Transmisión restablecida...
Capítulo 11
Monte del Helado
En otra parte, los agentes restantes del Sector V se preparaban para su propia misión. Siendo sólo tres, sin 1 ni 5 para apoyarlos, estaban más nerviosos que siempre.
-Sigo pensando que el Sector W podría darnos una mano –estaba diciendo 2, mirando al Güero Torres con aprensión.
-Nah, todo saldrá bien. Confiamos en tu plan, amigo. Y será mejor que no incluyas ninguno de tus chistes malos.
-Hmm, lo intentaré. Ah, siempre puedo pensar en nuevos chistes, ¿no?
-¡Lista! –dijo Kuki, reuniéndose con ellos en la sala de mando.
-Bien. ¡Chicos del Barrio, a sus posiciones!
En el Monte del Helado, un cansado Nigel Uno acababa de llegar a su cima. Como recordaba de la historia que les había contado una vez Numbuh 5 -¿o había sido un grupo de niños a los que ella les había contado la historia?-, gran parte de la montaña era un desastre, apenas se mantenía de pie, con enormes huecos por todas partes. Sólo su habilidad y el equipo que Numbuh 2 le había proporcionado, que consistía en una pequeña mochila con tres hélices, el V.O.L.A.D.O.R. (Vuela Orgullosamente Lejos, Alcanzando Distancias Ostensiblemente Rápido), junto con un equipo completo de escalador, los objetos más voluminosos en el interior de su mochila de viaje, le habían permitido llegar entero hasta allí.
FLASHBACK
Para este enfrentamiento, Numbuh 1 se había llevado consigo, por recomendación de Numbuh 2, sus regalos de cumpleaños: los nuevos inventos de 2, la espada de 3, los guantes de boxeo de 4, y, por si acaso, la cuchara de 5.
FIN DEL FLASHBACK
Tenía el ligero presentimiento de que, contra todo lo que era racional, sentía que le sería útil de alguna manera. Bueno, que su mejor amiga estuviese siendo poseída en ese preciso instante por una entidad maligna no podía calificarse precisamente de racional, ¿verdad? Pero ya estaba aquí, por lo que darse la vuelta y probar su plan original estaba descartado. No podía echarse atrás ahora, tendría que apostarlo todo a este plan de Nemo, razón por la cual lo había dejado al mando del equipo hasta su regreso.
-hablando de eso, me pregunto cómo les estará yendo a esos tres. Sólo espero que estén bien. Los villanos no descansarán ahora.
De repente, alguien aterrizó sobre su espalda, tirándolo al suelo; rodó y se hubiera caído si no fuera por su mochila voladora. Estabilizándose segundos después, se preparó para enfrentarse a Abby, pero su adversario era otra persona.
-¡Nigel Uno!
-¿Heinrich Von mazapán?
-Será mejor que me digas qué estás haciendo aquí, o si no...
-¿Si no qué?
-¡Te causaré verdadero sufrimiento!
-Ah, ¿nada más? Porque ya estoy sufriendo bastante. Mira, idiota, no tengo tiempo para esto.
-¿Cómo te atreves? ¡Éste es mi territorio ahora!
-¿En serio? No me digas, estás buscando los restos del legendario Cuarto Sabor del helado, ¿me equivoco?
-¿Cómo lo sabes?
-Abby contó esa historia algunas veces, pero no te dejó nada, que yo sepa. Ahora, si me disculpas, tengo trabajo que hacer.
Pero darse la vuelta fue un error terrible. Heinrich saltó hacia él, propinándole una patada. Esta vez, cuando rodó, nigel no fue capaz de estabilizarse a tiempo. Sin embargo, lanzó un gancho con cuerda sobre su cabeza, quedando suspendido a cuatro mil metros del suelo.
-Siempre he querido vengarme de Abigail, pero supongo que tendré que conformarme contigo. Adiós, amigo.
Pero cuando Heinrich estaba a punto de cortar el gancho que unía al británico a la cima y a la vida con un cuchillo de chocolate de su invención, ambos sintieron cómo la montaña entera temblaba, partiéndose el fragmento donde ambos estaban en mil pedacitos y cayendo al vacío.
Nigel consiguió estabilizarse a los tres mil metros, golpeándose la cabeza contra un extremo filoso de alguna cueva; por encima suyo, el cuerpo del regordete niño alemán estuvo a punto de devolverlo a su caída inminente a la muerte, pero otra cuerda con gancho que lanzó en dirección hacia la cueva que casi le corta la cabeza evitó que siguiera cayendo. Heinrich, en cambio, no tenía nada para evitar su caída a la muerte. Cerró los ojos mientras se preparaba para convertirse en papilla, hasta que sintió una mano agarrándolo de la pierna izquierda y arrastrándolo de cabeza hacia alguna parte. En cuanto su cuerpo dejó de moverse y el suelo bajo su cara fue el suelo, se dio cuenta de que seguía vivo. A su lado, al británico le sangraba la frente, y tenía varios cortes en la espalda y el brazo izquierdo, sobre el que había caído primero cuando heinrich lo había sorprendido en la cima.
