El primer copo

(A mi querido Gae,)-Borrar

Al traidor de Gae,

(Nota: empecé esta carta hace varios días, pero ha habido algunas "circunstancias" que han hecho que me haya retrasado un poco para terminarla, lo haré hoy antes del desayuno)

Como decía, eres un traidor.

(Espero que me visites pronto)-Borrar Aún sigo esperando tus visitas, sigo esperando que Manroy grite tu nombre desde lo alto de la muralla para abrirte el portón.

"Iré a verte muchas veces", prometiste, "iré antes de que se caiga la primera hoja del otoño, y te habré visitado varias veces antes de que se haya caído la última".

Los árboles del Bosque del Águila ya han pasado del dorado al marrón más ocre, han empezado a poblar los senderos de hojas caídas, y tú sin venir.

(Hay muchas cosas que me gustaría enseñarte del Nido)-Borrar No sé si me apetece enseñarte todas las cosas que me gustan del Nido. Es un lugar acogedor, que me transmite paz y seguridad. Aquí me siento como cuando tú y yo nos escondíamos en los jardines reales y planeábamos alguna broma, o cuando bebíamos vino a escondidas en mis aposentos. Tiene como ese olor a intimidad, no sabría definirlo mejor, sólo me faltabas tú para poder disfrutarlo porque al principio estaba muy sola.

He hecho amistad con Manroy, Frea y Mabet, ya te hablé de ellos en la otra carta (de la que, por cierto, sigo esperando tu respuesta). Con ellos me siento menos sola. Manroy (dice que me va a enseñar)-Borrar a me ha enseñado a cuidar de la huerta, a veces le ayudo con eso. Si padre me viese se arrancaría la barba a pellizcos. Frea hace una sidra de manzana que es suave, apenas tiene alcohol, pero que bien conservada puede llegar a hacerle sombra al vino de Necluda. Mabet está enamorado de mí, es lo que tú insinuaste en tu última carta. Lo sé y él sabe que lo sé. No es ningún obstáculo, al contrario, él y yo cada vez somos mejores amigos. Salimos a correr por el bosque, a buscar setas, a acechar a los ciervos que bajan de la montaña para ir hasta el lago a beber agua al caer la noche. El problema es lo que padre dice a veces: "lo único que puede cegar a un hombre inteligente es el amor". No es que Mabet sea especialmente inteligente, es avispado, pero un poco torpe a veces, el caso es que sí... sufrí un pequeño percance a causa de su enamoramiento, pero ya estoy casi recuperada. Por eso he tardado un poco más en acabar esta carta. No debes preocuparte por el percance, ¡no se te ocurra mencionárselo a Kahen o a padre! Estoy bien de verdad.

Respecto a la pregunta que me hiciste: No, no estoy esperando un bebé. Por un tiempo creí que sí lo estaba, ya sabes, lo que te conté en cartas anteriores, pero puedo confirmarte que por algún capricho de la naturaleza no estoy encinta. Mucho mejor así. No quiero un bebé nacido de un contrato de matrimonio. Así que ya puedes dejar de buscarle nombres absurdos, y NO, JAMÁS y bajo ningún concepto llamaría Richard Cuello-Lombriz del Nido de Águila a mi bebé, como homenaje a "lo que pudo ser", ni aunque me hubiese bebido de golpe todo el vino de la región de Necluda. Tampoco me parecen aceptables: Zeldi (si es niña), Impa (seguro que habías bebido cuando me sugeriste eso), Gaeporino, Kahen II o Dino (¿pretendes ofender a la diosa Din o qué?).

(Link es un hombre raro)-Borrar (No sé qué pensar de Link)-Borrar Estabas en lo cierto con Link.

