Semana 3 - semana au
Día 21 / sobrenatural
Fic Rukia, Demon Hunter
La detective espiritual, Rukia Kuchiki, está en búsqueda del nekomata de uno de sus clientes.
Olvidé subir este día, pero ya me voy a resarsir, tiene lime.
La puerta de la oficina estaba decorada con un enorme Ojo de Horus, eso significaba que esa no era la oficina de un detective privado normal, solamente los pocos y autorizados Detectives espirituales tenían permitido reclamar la protección de Wadjet. El trabajo de un detective espiritual es prestar ayuda a cualquier ser sobrenatural que la solicite, aunque el precio por esta ayuda no siempre están todos dispuestos a pagarla.
— ¿¡Sólo le pediste un dispensador PEZ de Chappy, el conejo!? ¿Estás loca o qué, Rukia?
— Pero vale mucho dinero y es de colección, Ichigo— Trató de razonar, en vano, la pelinegra con su asistente y aprendiz.
— ¿Pero cómo vamos a pagar la renta con un dispensador del estúpido conejo?
— Ese sólo es el pago inicial, Ichigo, y de la renta no te preocupes, de eso me encargo yo.
— Olvidalo, la última vez tuviste al tendero amarrado a la cama por varias horas.
— Pero le gustó y soy muy buena Dominatrix— Dijo Rukia mientras jugaba con sus dedos apenada de que Ichigo se hubiera enojado—, sólo le enseñé como se debe de hacer el BDSM.
— ¡Eso no tiene nada que ver y quedamos en que no lo volverías hacer! ¡Por eso yo me encargo de las negociaciones! ¡No quiero que el enfermo de Urahara te vuelva a acosar!
— Bueno, si alguien aceptara compartir energía sexual conmigo...— Lo dijo a regañadientes la pequeña pelinegra que, de hecho, era una medio súcubo que de cuando en cuando necesita absorber la energía sexual de su alrededor para sobrevivir. De ahí que su oficina se encontrara cerca de la zona roja de la ciudad.
— Ya te dije que no puedo, no quisiera perder el control de mi transformación— Ichigo, gracias a su magnífico oído de licántropo, escuchó lo que Rukia decía— sólo mi pareja podría resistir mi energía.
Rukia torció su cuello para que Ichigo no viera la decepción en su mirada. La rechazaba constantemente, pero también alejaba a cualquier potencial hombre que se le acercara, cuando lo hacían, que de por sí ya era raro.
Si tan sólo no fuera una mestiza— Pensó Rukia amargamente, no era nada raro que las criaturas mágicas, a menos de que requirieran de sus servicios, la evitaran como la plaga. Y le dolía más que Ichigo la rechazara, aunque tampoco le sorprendía, su manada ya debe de haberle escogido una pura sangre para que se convierta en su Luna y compañera, después de todo era el hijo del líder de su manada, prácticamente un príncipe.
— Bueno, ya no importa, ¿qué es lo que tenemos que hacer?
— Tú nada, sólo me vas a complicar las cosas— Dijo Rukia seria, mientras se ponía ropa adecuada para salir.
— ¿Qué? No vas a volver a escabullirte al casino de los Gnomos, ¿verdad?— La última vez que lo hizo Ichigo tuvo que rescatarla de un cuadrilátero de peleas clandestino, aunque encontraron a la sirena perdida y lograron negociar un contrato más justo para ella para que pudiera regresar al mar a ver a su familia cuando quisiera.
— Claro que no, voy a buscar a un nekomata perdido— Del bolsillo de su gabardina sacó la foto de un gato naranja con dos colas—, su nombre es Kon y es la mascota de mi cliente.
—... — Ichigo frunció el ceño ante la misión, por su naturaleza licántropa sólo terminaría ahuyentando al nekomata— Está bien, me quedaré a limpiar la oficina.
Cuando Rukia se terminó de poner sus botas se escuchó un gruñido bastante grotesco proveniente de la pelinegra.
— ¿Tienes hambre, Rukia?— Preguntó Ichigo, preocupado.
— No te preocupes, compraré algo de comer por el camino, no es nada.
— Está bien, cuidate, te estaré esperando aquí.
Si tan sólo está hambre se quitara comiendo— Pensó Rukia, preocupada, mientras salía de la oficina, dejando a Ichigo a cargo. Preocupada porque tenía meses sin alimentarse de energía sexual, por alguna razón estaba teniendo problemas para absorber la energía de la zona, y de cómo quedaría la oficina cuando regresara, Ichigo a veces abusaba de los químicos para limpiar.
Aunque, por el otro lado, todo quedaba muy brillante.
La misión fue fácil, Kon, el nekomata, fue muy dócil, hasta saltó a sus brazos. Tal vez su aura seductora la ayudó a atraerlo.
— Ahora sólo me falta llevarte con tu dueño— Dijo Rukia mientras le rascaba las orejas al gato mágico—, es extraño que un familiar huya de su dueño.
Rukia metió al nekomata en la caja transportadora que había traído. Sujetó la caja a su motocicleta, se montó en ella y perdió, por un corto momento, el equilibrio porque sintió una poderosa ola de hambre.
— ¿Oye, preciosa, no quiere venir con nosotros?— Le dijo un extraño, en evidente tono sexual, que venía acompañado de otros cinco hombres, todos atraídos por su aura y dispuestos a satisfacerla o violarla con tal de estar más cerca de su intoxicante aura.