-¿Estás loco? ¡O sea hello, estamos a casi cuatro mil metros del suelo, nada menos!
-Tú... salvaste a Heinrich... ¿por qué?
-Uh, ni yo lo sé. ¿Querías caer hasta tu muerte?
-¡No! Gracias...
Diez minutos después, y gracias al apoyo mutuo, habían instalado un pequeño campamento en el interior de la cueva.
-Ten, come esto. Te ayudará a curar tus heridas más rápidamente.
-¿Chocolate? Hmm, no me convertirá en una especie de zombi o algo así, ¿verdad?
-¿Qué? ¿Por qué haría eso? Es mi chocolate ultra-energético. Yo como de estos cuando estoy en problemas.
De hecho, como pudo observar el británico, heinrich ya no tenía rastros de cortes en lo absoluto, así que se comió el que le ofreció. En cuestión de minutos, los cortes en sus cuerpo ya no eran visibles.
-¡Increíble!
-Sí, sí. Ahora, Nigel, creo que arrancamos mal el día. ¿por qué estabas aquí en primer lugar?
Cinco minutos de explicaciones apresuradas después, el alemán lo miraba con una mirada de emociones mezcladas. Extrañeza, incredulidad, impresión y algo parecido a la diversión.
-Déjame ver si entendí bien. ¿Me estás diciendo que un desconocido te envió una especie de profecía el día de tu cumpleaños? ¿Esa profecía decía que uno de tus compañeros debía ser expulsado para evitar una catástrofe? Pero que, al expulsar a Abigail, ¿ella fue secuestrada por los villanos y que ellos le lavaron el cerebro?
-No le lavaron el cerebro, según lo que Kuki nos dijo, la arrojaron a una fuente llena de una sustancia extraña parecida al chocolate, que la volvió malvada o algo así. O sea hello, incluso yo sigo algo sorprendido...
-Un momento, ¿dijiste chocolate?
-Era algo similar al chocolate, sí.
-Vaya...
Heinrich sacó un viejo papel de caramelo de su bolsillo, jugueteando con él mientras pensaba. De repente, empezó a abrirlo poco a poco, hasta que frente ambos niños hubo una bolsa de dormir enorme, y de su interior empezaron a salir objetos: bolsas con caramelos, chocolates, un juego de esposas, linternas, pasaportes e identificaciones falsas, una especie de arma casera similar a un lanza-cohetes KND, una computadora portátil, lápices y papel...
-Amigo, ¿cómo consigues meter todo eso en un papel de caramelo?
-Un invento de mi creación. Lo llamo el dulce miniatura. Puedes meter hasta una nave espacial ahí dentro. Más de una, lo dudo. Pero vamos al grano.
EL chico regordete se puso a rebuscar algo en el montón de tesoros personales (en su mayoría dulces y chicles, lo que el británico no calificaría ciertamente de tesoro), mientras él se dedicaba a encender un fuego utilizando unas piedras que había encontrado y madera vieja.
-¡Lo encontré!
-¿Sí! Uh, ¿qué encontraste?
Heinrich sacó una serie de papeles, con la apariencia de ser documentos bastante antiguos, algo amarillentos pero todavía legibles, con texto e imágenes de algún tipo.
-¿Y eso qué es?
-Te sorprenderías. ¿Quieres adivinar?
El niño alemán le pasó una de las hojas a Nigel, al que, al mirarla más de cerca, casi le da un ataque al corazón.
-¡Imposible! Esto es...
-Información secreta de tu organización, amigo.
-¡Pero esto tiene que tener unos chorrocientos años! ¿Cómo tú...?
-¿Cómo los obtuve? EN mi último escape de prisión, aproveché para robárselos a un adulto raro, creo que era una especie de coleccionista o algo así. Bueno, robo no es la palabra correcta; yo diría intercambio. Se los intercambié al pobre diablo por un par de chocolatines que me quedaban. El muy tonto no sabía que eran parte de mis herramientas para cadenas de trampa, y cuando se enteró, ya tenía los dientes hechos pedazos. No pudo vengarse, ya que escapé antes de que tuviera una idea al respecto. Sólo hace un par de semanas me di cuenta de que era información de KND.
-Esto debe ser al menos de los 90...
-tal vez, eso no importa mucho. Lo que importa es el contenido.
Heinrich le arrebató el par de hojas, y acto seguido volvió a esconderlas en su invento.
-Espera, ¿no me vas a contar qué es?
-Supongo que no tengo opción. Al parecer, hace mucho tiempo, circulaba una leyenda entre los niños. Se decía que existía un dulce que, a quien lo probara, le daría grandes habilidades. Lo más probable es que se tratara de un tipo muy raro de chocolate. En fin, tenía sus contravenencias: era tan dulce que te volvería adicto a él, y por tanto loco. Se decía que era tan peligroso que su creador, fuera quien fuese, lo escondió en un lugar secreto para que nadie pudiera enloquecer. Pero, según lo que se sabe, alguien llegó a probar un poco de un derivado que alguien hizo tras desenterrar unas antiguas ruinas en Méjico. Esa persona acabó sembrando el caos en su época, y no fue sino hasta que un grupo de niños lo detuvieron que el mal pudo desaparecer, al menos hasta tiempos recientes.