Es un buen muchacho. A pesar de lo mucho que me descoloca a veces, a pesar (del miedo que me producía)-Borrar de lo raro que se me hacía volver a estar con él a solas, ahora siento lo contrario. Existe una especie de inocencia en él que hace que me desternille de risa. Él no lo entiende (no las veces que me ha pasado), ni siquiera yo misma lo entiendo, pero él consigue que me ría a carcajadas. ¿Me habría reído tanto con Richard? Lo dudo. A veces era pedante, demasiado pedante, leía esos poemas almibarados que dormían a las ovejas y si me daba por reírme de su cursilería se enfadaba, pero de un modo desagradable. Link también se enfada cuando me río, pero es distinto, más que un enfado es una especie de "desconcierto de bárbaro" que lo único que consigue es que me ría más.

Link ha pasado mucho tiempo fuera (porque al parecer va a ver a...)-Borrar (retomo la carta por donde la dejé), porque tenía unos asuntos que arreglar con las gentes de Ocaso y las tribus de las montañas. Cosas suyas de capitán y... pero es normal, no debes preocuparte, yo ya no estoy preocupada. Ni siquiera si te llegan rumores de que hay problemas en Ocaso o en el Oeste debes preocuparte, te aseguro que todo está bien, y no hay fuente de información más fiable que tu hermana.

Te contaría muchas más cosas, pero estoy enfadada contigo, así que haz uso de esa imaginación tuya o sencillamente fastídiate.

En el fondo deseo que estés bien (muy, MUY, en el fondo) y también me acuerdo mucho de padre y Kahen. No se te ocurra leerles esta carta. Qué diablos, no se te ocurra leerles NINGUNA de las cartas que te mando.

Por favor, no seas holgazán y escríbeme algo. (Te echo de menos.)-Borrar Sí, te echo de menos.

Te quiere mucho,

Zelda del Nido del Águila

—¿Zelda?

—¡Salgo en seguida!

Era Link. Sólo habían pasado tres días desde lo de mi accidente con las setas, pero venía religiosamente a buscarme cada mañana, con esa cara de preocupación como si temiese encontrarme tendida en la cama otra vez, o algo incluso peor.

Había cumplido su promesa de no marcharse por ahí, como le pedí.

Lo de comunicarnos lo llevábamos un poco peor, también porque recuperarme me costó más de lo que pensaba. Intuyo que el organismo tarda tiempo en eliminar del todo el veneno de los Ojos de la Muerte, del mismo modo en que tardaron en aparecer en mí sus efectos. Pasé los días descansando en la cama o saliendo muy poco, así que apenas pude verle, aunque él me explicó todo lo de las revueltas bárbaras en nuestra contra. No lo había previsto, pero tenía todo el sentido del mundo. ¿Habría contemplado padre esa posibilidad? ¿Habría padre pensado que estaba metiendo a su hija en la boca del lobo? Diosas, no sabía qué pensar. Siempre creí que me había protegido, desde que nací, por eso no quiso casarme con el príncipe Ganondorf. Pero llegó la boda de sangre y no le tembló la mano, y siempre he tenido a padre por un hombre inteligente y con capacidad de ver "más allá" que otros, ¿no sabía que mi unión con Link enfadaría a los pueblos del Oeste? ¿O lo sabía y le dio igual?

—¿Estás bien? —preguntó Link, al verme aparecer.

Me hizo mucha gracia, con el pelo completamente aplastado y de punta por el lado en el que había dormido.

—Mira —agarré su zarpa y me la llevé a la cara —ojos, manos, cara. Todo sigue en su sitio, capitán Link.

Él dio un paso atrás, enfurruñado, y solté una carcajada. Era muy reacio al contacto físico. Yo también lo había sido, incluso era reacia al contacto visual, la prueba es que estuvimos evitándonos durante semanas en el Nido. La culpa de eso la tenía nuestra forzada noche de bodas. Pero mi accidente lo cambió todo para mí, me hizo darme cuenta de que el miedo sólo lleva a más problemas, y que, si era preciso, me esforzaría para que él supiese que ya no me asustaba lo más mínimo y que estaba dispuesta a colaborar en todas las crisis políticas, no tenía que enfrentarse él solo a todo eso.

—¿Desayunas conmigo y con los demás?

Link se encogió de hombros y me siguió escaleras abajo. La cocina olía a pan y a bizcocho recién hecho cuando llegué, allí estaban Mabet y Frea, Manroy solía desayunar en su cabaña y salir temprano a por troncos para hacer leña.

