Capítulo X


Una suave melodía se coló por la ventana de su habitación y Sakura abrió sus grandes ojos verdes.

La música era dulce y pausada. Los tonos agudos, casi como campanas, resonaban a lo lejos y una extraña emoción invadió su pecho.

Rápidamente aventó la colcha de la cama a un lado y de un salto aterrizó en el piso y avanzó hasta llegar a la puerta de su cuarto.

De puntitas alcanzó la manija y la giró abriendo la puerta con cuidado de no hacer ningún ruido.

Se asomó por abertura y al confirmar que no había nadie en el pasillo, la pequeña Sakura se lanzó en la búsqueda de la fuente la aquella hermosa melodía.

Persiguiendo notas invisibles aquella emoción la llenó por completo.

Como una sombra, bajó las escaleras de servicio y cruzó el patio, teniendo cuidado de que los soldados apostados en sus puestos de vigilancia no la vieran.

El volumen de las notas aumentó hasta que por fin llegó a la ventana que daba a la habitación de donde provenía la música.

En el patio, debajo de la ventana había una enredadera que subía por la pared así que la pequeña niña no perdió tiempo y con agilidad comenzó a treparla.

Trepar árboles o enredaderas eran de las cosas que tenía prohibidas pero tal vez por lo mismo se deleitaba al hacerlo.

Cuando llegó hasta la orilla Sakura asomó su cabeza.

Las notas la hacían imaginar el movimiento del agua, suaves olas chocando contra ellas mismas, una blanca espuma efervesciendo a la superficie. Nuevas notas se entrelazaron con las existentes y sobre el agua pudo ver en su mente un reflejo dorado, rosado, rojizo, nunca había imaginado aquellos colores, nunca los había visto en su vida pero por alguna razón esa música los invocaba como si siempre los hubiera conocido.

Sakura alzó un poco más la cabeza, había algo negro en la habitación y entonces recordó aquel piano junto al que había pasado innumerables veces, pero nunca había escuchado a nadie tocar. Y tras el piano había una mujer.

Su tez pálida contrastaba con el cabello oscuro que enmarcaba su rostro. Sakura nunca la había visto antes.

Sosteniéndose de la orilla de la ventana, Sakura se impulsó un poco más para tener un mejor ángulo de visión, y en ese instante una mujer mayor con cabello cano entró a la habitación a prisa.

"¡Nadeshiko! Sabes que deber cerrar la ventana antes de empezar a tocar." Exclamó y se apresuró hasta la ventana para cerrarla.

Al momento en que Sakura vio a la mujer acercarse supo que tenía que bajar un poco por la enredadera para evitar que la descubrieran, pero al instante en que la mujer dejó de tocar y alzó la mirada, la propia mente de la niña dejó de funcionar. Unos ojos verdes del mismo color que los suyos la miraban de regreso y el corazón de la niña dio un salto, a la vez que olvidó donde estaba y dejó de sostenerse de la enredadera.


Sakura abrió los ojos lentamente e inhaló el aroma salino que se colaba por la ventana de la mansión. Podía escuchar claramente el suave ritmo de las olas al chocar, era una melodía que siempre lograba tranquilizarla.

Parpadeó, mirando las líneas curvas de colores en el techo, que Tomoyo había pintado para ella hacía algunos años. Líneas amarillas, naranjas y violetas que se entrelazaban enroscándose entre ellas como si los rayos del sol estuvieran jugando entre ellos.

El simple hecho de estar en Xalos le había quitado un enorme peso de encima, estaba en casa y no tenía ganas de dejarla nuevamente.

Sakura se llevó la palma de la mano a la frente y exhaló. ¿Por cuánto tiempo? ¿Por cuánto tiempo podría permanecer en su amado hogar?

Suspirando, se puso de pie por fin y salió de su cuarto.

Descalza, sintió la suave y cálida arena bajo las plantas de sus pies y se deleitó en la sensación mientras avanzaba por la playa acercándose al agua turquesa que se extendía frente a ella. No pudo evitar la sonrisa que apareció en su rostro y aspiró nuevamente el fresco aroma a mar.

