre su pecho.
—¡Madre! —espetó Bella—. Edward y yo no hemos llegado a eso. No estoy lista. No es que sea de tu incumbencia.
—¡RENEE SWAN! —gruñó Charlie desde la puerta.
Renee se encogió al ver a Charlie furioso.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí parado? —preguntó Renee.
—Desde que Edward llegó al apartamento —dijo Charlie, en voz peligrosamente baja—. No puedo creer lo que estás diciendo de nuestra hija. Es inaudito e innecesario. Vamos, mujer. Nos iremos a casa. Tenemos MUCHO de qué hablar.
Charlie se paró junto a la puerta mientras una Renee reprendida pasaba junto a él.
—Hablaré contigo después, Bella. Espero que tu madre se disculpe por lo que dijo sobre ti y Edward. Estuvo fuera de lugar. Te amo, hija.
—También te amo, papá —dijo Bella mientras agarraba con fuerza mi cinturón. Charlie cerró la puerta de golpe. Se escuchó su voz a través de la puerta cuando salieron del apartamento. Luego de que se fue la diatriba enojada de Charlie, Bella comenzó a sollozar en mi pecho.
—Oh amor —dije, abrazándola con fuerza. Colapsó en mis brazos. La cargué y la llevé a su habitación. Sus sollozos eran desgarradores mientras ella absorbía lo que su madre le había dicho. Subí y bajé mi mano por su espalda mientras lloraba, ofreciéndole mi amor y apoyo. Eventualmente sus sollozos se redujeron a suaves lloriqueos. Luego dejó de llorar por completo, quedándose dormida en mi pecho. Le besé la frente y me quedé dormido rápidamente, pero estaba muy perturbado por las acusaciones de su madre.
xx FO xx
Nunca recibimos la llamada de Charlie o Renee esa noche. O la noche siguiente. Bella se había apartado de todos, no hablaba conmigo, ni Alice ni nadie más. Seguía la rutina de su vida, como antes. Antes de que yo llegara a su vida. Después del tercer día del berrinche de Renee, llamé a Carlisle para decirle que llevaría a Bella a Forks para arreglar la situación con su madre. Él aceptó inmediatamente.
Bajé al apartamento de Bella y entré. Bella había estado durmiendo aquí desde la pelea. Me sentía tan solo sin mi chica. Alice me dijo que seguía durmiendo en su habitación. Asentí. Abrí la puerta y cargué a Bella de la cama. La tiré sin miramientos en la ducha, abriendo el agua. Ella gritó y me fulminó con la mirada.
—¡EDWARD! —gritó—. ¿Qué carajos?
—Báñate y vístete. Iremos a dar un paseo —dije, alzándole una ceja, retándola a intentar desafiarme.
—No iré a ninguna parte. Tenemos práctica —dijo cuando se paró en la ducha. Sus pechos se veían claramente perfilados a través de su camiseta mojada.
¿Bubis?
No es el momento, cabrones.
—No tenemos práctica —dije—. Carlisle te dio el día libre.
—¿Y quién eres tú? —espetó—. No puedes decirme qué hacer.
—No puedo, pero necesitas hablar con tus padres —dije, rogándole—. Te extraño, Bell. Extraño a mi novia.
—Aquí estoy —gritó.
—No, no estás. Estás en tu cabeza de nuevo —fruncí el ceño—. Por favor, báñate y luego iremos a Forks.
—Ugh, bien —dijo. Asentí y salí del baño. Me senté en el sofá, jugueteando con un hilo suelto.
—Estás haciendo lo correcto, Brit —dijo Alice al sentarse a mi lado—. Te dará guerra todo el camino, pero a la larga te agradecerá por esto.
—La extraño, Alice —hice un puchero.
—Yo también Edward —suspiró, apoyando la cabeza en mi hombro. Nos quedamos sentados así hasta que escuchamos a Bella avanzar por el pasillo hacia la sala. Alice me abrazó y fue a abrazar a Bella. Su mueca de enojo hizo que Alice replanteará su idea y se apartó. Sobre el hombro de Bella, Alice musitó buena suerte y salió del apartamento.
—No sé qué bien hará esto. Mi mamá es una perra —dijo Bella, sus ojos cafés estaban decaídos y tristes.
—Quieres su aprobación. Lo entiendo —dije—. Pero hay más… ¿cierto?
—Sí —dijo Bella al sentarse en una silla frente a mí—. Es muy controladora. Tuve que PELEAR para mudarme con Alice. Viví con mi mamá hasta el año pasado cuando me mudé con Ali. Mi mamá sólo aceptó porque Alice era parte del equipo que me "preparaba" para las Nacionales. El que estemos saliendo le demuestra que ya no tiene control sobre mi vida.
—Te das cuenta que cuando me alejas de ti, la estás dejando ganar, ¿cierto? —murmuré.
—Lo sé. Lo siento, Edward —sollozó—. ¿Estás enojado conmigo?
—No contigo, como tal. Con tu mamá —dije, frunciendo el ceño—. Sus palabras estuvieron llenas de odio y fuera de lugar. Espero que un viaje a Forks sin avisar la ponga en su lugar. Si no, al menos habrás hecho el esfuerzo y no debería sentirte culpable por nada.
—¿Cómo es que te volviste tan inteligente? —preguntó Bella.
