Disclamer: Los personajes, la trama y todo lo demás pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag. Yo solo hago esto para divertirme en el mejor de los casos XD.
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Nota de la Autora: Antes que nada, lamento la demora. Y espero que todos disfrutéis del último capítulo de esta historia, gracias por estar ahí ^^
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—Para Ser Felices—
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1.
Todo pasó tan deprisa que Marinette no recordaría si quiera haber tenido un último pensamiento antes de cerrar los ojos a la espera de ser akumatizada. Habría sido triste no haber tenido ocasión de recordar a sus padres, sus amigos y aún peor, no haber dedicado un pensamiento a Chat Noir que, a buen seguro, tendría que llevar a cabo la dura tarea (ella sabía bien cuán duro sería) de pelear contra ella una vez que fuera akumatizada.
Pero no hubo nada.
Fue como parpadear y estar en otro lugar.
Oyó el grito de Tikki, alzó los ojos y la mariposa negra llenó su campo de visión. Era imposible detenerla, estaba justo sobre su cara. Lepidóctero había vencido y ella, tal y como había predicho hacía unos minutos, había fracasado por estar entregada a sus sentimientos pesarosos y su corazón roto, en lugar de alerta por lo que pudiera pasar.
Ser Ladybug era cuanto le quedaba y había fracasado también.
Cerró los ojos con fuerza y esperó a que la tenebrosa voz del villano penetrara en su cerebro. Lo recordaba bien de aquella vez en casi fue akumatizada por culpa de las mentiras de Lila; una aguja helada que taladraba su cerebro y se metía dentro a la fuerza. Y entonces, dejabas de oír tus propios pensamientos para caer en su hechizo malvado.
Pasaron unos pocos segundos, pero lo único que Marinette oyó fue el silbido de algo que se acercaba a ella, un chasquido y después una voz familiar que decía:
—¡Te tengo! —Marinette respiró hondo y parpadeó. Giró la cabeza y se encontró con una figura a los pies de su cama que sostenía un yo-yo muy parecido al suyo que se abrió y dejó ir una pequeña mariposa blanca que batió sus alas rumbo al exterior—. Adiós, mariposita.
¿Cómo…?
Marinette permaneció de rodillas sobre el colchón, con los ojos tan abiertos que casi se le salían de las cuencas y sin poder apartarlos de la recién llegada. Dio un respingo cuando Tikki se pegó a su cara con desesperación, pero tampoco entones los apartó.
—¡Marinette, Marinette! ¡Qué susto!
No respondió, pues la intrusa dio un paso hacia ella de modo que la luz plateada de la luna cayó sobre ella como un chorro de agua e iluminó su rostro decidido, su cabello oscuro peinado en una coleta larguísima y sus ojos azul cielo. Era una heroína que no dudó en sonreírla con ternura mientras se colocaba el yo-yo en la cintura.
—¿Estás bien, Marinette? —le preguntó. La chica pestañeó muy deprisa y siguió contemplándola con los labios entreabiertos—. Tranquila, miniyo, ya pasó.
Entonces dio un respingo.
—¿Eres… e-eres… tú eres…?
—¿Tú? —Le mujer sonrió aún más—. ¡Así, es! ¡Soy tú! Dentro de unos añitos… ¿A qué estamos genial? —Se estiró sobre sus pies y giró sobre sí misma para mostrarle una figura alta, esbelta y más generosa en volumen en ciertos lugares de su anatomía; todo ello ceñido en su querido traje moteado.
Marinette estuvo a punto de asentir, impresionada. No tuvo duda alguna que esa mujer que vestía el traje de Ladybug era ella misma con unos cuantos años más encima, ni siquiera se le ocurrió sospechar o que pudiera ser una trampa. Pero pasada la sorpresa, la invadió el pánico; solo se le ocurría una razón que explicara la presencia de la Ladybug del futuro en su cuarto esa noche.
—¡¿Qué ha pasado?! —le preguntó, asustada. Se puso en pie de un salto sobre la cama, de modo que ambas quedaron más o menos a la misma altura—. ¡¿Ha ocurrido algo con el futuro?! ¡¿Es Chat Noir?!
—No, no; todo está bien en el futuro —Le aseguró la otra alzando sus manos en un gesto tranquilizador, pero Marinette siguió mirándola del mismo modo—. He venido a salvarte a ti.
—¿A salvarme? ¿De qué?
—¡Del akuma que ha estado a punto de poseerte! —Colocó las manos sobre los hombros de la niña y la ayudó a sentarse de nuevo al tiempo que suspiraba—. Esto no tendría que haber pasado. Al menos yo no recuerdo que me pasara… por suerte Bunnix estaba vigilando desde la madriguera y hemos podido evitarlo.
—Entonces… ¿no he causado ningún problema en el futuro?
—No, he llegado justo a tiempo —Marinette resopló aliviada y se llevó las manos al estómago. Vaya, había estado muy cerca… y todo por culpa de su inconsciencia. Si no se hubiese estado revolcando en su pena y autocompasión, ese akuma no habría aparecido. ¡Qué desastre! Se regañó. Si seguía así acabaría convirtiéndose en la peor heroína de todos los tiempos.
—Lo siento —se disculpó, avergonzada. Pero Ladybug negó con la cabeza.
—Yo lo siento, miniyo —Le dijo con pesar—. Me acuerdo de esta noche… siento lo que ha pasado con Chat Noir.
—He metido la pata, ¿verdad?
Ladybug sonrió encogiéndose de hombros.
—Igual que yo… en su momento —respondió algo nerviosa. Marinette bajó la vista y la otra le pasó un brazo por los hombros, espachurrándola con alegría—. ¡No diría que nosotras metimos la pata, en realidad!
. Fue ese gato tramposo…
—Pero… nosotras le besamos primero… ¿recuerdas?
—Sí, me acuerdo —Casi pudo apreciar un leve sonrojo asomar por debajo del antifaz—. ¡Y él no dijo nada! Después fue imposible pararle… ¡Fue su culpa, claro! —Marinette sonrió un poco y la otra se estiró al tiempo que sus ojos se movían por la habitación—.Qué nostálgico es estar aquí de nuevo, cuántos recuerdos…
—¿Vienes de muchos años en el futuro?
—Unos pocos.
Tikki revoleteó hasta su hombro y se posó en él, contenta, sin quitarle los ojos de encima a la Ladybug adulta que se puso en pie de un salto y siguió mirándolo todo. La Kwami parecía curiosa, pero también había un brillo especial en sus ojos azul-violeta, ¿orgullo? Parecía feliz, al fin y al cabo.
—¡Oh, mi viejo corcho! —Ladybug acercó la cabeza, mirando las fotografías colgadas en él—. Ahora tenemos uno más grande —Informó como si alguien la hubiese preguntado. Estiró los dedos y repasó las líneas de algunos de los bocetos que había allí expuestos, después pasó por las imágenes y dibujó los corazones de colores que rodaban la fotografía de Adrien—. Parece mentira…
Marinette no podía dejar de observar a esa mujer… ella. Le gustó comprobar que aún conservaba su carácter simpático y alegre; no le habría gustado convertirse en uno de esos adultos malhumorados y gruñones como su profesora de química, por ejemplo. Cuanto más la veía sonreír y emocionarse por reencontrarse con sus viejos peluches, más se tranquilizaba en ese aspecto.
Pero también le surgían preguntas, cientos de ellas sobre el futuro, lo que iba a pasar y lo que no. ¿Paris estaba a salvo? ¿Lepidóctero había sido vencido? Bien, sabía de sobra que su yo adulta no accedería a responderle a ninguna de ellas. Como un día le dijo Bunnix: todo tiene su momento. Sin embargo había algo que necesitaba saber y no pudo contenerse.
—Entonces… en el futuro, ¿Chat Noir está a salvo?
Ladybug, de perfil, ensanchó su sonrisa con lentitud y su semblante se ruborizó de un modo encantador.
—Sí, está puerrrrfecto, como siempre —respondió sin dejar de mirar la fotografía de Adrien. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, soltó una risita—. Perdón, tantos años oyendo sus bromas tontas…
Marinette, perpleja, se echó a reír sin poder evitarlo. Se carcajeó durante varios minutos liberando entre risas el miedo y parte del malestar que la había tenido tendida en esa cama desde su llegada y rio hasta que los pulmones le ardieron exigiendo aire y su estómago aulló de dolor.
Tuvo que frotarse los ojos para retirar las lágrimas mientras recuperaba el aliento. Ladybug se colocó ante ella, tan alta y deslumbrante, con una mano posada en su cadera y una sonrisa chispeante.
—No temas por Chat Noir, Marinette, es más fuerte de lo que parece —Le dijo con la misma calidez en la voz de una madre que reconforta a su hijita tras una pesadilla—. Nunca jamás he tenido que vérmelas con Chat Blanc de nuevo.
—¿De verdad? —Preguntó casi sin aliento. Su otra yo asintió y ella la creyó, sin vacilación alguna. Sentía una profunda e instantánea confianza en esa mujer. Bueno, era ella misma, ¿qué sentido tendría no confiar? Sabía que jamás se mentiría a sí misma. Y la noticia de que Chat Blanc no volvería le hizo inmensamente feliz—. Gracias.
Se miraron la una a la otra y entonces, Ladybug se rozó la mejilla.
—En realidad… hay algo más —confesó—. Como ya te he dicho, no recuerdo que a mí me atacara un akuma esta noche. Por alguna razón la intensidad de tus emociones negativas es más grande que la que yo tuve y eso puede ser peligroso.
—¿Crees que podrían aparecer más akumas persiguiendo a Marinette?
—Tal vez, Tikki —Le respondió—. Eso podría ser desastroso.
—Lo siento, no puedo evitar sentirme así —explicó Marinette.
—Lo sé, miniyo. Pero por eso he venido —La mujer la sonrió con confianza—. ¡Ladybug está aquí para arreglarlo todo! — Le tendió una mano—. Ven conmigo, hay algo que quiero que veas.
De nuevo no hubo dudas, ni titubeos. Le pareció lo más normal del mundo coger su mano y dejarse guiar hasta el piso inferior por ella y Tikki la siguió, del mismo modo, sin mostrar alarma alguna.
Cuando llegaron abajo y se detuvieron en el centro del cuarto se escuchó un crujido y un agujero de luz apareció frente a ellas. La madriguera. El estómago de Marinette se encogió de golpe porque durante meses (y más concretamente esa noche) había creído que si volvía a ver ese lugar sería signo de muy malas noticias. No obstante, su otra yo le guiñó un ojo cuando sintió que la pequeña temblaba y ambas cruzaron juntas el agujero.
Al otro lado se encontraron con Bunnix, tal y como la última vez que la había visto. De nuevo, Marinette sintió un escalofrío pero trató de disimular con una sonrisa.
—¡Hola, minibug! ¡Cuánto tiempo!
No tanto… pensó pero se lo guardó para sí.
—Hola Bunnix.
—¿Está todo listo? —preguntó Ladybug sin perder tiempo. Los miles de agujeros que conducían a todas las épocas de la historia parecían acecharlas, mostrando imágenes difuminadas en gris de un tiempo paralizado—. Es importante que sea en el momento justo que te he dicho para que no haya problemas.
—Estoy lista, Ladybug, pero… ¿estás segura? —Lanzó una rápida mirada a la joven—. ¿Es seguro llevarla a su propio futuro? ¿Y si ve algo de…?
—¿Vamos al futuro? —graznó Marinette, nerviosa ante esa idea. No le importaba echar un inocente vistazo a través de uno de esas ventanas circulares pero le aterró la perspectiva de repetir con un viaje en el tiempo.
—Tranquilas las dos, es totalmente seguro —Ladybug habló con absoluta confianza y serenidad y, sorprendentemente, Bunnix asintió con la cabeza sin más.
No necesitó más explicación que eso, hizo gala de una confianza completa hacia la heroína.
¡Vaya!
¿Realmente sería la líder indiscutible del resto de los héroes?
Al igual que la vez anterior, Bunnix escogió un agujero sin tener que buscar demasiado y colocó su palma sobre él. Observó el interior con el ceño fruncido y les hizo un gesto para que esperaran.
—Está pasando uno de esos dichosos camiones de reparto… —Les explicó—. ¡Vale, ahora es el momento! —Ladybug la cogió de la mano una vez más y la acercó al agujero—. ¡Buen viaje, bugs!
Tiró de su muñeca arrastrándola al otro lado. Ambas saltaron y cayeron sobre sus pies sin mayor dificultad en medio de una calle desierta. El cielo estaba oscurecido y soplaba una brisa fría que se coló por los pliegues de su vestido.
Ni siquiera se había cambiado desde la fiesta. ¡Cielos! Todo eso parecía tan lejano que le resultó extraño. Más aún cuando cayó en que, literalmente, en esos instantes, hacía años de aquella fiesta en el parque. Aunque no sabía cuántos.
Abrió su bolso para que Tikki se ocultara en su interior, aunque no había nadie cerca de ellas. Miró los edificios, la forma de la calle e incluso su nombre escrito en blanco sobre la placa azul pero no lo reconoció. Ladybug le puso la mano bajo la barbilla y le giró el rostro.
—No es necesario que te fijes en tantos detalles, ¿de acuerdo?
—Perdón —respondió, sonrojada—. Pero… Seguimos en Paris, ¿verdad?
—¡Sí, por supuesto! —Se giraron hacia la gran avenida que tenían a la espalda, apenas unos pocos coches circulaban por ella de manera lenta y ruinosa. La cogió del brazo y ambas cruzaron al otro lado—. No hay casi nadie porque es muy temprano, apenas hace un minuto que ha salido el sol.
Además el cielo estaba cubierto por nubes muy oscuras y el suelo se veía húmedo. Marinette saltó un par de charcos formados en unos adoquines hundidos en la calzada mientras trataba de seguir el ágil caminar de su yo adulta.
—¿A dónde vamos?
—Ya lo verás…
La heroína parecía contenta y relajada, de modo que Marinette desechó la idea de que aquello fuera algún tipo de misión heroica de la que tuvieran que encargarse. Todo estaba tranquilo, en calma; la ciudad dormitada en un perezoso amodorramiento matutino.
A pesar de la advertencia, se dedicó a mirar los altos edificios que pasaban por su lado, las bocas de metro, las marquesinas de autobús, los carteles que decoraban algunos escaparates y pensó que el futuro no era muy distinto del presente y eso le gustó. Todo parecía normal y estar bien.
Además estar en presencia de esa Ladybug adulta y tan resuelta le hacía sentirte increíblemente tranquila. Por una vez no tenía en su cabeza esa vocecilla irritante recordándole que debía ir con cuidado y estar alerta. ¡Podía relajarse y dejar a un lado su rol de heroína!