—¿Crees que podrás comerte esto? —me preguntó Frea —es mermelada de arándanos, la hice sólo para ti.

—Creo que ya estoy perfectamente recuperada —guiñé un ojo a Mabet, que lo observaba todo atento.

—Link, tú puedes servirte todo lo que quieras menos aquello —Frea apuntó con la punta del cuchillo al horno —es un asado para la cena.

Todos empezamos a desayunar, era la primera vez que desayunábamos juntos en la cocina, los demás días me subieron el desayuno a los aposentos y no sabía dónde comería Link habitualmente.

—¿Cuál es el plan? —pregunté a Mabet, mirándole por el rabillo del ojo —¿vamos hoy al bosque?

Noté cierta tensión, había preguntado sin darme cuenta, sin pensar.

—¡Lo siento! —exclamé —Link, había olvidado lo de esos bárbaros.

—No, no es... Podéis ir al bosque.

—¿Ya no hay peligro?

—Me quedaría más tranquilo si no vais, pero no puedo prohibirlo —dijo. Me sorprendió mucho ese cambio de actitud —Siempre que no habléis con nadie extraño y no compréis comida por ahí.

En ese momento me pareció lo mismo que una madre asustada. Pero también me pareció como triste o apagado, no sabría decir.

—¿Por qué no vienes con nosotros? A menos que ya tuvieras planes para hoy.

—Bueno, lo que se dice planes no es que tenga, aunque siempre hay algo que hacer.

—Perfecto, iremos los tres —me adelanté, antes de que cambiase de opinión.

Durante el resto de mañana y el almuerzo perdí de vista a Link. Supuse que andaría cortando leña o ayudando a Manroy con algunos trabajos que había que hacer en la muralla. Rocas viejas y roídas por las lluvias y el musgo, árboles cuyas ramas amenazaban con partirse, zonas demasiado embarradas... me sorprendía la cantidad de trabajo que salía adelante con tan pocas personas manteniendo el Nido del Águila.

Al caer la tarde Mabet y yo esperamos a que Link llegase, junto a la muralla. El pobre Mabet no había dejado de disculparse conmigo por lo de las setas, le dije que no era su culpa, ¿quién iba a imaginarse que alguien intentaría hacernos tanto daño? El pobre chico siempre asentía y dibujaba una sonrisa, pero sé que en el fondo aún no se había perdonado a sí mismo. Link no tardó en aparecer, vino con un arco fino y un carcaj al hombro.

—¿Listo? —pregunté, al verle llegar.

Se me quedó mirando de un modo extraño, como hacía a veces, como haciendo una especie de evaluación que me ponía muy nerviosa.

—Estas son mis ropas de ir al bosque —aclaré, sintiendo calor en las mejillas —no esperarías que saliese aquí con un vestido o un corsé.

—¿De dónde las has sacado?

—Me las he cosido yo —admití —Encontré telas y Frea me regaló este chaleco de piel. ¿Está mal o qué?

Y si estaban mal me daba igual. No entendía a qué venía ese empeño suyo por mirarme de esa manera tan rara. Sólo consentía críticas a una persona: Amy. Y estaba a miles de millas de nosotros en ese momento.

—Podrías pasar por alguien de las montañas.

—Bien. Iremos corriendo hasta la colina que hay en el sudeste —dije, desviando la conversación —¿sabéis dónde está?

—Sí —dijeron Mabet y Link al unísono.

Echamos a correr por el sendero del bosque, Link corriendo a la par conmigo y Mabet detrás. Volver a sentir el aire entrando y saliendo en mis pulmones era reparador, había perdido algo de forma después del envenenamiento, pero me sentí con fuerzas y decidí aumentar un poco el ritmo. Mabet se quedaba un poco, pero Link corría como si nada, como si estuviese caminando. Apreté más y él se ponía a la par sin problemas. Apreté más y más, y mi carrera se volvió frenética. Yo podía ser muy rápida, Impa siempre lo decía: "si hubieras nacido sheikah, serías mensajera. Nadie te pisaría los pies". Link se empeñaba en seguirme el ritmo. A ver si era tan rápido subiendo una pendiente. Subí ágil por la colina, sorteando matorrales y árboles, con el viento silbándome en la cara. Llegué arriba con el pulso muy acelerado, sintiéndome victoriosa, pero cuando levanté la vista, ahí estaba él, impasible, mirando al horizonte.