Rukia miró al rufián, ponderando su oferta, tenía hambre, pero el tipo no le daba confianza; además le prometió a Ichigo que dejaría de acostarse con extraños en búsqueda de alimento.
Así fue cómo conoció a Ichigo, él la salvó de ser violada por un grupo de Tengu un día que se encontraba débil por la falta de energía. Aunque no alcanzó a hacer mucho cuando el Ojo de Horus lanzó su protección sobre ella y los Tengu fueron electrocutados por un rayo que les cayó encima. El rayo mágico, sorprendió tanto a Ichigo que le pidió que lo adoctrinara para poder recibir su protección, protección que deseaba extender a toda su manada. Tan deseosa de compañía estaba que no tuvo el corazón ni el valor de decirle que así no funciona el Ojo de Horus y que, sería mejor no recibir la protección Uadyet si no se quiere comprometer aún.
.
— No, gracias— Encendió su motocicleta y se fue antes de que la atacaran por rechazarlos.
— Eso fue rápido, Rukia.
— Te dije que no te necesitaba— Estaba algo mareada, pero no iba a dejar que Ichigo se diera cuenta—, me alegró de que no hayas tirado toda mi casa.
— No entiendo porque duermes aquí, pudiendo hacerlo en alguno de los lujosos apartamentos de la familia Kuchiki— Ese era uno de los aspectos que más lo confundían con respecto a Rukia, pertenecía a una de los clanes mágicos más ricos y poderosos existentes y aún así vivía en esa destartalada oficina, no sabía si tenía una casa propia. Tampoco recordaba nunca haber contestado una sóla llamada de parte de ellos o que ella los llamara. Era como si ella viviera aparte.
En respuesta, Rukia sólo se encogió de hombros, se tumbó en el tendido que era su cama y se quedó dormida rápidamente. Ichigo la tapó para que dejara de temblar de frío.
Ichigo no estaba seguro de si debería irse o no, Rukia últimamente no se había visto bien de salud y le preocupaba que algo sucediera mientras él no estaba. Su casa no estaba nada cerca y seguramente su padre lo retendría para hablar de su compromiso.
— ¿Ya te vas?— Dijo una voz chillona que él no reconoció.
Giró en derredor buscando el origen de la voz, sólo estaba el nekomata en su caja transportadora limpiándose su pelaje. Comenzó a olisquear en búsqueda de algún intruso, no iba a dejar a Rukia al alcance de la mano de algún pervertido.
— ¿Pregunté que si ya te vas?— Era la voz nuevamente.
La voz venía del nekomata.
— ¿Puedes hablar?— Ichigo se acercó con cuidado a la caja transportadora, no quería que utilizara alguno de sus poderes en él.
— ¿Hablas?
— Por supuesto— Dijo el gato de dos colas.
— ¿Entonces, cómo es que no hablaste antes?— Eso le intrigaba, perfectamente pudieron haberle preguntado antes por qué se escapó de su casa y en caso de necesitarlo, prestarle ayuda.
— Porque ella no me lo permitió— El nekomata se recostó dentro de la caja, con su cabecita encima de sus patitas—, bueno, su maldición lo hizo por ella.
— ¿Ella te maldijo?— Ella no debería poder hacer eso, ella nunca haría eso, ya la había escuchado hablar mal de aquellos que usaban maldiciones para controlar a otros.
— No...— La voz de Kon se estaba apagando—, la que— Bostezo— pesa sobre ella...
Ichigo se quedó paralizado, Rukia estaba maldita, eso no era posible, ella no actuaba de manera inusual, excepto que, en general, no dejaba que los seres mágicos se le acercaran, a menos de que fuera en su oficina. Tal vez él era la única excepción, porque no eran pocas las veces que lo había acompañado a comer, aunque ella no comía mucho o nada, alegando que ya había comido algo y estaba satisfecha.
— Explícate, por favor...— Le preguntó a Kon, pero sólo recibió pequeños, casi silenciosos, ronquidos de su parte. El nekomata se había quedado dormido.
Giró su cabeza para ver a Rukia, también dormida en su camastro, y luego al reloj que se encontraba en la pared. Ya pasaba la medianoche. Sería mejor regresar a casa, su padre no le gustaría que llegara tan tarde. Ya mañana le preguntaría a Rukia acerca de la maldición que él mencionó.
Mientras salía de la oficina de Rukia, se dio cuenta del lujoso automovil negro estacinado en la calle de enfrente. No era la primera vez que lo veía, en las últimas semanas estaba siempre estacionado justo enfrente de la oficina de Rukia. Recuerda que le llamó mucho la atención desde la primera vez que lo vio, no sólo por el lujo contrastante con la pobreza típica de un barrio con alta criminalidad sino también porque la gente que pasaba junto al carro actuaba como si no lo viera.
— Tche— Ichigo gruñó en frustración.
El carro estaba desocupado, siempre lo estaba, razón por la cual Ichigo nunca había podido confrontar al dueño y saber si tenía intenciones de lastimar a Rukia.
Ichigo se retiró, al no encontrar motivo para seguir ahí, por lo que no vio al hombre de largo cabello negro salir del carro que estuvo vigando con anterioridad y tampoco lo vio entrar, sin necesidad de utilizar llave, a la oficina de Rukia.
— Estúpido, hijo, ¿dónde estabas?— Lo recibió con una llave que lo tenía inmovilizado. Ya era demasiado con su costumbre de pasarlo lejos de la manada.