—Fueron esas clases de psicología que tomé en la universidad —sonreí—. Vamos. Necesito que seas mi guía. No sé cómo llegar a Forks.
Bella asintió y bajamos a mi carro. Me dio indicaciones perfectas de cómo llegar a la casa de su infancia. Cuatro horas más tarde, estábamos parándonos frente a una pintoresca casa blanca con persianas negras rodeada de pinos. La patrulla estaba en el camino de entrada junto con una minivan azul clarito. Tenía la esperanza de que sus dos padres estuvieran en casa. En apariencia, Renee era definitivamente el problema, pero Charlie también contribuía pasivamente a la situación.
Bella se bajó de mi carro y avanzó hacia la puerta principal. Agarrando una llave del alero, le quitó el seguro y entró.
—Oh Dios mío —susurró. Me metí tras de ella. La casa era un completo desastre. Vasos rotos, almohadas destrozadas, revistas tiradas y una pantalla plana quebrada.
Sacrilegio, lo digo yo. Ninguna televisión debería ser destruida.
Estoy de acuerdo con ustedes, chicos.
—¿Qué pasó? —pregunté.
—Huracán Renee —Bella suspiró—. Mi madre tiene mal temperamento. Como puedes notar. —Avanzó a través de la casa y miró a su alrededor. Subió las escaleras con gracia y gritó—. ¡EDWARD! Te necesito.
Subí y sobre la cama estaba un Charlie desolado. Seguía usando la ropa de cuando fueron a visitarnos. Tenía las mejillas llenas de lágrimas.
—Ayúdame a levantarlo —dijo Bella. Ambos sentamos a Charlie. Se dejó caer contra mí—. ¿Papi?
—La corrí, Bells —susurró.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Bella.
—No dejaba de decir que estabas cometiendo un gran error. Que Edward iba a arruinar tu oportunidad de una medalla de oro. Él no lo hará, le decía. Luego los insultos comenzaron a volar —murmuró Charlie—. Te llamó una putizorra, lo que sea que es eso.
—Una puta y una zorra —dijo Bella, bajando la vista a sus dedos.
—También te dijo así. Cuando regresamos a la casa, su temperamento estalló en toda su fuerza. Aventó cosas, me pegó, rompió mi televisión… le dije que ya había tenido suficiente. Le di una hora para empacar sus pertenencias e irse. Levanté una orden de restricción en su contra porque me estaba amenazando. Me tomé la libertad de hacer lo mismo para ti y Edward. Los documentos están en mi escritorio. También aceleré nuestro divorcio. No puede decirle así a mi bebita y amenazar a mi única hija, y esperar que sigamos casados. Tengo una cita con la corte el lunes en Port Angeles. Ya que me amenazó con daño corporal, el decreto de mi divorcio ya está básicamente hecho. —Charlie dijo todo esto de forma robótica. Tenía la mirada distante y postura de derrota—. Verte con Edward cambió algo en el cerebro de Renee. No sé, pero ahora está totalmente loca.
—Vamos, Charlie —dije mientras lo ayudaba a levantarse—. Vamos a ponerte algo de ropa limpia. —El estómago de Charlie gruñó con enojo—. Y a darte algo de comer. ¿Cuándo fue la última vez que comiste?
—Um, ¿el lunes? —respondió. Rodé los ojos y lo empujé hacia la ducha. Bella sacó ropa limpia y me la entregó. Abrí la ducha y le dije a Charlie que lo estaría esperando en la habitación por si necesitaba ayuda. Charlie se sonrojó y dijo que estaría bien. De todas formas, lo esperé ahí. Bella bajó y la escuché comenzar a limpiar la sala. Charlie salió de la ducha usando unos jeans y una camisa a cuadros que Bella le dio. Se pasó la mano por el cabello mojado, dedicándome una sonrisa tímida—. Lamento que te vieras arrastrado a todo esto. Renee nunca fue así de mala cuando Bella tenía a Jacob como pareja.
—Tal vez Jacob estaba trabajando con Renee para mantener a Bella bajo "control" —dije, formando en mi cara una mueca de enojo—. No lo sé.
—Nunca me agradó Jacob —dijo Charlie, frunciendo el ceño—. Siempre vio a Bella como si viera algo de su propiedad. Nunca salieron, hasta dónde sé, pero Jacob siempre se refería a Bella como "MI Bella". No me gustaba eso.
—Jacob es problemático, Charlie —dije—. Carlisle dijo que Jacob decía cosas inapropiadas sobre el cuerpo de Bella y comentarios como que la haría "suya". Está convencido de que ella estará con él. Hablé con Alice y dijo que para él Bella era más una conquista que otra cosa.
—Mi hija no es una conquista —gruñó Charlie.
—Lo sé, señor —dije—. Es por eso que todos hemos intentado protegerla. Nunca entrena sola. Siempre hay alguien con ella. Además, existía un pequeño problema con otro patinador, James Hunter, que también teníamos que arreglar. Pero descubrimos que fue arrestado por conducir intoxicado en Las Vegas. Estará fuera de comisión por un tiempo.
—De verdad amas a mi hija, ¿cierto? —preguntó Charlie mientras alzaba la cama.
—Nunca pensé poder amar a alguien tanto como amo a Bella —respondí con honestidad—. Nunca creí en almas gemelas, amor a primera vista y todas esas tonterías, pero así es cómo me siento respecto a su hija, Sr. Swan.