A unos metros de distancia vio la silueta de una persona, el agua cubría sus pies y parte de sus piernas hasta sus rodillas, el viento mecía suavemente sus cabellos alborotados, sus hombros estaban relajados, y cuando Syaoran volteó hacia ella como si supiera que era ella quien estaba tras él, el corazón de Sakura se saltó un latido.

Contrario a su traje oscuro, Syaoran únicamente llevaba puesto un pantalón holgado de algodón junto con una playera blanca que se ajustaba un poco a la altura de sus hombros y caía suavemente por su torso.

"¿Pasa algo?" su voz flotó hasta sus oídos y Sakura parpadeó un par de veces antes responder y acercarse a él.

"Es la primera vez que te veo tan relajado" dijo honestamente. Nunca lo había visto así y por ese instante sintió como si fueran dos personas comunes y corrientes encontrándose en la playa.

Syaoran curveó ligeramente sus labios y ese único gesto hizo de que de los propios labios de Sakura brotara una genuina sonrisa. "Te va bien"

"¿Relajarme?" preguntó él volteando todo su cuerpo hasta encararla.

Sakura asintió y avanzó hacia él sintiendo la frescura del agua subir por sus piernas.

"Podrías acostumbrarte rápido a esto, ¿no crees?"

Syaoran la miró y algo brilló en sus ojos antes de que desviara la vista hacia el mar nuevamente.

"Sería muy fácil" concordó.

Aquellas palabras ocasionaron una reconfortante calidez en su interior.

"Esta mañana me he encontrado con Kinomoto" dijo Syaoran. "Fujitaka" aclaró.

"¿Papá está aquí? Debió llegar en la madrugada" dijo ella pensativa.

"Es una persona… interesante"

Sakura lo miró de reojo y el gesto suave en la expresión del hombre reafirmó que el encuentro con su padre había ido bien. En realidad, no había estado preocupada ni por la reacción de Yukito ni por la reacción de Fujitaka al conocer a Syaoran. Touya sería un caso totalmente distinto. "Es muy amable, ¿no lo crees?"

Syaoran la miró nuevamente y curveó los labios en una muy sutil sonrisa. "Lo es, no lo hubiera esperado del líder de la resistencia"

Sakura dejó escapar una risa divertida. "Muchos piensan lo mismo. Pero nunca subestimes la fuerza que da el luchar por los que amas. Mi padre es amable y comprensivo, pero si se trata de luchar por justicia es el más feroz de todos."

"Lo admiras"

Sakura sonrió. "Es la persona a la que más admiro y más amo en este mundo. Daría lo que fuera por regresarle, aunque sea sólo un poco de la felicidad que me ha dado."

"¿Es por eso que fuiste a Noia? ¿A pesar de que sabías que te encontrarías con el emperador?"

Sakura parpadeó y su sonrisa se borró de su rostro. "En parte, aunque tal vez mis razones son un poco más egoístas que eso. Eso fue un intento de prevenir una catástrofe y a la vez poder quedarme a su lado."

"¿Me dirás a qué te refieres o ni siquiera tiene caso que pregunte?"

Sakura suspiró y pasó saliva. Sabía que no era lo suficientemente valiente para admitírselo a nadie… excepto tal vez a la persona que se encontraba junto a ella.

"Conoces el poder de ese hombre… ¿qué pasaría si se hiciera de un arma que pudiera destruir a la Resistencia desde adentro?"

Syaoran la miró con el ceño fruncido y Sakura apartó la vista nuevamente mirando hacia el horizonte.

"¿El poder de controlar a alguien?" preguntó y Sakura pudo sentir el latir acelerado de su corazón.

"Sí, el poder controlar a alguien que pudiera acabar con todos"

"¿Como yo?"

Sakura volteó la cabeza rápidamente hacia él un poco sorprendida por su línea de pensamiento. Era verdad, el hombre a su lado había sido controlado por aquel hombre por tantos años… Sakura resopló. Sí alguien lo podía entender era él.

"No hablo de ti precisamente Syaoran… ¿qué sabes del emperador?"

Syaoran parpadeó.

"¿Sabes algo de su pasado? ¿De cómo llegó al poder? ¿De cómo inició el imperio?"

"No" respondió él tras varios minutos en silencio.

"¿Sabes cual es el poder que tiene?"

