Hola, antes de que la historia, debo avisar que contiene temas delicados; secuestro, sexo, síndrome de estocolmo, mafia, drogas, asesinatos, etc.

Yo no obligo a nadie a seguir leyendo, si decide hacerlo, es tu responsabilidad ... Espero que lo tomes con madurez y cómo lo que es, una historia más de ficción.


Isabella (POV)

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—Hay guardias esperándonos al salir —Alice me susurró. —En cuanto aterricemos, bajas con actitud decidida pero indignada.

Asentí y cuadré los hombros. Sentí que la lata con alas se sacudía al tocar el suelo de la pista de aterrizaje. Alice se estiró hacia mí y me liberó de los incomodos cinturones de seguridad que me mantuvieron quieta durante el viaje. Me tendió mí par de gafas de sol mientras me sonreía.

Decidida las coloqué en su lugar y me levanté en cuanto escuché la puerta abrirse.

— ¿Isabella? —Edward me miró extrañado cuando pasé por su lado, pero lo ignoré. Bajé con cuidado los escalones, pero tratando que zapatos altos sonaran con mis pisadas.

—Signora —un joven rubio me saludó, mientras me extendía la mano para terminar de bajar. Sonreí agradecida, sus ojos azules brillaron de regreso. Creo que ya lo había visto antes.

—Los esperaré en la camioneta —le dije con un tono autoritario. Él me miró sorprendido, titubeo un poco pero finalmente aceptó. Me guío a través del aeropuerto, en la salida, había grandes camionetas negras estacionadas. El rubio me abrió la puerta y cerró cuando me senté en el sillón.

Cada vez que veía este juego de coches, tenía la sensación de que tenía que ser mágico, cómo si se moviera toda la fiesta de un lugar a otro. ¿Cómo es que esta gente y sus coches siguen a Edward en tan poco tiempo?

Fui arrancada de mis caóticas deliberaciones, por la voz de mi torturador, dirigida directamente a mi oído.

—Me gustaría entrar en ti... —susurró, y su aliento caliente. —Profundo y violento, me gustaría sentir tu vagina húmeda apretando a mí alrededor.

Las palabras que escuché dispararon cada partícula de mi imaginación. Casi sentí físicamente lo que me estaba hablando.

Cerré los ojos y traté de calmar los latidos de mi corazón; lentamente se volvieron menos y menos regulares. De repente, el cálido aliento de Black desapareció y le oí decir algo al hombre sentado al volante. Las palabras eran incomprensibles para mí, pero después de unos segundos, el coche se fue a un lado de la carretera, se detuvo, y el conductor se bajó y nos dejó solos.

—Siéntate en el asiento del pasajero delantero—, dijo con una mirada fría y negra.

—¿Para qué?— pregunté desconcertada.

Una irritación apareció en la cara de Edward y su mandíbula comenzó a apretarse rítmicamente.

—Isabella, por última vez, te lo voy a decir: Ve adelante o yo te pondré en el otro asiento en un minuto.

Una vez más, su tono era agresivo, por un segundo, me llegó un deseo de oponerme sólo por la curiosidad a ver que reacción le provocaba. Ya sé que era posible que quisiera castigarme, pero no creo que haga lo mismo que en avión.

—Me das órdenes como un perro, y no voy a ser...

Recuperé el aliento para decir una letanía sobre su comportamiento hacia mí, pero antes de que pudiera decir otra palabra, él me sacó del coche y me colocó exageradamente en el asiento del pasajero delantero. Me dobló brutalmente las manos detrás del respaldo del asiento.

Antes de que me diera cuenta de lo que acababa de hacer, estaba sentada con las manos atadas detrás de mi asiento, y el vampiro tomó el asiento del conductor. Me toqué con los dedos las ataduras y curiosamente descubrí que era un cinturón similar al que estaba atada en el avión.

—¿Te gusta atar a las mujeres?— le pregunté cuándo estaba configurando algo en el panel de control del auto.

—En tu caso, no es una cuestión de preferencia, sino de compulsión. —su sonrisa torcida volvió a aparecer. Emprendió el viaje y una voz femenina y suave de navegación comenzó a guiarlo.

—Me duelen las manos y la espalda— le informé después de unos minutos de camino en una posición curvada no natural.

