Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Travesuras
El corazón de Bella latía tan fuerte que retumbó en su garganta al reconocer la voz de Sam Uley.
― Es… es Sam ―tartamudeó al salir del aturdimiento― es él…
― Por favor, Bella, vamos a mi habitación y no salgas de ahí ―se dejó guiar cuando Gabrielle tomó su mano llevándola dentro del estrecho confinamiento que era el closet―. No hagas ningún ruido, ¿entiendes?
Asintió nerviosa y sujetó una mano de ella para detenerla.
― Es él, ¿verdad?, siempre fue Sam.
Un movimiento de cabeza le dio la respuesta que necesitaba mientras la mirada de Gabrielle seguía siendo de pánico al volver a escuchar los resonantes golpes en la puerta.
No pudo aferrarse a su mano como necesitaba en esos momentos porque la rubia había dado media vuelta saliendo del closet.
De ninguna manera se quedaría ahí; quizás podían llamarla estúpida, pero no se iba a quedar escondida. Tentando su destino y con pasos precavidos salió tras Gabrielle quedando detrás de la puerta al escuchar la profunda voz de Sam.
Fue un poco más allá al entreabrir la puerta. Afianzó su gabardina, abrazándose.
― Tenemos que irnos ―gruñó Sam enjaulando el cuerpo de Gabrielle en una de las paredes―. La estúpida de Alice Brandon le dijo toda la verdad a Paul y en estos momentos está haciendo lo mismo con Edward Cullen.
― ¿¡Qué!? ―chilló entre asustada.
― Es una idiota al igual que Tanya, solo busca ganar un poco de atención de parte de Cullen, pobre idiota. Me pregunto si también le dirá que fui yo quien planeó lo de Isabella junto con su padre.
Bella se estremeció ante las duras palabras sin ningún ápice de arrepentimiento.
― ¿Qué harás tú? ―preguntó Gabrielle en un tono alto que Bella captó de inmediato.
― ¿Qué haré yo? ―repitió con sorna―. Eres estúpida también. Nos iremos juntos. Porque tú estás hasta el cuello al igual que yo. Fuiste mi cómplice en todo, no se te olvide.
― Yo no hice nada ―replicó la rubia.
― Estudiar leyes no te sirvió de nada, porque sigues siendo la misma idiota, sin carácter y sin cerebro.
― N-no iré contigo ―su voz fue débil― yo tengo mis propios planes.
― Por supuesto que te vas conmigo. No me voy a fiar de una estúpida apocada como tú ―desenfundó una pistola de su cintura y encañonó a Gabrielle
― Te juro que no diré nada. Es más, en este mismo momento desaparezco y nadie volverá a saber de mí ―la rubia tembló.
― ¿En serio? ―la carcajada que soltó Sam logró erizar la piel de Bella y hacer que apretara los ojos―. Bien, me gustaría conceder ese deseo, pero debo pedir algo a cambio.
― ¿Qué es? Dímelo, te daré lo que quieras ―aseguró― yo... yo puedo poner a tus pies a Isabella.
Bella tragó saliva.
― Y si te digo que solo te doy minutos para traerla, ¿lo harías? ―expresó Sam Uley con una sonrisa siniestra.
Las pupilas de Gabrielle se dilataron al escuchar lo que pedía.
Bella se alejó de la puerta y corrió de nuevo a su escondite para sacar el móvil de su bolso. Tenía que salir de ahí antes de convertirse en carnada.
Algo en su interior le decía que debía huir de ahí.
Edward se puso de pie en cuanto vio a Alice entrar en su oficina sin importar los gritos que pegaba su secretaria.
― Lo siento…. ―se disculpó avergonzada Jade.
― Está bien, Jade, puedes retirarte ―su secretaria pegó media vuelta y él apoyó los nudillos en la mesa del escritorio y se inclinó con sus ojos fijos en la mujer frente a él―. ¿Qué diablos quieres?
Alice rodó los ojos de manera teatral. Había cambiado a simple vista; al menos su tono natural de cabello estaba de vuelta, el color negro brillante le hacía resaltar sus grandes ojos verdes, también había ganado más peso y sus facciones juveniles habían desaparecido. Con toda la elegancia que la caracterizaba se sentó cruzándose de piernas y manteniendo la espalda recta.
― Es un gusto, querido.
― No colmes mi paciencia, ¿a qué viniste? ―Espetó sin despegar la mirada de su ex.