-¿Quieres decir hasta que Abby lo probó?
-Usa el cerebro, genio. Dije recientemente, no ahora.
-Espera. ¿Esos niños podrían haber sido los Chicos del Barrio del siglo XX? ¿Y la persona contra la que lucharon el Abuelo?
-Supongo que tienes cerebro después de todo. Pero lo que me ha llamado más la atención no es tanto que la leyenda fuera o no cierta; sino que la conociera gracias a documentos de KND, documentos que este mismo villano guardaba sin que nadie lo supiera. Hace poco me enteré que ese mismo prisionero desapareció. Dicen que podría haber escapado, ya que su celda estaba vacía; pero nadie ha podido localizarlo después.
-¿No temes que ese mismo adulto vuelva por ti para vengarse?
-¡Que lo intente! ¡Lo convertiré en un conejito de chocolate primero!
Ese último comentario hizo que tanto la cueva como Nigel se estremecieran.
-¿Quieres gritar más alto? ¡Así tal vez la cueva nos mate antes!
-¡Lo siento!
La cueva volvió a temblar, abriendo grietas en la pared del fondo.
En cuanto los temblores hubieron cesado, ambos niños se aproximaron, lentamente, hacia una de las grietas, pensando que podría llevar a una salida segura de allí, pero encontraron algo más interesante.
-¡Mira eso! ¿Es nieve? –dijo el calvo, señalando un pequeño charco de algún líquido color crema, recién formado.
-Un momento. –heinrich metió un dedo en la sustancia, antes de llevárselo a la boca, sonriendo.
-¿Qué estás haciendo? ¡Podría ser radioactivo!
-No es radioactivo, idiota. ¡Es helado!
La última exclamación del niño regordete provocó que la cueva volviera a temblar, abriendo un camino en una grieta lateral.
-Supongo que podría llevar a una salida.
-O a un callejón sin salida. Pero ¿qué importa? ¡Lo sabía! ¡Sabía que no había estado perdido dos meses y medio en esta montaña por nada!
-Eh, ¿dos meses y medio?
Heinrich entró corriendo en el pasillo natural recién descubierto, de modo que el calvo no tuvo más opción que seguirlo, no sin antes sacar un pequeño artefacto con la forma de un sorbete de su bolsillo, que hundió en el helado para su extracción; era uno de los más recientes inventos de Número 2, la T.A.S.A. (Toma Aspiradora Súper Absorbente). Levantando sus cosas, comenzó a correr detrás del otro niño, ambos con sendas linternas para iluminar el camino.
-No entiendo por qué Nigel vendría aquí. El Monte del Helado se derrumbó la última vez que estuve en este páramo.
"Podría ser una trampa. Te ha alejado mucho de la civilización, es obvio que piensa que puede sorprenderte. ¡Vaya tonto!"
-Sí, pero no sé, siento que hay más que eso. Por suerte, a diferencia de él, conozco mejor este lugar. EN cuanto lo encuentre...
"Lo acabaremos."
-...Sí, terminaré lo que empezamos. Y entonces, podré regresar y continuar con nuestro plan de dominación mundial... ¡ja, ja, ja, ja!
-Esa niña ya está comenzando a tardarse demasiado. ¿Niños? –dijo el Padre, tamborileando los dedos sobre su escritorio.
-¿Nos llamaste, Padre?
-Sí. Vayan a buscar a esa mocosa ingrata. ¡Si falló, conocerá mi ira!
-Pero Padre, ya sabes de lo que es capaz. ¿Estás seguro de que quieres enfrentarte a ella ahora que tiene superpoderes?
-Resolveré ese problema cuando suceda. Ahora, ¡vayan a buscarla de inmediato!
-Sí, Padre.
-¡Lo veo y no lo creo! ¡esto es un sueño hecho realidad!
Heinrich primero y Nigel después, entraron en un gran templo, iluminado por la luz del sol en un agujero en el techo a decenas de metros sobre sus cabezas; el mismo tenía la forma de una enorme sala circular. En el centro de la misma, había una enorme fuente de piedra con lo que parecía agua congelada de colores, pero el alemán sabía que era helado: millones de litros de helado.
-¡Creía que este lugar sólo existía en leyendas mayas! ¡Pero es real!
-Espera, espera. ¿me estás diciendo que eso es helado?
-¡Sí! Por supuesto, la montaña no podría haberse venido abajo en su totalidad. Este lugar hubiera desaparecido; en cambio, la cueva debió ser alguna vez una entrada secreta para alguna clase de monjes iniciados.
-De modo que los cuatro sabores originales se perdieron, pero ¿no éstos? ¿Qué es este lugar? ¿Una fuente de helado sin fondo?
Fue cuando Numbuh 1 abrió los ojos del asombro.