— ¡No te importa, viejo!— Ichigo trataba de romper el agarre que tenía su padre sobre él, pero la fuerza sobrenatural del líder de la manada le obligaba a doblegarse.
— Ya tienes que comportarte, tienes a tus hermanas preocupadas por tu mala educación— Le dijo Isshin, su padre y líder de la manada de los Blackcape, la más grande de todas, el país entero se considera bajo sus dominios.
— Lo siento, pero me tardé en salir del trabajo— Su padre aflojó ligeramente su agarre sobre Ichigo.
— Uh— Suspiró—, si tan sólo nos dijeras dónde trabajas o dejaras de poner pretextos para no comprometerte con Orihime-chan.
Ah, sí, Orihime, la chica más atractiva de la manada, y con la que su padre arregló su compromiso cuando el hermano de ella murió a manos de un grupo de hechiceros renegados, miembros del clan Sternritter, que intentaron usar su piel como ingrediente principal en uno de sus hechizos. Afortunadamente, el hechizo falló y todos los Sternritter involucrados perecieron. Desafortunadamente, Sora, el hermano de la bella chica, no sobrevivió.
— Ya te dije que trabajo con Unagiya y ya te dije que no estoy listo para tomar una Luna.
— ¿Y si mejor nos presentas a la chica que ves a nuestras espaldas, Ichi-nii?— Dijo otra voz, la de una de sus hermanas menores, que debería de estar dormida porque tenía clases temprano— Siempre hueles a ella.
— ¡Karin, deberías de estar dormida!— Ichigo la trató de regañar desde el agarre de su padre, que se volvió a apretar para que recibiera el regaño de parte de su hermana menor.
— Sí, Ichigo, ¿por qué no mejor no nos presentas a la chica con la te la pasas todo el día?
— ¡Ella es sólo una compañera de trabajo!— Estaba rojo, no quería ni había intentado hablarles acerca de Rukia.
— Pues ella huele a algo más que eso, Onii-chan— Ahora era Yuzu la que lo molestaba, lo cual era raro de ella, era la más tranquila de su familia—, parece que tratas de perfumarte de ella.
La más joven de los Kurosaki era tan escurridiza, por su aroma tan delicado, que ni se había dado cuenta de que ella estaba hincada a su lado.
— Hijo, si tienes algo con la chica sólo dínoslo y anularé el compromiso con Orihime-chan. No creas que no sé qué es lo que haces todos las noches en el baño, hasta te escuchó mascullar algo, y luego yo tengo que limpiarlo para que Yuzu no vea tus cochinadas, todo porque eres tan inutil que lo haces mal— Su padre finalmente lo soltó, más se escuchaba realmente preocupado por las indecisiones de Ichigo que molesto por limpiar algún resto de las fantasías que llegaba a quedar por limpiar con prisas.
— ¡Cállate, Papá, no sé de qué hablas!— Ichigo tomó nota de utilizar mejores aromatizantes y jabones. Tal vez también debería de usar inciensos.
— Tal vez no nos quiere hablar de ella porque es una mestiza— Concluyó Yuzu al ver la reacción de su hermano.
— No sé de qué hablas, Rukia no es una mestiza— Ichigo se cubrió la boca con las manos rápidamente por su desliz, pero ya era muy tarde les dijo el nombre de Rukia.
— ¿Así que se llama Rukia?— Dijo su hermana, Karin, mientras le picaba las costillas— Te lo tenías muy guardadito, ¿seguro que no te gusta y la escondes de otros machos?
— ¿Hijo, es por eso que no nos la quieres presentar?, sabes perfectamente que no tenemos problemas con los mestizos y que nos encargaríamos de mantenerlos a raya de ella.
— ¡Por supuesto que no! Rukia y yo no tenemos esa clase de relación y ya les dije que no es una mestiza— Ichigo, que tenía las mejillas enrojecidas desde el primer momento que dijo el nombre de Rukia frente a su familia, trataba inútilmente de cambiar el tema.
— ¿Entonces, no la traes a casa por qué no te le has declarado o porque ella te rechazó, Onii-chan?— Ahora era el turno de Yuzu para molestar a su hermano.
— ¡Basta!— Gritó Isshin a sus hijos, que inmediatamente dejaron de jugar entre ellos—, Ichigo, si no es un problema el que sea una mestiza, el fin de semana la traerás para que la conozcamos y le declararás tus sentimientos, o la próxima luna llena haré oficial tu compromiso con Orihime.
— Hermano, por favor mañana no vayas a trabajar o regresa temprano, recuerda que va a haber un eclipse lunar.
Con eso Isshin salió de la habitación y llevó a las niñas a dormir, tenían clases en unas cuantas horas, aunque saldrían temprano por seguridad. Ichigo, que se quedó sólo en la sala, estaba muy azorado e inseguro de querer analizar el motivo por el cual su corazón comenzó a latir alocadamente con el solo prospecto de invitar a Rukia a conocer a su familia o de que su padre se haya dado cuenta.
¡A mí no me gusta Rukia, a mí no me gusta Rukia, a mí no me gusta Rukia!— Se repetía Ichigo una y otra vez tratando de negar los sentimientos que guardaba hacia Rukia.
Cuando Ichigo regresó a la oficina a la mañana siguiente, notó un aroma que no estaba la noche anterior. Era el aroma de un hombre. Uno potente y poderoso que le ponía los pelos de punta a Ichigo.
¿¡Un rival!?
