Hola de nuevo lectores!,

Infinitas gracias por continuar conmigo durante esta historia. ¿Que les está pareciendo? Me gusta que sea una historia agridulce, creo que eso la hace un poco diferente a las demás y es algo refrescante .

Lana Winter. Si, tratare de ir subiendo varios capítulos a la vez porque deje la historia durante un tiempo por contratiempos en mi cuenta, asi que quiero recompensarlo, además quiero adaptar otra historia en un futuro pero primero quiero acabar esta. Aún falta le faltan muuuchos capítulos ;). Espero que no sea cansado leerlos.

Andy cma. Es algo por lo que me gusto la historia, cosas que no esperas respecto a los personajes y aún faltan varias revelaciones, espero poder seguir contando contigo como lectora.

Erciel. Hola! En este capítulo ya hay un acercamiento más íntimo entre Ichigo y Rukia (pronto el frutidelicioso mas explicito jajaja)

Declaimer: Bleach y todos los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.

La historia es propiedad de Saffron A Kent, esta es solo una adaptación con fines de entretenimiento.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Rukia

Es Sábado y estoy en Las Noches con Momo, Toshiro e Izuru. Encontramos una mesa en la parte central del bar y Momo deja caer una enorme bolsa con cosas en ella. Es noche de improvisación y ella está a cargo de los elementos que se usaran.

—Explícame una vez más por qué necesitas esta gigantesca bolsa — dice Izuru, sacándose el abrigo y colgándolo en la silla en la que se sienta.

Toshiro le da una mirada de enfado —Ella tiene los objetos para improvisar ahí, idiota—. Momo sonríe complacida, con sus ojos en la bolsa mientras busca algo. Es adorable lo tímida que es frente a él.

—¿Y por qué no les enseñas una imagen o algo en tu teléfono?— Choca el hombro con el mío —Apóyame aquí, Rukia. Esta jodida bolsa es una monstruosidad—.

—En realidad, no tengo problema con eso— digo —Es algo divertido mirar el objeto mientras escribes sobre él—. Me encojo de hombros y le quito importancia.

Cuando Momo me contó sobre la noche de improvisación, mi primera reacción fue desinteresada, últimamente no tenía ganas de hacer muchas cosas. Han pasado seis días desde que lloré frente a él, que le conté mi fea historia de amor, y prácticamente lamí su mano, intentando saborearlo.

La puerta del frente del bar se abre, y entra Bambietta Basterbine, seguida de Ishida sensei e Ichigo.

—Hola, chicos—. Ishida sensei nos saluda con su alegre voz, cuando pasa a nuestro lado. Se escucha un coro de risas y "Hola sensei" en la habitación.

Sin prestarle atención a nadie, Ichigo se separa del trio y se dirige a la barra, ordena su bebida y se sienta en el taburete, sus largas piernas montando el pequeño asiento a horcajadas. Se quita la chaqueta, revelando una camiseta gris que se pega a sus hombros y bíceps. El camarero le coloca un Martini de chocolate frente a él, y aparto la mirada avergonzada. Su debilidad por el chocolate despierta algo salvaje y cálido dentro de mi estómago. No he pensado en lo que voy a hacer el lunes en su clase. ¿Regresaré a clases? ¿Me esconderé y nunca mostraré mi rostro de nuevo?.

Momo se levanta a un lado de mí, saludo a todos los presentes, y explica las reglas. Busca en su bolsa y saca algo.

—Así que nuestro primer objeto es esta botella de salsa picante. Tienen que escribir un poema corto, no más de veinte líneas, con lo que sea que les venga a la mente—.

Mi primer pensamiento es que odio la salsa picante. Soy más una persona que ama lo dulce. De hecho, soy la única persona que ama lo dulce en mi familia. Ese pensamiento me hace recordar a Renji; me hace consiente de mi teléfono mi chaqueta. Desde esas llamadas perdidas en el Café Karakura, ha llamado más veces, pero no he respondido. Estaba esperando que dejara un mensaje o algo para saber qué quería, pero no lo ha hecho. ¿Por qué continúa llamándome?