"Puede controlar la mente de las personas y a la oscuridad, lo segundo creo que es similar a mi propio poder aunque totalmente diferente a su vez, pero es por ello que es capaz de ver la forma que toman mis sombras"

Sakura asintió.

"Siempre creí que era el único, pero tu también las ves… porque eres su hija"

Aquel vacío en la boca de su estomago se hizo presente pero volvió a asentir. "Hay una historia que Clow me contó una vez" dijo Sakura. "Hace muchos años, en el comienzo, los dos continentes estaban divididos en cuatro regiones, Yami, Ílios, Saglik y Ciffre.

Yami se encontraba en el extremo Noreste en el continente de Amunzia y por su ubicación la mayor parte del tiempo estaba sumida en total oscuridad. Es por eso que sus habitantes desarrollaron el poder de controlarla, aprendieron a vivir con ella hasta hacerla parte de ellos mismos.

Ílios por el contrario se encontraba en el extremo suroeste en el continente de Rankuu, ubicado en la región que recibía directamente los rayos de la estrella Solaris. La luz era tan intensa que para sobrevivir, los habitantes a su vez desarrollaron la habilidad de controlar toda aquella luz.

En las dos regiones que se encontraban en el medio habitaban seres humanos, quienes no poseían poderes mágicos como en las regiones extremas. Saglik colindaba con Yami y Ciffre con Ílios. Ambas regiones tenían la fortuna de tener parte de la luz y la oscuridad en sus días, sin que fuera algo tan extremo que no pudieran vivir con ello.

Por muchos años las cuatro regiones vivieron en paz. Y a lo largo de esos años personas oriundas de una región viajaron a otras, mezclándose y formando familias. El poder mágico de las familias mezcladas con seres humanos dio paso a personas con distintas habilidades, nunca tan poderosos como aquellos individuos descendientes de la luz o de la oscuridad. Pero sus habilidades eran distintas, personas con el poder para formar ilusiones visuales. Personas con el poder de manipular elementos físicos como el agua, la tierra, o el aire, quienes podían construir cualquier cosa en tiempos inimaginables.

Pero conforme pasaban las generaciones el poder mágico en la sangre iba diluyéndose y por lo tanto la importancia de quienes contaban con aquel poder en la sociedad fue haciéndose menor. En cambio, los nuevos descubrimientos tecnológicos reemplazaron a la magia en su mayoría. Y pronto la existencia de aquellos suficientemente poderosos como para controlar a la luz o la oscuridad se convirtió en mito.

Las cuatro regiones se dividieron en varias ciudades independientes las cuales conocemos actualmente. Se dice que Xalos se encuentra ubicada en la antigua capital de lo que fue Ílios. Kanibara forma parte de lo que antes fue Ciffre, Akkar es la antigua capital de Saglik y en lo profundo de Yami se encontraba la capital, Seikii.

"¿No era Noia la capital de Yami?" interrumpió Syaoran.

"No, Noia era tan solo una montaña en la frontera de Yami y Saglik. Únicamente con la creación del Imperio fue que la ciudad fue construida.

Se había pensado que Seikii había sido abandonada, que no quedaba nadie y por años y años no se supo nada de Seikii o de los que hubieran sido los habitantes de Yami.

Hasta que un día un individuo surgió de la nada, Kurota Ito.

Kurota se presentó en Akkar y de una manera que nadie pudo explicar, una de las más grandes ciudades de Amunzia cayó. No pasó mucho tiempo para que Kurota tomara por completo la ciudad y se declarara el nuevo gobernante.

Ningún territorio se esperaba este tipo de ataque por lo que estaban muy poco preparados para enfrentar el ejército que Kurota había formado tal parecía de la nada y así como piezas de dominó, las ciudades fueron cayendo una tras otra hasta que el continente completo de Amunzia fue conquistado y Kurota Ito se nombró emperador y en honor a la Antigua Yami nombró al imperio con el nombre de su capital.

Hay quienes dicen que sus padres poseían aun la sangre de los hijos de la oscuridad y quienes se preguntan que ocurrió con quienes habitaban en la ciudad original de Seikki y si hay más individuos con aquel poder. Pero si llegar a Noia es casi imposible, nadie nunca si quiera se ha atrevido a pensar en ir en busca de Seikki."