— Ichigo, ¿estás bien?, tus ojos están brillando— Era la voz de Rukia.
— ¿Eh?— No se había dado cuenta de que Rukia estaba frente a él de lo ocupado que estaba en buscar a la fuente del aroma. Él no se había dado cuenta de lo rígido que estaba, de que le dolían las puntas de los dedos porque se estaban volviendo garras, de que quería convertirse en lobo y arrancarle la garganta a alguien y después fornicar con una hembra, una en particular, la que estaba enfrente de él, hasta que ya no pudiera más.
— ¿Ichigo? Ahh...— Ella tomó una bocanada de aire y sus mejillas se sonrojaron deliciosamente y se abrazó a sí misma tratando de contener sus emociones, también, hace mucho que no veía tanto color en su rostro—, ¿en, ahh, quién estás pensando?
La piel de Rukia estaba perdiendo el tono cenizo que la había caracterizado desde que la conoció, se estaba viendo sana, floreciente, turgente, sensual... y esos gemidos, casi quería arrancarle la ropa y lamer cada centímetro de piel a su alcance.
Cuando ella mordió su dedo índice fue cuando salió de su estupor de un brinco que lo llevó hasta el final de la habitación y a chocar con alguien que estaba a sus espaldas y rebotar al suelo.
— ¡Oh, Dios!— La voz y rostro de Rukia cambió rápidamente a uno de preocupación y corrió en dirección de accidente.
Lo que Ichigo no esperaba era que Rukia, en lugar de ayudarlo a él, que estaba en el suelo, siguiera su camino y se acercara a un hombre alto y de cabello con rostro de preocupación.
— ¿Nii-sama, te encuentras bien? ¿El bruto de Ichigo no te hizo daño?
Ichigo estaba estupefacto, no se había dado cuenta de su presencia y mucho menos esperaba que Rukia reaccionara así, en especial porque era él quién estaba tirado en el suelo.
Lo llamó Nii-sama, ¿cómo que Nii-sama? Ella nunca me dijo que tuviera un hermano, ¡ni siquiera me habla de su familia— Pensaba Ichigo alarmado, lo poco que sabía lo había tenido que averiguar por cuenta propia revisando y acomodando los papeles de la oficina.
— ¿Nii-sama? ¿Rukia, quién es el estirado este?— Porque era la mejor manera que tenía Ichigo para describir al hombre pulcramente vestido y rostro, y podía admitir que entendía porque sus instintos reaccionaron del modo en que lo hicieron. El hombre era extremadamente guapo.
— Ichigo, no seas grosero con Nii-sama.
— No te preocupes, Rukia, el Lobo ni siquiera me ensució— Se sacudió ligeramente el saco con la mano para comprobar su estado.
— Pero, Nii-sama, Ichigo puede llegar a ser un bruto.
— Eh, los escuché— Se escuchó la queja de Ichigo pero ambos lo ignoraron.
— No me sorprende, los licántropos pueden llegar a ser muy vulgares— Byakuya mira severamente a Ichigo—, incluso si son el príncipe de su raza.
— Tienes razón, Nii-sama— Se volteó hacia Ichigo—. Ichigo, me tengo que ir a llevar a Kon con su dueño y me gustaría que atendieras a mi hermano en lo que yo regreso.
Ichigo no pudo evitar hacer una mueca, y lo intentó con todas sus fuerzas, ante la sola idea de tener que pasar unos minutos con el hermano, del que nunca había escuchado nada de Rukia.
— ¡Qué! ¿Por qué tengo que cuidar de este estirado?— Como respuesta recibió un librazo en el rostro por parte de Rukia.
— ¡Cállate y acompaña a mi hermano mientras se va!— Comenzó a ponerse un saco ligero que Ichigo no le había visto antes y que le sentaba muy bien— Y no olvides irte temprano a casa, no te preocupes si no regreso temprano.
— ¡No, espera!, necesito hacerle unas preguntas al gato— Trató de detenerla mientras ella tomaba la caja transportadora con Kon, que comenzó a sacudirse violentamente en su interior, y salía de la oficina.
— Ichigo, no digas tonterías, Kon no puede hablar— Le dijo desde la puerta—, me hubiera dado cuenta ayer que lo atrapé.
Ichigo se quedó estupefacto, Kon habló con él, no fue su imaginación. Se giró lentamente para ver al tipo llamado Byakuya y guardaron un silencio incómodo entre los dos. El silencio se mantuvo hasta que escucharon la motocicleta de Rukia alejarse de la oficina.
— ¿Cuál es tu relación con Rukia?— Preguntó Ichigo cuando notó que el semblante y el cuerpo de Byakuya se relajaron, hasta se veía cansado.
— ¿En serio eres el hermano de Rukia?— Ignoró la pregunta y contra atacó con la propia.
Volvieron a verse con antagonismo, casi se podía ver las chispas que saltaban por sus ojos.
Byakuya movió su mano y entre ellos apareció una mesa de té, con el servicio completo.
— Sentémonos, creo que tenemos cosas de qué hablar.
Ichigo, con dudas, tomó una de las sillas recién aparecidas, se sentó frente a su interlocutor y comenzó a verlo con mayor cuidado. El hombre, Byakuya, tenía un porte fino, aristocrático; su cabello, con esos kenseikan que Ichigo no había notado con anterioridad, lucía lustroso, típico de un noble.