Edward redujo la velocidad y se detuvo ante las luces rojas, y luego miró fríamente en mi dirección.

—Sonríe ante tu dolor, o al menos te distraeré de él—, dijo, desabrochando mis pantalones con una mano. Su mano izquierda descansó tranquilamente en el volante y su mano derecha se deslizó bajo mis bragas de encaje. Me agité y me tiré al asiento, jurando y pidiéndole que no lo hiciera, pero ya era demasiado tarde.

—¡Edward, lo siento!— yo estaba gritando, tratando de despegarlo, haciendo más difícil para él hacer lo que quería hacer.

—Ya no me interesa, y si no te callas, tendré que amordazarte. Me gustaría escuchar la navegación, así que de ahora en adelante se supone que debes estar callada.

Su mano se deslizó lentamente dentro de mis bragas, y sentí que estaba en pánico y en total sumisión.

Los fríos dedos de Edward irritaron suavemente mi clítoris, esparciendo la humedad que aparecía cuando me tocaba. Su presión se hacía cada vez más fuerte, y los movimientos circulares me enviaban una vez más al abismo de su poder sobre mí. Cerré los ojos y disfruté de lo que estaba haciendo. Sabía que estaba actuando instintivamente, porque tenía que dividir su atención en dos acciones: conducir y castigarme.

Me retorcí en el asiento, frotando mis caderas rítmicamente contra el asiento cuando el coche se detuvo de repente. Sentí su mano salir del lugar donde debería haber permanecido unos dos minutos más y se me aflojaron las ataduras.

—Llegamos —dijo, apagando el motor.

Lo miré por debajo de los párpados apenas abiertos, una voz en mi cabeza gritó, se enojó y lo llamó desde lo peor. ¿Cómo se puede dejar a una mujer al borde del placer, y por lo tanto en el umbral de la desesperación en un momento? No tuve que hacer esta pregunta en voz alta porque sabía exactamente cuál era la intención de Edward. Quería que se lo pidiera, decidió demostrarme cuánto lo deseaba, aunque yo tratara de rebelarme contra todo lo que él hacía.

—Eso es genial. —Dije, masajeé mi muñeca floja. Me duelen tanto las manos que casi me vuelvo loca. —El viaje no fue tan entretenido cómo esperaba —lancé provocativamente y me encogí de hombros.

Fue como presionar un botón rojo. Edward me agarró y se sentó encima de mí, así que apoyé mi espalda contra el coche. Me agarró por el cuello y presionó mi coño contra su duro pene. Gemí, sintiendo como se frotaba contra mi sensible y despierto clítoris.

—No sabes... cuanto... te necesito…— él estaba forzando cada palabra.

Sus caderas se tambaleaban en círculos perezosos, subiendo de vez en cuando. Este movimiento y la presión de su pene me dejaron sin aliento.

—Y no me tendrás en mucho tiempo... —le susurré directamente a la boca, y al final le lamí el labio. —Empieza a gustarme el juego, sobre todo ahora que los dos podemos jugar— dije con diversión.

Se quedó inmóvil, y sus ojos me examinaron, buscando respuestas a preguntas sin respuesta. No sé cuánto tiempo hemos estado así, mirándonos el uno al otro en una lucha silenciosa. Edward se alejó y en el otro lado vi la cara no muy sorprendida de Emmett. Dios, ¿creo que este tipo ha visto todo?

El grandote dijo unas cuantas frases en italiano, ignorando por completo la posición en que estábamos sentados, y Edward definitivamente negó lo que escuchó. No tenía idea de lo que estaban hablando, pero por el tono de la discusión estaba claro que el vampiro no estaba de acuerdo con lo que su hermano le decía. Cuando terminaron, Edward abrió la puerta y sin soltarme, salió del coche y se dirigió hacia la entrada del hotel donde aparcamos.

Lo envolví con mis piernas en la cintura y me sentí sorprendida por las miradas de los otros invitados mientras pasaba por delante de ellos sin decir una palabra con cara de piedra.

—No estoy paralítica, — dije, levantando las cejas y asintiendo ligeramente con la cabeza.

—Eso espero, pero hay algunas buenas razones por las que no quiero dejarte ir, al menos dos.