Sakura miró los ojos ámbar de Syaoran quien la miraba con curiosidad.

"Debe haber más personas originarias de Yami, probablemente mi familia era parte de ellos" dijo volteando a ver su mano la cual abría y cerraba en un puño, una nube oscura flotando a su alrededor.

Sakura sintió una punzada en el pecho, pero no dijo nada.

"Un objeto que es capaz de controlar a la oscuridad" continuó Syaoran pensativo, "eso fue lo que dijiste que buscabas. Algo que no puede controlar a tu padre pero sí a sus herramientas…" sus ojos se encontraron nuevamente y Sakura vio un destello de comprensión en ellos.

"Buscabas algo que podría controlar el poder que fluye en tu sangre." Dijo Syaoran finalmente.

Sakura exhaló, aquella tensión desvaneciéndose de su cuerpo al saber que alguien sabía por fin que su mayor temor era convertirse en la herramienta de aquel hombre. La posibilidad de que Kurota Ito y aquel poder que había despertado dentro de ella la utilizaran para destruir lo más preciado que tenía. "Sí"


Meiling avanzó hasta donde el hombre de cabello plateado se encontraba de pie observando un par de figuras a lo lejos en la costa.

No tenía ni siquiera que observar de cerca para saber quienes eran, lo que la sorprendió un poco fue la cercanía de ambos.

Todos aquellos años Meiling había observado a su primo a la distancia. Syaoran siempre se mantenía alejado de todos excepto de unas cuantas personas que podía contar con la palma de su mano.

Tras el escape de Sakura, tras lo que le había hecho el emperador, el número de personas había disminuido a una, Clow era el único al que le permitía acercarse, nadie más.

Meiling sabía que parte de aquello era su responsabilidad, porque lo que Sakura había dicho era verdad, Syaoran se había quedado en el palacio por ella. Por la promesa que Syaoran le había hecho a sus padres, de que la protegería a como diera lugar.

Las palabras de Sakura la habían hecho enojar porque sí, era verdad. Pero también era verdad que Meiling se había rehusado a huir del palacio con Syaoran por ella, por aquella mujer que se había convertido en alguien tan importante en su vida. La mujer que había estado con ella a cada paso después de que todo su mundo se viniera abajo.

También sabía a la perfección que había resentimiento en el corazón de Sakura y a pesar de saber que era sumamente injusto, no la podía culpar. De estar en su lugar estaba segura que ella sentiría lo mismo.

Meiling sonrió, si Nadeshiko pudiera ver en aquel momento a Sakura estaba segura de que estaría sumamente contenta. Su hija había sobrevivido y más aún, había encontrado un hermoso hogar y la familia que ella misma no le había podido dar.

Meiling apretó la bolsita que colgaba de su cuello contra su pecho.

"¿Se la darás?" preguntó Yue y Meiling lo miró de reojo, en aquellas semanas Meiling se había dado cuenta de inmediato de la perspicacia del sujeto. Tal vez era de pocas palabras, pero observaba todo minuciosamente y era bastante inteligente.

"Sí, cuando el momento sea adecuado" respondió.

Yue no asintió ni dijo nada.

"¿Cuál es tu relación con Sakura?" preguntó ella en cambio.

Los ojos plateados de Yue se dirigieron a ella, pero su posición no cambio, seguía de pie de frente a la playa.

"No es de tu incumbencia"

Meiling entrecerró los ojos. "¿La amas?"

Yue no se molestó en responder, pero Meiling vio el movimiento de su mandíbula al apretarla ligeramente y sonrió.

"No deberías dejarla sola con Syaoran si es el caso" dijo con ligereza.

"Y tú no deberías meterte en asuntos ajenos"

Meiling frunció el ceño. "Pensé que eras un poco parecido a Syaoran, pero creo que eres peor."

Yue le quitó la vista de encima. Y finalmente volteó y comenzó a caminar hacia la entrada de la mansión.

"No tardes en dárselo" dijo antes de desaparecer por la puerta.

Meiling sólo suspiró.