¿Qué tan ricos eran los Kuchiki como para pagar una bufanda del finado Tsujishiro Kuroemon III, que rodeaba el cuello de Byakuya, pero no para mejorar las condiciones en las que vivía Rukia?
— Tengo muchas dudas, por ejemplo, ¿por que nunca te mencionó Rukia o la llamaste?— Comenzó Ichigo.
Byakuya le sirvió a Ichigo una taza de té que éste tomó dudoso, no le gustaba el té, lo encontraba muy amargo y no confiaba en que no estuviera envenenado. Muchos hechiceros se encargaban de sus enemigos de ese modo.
— No creo que Rukia me hubiera podido mencionar, ni siquiera podemos vernos con regularidad por su maldición.
— Kon también mencionó que ella estaba maldita, no entiendo, ella me parece normal.
Byakuya bajó violentamente su taza en la mesa lo que asustó a Ichigo. Si antes el Kuchiki lucía serio y severo, ahora lucía lívido, tan lívido como puede lucir alguien cuya expresión es inexistente.
— ¿Acaso no te diste cuenta de que no podía moverme en la presencia de ella o de que nadie se le acerca? Salvo tú, que no entiendo cómo lo haces.
Era cierto, mientras estuvo Rukia, Byakuya apenas y se movió, se veía tieso, aún más de lo que se nota que es.
— Por tu silencio me doy cuenta que no sólo eres vulgar, también eres tonto— Dijo Byakuya con un suspiro de derrota,
— ¡Ey! ¿Cómo te atreves?
— Kurosaki, quiero saber cuáles son tus intenciones para con mi hermana.
— ¿Por eso viniste?
— ¿Si no por qué más? No puedo estar mucho tiempo cerca de ella sin agotar mi poder espiritual, incluso, sólo puedo entrar en su inmediación cuando ella está inconsciente.
— Ella sólo es mi amiga— Dijo Ichigo quedito y mirando uno de los cuadros de la pared, que de repente le había llamado mucho la atención.
— Mientes, pero supongo que no eres tan inmune a la maldición como creía, los lobos no suelen negar sus propios sentimientos.
— Ya deja de decir que está maldita ¡Explícate!
Byakuya soltó un largo suspiro antes de comenzar a hablar.
— Rukia no es mi hermana. Ella es mi cuñada, hermana menor de mi difunta esposa— La mirada de Byakuya mostró algo de tristeza—. La adopté como mi hermana para tratar de protegerla, pero no funcionó, no la pude proteger de mi familia ni de sí misma.
— ¿De sí misma?— Ichigo sintió sudor comenzar a recorrer su espalda.
— Hace unos años— Continuó Byakuya—, debido al rechazo de los ancianos de mi clan, trató de eliminar su parte humana, pero...
— ¿Pero?
— No funcionó, ella se convirtió en una especie de sifón y, a la vez, obtuvo una debilidad que se esparce a su alrededor. Tuve que volverla en Detective Espiritual, otra maldición, pero que mantiene a raya la anterior.
— N-no lo entiendo— Le comenzaron a temblar las manos a Ichigo, parte del té, que ya se había enfriado, cayó sobre la mesa.
— Todos los Detectives espirituales están malditos, de un modo u otro, y el poder de la efigie que los representa, aleja el mal y protege al detective al costo de alejar aún más a todos los seres.
— Eso debe de ser porque es una mestiza— Dijo Ichigo, no era raro que los mestizos fueran alienados por la sociedad mágica, eran inestables y hasta peligrosos. No para los licántropos, pero sí pero muchas otras razas mágicas—, eso es normal, todos los seres mágicos evitan a los mestizos por estúpidos— Trató de razonar.
— No, no, no, niño, que los seres mágicos eviten a los mestizos por temor a explosiones de poder no implica que estos pierdan su poder ante ellos, ¿estás seguro de que no sientes algo por mi hermana?
— ¡Claro que no! ¡Ella sólo es mi amiga!
— Es una lástima, creo que ella siente algo por ti. Espero que lo tuyo sólo sea negación— Byakuya se levantó de su lugar y con un movimiento de su mano desapareció la mesa y se dirigió a la puerta.
— No estoy en negación— Esto último ya lo murmuró.
— Lo que digas, Kurosaki— Se notaba que no le creía—. Cuidate, hoy hay eclipse lunar.
Ichigo lo siguió para hacerle entender de que no estaba en negación para darse cuenta de que se subía al auto lujoso que tenía semanas estacionado frente a la oficina. Tanta fue su sorpresa que no reaccionó hasta que Byakuya ya se había ido.
— Por eso sabe mi apellido, ¡el muy maldito nos estuvo espiando!
El gato dentro de su caja no dejaba de moverse violentamente, en especial cuando llegaron al área residencial de lujo de su dueño. El cliente de Rukia, el espiritista Don Kanonji, decía ser un hombre modesto, a ella no le parecía por lo lujoso del edificio de apartamentos, en especial porque su apartamento era el penthouse de dos pisos y terraza privada con la mejor vista de ese lado de la ciudad.
— ¡Srita. Kuchiki, logró encontrar a mi adorado Kon! You are really WON-DE-FULL!— La recibió con inusitada alegría.
— No fue muy complicado, Sr. Kanonji, aunque no entiendo porque se está comportando así de repente— Dijo mientras ponía la caja transportadora en el piso.
— Bueno, eso es porque eres una chica muy linda, Srita. Kuchiki, y Kon es un pervertido— El hombre miraba muy seriamente al Nekomata—, no es la primera vez que intenta algo como esto.