Porque para eso ya estaba Ladybug.
Hacía meses que no se sentía así y por alguna razón, le entraron unas intensas ganas de llorar pero se contuvo. No quería estropear ese momento. Se centró en dejar que su cerebro prodigioso descansara y sin más, observó a su alrededor porque no tenía nada mejor que hacer.
Ojala esta Ladybug pudiera quedarse para siempre deseó.
Cruzaron unas cuantas calles más y poco a poco, el sol empezó a salir. Traía consigo esa luz casi pálida, pero increíblemente brillante, que se reflejó en las cristaleras de los negocios, en las ventanillas de los coches aparcados, en las gotas de agua acumuladas en los bancos de madera.
Todo empezó a volverse amarillo, resplandeciente; como si se estuviera abriendo la trampilla que cubría el mundo y el color dorado las bañó, acariciando su piel erizada. Marinette se vio embargada por una estupenda sensación esperanzadora que quiso retener y atesorar dentro de ella para siempre.
¡Había un futuro!
No sabía si alguna vez lo había dudado realmente, pero la idea de que lo hubiera y poder verlo hizo bailar a su corazón. Porque la última vez que había echado un vistazo al futuro solo había visto oscuridad, devastación y frío.
Pero aquí estaba la realidad y era amarilla, cálida, sosegada.
Ladybug se detuvo por fin.
—¡Aquí! —anunció con entusiasmo.
Se habían detenido justo donde una larga calle de edificios altos y de piedra gris hacia esquina y justo ahí, había una diminuta parcela rodeada por una valla de metal de color bronce y con una casa en el centro.
No era un chalé, ni una mansión; era solo… una casita.
¿Qué es esto? Se preguntó, extrañada. Lo estaba porque de ningún modo esa casita parecía pintar nada en aquel barrio tan elegante y serio.
Daba la sensación de que alguien la hubiera sacado de la ilustración de algún cuento de hadas y la hubiera soltado en medio de esos alargados rascacielos, tiendas señoriales y carreteras interminables. Lo mirarás como lo mirarás, decía a gritos: ¡Este no es mi sitio! Salvando las distancias, le recordó a una cabaña en el bosque.
Pero ahí estaba. Una preciosa, tierna y alegre cabaña.
—Vaya… —murmuró Marinette. Avanzó unos pasos y se pegó a la valla.
La casita, de una sola planta, estaba construida en piedra pero pintada en un suave tono amarillo. El tejado era de pizarra oscuro, las contraventanas y el marco de la puerta de madera eran del mismo color y los cristales resplandecían asomando con timidez entre las enredaderas de hojas verdes oscuro que se deslizaban por la fachada.
Había un pequeño jardín que iba desde la puerta hasta la pequeña valla de metal, cubierto de hierba fresca por el rocío, atravesado por un diminuto paseo (de no más de cinco pasos) de piedra. Había flores y hasta un arbolito en una esquina con pajarillos revoloteando en torno a él.
¡Y chimenea! Tenía una diminuta y alargada chimenea que no parecía real. ¿Lo sería?
¡Oh, que lo sea, por favor! Se encontró deseando Marinette sin saber por qué. El encanto y la sencillez que tenía esa casita colorearon sus mejillas y dejó de sentir el frío de la mañana.
¿Podía existir algo más encantador? ¡Y sin salir de París!
—¿Qué te parece? —le preguntó Ladybug dándole un leve codazo.
—Es preciosa —respondió sin apenas pensárselo. Se pasó una mano por los ojos, de manera distraída y se los frotó; esa dulce visión no desapareció—. ¿Quién vive ahí?
—¡Nosotras, obviamente! —le contestó la otra—. ¡Bueno, yo, quiero decir! Tú… aún no. Pero lo harás, por supuesto.
—¿Está… será mi casa? —Volvió a mirarla (en realidad, no había dejado de hacerlo) pero parpadeó y la repasó de nuevo, le pareció aún más perfecta según calaba en su cerebro la idea de que le pertenecería algún día—. ¿Cómo pagaré algo así?
Una casa tan preciosa y especial, en medio de la ciudad, debía costar una pequeña fortuna. ¡Cualquiera querría vivir allí!
—Pues con tu trabajo de diseñadora, claro —Ahora sí despegó los ojos de la casa y los giró, abiertos y brillantes, hasta su otra yo quien dio un pequeño respingo y soltó una risita, nerviosa—. Bueno, sí… ¡Pero no puedo decirte más!
. No me hagas más preguntas que ya sabes que enseguida me pongo a hablar y…
—¡¿Puedo verla por dentro?! ¡Por favor!
Ladybug la sonrió, pensativa, se pasó la mano por su melena, metiendo los dedos entre sus cabellos en un gesto que Marinette reconoció.
—Es que dentro hay demasiados detalles que podrían desvelarte cosas que aún no debes saber —decidió. No obstante, sonrió con picardía—. ¡Pero puedo describírtela! A ver, no es muy grande. Solo hay un salón-comedor, la cocina, el baño, el dormitorio y un cuarto más que uso como taller para mi trabajo.
. ¡Pero el jardín de atrás es precioso! Es un poco más grande y planté todo tipo de flores silvestres, algún árbol que a veces me da frutas (si los pájaros no se la comen antes de que me acuerde de recolectarla). Trabajo en él siempre que puedo, es de lo más relajante. Sé que ahora mismo no te gusta la jardinería, pero lo hará…
Marinette escuchó con atención tratando de recrear la imagen en su mente. En realidad, sabía que no debía pretender anticiparse y que sería mejor que su futuro hogar fuera una sorpresa para ella cuando pudiera comprar la casa. Aun así sonrió y disfrutó del entusiasmo en la voz de la mujer mientras le explicaba algo de unas malas hierbas y cómo evitarlas.
Realmente me he vuelto una adicta a la jardinería se dijo sorprendida, aunque feliz.
Estaba a punto de preguntarle si finalmente tendría su ansiado hámster y cómo se llamaría cuando ese pensamiento en concreto la hizo reparar en un curioso detalle; Ladybug hablaba todo el rato en singular. No había mencionado a ninguna otra persona en aquella casa; esa casa tan acogedora y pequeña…
Bueno, no es ninguna sorpresa se dijo, notando una punzada de tristeza en su cuello. De hecho era lo esperable después de todo lo que había pasado y creyó que su yo adulta se lo confirmaría de un momento a otro.
Todo esto lo has logrado sola, Marinette.
Pero debía sentirse orgullosa en cualquier caso. Había cumplido su sueño, tenía una casita preciosa y París estaba en paz por lo que veía a su alrededor. Eso era lo más importante.
Sí, se dijo, con autentico convencimiento y una sensación de triunfo verdadera Todos estos logros son muy importantes.
Y sabía que Chat Noir estaba a salvo y seguiría siendo su compañero durante muchos años. Debía estar satisfecha.
—¿Sabes qué? —dijo Ladybug—. Si prometes ser rápida, te dejaré echar un vistazo al dormitorio.
—¿En serio? ¿No será… peligroso?
La mujer negó con la cabeza y la volvió a tomar del brazo antes de abrir la valla de la casa. A Marinette le gustó ese gesto tan natural.
Cruzaron el pequeño jardín pero en lugar de dirigirse a la puerta principal, se desviaron y la mujer le señaló una pequeña ventana en el lateral de la casa. Ambas se acercaron, aunque la mayor fue la primera en asomarse para cerciorarse de que todo estaba bien. Le hizo un gesto para que la imitara y la joven, con el estómago encogido, obedeció. De puntillas se asomó con la nariz pegada al cristal, al principio no vio más que una sombra blanca porque a ese lado la cortina le tapaba la vista. Achicó los ojos, ladeando la cabeza y entonces vio un amplio cuarto decorado en tonos chocolate con ligeros toques de rosa palo en los adornos de los muebles y en el dosel de la cama.
Sonrió, emocionada.
También había una alfombra peluda sobre el suelo y la puerta del armario entreabierta dejaba ver un montón de ropa preciosa en las perchas. Tenía un tocador de madera oscura con un espejo gigante lleno de frasquitos y joyeros diminutos.
La cama también era enorme. Con cuatro postes que llegaban al techo, las sábanas blancas se arrastraban por el suelo y las almohadas amontonadas a un lado, justo en el borde, con una mano que sobresalía entre ellas y apuntaba al suelo…
¿Una…? ¡¿Una mano?!
—¡¿Qué es eso?! —preguntó Marinette, aterrorizada. Ladybug se tensó al instante inspeccionando el cuarto—. ¡E-esa… mano!
—¿Mano?... ¡Ah, ya! ¡Qué susto! —Se rio un poco—. Es la mano de mi marido.
. Es un dormilón.
—¡¿M-ma… mar…marido?! ¡¿Tenemos un… ma-marido?!
—Pues claro…
Marinette se pegó aún más al cristal. Debió hacer algún ruido porque la mano se agitó y se oyó un gruñido ronco que traspasó la barrera. El corazón le dio un vuelco (la voz de mi futuro marido). Entonces, una de las almohadas se cayó al suelo revelando una mata de pelo rubio revuelto.
Esta vez el corazón le hizo una voltereta en el pecho.
—¡Es Chat Noir! —exclamó al instante y miró a su otra yo—.¡Es él, ¿verdad?!
—Miniyo, Chat Noir no es el único hombre rubio de esta ciudad.
¿Eso es un no?
Entonces…
—¡¿Es Adrien?! —Ahora su corazón dejó de latir y creyó que se desmayaría.
—¡Hay más de dos hombres rubios en…! —Ladybug meneó la cabeza y la volvió a coger del brazo. La alejó de la ventana aunque la joven trató de resistirse para ver más, no obstante se rindió cuando la heroína le dirigió una mirada severa.
Echaron a andar de vuelta a la valla aunque Marinette no dejó de girar la cabeza. Miraba la ventana, después la casa y su jardín cuando salieron a la calle. Ahí estaba su futuro y era mucho más de lo que habría creído.
El sol ya estaba en lo alto del cielo, refulgiendo pleno y las sombras de la mañana se habían disipado. La temperatura había subido y empezaba a verse a más gente por los alrededores de modo que ambas tuvieron que alejarse de la calle y ocultarse en un estrecho callejón para no llamar la atención de los viandantes.
Ladybug se inclinó sobre la niña y con un semblante más tranquilo la contempló antes de acariciar una de sus coletas; la nostalgia brillaba en sus ojos y una sonrisa que tenía algo de melancólica rodó hasta sus labios. La mano se posó entonces en el hombro de la joven y como si la hubieran llamado, Tikki apareció para situarse entre ambas.
—Te he traído hasta aquí por una razón, Marinette —Le explicó con paciencia—. Para que pudieras ver con tus propios ojos que Ladybug no será el centro de tu vida.
—¿A qué te refieres?
—Todas esas ideas que tienes sobre esforzarte en ser la perfecta Ladybug, renunciando a todo lo demás… son excesivas —Le dijo—. Y tampoco puedes machacarte por tus errores. ¡Todos nos equivocamos, miniyo! Y tú también tienes derecho a hacerlo.
. No has hecho nada malo al enamorarte de Chat Noir.
—¡Pero…!
—Sí, sé lo que estás pensando —Y en sus ojos pudo ver la sombra de Chat Blanc acechando entre ellas—. Mira, es cierto que por precaución lo mejor es que Chat Noir y Marinette no estén juntos por ahora. Pero no debes castigarte por lo que ha pasado, ¿entiendes?
. Todo ocurre por algo.
—¿Ah, sí?
Ladybug asintió.
—Has hecho lo que creías mejor separándote de él, pero eso es todo —continuó la adulta—. Todo irá bien, Marinette. Quería que vieras que… por importante que sea tu labor como heroína y guardiana… Ladybug solo es una parte del resto de tu vida.
. Para hacer bien tu trabajo no debes renunciar a todo lo demás. ¡Ya lo has visto! Vas a lograr todos tus sueños, no solo el de mantener París a salvo. Así que no pierdas la fe.
—¿De verdad?
—Lo estás haciendo muy bien, no has de cambiar nada —le respondió, esta vez apretándole las manos—. ¡Nosotras podemos con todo! —añadió con un nuevo guiño.
Marinette entendió y sintió, con placer, como el malestar terminaba de desaparecer de su cuerpo. El miedo que llevaba meses acumulándose en su interior se estaba deshaciendo como lo hace la niebla al confrontar los rayos del sol.
No podía dudar de sí misma. No, jamás volvería a hacer algo así.
—Muchas gracias, Ladybug —Abrazó a la heroína que correspondió el gesto con ternura. ¡Qué extraño es abrazarse a una misma! Extraño y agradable, claro. Cuando se separaron y se miraron, no pudo resistir la tentación—. ¿Y… tendremos un hámster?
Ladybug se echó a reír e hizo un gesto ambiguo con la cabeza.
—¡Pues claro! Y se llamará…
Pero entonces, un chasquido las interrumpió. El agujero de la madriguera apareció al fondo del callejón y la cabeza de Bunnix emergió del otro lado.
—¡Eh, Bugs! —Las llamó—. ¿Habéis acabado? Minibug tiene que volver a casa antes de que él llegue.
—¡Ah, cierto! —Ladybug enganchó el brazo de la pequeña y esta pensó, con algo de pena, que será la última vez que compartirían ese gesto.
—¿Quién viene? —preguntó.
—Chat Noir —respondió Ladybug. Saltaron a la madriguera y la condujo hasta el siguiente agujero—. Irá a hablar contigo, a despedirse… —Marinette hizo una mueca de pena—. Ya lo sé pero… debe ser así.
. Es lo que él viene a decirte también.
—¿Ah, sí?
—Pues sí. Nunca supe qué fue lo que le hizo cambiar de opinión pero, tranquila, te lo va a poner muy fácil —Marinette asintió. Lo sabía aunque ella no lo hubiera dicho. Ladybug le indicó el agujero por el que debía saltar, pero antes le puso las manos en los hombros una vez más—. Recuerda que lo estás haciendo muy bien, miniyo. Y lo vas a seguir haciendo. Solo tienes que escuchar a tu intuición y tener fe.
—Lo haré.
—Y… no te cierres al amor —Le sugirió—. Aparezca antes o después, no creas que no lo mereces, ¿está bien?
—Sí… está bien —respondió con el ceño fruncido—. Pero… ¿te refieres a…?
—¡Chicas, el gatito está a punto de aterrizar en el balcón! —Las avisó Bunnix.
Marinette se despidió una vez más de ellas y saltó por el agujero con tanto impulso que estuvo a punto de caer de cabeza contra su propio escritorio. Por suerte se sujetó con las manos a tiempo. Se giró para ver solo el chispazo del agujero desapareciendo en mitad de la oscuridad de su cuarto.
