Capítulo 12: Halloween

Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las clases de duelo mágico, además de todo el trabajo del colegio, pero Harry se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo actualmente era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive. Sus clases, además, eran cada vez más interesantes, especialmente porque concluyeron las clases de teoría de los principios básicos.

En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos. Sin embargo, lo mejor para el resto de los alumnos fue que el Profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían de ganas por hacer desde que vieron al Profesor hacer flotar una serie de libros a su alrededor como si fueran cuerpos celestes en una constelación en los primeros días del semestre.

El Profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran, tal como lo hicieron unas semanas atrás con el encantamiento Lumos, aunque rápidamente excluyendo a Harry y Hermione, debido a que claramente reconocía sus remarcables avances, o quizás que directamente estaban avanzados comparados al resto de los alumnos de primer año, pidiéndoles que aprovecharan de estudiar alguna otra cosa, o bien practicaran el mismo encantamiento sin llamar la atención de los demás.

Sin más demora, repartió una serie de blancas plumas a cada uno de los alumnos de primer año de Ravenclaw antes de volver a su lugar.

— Y ahora, no olviden de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando — dijo con voz aguda el profesor, subido a sus libros como de costumbre. — Agitar y golpear; recuerden: agitar y golpear. Y, claro, pronunciar las palabras mágicas correctamente es muy importante también; nunca se olviden del mago Baruffio, que dijo "ese" en lugar de "efe" y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.

Si no fuera por las extenuantes clases que tuvo Harry bajo la tutela de Snape, o por el año de espera entre libros que Hermione tuvo que aguantar, ambos estarían tan complicados como el resto de sus compañeros al intentar efectuar el encantamiento, que parecía ser singularmente difícil para aquellos que no tenían práctica alguna.

¡Wingardium Leviosa!" — se escuchaban las voces por el aula.

Todos intentaban inagotablemente lograr el efecto deseado, con la meta de hacer levitar la pluma hasta el techo. Muy pocos lograron siquiera hacer que la pluma temblara por acción de magia más que del aire que exhalaban al recitar el encantamiento.

Con tal de no interrumpir, Harry y Hermione, después de practicar un poco con la pluma que el Profesor Flitwick les dejó, se enfocaron a lo suyo: Hermione se enfrascó a la lectura mientras que Harry al dibujo. Increíblemente, lograron pasar tan desapercibidos en la clase que todos se pudieron concentrar en la práctica sin siquiera recordar que allí se encontraban.

Al finalizar la clase, ambos caminaban de buen humor por los pasillos, conversando de diversas cosas, cuestionando la capacidad de un encantamiento básico como el encantamiento levitatorio si se potenciara con la intencionalidad y proyección adecuadas, o incluso los efectos de una fonética diferente, acorde al libro que Hermione estaba leyendo en clases. Iban tan absortos en su conversación que Harry no vio a Ron en su camino hasta que chocó con él, quien parecía igualmente distraído mirando hacia todos lados.

— Oh, Ron, ¡disculpa! — se excusó Harry rápidamente. — ¿Te encuentras bien?

— Sí, sí — respondió el pelirrojo, sobándose un poco. — Ahm, ¿de casualidad no han visto a Neville?

Harry y Hermione se miraron confundidos antes de volver a fijarse en su amigo.

— Los de Hufflepuff me dijeron que Neville tuvo un accidente en la clase de Pociones y fue llevado a la enfermería — les comentó el otro. — Nunca he ido al ala de enfermería, así que estoy un poco perdido como para poder visitarlo.

— Bueno, conociendo sus accidentes, quizás lo mejor sería dejarlo descansar — concluyó Harry, a lo que Hermione asintió.

— Sólo podemos esperar que no sea grave y lo podamos ver en el Gran Comedor para la celebración de Halloween — dijo la otra, intentando calmar la situación.

— Sí, supongo que tienen razón — respondió el pelirrojo, — después de todo, ya debería ser algo habitual de su parte — y rió un poco antes de despedirse para ir a sus clases.