—Diablos, vais a matarme —dijo Mabet, que apareció exhausto, segundos después.

—Puedo correr mucho más rápido —insinué. Pensé que los bárbaros serían lentos y pesados, pero claro... Link poseía cierta agilidad. La misma que demostró el día que nos atacaron en el camino.

—Seguro que sí —se burló Link —hay buenas vistas desde aquí. No hay mucha distancia hasta el lago, pero no es un buen sendero para caminar hasta allí. Es mejor ir por el oeste si os apetece ir otro día.

—¿Te gustaría ir al lago, Mabet?

—He ido a veces con los abuelos.

—¿Sabes nadar?

—No.

—Diosas, aquí nadie sabe nadar. Un lago tan hermoso desperdiciado. Yo te enseñaría si quisieras.

—Claro, me gustaría mucho —sonrió.

Miré a mi esposo por si por una casualidad era capaz de captar la indirecta, pero seguía inspeccionando el horizonte.

—Deberíamos volver. Cada vez oscurece más temprano —dijo Link.

Pusimos rumbo de vuelta, caminando esta vez por sugerencia de Mabet. Él y Link caminaban algo adelantados. Mabet le preguntó por las revueltas de los bárbaros y Link no le contó nada que no me hubiera dicho a mí. Que era cuestión de tiempo que se olvidasen de todo el asunto de la boda, que eran avariciosos y ambicionaban el oro de sus señores, que no tenían valor para atentar de manera seria, que se hartarían y todo volvería a la normalidad. Pero Link esquivó el tema del hombre que le vendió las setas a Mabet. Era algo anormal, un atrevimiento demasiado grande según su parecer. Sé que querría llegar hasta el fondo de eso, aunque no lo expresó abiertamente.

Esa noche Link invitó a todos a cenar en la fortaleza. Frea había cocinado asado como para alimentar a un ejército, y a mí también me gustó la idea de que por primera vez todos compartiésemos mesa. Estaba equivocada con el apetito de mi esposo. Era capaz de comer dos veces más de lo que yo pensaba, la ración más grande de asado fue para él, y se comió una hogaza entera de pan, queso y otras cosas que había puesto Frea en la mesa sin rechistar.

—Esta noche se me hielan los huesos —dijo Manroy, —os he encendido las chimeneas de los aposentos mientras andabais por el bosque. Así las estancias estarán cálidas.

—Gracias, Manroy. Yo también he visto algunas nubes grises, más de invierno que de otoño —dijo Link.

—Mañana he de ir a Ocaso, a ver a mi hijo. Si necesitáis que traiga algo de allí no tenéis más que decírmelo —nos dijo Manroy.

—No, todo está bien —Link apuró el último bocado de su plato.

—Entonces si no os importa, nos iremos ya a la cabaña. Hay que descansar para el viaje, madrugaremos.

Todos se marcharon a descansar tras la cena y nos retiramos a dormir. Yo estuve un rato en mis aposentos, intentando entretenerme con un libro por si me daba sueño. Pero aún era pronto y me estaba aburriendo. Se me ocurría algo qué hacer, ojalá Gae estuviese conmigo en el Nido.

Decidí probar suerte con Link. Había pocas cosas que sabía de él, era hora de saber algo más. Y parecía más abierto conmigo desde lo que me pasó. No era un bárbaro rudo. Era más inocente de lo que aparentaba y era totalmente inofensivo. Aparentaba ser más bruto de lo que era en realidad, y todo no era más que una especie de fachada para ocultarse detrás. Además, estaba apagado y triste, eso era indudable. Tal vez un poco de charla lo animaba un poco.

Fui a buscarlo a sus aposentos y me sorprendí al encontrarlo leyendo también, junto al fuego de su chimenea.