Momo da un golpecito a mi codo y me dice que comience a escribir. Cierto, salsa picante. Muerdo mi pluma, tratando de pensar… no, tratando de sentir. ¿Cómo me hace sentir la salsa picante? Cierro los ojos y lo primero que veo es el rostro de Ichigo. Su hermosa e intensa mirada. Cómo cada molécula de mi cuerpo, cada centímetro de mi piel quema cuando está cerca.

Con la respiración entrecortada, mis ojos se abren. Ichigo Kurosaki es fuego. Respira llamas y lujuria, me hace olvidar todo y decir sí. Sí a la obsesión. Sí a acechar. Sí a la locura. Sí a lamer.

Con manos temblorosas, comienzo a escribir y a capturarlo en palabras. La pluma se mueve y las palabras fluyen. Continúan fluyendo sin que me dé cuenta. Todo lo que puedo sentir es el calor moviéndose por mi cuerpo. Lo siguiente que sé, es que me veo interrumpida por un aplauso de Momo y su voz aguda.

—Muy bien chicos, es tiempo de parar. Bajen sus plumas—.

Murmullos comienzan escucharse, y la habitación pronto se llena de conversaciones, Momo pide que alguien sea voluntario para leer su primer poema. Con las mejillas sonrojadas, guardo mi pequeña libreta en mi abrigo, me levanto y me escabullo al pasillo en la parte de atrás sin que mis amigos se den cuenta. Necesito ir al baño y calmarme.

Me froto los brazos ante inesperado aire frío de fuera. Mis piernas apenas pueden sostenerse. Antes que pueda llegar a mi destino, me jalan hacia la oscuridad de un pequeño cuarto. Ni siquiera tengo tiempo de quejarme antes que la puerta de madera se cierre, y me encuentro rodeada de un muy familiar calor.

Es Ichigo.

Me tiene atrapada dentro de lo que parece un cuarto de almacenamiento, su mano cerrada alrededor de mi codo, empujándome hacia la fría pared.

—I… Ichigo — Estoy jadeando —Qué… ¿Qué sucede? ¿Qué estás haciendo? —.

Su hermoso rostro está cubierto por sombras y pequeñas líneas de luz bajo una bombilla. Los únicos puntos brillantes en su rostro son esos ojos de fuego que tiene. Ahora que la sorpresa inicial ha desaparecido, mi cuerpo se siente aliviado por ser el centro de su atención después de días. Él nos ve.

—¿Ichigo?— susurro cuando es claro que no va a decir nada —¿Q- qué estás haciendo?—.

Su respiración es agitada, cortas bocanadas de aire, inhaladas y exhaladas mientras observa cada centímetro de mi rostro.

—¿Todavía lo amas?—.

—¿Qué? —.

—¿Todavía amas a ese hombre?—.

—Yo… Sí. —.

—¿Cuánto? —.

Mi respiración se vuelve igual a la suya, corta y entrecortada. Lo estudio, este hombre frente a mí. Existe una pizca de vulnerabilidad en él. Su comportamiento por lo general calmado ahora esta ausente. ¿Es porque le conté mi historia?

—Ichigo, ¿qué sucede? —.

—¿Cuánto lo amas, Rukia? ¿Lo amas tanto que te odias? ¿Que ni siquiera puedes soportar tu reflejo? ¿Piensas constantemente cómo arreglarlo? ¿Cómo mejorarlo? ¿Cómo ser mejor? —.

Él no está simplemente agitado, él se está desmoronando. Una agonía pura se ve en sus facciones. Es similar a la mía y eso me hace sentir preocupada por él.

—Sí— susurro. Levanto mi mano y la coloco sobre su rostro con un rastro de barba. —Pero estoy tan cansada de eso —confieso, y sus ojos brillan. Ojos que escupen fuego. Me pregunto por qué no lo noté antes. Es tan obvio ahora. Nunca fallan en provocar fuego en mi alma.

Me presiona contra la pared, como si estuviera encajando su cuerpo contra el mío, pero no me toca. De algún modo su cuerpo está cerniéndose sobre el mío, calentándome, acelerando mis nervios. Soy un lío de cables sueltos, disparando lujuria y adrenalina. Ichigo acomoda su cuerpo, y coloca sus palmas sobre la pared, enjaulándome. La vena en su bíceps resalta.