Alice le sostuvo la mirada unos segundos más antes de sacudir la cabeza.
― No voy a negar que quería verte y saber cómo estás ―se enderezó, alargando su mano al escritorio tomando el portarretrato de la foto familiar―. Tus niñas son hermosas ―dijo con cierta nostalgia―. Sabes, siempre me pregunté si nosotros dos hubiésemos funcionado como padres.
― Alice, no empieces ―le reprendió mientras tomaba su lugar―. Y dime, ¿a qué debo tu visita? No tengo mucho tiempo para idioteces.
La joven pelinegra soltó un suspiro volviendo a poner el portarretrato en su lugar.
― Parece que siempre he sacado lo peor de ti, pues no se te quita lo patan conmigo. ¿Acaso me odias tanto que te da repele cruzar palabra conmigo?
Edward se recargó en el respaldo de su cómoda silla de cuero, la estudió por algunos momentos antes de arrugar su frente.
― Tú y yo no funcionamos, Alice, y tú sabes bien el porqué. Sí eso era todo, te puedes retirar, estoy bastante ocupado para seguir hablando tonterías.
― Debería ponerme de pie y marcharme con mi dignidad intacta y dejarte con la estúpida duda de lo que realmente vengo a decirte. Y no lo haré, ¿sabes por qué? Porque he cambiado, Edward, ya no soy esa mujer inmadura que lo solucionaba todo haciendo berrinches. Todo lo que ocurrió en mi familia me permitió crecer como persona, soy menos frívola. Al menos, lo intento.
― Me alegro por ti ―le hizo un gesto señalando la puerta y Alice apretó fuertemente los párpados volviendo a suspirar.
― Papá hará una nueva declaración.
Eso fue suficiente para ganar la atención por completo de Edward que se envaró en su lugar completamente estoico.
― Papá tiene pruebas de quién le ordenó que atacara a Bella ―Alice bajó la vista avergonzada―. Fue Sam Uley.
Edward sintió que las piernas le flaqueaban, incluso sintió como si le hubieran golpeado el pecho seguido por una adrenalina que fluía por todo su cuerpo, se puso de pie y llevó las manos a su cabeza, en un acto de desesperación caminó de un lado a otro. Quería gritar, golpear cualquier cosa para así poder sacar toda la rabia que se estaba acumulando en su interior.
― ¿De qué mierda hablas, Alice? ―no se acercó a ella. En estos momentos no debía hacerlo porque sabía bien que estrujaría el cuerpo para obligarla a decir todo.
― Calma, Edward. Todo estará bien.
Una risa nerviosa se escapó de la boca de él mientras la encaraba. Había vuelto a su posición detrás del escritorio.
― Estás diciéndome que el verdadero autor del atentado que sufrió mi esposa está maldita sea libre y me pides calma, ¿en serio? ―golpeó su puño contra la fina madera caoba haciendo que Alice diese un respingo―. No tienes una jodida idea de lo que pasamos a causa de ello, ¡por poco las pierdo!, ¿entiendes? Estuve a punto de perder a mi esposa y mis hijas a causa del infeliz de tu padre. Y ahora me dices que Sam es el autor de todo. Necesito pruebas ―musitó― porque no creeré nada hasta tener pruebas.
― Y las tengo. Tengo las pruebas necesarias para hundir a Sam Uley tanto por lo sucedido con Bella como por la muerte de Tanya Smith.
Los ojos de Edward estaban por salirse de las cuencas. No daba crédito a lo que escuchaba. Tragó saliva y se ordenó mentalmente a componer su carácter impulsivo frente a su ex.
― ¿De qué estás hablando?
Alice abrió su gran bolso rebuscando con interés, sacando un delgado folder que tendió sobre el escritorio.
― Ahí tienes todo lo que necesitas para refundir de nueva cuenta a Sam Uley. Hay comprobantes, copias y demás de todo lo que te he dicho, Edward.
Tomó cada hoja y empezó a leer de forma presurosa. En cada una existía la firma de Uley, incluso en algunos documentos estaba impreso sus instrucciones de lo que mandaba a hacer contra Tanya.
― Mi padre le mandó investigar desde hace años. Fue de la forma que descubrió que Uley mandó asesinar a Tanya porque ella logró develar que él era el verdadero autor del atentado. Esa mujer tuvo el tino para llegar al fondo del meollo y tuvo la mala fortuna de pagar con su vida. Una lástima, en verdad me caía bien.