Si bien la preocupación era palpable en el aire, todos conocían bastante bien a Neville y sabían que, independiente de sus habituales accidentes, de alguna forma siempre estaba bien y volvía con ellos.

Las clases avanzaron hasta que el día finalmente había concluido. De camino hacia el Gran Comedor, Harry y Hermione nuevamente se toparon con Ron, quien parecía estarlos esperando.

— ¿Estás bien? — preguntó Hermione, al ver el rostro preocupado de su amigo.

— Los de Hufflepuff me han preguntando si de casualidad me he topado con Neville — dijo, algo nervioso. — Dicen que desapareció de enfermería y que nadie lo ha visto desde entonces.

— ¿Ya viste dentro del Gran Comedor? — preguntó Harry, preocupándose.

— Aún no. Le estaba esperando, o bien esperaba toparme con ustedes… lo que ocurriera primero.

— Busquemos dentro entonces — propuso Hermione. — Quizás ya está en su mesa, comiendo, o bien podría llegar mientras se inicia la celebración de Halloween.

Los muchachos asintieron y atravesaron el umbral, donde las decoraciones les hicieron olvidar del mundo exterior. Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, tal y como había ocurrido en el banquete de principio de año, apenas dándole tiempo a los jóvenes de escrutar el Gran Comedor en busca de su amigo antes de sentarse en sus mesas respectivas.

Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el turbante torcido y cara de terror. Todos lo contemplaron mientras se acercaba al Director Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba:

— Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo — y sin más se desplomó en el suelo.

Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el Director Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos artificiales de su varita.

— ¡Prefectos! — exclamó, — lleven a sus respectivos grupos a los dormitorios, de inmediato.

Percy, el hermano de Ron, estaba en su elemento.

— ¡Síganme! ¡Los de primer año, permanezcan juntos! ¡No necesitan temer al trol si siguen mis órdenes! Ahora, vengan conmigo. Hagan espacio, tienen que pasar los de primer año. ¡Perdón, soy un prefecto!

— ¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry a Hermione, mientras se agrupaban los alumnos de Ravenclaw para imitar a los de Gryffindor.

Sin embargo, la chica no alcanzó a teorizar una respuesta cuando, agazapado entre la gente, apareció Ron junto a ellos.

— ¡Aún no aparece Neville! — les susurró como pudo, mientras los acompañaba por los pasillos, guiados por el prefecto de Ravenclaw.

El trío buscó el momento adecuado para perderse entre la multitud al doblar una esquina por los laberínticos pasillos del castillo.

— ¡No podemos arriesgarnos a buscarlo! — inquirió Hermione. — Podrían expulsarnos, ¡y eso sin considerar el riesgo de encontrar al trol!

— Entonces puedes esperar con los demás en la Sala Común — le dijo Harry antes de mirarse con Ron y seguir su camino.

Hermione quedó allí, viendo las espaldas de los chicos alejarse por el largo pasillo hasta perderse. En ella pronto surgió un torbellino de ideas, algunas que forzaron que diera un par de pasos en la dirección en la que los muchachos se fueron, mas pronto cambió de parecer y rápidamente retomó la ruta tomada por su prefecto, trotando hacia Casa de Ravenclaw.

Ron y Harry, en cambio, seguían trotando por los pasillos, agazapados y tratando de meter la menor cantidad de ruido posible, asomándose lo menos posible por las esquinas con tal de no ser atrapados por los profesores ni, peor aún, por el trol.

Llevaban bastante tiempo deambulando por la zona central del castillo, buscando los pasillos por las que Neville podría haber recorrido, quizás aún mareado por el accidente en la clase de Pociones, desde la enfermería.

Tras doblar otra esquina, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niñas, uno de los últimos lugares que les faltaba por recorrer. Acababan de doblar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.

— ¡Percy! — susurró Ron, empujando a Harry detrás de un gran buitre de piedra.

Sin embargo, al mirar; no vieron al prefecto de Gryffindor, sino al Profesor Snape. Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.

— ¿Qué es lo que está haciendo? — murmuró Harry. — ¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profesores?

— No tengo la menor idea — le respondió el otro, confundido.

Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.

— Se dirige al tercer piso — dijo Harry, con aún más dudas, pero Ron levantó la mano.

— ¿No sientes un olor raro?

Harry olfateó y un aroma especial llegó hasta su nariz: una mezcla de calcetines sucios y baño público que nadie limpia; entonces oyeron un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos.

Ron señaló al fondo del pasillo, a la izquierda. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.

Era una visión horrible. Más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran tronco de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.

Cuando Ron y Harry creían que ya podían moverse y pasar de largo tras el trol para continuar la búsqueda de su amigo, escucharon un terrible gemido un poco más allá. Era Neville. Los ojos del muchacho y los del trol se miraron fijamente mientras la criatura agitaba sus puntiagudas orejas, tomando decisiones con su minúsculo cerebro, al tiempo que las piernas de Neville cedían y caía pesadamente de espalas, sentándose rápidamente y tratando de alejarse de la criatura con torpeza.

— Pésimo momento para encontrar a Neville… — murmuró Ron.

Sin embargo, Harry miraba rápidamente a su alrededor, con más miedo que certidumbre, buscando una solución… hasta que vio la puerta que había tras Neville, justo por la esquina que ellos doblaron, en medio del pasillo: ¡la llave estaba en su cerradura!

— Si logramos distraer al trol, podríamos empujarlo hasta ese cuarto y cerrar la puerta tras él… — susurró Harry a su amigo, para que pudieran crear un plan.

Sin embargo, el tiempo no estaba de su parte. El trol se balanceó, parpadeando con aire estúpido, algo mareado del ruido que hacía Neville con su llanto lleno de pánico. Sus ojitos malignos estaban clavados en él hasta que finalmente tomó una decisión y se abalanzó sobre él, levantando el tronco que llevaba consigo.

Harry pudo ver en cámara lenta como el arma se alzaba, rozando con fuerza el techo del pasillo, mientras Neville levantaba su varita para hacer quizás lo único que se le había ocurrido hacer. Por instinto, Harry cubrió sus ojos al tiempo que se ponía frente a Ron, aún viendo todo en cámara lenta y alcanzando a ver la magia de Neville.

¡Lumos! — gritó el chico con todas sus fuerzas.

Por un instante, parecieron formarse grietas en la varita de Neville, como si algo en ella no funcionara como debiera, hasta que finalmente la magia del muchacho explotó frente a ella en forma de una enorme bola de luz capaz de verse en todo el castillo por un par de segundos.

— ¡Ayúdalo, Ron! — gritó Harry, algo mareado por haber intentado ver todo lo que había ocurrido.

Ron, que fue cubierto del efecto de la Luz por Harry, podía ver perfectamente a su amigo y, siguiendo la orden del otro, corrió rápidamente hacia Neville y lo sacó de allí con todas sus fuerzas.

El trol había recibido la luz de lleno, soltando su garrote y tapándose la cara mientras gritaba de dolor.

Harry, sin perder más tiempo, inhaló bastante aire y se concentró lo más que pudo pese a que aún le molestaban los ojos. Focalizó todo lo que podía, y trató de seguir todas sus arduas enseñanzas al pie de la letra… aunque tenía muy presente que necesitaría todo de sí para poder mover la mole que tenía enfrente y cumplir así con su cometido.

El verde de sus ojos se hizo algo más brillante al tiempo que sus venas parecían resplandecer con toda su energía mágica. Puso su varita en posición y…

¡Expelliarmus! — gritó, su voz resonando como un trueno en los pasillos del castillo.

Un poderoso estallido salió de su varita, tan fuerte que lo empujó un metro hacia atrás, cayéndose de espaldas. No obstante, cumplió con su cometido: el trol, aún mareado y enceguecido, salió volando hacia la puerta que había frente a él… pero el impacto fue tan fuerte que chocó con el umbral que rodeaba la puerta, destruyéndola al pasar de largo hasta el muro que había en el que era el cuarto de baño de las chicas.