Se irguió, temblorosa y miró a su alrededor. La cabecita de Tikki asomó por la abertura del bolso pero Marinette lo cerró en cuanto oyó el golpe en el techo.
Se tensó de inmediato y se giró como un resorte, con el corazón desbocado, en cuanto oyó el ruido de la trampilla al abrirse por completo. Después escuchó el ligero sonido del colchón al hundirse.
No podía quitarse de la cabeza la imagen de la mano entre las almohadas y el cabello rubio asomando después. ¿Era Chat Noir? ¡Debía serlo! Al menos eso le decía su corazón. Pero Ladybug le había dicho que ahora debían separarse a pesar de todo.
Entonces, ¿encontrarían el modo de estar juntos en el futuro?
Por ahora su intuición estaba muda y eso la molestó.
—¿Marinette? —La voz susurrante de Chat le erizó la piel.
—Estoy aquí abajo.
Ladybug le había dicho que siguiera siempre su intuición pero… ¿Y si no conseguía escucharla a tiempo?
. . .
De vuelta en la madriguera, Ladybug se colocó al lado de Bunnix y al mirarla de reojo se fijó en que esta seguía con el ceño fruncido. Sintió ganas de resoplar, pero se contuvo y no dijo una palabra. Conocía lo bastante bien a su amiga (después de tantos años luchando juntas) como para saber que no hacía falta, pues ella no se contendría.
—¿Estás segura de que minibug no ha visto nada que pueda traerla problemas?
¡Ahí estaba!
Mentiría si dijera que no le tranquilizaba saber que Bunnix se tomaba tan en serio ese tipo de cuestiones y el asunto de llevar a su miniyo para que echara un vistazo al futuro había sido motivo de varias y muy largas conversaciones entre ellas, discutiendo todos los puntos y todo aquello que podía salir mal.
Pero, por supuesto, nada había salido mal.
Ladybug demoró su respuesta estirándose con todas sus fuerzas; tenía el cuerpo agarrotado (¿la edad?) y a la vez, la cabeza un poco ida. Había sido muy agradable estar de vuelta en su cuarto con todos sus recuerdos, y verse a sí misma tan joven y adorable, tan llena de dudas también.
Y había sido extraño.
No obstante había hecho lo que tocaba y se había mostrado valiente y segura, justo como la pequeña Marinette esperaba de ella. Y por supuesto, no había notado lo histérica que se puso cuando se asomaron por la ventana del dormitorio y vieron esa mano descuidada, y sobre todo esa mata de pelo rubio.
Menos mal que sí es un dormilón pensó para sí.
Ahora estaba satisfecha porque todo había salido bien, pero cuando vio la almohada caer al suelo, casi se le para el corazón. Se había asegurado (por medio de más de un par de viajes en el tiempo a esa misma mañana) de que ese dormilón sin remedio estaría quieto y sin cambiar de postura un buen rato. No había peligro de que le reconociera desde ese ángulo… claro, no contaba con que miniyo haría ruido al chocar contra el cristal y él se agitaría.
Pensándolo bien, ¿cómo no se me ocurrió que miniyo chocaría contra algo?
Pero todo había salido bien. Muy bien. Así que ahora tocaba adoptar su papel de líder segura y despreocupada, una vez más.
—Todo ha ido como la seda, Bunnix —respondió—. Tal y como yo había planeado.
Lógicamente, su amiga la conocía igual de bien y por eso no se creyó ni una palabra, o al menos eso pareció indicar con el resoplido que lanzó al aire.
—Me ha dado pena ver a minibug tan triste —reconoció, frunciendo el ceño. Abrió la boca para hablar pero la cerró al instante y su ceño se frunció más aún—. ¡Qué injusto!
. El tiempo es lo peor.
—El tiempo es el que es, Bunnix.
—¡Sí! Pero… ¿qué sentido tiene? Sabiendo cómo acabará todo, podríamos haberle dicho que…
—No podíamos, ya lo sabes.
—¡Pero Chat Noir y ella…! —Bunnix empezó a mover los brazos y a farfullar de esa forma suya tan particular volviéndose hacia su amiga—. ¡O sea, él y tú…!
—Ese no es el camino —le recordó Ladybug—. Las cosas deben pasar tal y como me pasaron a mí. Aunque sea absurdo y un poco triste al principio; es la única manera de que ella llegue hasta donde yo estoy ahora.
—¿Y si algo se tuerce de nuevo?
Ladybug sonrió y negó con la cabeza.
—Todo irá bien —aseguró—. Si hace lo que le he dicho (y seguro que lo hará), todo irá bien.
. Siempre y cuando él también haga su parte, claro…
Y no había razón alguna para pensar que no fuera a ser así. Entendía la desesperación de su amiga, no era si quiera comparable a la que ella había sentido el día en que se enteró de toda la verdad y volvió a recordar el modo tonto en que se habían enredado las cosas para después arreglarse por sí solas.
Y así era como debía ocurrir. Una y otra vez. Hasta el fin de los tiempos.
—Por cierto… —Bunnix se cruzó de brazos—; mientras tú andabas de excursión con minibug, cierto gato no ha dejado de incordiar a todo el mundo porque no sabía dónde estaba su lady —Le comentó en actitud molesta.
—Ya… siempre que uno desaparece avisa al otro; cuando no lo hacemos suele significar problemas.
—¿Y le vas a contar todo esto? —La heroína del conejo le mostró una sonrisa algo malévola—. Porque puedo enviarte al momento exacto en que desapareciste y él ni se enterará de que te has ido.
—¿Tanto te ha incordiado? —La otra meneó la cabeza y no respondió. Nadie mejor que ella misma sabía lo insistente que podía ser Chat Noir—. No sé… se supone que ya no hay ningún secreto entre nosotros —Apretó los labios y miró a su alrededor—. Aunque ahora que lo pienso, nunca llegue a contarle lo de Chat Blanc. No quería que se sintiera mal por lo que él hizo.
. Quizás ha llegado el momento de que lo sepa.
—Chat Noir ya no es un niño —Opinó Bunnix—. Seguro que puede encajarlo.
Sí, ella también lo creía. Además, su intuición le decía que era el momento indicado. El oscuro recuerdo de Chat Blanc permanecía siendo un secreto que se interponía entre ellos y eso no le gustaba. De adolescentes siempre encontraba buenos motivos para callarse ciertas cosas y Chat se metía con ella por ello, aunque no llegaba a enfadarse de verdad.
Ahora eran adultos y las cosas habían cambiado. Por más que pensaba no se le ocurría ninguna razón para seguir manteniéndolo en secreto.
—¿Sabes dónde está ahora?
Bunnix se puso a maniobrar accionando y deteniendo los tiempos de distintos agujeros temporales hasta que dio con el indicado. Ladybug sonrió.
—Por supuesto —murmuró—. Bueno, allá voy.
—Suerte Ladybug.
Le lanzó una última sonrisa y saltó al otro lado.
. . .
2.
La habitación se coloreó con la luz pálida del flexo de su escritorio cuando Marinette se giró para encenderlo. No sirvió de mucho, el cuarto seguía pareciendo desangelado y vacío. En un instante de pánico, le pareció que la puerta de su armario seguía abierta revelando el lugar donde ocultaba la caja de los prodigios, pero solo fue un efecto de la luz. No obstante, su corazón de volvió loco y la respiración se le había descontrolado cuando Chat Noir cayó con suavidad frente a ella.
El chico hizo una mueca al ver su rostro desencajado por el miedo, debió pensar que era por verle a él.
—Chat…
—Sé que me pediste que no volviera por aquí —dijo a él a toda prisa—. Y lo entiendo. Solo será esta vez, lo prometo.
—No, yo no…
—He venido porque tengo que decirte algo importante —Siguió excusándose. Bajó los ojos, tan brillantes como siempre por efecto de la magia pero cubiertos por una capa de tristeza imposible de obviar—. Lo siento de verdad —añadió y apretó los puños un momento antes de volver a mirarla—. Y… también siento esto.
Avanzó deprisa y en tan solo dos zancadas, la atrapó en un abrazo tan impetuoso que Marinette soltó una exclamación. La estrujó con vehemencia y ella sintió el escandaloso temblor que atormentaba el cuerpo del chico sin poder hacer nada, pues sus brazos habían quedado pegados a sus costados.
No era esa la reacción que ella habría esperado de un chico al que había dejado, hacia tan solo un rato, en plena calle y tras confesarle que podría estar enamorada de otro. Y aunque Chat Noir era bastante particular para todo, sus gestos la hicieron preguntarse si acaso no le habría pasado algo más tras separarse.
Parecía asustado, de algún modo, cuando bajó la cabeza y pegó la nariz al pelo de la chica. Le oyó murmurar algo entre susurros pero apenas le encontró sentido a lo que decía.
—…Necesitaba verte… todo era tan real…
Marinette frunció las cejas con el rostro ardiendo.
—¿Chat Noir? ¿Qué…?
El chico se apartó un poco para mirarla con la expresión rota. Su corazón se tambaleó al verle de ese modo, aún más cuando se recordó que era todo culpa suya. Ella lo había hecho. Que Ladybug la hubiese asegurado que Chat Noir estaba a salvo de los akumas la había aliviado tanto que no había vuelto a pensar en el dolor que, de todos modos, le había causado.
No le quedaban fuerzas para seguir siendo firme, ni provocar más dolor. De modo que desprendió sus manos para posarlas en los hombros del chico y se puso de puntillas para acercar su frente a la de él. Era un gesto que hacían a menudo, cada vez que uno parecía estar triste o decaído.
Mira, estoy aquí contigo ese era el significado que le habían dado a ese gesto.
—Lo siento, Chat —Le repitió—. No sabes hasta qué punto siento todo esto.
—No… —susurró él. Sus brazos aflojaron un poco más y se acomodaron a su cintura, reteniéndola cerca—. Todo… está bien.
Pero lo dijo con una voz huidiza que parecía indicar lo contrario.
Algo más ha pasado adivinó ella. Él estaba bien, al menos no estaba herido ni le había ocurrido nada grave pero había sucedido alguna cosa y ella quería saber el qué, pero…
Nunca supe qué le hizo cambiar de opinión…
Si Ladybug no sabía qué había sido, ella tampoco debía tratar de descubrirlo, ¿verdad? Lo que fuera que había pasado era necesario de algún modo y ella no tenía por qué saberlo.
Chat Noir se balanceó sobre sus pies, haciendo un lento movimiento de cabeza buscándola (puede que sin darse cuenta), notó su aliento aproximándose a ella y tembló, anhelante. Su mente le dijo que no de inmediato; apártate o será peor… Pero había otra parte que la animaba a justo lo contrario.
Puede que sea mi intuición se dijo. De ser así, debía hacerla caso.
Sí.
Decidió que lo era, así que movió su cabeza para que los labios se encontraran de nuevo.
Había algo en ese instante, más allá de la situación apremiante que estaban viviendo, que parecía susurrarles al oído que el tiempo se agotaba para ellos. Quizás que la noche era cada vez más oscura al otro lado de los cristales y el silencio más abrumador. Todos los habitantes de la ciudad debían estar ya durmiendo salvo ellos dos.
Aun así se tomaron su tiempo.
Se besaron despacio, enredándose el uno en el otro, dejando que sus manos y sus narices se rozaran de vez en cuando para después volver a besarse. Sin palabras, sin prisa. Se recrearon en sus recuerdos y en las sensaciones pasadas, todas ellas atrapadas entre esas mismas paredes. Pero el tiempo siguió pasando, Marinette lo oía reflejado en el tic tac del reloj.
Se detuvieron a la vez para mirarse en silencio. La luz del flexo dibujaba extrañas líneas y formas sobre las paredes y el techo, iluminaba sus rostros tristes y ruborizados. Chat Noir se estiró para besarle la frente y la cogió de las manos antes de retroceder un paso.
—Tenías razón —le dijo y ella sabía a lo que se refería, así que no hizo falta explicarlo—. Solo he venido a decirte eso porque no quiero que estés triste —Suspiró, apretando sus manos—. He estado pensando en todo lo que ha pasado y me he dado cuenta de que he sido un poco… egoísta.
—No, eso no es verdad —replicó ella con rapidez.
—Lo es porque he estado usando mi prodigio para mi beneficio personal y eso no debe hacerse —Explicó. En cada pausa cogía mucho aire, como si le costara continuar—. Lo es porque al hacerlo te he tenido aquí encerrada conmigo todo este tiempo.
—No me has encerrado —insistió ella—. Yo quería estar aquí contigo.
—Te he estado poniendo en peligro durante meses —confesó él y esta vez, la voz le tembló junto con las manos—. Si Lepidóctero se hubiera percatado de que venía a verte, habría intentado usarte para llegar hasta mi prodigio y el de Ladybug. Habría ido a por ti o a por tu familia. Podría haberte…
—Chat…
—Pero, quiero que sepas, que en ese caso yo habría hecho lo que fuera por salvarte —Le dijo, muy serio—. Todo lo que fuera necesario.
Marinette sonrió.
—Lo sé.
Permanecieron en silencio unos minutos, sintiendo su peso; el del tiempo que se escapaba.
—No podemos seguir juntos, es demasiado peligroso —dijo él—. Y es por eso, solo por eso, que… me alejaré de ti. Porque yo confío en tus sentimientos por mí.
. Ya te dije que no me importa lo que sientas por tu querido Adrien…
Marinette chistó.
—¡No es mi…!
—No sé cuándo sea, y la verdad es que dudo que ocurra pronto, pero algún día Ladybug y yo venceremos a Lepidóctero y entonces… —El héroe calló pero ella igualmente entendió. Era difícil hacer una promesa de esa magnitud sin saber de cuánto tiempo estaban hablando (¿Años? ¿Décadas?)—. Entonces, sé que nuestras vidas serán distintas pero volveré aquí para decirte quien soy.
. Aunque ahora nos separemos, me gustaría que algún día lo supieras.
Esto es demasiado injusto se dijo ella, conteniendo la respiración.
Porque ella sabía que no iban a separarse del todo. Siempre que hubiera un akuma se reencontrarían y lucharían juntos, pero eso Chat no lo sabía. No podía decírselo, ni prometerle que ella también le revelaría quien era algún día y entonces sí, quizás, podrían estar juntos.
Quizás… en una casita amarilla con jardín y chimenea.
Pensar eso le ofrecía un leve (muy leve) consuelo porque, aunque siguiera viéndole como Ladybug, todo sería distinto entre ellos. No tenía ni idea de cómo la trataría él de ahora en adelante, pero la heroína debía seguir comportándose como hasta ahora. No podía cambiar su manera de ser con él o sospecharía. No habría más besos, ni abrazos, ni roces de ningún tipo… tendría que contentarse con chocar el puño con él cada vez que vencieran a algún villano.