Syaoran observaba a Sakura hablando con Fujitaka mientras que no podía dejar de recordar aquel temor en sus ojos al confesarle la verdad. Sakura había arriesgado todo con la esperanza de encontrar algo que controlara el poder que había dentro de ella. Esa oscuridad que había vislumbrado en sus ojos aquella ocasión en el desierto tras el ataque de la criatura.

Syaoran no pudo evitar la curiosidad de saber cual era aquel poder que corría en su sangre. El poder de la oscuridad que debía ser mucho más fuerte que la suya. Y aun así, viéndola ahora riendo con Fujitaka apenas podía creer que Sakura era hija del emperador. ¿Cómo un hombre como él había podido darle vida a una persona como ella?

"¿Nunca te cansarás de observarla?" la voz de Meiling lo sacó de sus pensamientos y Syaoran volteó a mirar a su prima, no pudo evitar aquel rubor cubrir sus mejillas y carraspeó.

"No estaba observando a nadie, sólo pensando."

"En Sakura" repuso ella con una sonrisa socarrona y Syaoran consideró que era mejor permanecer callado.

"No tiene nada de malo ¿sabes?"

"¿El qué?"

Meiling rodó los ojos, "que te guste Sakura"

Syaoran alcanzó su vaso de agua tras el ataque de tos al atragantarse con el bocado de comida y cuando vio a los ojos verdes observarlo con curiosidad sintió su rostro arder.

"No es eso" respondió tras un momento en el que intentó reponerse de la sorpresa.

"¿Ah no?" Los ojos rubíes de Meiling no lo habían dejado de observar atentamente.

¿Por qué de pronto su corazón corría acelerado? Syaoran pasó saliva. "¿Qué fue lo que ocurrió entre ustedes?"

Meiling parpadeó y tras un instante una media sonrisa apareció en su rostro como diciéndole que sabía muy bien que había desviado la conversación sólo para evadir su pregunta, pero de igual manera le siguió la corriente.

"Nada, no directamente. ¿Te ha dicho algo?"

Syaoran pensó en las palabras que le había dicho Sakura. "Nada claro."

Meiling lo observó un largo rato mientras masticaba la comida en su boca.

"¿No recuerdas nada aun?"

Syaoran negó con la cabeza. "No realmente. Algunas imágenes, es todo." Sólo había un recuerdo que había recuperado tras el encuentro con el emperador en Noia. Aquel momento cuando Sakura suplicaba por que permaneciera con vida.

Meiling suspiró. "En el palacio, era una de las damas de la corte"

"Lo sé".

Meiling asintió. "Era una de las damas de la emperatriz Nadeshiko"

Syaoran parpadeó. Era la primera vez que escuchaba a alguien hablar de la emperatriz, la madre de Sakura. Nadie en el palacio hablaba nunca de ella y la única razón por la que conocía siquiera su nombre era por la lápida en el cementerio imperial. "Murió hace años, ¿no es así?"

Meiling bajó la mirada con nostalgia. "Sí, un par de años antes de que Sakura escapara"

"¿Cuál era la relación de Sakura con su madre?" preguntó con curiosidad.

Meiling mordió el interior de su mejilla. "A Sakura no le permitían ver a su madre"

Syaoran abrió los ojos sorprendido.

'Porque era una dama de la corte, tenía acceso a más personas de lo que a mí me permitían'

"¿Por qué?"

Meiling se encogió de hombros. "Creo que esa fue la forma del emperador para controlar a Sakura, pensó que eso le permitiría moldearla a su antojo tal vez"

"¿Y la emperatriz lo permitió?"

Meiling frunció el ceño con tristeza. "Se podría decir que no tuvo otra opción"

"¿Y tú, como llegaste a la corte? Sakura dijo que no querías irte."

Meiling alzó una ceja. "¿Eso te dijo?... es cierto, no quería irme, supongo que me tengo que disculpar contigo por eso, aunque no sé si tiene sentido dado que ni siquiera recuerdas que no querías que me quedara en Noia."

"Sakura dijo que me quedé en el palacio por ti"

"Vaya que te ha contado varias cosas ¿no?" un tono irritado tiño sus palabras y Meiling suspiró.

"Es cierto que una de las razones por las que te quedaste fui yo. Pero no fui tu única razón."

"¿A qué te refieres?"