Lo observo mirar mis labios abiertos, y de pronto, es la única parte de mi cuerpo que puedo sentir. Mi boca, latiendo, carnosa, hinchada de necesidad.

—Yo también— susurra, casi para sí mismo.

No debía de escucharlo, pero lo hice. Y de nuevo, soy golpeada por un deseo tormentoso de besarlo. Es como una avalancha en mi cuerpo, y en un momento decido arriesgarme. Está bien. Puedo aceptar la culpa después.

Rompo las reglas, me acerco y lo beso. Un roce en sus labios gruesos, un beso que pretende decirle que entiendo… pero uno no es suficiente. Solo consigue aumentar mi deseo. Así que le doy otro, esta vez en la comisura de su boca, y luego otro en su mandíbula.

No es suficiente, esos pequeños y suaves roces. Quiero más, pero no voy a tomarlo. Seré buena; solo voy a dar.

Abruptamente, toma un puñado de mi cabello y me detiene. Lo miro con temor, lista para disculparme; no por el beso, sino por ser yo quien besara. Su mirada refleja pasión, necesidad extrema y loca, y yo tiemblo, a pesar de tener capas de ropa y estar sudando por su calor.

—¿Estás intentando besarme, Rukia?— dice con voz ronca, flexionando sus dedos en mi improvisada cola de caballo.

¿No puede adivinar? Comienzo a sonrojarme y sé que estoy brillando como una señal de luces neón. Tragando, asiento.

—Sí—.

Se acerca a centímetros de mí, todavía sin tocarme; por más imposible que sea eso, pero infinitamente más cerca.

—Si quiere besarme, señorita Kuchiki, hágalo bien—.

Dios mío, ¿tiene que llamarme así? ¿Ahora, aquí? Mi espalda se arquea por sí sola y mis senos rozan los contornos de su pecho tembloroso.

—¿C-cómo?— pregunto inocentemente, tratando de negar las acciones de mi cuerpo. Su voz severa de profesor me está haciendo cosas, volviéndome salvaje e incontrolable.

Por un segundo, permanece en silencio, solo mirándome. Tengo miedo que retroceda de lo que sea que es esto, cual sea la locura que estamos a punto de hacer, pero luego abre su boca y gruñe.

—Así—.

Retorciendo mi cabello en su puño, toma mis labios con su boca. Succiona la forma de mi carne sensible y lo único que hago es permitírselo. Coloco mis manos en sus hombros, sintiendo el calor de sus músculos bajo la suave tela de su camisa. Su pecho se mueve y se desliza sobre mis senos. Lo empujó hacia mí, para que pueda aplastarme con su peso.

Sin embargo, no se mueve. Él permanece ahí, sin moverse, todavía devorando mis labios, inmóvil. Su lengua empuja y me lame desde el interior; mi paladar, mi lengua, mis dientes. Va tras mi esencia, ese sabor especial que vive dentro. Gruñe cuando lo obtiene, mi sabor, y la presión de su agarre en mi cabello aumenta diez veces.

Es doloroso, pero no lo suficiente para apagar mi excitación. Me rindo en mis intentos de acercarlo. En su lugar, voy a él. Levanto mi pierna y la envuelvo alrededor de su cintura. Mis manos se deslizan hacia arriba y las coloco alrededor de su cuello. Lo encierro como hiedra, toxica y venenosa.

Presiono mi cuerpo contra el suyo y lo beso con todo lo que soy. Vierto mi alma en el beso. Por estos pocos segundos, me convierto en un bálsamo para su dolor.

Pero no dura mucho. Mi egoísmo y mi necesidad por él toman el control. Mi centro comienza a palpitar y olvido que solo estoy para dar y no para tomar. Giro mis caderas, buscando por esa mágica fricción contra su cuerpo. Luego lo siento… su erección contra mi estómago. Es enorme. Duro. Una barra caliente. Está viva, y cuando me muevo contra esta la siento palpitar. Un gemido tortuoso escapa de su pecho.