Solo eso. Iba a ser muy duro.
Pero tiene que ser así, se recordó.
Eso le había dicho su yo adulta y estaba dispuesta a confiar en sus palabras si así se aseguraba el brillante futuro que le había mostrado.
—Lo que quiero decir es que… —Chat Noir retomó la palabra, con algo de dificultad y carraspeando un par de veces—; es que no quiero que estés triste pensando en mí.
. Quiero que me prometas que serás feliz.
La idea de la felicidad parecía una broma de mal gusto en esos instantes, con el llanto atascado en su garganta y esa nube de pensamientos oscuros y catastróficos revoloteando sobre ella. Aun así, se forzó a asentir con la cabeza.
—Lo prometo.
—Si crees que alguien, quien sea, puede ayudarte… —siguió él, cada vez con más problemas para pronunciar la siguiente palabra. Parándose una y otra vez para coger aire y tragando saliva—. No quiero que estés sola —murmuró de ese modo, el único en que podía decirlo—. Harás lo que sea para ser feliz.
. ¿Lo prometes?
Marinette supo lo que le estaba pidiendo y por supuesto su mente se rebeló ante esa idea. Aunque sabía que debía prometerlo para que él se quedara tranquilo, las promesas significaban demasiado para ella.
—¿Tú harás lo mismo? —le preguntó, evitando así responder.
Chat Noir se tensó cuan largo era.
—No es lo mismo, yo… —carraspeó y añadió—; ya sabes que solo puedo besarte a ti.
Aquella pobre broma no sirvió para aligerar el ambiente, más bien lo contrario. Marinette sintió que se quedaba sin aire.
—No es verdad. Podrás besar a muchas otras chicas, estoy segura —replicó, tirando de sus manos—. Lo prometemos los dos o ninguno —El chico frunció el ceño y a regañadientes asintió con la cabeza. Ella repitió el gesto y se sosegó a sí misma recordando al chico del futuro.
Eres tú le dijo mentalmente, sin quitarle los ojos de encima. Sé que eres tú, de modo que no importa lo que diga ahora porque nuestro futuro es estar juntos.
Esa idea logró calmarla lo suficiente como para sonreírle un poco.
—Ha sido muy bonito —Le dijo. Quiso imprimir en esas palabras una nota alegre que hiciera más pasable ese instante, pero no estuvo segura de lograrlo. Chat Noir hizo un esfuerzo por mostrarle una expresión parecida mientras le pasaba la mano por el rostro.
—Sí, lo ha sido —Y de nuevo su voz flaqueó. Esas palabras sonaban tan definitivas. Parpadeó y ella vio que sus ojos se humedecían de golpe, como si acabara de aceptar lo que estaba pasando y que era inevitable. El chico se apartó con la intención de girarse y que ella no le viera, pero Marinette le abrazó antes de que lo lograra y sintió su propio llanto agujereándole en el pecho.
Los brazos de Chat la atraparon al vuelo. Hundió el rostro en su pelo y sus hombros se agitaron.
¿Esto es fácil? Pensó ella, abrumada y luchando contra las lágrimas.
No, era horriblemente difícil.
Tanto así que volvió a preguntarse si estaba haciendo lo correcto, lo que Ladybug esperaba de ella. Trató de evocar su imagen de heroína segura y fiable pero no lograba concentrarse. ¡Y es que no era ella! Al menos aún no… No estaba segura de sí hacía bien, no era capaz de controlar sus emociones, casi ni podía creer de verdad que aquello fuera la despedida de algo que la había hecho tan feliz…
—Quédate esta noche a dormir, ¿vale? —Le pidió sin pensarlo demasiado. Era su intuición, estaba segura, debía obedecerla—. Por favor.
Chat Noir respiró hondo y asintió. La levantó en brazos con facilidad y de un salto, ambos estuvieron de nuevo en el piso superior, a los pies de la cama donde habían compartido tantas cosas… y parecía que también, sus últimos momentos juntos.
. . .
Chat Noir prometió quedarse toda la noche e irse justo antes de que amaneciera para que nadie pudiera verle. Nunca se había quedado tanto tiempo aunque alguna vez lo había propuesto en broma, pero Marinette siempre le había dicho que no. El hecho de que hubiese sido ella quien se lo pidiera, solo dejaba aún más en evidencia lo distinta que era esa noche para ambos.
Pero Chat Noir sabía que no podía quedarse toda la noche.
¡Pues claro que deseaba acurrucarse contra ella, rodeándola con sus brazos, sentir la suavidad de su cabello contra su mejilla y olerlo mientras dejaba que el sueño lo arrastrara! Quizás, los arrastraría a los dos hasta un lugar seguro donde estar juntos sin tener que temer ningún futuro horrible repleto de pesares.
Pero más que nada… Chat Noir quería descansar. No, necesitaba descansar. Cerrar los ojos y apagar su cerebro que había visto demasiado, dejar que su corazón por fin se apaciguara con la seguridad de que tendría unas cuantas horas de paz en las que nadie ni nada les molestaría.
Pero no podía.
Si se quedaba dormido, su transformación podría desaparecer y Marinette descubriría su secreto y todo de lo que Lièvre Noir le había prevenido ocurriría, otra vez, por su culpa y eso no podía permitirlo de ninguna de las maneras. Así que tendría que irse cuando ella se durmiera, por supuesto, no podía decírselo.
¿Y si me quedo y después… ya nunca puedo irme?
Porque si se quedaba toda la noche seguro que dormiría mejor que nunca en su vida, tendría los sueños más agradables y el despertar más feliz de todos y entonces… ¿Realmente podría resistirse a volver la noche siguiente?
Chat Noir ya no se fiaba de sí mismo, no después de ver lo que era capaz de provocar con sus malas decisiones.
Así que se iría. En cuanto ella se quedara dormida, pero…
—No tengo sueño —repetía ella, cada vez que él sugería que cerrara los ojos. Y le miraba haciendo una mueca graciosa con los labios apretados.
Creo que sabe lo que planeo hacer pensaba él, entonces.
Quizás habría sido más fácil irse sin más. Rechazar la invitación de la chica (es mejor que me vaya, será más fácil para los dos) pero le había resultado imposible.
Ahora estaban echados sobre la cama de Marinette, el uno junto al otro, mirándose e intercambiando palabras que no bastaban para aliviar el ambiente enrarecido que flotaba entre los dos. Aun así, lo intentaban comportándose como siempre lo habían hecho; sonreían, decían tonterías y buscaban temas de conversación ligeros que los distrajeran pero, por un motivo u otro, acababan cayendo en un silencio sombrío, alumbrado por la pena que los carcomía por dentro.
Era la primera vez que Chat no se sentía cómodo en aquella habitación. No podía parar de pensar en todo lo que había pasado, su cerebro estaba fuera de control mostrándole imágenes de la fiesta en el parque, a Marinette con su corona sonriendo en el puente, la mirada severa de Liévre Noir, la siniestra melancolía de Paralizadora, una ciudad a oscuras… ¡Era tal el caos que sentía en su mente que temía decir algo que solo pudiera saber Adrien y ella le descubriera!
Ese temor, ser descubierto, nunca le había parecido tan perturbador como en esos momentos. Le ponía histérico, le hacía balbucear…
¡Maldito, Lièvre Noir!
—¿Qué? —murmuró Marinette moviendo la cabeza sobre la almohada. Sus piernas estaban estiradas entre las de él y sus manos reposaban sobre su pecho—. ¿Has dicho algo?
—Eh… No —Se mordió el labio, desviando la mirada. Sus brazos rodeaban la cintura de la chica, pero sus dedos no dejaban de moverse—. Nada.
¡No sabía qué hacer!
Y su indecisión sumada a la sensación de que el tiempo se agotaba amenazaba con robarle el poco juicio que le quedaba. Cada idea que se le venía a la cabeza le parecía más estúpida que la anterior.
A lo mejor debía… simplemente besarla. ¿Quizás? Besarla sin parar hasta que llegara el momento de partir. ¿Quedaba algo más por decir? Podía ser más inteligente aprovechar esos últimos instantes juntos en eso, ¿no? Besarse, abrazarse, rodar por la cama pegados, acariciar su cuello con la punta de su nariz y aspirar su aroma para no olvidarlo nunca. Quizás ya no era tiempo para pensar sino solo de sentir.
Chat Noir no podrá volver se recordaba, una y otra vez. Esa idea le ponía enfermo.
Pero cuando se disponía a acercarse a ella y tomar sus labios, veía la pena deslizándose por su semblante y él mismo se echaba a temblar. Perdía las fuerzas.
Si tan solo pudiera conseguir que ella sonriera un poco.
Esto es absurdo se dijo, entonces. ¡Voy a verla en unas pocas horas!
No obstante, todo parecía indicar lo contrario. Aunque la parte de racional de su cerebro le recordara que no iban a separarse de verdad, su lado emocional estaba devastado y aullaba de dolor ante la separación.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, removiéndose entre sus brazos. El chico captó su mirada y la estrechó más fuerte, intento recomponer una expresión lo más calmada posible.
—Nada —confirmó e hizo una pausa para respirar. Le costaba, el aire no entraba con naturalidad, se le secaba la boca una y otra vez—. Es que no se me ocurre nada que decir…
Marinette frunció el ceño.
—Vaya… eso sí que es extraño —se burló a medias. Lo intentaba y él lo sabía; ser divertida, ocultar su pena a medias para no perturbarle de más. Pero sus ojos estaban empañados por la auténtica intensidad de sus sentimientos. Sus orbes azules parecieron titilar a la luz de la lámpara que brillaba lastimosamente sobre ellos y el pecho se le encogió al respirar—. Te voy a echar mucho de menos.
Chat dejó caer los párpados un instante.
Recomponte, recomponte se dijo.
—Yo también a ti —respondió. Aunque yo sí te seguiré viendo… También empezaba a sentirse culpable, claro. Trató de alejar esas ideas aclarándose la voz—. ¿Sabes una cosa? Cada vez que te decía Te echaré de menos al despedirme, en realidad, lo que quería decir era te quiero —confesó algo avergonzado.
Se le ocurrió de pronto que aún le quedaban algunas cosas por decir y, ¿por qué no? Ya no tenía por qué guardarse nada y pensó que no debía hacerlo.
Chat Noir no volverá…
Marinette se agitó entre las sabanas al oírlo y sus cejas se alzaron de golpe, sin embargo acabó dibujando una sonrisa.
—Sí, ya lo sabía.
—¿En serio? ¿Cuándo te diste cuenta?
—Supongo que lo sé desde el principio —respondió y sus mejillas se encendieron—. Pero no me di cuenta hasta hace un rato, en el puente —Alargó los brazos para posarlos sobre los hombros del chico, sus manos rozaron la cabellera rubia de manera suave—. Pero… recuerdo que ya me dijiste eso la segunda vez que viniste aquí…
—Sí… —Chat Noir se encogió de hombros, lanzado, y sin sentir ya una pizca de vergüenza—; ahí fue cuando me di cuenta de que te quería —Esta vez la sorpresa se dibujó con más claridad en el rostro de la chica—. Ya sé que es raro pero… en aquel momento lo sentí así.
. Desde el principio todo fue chocante y singular… Al mismo tiempo era como si nos conociéramos desde siempre.
Se dio cuenta de que lo decía muy en serio y se preguntó si se refería a Chat Noir o a Adrien.
Cuando Adrien y Marinette se conocieron las cosas no salieron demasiado bien. Ella le acusó de intentar gastarle una broma cruel y por más que él lo negó, ella siguió enfadada hasta esa tarde lluviosa… Cuando él dio el primer paso disculpándose y ofreciéndole sus explicaciones. Lo hizo porque no soportaba la idea de que ella estuviera molesta, menos aún que pensara que él era ese tipo de persona. Nunca había vuelto a meditar sobre ello pero… ¿Cuál era la verdadera razón de que se hubiera tomado tantas molestias por arreglar las cosas con una chica que apenas conocía y que lo había acusado de forma injusta? ¿Por qué se sintió forzado a ganarse su simpatía?
¿Por qué nunca había pensado en esto hasta ahora?
Marinette había enmudecido tras su pequeña confesión, pero le miraba con intensidad, sin parpadear y puede que incluso sin respirar. Por un instante sus ojos brillaron de nuevo pero un rápido parpadeo borró la humedad de ellos.
—Yo también lo sentí así —le dijo con dulzura. Acercó más su cara a la de él y le rozó los labios para añadir con los ojos cerrados—. Nos tenemos el uno al otro —Su voz tembló en la última palabra —. Yo también te echaré de menos… siempre —Sus brazos sintieron que el cuerpo de la joven sufría un espasmo, pero Marinette se tragó un sollozo con mucha voluntad—. Te quiero mucho, Chat.
El chico apretó la mandíbula para intentar mantener su tono de voz desenfadado.
—No hablemos como si no fuésemos a vernos nunca más —Le dijo, abrazándola con fuerza y respirando hondo; cada vez le costaba más seguir respirando—. Seguiré cuidando de ti, ¿de acuerdo? Si alguna vez aparece otro villano loco de amor por ti o uno que intenta convertirte en un helado gigante, Chat Noir aparecerá y te salvará.
Y Adrien también añadió para sí.
Marinette tardó unos segundos en tranquilizarse. Logró retener las lágrimas y en secreto, él le agradeció la fortaleza pues no se sentía capaz de soportar su visión llorando sin hacerlo él también.
Se sentía tan abrumado, tan desbordado por sus sentimientos que casi deseaba que todo terminara de una vez, pero no quería marcharse de allí nunca.
Mañana volveré a verla se repitió mientras le rozaba el pelo. Nos encontraremos en la puerta de la clase, nos sonreiremos e iremos juntos a nuestros asientos. Estará justo detrás de mí y seguro que se me ocurre alguna razón estúpida y convincente para rozarle la mano…
Ese pensamiento logró aliviarle. Se acercó y besó el rostro de la chica por todas partes hasta que ella esbozó una frágil sonrisa. Se recolocó en su lugar y volvió a mirarla, a través de sus pestañas húmedas, con ese afecto tan intenso que le abrasaba por dentro. Posó una mano en su estómago y empezó a dibujar círculos sin apenas percatarse.
Marinette sonrió y puso una mano sobre la de él.
—Sí que es reconfortante —Le dijo y Chat Noir recordó aquella noche en que le habló de su madre porque ya confiaba en ella con todas sus fuerzas y quería hacérselo saber.
Esto es tan difícil… No podía seguir encadenando recuerdos felices que ahora le dolían tanto o acabaría viniéndose abajo. Alargar una despedida tanto tiempo es una tortura. Aquello debía terminar, ambos necesitaban descansar por fin.
