El paso del tiempo es evidente en su aspecto: tiene las mejillas sorbidas hacia adentro, también tiene pequeñas arrugas en la frente y en las comisuras de los labios, su pelo se ha vuelto completamente plateado. Está delgada y viste un vestido marrón, consigo lleva una especie de bolso. Sin embargo hay algo que sigue igual; su mirada. Estos ojos azules que conozco tan bien y que hace demasiado tiempo que no veo me observan con recelo. Ella también debe de estar estudiándome, buscando diferencias entre lo que recuerda de mí y lo que tiene delante.
- ¿La abuela? –pregunta Josh y sujeto un poco más fuerte su mano.
- Sí, es mi madre.
- Hola Katniss –su voz también es la misma, aunque me impresiona porque suena mucho más real; yo solo estoy acostumbrada a escucharla por teléfono.
- Al final has venido… –no sé cómo sentirme.
- ¿Molesto? Puedo irme…
- No, yo te invité. Por favor pasa –aunque claro, la invité antes de que ayer sufriera una de las secuelas que me provocó su abandono. Ahora desearía no haberla invitado–. No sé si lo reconocerás pero él es Josh –baja la mirada hacia él y me pongo en tensión. Prim tenía aproximadamente la misma edad que Josh tiene ahora cuando mi madre nos abandonó.
- Has crecido mucho. Estás muy guapo, además me gusta mucho tu peinado –Josh sonríe orgulloso. Su pelo está causando sensación.
- ¡Gracias! Me ha peinado mi mamá.
- Vayamos a dentro, se alegrarán de verte –digo aunque en realidad es una estratagema para intercambiar invitados con Peeta: le paso a mi madre y yo me quedo con Finnick. Me apetece mucho más hablar de mutos asesinos antes de hablar de lo que quiera que sea que quiera hablar mi madre– ¡Dandelion! ¡Ven un momento! –cuando viene le señalo la pelota que lleva en las manos– Ya sabes que a la pelota se juega fuera.
- Lo siento mamá –me he distraído, vuelvo al tema.
- Ha venido a verte tu abuela desde muy lejos –Dandelion la mira pero no es capaz de reconocerla.
- Hola Dandelion, qué ropa más bonita llevas –dice amigablemente.
- Gracias. ¿Crees que me parezco a mamá con él? –mi madre me lanza una rápida mirada antes de responderle.
- Es como si tuviera a la Katniss de once años delante –me sorprende que recuerde su edad. Me pregunto si también recordará qué le pasó a la Katniss de once años.
- ¿Te gusta su peinado también? –interviene Josh.
- Sí, le queda muy bien.
- Pero se me está deshaciendo –se queja y luego se pone de espaldas para enseñarnos nuestro nefasto intento de atarle las trenzas en la parte baja de su cabeza.
- Yo puedo arreglar eso, ¿me dejas? –se lo ha dicho a ella pero me ha mirado a mí, es a mí a quién me pide autorización.
- ¡Sí por favor! –dice Dandelion y yo asiento, dándole mi conformidad.
- La abuela sabe peinar muy bien –digo sin emoción en la voz.
Mientras Dandelion va a buscar un peine me llevo a mi madre a la cocina. Por el camino Haymitch me ve, que está hablando con Effie en el comedor y me lanza una mirada que pregunta: "¿qué hace ella aquí?" y yo le lanzo una mirada que significa "Mejor no preguntes".
- ¡Señora Everdeen! –dice Peeta cuando la ve. Su sorpresa es más que notoria, así como su preocupación, porque me mira un segundo antes de ponerse en modo anfitrión educado– ¡Qué alegría verla! Por favor siéntase, debe de estar cansada por el trayecto. ¿Tiene sed?
Haymitch y Effie entran en la cocina y todos se saludan. Dandelion vuelve con el peine y mientras le hace las trenzas a Dandelion (Peeta no pierde detalle, quiere aprender a hacerlo) yo no puedo evitar recordar el día que les enseñó a hacer este mismo peinado a Cinna y a mi equipo de preparación. La pesadilla de ayer en la que mi yo de niña y Dandelion se mezclaba hasta no saber quién era quién amenaza en volver a engullirme. Aprovecho para salir de la cocina (de donde espero no me echen de menos porque hay mucha gente). Salgo al comedor donde reina el caos y el ruido, y me pongo en la boca uno de los aperitivos. Estoy pensando en esconderme para siempre cuando veo que Finnick ha salido de la cocina para ir al baño. Espero a que salga.
- ¿Quieres ir a dar un paseo?