Pasamos por la recepción y entramos en el ascensor donde me apoyó contra la pared. Nuestros labios casi entraron en contacto unos con otros.

—La primera es que mi polla dura está a punto de romper miserablemente mis pantalones, y la segunda es que los tuyos está empapados de humedad, y lo único que podría cubrir la vista son mis manos y tus caderas.

Me mordí los labios cuando escuché sus palabras, especialmente porque lo que dijo tenía sentido.

La campana del ascensor dijo que llegamos al piso donde nos bajaríamos.

Después de algunos pasos, puso la tarjeta que había recibido de Emmett en la puerta y entró en el monumental apartamento, poniéndome a mí en el medio.

—Me gustaría darme una ducha— dije, mirando mi equipaje.

—No hay tiempo —dijo sacando su celular. —Tengo cosas que hacer.

Sin decir nada, salió por la puerta de la habitación. Me quedé parada en el medio del living, indecisa. ¿Se supone que deba ir con él? ¿O va a dejarme aquí encerrada?

—¡Vámonos Bella! —la duende apareció por la puerta, con su clásico entusiasmo. Entró rápidamente y tiró de mí para que la siguiera.

—¿A dónde vamos? —le pregunté con la esperanza de conseguir finalmente respuestas.

—Vamos a ir con mi hermano —puso los ojos en blanco— el señor tiene que atender unos negocios —me explicó. — Pero nosotras vamos a divertirnos —gritó emocionada. Sonreí, la verdad era fácil estar con Alice, su personalidad alegre se te contagiaba.

Salimos del hotel, la hermosa ciudad de Roma nos saludó con un aire cálido. Alice y yo nos subimos a una camioneta negra, y rápidamente nos pusimos en marcha. Mientras recorríamos la ciudad, no pude evitar estar pegada a la ventanilla, yo nunca me había imaginado poder conocer éstos lugares, bueno, quizás por el trabajo sí, pero hubieran sido visitas rápidas y sin tanto tiempo para disfrutar.

Cerca de 20 minutos después, los automóviles se detuvieron frente a un restaurante lujoso. Vi a Edward y Emmett bajar del auto de adelante, ambos entraron al restaurante sin dirigirnos una mirada. Alice me empujo para que bajara, obedecí.

—Imita mis movimientos —me susurró discretamente. Se acomodó sus gafas de sol y entró de la misma manera que sus hermanos. Elegante, llamativa y con aires de superioridad.

—Eso si lo puedo hacer —murmuré, la voz en mi cabeza estuvo de acuerdo. Cuadré los hombros, acomodé mi ropa y avancé a paso decidido, en cuanto crucé las puertas del establecimiento, sentí varias miradas sobre mí, tratando de que no me afectaran, seguí caminando.

En el fondo del restaurante, había un pequeño bar con vista a Coliseo, sentada en la última mesa, Alice me miraba orgullosa. En la barra, estaba Edward hablando con otro hombre, pasé junto a ellos y noté que ambos me dedicaron miradas intensas.

—¡Vaya lugar! —dije sorprendida llegando al lado de la duende. Alice asintió dándome la razón.

—Es uno de mis lugares favoritos —su voz sonaba tranquila— Papá lo compró porque decía que era el favorito de mamá.

Le di una mirada triste, ella parecía estar en calma, sin embargo estaba más seria de lo que usualmente era.

—¿No dijiste que Esme nos iba a acompañar? —le pregunté para relajar el ambiente.

—Lo hará —la duende volvió a sonreír— Por el momento se quedó en el hotel consiguiendo unas cosas que vamos a necesitar.

—¿Quién va a necesitar, qué? —Emmett llego hasta nosotras con un aire de felicidad. —Yo les quiero ayudar.

—Hola Emmett —le sonreí inocentemente. Él respondió haciendo una pequeña reverencia.

—Les traje un regalito —nos extendió unos barquillos de Gelato— ¡Son mis favoritos!

Alice tomó el de chocolate, y a mí me dieron el que parecía ser vainilla. Estaba buenísimo, debo admitir, y con el calor que se sentía en el ambiente, era bastante agradable. Emmett se recargó en nuestra mesa, y los tres nos sumimos en una conversación agradable.