—Estás cansada, ¿verdad? —Le preguntó, aprovechando que la joven había bostezado. Por supuesto, ella negó con la cabeza—. Han pasado muchas cosas hoy, deberías dormir un poco —Ella, tozuda, repitió el gesto—. ¿Por qué no? Ya te he dicho que me quedaré contigo.
—Te irás en cuanto me quede dormida.
Vale, pues sí que lo sabe.
—¡Claro que no, princesa! —exclamó, frunciendo las cejas para parecer escandalizado—. ¿Me llamas mentiroso?
—Eres un gato tramposo —le acusó. La mueca con que dijo eso fue tan adorable que Chat tuvo el impulso de reír, pero se contuvo. Pareció un gesto feo en esa situación.
Alargó su otra mano hacia ella y sus dedos se mezclaron entre sus cabellos en una lenta caricia. Por supuesto ella entornó los ojos como diciéndole: sé lo que pretendes con eso, gato tramposo. Pero él lo ignoró, con su sonrisa más inocente, y siguió acariciando el pelo mientras le susurraba una vieja historia sobre él y Ladybug contra los malos. Le habló muy bajito, con una entonación tranquila y monocorde; Marinette se había adormecido muchas otras veces ante esa manera de susurrarle y él lo sabía.
Con todo, trató de resistirse al sueño hasta que no pudo más. Chat observó con deleite (y un poco de malicia) como sus parpadeos eran cada vez más lentos y pesados, tardando cada vez más segundos en volver a mirarle. Su respiración se hacía más profunda y su cuerpo se volvía blando sobre el colchón.
En pocos minutos, se quedó dormida.
El héroe suspiró y dedicó un rato más a mirarla con detenimiento, fijándose en todos los detalles posibles de su rostro y la forma en que su cabello le caía sobre la cara. Cuando estuviera de vuelta en su gran habitación de puertas y ventanas cerradas tendría que conjurar esa pacífica imagen para sentirse menos solo.
Después se atrevió a mirar la hora y casi pega un brinco. Eran casi las cuatro y media de la madrugada.
¿Alguien dijo descansar?
Se incorporó con cuidado para no despertarla y tiró de las sabanas una vez más. Quería imaginar que se marchaba como cualquiera de las otras noches, así que hizo lo mismo de siempre; arroparla bien, asegurarse de que todo estaba en orden y partir.
Se inclinó para besar su frente pero esta vez eligió los labios. Casi pudo (o creyó) sentir que los de ella temblaban, como si aún dormida quisiera corresponderle. El chico sonrió, enternecido.
—Te echaré… —meneó la cabeza y cambió de opinión—. Yo también te quiero mucho, Marinette.
Nos vemos en unas horas pensó para sí mismo, solo recordándose eso fue capaz de saltar fuera de la trampilla. Se estiró con fuerza, el cuerpo entero le dolía como si hiciera mil años que no descansaba. Antes de partir, él mismo cerró la trampilla dejando su mano sobre la madera unos instantes. Pero el corazón comenzó a dolerle así que se levantó, atravesó el balcón y se marchó de allí a toda velocidad antes de que la vista se le nublara y no pudiera orientarse de camino a su casa.
Cuando por fin aterrizó sobre el suelo de su habitación y deshizo el hechizo, Adrien se sintió todavía más frágil y destruido que antes. Plagg salió disparado sobre su cama y se puso a protestar, pero el chico pasó de largo; solo se detuvo a abrirle el armarito donde guardaba el queso para después dejarse caer sobre la silla de su escritorio.
De espaldas a su Kwami, se llevó una mano a la cara y tapó la franja de sus ojos intentando controlarse. Escuchó a Plagg estrellándose contra el armarito, los mordiscos desenfrenados al queso y el rugido de su pequeño estómago. Él, en cambio, no dijo una palabra.
Pensó en acostarse, pero la sola idea de intentar dormir le ponía los pelos de punta. Temía tener pesadillas con Paralizadora y su oscuro mundo devastado, incluso temía soñar con Marinette y despertarse atenazado por su ausencia.
Sintió un escalofrío ante ambas posibilidades.
—¡Eh! ¡Eeeeeeh! —Plagg le llamó, pero él no hizo caso—. ¡Vamos, si en unas pocas horas volverás a verla!—Adrien se apoyó en la mesa y ocultó la cara—. ¡¿Otra vez estamos con estas?! —Sintió el resoplido de Plagg sobre su pelo, había volado hasta la mesa y el olorcillo del queso de su aliento le llegó hasta la nariz haciendo que se le revolviera el estómago—. ¡Por todos los quesos de este horrible mundo! —Se quejó y le pinchó en el brazo con uno de sus afilados bracitos—. Adrien… ¿Vas a obligarme a que, de nuevo, sea yo el que señale lo obvio?
El chico estaba agotado, exhausto, desmotivado y con el ánimo por los suelos; no le apetecía hablar de nada, ni mucho menos escuchar al Kwami hablar. ¡Acababa de dejar a la chica que más quería! En esos instantes no le importaba nada y si Liévre Noir hubiese aparecido de nuevo para decirle algo, le habría mandado al cuerno.
Y sin embargo, se encontró a sí mismo preguntando.
—¿Qué es lo obvio?
—Lièvre Noir dijo: Chat Noir y Marinette no pueden estar juntos —Como no respondió, Plagg volvió a pincharle—. ¡¿Me has oído?!
—¡Ah, sí! —Se incorporó de mala manera y alzó las manos—. ¡¿Y qué me quieres decir con eso?!
—Chat Noir y Marinette —repitió con lentitud—. No dijo: Tú y Marinette o Adrien y Marinette… Fue muy específico en ese punto, ¿recuerdas? —Adrien se encogió de hombros—. ¿No te resulta curioso?
—¿Por qué? ¿A ti sí?
—¿Recuerdas lo que dijo sobre las reglas de los viajes en el tiempo? Puedes ver mil cosas, pero no puedes decirlas… —Plagg mostró su sonrisa malévola, esa misma que asomaba cuando le hablaba de la Atlántida o los dinosaurios—. ¿Cómo harías tú para decirte a ti mismo algo que, en teoría, no puedes revelar?
El joven estaba tan saturado que apenas si logró entender la pregunta. Llevaba cerca de 24 horas despierto y acababa de afrontar una de las situaciones más dolorosas de cuantas recordaba. No se sentía con fuerzas para pensar.
—Y según tú… ¿qué me estaba diciendo a mí mismo?
—Que es Chat Noir el que no puede estar con Marinette —le respondió—. Pero Adrien sí.
—No, no, no… ¿otra vez con eso de las identidades, Plagg? ¡No! —Se levantó de la silla y pasó por la habitación dándole la espalda al pequeño espíritu—. He aprendido la lección. Y protegeré el futuro como sea.
—Piensa por un minuto en todo lo que te contó el borde de Lièvre Noir —insistió Plagg, cayendo pesadamente sobre su hombro—. Todo se estropea porque Chat Noir le revela quién es… ¿y por qué decidiste hacerlo? ¡Ah, sí! Porque a Marinette aún le gusta Adrien.
—No, no… ¡No me líes, Plagg!
—Recuerda lo que te dijo, sus palabras exactas —continuó. Adrien frunció el ceño y aun sin querer, lo hizo. Sí, vale, era un poco particular que todas las veces hubiese especificado Chat Noir y Marinette. Y sí, le había animado a seguir teniendo fe, a pesar de todo. Además cuando le preguntó si su relación con la chica tendría arreglo él… sonrió.
Sonrió de un modo muy curioso, de lado y con los ojos brillantes, como si ocultara un secreto o le hablara en código.
Pero él no me estaría animando a…
—No, es imposible —declaró. Movió los ojos por el cuarto y su pie empezó a golpear el suelo—. Aunque fuera cierto y el futuro no estuviera en peligro… Como Adrien no tengo oportunidad.
—Pero, ¿cómo no? ¡Si ella te quiere!
—Está enamorada de Chat Noir.
—¡Tú eres Chat Noir! Y también lo estuvo de Adrien… o lo está… ¡Quién sabe!
—Adrien la intimida demasiado… —Se lamentó el chico, apretando los puños contra sus piernas—. ¿Viste cómo me miró en la fiesta?
—Es cuestión de que se acostumbre a ti, nada más —Plagg voló hasta colocarse frente a él—. Además, ahora vuestros amigos creen que sois novios, tendréis que pasar mucho más tiempo juntos y fingiendo arrumacos y todo ese tipo de cosas repugnantes que a los humanos os gustan tanto —Adrien se lo pensó un momento y sintió que la piel de la cara se le encendía. Se le vinieron felices imágenes de ellos dos caminando por los pasillos de la escuela de la mano, sentados juntos en uno de los bancos de la entrada, yendo a comprar un helado de los enamorados… —. Ya te lo dije cuando todo esto comenzó: lo bueno de tener una identidad secreta es que siempre tienes una nueva oportunidad.
Adrien levantó los ojos, muy despacio hacia su Kwami. Sintió temblor en la mandíbula, su corazón se estremecía indeciso ante tales fantasías.
—¿Tú crees que… podría pasar? —preguntó—. ¿Crees que debería intentarlo una vez más?
Plagg entornó los ojillos y se infló, como dándose ánimos, antes de preguntar.
—¿Qué piensas en realidad de Marinette y tú?
No le hizo falta pensarlo.
—Pienso que estamos hechos el uno para el otro.
—Eso pienso yo de mi queso —anunció Plagg—. Haría cualquier cosa por él, lo intentaría las veces que hicieran falta hasta estar juntos de nuevo y poder saborearlo. Porque si el amor es verdadero (y el mío hacia el queso lo es) nada puede detenerte.
Adrien le miró asombrado. Dejando a un lado que estaba comparando su amor por Marinette con esa obsesión repulsiva que él tenía con el queso, eran unas palabras muy profundas y que le sonaron terriblemente verdaderas aunque… ¿de verdad podía fiarse de Plagg? El Kwami de la destrucción se veía irremediablemente atraído por el caos y a veces no veía el peligro real que entrañaba tomar ciertas decisiones.
Por otro lado, él había hecho una promesa hacía ya tiempo.
Nunca más volveré a irme. Sea del modo en que sea, me quedaré a tu lado.
Prometió a Marinette que estaría con ella pasara lo que pasara y aún después de todo lo que había visto, no poder cumplirlo le pesaba. Y sí era verdad que Chat Noir no podía hacerlo, quizás Adrien sí. Quizás había llegado el momento de decidirse de una vez por todas y apostar por sí mismo, sin máscaras, ni trucos. Solo él. Aunque fuera con la versión más simple y menos interesante de sí mismo.
Para Marinette podía ser suficiente, si es que lograba que confiara en él tanto como lo hacía en el héroe.
No sería fácil, ni cosa de un momento. Claro, llevaría su tiempo pero, ¿y si lo lograba? ¿Y si aún podían ser felices? En ese caso, valdría la pena intentarlo una vez más.
—¿Y si vuelve a salir mal? —se le escapó, abrumado por las dudas.
—Supongo que Lièvre Noir volverá para arreglarlo todo, ¿no?
La intención de Plagg fue tranquilizarle, pero mencionarle a ese tipo no fue una buena idea. Se frotó la cara con las manos y se dejó caer sobre la almohada con un resoplido.
—No puedo pensar en esto ahora —se quejó Adrien—. Necesito descansar y tener la mente clara.
Se acurrucó en su colchón y tiró de la manta sin atreverse a mirar la hora. Puede que solo le quedaran cinco minutos de sueño antes de que su despertador sonara pero lo cierto era que algo se había aflojado en su interior. Volvía a sentir cansancio, ese que te aplasta contra la cama y te atrae con suavidad hasta el sueño en lugar de esa angustiosa y desquiciante desesperación.
Quizás aún hubiera una esperanza… si es que le quedaba algo de fe.
Gracias Plagg pensó, cuando el Kwami se acurrucó sobre su cabeza. No sé si tengas razón o no, pero al menos podré dormir.
. . .
Mientras tanto, en el futuro estaba anocheciendo.
Ladybug se encontró con un horizonte naranja y rojizo al caer sobre el suelo de la azotea, tras dejar la madriguera. Era una luz suave, que le dio en los ojos, pero no le hizo daño. El sol se encontraba a escasos centímetros del suelo, parecía que estuviera a punto de chocar contra él y convertirse en añicos.
Los edificios altos y deslumbrantes que rodeaban el lugar estaban hechos de cristal y creaban un juego de luces curioso atrapando y devolviendo los reflejos de esa luz. Sentado en mitad del borde, a cientos de metros de distancia del suelo, estaba Chat Noir. Tranquilo. Con la mirada perdida en las formas que se dibujaban en las escasas nubes que adornaban el cielo.
Parecía haberse dado por vencido en su infructuosa búsqueda y ahora tan solo la esperaba. Él sabía que ella siempre acudía a su lado al final, por más que le encantara incordiar a todo el mundo. De eso se trata la confianza al fin y al cabo, puede que la otra persona no te cuente todo en el momento exacto en que tú quisieras saberlo, pero si confías (y Chat había demostrado muchas, muchas veces que sí lo hacía), solo puedes esperar en un lugar conocido.
Ladybug sonrió observándole; a él y toda la escena que tenía ante sí.
¿Es una casualidad? Se preguntó, rozándose la barbilla.
Aquel era el mismo lugar donde lo había encontrado la última vez que tuvo que hacer un viaje por el tiempo. Incluso la atmosfera era parecida… aunque en aquella ocasión ella había ido hasta allí con el corazón en un puño, deseando verle y asegurarse de que su compañero estaba bien. Sabiendo que no podía contarle nada de lo que había vivido.
Pero esta vez…
Voy a contárselo se dijo, decidida.
Respiró hondo y echó a andar hacia él. Cuando estuvo lo bastante cerca casi se le escapó un suspiro de alivio.
Al menos no está cantando esta vez.
—Hola, Chat Noir —Saludó de manera animada.
—Vaya, vaya —murmuró él, girando la cabeza con lentitud hacia ella y con una sonrisilla algo irritante—. Mira quien se digna a aparecer por fin, y de una sola pieza.
—¿Estabas preocupado por mí?
—Solo un poquito.
—He oído que te has pasado el día molestando a todo el mundo…
—¿Y no hago eso siempre? —replicó él, arqueando las cejas. Ladybug se rio y cogió la mano que él extendió hasta ella. Se dejó caer a su lado y volvió a sonreír cuando él se la besó. Su mirada verde brillante regresó a la luz naranja pero retuvo la mano de la chica pegada a la suya, posando ambas sobre su pierna—. Hoy ha sido un día tranquilo por aquí.
—¿Ah, sí?