- Por supuesto –intercepto a Josh que corre por el comedor– Si tu padre pregunta dile que he ido a dar un paseo con Finnick, ¿vale?
- ¡Vale!
Salimos a la calle y me lo llevo a la plaza de la Aldea. Estamos lo suficientemente lejos como para que no nos escuchen pero lo suficientemente cerca por si alguien nos necesita encontrar. Me siento al lado de la fuente.
- Perdona que te haya arrastrado hasta aquí conmigo.
- No pasa nada, ahí había mucho alboroto –se sienta a mi lado y nos quedamos en silencio. Me siento cómoda con él, es como si fuera Finnick de verdad.
- Tu padre era una de las mejores personas que he llegado a conocer nunca. Era listo, fuerte y sobretodo buena persona… aunque claro, intentó seducirme alguna que otra vez –digo en broma, él sonríe–. No conozco mucho la historia de tus padres pero puedo asegurarte de que Finnick amaba a Annie con todo su corazón. La quería de verdad.
- Sí, lo sé –dice con una sonrisa orgullosa.
- Cuando secuestraron a Peeta y a tu madre, Finnick y yo nos apoyamos mutuamente –vuelvo la mirada al frente y hablo de esto por primera vez–. Él era el único que entendía cómo me sentía. Él me explicó cómo funcionaba la mente de Snow y me ayudó a sobrellevar el dolor. Solía decir que cuesta diez veces más recomponerse que desmoronarse y que por eso no podíamos sucumbir… cuando llegó tu madre sentí una envidia terrible, ellos dos se querían tanto y Peeta… bueno, no sé si sabes lo que le pasó.
- Sí –dice serio, así que prosigo con mi relato.
- Finnick se alistó para ir a la guerra y nos fuimos en el mismo batallón. Cuando estábamos en las últimas, escondidos en las alcantarillas del Capitolio, empezamos a oír unas voces y… –de repente lo veo, veo la oscuridad y el recuerdo de un olor desagradable vuelve a mi nariz– rosas. Apestaban a rosas. Los mutos gritaban mi nombre, venían a por mí, pero tu padre estaba conmigo… –le miro y se me contrae el corazón– él murió por mi culpa.
- Mi padre decidió protegerte porque eras su amiga y porque así se aseguraba la victoria de la guerra, protegiendo así a mi madre y a Panem entero –le escucho hablar y tengo que recordar que es su hijo, pero siento como si fuera él de verdad.
- No hay nada de bueno en morir por mí. Créeme. Mucha gente lo hizo y no debieron hacerlo.
- ¿Seguro? ¿Y qué habría pasado con ellos? –con la barbilla me señala mi casa, desde aquí se oye el barullo de los niños. Me imagino un mundo sin Dandelion y sin Josh y se me revuelve el estómago.
- Quizás existirían igualmente, Peeta habría… –veo por su mirada que no me cree. Solo hace unas horas que está aquí pero ya es como si nos conociéramos de toda la vida. Nos quedamos en silencio.
- Si mi padre era tan inteligente como todos decís que era, significa que sabía lo que se hacía cuando se fue con vosotros.
- Eso no quita que no me arrepienta terriblemente de no haber sido capaz de protegerle mejor.
- Él estaría contento de ver lo que has conseguido aquí. Su sacrificio no fue en vano –siento el corazón en un puño.
- Te quedaste sin padre.
- ¿Hace falta que te recuerde lo que tú perdiste? –no puedo soportar seguir viendo sus ojos así que vuelvo la mirada el frente y dejo que las lágrimas salgan. Es como si Finnick, mi amigo, me hubiera perdonado. Nos quedamos en silencio.
- Siempre me acuerdo de él cuando veo los azucarillos –confieso. La verdad es que lo echo mucho de menos. Finnick me pasa un brazo por los hombros y yo lo abrazo. Nos quedamos así un rato, compartiendo el dolor, hasta que decido que esto no puede ser, que estamos de celebración y que tenemos que estar alegres– ¿Volvemos? Estoy segura de que Josh debe estar buscándote para jugar a algo.
- De acuerdo –se friega los ojos y se levanta–. Pero antes de volver ahí quiero saber una última cosa.
- Claro, pregunta –me sorbo la nariz con un pañuelo que llevo en el bolsillo.
- ¿Sabes si sufrió mucho? –niego con la cabeza.
- No dejé que esos mutos se lo llevaran. Volé la alcantarilla antes de que eso sucediera –Finnick se pone en tensión y da un largo suspiro.
- Gracias –volvemos a quedarnos en silencio, observándonos mutuamente.