-¡Un momento! Eso significa... ¡Helado para los niños y niñas del mundo entero! ¡Imagínate! ¡Ya no tendremos que vivir bajo los heladeros, las fábricas de helado de los adultos ni mucho menos! ¡Que gran descubrimiento!
-¡Y lo mejor es que todo es mío! ¡Ven con papá!
Heinrich cometió la gran estupidez de su vida al arrojarse contra la fuente, deslizándose sobre su superficie helada antes de caer al suelo tiritando y tosiendo.
-Hmm, ¿al helado no lo congelan para evitar que se derrita?
-Hmph, sí, capto tu punto.
-Bien, mientras tanto, ¿puedes esperarme aquí un minuto?
Nigel rodeó la fuente, esperando encontrar una salida. Al final de la sala del tamaño de su escuela sin paredes intermedias, se encontró con una gran piedra en forma de puerta. Sacó de su mochila las GAFAS de 2, activando una función que acababa de descubrir –revisándolas en la casa del árbol-, y consiguió visión de rayos X. Para su alivio, al otro lado se veía el exterior, soleado y hermoso. Pero había un pequeño problema: esa roca debía pesar al menos unas varias toneladas. ¿Cómo podrían moverla para Salir de ahí?
-Hm, ¿Heinrich?
-¡Un momento! ¡Estoy intentando descubrir la manera de sacar un pedacito de este delicioso helado!
Poniendo los ojos en blanco, Nigel tomó su espada y trató de hacerle un corte a la piedra; tres minutos de intentos con el mismo punto alcanzaron para conseguir una pequeñísima grieta, del tamaño de su índice.
-¡A este paso, vamos a terminar igual que esa fuente! ¡O sea hello, aquí hace frío! ¿A quién en su sano juicio se le ocurre crear un salón del helado sin calefacción?
-¡No te preocupes! ¡he estado en peores situaciones que ésta!
-Hmm, ¿alguna de esas situaciones incluía tener que mover una roca de varias toneladas?
De repente, cuando Nigel volvió a mirar a través de la piedra gigante, se quedó sin habla por varios segundos. Combinando su visión de rayos X con la telescópica, pudo observar a alguien a lo lejos. A menos de un kilómetro de distancia, Abigail se hallaba enfrentando su propia travesía, escalando, lenta pero seguramente, un costado relativamente estable de la montaña, y según sus mejores cálculos, en menos de diez minutos estaría allí.
-Hmm, ¿Heinrich?
-¡Ya voy! ¡Sólo un segundo más!
Harto de su actitud, el británico lo agarró de un brazo, lo arrastró frente a la piedra y, mientras el alemán lo insultaba en su idioma natal, le puso las GAFAS. Sus quejas cesaron al ver lo mismo que Nigel un instante después.
-¡ja! ¡Ni siquiera ella podría mover esta piedra gigante!
-¡Tenemos que buscar otra salida, y rápido!
Nigel iluminó con su linterna un segundo pasadizo escavado en la roca a su derecha, que parecía llevar a otro conjunto de túneles.
-O sea que tenemos dos opciones, genio: esperar a que ella nos encuentre y nos mate, o morir atrapados en un laberinto. ¡Prefiero quedarme aquí y morir rodeado de todo el helado del mundo!
-¿Eres imbécil? ¡o sea hello, no quieres conocer a la nueva Abby!
-En todo caso, no parece que tengamos muchas opciones.
-Pues...
A sus espaldas, escucharon una pequeña avalancha, mientras, girándose lentamente para ver qué estaba pasando, descubrieron que la enorme roca que podría haber sido su boleto de salida, estaba empezando a desmoronarse ante sus ojos.
Ambos niños se quedaron boquiabiertos, hasta que Nigel fue capaz de reaccionar y arrastrar al niño alemán un par de metros hacia atrás, antes de que el montón de pequeñas piedras los aplastara. Una vez el montón hubo sido echo a un lado, ambos se encontraron con la mirada triunfal y cruel a un tiempo de Abby.
-¡Abigail Oliveira!
-¿Heini? ¡Sí! ¡doble cacería!
-¡Corre, idiota!
Ambos saltaron la fuente de helado y empezaron a correr para llegar al otro lado de la estancia, siendo perseguidos por la afroamericana, que parecía estar disfrutando de la persecución como si acabara de llegar la navidad y Santa Claus todo a la vez.
-¡Por aquí!
Nigel empujó a su compañero al interior del pasadizo recién descubierto, mientras él lo seguía un segundo después. Apagaron sendas linternas, mientras su perseguidora parecía confusa.
-¡Tú sigue corriendo!
Sólo cuando estuvieron al menos tres túneles de distancia aproximadamente de su enemiga, Nigel les permitió volver a encender sus linternas; hasta entontes, habían estado caminando a oscuras. Pudo ver que esta parte del interior de la montaña era muy diferente a la sala del helado.
-¿Qué es este lugar?
-Hmm, llevas preguntando eso desde que entramos en esa cueva, pero no creo saberlo en este caso.