—Es Charlie, hijo. Levantaste mi apestoso culo de la cama y amas a mi hija. Es Charlie —dijo, palmeándome el hombro—. Tenía la misma mirada en mi rostro cuando empecé a salir con Renee. Ella solía ser normal. No era la controladora que es ahora. Le encantaba divertirse. Luego Bella quiso comenzar con el patinaje artístico en las grandes ligas y Renee cambió. Se convirtió en lo que viste el lunes.
—¿Qué pasará con Renee? —pregunté.
—Asumo que se va a quedar con su hermana. Vi un cargo en nuestra tarjeta de crédito por un boleto de avión a Jacksonville —Charlie se encogió de hombros—. Ya la quité de mi tarjeta de crédito.
—Se va a enojar —me burlé.
—No me importa —dijo Charlie mordazmente. Bajamos y ayudamos a Bella a limpiar la sala. Luego de haberla puesto en orden, Charlie y yo fuimos a la tienda de electrodomésticos para comprarle una televisión nueva. Estaba gruñendo que había sido una televisión nueva la que Renee arruinó con su temperamento. Compramos la misma televisión que él tenía antes y la subimos a la minivan en la que fuimos a la tienda. La conectamos al llegar a la casa. Bella nos había preparado de comer y comimos en la mesa de la cocina en silencio relativo, con excepción de las pocas veces que hablamos para pedir cátsup u otra bebida.
—Bells —comenzó Charlie—, estoy preocupado por tu mamá. Que les pueda hacer algo a ti o a Edward. Prométeme que te cuidaras de ella. Y no olvides tus documentos.
—Papi, mamá no me haría nada nada. ¿O sí? —preguntó Bella.
—Creo que está celosa —Charlie suspiró—. Nuestro matrimonio no fue muy feliz. Supimos pretender muy bien, pero la mayoría del tiempo Renee me mandoneaba y yo la retaba. Ve lo que tienes con Edward y está celosa. Eres joven, hermosa, estás enamorada y tienes éxito en lo que haces. Renee está en sus cuarentas, ya no es tan hermosa, no está enamorada y está desempleada. Quiere todo lo que tú tienes. No entiendo por qué una madre estaría celosa de su propia hija. Estoy orgulloso de ti, bebita. De lo que has hecho con tu patinaje, con tu vida y con quién estás. Edward es un buen hombre y definitivamente lo apruebo.
—Gracias, papi —chillo cuando lanzó sus brazos alrededor de su cuello. Charlie la abrazó con fuerza. Sonreí al ver que su relación sanaba. Ella se apartó y le sonrió a su padre—. Me hace muy feliz que te agrade Edward.
—Él te ama, Bella. Puede protegerte cuando yo no puedo —dijo Charlie, acunando su cara. Pero se giró hacia mí—. Si la lastimas, te dispararé en el culo.
—Eso espero —dije con una sonrisa nerviosa. Charlie me entregó los documentos de las órdenes de restricción contra Renee. Había usado sus influencias para conseguirlas y quería que los mantuviéramos con nosotros todo el tiempo. Dijo que probablemente estaba exagerando, pero era mejor tener precaución. Con un último abrazo, salimos de Forks y manejamos de regreso a Seattle.
Bella estaba callada, pensativa, mientras manejábamos de regreso a casa. Sin embargo, estaba sosteniendo mi mano cuando aceleramos por la autopista. Era una mejora comparado a esta mañana cuando ni siquiera me veía o me hablaba. Pasé gentilmente mi pulgar sobre sus nudillos.
—Lo siento, Edward —murmuró.
—No tienes motivos para disculparte, amor —dije—. Tu madre dijo algunas cosas muy dolorosas y entiendo por qué estabas molesta.
—Pero te aparté. La dejé ganar —Bella suspiró—. Me siento muy apenada por lo que pasó y espero que no me dejes por ello.
—Bella, ya te lo he dicho en muchas ocasiones, estás atada a mí —sonreí—. La única forma en que te podrías deshacer de mí es si me dices que te deje en paz. Que me digas que me vaya y no regrese jamás.
—Nunca querré eso —susurró Bella—. Te amo, Edward.
—Te amo, mi Bella —respondí, besando su mano. Llegamos al apartamento. Bella me rogó que subiéramos a mi casa y viéramos una película juntos. Acepté con entusiasmo y pasamos el resto de la noche fingiendo ver la película.
Se enrollaron, NOS excitaste por completo y no hay sexo a la vista. ¿Qué carajos, niño Eddie?
No TODO el tiempo se trata de tener sexo, cabrones.
Sí se trata de eso.
No, no es así. Bella NO está lista para ese paso.
¿Y eso qué?
Qué me jodan, estaba discutiendo con mis bolas.
Jeje…
xx FO xx
Una semana después, Bella saltó en mi cama y rebotó sobre mi regazo.
—Ya tengo planeada nuestra siguiente cita por diversión —dijo. Estaba usando una de mis camisetas y un par de bragas—. Fue una sugerencia que se te ocurrió a ti. Puse a trabajar a Alice junto con Rose y Emmett.
—Entonces —pregunté al sentarme, apartándole el cabello de la cara. Acaricié su mandíbula, besando su suave piel—. ¿De qué se trata esta cita?