Ichigo aparta su boca de mí e incluso mi alma lamenta la perdida. Nos miramos el uno al otro, recuperando el aliento. Todavía estoy aferrada a él y su polla todavía se encuentra acunada entre nuestros cuerpos excitados. Acomodo mi muslo alrededor de su cadera, y palpita con el pequeño movimiento.

—No hagas ni un maldito movimiento— me dice, haciendo énfasis con un tirón en mi cabello.

—Está bien— trago —Lo siento. Una risa dolorosa—.

—¿Por qué? —.

—Hice que me besaras—.

El legendario tic hace su aparición tan pronto digo las palabras. Tamborilea en su mandíbula como un segundo corazón, o quizás como una bomba de tiempo.

—Lo hiciste, ¿no es así? —.

No puedo hablar, simplemente asiento.

En respuesta, coloca su muslo entre mis piernas y hace presión en mi centro. Es una descarga eléctrica y casi estallo en llamas.

—¿Qu-qué…? —Trato de hablar, pero incrementa la presión, provocando que un gemido escape de mí.

—¿Por qué?— susurra, dándose cuanta de mis lujuriosas reacciones —¿Por qué me hiciste hacerlo, Rukia? —.

—Porque yo…—

De nuevo, repite sus movimientos, reduciéndome a gemidos de necesidad y nada de palabras. ¿Qué está haciendo?

—Porque tú, ¿qué? —.

—Porque yo hago esta clase de cosas. S-soy egoísta y mala…— gimo, llena de vergüenza y deseo —Tomo lo que deseo porque no puedo controlarme. No quiero hacerlo—.

—Y me deseas, ¿no es así?— Cuando no respondo, jala de mi cabello fuertemente —Me deseas, Rukia—.

No es una pregunta, pero aun así asiento. Sí, lo deseo. Lo he deseado desde que lo vi por primera vez. Lo deseo más y más, conforme pasan los días. Lo deseo porque es como yo. Siente un amor no correspondido y quiero salvarlo, de alguna forma.

Sus ojos brillan satisfechos, con un sentido de victoria ante mi respuesta. Ama mi desesperación y me pone más caliente.

—Puedo hacer lo que quiera contigo y vas a dejarme. ¿No es así, Rukia?— Lame sus labios, como si saboreara sus propias palabras —.Puedo decir que saltes y tú vas a preguntar qué tan alto. Puedo decir que te desnudes y lo vas a hacer como si tu ropa estuviera en llamas—.

—Sí— gimo.

Me premia presionando su fuerte muslo contra mí, y mi coño vibra. Mi cerebro lleno de deseo me obliga a moverme, a buscar esa fricción, y lo hago, me muevo de arriba abajo en su pierna, clavando mis uñas en su nuca, mientras el deseo aumenta.

Siento la ira y el rítmico movimiento de su polla en mi estómago, y me encanta. Me encanta el hecho que he dejado atrás mis inhibiciones y me he reducido a esto, un títere ebrio de lujuria. Me encanta que le dé placer a Ichigo. Ya no se encuentra triste, o vulnerable.

Sí… me encanta todo esto.

Su dolor se ha vuelto mi dolor, y está a punto de hacerme venir sobre su pierna. Observo a Ichigo con los ojos brillantes. Observo la arrogante inclinación de sus mejillas. Veo sus pupilas dilatadas, sus húmedos labios entreabiertos. Todo el tiempo, me estoy moviendo, montando su pierna. Arriba y abajo. Arriba y abajo.

—Por supuesto que lo harás— dice roncamente —¿Te correrías por mí, Rukia? —.

Asiento rápidamente. En mi mente, sé lo malo que esto es, lo vergonzoso, pero no puedo detenerme. Y como Ichigo dijo, haría cualquier cosa por él en este momento.

Mis movimientos se volvieron caóticos, erráticos, epilépticos. Lo deseo tanto. Quiero que mi venida salga tan fuerte que se filtre de mis bragas y deje una mancha húmeda en sus pantalones.