— Ya entiendo— En realidad, Rukia mentía, si no fuera por su poder de atraer y despertar los instintos sexuales de los seres a su alrededor no entendería porque otro la consideraría atractiva. Ichigo la primera persona con la que quiso usar activamente no funcionó, incluso la regaño. Curiosamente, eso le agradó más porque significaba que Ichigo trabajaba con ella por voluntad propia y no bajo la influencia de algo que no estaba bajo su control.
— Aquí tienes— El espiritualista puso frente a Rukia un maletín muy pesado—, tu muy bien ganada paga.
Rukia lo abrió para revisar que su contenido fuera el correcto: los juegos de muñecos y edición ultra limitada Happy Chappy Wedding Day y Happy Chappy Traditional Wedding Day en sus cajas de madera lacrada... ah, sí, y cinco mil dólares para pagar las cuentas.
— Gracias, Sr. Don Kanonji, fue un placer trabajar para usted.
— No, Thank You, Little Girl! Gracias a ti recuperé a mi pequeño Kon, aunque él preferiría que yo fuera una chica hermosa.
— Fue un placer buscarlo, me divertí mucho rastreándolo— No era cierto pero no quería parecer grosera—, bueno, ya me tengo que ir.
— Ah, un momento, Srita. Kuchiki— Kanonji la detuvo antes de que entrara al ascensor—. Como detective espiritual debe encargarse de mantener el orden del mundo espiritual, ¿cierto?
Rukia retrocedió sus pasos, si bien no siempre estaba obligada a intervenir en los asuntos de las criaturas mágica, muy por el contrario, debía de mantenerse alejada para no causar mayores conflictos, el hecho de que se lo preguntaran directamente era un indicativo de que tal vez tendría que hacerlo.
— Eso depende de lo que se trate, Sr. Kanonji— No daría fácilmente su brazo a torcer— , ¿por qué?
— Es que antes de que la contratara para encontrar a Kon escuché algo que pareció preocupante, very worrisome.
Rukia se paró enfrente del espiritualista.
— Dígame qué escuchó.
Ichigo vio el reloj de nueva cuenta. 1:38 p.m.
Rukia no había regresado, quería preguntarle acerca de las cosas que le dijo Byakua. Tenía el tiempo limitado, pronto tendría que irse y tenía hambre.
— Rukia se está tardando mucho.
Su estómago le gruñó molesto, como licántropo requería ingerir muchos más alimentos que una persona normal y no había almorzado por esperar a Rukia, que debía de regresar pronto.
Ichigo suspiró, no tenía nada que hacer, el corazón lo sentía oprimido y le picaba la piel. Tal vez por el eclipse lunar que ocurría esa noche o por la reacción exacerbada que tuvo ante la presencia de Byakuya.
Volvió a marcar al celular de Rukia para darse cuenta de que el teléfono con la estúpida carcasa de conejo se le había olvidado y estaba incomunicada.
— Será mejor que vaya a comprar algo— Dijo rendido.
Rápidamente le escribió una nota a Rukia diciéndole que iría por algo de comer y que le traería algo.
— ¿Qué sabes de lo que sucederá esta noche?— Preguntó Don Kanonji
— Habrá un eclipse lunar, nada más irregular que en otros días del año. Los únicos que se ven afectados son los licántropos.
— Esa es una verdad a medias, Srita. Kuchiki. Los hechiceros y espiritistas utilizan esas noches para cosechar ingredientes especiales y el eclipse de esta noche será muy especial.
— ¿Qué tan especial?
— Uno de penumbra total, ocurren tres en cada siglo.
— Entiendo, ¿y por qué debo de preocuparme por el eclipse en esta ocasión?
— Los Sternritter aún desean despertar a Yhwach.
Yhwach, se cree, era un hechicero que se convirtió en domenio al tratar de conquistar el mundo mágico. Se lo venció al quemarlo hasta que si piel quedó tan dañada que no le quedó de otra que irse al inframundo.
— Nunca han podido revivirlo— Continuó Kanonji—, pero el rumor dice que hoy cosecharan el ingrediente que les hace falta.
— ¿Qué es lo que buscan?
— La piel de un cambiante.
Rukia tenía horas comunicándose a las sedes licantropas para asegurarse de que todos los cambiantes (lobos, zorros, mapaches...) se encontraban encerrados y seguros. Independientemente de si el famoso ritual funciona o no, los Sternritter creen que sí y tratarán de matar y desollar a todo cambiante que se encuentren en su camino para alcanzar tal objetivo. Le agradecía mucho a Don Kanonji por prestarle su estudio cuando se dio cuenta de que había olvidado su celular en su oficina. Desafortunadamente, le faltaba un cambiante por contactar...
Rukia entró acelerada a su oficina, de todos los cambiantes, Ichigo era al único que aún no regresaba a su base y no había podido contactar con él.
— ¿Ichigo?— Rukia gritó, buscando al joven.
El silencio fue la respuesta que recibió, la oficina estaba a oscuras, pero no estaba cerrada, lo que significaba que llevaba mucho tiempo vacía.
Temblando tomó su celular, que encontró en la mesa, y marcó a dónde fuera que viviera Ichigo. Número que de por sí no debería tener, porque Ichigo no se lo había dado.
— ¿Bueno? ¿Diga?— Le contestó una voz suave y dulce.