—Como ves la ciudad sigue en pie —Extendió la otra para dibujar un arco. Todo estaba en orden; las personas caminaban como seres diminutos a sus pies, las nubes se movían y el aire olía, por alguna razón, a especias exóticas cuando ella respiró hondo. Sí, todo estaba bien—. Porque yo estaba aquí, por supuesto.
—Por supuesto —convino ella.
Chat Noir se giró para mirarla de frente, sin soltar su mano.
—Bueno… ¿dónde has estado todo el día, bichito?
Ladybug se humedeció los labios, notando que su corazón se aceleraba como cuando era una adolescente. Se dedicó a mirar sus manos unidas y volvió a coger aire.
—Bunnix me envió a resolver un asunto de mi pasado —reveló y entonces, alzó los ojos—. Un akuma apareció y estuvo a punto de poseerme…
—¡¿Qué?! ¡¿Cuándo fue eso?!
—Hace mucho tiempo —respondió, resoplando—. ¡Logré capturarle y mi yo adolescente está a salvo! —Le apretó la mano y se obligó a seguir—. ¿Sabes? No es la primera vez que Bunnix me manda a resolver algo a otra época.
—¿No lo es?
Negó con la cabeza.
—Cuando tenía catorce años vino a buscarme porque… había un problema con el futuro un tanto… delicado —Le explicó. Sintió que se le tensaban los hombros—. Alguien fue akumatizado y… y yo…
Chat Noir torció la cabeza.
—¿Fui yo?
—¡¿Qué?! ¡No, no, no…! O sea… sí, pero… ¿cómo lo has sabido?
—Si no fuera yo, ya me lo habrías contado —adivinó él sin mayor dificultad. Entonces, entornó los ojos—. ¿Es que hice algo horrible? —Ladybug separó los labios para hablar pero se lo pensó un poco más y entonces él, añadió—. Yo también viajé una vez en el tiempo, ¿sabes? Al futuro, como tú.
—¡¿Qué?! Bunnix jamás me dijo nada…
—Es que… no fue ella quien me encontró —Sus ojos se hundieron y la piel de su rostro perdió color—. El futuro que yo he estropeé era tan horrible que ella ni siquiera existía.
Ladybug se quedó perpleja ante semejante información.
Así que Chat Noir también había tenido que viajar en el tiempo para salvarlos a todos de un futuro horrible. ¡Era increíble que no se hubiera enterado de nada! Si no se lo había contado, quizás tenía una razón para ello; una razón que podía ser parecida a la que tenía ella, sino idéntica. Aunque había afirmado que ese futuro era culpa suya.
—No creo que fuera peor que el que yo provoqué —le dijo Ladybug, turbada—. ¡Cometí un error estúpido y casi acabo con todo!
—Mi error no fue estúpido, de hecho estaba justificado…
—¡Chat!
—¡Bueno, vale! Quizás sí fue un poco tonto…
Los dos se miraron con pequeñas sonrisas de ánimo.
—Supongo que es hora de que te hable de… Chat Blanc.
El rostro de Chat se crispó al oír ese nombre, pero disimuló con maestría, sosteniendo una sonrisa bastante tranquila. Su mirada seguía siendo cálida cuando extendió su mano y rozó el rostro de Ladybug.
—Tranquila —Le dijo—. Puedes contarme lo quieras, princesa.
—¿Estás seguro?
Asintió con la cabeza, pero su semblante se volvió grave.
—Me temo que yo también tengo que contarte algunas cosas sobre… —Hizo una pausa antes de seguir—; alguien llamado Paralizadora.
Ladybug sintió algo al oír ese nombre. Como un repentino vértigo que hizo temblar su estómago, y frío, como si una corriente helada hubiese soplado sobre ella en ese instante. Había un temblor velado en la voz de su compañero al decir ese nombre.
Paralizadora.
Tanto ella (fuera quien fuera) como Chat Blanc no eran reales. Pero lo habían sido en una línea temporal distinta y también lo eran en sus recuerdos. A veces, Ladybug se preguntaba si todo lo que había visto de ese futuro catastrófico no seguiría existiendo en algún lugar, fuera de la realidad en la que ellos vivían, de algún modo.
¿Otro universo?
Quizás había otro París, en un plano distinto, que seguía inundado por el agua y con la luna destrozada, donde Chat Blanc la había vencido y arrebatado sus pendientes, pero al darse cuenta de que no sabía qué hacer con ellos, se había entregado de nuevo a la locura. Un lugar blanco, de edificios altos pero destrozados donde el gatito seguía cantando a solas con sus pies colgando sobre un mar helado e infinito.
Esa idea la aterraba. Y al pensar en ello sintió un escalofrío que la recorrió de arriba abajo. Chat Noir extendió sus manos y las pasó por sus hombros y sus brazos mientras seguía sonriendo.
—No temas —Le dijo, con la misma confianza y despreocupación con la que él decía ese tipo de cosas y se había vuelto más dulce con los años—. ¿Qué tal si empiezas por el principio?
La chica asintió, arrimándose más a él y sin apartar sus ojos de su mirada.
—Pasó cuando tenía catorce años —empezó a relatar—. Había preparado un regalo para el chico que me gustaba y estaba decidida a ir hasta su casa para dárselo…
—¡Oh, ¿en serio?! ¡Qué afortunado! —Chat Noir sonrió, acercando la cabeza a ella—. ¿Y de qué se trataba?
Ladybug se ruborizó a pesar de que le pareció absurdo a esas alturas.
—Una boina.
Chat Noir se acercó un poco más.
—¿Una boina? Es curioso… yo también tuve una de adolescente —comentó, todavía más cerca, tanto que Ladybug pudo sentir su aliento sobre la nariz—. Me la regaló la chica que me gustaba…
—Qué curioso.
—Sí, es muy curioso…
. . .
3.
El despertador sonó como todos los días y la joven dormida se desperezó, estirándose entre las sabanas y los últimos retazos del sueño, enredada además en la falda del vestido que no se había quitado la noche anterior pues, una vez que cayó dormida en mitad de la madrugada, ya no se despertó.
Había soñado con su futuro. Con una casita preciosa rodeada de edificios aburridos, un jardín lleno de pajaritos que canturreaban y… una luz naranja, aunque esa parte no la recordaba con la misma claridad.
Marinette no era de esas personas que se despiertan por si mismas antes de que suene la alarma. No. Ella era de esas personas que apuran hasta el último segundo del sueño, para levantarse como un resorte, todavía con la huella de la almohada en la mejilla y salir corriendo, lista para empezar un día más, cargada de prisas y sin aliento.
Pero ese día fue distinto.
El despertador sonó y ella abrió los ojos despacio, acostumbrándose a la luz y registrando cada uno de los sonidos que subían desde la planta inferior por el hueco de la escalera y pensando en ese sueño tan curioso que había tenido. Se quedó con la cabeza pegada a la almohada, ni siquiera la levantó para apagar la alarma, simplemente estiró su brazo hacia la estantería. Volvió a parpadear según su mente adormilada se iba llenando con los recuerdos, mezclados de manera absurda, de lo que había pasado la noche anterior. Se quedó muy quieta repasándolos uno a uno, ordenándolos con cuidado hasta que tuvo la secuencia exacta en su cabeza.
Y se preguntó otra vez por esa luz naranja. Aunque lo olvidó cuando su nariz se vio inundada por un intenso olor a flores que la espabiló lo suficiente como para darse la vuelta.
—Buenos días, Marinette —Tikki estaba recostada sobre la otra mitad de la almohada, mirándola fijamente. Extendió la mano para acariciarle la cabecita como hacía todas las mañanas y sus dedos acabaron rozando la funda allí donde Chat Noir había estado recostado unas horas atrás.
—No se quedó toda la noche —dijo ella resoplando—. ¿A qué no?
Tikki imitó su gesto.
—Se quedó un rato después de que te durmieras —le respondió en voz bajita—. Te arropó, te besó y dijo que te quería… después se marchó.
—Suponía que haría eso —Y se dejó caer sobre su espalda, con una sonrisa triste y temblorosa en sus labios para contemplar las líneas del techo—. ¿Por qué estoy tan triste, Tikki? Sé que volveré a verle… Y sé que volveremos a estar juntos porque es el chico que vi en mi futuro.
. Sin embargo, tengo la horrible sensación de que lo he perdido para siempre.
—Solo es una sensación…
—Anoche parecía tan triste —murmuró, compungida—. Se me partía el corazón al mirarle —La pena amenazó con inundarla, de modo que aplastó la cara contra la almohada y gimió para retener las lágrimas—. Sé que debo confiar en las palabras de mi yo adulta, pero…
—Ella no te mentiría.
—Tampoco podía decirme toda la verdad.
—Marinette… —Tikki gateó hasta su cabeza y tiró de su pelo con suavidad—. Le prometiste a Chat Noir que no estarías triste.
La chica gruñó.
Le había prometido muchas cosas y las recordaba todas, pero no se sentía capaz de empezar a cumplirlas. Era normal que estuviera triste y tampoco quería escapar tan pronto de ese sentimiento porque sería como despreciarlo. Huir de él solo provocaría que este la atrapara para siempre.
Había perdido a Chat Noir y al mismo tiempo no, porque seguirían cuidando de París juntos. Ella le tendría a él, pero él no lo sabría. Esperaba que la presencia de Ladybug, al menos, sirviera para consolarle pero ya no estaba segura.
Consiguió calmarse un poco tras unos minutos de respirar despacio, no obstante no tenía ganas de salir de la cama. La sola idea de tener que seguir con su vida como si nada hubiese ocurrido le ponía los pelos de punta.
Estaba demasiado triste.
Se revolvió entre las sabanas, quejándose a base de ruiditos y ligeras patadas contra el colchón. Era más que probable que su madre estuviera subiendo las escaleras en ese mismo instante para levantarla, creyendo que se había quedado dormida de nuevo. ¿Y si fingía estar enferma? No quería preocupar a sus padres tan a la ligera pero…
Volvió a protestar con la cara enterrada en las mantas. Estiró los brazos por debajo de la almohada intentando partirse en dos y entonces, notó algo.
Al apartarla se encontró con un pequeño ramillete de margaritas y sintió que se le encogía el corazón.
Chat…
Margaritas blancas y rosadas, atadas con una cinta de color rosa claro. Despedían un dulce olor que le calentó las mejillas.
—¿Cuándo… las puso ahí? —preguntó, pero Tikki se encogió de hombros. Se llevó las flores a la cara y aspiró con fuerza—. Nadie me había regalado flores antes que él… ¿Crees que volverá a hacerlo alguna vez?
—Quizás… ¿A Ladybug?
Marinette se sorbió la nariz.
—Puede que vuelva a enamorarse de ella —Se le ocurrió con pesar—. Puede que la prefiera a ella antes que a… Marinette.
Y por alguna razón, esa posibilidad la puso más triste. Chat Noir era el primer chico que se había enamorado de Marinette, de la chica normal y algo torpe que aún era. La había elegido a ella y la había tratado como si el afortunado fuera él.
Pero ahora que no pasarían más tiempo juntos, quizás se replantearía las cosas y volvería a elegir a la extraordinaria heroína que jamás se tropezaba en su camino.
—Yo no creo que eso ocurra —le dijo Tikki y señaló las flores en su mano—. ¿Sabes lo que significan?
—Sí, tú me lo explicaste —respondió—. Las rosadas significan Amor tímido y las blancas son para seducir al ser amado.
—Pero tienen otro significado cuando se entregan juntas.
—¿Ah, sí? ¿Y qué significan juntas?
—Significan: Solo tengo ojos para ti.
Marinette se quedó mirando el ramillete, anonadada. Hasta ese momento no había creído que de verdad Chat supiera el significado de las flores que le entregaba, pero esas palabras sí parecían salidas de sus labios. De hecho, fue como si pudiera oír su voz susurrándoselas al oído.
Marinette, no te preocupes, solo tengo ojos para ti.
Gato tonto pensó con una sonrisa, hundiendo la nariz en las flores. A pesar de que su aroma la reconfortaba, sintió la tibieza de una lágrima escapando de sus ojos y rodando por su mejilla.
En ese instante decidió levantarse e ir a la escuela.
. . .
Colocó el ramillete en un lugar de la habitación desde el que se viera bien y le proporcionó agua de sobra para las horas que estaría fuera. Se echó la mochila al hombro, se guardó unos cuantos pañuelos en los bolsillos y cuando salió por la puerta y el día la recibió. Marinette miró al cielo y rogó no echarse a llorar mientras estuviera en el instituto.
Lo que se encontró fuera, por desgracia, no le dio el mejor de los presentimientos.
Hacía ya semanas que los nubarrones habían abandonado la ciudad permitiendo a sus habitantes disfrutar de cielos despejados, casi primaverales, con un enorme sol radiante. Pero ese día todo volvía a estar gris. El cielo estaba enlosado de nubes que se iban oscureciendo justo en la dirección que ella tomaba para ir a la escuela. Había humedad en el aire y los parabrisas de los coches tenían marcas de agua. La gente que caminaba a su alrededor llevaba el paraguas bajo el brazo, no dejaban de lanzar miradas de sospecha al firmamento.
Todo parecía augurar una tormenta.
Genial, pensó ella aligerando el paso.
Justo cuando llegó al pie de la escalera le pareció oír un trueno a lo lejos, pero lo ignoró. La entrada del instituto estaba desierta debido a la hora, así que subió los escalones dando saltitos como siempre, agarrando con fuerza las correas de su mochila y en mitad del hall distinguió la figura de Alya charlando con Lila.
Oh no…
Trató de rodearlas, yendo por detrás de los bancos y con la mirada clavada en la escalera que conducía al primer piso, lo más despacio posible y sin hacer ruido. Por una vez en su vida no sufrió ni un solo tropiezo, pero fue descubierta de todas formas.
—¡Eh, Marinette! —Alya la llamó. La saludaba con la mano mostrando una gran sonrisa. Lila a su lado tenía dibujada su insípida sonrisa de cortesía que le ponía furiosa—. ¡Ven aquí!
—¡Ya es muy tarde! —apuntó en un intento desesperado por no confrontar a la castaña, pero su mejor amiga no se dio por vencida.
—¡La señorita Bustier se ha retrasado y tenemos algo de tiempo libre!
Estupendo, tantas prisas para nada…
Dando un fuerte tirón de las correas una vez más, se dirigió hacia las dos chicas con una sonrisa falsa pintada en el rostro. Se esforzó todo lo que pudo, pero eso fue todo lo que consiguió.
—Alya me estaba contando cómo estuvo la fiesta de anoche en el parque —comentó Lila mientras se frotaba los brazos con suavidad—. Me habría encantado ir a mí también, pero desde que soy la nueva modelo femenina de la marca de Gabriel Agreste tengo tantos eventos importantes que me resultó imposible.
Marinette arqueó las cejas.