—¿Es que ha pasado algo? —preguntó, alarmado.

—¡No! No pasa nada. Es sólo que... me aburría.

—Oh.

—Bueno, tú estás ocupado, así que no te molesto más.

—No, no —se puso en pie —¿querías algo?

—¿Querrías acompañarme?

—¿Acompañarte?

Prácticamente tuve que tirar de él. A dónde vamos. A dónde me llevas. Hace frío. Me tragué todas sus quejas sin inmutarme, no podía decirse que no me estuviera esforzando de verdad por tratar de entablar amistad, pero conectar con él era más difícil incluso que con Mabet.

Lo arrastré hasta la oscura bodega que había en el jardín. Mientras yo lo husmeaba todo, él alumbraba con el candil las estanterías, donde las botellas yacían panza-arriba con un montón de telarañas.

—No deberíamos tocar nada de lo que hay aquí —refunfuñó.

—No seas cobarde. ¡Oh! Esta tiene buena pinta.

—¿Cómo lo sabes?

—Intuición.

Igual moría envenenada por segunda vez, pero merecería la pena.

Después lo arrastré hasta mis aposentos, donde dudó antes de cruzar el umbral.

—Agarra unas mantas, las más grandes que veas —le dije.

De ese modo hice realidad una de las ideas que llevaba días formándose en mi cabeza: tomar una copa de vino desde la cima del Nido del Águila.

Hacía mucho frío cuando subimos a lo alto del torreón, pero las mantas eran bastante gruesas y el vino ayudaría a entrar en calor. Link dejó el candil en el suelo y yo lo puse a medio gas, no hacía falta tanta luz. Lo malo es que había nubes, y sólo se veía asomar el cielo negro y alguna estrella entre los agujeros algodonosos y oscuros. Le serví una copa y yo me puse otra. El vino olía bien, como a tierra y cerezas viejas.

—Por el Nido del Águila —brindé. Él arqueó una queja y chocó su copa con desconfianza —Mmmm, ¡no está mal este vino!

—Debe tener un millón de años —gruñó él.

—A mí me sirve, aunque podríamos pedir a Manroy que trajese algo más joven de Ocaso —sonreí. Él tomó otro sorbo, sin decir nada. Me iba a costar desenroscarle las palabras —este es el lugar más bonito de toda la fortaleza, hace tiempo que planeaba venir aquí.

—¿Por qué no lo has hecho?

—Yo... Gae venía a menudo a mis aposentos. Tomábamos una copa de vino y hablábamos de cosas que nos habían pasado ese día. De cosas que no tienen importancia —dije, esquivando su pregunta —Lo echo mucho de menos.

—Parece un buen muchacho el príncipe Gaepora.

—Lo es, aunque no visite a su hermana como prometió —confesé, con cierta amargura. No esperaba empezar contándole algo tan personal, pero ¿qué más daba?

—Vendrá pronto. Ha llovido mucho y no es muy seguro viajar estos días.

—¿Crees que mi padre lo sabe, Link? Lo de los bárbaros y todo eso, lo de las setas...

—¿No se lo has contado tú?

—No. No quería preocuparle —di un sorbo al vino. Era áspero y calentaba los labios con solo dos tragos.

—Yo tampoco he dicho nada. Demasiadas preocupaciones para los padres en tan poco tiempo.

De repente caí en la cuenta de que no había vuelto a saber nada sobre el jefe Grenmak. Suponía que él habría ido a verle en una de sus muchas ausencias.

—¿Cómo está tu familia? Conocí a tus hermanos en la boda.

—Están todos bien. Para calmar las protestas de la gente mi padre quiere organizar un banquete en invierno. Todos los años lo celebra en realidad, pero este año invitará a todo el mundo, incluso puede que lo celebre antes de lo planeado. Tendremos que ir tú y yo también.

—No lo dudaba —sonreí. Él seguía incómodo y un poco tenso.

—Mi... mi madrastra me dio unas cosas para ti, casi lo había olvidado. Están guardadas en un cofre en mis aposentos. Si no le digo que te las he dado se enfadaría conmigo.