― ¿Por qué Caius espero hasta ahora? ―Esa duda le estaba volviendo loco.
Alice encogió los hombros y relamió los labios sin quitar ni un poco del bálsamo rojo que llevaba en la boca.
― Supongo que es su forma de desquitarse. Sam le había prometido sacarlo en el menor tiempo posible… no cumplió. ―Hubo un silencio descomunal en esa oficina, era incómodo, pero soportable―. Edward, yo…, aún me cuesta creer lo que papá hizo. Yo siempre me aferre a su inocencia y te odie por incriminarlo. Te odie tanto que solo quería que fueses tan infeliz como era yo en esos momentos. Hoy no puedo odiarte, no lo hago.
Exhaló e inhaló ruidosamente mientras apretaba sus puños e intentaba relajarse. Estaba asimilando la nueva información y tratando de guardar la compostura para no tirar de un golpe todo lo que veía.
El intercomunicador le hizo salir de sus cavilaciones.
― ¿Si?
― La señora Shelly Cope está aquí junto a Emily y las cuatrillizas ―avisó Jade―. ¿Las hago pasar? Dicen que es urgente.
Edward nervioso se puso de pie después de aceptar la entrada a su vecina y niñera. Ignorando a Alice caminó hasta la puerta y recibió con los brazos abiertos a sus pequeñas que se lanzaron apenas al verle.
― ¡Papi! ―gritaron con júbilo y al unísono.
Les abrazó y besó sus mejillas acuclillado frente a sus hijas. Ellas se acurrucaron con ternura y necesidad en sus cálidos brazos.
― Mami se perdió ―comentó Arienne acunando con las pequeñas manos su rostro.
Él parpadeó y le sonrió confundido.
― Sí, mami se perdió ―ahora Eileen repetía las mismas palabras con los pequeños dedos encajados en su pelo.
Edward levantó la mirada a las dos mujeres adultas que estaban detenidas bajo la puerta. Fue Shelly Cope quien se acercó nerviosa y tras ella Emily que sostenía entre sus brazos a un Cody adormilado.
― Hace más de cuatro horas que Bella debió haber regresado a casa ―empezó a explicar su vecina―. Hoy tuvo su cita prenatal y nunca tarda más de dos horas fuera ―la mujer tomó una bocanada a la vez que retorcía las manos― no responde su móvil, ni sabemos dónde está.
Se irguió de inmediato quedando frente a la mujer mayor.
― Debe estar con Vic. Me había dicho que tenía ganas de ir a tomar un café con ella. ―Intentó que su tono de voz fuese conciliador para no afectar a sus hijas―. Hablaré con Victoria ―sacó su móvil, pero la voz de Emily lo detuvo.
― Hablamos con ella y dijo que no sabía nada de Bella.
Las niñas tiraron de su pantalón ganando su atención. Él por su parte agachó su cabeza y alargó sus manos para cargar a Grace en sus brazos donde la niña se acurrucó en su hombro.
― ¿Dónde está mami? ―preguntó Daphne haciendo un puchero a la vez que abrazaba su pierna con desconsuelo.
Nervioso, inspiró.
― Mamá debe estar comiendo helado ―les inventó con una sonrisa, volviendo a poner a Gigi sobre sus pies, se acuclilló nuevamente para acariciar los dulces rostros de sus hijas e infundir tranquilidad en ellas―. ¿Recuerdan que a mamá le gusta comer helado a escondidas? ―asintieron vehemente―, bueno, ella debe estar comiendo mucho helado en estos momentos.
― Mami come mucho helado porque tiene un bebé en su barriga ―reflexionó Grace.
― ¡¿Tendrás otro hijo?! ―el rostro contrariado de Alice se enrojeció al saberse expuesta. No fue mejor al darse cuenta que captó la atención de las pequeñas que no dejaban de mirarle con curiosidad.
― Así es, princesa ―respondió a su hija antes de dedicarle una dura mirada a Alice para después dirigirse a Emily―. Puedes llevarles afuera, en la recepción hay golosinas.
Emily aceptó tomando la mano de Daphne que no caminó porque sus hermanas tampoco lo hacían.
― ¿Quién es ella? ―demandó Arienne entrecerrando los ojos, arrugó su pequeña nariz.
Alice se puso de pie llevando su bolso en el antebrazo, se veía nerviosa y nada cómoda. Tan fuera de lugar que ni siquiera podía ver los rostros de las niñas, caminó torpemente a la puerta.