—Hemos invitado a varios clubes locales para niños a la pista del hielo, van a tener lecciones privadas con nosotros —dijo Bella—. Niños sin padres, de escasos recursos y así. Mierda, Edward, eso se siente muy bien.
—Hmmm —fue mi brillante respuesta mientras metía una mano por debajo de su camiseta para tomar sus pechos desnudos. Saqué la camiseta de su cuerpo, lanzándola sobre su hombro, y capturé uno de sus pechos con mi boca. Las manos de Bella se enredaron en mi cabello, tirando de los mechones. Rodando las caderas, nos giré para poder quedar sobre mi chica. Alzó la vista hacia mí y se rio—. ¿De qué te estás riendo?
—Hice todo un numerito con tu cabello sexual —se rio—. Alguien necesita un corte.
—Estoy intentando hacerte sentir bien y tú estás criticando el desastre que TÚ hiciste en mi cabello —resoplé. Balanceándome sobre un brazo, tracé con un dedo desde sus labios, bajando por sus pechos y rodeando sus pezones rosas.
—Edward —gimió—. Me estás matando.
—No quiero eso, amor —dije al acostarme de lado junto a ella. Estiró la mano hacia mi camiseta. Entendí lo que quería y me la saqué del cuerpo—. ¿Qué quieres que haga, Bella?
Me jaló hacia su cara y estrelló sus labios con los míos. Mi mano seguía provocando su pálida piel, endureciendo su pezón bajo mis tiernas caricias. Bajé la mano a sus costillas. Tracé lánguidos círculos en su vientre plano. Ella se rio en mi boca.
—¡Me haces cosquillas!
—Lo sé —murmuré sobre su boca. Moviendo mi mano más al sur, mis dedos bailaron a lo largo de la cintura de sus bragas azul clarito. Quedaban muy abajo en sus caderas, provocándome. Me aparté y miré sus ojos cafés—. ¿Confías en mí, Bell?
—Por supuesto que sí. Te amo —susurró.
—Quiero hacerte sentir bien, nena —dije al pasar mi dedo bajo la cintura de sus pequeñísimas bragas. Enredó sus dedos en mi cabello, mirando mi cara—. Prometo que no te lastimaré.
—Nunca podrías lastimarme —sonrió. Bella bajó la mano por mi brazo y empujó mis dedos sobre sus bragas—. Confío en ti. Tócame, por favor.
Besé sus labios y metí mi mano a sus bragas.
Jódeme, está depilada. No hay nada ahí. Eso es tan sexy, chico Eddie.
Sí, es sexy. Pero cállense, me estoy concentrando aquí.
Llegué a sus húmedos pliegues y rodeé su clítoris con mis dedos. Bella gimió en voz alta sobre mi boca, alzando sus caderas contra mi mano. Besé suavemente su cuello mientras acariciaba su sensible nudo con mis dedos.
—Edward —gimió al arquear la espalda—. ¡Dios! —Me miró a los ojos. Su expresión normalmente serena estaba salvaje a causa de la pasión, la lujuria y el deseo. Nunca había visto nada más jodidamente precioso en mi vida.
—Eres tan hermosa, Bella —dije, besándole los labios. Hundí mi dedo medio en su apretado y mojado coño.
Imagina que esa es tu polla, Edward. Te correrías en dos embestidas.
Estoy de acuerdo, chicos.
Metí y saqué mi dedo de ella, frotando su clítoris con mi pulgar. Ella lloriqueo y gimió en mi boca. Su cuerpo se estaba poniendo de una brillante tonalidad rosa. Una capa de sudor cubría su excitada piel.
—Edward —chilló al apretar el agarre que tenía en mi cabello.
—Lo sé, nena —dije—. Suéltalo. Córrete para mí, mi hermosa Bella.
Añadí un segundo dedo a su cuerpo y los doblé. Su cuerpo se movía por sí solo, ondulando bajo mis embestidas. Nunca había visto nada más erótico en mi vida. Sus músculos se tensaban alrededor de mi mano. Sus labios estaban atacando mi cuello, chupando y mordiendo. La combinación de sus movimientos, sus labios y el tener mi mano en su calor hizo que mi erección se volviera dolorosa. No quería nada más que arrancarle las bragas de su cuerpo y sumergir mi excitación en su apretado y caliente sexo.
Bella soltó un grito gutural cuando sus músculos se apretaron alrededor de mis dedos. Sentí su excitación derramarse sobre mis dedos mientras seguía embistiendo, haciéndola ir tras su orgasmo. Removí mis dedos de su cuerpo y saqué mi mano de sus bragas. Quería lamerme los dedos hasta dejarlos limpios, pero eso podría asustarla un poco.
Ella respiraba pesadamente en mi cuello. Pronto sus labios se encontraron mordisqueando mi cuello y hombro. Su mano llegó a la cintura de mis shorts.
—Bella —dije con voz ahogada.
—Hay que ser justos, Edward —dijo con voz suave, mirándome a los ojos—. Pero necesitas ayudarme. No sé qué hacer.
—No quiero que te sientas incómoda —dije.