Justo cuando Harry creyó que fue pésima idea y que había fallado en salvar a sus amigos, vio que el trol ya no se movía, seguramente inconsciente. Sonrió satisfecho justo al tiempo que él mismo caía inconsciente.

— ¡En que rayos estaban pensando, por todos los cielos! — creyó escuchar Harry al tiempo que sentía que le echaban agua fría sobre la cabeza.

Comenzó a recuperar la consciencia. Aún estaba en el suelo del pasillo, y podía escuchar a la Profesora McGonagall regañando a Neville y Ron por andar por el castillo cuando se sabía que el trol se encontraba deambulando por allí.

— Pero, Profesora — se defendió Ron, con coraje. — ¡Estábamos buscando a Neville, que llevaba todo el día desaparecido por el castillo!

Lentamente Harry comenzó a ponerse de pie cuando sintió que lo tomaban por el brazo.

— ¿Te encuentras bien? — escuchó el susurro de Snape, al tiempo que éste lo levantaba de un tirón, poniéndolo rápidamente de pie.

Harry simplemente asintió antes de que ambos se reunieran con la Profesora McGonagall y los otros dos muchachos.

— Longbottom, ¿podría explicarme a que se refiere el señor Weasley? — dijo ella, viendo furiosamente al aún mareado muchacho.

— Profesora McGonagall — interrumpió Snape, con su típica y parsimoniosa voz, llena de disgusto. — El señor Longbottom cometió un peligroso error en su clase de Pociones, lo que lo llevó directo a enfermería esta mañana. Sin embargo, de haber sabido que dicho accidente habría causado algún efecto alucinógeno, claramente lo habría amarrado a su cama…

Todos se quedaron mirando, mientras Neville balbuceaba disculpas.

— Bien, ¿y podrían decirme qué fue exactamente lo que ocurrió aquí? — inquirió la Profesora de Transformación, apuntando con la mano la destrucción de la puerta del cuarto de baño de chicas.

— Bueno, Profesora — comenzó a decir Harry, aún sosteniéndose del Profesor Snape. — El trol había encontrado a Neville antes que nosotros, en este mismo lugar, pero él logró enceguecerlo y así Ron lo sacó del lugar para que yo pudiera hacer lo que he aprendido con el Profesor Flitwick…

Todos le quedaron mirando, sorprendidos del último detalle, especialmente Ron, quien no sabía que Harry tenía clases especiales con el Profesor Flitwick.

— Bueno… en ese caso… — dijo la Profesora McGonagall, mirándolos a todos. — Señor Longbottom, a la próxima, si aún tiene algo de raciocinio, espere a las indicaciones de enfermería antes de intentar salir de dichos aposentos. Señor Weasley, señor Potter, sigo pensando que lo que hicieron fue un acto estúpido y extremadamente temerario, pero igualmente correcto; eso, sin mencionar que tuvieron mucha suerte: no muchos alumnos de primer año podrían haberle hecho frente a un trol de las montañas — y, considerando lo que podría decir a continuación, simplemente analizó con su vista rápidamente a los muchachos una vez más. — Si no se han hecho daño, vuelvan a sus casas comunes. Los alumnos están terminando la fiesta de Halloween en sus Salones Comunes.

Ron y Neville se miraron rápidamente antes de mirar a Harry, quien parecía estar exhausto, al punto de volver a desmayarse.

— Yo llevaré al señor Potter de vuelta a la Casa Ravenclaw — declaró Snape, con una mueca de disgusto.

Sin más, la Profesora McGonagall asintió y procedió a encaminar a los muchachos hacia sus respectivas casas comunes. Una vez solos, Snape sentó a Harry contra la pared del pasillo y puso sus manos alrededor de la cara del chico al tiempo que murmuraba palabras que Harry era incapaz de comprender.

Las venas de las manos de Snape resplandecieron unos instantes hasta que las venas del rostro de Harry respondieron al estímulo mágico, resplandeciendo también por un par de segundos. Rápidamente el cuerpo de Harry pareció recuperar algo de su energía, haciendo que el chico al fin pudiera ponerse de pie.

— ¿Mejor? — le dijo el mayor.