—Edward y Eleazar están hablando de ti —Alice me susurró tratando de no llamar la atención —Llevan rato observándote.

—Sí, ya lo había notado —dije un poco molesta. El hombre, que ahora sé, se llama Eleazar, se giraba cada cierto tiempo y me echaba miradas fugases.

—¿Por qué no vas y le enseñas a Edward que tan bueno sabe el Gelato? —Alice sonrió maliciosa. Yo la miré cómplice y me puse de pie.

—Eso es algo que definitivamente no me pienso perder —Emmett tomó mi asiento, que daba justo frente a la escena que iba a desarrollarse en unos momentos. Caminé contoneando mis caderas, mis movimientos suaves pero felinos.

Intencionalmente, hice que el Gelato se escurriera por mis labios. Me detuve junto a ellos, y mirando inocentemente a Edward, limpié mis labios con mis dedos y después los lleve a mi boca para chuparlos.

—Están hablando sobre mí —les dije acusadoramente. Edward me miró alarmado.

—Yo…no… —dio una mirada rápida hacia Eleazar. —Solo le decía a mi primo lo linda y maravillosa que eres.

—Sí, de eso hablábamos —el hombre asintió.

Rodeé los ojos, y seguí comiendo mi Gelato con demasiado dramatismo. Usando mis labios para que terminaran todos blancos, y con mi lengua le daba largas lamidas. Edward se removió incomodo, y le daba miradas a su primo.

—¿Vas a parar? —el vampiro me miró con molestia. Él sabía lo que trataba de hacer.

Solté un gemido mientras tragaba lo frio en mi boca —Me aburró —dije encogiéndome de hombros. Giré mi rostro hacia Alice y Emmett, ambos se estaban aguantando la risa, pero sus hombros se sacudían y los delataban.

Alice miró un par de veces a su hermano, y me señaló algo detrás de mí. "La fuente" movió sus labios "Ve a la fuente". No sé qué está tramando, pero le seguiré el juego. Regresé mi atención a mis espectadores principales, y seguí chupando mi Gelato.

—¡Ya basta! —me gruñó el vampiro. Le di una sonrisa socarrona, y estiré mi mano para tomar la de su primo, con suavidad puse el barquillo entre sus dedos, asegurándome que lo tomara firmemente. Sin despegar mis ojos de su mirada verde, lamí mis labios una última vez, y me dispuse a ir a la fuente.

Cerca de 15 pasos después, me encontré frente a la hermosa fuente hecha de piedra Tenía una cascada artificial que alimentaba el flujo del agua, y era lo suficientemente profunda cómo para que poniéndome sobre mis rodillas, el agua cubriera hasta mi cuello. Parecía estar fría, y yo sólo rogaba por no terminar enferma. De reojo note que Alice levantaba los pulgares, y Emmett estaba a nada de caerse de la silla en un ataque de risa.

Me senté en el borde y miré sonriente al primo de Edward.

—¿Se meterá en la fuente? —le preguntó al vampiro, supongo que por la impresión habló en mi idioma.

—No —Edward contestó confundido. Bien, esa era mi señal. Giré mi cuerpo hasta quedar con un pie dentro de la fuerte. ¡Joder! Si está fría.

—Lo hará —Eleazar me miró con asombro y un poco de diversión. Terminé de girar mi cuerpo hasta quedar con los dos pies dentro del agua.

—No —Edward volvió a negar. Volví a colocar mi cuerpo de frente a ellos. Le di una mirada rápida a Alice y movió la cabeza de arriba abajo, animándome a hacerlo.

—¿Apostamos? —Eleazar le dijo a Edward. Abrí mis brazos esperando la reacción del vampiro. En ese momento, el vampiro se giró en mi dirección y yo le guiñé un ojo coquetamente.

—No, no lo hará —Edward se apresuró a ponerse de pie y a tratar de llegar a mí antes de que callera al agua. Yo le dediqué una sonrisa divertida y con suavidad, me dejé caer de espaldas. El agua fría chocando con mi cuerpo me provocó un chillido de sorpresa, pero dejé que la succión me jalara hacia el fondo.