—Pero tú estás incómodo —dijo, mirando el enorme bulto en mis shorts. Palmeó gentilmente mi erección, frotándola sobre la tela de mis shorts—. Por favor, Edward. Quiero hacerte sentir bien. —Me besó la mejilla y movió su mano hacia la cintura de mis shorts. Sus besos se movieron de mi mejilla a mis labios. Mientras trazaba mi labio con su lengua, su mano se metió en mis shorts. Su pequeña mano se envolvió en mi erección. Gemí en voz alta cuando empezó a acariciarme.
—Bella —dije con voz ahogada—. Detente, amor.
—¿Estoy haciendo algo mal? —preguntó.
—No, estás haciendo todo bien, pero la verdad no quiero correrme en mis shorts —me sonrojé—. Si continuamos, ¿te molesta si me los bajo?
—Oh, cierto —dijo con una sonrisa nerviosa—. Nunca antes he visto un pene. Bueno, lo he visto en fotos y en esa porno que Emmett me mostró. Pero nunca uno de verdad. —Bajó la cintura de mis shorts. Alcé las caderas y me los saqué por las piernas. Estaba acostado en mi cama completamente desnudo para mi chica. Bajó la vista a mi erección, mordiéndose el labio al hacerlo. Su mano se movió a mi pene y lo agarró con gentileza. Trazo la vena con la punta de su dedo y me hizo estremecer—. ¿Estás bien?
—Estoy bien —murmuré, mirándola. Ella se veía tan nerviosa, tan insegura de qué hacer. Guíe su mano para rodear mi polla y comencé a acariciarla con ella. Besé sus labios cuando alzó la vista hacia mí, todavía estaba acariciando mi dura excitación. Quité mi mano de la suya y la dejé explorar mi polla. Ella se apartó y miró con mucha atención mientras me masturbaba. Con cada pasada de su caliente y pequeña mano, me acercaba cada vez más y más a mi propia liberación. Una gota de líquido preseminal se había juntado en la punta. Bella pasó su mano sobre la misma y uso la lubricación extra para incrementar sus caricias—. Carajo —gemí. Mis caderas se estaban moviendo con la mano de Bella—. Bella, estoy cerca.
—Déjalo ir, Edward —dijo, haciendo eco de mis sentimientos de antes. Me besó y dobló la muñeca. La combinación debió ser el detonador y sentí mi cuerpo reaccionar. La jalé a mi pecho y exploté sobre su mano y mi vientre. Me acarició el cuello y me soltó. Estaba respirando pesadamente, enterrando mi cara en su suave cabello—. Sabes, tu pene es muy atractivo.
Bufé y solté una carcajada.
—Es la primera vez que me lo dicen —exclamé.
—Lo es —dijo—. Los hombres en la porno tenían penes miniatura. O sea, tu pulgar era más grande sabes. —Se rio y me besó el cuello, intentando esconder su vergüenza. Me subí los shorts y me limpié el pecho con la camiseta.
—Me alegra que mi pene te parezca atractivo —la calmé y le besé la nariz—. Entonces, ¿cuándo es esa cita que mencionaste antes de distraerme con tu sensualidad?
—Esta tarde —murmuró en mi oído—. Carlisle y Rose nos ayudarán. Cada uno tendremos una clase de diez niños. Rose y Carlisle realizarán rutinas individuales. Igual que nosotros. Luego nosotros haremos dos de nuestras rutinas nuevas para ellos, la canción de cuna y Blow.
—Genial —le sonreí al levantarme—. Entonces iré a ducharme. Si quieres acompañarme…
—Ya te vi desnudo, pero todavía no estoy lista para que me veas completamente desnuda —se sonrojó. Le entregué la camiseta. Se la puso rápidamente y agarró su pantalonera de yoga que estaba tirada—. Pero pronto, galán.
Hice un puchero cuando salió de la habitación.
—Yo manejo hoy —cantó al cerrar la puerta. Le saqué la lengua y me metí a la ducha, limpiándome lo que quedaba en mi pecho de mi corrida. Me rasuré y me alisté, agarré mi mochila de patinaje y bajé al apartamento de Bella. Entré y vi a Alice sentada en el regazo de Jasper.
—Hola chicos —dije al sentarme.
Alice me sonrió.
—Cierta castaña estaba radiante esta mañana. ¿La desfloraste?
—¡Alice! —siseó Jasper.
—Oh calla —replicó Alice—. ¿Y bien?
—Alice, no es de tu incumbencia —respondí seriamente—. Lo que hacemos es sólo para nosotros. No para ti ni para nadie más.
—¿Voy a tener que preguntárselo a Bella?
—No lo hagas, por favor —rogué, arrugando la nariz—. Respeta mis deseos tanto como los de ella.
—Qué caballero —dijo Jasper ofreciéndome el puño. Lo choqué con él y fulminé con la mirada al hada malvada sentada en su regazo.
—Entonces, ¿qué hacían antes de entrometerse en mi vida sexual? —pregunté.
—Estaba discutiendo con Jasper mi visita a mi mamá Carmen. O más bien, mi próxima visita —Alice frunció el ceño—. No quiero ir, pero me está rogando que la vea.
—Sí, ¿qué sucedió con eso? —pregunté.
—Carmen engañó a Carlisle con otro hombre llamado Eleazar. Carlisle los encontró haciéndolo en SU cama —dijo Jasper con enojo—. Lo destrozó por completo. Él dedicó toda su vida a Carmen, pero ella lo jodió de la peor forma posible.