—¿Por qué no me lo habías dicho antes? Me encantan los regalos, del tipo que sean.

—Son... eran cosas para el bebé.

—Ah, entiendo —me bebí la copa entera y me puse otra. Él hizo lo mismo.

—Me cuesta mucho hablar de bebés ahora —admitió, con una sonrisa tímida, esa que le había visto en contadas ocasiones.

—Diosas, gracias por decirlo. A mí también. Son lo último que hay en mi cabeza.

—Habría sido muy raro, con alguien que no conoces de nada.

—Rarísimo.

—Lo normal no es eso.

—En absoluto.

—No es que yo no quiera tener hijos, es que-

—Tranquilo —interrumpí —de hecho, yo he sido siempre muy ingenua al pensar en eso, antes de conocerte. Creí que si me casaba con el príncipe Richard podría planificar lo de tener un bebé según me pareciese. Que no iba a tenerlos, pero si lo decidíamos con el tiempo, sería fácil y posible. Como cuando decides hacerte un vestido nuevo, o qué vas a comer ese día. Ahora sé lo difícil que es forzar las cosas... más aún si hay una pequeña vida implicada.

—Ese príncipe Richard es... ¿es el tipo con un palacio en el mar?

Me hizo dar una carcajada. Como todas las demás veces, se quedó atónito ante mi risa y me parecía muy gracioso.

—He de confesarte algo, Link. Ya que nos hemos sincerado un poco, te diré que el príncipe Richard no era mi prometido, como te dije.

—¿Ah no?

—Pretendía casarme con él, pero... entonces Kahen apareció ensangrentado en el castillo. Las noticias del oeste llegaron como un fuego, quemándolo todo, y no tuve ocasión de formalizar un compromiso con Richard, aunque estaba en conversaciones para hacerlo.

—Lo siento, es difícil renunciar a quien amas.

—Yo no amo a Richard —volví a dar una carcajada, si Gae lo oyese... —pero era un buen candidato para ser mi esposo.

—¿Por qué? —frunció el ceño.

—No era mal hombre —Link torció la cabeza, sin comprender —no lo amaba, pero era buena persona, me habría dejado hacer mis cosas, vivir en paz.

—¿Estabas planeando casarte con un hombre que no amabas?

Sentí una especie de revoltijo en el estómago. ¿Por qué mi idea perfecta sonaba tan absurda al contársela a él?

—Sí, bueno. Es lo normal. Era una buena unión política, incluso padre lo aprobó.

—¿Lo normal?

—Claro, es un hombre noble y con muchos conocimientos, muy educado.

Link bebió el vino mientras me miraba como si yo hablase en un idioma desconocido para él.

—Entiendo que hay algunas uniones forzadas —dijo entonces —pero planearlo así adrede es raro.

—No lo es en Hyrule —dije, mientras me ardían las mejillas. No sabía por qué mi idea de repente parecía tan ridícula —eso me recuerda algo, una conversación pendiente contigo.

Él arqueó la ceja otra vez y no dijo nada, se arrebujó un poco más en la manta. Tenía las mejillas un poco rojas y no era por el vino, hacía mucho frío allí arriba.

—Es sobre nuestro matrimonio —dije. Diosas, la conversación parecía muy fácil en mi cabeza, pero en esos momentos y al tenerle a él de frente me pareció como si estuviera saltando al vacío.

—Puedes contarme lo que quieras.

—Soy flexible contigo, lo mismo que lo habría sido si me hubiese casado con Richard —él parpadeó un par de veces y yo bebí más vino, tenía la boca seca —quiero decir... si... si hay alguien a quien ames, lo entiendo. Pero no me gustan las mentiras, Link. Todo es posible dentro de unos términos, pero no quisiera que se ensucie el nombre de mi familia. Un solo descuido en ese sentido conduciría a un nuevo problema diplomático.

—¿Mentiras? ¿Qué mentiras?