- Siempre vas a poder contar con Peeta y conmigo, Finnick. Para nosotros ya eres de la familia –él asiente–. Y ahora vamos, Peeta ha hecho una tarta para chuparse los dedos –le cojo del brazo y nos llevo hasta casa.
- ¡Katniss! –dice Peeta cuando me ve llegar, ve a Finnick a mi lado y escudriña en mi rostro alguna pista que le indique cómo estoy–. ¿Todo bien?
- Sí, ahora llévame con mi madre. Tengo algo que resolver –estoy decidida a zanjar todos los asuntos pendientes.
Entramos en la cocina. Josh está sentado en el regazo de Haymitch, haciendo preguntas indiscretas a Effie.
- ¿Entonces eso no es tu pelo de verdad?
- No –dice ella amablemente.
- ¿Y de qué color es tu pelo?
- Eso es un secreto.
- Es de un color verde chillón horroroso, por eso se lo cubre –dice Haymitch y se echa a reír. Effie se enfada y le da un golpecito en el brazo.
- No le digas eso.
- Ahora enserio, ¿de qué color es tu pelo? –intervengo en la conversación.
- Es un secreto que me llevaré a la tumba.
- Castaño claro –dice al final Haymitch y ella lo mira con ojos asesinos–. Lo vi una vez.
- ¡Fisgón! –se queja ella.
- No hay nado de malo en ser castaño –dice Josh que no lo entiende.
- Tía Effie quería destacar –le explica Haymitch.
- Mamá, ¿pasarás la noche aquí, verdad? –digo ahora dirigiéndome a ella.
- Había pensado en irme con el último tren…
- Tonterías. Te quedas con nosotros. Ven, te enseñaré donde te quedarás –le lanzo una mirada a Peeta indicándole que esto irá para largo y él me da un ligero apretón en el brazo cuando paso por su lado para infundirme ánimos. Me la llevo a casa de Peeta.
- Solo queda libre una de las habitaciones pequeñas, espero que no te moleste.
- No, claro que no.
Mi madre me ayuda a adecentar la habitación, no hablamos y noto la incomodidad en el ambiente.
- ¿Qué te han parecido los niños? –pregunto.
- Son encantadores.
- Podrías verles más a menudo si quisieras –dejo caer.
- Me encantaría pero el trabajo… –empieza con las excusas.
- Quizás haya llegado el momento de que te jubiles –ella se detiene. Coloco el cojín, me pongo recta y la miro.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que aquí tienes una familia. Y si quieres, una casa. Ésta lleva vacía desde hace años. Peeta y yo correremos con los gastos, tenemos la panadería además del sueldo de vencedores. No va a faltarte de nada –mi madre se ha quedado petrificada. No se esperaba para nada que le propusiera esto. Es el momento de ser sinceros–. Tienes unos nietos increíbles y te lo estás perdiendo. Sé por lo que pasaste y por fin lo entiendo –desde que yo también he sentido la impotencia de apagarme que he comprendido que no puedo juzgarla. Tenemos diferentes puntos de vista pero somos familia y a pesar de su abandono, yo la quiero, sigue siendo mi madre–. Si tú estás dispuesta a olvidar todo lo que pasó yo también. No existe ya ningún motivo por el que tengas que estar allá sola.
Hablar con Finnick me ha ablandado. Somos muy pocos los que tuvimos la suerte de sobrevivir y no tiene ningún sentido que estemos peleados. Deberíamos habernos puesto en contacto con Finnick antes y lo mismo con mi madre. Es absurdo desperdiciar el tiempo.
- ¿Lo dices enserio? –veo el cansancio y la incipiente vejez sobre sus hombros. La miro y solo veo una vida de dolor y sufrimiento.
- Creo que ha llegado el momento de que dejes de castigarte –mi madre se tapa la boca con las manos y empieza a llorar. La abrazo y ella se aferra a mí. Sus brazos son débiles y delgados pero me transmiten la seguridad que solo una madre puede ofrecer.
- Lo siento tantísimo Katniss… después de todo por lo que has pasado… de toda la carga que puse sobre tus hombros…
- Nada importa ya. Estoy bien. Voy a cuidar de ti, ¿vale? –ella empieza a sollozar.
- Te quiero mucho.
- Y yo a ti mamá.
Nos quedamos mucho rato así, juntas. Cuando veo que empieza a sentirse mejor le digo de volver a la fiesta porque ya se está haciendo tarde y ni siquiera he estado allí.
- He traído regalos para ellos, me gustaría dárselos.