—Yo me puse del lado de papi —dijo Alice—. Pero Carmen insiste en que la visite de vez en cuando. Lo hago de mala gana. Sigue siendo mi madre, por muy enojada que esté con ella. Cuando regrese de Los Angeles, necesito hacerles las pruebas finales para los trajes de sus próximos eventos en agosto, octubre y Navidad. Jasper y yo iremos a comprar ropa nueva. Es mi premio por tener que lidiar con la loca de mi madre.
—¿Tu mamá también era patinadora? —cuestioné.
—En cierto momento lo fue —contestó Alice—. Yo empecé a tomar lecciones, pero no lo disfrutaba. Puedo hacer lo básico, pero no tengo el amor tú y Bella tienen por ello. —Se levantaron y salieron del apartamento. Bella llegó a la sala unos momentos después, llevaba una pantalonera y una sudadera ajustada, enseñando sus curvas.
—¿Listo, guapo? —preguntó, echándose la coleta sobre un hombro.
—Síp. Vayamos a divertirnos con los niños —dije, echándome la mochila al hombro. Nos subimos al carro y discutimos nuestros planes para el día. La primera parte del día la pasaríamos dándoles lecciones a los niños. Luego el resto de la tarde sería una exhibición de nuestro talento. Íbamos a compartir una rutina individual y luego Bella y yo haríamos nuestras dos rutinas. Para mi rutina individual, yo haría algo con la canción Life is a Highway de la banda sonora de Cars. Bella patinaría con Walking on Sunshine. No sabía qué harían Rose y Carlisle, pero sin duda sería divertido.
Llegamos a la pista y calentamos un poco en el hielo. También realizamos nuestras rutinas individuales con la música antes de que llegaran los niños. Bella lo hizo primero, moviéndose y bailando con felicidad sobre el hielo. La sonrisa en su cara era contagiosa. Me enamoré más de ella al verla sobre la pista. Bella terminó su rutina y mantuvo su pose final.
—Bien, Edward. Tu turno —dijo con una sonrisa descarada.
Rose estaba a cargo de la música y esperó a que me pusiera en mi marca. Mantuve mi pose inicial y esperé a que los toques iniciales de guitarra llenaran la pista. Bella estaba sentada en los tableros mientras yo patinaba. Me torcí y me giré, pasándomela bien. Mi secuencia de pasos era intrincada, pero fácil de hacer. Incluso logré mezclar un cuádruple con el que me sentía cómodo, un cuádruple flip. Bella gritó cuando aterricé limpiamente, entrando en un giro en ángel, para llegar a una pirueta baja. La canción terminó y sonreí al mantener mi pose final.
—¡¿Puedes hacer cuádruples?! —gritó Rose.
—Ese es el único que puedo hacer —bufé al patinar hacia los tableros—. Hace unos ocho años sufrí la misma lesión que Jacob. Me caí haciendo un lutz cuádruple y me jodí por completo la rodilla.
Rose iba a decir algo, pero su teléfono sonó. Lo sacó de su bolsillo.
—Carlisle está dejando entrar a los niños. Necesitamos ayudarlos a ponerse sus patines y esas mierdas.
—Calma, Rose. No puedes maldecir frente a los niños —la regañó Bella.
—Sí, sí. Lo sé —respondió secamente.
Nos pusimos las guardas de las cuchillas y saludamos a los cuarenta niños. Carlisle nos presentó y explicó lo que sucedería el día de hoy. Luego dividimos a los niños en cuatro grupos. Carlisle tomó al grupo de niños más pequeños. El resto de los niños fueron divididos entre Rose, Bella y yo.
Ayudé a mis diez niños, seis niñas y cuatro niños, a ponerse los patines. Además de mí como su maestro, un miembro del staff del club estaba asignado a los grupos. Entre nosotros dos, atamos sus patines y los llevamos al hielo.
—¿Cómo se sienten todos? —pregunté con un brillo en la mirada—. Mi nombre es Edward y voy a enseñarles unas cosas muy geniales sobre el hielo. ¿Cuántos de ustedes han visto a patinadores de hielo en televisión? —Todas las manos se alzaron. Las niñas me estaban batiendo las pestañas y me sonrojé por sus evidentes intentos de coquetear.
Tenían nueve años.
—Pues yo soy uno de esos patinadores de la televisión y estoy muy feliz de que estén aquí —sonreí.
—Hablas raro —uno de los niños frunció el ceño. Tenía cabello castaño oscuro y ojos color avellana que contenían toda la tristeza del mundo. Su postura estaba decaída.
—¡Jared! —siseó la maestra—. Lo siento, Edward.
—No, está bien. Tengo un acento diferente al tuyo porque he pasado la mayor parte de mi vida viviendo en Inglaterra —expliqué.
—¿Eres americano? —preguntó una niña rubia.
—Lo soy. Mi papá vivió aquí y nací en Chicago. Así que soy un americano con un acento raro. Creo que eso me da carácter —me reí—. ¡Aprendamos a patinar!
Les enseñé a hacer tijeras, lo cual fortalecía sus tobillos y los hacía moverse de enfrente hacia atrás. Jared, el chico que hizo el comentario sobre mi acento, tenía mucho talento. Logré enseñarle algunos crossovers y un salto de conejo.
—Lo estás haciendo muy bien, Jared.