—¿Eres su nueva modelo femenina? Que yo sepa solo posaste para uno de sus reportajes.
—¡Pero Gabriel tiene grandes planes para mí! —exclamó ella, curvando aún más sus labios—. Lo que pasa es que quiere que aparezca solo en los anuncios más importantes y exclusivos —Parpadeó con gracia y añadió como si nada—; como Adrien.
—Pues Adrien sí que estuvo en mi fiesta —indicó Marinette.
—Bueno… —Lila entrecerró sus ojos sin dejar de sonreír—; disculpadme, pero no puedo hablar demasiado sobre asuntos de la marca. Todo es confidencial.
—¡Por supuesto! —intervino Alya, tan encandilada como siempre por las palabras de la otra—. Es lógico.
Súper lógico pensó Marinette. Súper mentirosa.
Después, Alya retomó su parloteo sobre la fiesta e incluso sacó su móvil para mostrarle a Lila algunas de las fotos que habían hecho. Aunque hacía preguntas y reía los comentarios divertidos de la periodista, era evidente que los detalles de la fiesta no le interesaban, incluso parecía algo contrariada y Marinette se preguntó cuál sería la razón auténtica de que no hubiese asistido. Si Alya lo había organizado todo era más que probable que la hubiese invitado.
¿Y a mí qué más me da? Se preguntó, frunciendo las cejas. Estaba demasiado cansada como para tratar de adivinarlo. Y empezaba a sentir el eco de un dolor en el pecho que la puso alerta.
Había tenido la esperanza de poder concentrarse tanto en las lecciones que su cerebro dejaría de pensar en Chat Noir aunque solo fuera durante unas pocas horas. Por desgracia allí estaba y la presencia de más gente a su alrededor la irritaba y la agobiaba. Todavía deseaba estar sola para dar rienda suelta a su pena que sentía oprimiéndola por dentro, pero debía disimular.
—Marinette, ¿estás bien? —le preguntó Alya en un momento dado. La joven volvió en sí y asintió con la cabeza de todos modos—. ¿Seguro?
—No tienes buena cara —apuntó Lila, como si alguien la hubiese preguntado—. Yo soy amiga de uno de los magnates más importantes en el campo de las cremas y el maquillaje, ¿sabes? Si quieres puedo pedirle algunas muestras para ti.
—Estoy bien —respondió, apretando los dientes—. Agradezco tu oferta pero no pasa nada, es solo que anoche no dormí bien.
—¿Te pusiste enferma? Adrien nos dijo que te fuiste antes porque no te encontrabas bien.
—Ah… sí, creo que… fue algo que comí…
—Qué raro, todos comimos lo mismo…
—Yo soy amiga del mejor chef de Paris —Lila se atusó el pelo al dar ese interesante dato—; por eso sé que es muy importante revisar la frescura de los alimentos antes de cocinar.
—Todos los alimentos que usan mis padres son frescos —replicó Marinette.
—¡Oh! ¡Yo no les estaba acusando de nada!
—¡Claro que no! —La apoyó Alya—. Lila ni siquiera sabía que tus padres se habían encargado de la comida —El silencio cayó entre las chicas y la presión que sentía por dentro se hizo aún más insoportable. Miró hacia el piso de arriba y tuvo la tentación de echar a correr hacia la clase, alejarse de todos los que estaban en ese patio. Solo quería estar sola—. ¡Mira quién viene por ahí!
. Seguro que él consigue animarte.
Marinette levantó la mirada sin mucho interés y sus ojos se encontraron con los de Adrien, que se detuvo bajo el umbral de la puerta.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Lila.
—¡Oh! ¡Porque Marinette y él son…!
—¡Alya! —chilló Marinette de golpe, en el momento exacto en que recordó que su amiga seguía pensando que Adrien y ella eran pareja.
¡¿Cómo he podido olvidarme de eso?!
Lila las miró con curiosidad, apretando las manos ahuecadas sobre sus antebrazos en silencio hasta que pareció aburrirse.
—No es ningún secreto que Marinette y Adrien son muy buenos amigos —comentó de nuevo con su sonrisa atravesada en la cara. Se atusó otra vez su larga caballera color chocolate y se giró—. Bueno, me voy. Prometí ayudar a unos chicos con unas lecciones que no entendieron ayer. Me lo pidieron por favor y no pude negarme.
—¡Qué amable eres Lila!
Sí, súper amable… y MENTIROSA.
Lila se alejó con lentitud y de hecho, se volvió un par de veces para mirarlas con suspicacia. Fue tan extraño como el hecho de que Adrien no se acercara a ellas hasta que la italiana dobló una esquina y desapareció del todo.
—¡Hola, Adrien! —Le saludó Alya de buen humor.
—Hola —contestó él. Se colocó junto a ellas muy recto y se aclaró la voz antes de hablar—. B-buenos días, Marinette.
Percibió una energía peculiar, de tensión inexplicable desprendiéndose del cuerpo del chico. Al ladear la cabeza hacia él se fijó en que estaba un poco pálido y tenía los ojos hundidos en dos grandes ojeras. Era extraño ver a Adrien con aspecto de cansado, aún con la gran cantidad de actividades y compromisos que tenía, solía mostrar una apariencia saludable y vivaracha.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó sin pensar.
—¿Eh? —El chico dio un respingo y asintió con la cabeza a toda prisa—. ¡Sí! Es que… no he dormido muy bien.
—¿A ti también te sentó mal la comida de la fiesta? —preguntó Alya.
—¿Eh?
—¡Como a mí! Ya sabes… por eso me fui tan deprisa anoche…
Adrien miró a una y otra, perdido. No solo parecía cansado, sino también desorientado. Tampoco era habitual en él llegar tan tarde por las mañanas.
—¿No me digáis que estáis tan cansados porque estuvisteis juntos después de la fiesta? —inquirió Alya de repente y con una sonrisa de entusiasmo. Ambos se agitaron ante tal afirmación—. ¡Sois un par de…! Bueno, no me enfado. Pero tenéis que contármelo todo.
. Y con detalles.
—En otro momento, quizás —intervino Marinette, señalando el patio donde estaba el resto de sus compañeros de clase disfrutando de su tiempo libre—. Recuerda que nadie salvo Nino y tú sabéis que Adrien y yo estamos… e-estamos… s-saliendo j-juntos.
—Entonces, ¿sigue siendo un secreto?
—¡Sí, así es! —respondió él a toda prisa—. Mi padre todavía no sabe nada, así que…
—¡Es una lástima! Me encantaría poder contárselo al resto de nuestra clase…
Si bien Alya usó un tono lastimero que acompañó, además, de una mueca decepcionada en la que apretaba los labios imitando a un bebé a punto de llorar, Marinette captó un peligroso brillo en su mirada grisácea y se percató de que esta aun albergaba dudas acerca de su supuesta relación con el modelo. Y en esos momentos era lo peor que podía pasar, de modo que se balanceó sobre sus pies para acercarse disimuladamente hasta el chico. Sus hombros se rozaron un instante, como si nada, pero creyó sentir que Adrien se tensaba.
—¡No, Alya, de ninguna manera! —exclamó—. Nadie más puede saberlo, ¿de acuerdo? Es muy importante… para Adrien.
—Eso es.
—Vale, vale, ya lo pillo —contestó. Se agachó para coger el bolso que tenía a sus pies y se lo colgó del hombro. Miró a uno y a otro, a pesar de que estaban más juntos, la sospecha seguía brillando en sus pupilas y el modo en que les sonrió se volvió siniestro—. Os dejo solos para que… no sé, hagáis lo que tengáis que hacer o lo que sea.
. A ver si tú logras animarla, Adrien.
Se despidió con la mano y se alejó de ellos a buen paso.
Marinette sintió una punzada en un lugar indeterminado de su cuello; en realidad no tenía mucha confianza en que Alya pudiera callarse un secreto semejante durante demasiado tiempo. Su vena periodística la obligaba a divulgar cualquier cosa de interés que llegaba hasta sus oídos. Era de vital importancia que pensara en cómo podía revelarle la verdad sin que le retirara la palabra para el resto de su vida.
Esa nueva preocupación no hizo sino aumentar su malestar. Ahora no era solo una presión en el pecho y unas ganas insoportables de huir de todo el mundo, sino que unos ligeros retorcijones comenzaron a atacar su estómago.
Adrien, que se había quedado quieto y callado, hizo un movimiento que atrajo su atención.
—¡Espera! —Le susurró, atrapando su brazo con las manos para evitar que se alejara. Por encima de su hombro podía ver aún a Alya, sentada junto a Nino; ambos cuchicheaban sin dejar de mirarles—. No te vayas todavía…
—No me iba —declaró, sorprendido. Repitió el gesto para dejar la mochila en el suelo.
—¡Lo siento! —Se disculpó retirando sus manos a toda velocidad—. Me parece que Alya aún sospecha de nosotros y todavía no sé cómo contarle la verdad, así que…
—Está bien —dijo él, encogiéndose de hombros—. Podemos hablar un rato… —Se pasó una mano por la nuca que, por un momento, le pareció que temblaba—. Entonces… ¿necesitas que alguien te anime?
—¿Eh? ¡No, no! ¡Qué va! Todo está bien.
Los retorcijones aumentaron y sin querer, hizo una mueca de dolor.
—¿Seguro? —insistió él con suavidad—. ¿Y… entre nosotros todo vuelve a estar bien?
—Pues claro, ya te lo dije anoche.
—Sí, lo hiciste —convino él y tras pensárselo un poco, añadió—; no tienes por qué hacerlo pero si quieres puedes hablarme de lo que sea que te preocupa —Marinette abrió la boca para repetir que nada le preocupaba pero él siguió hablando—. Anoche me dijiste que podía contar contigo si tenía problemas, y a mí me gustaría que hicieras lo mismo conmigo.
La chica calló, conmovida por la calidez con la que Adrien la hablaba. Algo en su tono de voz logró que se calmara de golpe, que se olvidara de que tenía que seguir fingiendo y sí, tuvo el impulso de desahogarse con él pero la simple idea era ridícula. ¿Cómo podría si quiera empezar a explicar nada de lo que había pasado?
Él la seguía mirando de ese modo tan sereno y paciente que era casi como una caricia que prometía apaciguar el dolor que estaba soportando en lo hondo de su alma.
—Es que es… c-complicado…
—Bueno —Entonces él sonrió y el color volvió a su rostro. Se acercó más a ella para susurrar—. ¿Y quién mejor para que le cuentes algo complicado que a tu novio falso?
Se quedó perpleja ante el modo en que dijo eso y antes de darse cuenta, la comisura de su boca se estiró hacia un lado sin que pudiera evitarlo. Fue lo más parecido a una sonrisa espontanea que había sentido desde que se había despertado. Y Adrien la miró, de hecho, como si hubiera atisbado una estrella fugaz en medio de un cielo oscuro. La piel de su rostro se coloreó más y su sonrisa se agrandó.
—No te haré ninguna pregunta —le dijo—. Solo escucharé en silencio si tú quieres.
Y se atrevió a extender su mano hacia ella.
Marinette la miró, apretando los labios… y con cierta lentitud, colocó la suya encima. Compartieron una mirada de confianza y entonces él se agachó para recoger su mochila. Echó a andar tirando de ella con suavidad y la joven le siguió sin pensar en nada.
Atravesaron el patio sin llamar la atención de nadie, salvo la de sus mejores amigos que incluso intercambiaron un codazo al verlos pasar. También notó los ojos de Lila sobre ellos, una vez más. Estaba en un banco mirando la pantalla de su móvil y no ayudando a alguien, pero alzó sus ojos entornados y los contempló hasta que entraron a la sala de las taquillas.
¿Por qué nos mira tanto? Se preguntó, nerviosa. Sintió un nuevo retorcijón. Sabía que no podía bajar la guardia con Lila, menos si Adrien estaba de por medio. Así que se alegró cuando el chico se detuvo a cerrar la puerta.
Entonces se acordó de algo y cuando él se volvió, se quedó pasmado al ver lo que Marinette tenía en las manos.
—¿Qué es eso?
—Son unas galletas de mantequilla —respondió, tendiéndole una pequeña caja con el logotipo de la panadería de sus padres—. Mi padre las ha horneado para ti.
—¿Por qué?
—Para agradecerte tu regalo de anoche.
Ante la mención de la diadema, Adrien hizo una mueca y la sonrisa bobalicona que había aparecido en su rostro al oír la palabra galletas se borró de golpe.
—No tenías por qué… sé que fue un regalo inapropiado —le dijo, bajando la mirada—. En realidad quería disculparme por eso. Sé que fue excesivo y te incomodé.
. Supongo que aún no sé bien cómo hacer regalos a mis amigos…
—¡No! Es solo que…
—Pero es que tú eres especial, eres la primera amiga que hice después de tantos años estando solo y cuando dejamos de hablar, yo solo quería arreglar las cosas como fuera y no sabía cómo… —Muy despacio levantó la mirada, apretando las manos contra sus pantalones—; vi la diadema y creí que si te la daba, ayudaría a suavizar las cosas entre nosotros.
Marinette arqueó una ceja.
—¿Era… un soborno, entonces?
—¡No! ¡Claro que no! O… ¿sí? No sé… ¿funcionó?
De nuevo, las comisuras de sus labios se estiraron un momento y su pecho se infló. No eran exactamente ganas de reír pero le produjo un gran alivio sentirlo. De hecho, se sentía un poco mejor ahora. La presencia de Adrien le estaba resultando más tranquilizadora que nunca; no estaba nerviosa, ni sentía que las palabras se le aturullaban pero aún percibía algo especial yendo de él hacia ella y de vuelta a él. Solo que no eran nervios angustiantes sino algo cálido, como la diminuta ola que se forma en el agua de una bañera de espuma.
Qué raro pensó, estupefacta llevándose una mano al pecho. La presión ya no era tan terrible tampoco. No se sentía atrapada como le había pasado con Alya y Lila hacía unos minutos. Estar allí con él, a solas, de pronto era como estar a salvo.
—Es el regalo más bonito que nadie me ha hecho nunca —Le reveló—. Yo también siento haberme ido corriendo de la fiesta de ese modo.
. Gracias por cubrirme ante Alya y los demás.
—¿De qué sirve un novio falso si no? —Se encogió de hombros y se acercó para coger la caja de galletas. Metió el dedo para abrir un poco la tapa y aspiró el olor de estas—. ¡Qué bien huelen! Esta mañana no he desayunado…
—Yo tampoco.
Abrió la caja y se la ofreció.
—¿Qué tal si las probamos? —Le propuso y él tomó una—. Aunque no me cabe duda que estarán deliciosas.