— Sí, muchas gracias…

— Usaste toda tu magia en ese único ataque — le reprendió Snape. — Tendrás que descansar bastante antes de poder hacer magia efectiva nuevamente; tendré que solicitarle al Profesor Flitwick que anule tu siguiente clase hasta que te recuperes…

— Lo entiendo… — respondió Harry, al tiempo que bajaba la mirada, algo desanimado.

— Sin embargo, ésa fue una ejemplar demostración de poder — continuó el otro, con una orgullosa sonrisa. — Incluso yo pude sentir semejante rugido desde donde yo estaba… — pero eso último hizo que Harry lo mirara rápidamente, haciéndole recordar algo.

— Sr. Snape, ¿qué estaba haciendo en el tercer piso? — le preguntó rápidamente, con preocupación, al punto de olvidarse de mantener la fachada que habían prometido al salir de casa.

El mayor quedó congelado unos instantes hasta que finalmente desvió la mirada, con disgusto.

— Espera mi lechuza y podremos hablar — le dijo. — Pero, por ahora, sólo preocúpate de recuperarte.

A regañadientes, Harry comprendió lo que le decía, y avanzó hacia la Casa de Ravenclaw, escoltado por Snape.

Caminaron en silencio por los largos pasillos del castillo hasta llegar a la entrada de la torre que daba paso a la Sala Común de Ravenclaw. Tras despedirse sólo con la mirada, Harry respondió el acertijo y cruzó el umbral que daba hacia la Sala Común.

La Sala Común estaba llena de gente y ruidos. Todos comían lo que les habían subido mientras conversaban, jugaban ajedrez, o incluso algunos filosofaban el posible origen del trol y los extraños estruendos que habían ocurrido momentos atrás. Sin embargo, Harry no podía ver a Hermione por ningún lado.

Estaba tan agotado que su mente le pedía ininterrumpidamente que fuera directo a su cama… hasta que, pasando junto a los ventanales que daban hacia el mirador de la torre, creyó ver a su amiga.

Sin dudarlo, salió a la terraza, reconociendo completamente a su amiga, con la mirada perdida en el obscuro horizonte nocturno. Parece que había estado llorando, pues aún suspiraba profundamente.

— ¿Estás bien? — simplemente le dijo, cuando ya estaba a unos pasos de ella.

Hermione instantáneamente reconoció su voz y, volteándose a él, saltó a abrazarlo, rompiendo nuevamente en llantos.

— Hey, ¿qué es lo que pasa? — le decía Harry, tratando de aguantar la sorpresa y el dolor que recorría por su cuerpo debido a todo lo que se exigió anteriormente.

— ¡Eres un tonto! — reclamaba la otra, mientras lloraba sobre su hombro.

Harry guardó silencio unos instantes hasta que finalmente correspondió el abrazo al tiempo que se disculpaba.

Ya separándose, Harry pudo ver que los ojos de Hermione estaban rojos de tanto llorar. Al notar su mirada, la chica rápidamente se volteó y volvió a clavar sus ojos en el firmamento, apoyando sus manos en la baranda de piedra. Aún dudando de cómo reaccionar, o si bien quizás sería mejor entrar y dirigirse a la cama, la chica nuevamente le habló:

— No vuelvas a dejarme sola… por favor… — le dijo, sin despegar la mirada del horizonte.

Harry se congeló unos momentos por semejantes palabras, pero pronto sonrió con algo de culpa, mirando fijamente la silueta de la chica a la luz de la Luna.

— Lo prometo…


Notas de autor

Holis.

Bueno, me imagino que no esperaban tal cambio en el capítulo de Halloween, pero no queríamos arriesgar a Hermione y sí queríamos afianzar la amistad con Neville... Así que bueno, él sufrió por el ataque del trol (#sorrynotsorry)

Como ven, igual iremos lentamente haciendo cambios en la historia original sin que por ello se pierda su esencia.

Espero que les haya gustado y envíennos reviews con sus preguntas... Nunca está de más :P

Saludos y nos vemos la próxima seman