Frente a ellos, habían varios conjuntos de rocas con formas monolíticas. Estatuas con formas extrañas, de hombres con cabeza de ciervo, niños con tres cabezas o nueve ojos... más allá, vieron algo que discordaba tanto con el entorno que sintieron que se iban a asfixiar. Alguien había dejado, al parecer recientemente, un carrito con una pala.
-Revisa esoa parte, ¿quieres? Yo tengo que comprobar algo.
-¿Quién te nombró el líder?
-¡Sólo hazlo, por el amor de Cero! ¡o sea hello, Abby podría estar aquí en cualquier momento!
-¡Bien, bien!
Al mover dicho carrito milímetro a milímetro hacia un lado para no hacer ruido, Nigel encontró una piedra suelta. Bajo ella, había una especie de máquina del tiempo: una caja de cartón llena de garabatos infantiles, y en su interior un par de objetos minúsculos; entre ellos, un lápiz rosa sin la punta, la cabeza de lo que parecía ser un Simio Arco Iris, junto con un papel de chicle pegado por encima de un dibujo hecho con crayones, de lo que parecían ser dos niños pequeños sonrientes y tomados de la mano, y con un árbol de fondo. Lo único que aún era legible del papel eran un par de letras y un número: "N M OL S 3".
-me quedaré con esto. Podría ser importante.
Nigel se guardó la caja con recuerdos en su mochila, mientras Heinrich lo llamaba en voz baja. Al ir a su lado, ambos iluminaron algo a un lado de las estatuas.
-¿Ves eso?
-Sí, pero no lo entiendo.
-Parece escritura azteca, o algo similar. Y si hago esto...
El niño regordete sacó una especie de estilete de hierro de su mano derecha, empezando a gastar una piedra bajo la inscripción, mientras el resto se hacía polvo. Bajo éste, encontraron una especie de cripta cuadrada y pequeña, con un gran caldero en su interior bajo una especie de grifo arcaico de piedra en color negro.
-¡Oh, por el chocolatín de mi tataratatarabuela! ¡Es la fuente original del chocolate más dulce!
-Un momento, amigo. Bájale la espuma a tu chocolate. Eso de ahí –el pelón señaló el caldero-. Alumbra eso, ¿quieres?
-¿Es verdad!
Ambos alumbraron un caldero de metal tan corriente que Nigel tuvo que evitar golpearse la cara por lo obvio.
-Vaya, juraría que vi una cosa así en la casa de mi prima el año pasado.
-Alguien ha estado aquí. Y, sea quien sea, parece haberse llevado todo el tesoro consigo.
-¿Tesoro? ¡esa cosa convirtió a mi amiga en un monstruo!
Por un momento, Nigel olvidó que Heinrich era ahora su aliado temporal, sujetándolo por el cuello.
-¡Está bien, ya entendí!
-mejor salgamos de aquí. Busquemos otro lugar para escondernos o para escapar.
Dando varios rodeos y perdiéndose varias veces, encontrándose con callejones sin salida al menos en cuatro oportunidades, finalmente iluminaron una gran sala. Pero cuando creían que estaban salvados, resultó ser la misma del comienzo, y en ella una Abby tranquila se encontraba sentada en la fuente, esperándolos con una mirada de aburrimiento.
-¿Ya volvieron? ¡Excelente!
-¡Corre!
Esta vez, no tuvieron más opción que salir corriendo por la otra única salida a mano, es decir, la que conducía a la cueva por donde habían entrado. Ella se encontraba en la entrada cuando ellos se frenaron a dos metros del precipicio.
-¿Y ahora qué?
-¿No tienes alguna superarma de dulces o algo para estas situaciones?
-¡No!
A sus espaldas, volvió a oírse una mini-avalancha y, al darse la vuelta, observaron horrorizados cómo una enorme piedra se materializaba en donde antes estaba la entrada que habían utilizado para llegar a la sala de la fuente. Justo delante, Abby les sonreía de manera maníaca, con las manos en las caderas.
-Vaya, vaya, qué sorpresa. Nigel, a ti te esperaba; pero ¿tú, Heini?
Cual una depredadora cazando a su presa, la chica fue acercándoseles poco a poco, paso a paso, ensanchando su sonrisa aterradoramente.
-¡Es a mí a quien quieres! ¡Deja a tu amigo fuera de esto!
-¡Gracias! ¡No voy a quejarme!
-nah. Primero me desharé de la basura más insignificante.
Sin avisar, la afroamericana hizo que sus manos brillaran, siendo cubiertas de alguna sustancia verde, antes de dispararle a Heinrich, haciéndolo desaparecer por el precipicio con un grito.
-¡Dije que no iba a quejarme! ¡Aaaaaaaaah!
-¡No! ¡Tú!
Sin pensárselo dos veces, Nigel sacó su espada, mientras su enemiga materializaba otra espada de menta, tan larga como la katana del calvo. En un instante de descuido, Nigel enterró la hoja de su espada en una grieta, teniendo que soltarla para evitar que le rebanaran el brazo. Giró hacia un lado, quedando sin querer entre la nueva pared de roca recién formada y su enemiga, que le puso la espada en el cuello, como había hecho con Tom en el barco hacía un par de horas.