El grafico y vulgar pensamiento, me empuja al límite. Fuerte y gimiendo, me vengo, justo como quería; no, justo de la manera en que él quería. Simplemente estaba siguiendo sus órdenes. Mi mente está llena de algodón, estrellas fugaces y estática. Quiero disfrutarlo por siempre.

—Ahhhhh— gimo.

Dios, es tan bueno. Tan bueno.

La presión en mi cuerpo disminuye. No siento sus músculos entre mis piernas, y el fuerte agarre en mi cabello ha desaparecido. Tan pronto tuve mi orgasmo, Ichigo me ha dejado, y al mismo tiempo, me ha obligado a separarme de él.

Todavía estoy recuperándome de mi orgasmo, recargándome contra la pared para encontrar equilibrio, pero intento concentrarme. Ichigo me está mirando, intensamente, sus ojos en llamas moviéndose para observarme, sus manos en ambos lados de mi cabeza.

—¿Entiendes lo que te estoy diciendo, Rukia? ¿Puedes escuchar tu corazón latiendo? ¿Está intentado escapar de tu pecho? ¿Crees que puedes controlarlo? ¿Decirle que se calme? Tus caderas siguen temblando. Apuesto a que sigues poniéndote humeda después de haberte venido, ¿no es así? ¿Crees que puedes controlar eso? —.

Niego

—Sí, es es. Te sorprendería saber cuántas cosas no son tu culpa. —Sus ojos perforan los míos, como si me estuviera diciendo la importancia de su declaración.

Por un segundo, no puedo hacer la conexión de lo que me está diciendo, y lo que está sucediendo aquí, pero luego lo entiendo. Me está absolviendo. Quitándome la culpa por besarlo, o por hacerlo besarme. Me pregunto si esa absolución incluye lo que sucedió con Renji. ¿También soy libre de esos pecados?

Mi corazón se burla. ¿Estas bromeando? Lo engañamos para tener sexo.

—Te vi— digo sin pensar.

Tan pronto las palabras escapan de mi boca, sé dentro de mí que esto va a destruir cualquier amabilidad que está teniendo Ichigo en este momento hacia mí.

—A través de la ventana— agrego, porque no puedo soportar el no ser culpada.

Todo siempre ha sido mi culpa. Los jarrones rotos en casa. Las lodosas huellas en el piso. Las botellas de licor desaparecidas del gabinete. La ropa interior perdida de Renji. El hecho que robé, y bebí y conduje muchas veces, las fiestas arruinadas. Todo es mi culpa. Es cosa mía el hacer esas cosas. Quiero que Ichigo me culpe también.

—Vi lo solitario que estabas. Vi la ira en tu rostro, la manera en que tú… la manera en que caminaste por la habitación, como si estuvieras atrapado— La escena se reproduce en mi cabeza: sus pasos acelerados, sus manos jalando su cabello.

Luego, la escena cambia y estoy afuera de la ventana de su habitación.

—Y-y luego estabas con ella… Orihime. Yo… Ustedes estaban hablando y te veías tan triste y molesto, y luego ella se fue. Seguí observando tu espalda y tus hombros. Estaban tan tensos, y pude darme cuenta del esfuerzo que estabas requiriendo para mantenerte en calma. Luego tomaste el jarrón y pensé que lo lanzarías contra la pared, que lo romperías, porque sé que tu corazón se estaba rompiendo, pero tú lo sostuviste. Lo bajaste suavemente. Tú fuiste mejor que yo. Y-yo nunca hubiera podido hacer eso—.

Nada se mueve en su cuerpo. No sé si está respirando, si siquiera me está mirando.

—Ichigo… l-lo siento. No pretendía verlo. Yo…—

Luego se mueve en sus pies, y la luz arriba divide su rostro en sombra y luz. Parece casi bestial, como un animal con ojos brillantes y rostro fuerte. Por primera vez desde que inicié mi confesión, siento miedo de verdad.

Su cuerpo esta tenso de ira. Se ve más grande, engrandecido por el control apenas contenido. Por un segundo, creo que sí pierde el control. Sus manos forman puños, pero luego toma una superficial y entrecortada inhalación.

—Mantente jodidamente lejos de mí— dice suavemente, mortalmente. Con eso, se marcha del cuarto de almacenamiento.