—Como sea —dijo, rodando los ojos.
—Jared, sé amable con Edward. Está ofreciendo su tiempo para ayudarte —lo regañó la maestra.
Patiné hacia Jared y me agaché para quedar a su nivel.
—¿Qué pasa, hombre? ¿Por qué esa actitud tan negativa? —pregunté, alzando la ceja.
—Mi mamá se quedó sin trabajo otra vez. Estamos viviendo en un refugio y lo detesto. Sólo soy parte de este club porque mi mamá pagó antes de perder su trabajo de mesera —se encogió de hombros.
—¿Y tu papá? —pregunté.
—Está muerto. Murió en la guerra —hizo un puchero. Picoteó el hielo y jugó con la bastilla rota de su camiseta.
—Lo siento, Jared. Sé lo que es perder a tu papá. El mío falleció recientemente —dije, poniendo mi mano en su hombro. La apartó con un encogimiento, pero me miró con curiosidad—. No fue en la guerra, pero fue repentino. Mi papá murió de un paro cardíaco.
—¿Era viejo?
—Tenía cincuenta y dos años —respondí—. Y lo gracioso es que él era un doctor del corazón.
—¿Y murió de un paro cardíaco? —dijo Jared con voz ahogada. Asentí—. Eso apesta, hombre.
—Lo sé, amigo —le dije, apoyando una rodilla en el hielo—. Si alguna vez quieres hablar, Jared, soy muy bueno escuchando. Y ambos estamos batallando para lidiar con la perdida de nuestros papás. Me gustaría ser tu amigo.
—Pero eres, o sea, famoso —dijo.
—Eso no significa que no quiera tener amigos —sonreí—. Antes de irme te daré mi número de celular y puedes llamarme cuando quieras hablar. Porque eso es lo que hacen los amigos.
—Edward, ya terminamos con las lecciones —dijo Rose—. Los niños van a tomar asiento mientras hacemos la demostración.
—Bien, gracias Rose —dije.
—¿Es tu novia? —preguntó Jared.
—Ella no, pero la castaña bonita sí es mi novia —sonreí—. La amo.
—¿Igual que yo amo a mi mamá? —cuestionó Jared.
—Más que eso —sonreí al ofrecerle mi mano. Su pequeña mano quedó fácilmente engullida en la mía mientras patinaba con él hacia la orilla de la pista—. Te contaré un secreto, Jared.
—¿Qué?
—Me voy a casar con mi novia —dije—. ¿Puedes guardarme ese secreto?
—Claro que sí, amigo —dijo ofreciéndome el puño. Lo choqué con él y me alejé patinando.
La maestra me tomó del brazo.
—Jared NUNCA se ha abierto con nadie como lo hizo contigo —dijo.
—Quiero darle mi número de celular antes de que se vayan. Quiero seguir con sus lecciones. Necesita una influencia masculina y quiero ayudarlo —dije.
—Gracias, Edward —dijo, sus ojos se llenaron de lágrimas. Asentí y fui a cambiarme rápidamente de camiseta. Me puse una camisa de vestir azul y la fajé en mis pantalones, ajustándome el cinturón. Bella estaba usando pantalones y un suéter azul marino. Rose llevaba un vestido de patinaje color rojo mientras que Carlisle tenía puestos sus pantalones para patinar y una chaqueta.
—Ustedes los jóvenes saludables con cuerpos delgados —gruñó al ponerse la chaqueta—. No quiero asustar a los niños con mi panza. —Bufé y le piqué el estómago. Me apartó la mano de golpe, fulminándome con la mirada. Con una mueca de desdén como despedida, salió patinando al hielo e hizo su rutina de Jailhouse Rock de Elvis. A pesar de su edad, Carlisle seguía siendo muy ágil e hizo una secuencia de pies y saltos muy desafiantes. La canción terminó e hizo una reverencia mientras los niños le aplaudían.
Después Rose patinó al centro del hielo. Realizó una actuación con la canción Supermassive Blackhole. No era patinadora, pero se las arregló para actuar muy bien. Podía hacer saltos simples y giros sencillos. Lo que le faltaba de talento lo compensaba con personalidad. Había elegido a dos de los niños y les enseñó una coreografía simple para la última parte de la rutina. Los demás niños vitorearon a sus compañeros y estos hicieron una graciosa reverencia al final.
Bella y yo realizamos nuestra rutina con la canción de cuna después de Rose. Los niños estaban maravillados con la belleza de nuestra rutina. Nos deslizamos y movimos como una sola persona. Derrochamos el amor que sentíamos en esa rutina. Cuando la canción terminó, baje a Bella, sosteniéndola contra mi pecho. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—Te vi con ese niño —dijo cuando la enderecé.
—Él estaba tan perdido —murmuré al hacer la reverencia—. Su mamá está desempleada y su papá murió en la guerra.
Ella patinó a mi lado y alzó la vista a mí.
—Te amo, Edward Masen —susurró al besar mi mejilla—. Y te toca, guapo.