-¿últimas palabras, Nigie?
-Sí. ¡Toma esto!
Presionando un botón naranja en su brazalete, un campo de fuerza de dicho color rodeó al británico, lanzándola por el suelo hasta quedar a centímetros del borde, a la vez que la pared de roca a su espalda también se hacía añicos.
-Gracias, 2, te debo una.
Aprovechando que Abby parecía haber quedado algo mareada, Número 1 la arrastró por el pasadizo, antes de arrojarla sobre la fuente helada, cubriéndose los oídos al oír un fuerte crujido seguido de un grito de agonía por parte de la chica.
-¡Ríndete, Abby! ¡Esta lucha es innecesaria!
Deslizándose a través de la superficie congelada hasta quedar oculta por la fuente del otro lado, Abby se cubrió la boca mientras tosía, encontrándose con sus dedos manchados por sangre. Furiosa, consiguió lanzarle rayos láser de sus ojos, que el calvo desvió con su espada, cortando una estalagmita, que estuvo a punto de aplastar a la niña por muy poco.
-¡No puedes ganar, Nigie!
-¿Ah, sí? ¿Quién lo dice?
Viendo su oportunidad para finalmente escapar de allí, Nigel intentó rodear la fuente y llegar a la pared ahora desbloqueada, sólo para escuchar cómo, tras un fuerte pisotón de la morena, una avalancha de nieve cubría la salida, esta vez dejándolos casi a oscuras, excepto por la poca luz que entraba por el hueco en el techo.
Antes de que fuera capaz de decidirse por un plan, se vio siendo arrojado contra una de las paredes, reprimiendo su propio chillido de dolor al sentir cómo su espalda estaba a punto de romperse como cristal.
-Vuelvo a preguntarte. ¿Últimas palabras?
-Pues... le digo, me dice, le digo...
-Si eso es todo, supongo que es el fin. Adiós, Nigel.
EL calvo cerró los ojos, preparado para su fin.
Al borde del acantilado, Heinrich sintió que sus manos sangraban. Apenas había conseguido escapar a su muerte al agarrarse al borde gracias a un caramelo que había estado masticando las últimas horas, pegándolo a la roca. Haciendo palanca, y a punto de perder ambas manos, se izó hacia arriba, antes de conseguir caer de cara sobre el suelo de la cueva, respirando con dificultad por el alivio de haber evitado, por segunda vez en un solo día, la muerte. Fue entonces cuando recordó que Nigel y Abigail seguían peleando en la sala de la fuente, levantándose y corriendo en esa dirección.
-Es un placer poder acabar contigo, Nigie. ¡Adiós!
Cerrando los ojos, de rodillas sobre el frío suelo de piedra, la frialdad en la voz de su ex mejor amiga era más duro que recibir una bofetada de parte del robot más grande que los de la Otra Cuadra pudieran construir.
-¿Realmente... me odias tanto, Abby?
-¿Qué?
-Sé que es mi culpa que te hayas convertido en esto, pero... si hubiera una forma de arreglarlo, yo... lo intentaría...
"¡Ya, mátalo! ¿A qué esperas?"
-¡No!
De repente, Abby se detuvo, a un milímetro de su cuello, antes de conseguir arrojar su espada a una buena distancia de sus manos. Luego, se cayó al suelo, empezando a rodar con sus brazos si control. Anonadado, Nigel tuvo que ver cómo un brazo de la morena adquiría un tono rojizo, echando humo y toda una serie de sustancias –kepchu, mostaza, láser-, mientras su otro brazo se enroscaba a su alrededor, y ambas manos luchaban entre sí por el control.
Finalmente, Nigel consiguió reincorporarse apoyándose en la pared, pero su momento de calma duró poco, ya que vio cómo el único ojo de Abby, por instantes de nuevo de su color natural, volvía a ser rojo como el otro, y fue arrojado nuevamente al suelo por una fuerte patada de la chica.
-¡Es tu fin!
Cerrando los ojos, el británico sintió que, ahora sí, era el fin.
Sólo que el final nunca llegó.
De repente, Nigel sintió que el cuerpo de la morena dejaba de aplastarlo y, al volver a abrir los ojos, se encontró con una vista sorprendente: para su alivio, un Heinrich claramente furioso sostenía esa especie de lanza-cohetes casero humeando por la boca del cañón, mientras que, al otro lado de la sala, Abby había sido semienterrada en la pared, con una mano perforada por lo que parecía ser una barra de chocolate del tamaño de un pulgar.
-¿heinrich? ¡Estás vivo!
Recargando su arma, pero ahora con algo parecido a un chicle, el alemán avanzó hacia su víctima, que arrancó el trozo de pared antes de que fuera capaz de apuntarle. Abby, en cambio, le lanzó un rayo láser de su mano sana, partiendo su arma por la mitad.