— ¿Se encuentra Ichigo en casa?— Ella rogaba que la voz le dijera que sí, que él estuviera a salvo, así ella podría descansar, al menos un momento.
— Disculpe, ¿quién habla?— La voz se puso nerviosa.
— ¡¿Está o no Ichigo en casa?!
— N-no, no ha llegado al hangar, ¿quién habla?
Rukia guardó silencio, se había dado cuenta de que estaba gritando.
— ¿Señorita? ¿D-dónde e-está mi herm-mano?
— Soy Rukia, Ichigo trabaja para mí— Eso pareció calmar un poco a la voz en el teléfono.
— ¿Está todo bien? Mi papá ya va a cerrar el hangar.
— Yo me encargaré de que así sea.
Le colgó el teléfono antes de que la chica le pudiera hacer más preguntas, una que no podía contestar sin volver a alterarla.
Salió de su oficina, tal vez Ichigo había ido a comer, siempre tenía hambre.
Dio una vuelta en uno de los callejones que llevaban al restaurante al que ella e Ichigo les gustaba ir cuando tenían dinero. No avanzó mucho cuando se encontró con un batidillo de comida en el suelo. Obviamente atacaron a alguien.
Era muy obvio para ella que los Sternritter se habían llevado a Ichigo.
No dejaría a uno sólo con vida.
Ichigo despertó, ignoraba dónde estaba, pero sabía que lo habían atacado con magia especial, porque no cualquier tipo de magia le debía de haber afectado.
¿Qué habrían usado?
Debía de seguir bajo sus efectos porque seguía sin poder mover sus extremidades, aunque podía mover sus cuello y ver el lugar dónde se encontraba. Se encontraba rodeado por una enormes piedras en formación, iluminado únicamente por la luz de la luna que pronto se encontraría encima de él.
— ¿Ya está todo listo para la cosecha?— Escuchó la voz de un hombre joven preguntar, se mantenían lejos de su vista, pero podía percibir un punzante olor a hierbas e inciensos.
— Sí, sólo falta que la luna entre en penumbra, Amo Haschwalth.
¿Cosecha? ¿Qué van a cosechar?
— En ese caso comencemos la exaltación.
Lo próximo de que Ichigo fue consciente fue de una corriente eléctrica recorrer todo su cuerpo y el dolor típico al cambio de forma.
Rukia estaba detectando las energías mágicas que estaban en el aire para poder encontrar a Ichigo. Los Sternritter debían degenerar mucha energía mágica para poder cosechar a Ichigo, desgraciadamente el eclipse de luna estaba alterando tanto las energías que le era imposible discernir entre una y otras, estaban tan entremezcladas que no podía determinar el origen y final de ninguna.
— Creo que no me queda de otra.
Abrió el frente de su camisa para revelar un tatuaje en tinta roja. Era el sello de la maldición del Ojos de Horus el cual comenzó a brillar y a desvanecerse poco a poco.
Rukia cayó al suelo, presa del dolor.
Ichigo no pudo luchar más en contra del hechizo que lo tenía sometido, trató con todas sus fuerzas negar esa energía que le exigía dejar salir a su lobo interior que estaba sediento de sangre, sus dientes le dolían de tanta saliva que se acumulaba en su boca, a la que le estaban saliendo sus colmillos.
En el suelo había un círculo mágico que emitía una brillante luz roja, en el centro se encontraba Ichigo, completamente desnudo porque su ropa no había resistido su fuerza. El círculo cumplía con tres funciones, la primera obligarlo a transformarse en su forma primaria de lobo, hasta el momento había mostrado una resistencia increíble, estaba atrapado en su forma secundaria, a la mitad de ser un lobo y un humano. La segunda era sacar y concentrar sus instintos más básicos, y que se veía reflejado en la forma en la que se encontraba. Y la tercera, y más importante función, evitar que escape y ataque a los hechiceros que lo tienen prisionero.
— Que fuerte es el ingrediente, amo Haschwalth, se niega a convertirse en lobo.
— Será una excelente piel para nuestro Gran Señor.
Él ya no veía colores porque estos habían cambiado, la luz era más brillante y todos los aromas imposiblemente potentes, tanto que casi veía a través de ellos. Estaba rodeado por veinticuatro figuras encapuchadas de blanco a las que les quería arrancarles gargantas de una mordida de lo apestosos que eran, le haría un favor la humanidad al deshacerse ellos.
Los cánticos que salían de sus gargantas eran molestos, sentía que le taladraban los oídos. Desafortunadamente, cada vez que trataba de atrapar a una de esas figuras era repelido por la barrera que lo regresaba al centro del círculo mágico.
Los cánticos lo estaban agotando, pronto perdería el conocimiento y su lobo tomaría el control para protegerlo lo mejor que pudiera. O así sintió que sería hasta que le llegó un aroma dulce, mas no empalagoso; sensual y conocido; uno que hacía que le salivara la boca por una razón completamente diferente, por un instinto por el que nunca se había dejado llevar. Tampoco ayudaron los repentinos gritos de terror de sus captores y el sobresaliente olor a hierro que siguió al silencio sepulcral de las voces cantoras.
El claro en lo más profundo del bosque era un extraño ideal para una cosecha como esta, tanta energía mágica en un sólo lugar volvería cualquiera que fuera el objeto a cosechar en un conducto extremadamente poderoso, casi tendría el nivel de una reliquia.