- Claro, ahora se los das –digo con una sonrisa.
Entramos en casa y en lugar de encontrarme una avalancha de niños correteando por todos lados, me encuentro con todos sentados en el salón formando un círculo y en silencio. Finnick y Peeta también participan. Todos están cubriéndose los ojos mientras que hay un niño de pie, dando vueltas a su alrededor. Me acerco a Haymitch.
- ¿Qué hacen? –susurro.
- Tu maridito, que se ha cansado de que todos corrieran arriba y abajo y se ha puesto a hacer esta tontería.
El niño se decide por Dandelion, le toca la espalda y empieza una persecución entre vítores. El niño ha conseguido volver a sentarse sin ser pillado, así que ahora le toca a Dandelion dar vueltas en círculos y escoger a su contrincante. Me quedo mirándoles, embobada. Dandelion escoge a Peeta, que no puede levantarse suficientemente rápido por su pierna, cosa que hace que Dandelion gane. Entonces él escoge a Josh y se deja ganar por él. Luego escoge a otro niño y anuncia que se retira del juego. Viene hacia mí y le recibo con un beso, se lo merece después de haber conseguido este milagro.
- ¿Cómo has conseguido esto? –digo emocionada. Él se ha quedado aquí aguantando el tipo y jugando con ellos mientras que yo resolvía mis asuntos.
- No ha sido fácil. Finnick ha jugado con ellos a la pelota un buen rato –dice con una sonrisa y yo vuelvo a besarle porque no podría quererle más. Le cojo de la mano.
- Ven, tenemos que hablar –echo un último vistazo al comedor pero todo parece tranquilo–. Vigiladles –les digo a Haymitch y a Effie.
Nos guio hasta el dormitorio.
- ¿Cómo te ha ido con tu madre? ¿Y con Finnick? –tiro los zapatos y me pongo los cómodos.
- Le he contado a Finnick cómo murió su padre.
- ¿Y cómo se lo ha tomado?
- Muy bien. Es un buen chico –me siento a su lado en la cama. Le cojo las manos– Creo que me ha ido bien hablar con él.
- Me alegra oír eso. Tú y Finnick eráis buenos amigos –le cojo las manos un poco más fuerte.
- Sí, además que sin él nada de esto sería posible…
- ¿Y cómo ha ido con tu madre? –me pongo a reír.
- He hecho una locura.
- Sorpréndeme.
- Ya lo creo que te voy a sorprender… –de repente recuerdo que no se lo he consultado, que he tomado la decisión sola. Desvío la mirada con culpabilidad– le he… le he dicho que se venga a vivir con nosotros.
- ¿Cómo? –dice completamente sorprendido.
- ¿Te parece mal? –tarda unos momentos en procesar la noticia.
- No, claro que no. Es tu madre y ésta es su casa también, pero nunca se me habría ocurrido que tú se lo propusieras… es decir, casi te has desmallado esta tarde cuando la has visto entrar.
- Lo sé.
- ¿Y qué ha dicho ella?
- Ha aceptado.
- ¡Eso es fabuloso! –veo genuina felicidad en su mirada.
- ¿De verdad? –sonrío con él.
- Claro, nunca es tarde para hacer las paces con tu familia. ¿Dónde se va a quedar? –me muerdo el labio inferior.
- Le he ofrecido tu casa –su boca forma una "o"–. ¿He hecho mal?
- No, está bien. Total, nadie vive ahí.
- Siento no habértelo consultado –él pone cara de circunstancias.
- No pasa nada, pero espero que se hayan terminado ya las sorpresas, ¿alguna locura más?
- No, esto es todo.
- Vale, eso espero, porque no sé si voy a ser capaz de soportar más cosas hoy. Haymitch y Effie juntos de nuevo, Josh atosigando a Finnick, Dandelion va por ahí como si fuera una mini réplica tuya, hay un montón de niños abajo y mi suegra acaba de regresar. No, no podría soportar más sorpresas –me acerco a él y le beso.
- Te quiero –me abrazo a él y él me aprieta fuertemente hacia sí.
- Y yo a ti.
- Gracias por encargarte de todo estos días.
- Lo hemos hecho juntos –nos permito estar unos segundos más así hasta que decido que ya es momento de ponernos en marcha; seguimos teniendo el salón lleno de gente.
- Venga, vamos a sacar la tarta y los regalos.