—Entiendo que tuvieses tu vida antes de conocerme, yo no quiero ser la culpable de arrebatarte nada. Así que, si decides estar con otra a la que ames, no me importará. La única condición al respecto es que me lo cuentes. No me gusta enterarme por otra gente, es muy desagradable. Soy comprensiva, ¿sabes? Pero no me gustan los engaños ni las traiciones.

Él se quedó totalmente descolocado y yo sólo deseé morirme en ese instante. No debí tratar el tema hasta mucho más adelante, cuando ya hubiéramos entablado más confianza. Me fustigué por mi torpeza y deseé que él cambiase de conversación o que la tierra me tragase. Más bien lo segundo.

—Yo hice una promesa, ¿crees que falto a mis promesas? —cuestionó, con el ceño tan arrugado como si fuese a romperse.

—¡No, no! No he dicho eso.

—¿Por qué crees que estoy con otra? —me preguntó, en un tono peligroso, que había usado en alguna de nuestras discusiones.

—No me entiendes, Link.

—¿Quién te ha dicho eso? ¿Ha sido Fridd?

—Nadie, sólo me lo preguntaba, es normal que tuvieses tu vida antes de este matrimonio de conveniencia.

—Ha sido Fridd —sentenció, y se bebió todo el vino.

—No importa, olvida todo lo que he dicho, por favor. Intentemos llevarnos bien, es todo.

Entonces, del vacío oscuro que había sobre nuestras cabezas, cayó un copo de nieve, flotó como una pluma hasta posarse en el borde de su copa.

—Yo amaba a una muchacha de Ocaso, antes de todo esto —dijo entonces, rompiendo un largo silencio. Vi cómo deslizaba el dedo por el cristal hasta el copo de nieve, que se derritió con su contacto.

—Ah, de Ocaso.

Todo cuadraba, entonces. Disimulé para que pareciese que era la primera vez que oía algo así.

—Nunca me atreví a pedirle matrimonio —agitó la cabeza con frustración —estaba a punto de hacerlo, pero entonces ocurrió todo esto, y todo acabó ahí.

—¿Acabó?

—Yo cumplo mis promesas —reiteró, casi enfadado.

—Lo sé, no lo cuestiono.

—Fridd no es mala persona, pero a veces es un idiota. Tiene manía a la gente de Hyrule. No debes creer nada de lo que te diga.

—Aunque cumplas tus promesas, que sé que lo haces, ahora que hemos tenido esta charla puedes tenerlo en cuenta.

—No quiero hacerle ese daño a Eve. Ella debe ser libre para casarse con alguien que no le cause problemas, con quien pueda vivir feliz, sin ocultarse. Ya lo hemos hablado, ella es libre y todo se acabó.

Ahora entendía mucho mejor la tristeza que flotaba en sus ojos, no era todo culpa mía, ni era por tener que "cargar" conmigo, también se trataba de eso, de un corazón roto. Sentí una especie de punzada al verle tan resignado.

—Puede que pienses así ahora, pero podrías cambiar de opinión —dije, tratando de animarle —y... si alguna vez amas a otra o quieres recuperar a Eve puedes decírmelo. Yo haré lo mismo.

—¿De qué serviría eso? ¿Quién quiere vivir una doble vida llena de secretos y oculta al mundo? No podría ser feliz así —pegó un trago largo a su copa. Otra vez consiguió que mis ideas me pareciesen absurdas, nadie me había cuestionado así en toda mi vida.

—Pues, aunque no sirva de mucho, si yo me enamoro de alguien te lo diré, es una promesa de matrimonio —dije, alargando la mano para sellar el pacto. Era un gesto que repetía a menudo con Gae, cuando jurábamos vengar la muerte del otro con toda nuestra crueldad en caso de que uno cayese en un hipotético duelo al amanecer, o prometíamos no beber más vino hasta pasada una semana (nunca lo cumplíamos). Link se me quedó mirando, pero no estrechó mi mano.

—No tiene sentido, Zelda.

—No hay que renunciar a los sueños tan fácilmente, Link, nos ha tocado vivir esto, pero resulta que tú... tú eres...