Marinette aún tenía el estómago revuelto por la horrible noche que había pasado pero al ver la felicidad con que él se comía la primera, no pudo resistirse y decidió imitarle. En el mismo instante en que el azúcar rozó su paladar sintió una explosión de energía en su cuerpo que la reanimó un poco. Era verdad que los dulces aliviaban, en parte, las penas.
Antes de darse cuenta, se habían comido casi la mitad del contenido entre los dos.
—Te haré más —se disculpó Marinette con las mejillas ruborizadas por su apetito, pero el chico meneó la cabeza.
—No hace falta —le aseguró y se quedó mirándola. Dejó la caja sobre uno de los bancos y se sacudió las manos con calma—. Entonces… ¿quieres hablarme de lo que te ha pasado?
. ¿Tiene algo que ver con ese chico del que no puedes hablar?
Marinette suspiró. Los hombros se le hundieron y su mochila resbaló hasta acabar en el suelo, pero no le importó.
—Sí —respondió. Se encogió pasándose las manos por los brazos y respiró despacio. Se le estaba formando un nudo en la garganta que parecía querer evitar por todos los medios que hablara, pero sentía que necesitaba hacerlo.
Adrien era el único que sabía algo del chico, luego solo podría hablarlo con él a pesar de lo irónico que era.
—Él… se ha ido —reveló tras pensárselo bien.
—Ido —repitió Adrien. No fue una pregunta, casi sonó como si lo confirmara desde su propio conocimiento. Ella miraba al suelo, así que solo sintió el movimiento cuando él se acercó—. ¿Te refieres a que… habéis… roto?
Roto pensó, afligida. Las parejas rompían pero no sabía si Chat y ella habían llegado a serlo. Quizás a su extraña manera, del mejor modo en que habían podido…
—Algo así —respondió.
—¿Qué… pasó?
—Nada —dijo y respiró hondo. El nudo había dado lugar a un agudo dolor al fondo de su garganta—. Nuestra relación era complicada, por eso no podía hablar de él y… supongo que solo podía terminar así.
. No es que nuestros sentimientos hayan cambiado, pero no podíamos seguir juntos. No me pidió que lo esperara porque no sabe cuándo volverá… Quizás no lo haga. Me dijo que debía intentar ser feliz por mi cuenta.
Se produjo un silencio al que apenas prestó atención, pues estaba demasiado perdida en sus pensamientos. Tampoco se fijó en que la voz de Adrien sonó ronca, grave y marchita cuando habló.
—Ya veo —murmuró él—. Lo siento mucho, Marinette.
Alargó una mano para rozar su brazo con la punta de sus dedos, sin apenas ejercer presión, pero ella levantó los ojos y cuando vio la apenada mirada del chico sintió que sus fortalezas se resquebrajaban. Había algo tan desolador en sus ojos, en su gesto apagado al apretar los labios que la chica vio reflejado en él el mismo dolor que estaba sintiendo, aunque no fuera posible, y ya no pudo controlarse. Los ojos le escocieron y las lágrimas abrasadoras cayeron por sus mejillas en un silencioso y aciago desfile de desdicha.
—Pero no… no puedo estar feliz —continuó. Había dolor en cada palabra que empujaba desde su corazón hacia afuera, pero descubrió que también dejaban alivio tras de sí—. ¿Cómo podría? ¡Le echo tanto de menos! —Dio un paso adelante sin darse cuenta, ahogada en su llanto—. ¡No dejo de pensar… de pensar…!
—¿Qué piensas? —preguntó Adrien, avanzando también un paso. Su pecho se movía tan deprisa como el de ella, pero tampoco lo notó.
—Pienso… ¿Cómo haré ahora? Yo… se lo contaba todo y él… siempre sabía qué decir para animarme o hacerme reír y ahora… —Un sollozo histérico le cortó la voz. Tuvo que taparse la cara con las manos y dejarlo ir. Las palabras la desgarraban pero después dejaban hueco para que el aire entrara en sus pulmones—. ¿Qué voy a hacer? No sé… —Dio otro paso y se topó con el chico frente a ella. No se atrevió a mirarle, sabía que estaba haciendo un espectáculo lamentable pero no podía evitarlo. Bajó la cabeza y su frente rozó el hombro de Adrien—. No quiero que él se sienta solo sin mí…
Las lágrimas caían y sus hombros se agitaban. Mantuvo los brazos pegados, como barras de metal, a sus costados. Pero necesitaba apoyarse en algo o se derrumbaría del todo. Era capaz, dentro de su alteración, de notar la tensión en el cuerpo de su amigo pero no se preguntó al respecto.
Permaneció así, sin moverse más hasta que escuchó un sonido que provenía de él y no supo identificar. Después, las manos de Adrien se posaron con cuidado en su espalda.
—Eres muy buena por pensar eso —Le dijo en voz baja, de nuevo con esa voz tan grave—. Por preocuparte por él.
Porque estoy segura de que él también se preocupa por mí.
Tenía que calmarse, respirar hondo y sosegarse, pero no lo conseguía. Solo lloraba y lloraba sin parar. Se centró en el delicado movimiento de las manos del chico sobre su espalda y poco a poco, los gemidos se fueron espaciando. El aire llegaba a su pecho con más facilidad y el dolor de su garganta remitió un poco. Respiró hondo y un olor familiar llegó a su nariz. Su cuerpo sufrió una sacudida.
Y recordó.
Cuando Chat se quitaba el traje tenía un olor similar al de Adrien. La primera noche se había dado cuenta y de algún modo, le gustaba que ambos tuvieran eso en común. Ahora lo olía en Adrien pero le hacía pensar en el héroe. Casi era gracioso que fuera al revés. Aspiró hondo y su corazón se agitó sin dolor, así que cerró los ojos y se enfocó solo en eso.
Bueno, tal vez no solo en eso.
Porque no solo olían parecido, sino que Chat Noir y Adrien tenían una altura y complexión similares, tanto así que la sensación de estar en sus brazos era casi la misma. Era curioso o quizás no tanto… puede que por eso se hubiera enamorado de ambos.
Casi sin darse cuenta, giró la cabeza sobre el hombro del chico y siguió respirando profundamente con los ojos cerrados. Sus brazos subieron solos para rodear el cuello y su cuerpo se retorció buscando más contacto. Sus mejillas se encendieron y sintió algo de paz en su corazón.
Chat Noir…
—Sé que no es lo mismo pero… A mí puedes contarme lo que quieras, Marinette —Le susurró él, entonces. Acopló los brazos a la cintura de la chica y le rozó el pelo con su barbilla—. E intentaré responderte de la mejor manera.
. Yo no me iré a ningún lado.
Marinette parpadeó; el hechizo se deshizo antes esas palabras y se apartó para mirarle. El semblante de Adrien era firme, incluso apasionado.
—Me quedaré a tu lado… como tu novio falso.
—¿De verdad? —preguntó ella—. ¿No te importa que sigamos con la mentira un poquito más?
—¿Eh?
—Es que… no me veo con fuerzas de contarle la verdad a Alya ahora mismo —le explicó—. Empezará a hacerme un montón de preguntas y no sabría qué inventarme.
A Adrien se le escapó una sonrisilla, aunque su mirada era intensa. Recorrió su rostro unas cuantas veces, todavía con las manos alrededor de su espalda y asintió con la cabeza.
—No te preocupes —Se sacó un pañuelo de tela del bolsillo y se lo ofreció en un gesto amable y encantador que agitó el corazón de la chica—; seré tu novio… falso hasta que tú quieras.
—Gracias, Adrien — Y le sonrió, enternecida al tiempo que se secaba los ojos con el pañuelo—. Creo que me siento un poco mejor ahora.
Volvió a mirarla de esa manera, con afecto y cariño empañando sus ojos verdes y extendió las manos para abrazarla de nuevo. La chica se sorprendió un poco por esa manera impetuosa de estrecharla, se ruborizó aunque se sintió conmovida. Le devolvió el gesto, hundiendo la nariz en su hombro y aspirando despacio.
—Todo irá bien, Marinette —le dijo—. Lo prometo.
Adrien…
No le había hecho ninguna pregunta a pesar de todo lo que ella había contado. Tal y como prometió, escuchó sin más. No, escuchó y comprendió, o al menos eso era lo que ella percibía. Qué él la comprendía de alguna manera y por eso podía consolarla.
Y estaba agradecida por ello porque, en esos momentos, era cuanto necesitaba. Descargar su corazón y que alguien le dijera que todo estaría bien. Porque cuando él dijo esas palabras por una vez le sonaron reales. ¡Claro! Había hecho todo lo que se le había pedido y ahora tenía que poder descansar, mirando al futuro sin temor.
Abrazar a un chico y sentir mariposas sin temer que el mundo fuera a venirse abajo. Se apoyó en él y quiso descansar por fin. Pero entonces, un atronador rayo se escuchó fuera y las ventanas de la sala temblaron empapadas por la lluvia. Se había desatado la tormenta prometida, pero ellos estaban a salvo. Marinette apenas se inquietó, aunque sin querer, se acurrucó más contra el chico.
Sonó un nuevo trueno y esta vez, un chasquido retumbó por el edificio. Las luces de la sala se apagaron y quedaron a oscuras, salvo por el resplandor fantasma de los relámpagos.
Marinette sintió un vuelco en su corazón, tanto así que gimió asustada, pero Adrien la estrechó con más fuerza.
—Tranquila —susurró—. Solo se han apagado las luces… pero no pasa nada.
No pasa nada.
El sonido de la lluvia contra la piedra del edifico se convirtió en un murmullo envolvente, pero la oscuridad no resultaba opresiva. Marinette no estaba asustada, sentía la misma confianza y consuelo que aquella otra vez que abrazó a Chat en la oscuridad con el corazón pesaroso. Su olor en la nariz la reconfortaba, pero eran sus viejos sentimientos por Adrien los que la acunaban. Por más que ambos chicos siempre aparecieran a la vez en su cabeza, no estaba bien pensar en uno mientras estaba con el otro.
De algún modo consiguió sonreír y su corazón se expandió, aún doliente pero libre de miedos y temores. Se abría para dejar entrar de nuevo a la esperanza, a la ilusión… Por ese futuro que había visto en sus sueños y las palabras de Ladybug.
No te cierres al amor
Bueno, era pronto para pensar en el amor de nuevo. Incluso si sentía ese furioso cosquilleo por su piel al sentir las manos de Adrien en su espalda o el calor que él desprendía invadiéndola. Era pronto todavía. No necesitaba pensar en eso.
Solo necesitaba un poco más de ese olor… y las luces apagadas.
.
—Fin—
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.
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Hola ^^ ¡Feliz Halloween!
Pues hemos llegado al final, jeje. Qué raro después de tanto tiempo escribiendo y pensando en esta historia…
Como habréis notado, este ha sido el capítulo más largo de todo el fic, en parte he tardado tanto en actualizar por eso. Por otro lado está el hecho de que los finales me cuestan mucho y este especialmente, me ha tenido repasando y cambiando cosas semanas y semanas. Estoy acostumbrada a escribir finales más felices que este, pero tras mucho meditar este fue el único que se me ocurrió.
Sé que es un capítulo extenso, con mucho drama, pero espero haber resaltado también un rayo de esperanza gracias a ese bonito futuro que le espera a Marinette, a esa pequeña conversación entre los héroes de adultos y al hecho de que, bueno no es Chat Noir, pero Marinette termina en brazos de Adrien con la sensación de que todo irá a mejor. Personalmente creo que es así, Adrien y Marinette, como tal vez se resuelva el cuadro amoroso. Sin meter identidades cruzadas, solo ellos dos y sus sentimientos. En mi historia, Adrien llega a esa conclusión y no me cabe duda de que lo intentará y que Marinette responderá, aunque siempre guarde amor para su gatito.
Bueno, pues esto ha sido todo. 231 páginas en total ¡y pensar que todo esto salió de un Oneshot! Espero que os haya gustado, que esta historia os haya entretenido y divertido en el momento en que os hiciera falta y muchas gracias a todos los que habéis estado desde el principio y habéis aguantado hasta el final, jeje. Sin vuestro apoyo constante, semana tras semana, no sé si habría sido capaz de lograrlo.
Bueno, creo que he respondido a todos vuestros comentarios del capítulo anterior por MD, salvo a:
.ArianneLuna: Hola Como siempre, aquí tienes ya el capítulo. ¡Gracias por tus ánimos durante la historia! Besos.
.Manu: ¡Hola! Me alegro que te gustara el anterior capítulo, aunque fuera largo. Este me ha salido todavía más largo así que espero que buscaras un lugar cómodo para leer, jeje. Pues me gustó mucho el especial de NY porque estuvo repleto de Adrianette ^^ Y pienso que los creadores están empezando a mostrar los verdaderos sentimientos de Adrien por Marinette, así que estoy emocionada. No entiendo muy bien por qué después confirmaron el adrigami y el lukanette cuando apenas se mostró nada en el especial, pero bueno. Lo de los memes, no sé, supongo que pasa igual con todo, pero hay mucha gente que no disfruta nada con esos dos shipps y lo expresan así. No lo sabía, pero la verdad es que me alegro de que lo quitaran, aunque ahora tengamos que verlo en la T4. No me puedo imaginar que Luka y Marinette o que Adrien y Kagami hubieran estado juntos desde el principio, de ser así sería una serie totalmente distinta porque no existiría el cuadro amoroso y a lo mejor yo no habría escrito ningún fic sobre ellos. Gracias por tus comentarios ¡Hasta pronto!
.Mizuki09: ¡Hola! Espero que sigas estando viva, jajaja, porque el final se ha retrasado aún más, pero espero que igual te haya gustado lo suficiente como para revivir, jejeje. ¡Gracias por tu review anterior! Espero no haberte decepcionado con este final que no es del todo feliz, pero que abre la puerta a la esperanza, jeje. ¡Lo sé, yo también quiero que llegue la T4 para saber si todo lo que vimos en el especial es canon o no! Porque sí lo es, las cosas empezaran a ser distintas, porque Adrien ya se está dando cuenta de sus sentimientos por Marinette. ¡Habrá que esperar y ver qué pasa! En fin, muchas gracias por todos tus comentarios y por apoyar esta historia hasta el final. ^^ ¡Muchos besotes!
.Fega: ¡Hola! ¡Muchas gracias! Espero que el final te haya gustado y la espera haya valido la pena. Te agradezco mucho tus palabras y te mando muchos besotes. ^^
.JavierFloress: ¡Hola! ¡Muchas gracias por escribirme! Espero que el final haya sido lo que esperabas y te agradezco todo tu apoyo. ¡Besotes y gracias por leer!
Una vez más gracias a todos, espero que nos veamos pronto en una nueva historia. Pasarlo muy bien este finde, cuidaos mucho y nos vemos ^^
¡Muchos besotes a todos y a todas!