Lo organizamos todo, apagamos las luces y Peeta llega con su increíble tarta con decoración de llamas. Dandelion sonríe tanto que hasta debe dolerle; entre la tarta, el peinado y el atuendo, hoy ha sido verdaderamente la chica en llamas. Peeta saca la cámara y hace unas cuantas fotos de grupo. Todos comen con alegría y parece que todo el mundo se lo está pasando bien. Mi madre les da su regalo a los niños: un libro con canciones y poemas para Dandelion y uno más delgado con dibujos de aventuras para Josh.
- Todos en la familia de tu abuelo sabían cantar, eran unos artistas –le explica a Dandelion.
- Mamá me ha enseñado muchas canciones –dice ella contenta.
- Me encantaría oírte cantar algún día.
- Sí, claro. ¡Cantaremos juntas!
- Dandelion –digo tocando su hombro–. Este es el regalo de tu padre y mío –le ofrezco una caja muy estrecha y larga. No hay forma de que adivine lo que es. Lo abre a toda velocidad y se le escapa un grito cuando ve el arco.
- ¡UN ARCO DE VERDAD! –lo balancea en su mano y empieza a practicar con él. Me alegra de que haya venido sin flechas porque si no ya habría disparado a alguien– ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! –se nos echa encima para abrazarnos y yo le doy un beso en la mejilla.
Poco a poco la gente se dispersa, los padres vienen a recoger a los hijos y nos quedamos solo los amigos íntimos. Nadie tiene mucha hambre pero nos sentamos en la mesa para charlar. Josh está en mi regazo, se le cierran los ojos.
- Creo que voy a acostarlo –anuncio–. Di buenas noches Josh.
- No, no quiero ir a dormir –dice a pesar de que le pesan los párpados.
- ¿Por qué? –le peino el pelo hacia atrás, haciendo que lo siga teniendo en punta.
- Porque no quiero que se vayan –entonces mira a su "primo" con gran aprensión.
- No te preocupes peque, me quedo a dormir. Nos veremos mañana.
- ¿Te puedes quedar en mi cuarto? –dice animado.
- No Joshie, es demasiado mayor. Él dormirá en la otra cosa junto a Effie y a la abuela –Josh se lo piensa.
- ¿Puedo yo dormir allí con ellos? –todos se ríen.
- Les verás mañana, no temas. Vamos, dales las buenas noches.
Josh se baja de mi regazo y se despide de todos con un beso en la mejilla. Es el niño más dulce que he conocido en mi vida. Cuando vuelve a mi lado levanta los brazos, signo inequívoco de que quiere que lo lleve en brazos, así que lo cojo y me lo llevo a su cuarto. Está tan cansado que tengo que ayudarle a ponerse el pijama, es como si fuera a quedarse dormido de pie o algo así. Le quito el colgante pero se lo dejo cerca, en la mesilla, y le doy su osito de peluche.
- Descansa mi amor. Te quiero muchísimo.
- Buenos noches mamá…
Cuando bajo ya estaban todos decidiendo casi de forma unánime dar por terminada la velada. Tomamos una última foto de grupo y prometemos vernos todos de nuevo mínimo una vez al año. Por la noche duermo del tirón, estoy demasiado cansada como para tener pesadillas y al día siguiente nos reunimos todos de nuevo para desayunar. Pasamos el día juntos y por la tarde vamos a despedir a Finnick y a Effie, pero no a mi madre, que ha aceptado quedarse con nosotros.
Tengo muchas cosas por las que estar agradecida: por mis hijos, por Peeta, por Haymitch, por mis amigos y ahora, por mi madre, que ha vuelto a mi lado. Ansío pasar cada segundo de mi vida junto a las personas a las que amo y algo me dice que voy a dejar de tener pesadillas muy pronto. Por fin le he encontrado un sentido a haber sobrevivido hasta ahora.
FIN
.
.
.
.
**Nota autora: ¡Gracias por haber leído hasta aquí! Me ha encantado escribir esto y solo puedo desear que a vosotrxs os haya gustado leerlo. Agradeceré cualquier comentario que queráis darme.
Planeo hacer fanarts de esto en algún momento de mi vida así que no dudéis en echarle un vistazo a mi cuenta de Instagram (angela_moiras_art)
También quiero agradecer a Luciaartworld y BlackRose03 sus comentarios, a Mayte por el apoyo continuo, y también a Angel, que hace un gran esfuerzo por leerlo con el traductor (thank you! I hope it hasn't been too hard to read using the translator! ly)
Finalmente, una ADVERTENCIA: he escrito un epílogo que no deberías leer si te has quedado con buena sensación después de leer esto, porque… bueno, va a romperte y no exagero (¿Tú qué crees Mayte?).