—¿Yo qué? —me miró fijamente. Tenía dos ojos enormes y azules y él era un buen muchacho, lo era, es lo que veía en sus ojos.

—Siento que tú puedes cambiar las cosas —dije, y me volvieron a arder las mejillas, no sé por qué —eres de los que consiguen cosas. Eres de los que luchan.

No sé por qué lo veía así, apenas lo conocía, era más una intuición que no había confesado a nadie, puede que ni a mí misma.

—Tú también pareces bastante capaz —me sonrió. Me sentí un poco turbada y miré a otro lado.

—Bueno, soy más de hablar que de otra cosa, eso dice Gae...

—Lo prometo. Prometo contarte si me enamoro de alguien, aunque no sirva para nada —dijo, de repente. Sentí que él me estrechaba la mano que le había tendido, su mano quemaba, como siempre, y yo me esforzaba sin éxito en que las mejillas no me volviesen a arder. Fin de la historia. Ni una copa más, esa velada no se estaba pareciendo a ninguna, ninguna, de las que había tenido con Gae.

—Vale, yo también lo prometo —traté de sonreír, aunque no me sentí capaz de enfrentar otra vez sus ojos, no me apetecía que me analizase con esa mirada azul que lo atravesaba todo.

—Y no volveremos a hablar de cosas tan raras como esta. Jamás. —dijo entonces.

No pude evitar dar una carcajada, el vino casi se me salió por la nariz.

—¿Qué? ¿Qué he dicho ahora?

—Eres muy gracioso, no lo entenderías... —dije, sin parar de reír.

—Como tú digas —gruñó —Estás fría como el hielo. Deberíamos ir a dormir.

—Sí, tienes razón.

Él liberó al fin mi mano y nos pusimos en pie. Había que parar, era el momento, necesitaba recomponerme y volver a sentir que era yo, antes de que él siguiese tirando por la borda todos mis planes e ideas de futuro con tanta facilidad. ¡Era ridículo!

—¿Vendremos aquí más veces? —preguntó.

—No es obligatorio. Hoy me sentía un poco sola, echaba de menos a Gae... ya sabes.

—De acuerdo, mañana entonces —decidió, sacudiéndose algunos copos que habían caído sobre nosotros, sin que nos diésemos cuenta —puede que haya por ahí un vino mejor que este.

Bajé las escaleras tras él, mareada, con una extraña sensación rodando en el estómago. Ni que fuese la primera vez que tomaba vino, parecía una principiante. Debía ser un vino de bárbaros viejo, eso es, estaba envejecido y se me había subido a la cabeza.

Una vez en mis aposentos me asomé a la ventana, la abrí y dejé que el frío nocturno me despejase un poco, me hacía falta. Las vistas daban al sur, al bosque, al lago. Más allá estaría Ornitón, Hyrule, pero mis ojos no alcanzaban a verlo, no desde ahí. ¿Se acordaría Gae de mí?


Nota:

Vale. Tras una ardua pelea con el editor de texto de ffnet, no he podido meter la carta de Zelda tal y como la creé originalmente, es decir: con sus tachones. Los tachones son clave para entender cómo cambia de idea mientras progresa con su carta, y bueno... aunque en Word sí aparecen las frases que ella pretende eliminar tachadas, para poder subir el capítulo he tenido que poner en negrita y la palabra "Borrar" para que veáis tanto lo que quería escribir al principio, como lo que termina diciendo. Ambas cosas son importantes y por eso quería que viéseis sus "tachones".

Pero todo es una mierda, y ffnet no me permite ponerme creativa. Al carajo ya con todo xD

Si vais a decirme que el editor de capítulos incluye la opción "strakethrough" para meter los tachones os diré que sí, que lo he probado como unas trescientas mil veces pero que no funciona, debe haber un bug de código o lo que sea y luego al guardar el capítulo en el Doc Manager no se mantiene la edición deseada.

Dicho esto...

Muchas gracias a todos mis reviewers habituales y recibo con un fuerte abrazo, una cálida bienvenida y una copa de vino de Necluda a los nuevos! Muchas gracias por todo.

Un fuerte abrazo!