Escuché las carcajadas de Emmett, y los pasos furiosos de alguien acercándose a mí. Raídamente me comencé a mover por el agua, hasta llegar al centro de la fuente, justo debajo de la cascada artificial. Sí Edward quería sacarme de aquí, tendría que mojarse también.

—¿De verdad tenías que hacer eso? —la voz ronca del vampiro llego a mis oídos. Estaba de pie cerca de mí, pero estirándose para tratar de sacarme. Fingí que no lo escuché y seguí moviéndome a través del agua.

—Maldita sea, Isabella —gruñó y el agua se movió. Giré mi rostro y lo vi, completamente sumergido en la fuente, igual que yo. Sonreí y deje que me arrastrará para sacarme.

Salimos del agua, y en el siguiente segundo, sus hermanos estaban a nuestro lado, arrastrándonos a las camionetas. Edward tiraba de mí con demasiada fuerza, yo trataba de caminar lo más rápido posible a su lado.

—Ella venia conmigo —Alice nos detuvo frente a las camionetas, tomó mi mano y me arrastró hasta la camioneta donde veníamos. Nos subimos y nos pusimos en marcha hacia el hotel.

—Eso fue genial —las dos gritamos y soltamos una carcajada.

—¿Viste su cara? —le pregunté, ella asintió entre risas. Seguimos hablando y mofándonos de lo que acababa de pasar. Llegamos nuevamente al hotel, Alice y yo bajamos tranquilamente ante las miradas curiosas de las personas.

Caminé sin zapatos por el living del hotel. Los empleados me miraban asombrados, pero no dejé que las miradas me pusieran nerviosa. Edward se me emparejó rápidamente, caminó a mi ritmo dándome miradas molestas.

—¿No era mejor esperar a que volviéramos? —me cuestionó— Apuesto a que el baño hubiese sido más cómodo.

—La fuente estaba más cerca —me encogí de hombros y volví mi vista al frente. Entremos al ascensor en silencio, Edward me dirigía miradas reprobatorias, pero mi humor estaba inmejorable. Llegamos al último piso, Edward salió primero que yo en cuanto se abrieron las puertas del ascensor. Yo giré hacia la derecha, Alice me había dado la tarjeta de la habitación antes de bajas de la camioneta, pero Edward giró hacia la izquierda y se metió por otra puerta.

Me quedé en blanco, esa no era la reacción que yo esperaba. Puse la tarjeta en la puerta para abrirla. La enorme habitación se iluminó ante mis ojos, decidí curiosear un poco, los grandes ventanales te daban una hermosa vista de la ciudad, la gigantesca cama parecía tan blanca y suave como las nubes, todas mis cosas estaban perfectamente ordenadas en el closet.

Me duché y me engrasé con una loción de vainilla que encontré en el armario. Salí del baño y al caminar por las habitaciones me encontré con una botella de mi querido licor. Me serví una copa, luego otra y otra, miré la televisión, bebí champán y me pregunté dónde había desaparecido mi torturador.

Después de un tiempo, aburrida, comencé a caminar por la habitación. Podría llamar a Alice, pero no sé si está cansada, o si está ocupada. ¿Habrá salido sin mí? Ir con Esme tampoco era una opción, supongo que querría pasar tiempo con su esposo. ¿Emmett? Ni de broma.

Por alguna razón terminé viendo mi propio reflejo en el espejo del baño. La otra Isabella me regaló una sonrisa maliciosa, supongo que podría hacer lo que mejor me sale últimamente…

Salí con calma de mi habitación, las otras puertas estaban cerradas y no se escuchaba ningún sonido proveniente de las habitaciones. Me planté frente a la puerta por donde Edward se había metido horas atrás.

Toqué la puerta con suavidad.

Dos segundos después, Edward aparecía frente a mí, llevaba una toalla envuelta en la cintura, su esculpido torso tenia suaves gotas que recorrían su piel, su cabello bronce, estaba húmedo y despeinado.

Tragué saliva en voz alta, aturdida por la vista y estimulada por el alcohol bebido.

Los ojos verdes de él, me miraban con sorpresa, después se volvieron cautelosos, al igual que sus movimientos. Con indecisión se movió hacia un lado para dejarme pasar. Tome valor y di unos pasos dentro de su habitación, las luces estaban parcialmente apagadas, las decoraciones oscuras hacían que todo a tu alrededor fuera una mezcla de luz, oscuridad y demasiada sensualidad.