-Estaba planeando dejarte a ti con vida, ya que ambos somos cazadores de dulces y buscadores de tesoros, Heini. Pero ¡supongo que acabas de convencerme de lo contrario! ¡Voy a acabar con ambos a la vez!
-¡mamá! ¡No quiero ver!
Pero en lugar de dejarse amedrentar, heinrich sonrió, ante el desconcierto de Nigel y la ira en aumento de la morena.
-¡Nigel! ¡la cuchara!
-¡Ah, claro!
En menos de un parpadeo, Nigel se había levantado y corría hacia la fuente. Todo sucedió como en cámara lenta. Abby caminando hacia el niño alemán a diez metros de su posición; ella girando su mirada hacia él; dirigiendo su mano perforada y sangrante hacia él, con la otra cargando un rayo de mostaza para repetirlo en el niño regordete; él aterrizando en la fuente y, antes de darse la cabeza contra ella, extrayendo la cuchara que la propia Abby le había regalado hacía menos de una semana en su cumpleaños, y golpeando con ella la superficie de la fuente. De repente, la cámara volvió a modo rápido; Un rayo de mostaza fue a chocar con la pared detrás de Heinrich, quien lo esquivó por centímetros; la mano herida de la morena, ahora curada por la magia de la cosa en su interior, empezó a cargar un segundo rayo, este último dirigido al calvo; él, con la cuchara agarrada entre ambas manos y clavado con ella a la fuente, como haciendo el pino, antes de que la misma empezara a temblar, antes de descongelarse y dispararlo contra la pared opuesta. Afortunadamente para él, y como si fuera a causa de un poder sobrenatural, consiguió rebotar con los pies en la pared, pararse y dirigir la cuchara, ahora brillando intensamente, tanto que los otros dos ocupantes de la sala tuvieron que cubrirse los ojos, en dirección a la morena, cuyo pequeño rayo de kepcuh fue insignificante contra cerca de cien litros de helado, que surgieron de la fuente hacia ella a la velocidad de la luz, y a una orden mental del calvo. Todavía impresionado, redirigió el chorro de helado para crear una barrera gigante entre ellos y Abby, quien se encontraba aún más impactada que ellos, con el cuerpo casi completamente congelado.
-¡Wow! ¡Tolle!*
-¡no! ¡oscuridad, dame tu fuerza!
De repente, la momentánea victoria del dúo fue reemplazada por una nueva arremetida de Abby, saliendo cubierta de la cabeza a los pies tanto por helado de múltiples sabores como por la energía roja, echando literalmente humo por las orejas, y mirándolos a ambos con dagas en sus ojos.
-¿Crees que el helado me asusta, Nigel? ¡olvidas que esa cuchara fue mía alguna vez! ¡El helado... es mi principal elemento!
Con el montón chorreante de helado todavía en su ropa, violando las leyes de la física al subir hacia arriba, y cubriendo sus manos, Abby se parecía a una princesa de hielo de película, aunque no por eso la imagen resultaba menos aterradora.
-¿Un plan B, amigo?
-Sí. Uno que ustedes me enseñaron. ¡correr!
-¡No los dejaré escapar esta vez!
Antes de que estuvieran a dos metros del primer pasadizo, su enemiga disparó su primera andanada de helado de proyectiles de helado en esa dirección, sellando el que parecía su único escape.
-¡es el final! ¡Dulces sueños!
Esta vez, Número 1 estaba preparado; a la velocidad del rayo, agarró a Heinrich de un brazo, saltando con increíble agilidad varios metros en el aire, evadiendo así morir congelados. En medio de su salto mortal, el británico, que sin que nadie se hubiese dado cuenta hasta entonces, había vuelto a colocarse su mochila-helicóptero, presionó un botón en el costado izquierdo del aparato, extendiendo las hélices y poniéndolas a funcionar. Un segundo después de haber encendido el motor, salieron disparados en espiral hacia el techo, hacia el cual Abby dirigió también un tercer disparo de helado, que los perdió por milímetros. El techo de la estancia se derrumbó sobre ella instantes después debido al impacto, mientras ellos escapaban por segundos del derrumbe, salían a la luz del sol vespertino.
-¡Wow, Fantastisch!**
-Ya sé, soy bárbaro, ¿no?
-Pero, ¿y Abigail? ¿Ella está...
-No guardaría esperanzas. Si ser arrojada de cabeza al mar no la detuvo antes, dudo que una tonelada de piedra y nieve sobre su cabeza lo haga justo ahora.
Siguieron volando sobre lo que quedaba de la montaña, menos de la mitad ahora, hasta encontrar una pendiente segura, sobre la que aterrizaron.
-¡Ay, no, olvidé algo súper-importante en la cueva!
-Seguro no era tan importante, ya que lo olvidaste. Seguimos vivos, ¿no es suficiente?
-No bromees, seguro acabas de recordar esas palabras de alguna novela cursi.
-¡Es romanticismo, idiota! ¡Y alemán, nada menos! ¿Qué puedes saber tú de eso?