― Yo… será mejor que me vaya ―murmuró sin levantar la vista―. Enhorabuena por tu nuevo hijo. cualquier cosa avísame, estaré a tus ordenes.
Quería darle las gracias, pero sus palabras se quedaron atascadas en su garganta cuando ella cerró la puerta sin mirar hacía atrás. Supuso que el ver a sus hijas fuese el detonante de la inesperada reacción de su ex. De todos modos deseaba que Alice tuviera una buena vida, al fin de cuentas se lo merecía.
― ¿Quién era esa señora, papi? ―insistió Arienne.
― Es una conocida ―respondió sin ahondar el tema―. Ahora pueden ir con Emily ―molestó la diminuta nariz de Arienne con la punta de su dedo― necesito hablar con la señora Cope.
Una vez que sus hijas, Cody y la niñera salieron, los nervios se apoderaron de él. Empezó a hacer llamadas; primero a Bella que de inmediato lo mandaba a buzón, después intentó con los pocos conocidos para preguntar por el paradero de su esposa sin que nadie le diera razón.
― ¿Podrías hacerme un favor? ―le pidió a la mujer mayor―. Vuelve a casa y cuida de mis hijas. James está yendo ahí y se quedará con ustedes.
Ella le dedicó una sonrisa sincera sujetando una de sus manos.
― Bella está bien, es fuerte y muy valiente.
― Quiero creer que eso es verdad ―rezó él.
― Lo es, estoy segura que Bella está sana y salva. Y no te preocupes por las niñas, yo cuidaré de ellas hasta que regresen. ―Prometió Shelly Cope dándole un apretón de mano antes de abandonar el despacho.
Estaba por volverse loco cuando en la clínica le confirmaron la hora exacta que Bella había salido del lugar, de eso ya eran cinco horas. McCarty trataba de apaciguar su alterado estado de ánimo hablándole sobre las pruebas contundentes que culpaban a Sam Uley y que ahora estaban en su poder. No obstante ni las malditas pruebas no tenían la mayor relevancia para él en estos momentos, en su cabeza no existía nada que no fuese su esposa y su paradero, en eso estaba cuando el huracán de la pelirroja entró sin ser anunciada.
― Sé dónde está ―reveló Victoria deteniéndose frente a ambos hombres― necesitamos ir por ella.
Edward pegó un salto o se estremeció, no se percató realmente qué fue lo que ocurrió al escuchar todo lo que Victoria les estaba diciendo. Solo le quedó claro que debían darse prisa y sacar a su esposa del apartamento de Gabrielle. Y que McCarty se ofreciera en conducir dejó entrever lo mal que la estaba pasando por descubrir a dónde se había metido su mujer.
― ¿Qué mierda hacen todos esos policías? ―gruñó Edward mientras daba zancadas al llegar al edificio.
Victoria y Emmett trataban de alcanzar sus pasos, mas les era imposible seguirle.
― Yo les llamé ―explicó la pelirroja sin aliento cuando entraron al ascensor, así de agitada como estaba se recargó en una de las paredes con una mano oprimiendo su pecho―. No dejaré que ese infeliz de Uley se escape y tampoco permitiré que algo malo le suceda a mi amiga.
― ¡Tu amiga es una inconsciente! ―gritó Edward dejando un puñetazo que resonó en el pequeño espacio―. Le repetí una y otra vez que no debía inmiscuirse, es tan…
Las palabras murieron en su boca cuando las puertas del ascensor se abrieron. Su pulso se aceleró al ver acordonada el área, los policías yacían en ese lugar sin permitir el acceso.
Por más que explicó quién era él y que su esposa estaba dentro, los hombres no atendieron sus ruegos.
Le daría un jodido ataque cardíaco, eso pasaría en cualquier momento si no le dejaban entrar. Pero al momento que vio arrastrar una camilla cubierta su respiración se detuvo unos segundos al saber que abajo había un cuerpo.
Y ver que Gabrielle salió escoltada por los agentes solo le hizo temblar.
Quizá estaba por caerse porque McCarty apretó con fuerza su brazo.
No fue hasta que la vio que pudo sentir que su alma volvía al cuerpo.
Bella venía con pasos seguros hablando con uno de los policías.
Sin poderse resistir cruzó la línea acordonada para estrecharla entre sus brazos. La empezó a escudriñar rápidamente; a simple vista se veía bien.