Seguí moviéndome mientas analizaba a mi alrededor, Edward cerró la puerta y me siguió. Me paré frente a la enorme cama, que se apoyaba en cuatro vigas monumentales, decenas de cojines rojos se encontraban sobre las sábanas blancas.

Me reí internamente, ¿Acaso se cree Christian Grey?

Frente a la cama, había un cuadro que ocupaba toda esa pared. Un retrato de él.

—Mi-er-da —dije separando las silabas. —¿De qué periodo es? ¿Miguel Ángel temprano o Caravaggio tardío?

Edward soltó una suave risa —Fue un regalo —me respondió.

—Sí, claro —murmuré. Me senté en el elegante sofá que estaba debajo del cuadro. Edward avanzó hasta ponerse delante de mí. Con calma abrí mis piernas pero, la bata de baño que traía puesta le impedía ver más allá de mis rodillas.

Sus ojos fríos de animal se toparon con los míos, con sus manos recorrió su torso hasta el borde de la toalla, y en un ágil movimiento, quedó desnudo frente a mí. Me agarré firmemente de los lados del sillón, mi vista se desvió a su pene que colgaba en mi cara. Se puso la toalla sobre los hombros y se agarró de los extremos.

"Tu solita te lo buscaste" me recordó la voz en mi cabeza. Comencé a rezar para resistir lo que estaba viendo, pero creo que la succión involuntaria de mi labio inferior no ayudó en lo absoluto a ocultar mis sentimientos.

Lentamente lo agarró con su mano derecha y comenzó a deslizarla desde la raíz hasta el final. Su cuerpo se estaba flexionando, los músculos abdominales de acero estaban apretando y el pene, que traté de no mirar, se estaba hinchando y creciendo.

—Ayúdame— ordenó sin quitarme los ojos de encima y sin jugar conmigo.

"No te hará nada, recuerda" volvió a hablar la voz en mi cabeza.

Dios, no tenía que hacer nada, ni siquiera tenía que tocarme físicamente para ponerme al rojo vivo y enfocar mis pensamientos sólo en mí, en la polla y en el sueño de tenerla en la boca. Pero los últimos rincones sobrios de mi mente me dijeron que si él obtenía lo que quería, el juego ya no sería interesante y no me sentiría tan cómoda cediendo a él tan fácilmente.

Porque el hecho de que este tipo me tuviera era más que seguro, la única incógnita era cuándo sucedería. Mi mente perversa, como parte de la lucha contra el deseo, me envió la idea de que este hombre divino que se masturba ante mí quiere matar a mi familia. Toda la excitación desapareció y fue reemplazada por la ira y el odio.

—Probablemente estás soñando,— dije, resoplando con desprecio.

—Eso fue un no —murmuró con altanería.

—Tienes gente para todo, así que puedes pedirles que lo hagan también.— Lo miré a él. Traté de levantarme de la silla, pero él me agarró del cuello y me clavó en el respaldo otra vez.

—¿Estás segura de lo que dices, Isabella? —se inclinó hacia mí con una inteligente sonrisa.

—Suéltame, maldita sea. —gruñí apretando mis dientes juntos.

Hizo lo que le pedí y se alejó de mí hacia la cama. Me levanté y avancé hacia la puerta, cuando llegue le di una sonrisa inocente y agarré la manija, queriendo salir de esta habitación lo antes posible antes de que mis pensamientos empiecen a girar de nuevo en torno a situaciones no deseadas. Pero la puerta estaba cerrada. Edward tomó el teléfono que estaba en la mesa de noche, llamó a alguien y dijo algunas palabras, y luego colgó.

— ¡Déjame salir! Maldita sea, ¡Déjame salir!— estaba tirando de la manija, gritando.

Arrojó una toalla sobre la cama y se puso de pie con las manos bajadas a lo largo de su cuerpo, clavándome unos ojos helados y negros.

—¡Abre la puta puerta! —le grité enojada acercándome a él.

—Tranquila —me acarició la mejilla. Mis pensamientos se bloquearon nuevamente.