Pero su momento de gloria no tardó en desvanecerse. Al llegar al pie de la montaña, descubrieron, para su horror, que el agua del mar se había solidificado, y parecía mirarlos con odio puro, como si el hielo estuviese vivo.
-¿Esto tiene que ser cosa de ella! –gritó Heinrich por encima del viento.
-¡Gracias por la información, genio!
-¡Los voy a convertir en mis nuevos sabores de helado!
Una Abigail cubierta de nieve, tierra y helado, emergió de golpe de un lado de la montaña sobre sus cabezas, saltando para quedar a dos metros de ellos. Sus manos volvieron a quedar cubiertas de helado, aunque, en proporción a la primera vez, era mucho menos, ya que acababan de abandonar su fuente. Pero eso importaba poco, Abby necesitaba el suficiente helado para matarlos a ambos de un solo golpe.
-¡No tan rápido! ¿Aún no nos has vencido! –dijo el alemán, temblando de miedo ante la amenazante enemiga que estaba a metros de echárseles encima.
-¿Ah, sí? ¿Por qué?
-¡Por esto!
De repente, fue como si el tiempo se hubiese detenido. La sonrisa petulante volvió a la cara de Heinrich como si nunca se hubiese ido. Su boca, después de eso, empezó a soplar un globo de chicle, primero pequeño, pero que empezó a ganar volumen, hasta tener el tamaño de un camión de helados. Antes de que Abby fuera capaz de reaccionar, el globo de chicle gigante le explotó justo en la cara, dispersando su helado y dejándola al borde de la inconsciencia. Su fuerza acababa de abandonarla.
-¡Órale! ¡eso estuvo súper!
-No está vencida aún, idiota...
Luego de pronunciar esas palabras, Heinrich se desmayó por el cansancio. Nigel tomó eso como su señal para actuar y contraatacar.
Acercándose a Abby, que apenas podía estar de rodillas sin desmayarse, nigel la apuntó con su espada. Ella le lanzó una primera mirada de puro odio, hasta que, por un segundo, su expresión volvió a normalizarse, cambiando a una de puro pánico ante la predecible acción del calvo, lo que lo detuvo, haciéndolo dudar. Al mirar fijamente a la morena a los ojos, vio que su expresión cambiaba por una de determinación, por primera vez en mucho tiempo pareciéndose a la número 5 que conocía. O, al menos, hasta que sus ojos recuperaron su maligno color rojo, y la reciente comunicación mental entre ambos le infundió la determinación que necesitaba para tomar su decisión.
Sin esperar a que la cosa maligna en el interior de la morena retomara el control a tiempo de permitirle defenderse adecuadamente, Nigel le clavó la punta de su katana en mitad del pecho, justo en el corazón, atravesando en el proceso su ropa reforzada, la piel y el hueso, alcanzando el órgano vital, y arrancándole un grito de agonía final.
-Lo siento, Abby. No tenía otra opción. Yo... te prometo que Los Chicos del Barrio no te olvidaremos... en especial el Sector V.
Rompiendo a llorar por fin, Nigel volvió a enfundar su espada, ahora con un par de gotas de sangre en su hoja, se la colocó nuevamente en la cintura y, cubriendo el cuerpo de su mejor amiga cuidadosamente con la nieve y el helado de los alrededores, procuró dejarla al cuidado de la naturaleza.
-¡heinrich, heinrich! ¡Despierta!
-Hmm, ¿lo logramos? ¿La vencimos?
-...Sí. Lo hicimos. No lo hubiera conseguido sin ti, supongo que Los Chicos del Barrio te deben su gratitud eterna, o algo así.
-Hey, no es para tanto. Iba a matarnos, ¿no? Era ella o nosotros, no tuvimos elección.
-Creía que tú sentías algo por ella.
-y algo me dice que tú también. Simplemente, no nos dejó alternativa. Pero unimos nuestras fuerzas por un mismo objetivo. Matamos dos pájaros de un tiro.
-No sé si eso aplica en nuestro caso. ¿No sería más bien que la vencimos juntos? Y, sin embargo, eso no me hace sentir mejor. Sigo creyendo que, de haberlo intentado, podríamos haberla salvado de alguna manera.
-Ah, ¿como dijeron de mi maldición? No lo sé, pero supongo que ahora me da igual.
-Pero ¿qué dices? ¡O sea hello, si conseguimos que dejaras de estar hecho de chocolate!
-...Lo que sea. ¿Ya podemos irnos de aquí? ¿O volviste a olvidar algo en el camino?
-No tiene importancia.
Pero Número 1 no había hecho bien su trabajo. Ya fuera consciente o inconscientemente, el británico había dejado fuera la nariz de Abigail, que todavía -¿milagrosamente?-, emitía una levísima respiración, señal inequívoca de que aún estaba viva. Sobre ella, se cernían cinco niños, al borde del terror por la imagen que estaban viendo.
-Oh... a papá no le va a gustar nada esto...
Transmisión interrumpida...
Palabras en alemán:
*Tolle: increíble.
**Fantastisch: fantástico.
Si alguien está leyendo esto, ¡por favor revise! ¡Y hasta la próxima!