Rukia aterrizó suavemente sobre sus talones detrás de los montículos de rocas que servían como círculo mágico exterior para los Sternrittper. Los podía ver a la distancia, cubiertos con esas estúpidas túnicas blancas en un pésimo intento de esconder sus identidades. Les funcionaría si no fuera porque su líder, Jugran Haschwalth, se había quitado la suya.
— Maldito soberbio, seguramente cree que ya ganaron.
Rukia tomó una bocanada de aire para controlar sus emociones al ver a Ichigo sufriendo la transformación forzada. Tendría que tener cuidado con él, seguramente sus instintos se encontraban a flor de piel, cualquier movimiento que hiciera podría hacer que la atacara a matar.
Dio un paso dentro de la barrera, que al intentar detenerla, la atacaba con descargas eléctricas que parecían no hacerle nada. Cada paso que la internaba en la maraña de barreras, estas se iban rompiendo, parecían vidrios que cedían ante la presión. Poco a poco comenzó a tomar velocidad y a convertir sus uñas en garras.
Su ataque fue tan preciso y fino que no se dieron cuenta que ella estaba ahí hasta que ya había bañado su mano con la sangre de su líder. Con su cabeza en mano saltó de un lugar a otro con tanta velocidad que sólo tuvieron tiempo de gritar aterrados antes de que sus cercenadas extremidades formaran una lluvia de sangre y vísceras que cubrieron toda la circunferencia del círculo mágico.
Se hincó para recuperar el aire, no porque estuviera agotada, sino porque si se vió afectada por la barrera, sus instintos básicos se estaban saliendo de control, cuando rompiera la última barrera, la que retenía Ichigo, y en ese momento vendría la verdadera batalla.
Dirigió su mirada a Ichigo, que se encontraba en un estado entre mitad lobo y mitad humano. Él la miraba tan fijamente que sentía que la atravesaría. Esa mirada la hacía temblar hasta su centro, vibraba placenteramente y sus muslos escurrían con la duda del origen de esa mirada que nunca había visto en salir de sus ojos.
— ¿Ichigo?
Él gruñía y babeaba sin quitarle la mirada, ya había escogido su presa y era ella.
Hipnotizada con el brillo dorado de sus ojos, estiró su mano hasta tocar la barrera. Sintió como ésta se rompía bajo sus dedos y después como el fornido y duro cuerpo de Ichigo se abalanzaba sobre ella.
— Ahh... d-detentee...
La lengua de Ichigo se dedicó a limpiar con su lengua la sangre en cada centímetro de piel disponible, y la que no le arrancaba la molesta tela que le impedía saborear a la hermosa mujer que, a su vez, rasguñaba su espalda con sus afiladas garras. Ella podía sentir su falo endurecido presionar intermitentemente entre sus piernas, mientras él daba diestros lametones y mordidas a sus tetas.
— N-no, ah, s-sab-bes l-lo q-que haces...
— Rukia... mía...
Ichigo le abrió bruscamente sus piernas mientras se hacía un camino al ansioso coño. Rukia sentía que se desmayaba del placer que le daba esa lengua.
— N-no lo hag-gas...ah... n-no es l-lo que d-deseas...ah— Gemía al sentir a la rasposa lengua estimularla.
— Sí lo deseo, siempre lo he deseado.
Ella no podía entender cómo es que Ichigo sonaba tan centrado, sus instintos debían de estar alterados, no debería de ser capaz de formar oraciones debido al hechizo que usaron en él.
— N-no quiero, ahhh, q-que te arrepientas— Ella le jalaba el cabello mientras mientras él jugaba con su clítoris.
— Nunca— dijo entre lametones, Ichigo sólo podía pensar en somer, especialmente de someter a una hembra, de marcarla cómo propia con su simiente, y asegurarse de que nunca más se pudiera alejar de él. Y sólo había una mujer a la que había deseado someter—, eres mía, sólo mía.
Rukia lo jaló de sus cabellos hasta llevarlo a su boca. Sus lenguas batallaron por el control del otro por un rato hasta que Rukia mordió el labio de Ichigo con tanta fuerza que lo hizo sangrar.
— Y tú eres sólo mío.
Apenas y le dio tiempo de ver la dentuda sonrisa de Ichigo antes de que él atacara su cuello con una mordida y se enterrara con violencia en su coño.
No tardaron mucho en perder la conciencia después de eso. Todo se volvió blanco, ya sólo quedaban los instintos de apareamiento entre ellos.
El sol de la mañana cayó sobre dos cuerpos inconscientes que seguían enredados y desnudos, respiraban acompasadamente y no se veían listos para soltar al otro.
— ¿Con qué aquí estaban?— Una molesta voz comenzó a sacar a Ichigo de sus dulces sueños por lo que abrazó el cuerpo entre sus brazos con mayor fuerza.
— ¡Papá, vas a despertarlos! Se nota que pasaron una noche muy dura— Dijo una voz dulce.
— No estoy segura de que fuera tan dura— Se burló otra voz femenina.
— ¿Cómo dices eso, Karin? Están desnudos y llenos de rasguños.
— Basta, niñas— Les habló serio la voz masculina—, informen a los otros rastreadores que ya los encontramos.
Se escuchó el crujido de huesos y luego dos lobas jóvenes internarse en el bosque seguido de aullidos.
— Ay, estúpido hijo, ¿ahora cómo le digo Byakuya que te emparejaste con su hermana sin el debido cortejo?— Las brillantes mordidas en los cuellos de la pareja era la característica más importante entre ellos.