"Sakura y yo tenemos la misma edad, y si bien Sakura estaba celosa de mí… debo admitir que al inicio yo también estaba un poco celosa de ella."

Syaoran ladeó la cabeza, el resto de la comida en su plato olvidada.

"Clow te hizo su protegido y por ende, cuando el emperador le ordenó entrenar a Sakura, los dos se convirtieron en sus discípulos aunque ella tan sólo tenía ocho años. Las habitaciones de la emperatriz daban al patio de prácticas ¿sabes? Aunque Sakura nunca lo supo Nadeshiko siempre la observaba de lejos, y yo con ella. Así que pude ver claramente como siempre la ayudabas a entrenar o como curabas sus heridas después de que Clow los dejaba tras los entrenamientos. Te comportabas como si ella fuera tu hermana pequeña y apenas tenías tiempo siquiera para verme, cuando yo era tu prima, no ella." Meiling dio un sorbo al vaso lleno de agua frente a ella. "Pero esa época de celos pasó cuando entendí lo que implicaba su posición, o como no podía acercarse a su propia madre. Entiendo que sus celos no desaparecieran a su vez, porque a sus ojos yo estaba ocupando su lugar."

Una hermana pequeña… tal vez Meiling tenía razón y se había quedado en Noia por las dos. Podía imaginarse queriendo proteger a una pequeña Meiling y una pequeña Sakura… Eso mismo sentía en ese momento. Su vista se dirigió por un segundo a la joven de cabello castaño quien le decía algo a Yukito. Aunque ahora no la podía ver como una hermana en absoluto.

Syaoran sacudió su cabeza. "¿Qué hay de tus padres o los míos?"

Meiling lo miró y pudo vislumbrar un dolor agudo en su rostro al tiempo en que negaba con la cabeza. "Tú y yo somos los únicos sobrevivientes" respondió con voz grave.

Syaoran frunció el ceño. "¿A qué te refieres? ¿El emperador mató incluso a las familias provenientes de Seikii?"

Meiling parpadeó. "¿Provenientes de Seikii?" preguntó confundida.

"Sakura me contó sobre la historia de las cuatro regiones, sobre Yami y Seikii."

Su prima asintió. "Clow también me contó esa historia"

"Si los habitantes de la Antigua Yami, es decir de Seikii son los únicos que aun tienen el poder de controlar a la oscuridad, quiere decir que nuestras familias eran provenientes de ahí, tal como el emperador."

Meiling negó con la cabeza. "La familia Li… tus padres eran los gobernantes de Akkar. La primera ciudad que cayó en manos del emperador."

Syaoran parpadeó, estaba seguro de que no había escuchado correctamente. "¿Qué?" fue lo único que pudo pronunciar.

Meiling se mordió nuevamente el interior de su mejilla. "Cuando tomó Akkar lo primero que hizo el emperador fue eliminar a las familias principales al mando de la ciudad, no quería dejar nada azar."

"¿Todas las familias?"

"Sí, incluyendo a tus padres, a los míos, a tus hermanas…"

"¿Entonces porque sobrevivimos?" Había algo extraño, algo que no entendía.

"Por Nadeshiko, ella nos salvó."

La imagen de una mujer de cabello largo oscuro y ojos verdes apareció en su mente por un instante.

Syaoran movió sus ojos de un lado a otro sin mirar realmente frente a él y frunciendo el ceño alzó su mano frente a su prima y la miró fijamente. "¿Puedes verlas?"

Meiling observó su mano y ladeó la cabeza en un gesto confundido. "¿Tu mano?"

Syaoran pasó saliva. "Mis sombras"

El brillo de comprensión apareció en sus ojos rubíes y negó con la cabeza.

"Eso quiere decir que alguno de mis padres era descendiente de Yami entonces."

Meiling sonrió con algo similar a lástima. "No Syao, el único descendiente de Yami del que se tiene conocimiento es el emperador, y bueno ahora Sakura. Nadie sabe que ocurrió con la ciudad de Seikii."

Syaoran frunció el ceño, cada vez que algo comenzaba a hacer un poco de sentido, todo volvía a tornarse confuso. Parpadeó y se encontró a si mismo mirando a Sakura nuevamente.

Y a ella mirándolo de regreso.