Cerré los ojos por miedo, sin tener idea de lo que pasaría. Sentí mi cuerpo flotando y cayendo sobre la cama en un momento. Edward estaba murmurando algo en italiano todo el tiempo. Cuando me sentí hundido entre las almohadas, abrí los párpados y vi su escultural cuerpo elevándose sobre mí. Me agarró la mano derecha y la encadenó con una larga cadena terminada con una hebilla a uno de los cuatro pilares. Me agarró la mano izquierda, pero me las arreglé para sacarla y le pegué. Se mordió los dientes, y un momento después un grito furioso salió de su garganta. Sabía que había cruzado la línea. Volvió a apretar su mano en mi muñeca izquierda con demasiada fuerza y lo llevó a la otra empuñadura, inmovilizando toda la parte superior de mi cuerpo.

—¡Mierda! —gruñí.

Pateé y me arrojé sobre la cama hasta que se sentó sobre mis pies, de espaldas a la cama, y sacó un tubo corto. No tenía ni idea de lo que era, sólo quería que se me quitara de encima. Me puso dos collares suaves alrededor de los tobillos, que estaban en los extremos de la barra, y luego buscó otra barra. Tomó la cadena por detrás y la sujetó al mango del tobillo derecho, repitió lo mismo con el izquierdo y luego se levantó de la cama. Se puso de pie, mirando mi cuerpo encadenado a cuatro columnas. Claramente estaba contento y entusiasmado con esta vista.

Estaba confundida y aturdida. Cuando quise sacudir mis piernas, el tubo al que estaban encadenadas se expandió y bloqueó. Edward se mordió el labio inferior.

—Esperaba que lo hicieras. Es un palo telescópico, cada que te mueves lo extiendes más, pero no se doblará si no sabes dónde empujarlo.

Después de estas palabras, entré en pánico, estaba inmóvil y mis piernas estaban muy separadas, como una invitación a él.

En ese momento se oyó el golpe de la puerta y me puse aún más tensa.

—No tengas miedo—, dijo con una ligera sonrisa, acercándose a la puerta.

Abrió la puerta y metió a la joven al interior. No pude verla muy claramente, pero tenía el pelo largo y oscuro y tacones altos que resaltaban sus delgadas piernas. Edward le dijo dos frases y la chica se quedó inmóvil. Después de un tiempo me di cuenta de que todavía estaba desnudo y que esta mujer no se sorprendió en absoluto.

Se acercó a mí y me empujó una almohada bajo mi cabeza para que pudiera observar toda la habitación sin ninguna dificultad ni esfuerzo.

—Me gustaría mostrarte algo. Algo que extrañarás... —susurró, mordiéndome la oreja.

Volvió al otro extremo de la habitación y se sentó en un sillón justo enfrente de la cama, de modo que estábamos literalmente a unos pocos metros. Sin apartar la vista de mí, le dijo algo en italiano a la chica que estaba parada como un poste, y ella se quitó el vestido y se paró frente a él en ropa interior. Mi corazón estaba galopando cuando se arrodilló y empezó a chupar a mi torturador. Sus manos se deslizaron sobre su cabeza y se enredaron en su pelo oscuro. No podía creer lo que estaba viendo.

Sus ojos verdes me miraban fijamente, y sus labios se abrían cada vez más y tomaban aire nerviosamente. Podías ver que la chica sabía lo que estaba haciendo. De vez en cuando él lanzaba una palabra en italiano, como si le diera instrucciones, y ella gemía con satisfacción.

Miré la escena y traté de entender cómo me sentía. Su mirada, que me estaba volando la cabeza, me excitaba hasta el límite para ver a mi vampiro en éxtasis, pero el hecho de no estar entre sus piernas me quitaba completamente la alegría de la vista. ¿Estoy celosa? Estaba alejando la idea de que quería estar en su lugar, pero no podía quitarle los ojos de encima.

En un momento dado, Edward agarró a la chica por la cabeza y le empujó brutalmente la polla hacia ella, por lo que ella empezó a atragantarse. Ella no le estaba dando caña, él se estaba cogiendo sus labios, profundo y loco. Me retorcía en la cama, y las cadenas atadas a mis miembros se frotaban contra las vigas. Estaba atrapando el aire cada vez más fuerte, y mi pecho subía y bajaba demasiado rápido. El espectáculo, me emocionó, me excitó y me hizo enojar de un solo golpe. Sólo ahora entendí el significado de las palabras que él dijo antes de que ella se acercara a él.