― ¿Cómo estás, mi vida? ―preguntó besando la frente de su esposa.
― Estoy bien, estamos bien ―corrigió llevando las manos a su vientre―. Todo ha pasado, Edward. Ya Sam no puede hacernos daño, nunca más.
Bueno, aquí estoy otra vez. No quise exceder en cuanto a drama, quizás haya sido muy rápido o no sé, pero de verdad no tenía intención en durar más de tres capítulos haciéndoles sufrir. Me quiero enfocar en las pulgas y Cody. Así que espero les haya gustado este capítulo.
Aquí ustedes se dieron cuenta quién estuvo siempre detrás de todo y a pesar de que muchas pensaban que era Alice, al final ella no resultó tener nada que ver. Ah, por cierto, sé que quedaron dudas de cómo murió Sam o qué realmente ocurrió, la respuesta será para el siguiente capítulo, les prometo que ya sin drama.
Les agradezco todo su apoyo, porque sin sus comentarios esto no tendría sentido. Tal vez muchas digan: "bah, es solo un review", pero para nosotras que escribimos es un verdadero aliciente leerles.
Así que a quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: 😘 Nancygov: ustedes ya descubrieron que Sam siempre fue el causante de todo hasta de la muerte de Tanya, así como de lo que Caius le hizo a Bella, muchas gracias por comentar. (Guest): por supuesto que Cody también tendrá su final feliz, no desesperes. Jade HSos: hola, Bella no midiendo consecuencias salió bien, muchas gracias por tus comentarios. LittlePieceOfMyMind: sólo te diré que ya vienen capítulos con Victoria, gracias por todo tu apoyo y anda necesito leer una nueva historia tuya. Sarahi: sé que el ritmo de las actualizaciones han disminuido, pero no puedo hacer nada, primero es mi familia antes que Fanfiction. Torrespera172: bueno, qué te puedo decir a ti, quizás no lo recuerdas (yo sí) me has acompañado desde el día uno que llegué a esta plataforma. Espero sigas por aquí conmigo por muchos años más, gracias. Flor Mcarty: y no, no era Edward, gracias por cada uno de tus comentarios. PaolaValencia: no puedo creer que no hayas adivinado, sí todas tus suposiciones iban muy bien, haha, gracias. Dulce Carolina: ¿qué te diré? Iza: parece que esta vez nadie atinó. Mar91: y no, no fue Edward, muchas gracias por comentar. Lily: sé que me amas. mrs puff: bueno, llegó a la ciudad, eso sí. Vanesa: me di cuenta que no leíste los capítulos en orden. Lili Cullen-Swan: muchas gracias por tu apoyo, ya Bella no les hará enojar más (eso creo). Liz: no te preocupes al final todo estuvo bien. Suiza19: Sam, él fue el responsable de todo, te agradezco por comentar. Lizdayanna: fue muy imprudente, aunque salió bien librada veremos cómo le va con Edward cuando esto pase, muchas por comentar. Diannita Robles: te diré que me voy a enfocar en las niñas y Cody. Tal vez de era forma agradezco que siempre me leas. Pepita G: hola, conciencia, es un placer leerte por aquí, últimamente me tienes muy abandonada. Ximena: tranquila, ella está bien. ALBANIDIA: es raro que nadie tomara en cuenta que Gabrielle no era malvada, simplemente seguía instrucciones y muchas veces mal ejecutadas. Diana: esta vez nadie pudo atinar que era Sam, gracias por tus comentarios. jenni317: todo quedará más claro en el siguiente capítulo, ya sin drama, gracias por tu apoyo. Rocio: y fue quién menos pensaste, seguro, muchas gracias por tu apoyo. Lidia: no me había dado cuenta que tú sí dijiste que quien había llegado era Sam, haha, ando distraída. cavendano13: exactamente , era Sam, contigo ya van dos que dieron en el clavo de que era Sam, muchas gracias por leer y comentar en cada capítulo. Tina Lightwood: Sam tenía tanto odio contra ellos, en especial tenía una sucia obsesión por ella, en el siguiente capítulo explico todo, muchas gracias por comentar. Ana: no, no fue ella. Adriu: reconoció la voz de Sam desde el primer momento, gracias por todo tu apoyo y saludos hasta Ecuador. patymdn: muchas gracias a ti por comentar. Antonella Masen: todo tranquilo no te alteres, okay?
¡Gracias totales por leer!