Le pellizqué el culo cuando se apartó. Ella fingió fulminarme con la mirada. Busqué a Jared y le sonreí enormemente. El niño triste de antes había sido reemplazado con un niño feliz de nueve años. Le guiñé al ponerme en mi posición. Cuando la canción comenzó, lo exageré mucho al sacudir las caderas y actuar como tonto en el hielo. Agregué algunos elementos más divertidos a mi rutina. Mantuve el cuádruple, pero también le añadí mi back flip. Un jadeo colectivo llenó la pista cuando aterricé. Jared estaba asomándose sobre los tableros en completo shock. Patiné hacia él y le abrí los brazos. Jared gritó y lo cargué sobre los tableros. Hicimos unas tijeras y saltos de conejo. Lo cargué e hice dos giros cuando la canción estaba terminando. Llevé una rodilla al piso y lancé un puño al aire. Jared me siguió, riéndose junto a mí.
Jared lazó sus brazos a mi cuello y me abrazó con fuerza.
—Gracias, Edward —dijo.
—De nada, amigo —dije al ponerlo en el hielo—. Hagamos nuestra reverencia. Nuestros fans nos están aplaudiendo. —Hicimos la reverencia mientras los niños le vitoreaban. Jared estaba sonriendo enormemente al patinar de regreso a la orilla. Me agache—. Lo hiciste muy bien, amigo.
—Quiero hacer ese salto de espalda —dijo Jared con emoción.
—Haremos que suceda, Jared —le dije.
Bella ocupó el centro del hielo y se movió con su canción. Se veía feliz y se la estaba pasando bien. Jared y yo estábamos sentados en los tableros mientras veíamos a mi chica girarse y dar vueltas en el hielo. Terminó su rutina con una sonrisa descarada. Hizo una reverencia con una fluorita y los sonidos de Blow llenaron la pista. Choqué los cinco con Jared antes de bajarme del tablero. Me reuní con mi chica en el centro y nos miramos el uno al otro.
—Confías en mí, ¿cierto?
—¿Qué estás pensando? —preguntó.
—Giro al aire con una mano —sonreí—. Después de nuestros giros donde nos golpeamos.
—Hecho —sonrió. Nos apartamos patinando y nos movimos al unísono mientras inventábamos por completo la primera parte de la rutina. Usamos un poco de la coreografía del programa que hicimos con los patinadores individuales, pero la modificamos para adaptarla a nosotros como pareja. Hicimos nuestra coreografía planeada durante el coro, terminando con el giro en ángel. Una vez más un jadeo llenó la pista cuando quedamos a centímetros de distancia en nuestro giro en ángel, bajando hasta llegar a giros sentados.
Durante el puente de la canción, Bella y yo hicimos una secuencia de pasos que nos llevaría al giro al aire. La cargué y llevé su pequeña figura sobre mi cuerpo. Hice un giro de dos pies y liberé la mano junto a su cabeza, el impulso evitó que se cayera. Los gritos de los niños estaban llenos de emoción y felicidad. Terminamos el giro y la deposité gentilmente sobre sus patines. La canción terminó y la hice bajar casi hasta el piso.
Los gritos llenaron la pista y nos enderezamos. Hicimos una reverencia y les agradecimos a todos por venir. Entrelacé mis dedos con los de Bella y patinamos hacia la orilla de la pista. Jared estaba sonriendo, sostenía un pedazo de papel.
—¡Edward, eres increíble! Quiero ser un patinador como tú —dijo, rebotando sobre la punta de sus pies. Empujó el papel a mi mano—. ¿Puedo tener tu autógrafo además de tu número de celular?
—Claro que sí, Jared —dije, firmando mi nombre y poniendo mi número de Seattle debajo—. Esta es mi novia, Bella. Bella, este es Jared, el siguiente gran prodigio en patinaje.
—Gusto en conocerte, Jared —dijo Bella con una sonrisa—. Lo hiciste muy bien.
—Gracias —se sonrojó.
—Jared, es hora de irnos, cariño —dijo la maestra. Jared me abrazó con fuerza antes de correr de regreso a su maestra.
—Me honra mucho que hayas elegido estar conmigo, Edward —dijo Bella al rodear mi cintura con sus brazos—. Eres un hombre tan bueno. Le has hecho el día a ese pequeño niño. El mes. ¡EL AÑO! Te amo, cielo.
—Te amo más, Bella —dije. Nos besamos suavemente sobre el hielo. Al hacerlo, una sensual canción de jazz llenó la pista. Bella y yo nos separamos, y fulminamos con la mirada a Rose y Carlisle que estaban poniendo música de porno. Ambos se estaban burlando junto a la consola. No fue hasta que Carlisle comenzó a decir "Bum Chicka Wow Wow" que decidimos irnos.
Ese Carlisle tuvo una buena idea. Bum Chicka Wow Wow efectivamente.
Para esa última referencia de Bum Chicka Wow Wow les recomiendo ver el vídeo original de la canción jaja pero básicamente es una canción sexosa.
Dios, siento que pasaron muchas cosas en este capítulo. Primero la loca madre de Bella, que ya volverá y más loca que nunca. Después ese momento íntimo entre ellos, que parece que van avanzando muy rápido también en el aspecto físico. Y al final ese lindo momento con Jared, a él tampoco lo olviden que lo seguiremos viendo.
Aprovecho el espacio para un pequeño comercial. Publiqué una nueva traducción: Ruido Blanco. Apenas ayer subí el segundo capítulo, es una historia llena de drama, mafia y un Edward malote. ¡No se la pierdan!
En fin, espero que les haya gustado, ¡no olviden dejarme sus comentarios! ;)