Sí, ciertamente estaba celosa. Con gran esfuerzo, cerré los ojos y giré la cabeza a un lado.

—Ahora abre los ojos y mírame, — susurró con voz entrecortada.

—No quiero, no me obligarás —dije con voz ronca, que apenas salió de mi interior.

—Si no me miras ahora mismo, me acostaré a tu lado y ella terminará de frotarse contra tu cuerpo. Decídete, Isabella.

Esta amenaza fue lo suficientemente alentadora como para que yo obedeciera su orden. Cuando mis ojos se encontraron con los suyos, él miró con satisfacción y abrió firmemente sus labios y puso una sonrisa borrosa. Se levantó de su asiento y se movió de tal manera que ahora la muchacha que estaba arrodillada frente a él estaba recostada contra la cama, y él estaba de pie a sólo un metro y medio de mí.

Yo lo quería. Si no hubiera sido por el hecho de que estaba atada, creo que la habría echado de la habitación y terminado el trabajo. Edward lo sabía bien. Después de un tiempo, sus ojos se volvieron oscuros y vacíos, y después de un pecho recién lavado, fluyeron gotas de sudor. Sabía que sucedería pronto, porque la mujer arrodillada frente a él definitivamente aceleró.

—¡Isabella, sí!— Un gemido apagado salió de su boca cuando todos los músculos se apretaron y empezaron a llegar a su punto máximo, inundando su garganta con esperma.

Estaba extremadamente emocionada y abrumada por la demanda, hasta el punto de que pensé que iba a correrme con él. Mi cuerpo se inundó con una ola de calor. Ni siquiera me quitó los ojos de encima ni un momento.

Respiré con alivio, esperando que el show terminara. El vampiro dijo una frase en italiano y la chica terminó, se levantó, tomó su vestido y se fue.

Él se puso de nuevo frente a mí, su respiración era errática, su pecho subía y bajaba.

—Nena —su voz era tranquila y sexy. —En este momento, estas lo suficientemente inmovilizada para no resistirte a mí —se inclinó sobre mi cuerpo— Al mismo tiempo, tengo acceso a cada parte de tu cuerpo.

Abrí bien los ojos y mi corazón latía como un aplauso después del concierto de Beyoncé. Quería oponerme a ello, pero no pude sacar ni una palabra de mí misma. Su cabeza bajó lentamente hacia mí cuerpo, y sacó su lengua para lamerme el interior del muslo, El tubo se abrió un par de veces más, y luego se trabó manteniendo mis piernas abiertas.

—Por favor— susurré, porque eso fue lo único que me vino a la mente.

—¿Me estás pidiendo que empiece ahora o que lo deje?

Esta sencilla pregunta me pareció tan difícil en ese momento que cuando quise responder, sólo un callado gemido de resignación surgió de mi garganta.

Edward se acercó y se colgó sobre mi cara, clavándome los ojos. Con su labio inferior me pinchó la nariz, los labios, las mejillas.

—En un momento te follaré para que tus gritos se oigan en Seattle.

—Te ruego que no—, dije con el resto de mis fuerzas y apreté los párpados, bajo los cuales fluyeron lágrimas de miedo. El silencio llegó y tuve miedo de abrir los ojos, aterrorizada por lo que podía ver. Escuché un chasquido y sentí que mi mano derecha estaba libre, luego otro chasquido y ambas manos cayeron sobre las almohadas. Luego otros dos chasquidos de los candados y sentí lástima de mí misma, completamente liberada de las ataduras.

—Vístete, tenemos que estar en uno de mis clubes en una hora— dijo, moviéndose hacia el baño y desapareciendo detrás de la puerta.


Hola ¿Qué tal les va? Interesante capitulo... ¿A que sí? Jajajaja bueno a mi me gustó mucho, incluso escribiéndolo me divertí mucho.

Creo que todos coinciden conmigo a que Alice es lo mejor, jajaja Sobre todo ayudando a Bella a molestar a Edward, y ni hablemos de Emmett. Veremos que hacen en el próximo capitulo.

Nos leemos pronto!