Notas de la autora: Gracias a ustedes hemos llegado a los 300 reviews y me siento tan y tan feliz, que les dejo un nuevo capítulo de esta historia. Pues sí, las musas se han portado bien conmigo y quería agradecerles de esta forma su amabilidad y apoyo. Así que… aquí les dejo el siguiente capítulo, y a pesar de que al principio no me convencía, tras muchas ediciones, creo que no ha quedado mal… jajajaja. Pero ustedes serán las que decidan si es así o no. Jajajaja. Quiero agradecer de nuevo su constante apoyo y sus buenas palabras. Y a aquellas personas que no puedo contestar porque no tienen login, les mando un beso y un abrazo. Leo todos sus comentarios con mucho cariño y me hacen muy feliz. De verdad. ¡Arigato hermosas!
OH, UNA COSITA...SOBRE MI FAN 246 - Próxima publicación el viernes 04 de DICIEMBRE :)
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Capítulo duodécimo
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Caminaron en silencio de vuelta a los imperturbables muros de la gran mansión. El aire de principios de verano empezaba a ser asfixiante, incluso cuando anochecía. Xiao Lang se dio la vuelta en cuanto oyó unos pasos detrás de él. Era Yue Tsukishiro que venía corriendo desde los establos. Hizo una reverencia a disgusto y le saludó con palabras escuetas para dirigir toda su atención a su hermano mayor. Al parecer, Yukito aún iba con el uniforme de servicio y discutían si debía ir a cambiarse antes de la cena. Dedicó ese momento de interacción familiar para evaluarlos y recordar lo que sabía de ellos.
Yukito, el heredero de su casa y el hermano mayor. Lo conocía por sus entrenamientos y sabía que era un hombre, confiable y digno. Respetado por los caballeros y de buen juicio. Pero ahora que se veía obligado a interactuar con él a nivel social, descubrió que tenía su cara oculta. No le sorprendió, todo ser humano tenía una. Pero jamás imaginó que la suya saldría a flote por Sakura Kinomoto.
Luego estaba Yue Tsukishiro. El más fuerte de los dos a pesar de ser el menor. Ágil con el arco y fiero con la espada. Pero de carácter frío y tosco. Sólo respetaba a los hombres que, a su propio criterio, se lo habían ganado. No importaban los títulos ni los rangos. Dejaba que el valor de un hombre se midiera por la fuerza de su espada. Algo infantil, pero no podía criticarle por ello. A fin de cuentas, su educación había sido la de un militar. Además, podía sacar provecho de su carácter irritable. De los dos hermanos, seguramente sería el más fácil de manipular a causa de su juventud. Xiao Lang se había propuesto descubrir hasta que punto estaban relacionados con su futura esposa y esa visita le daba una oportunidad de oro para lograr dicho objetivo.
Finalmente se decidió que Yukito iría a asearse, siendo Yue el que ocupara su lugar como escolta. Se despidieron en el umbral del portón y ambos ingresaron a la gran casa en silencio. Caminaron durante un rato a través de largos pasillos y salones de lectura y Xiao Lang empezó a cavilar en el mejor modo de iniciar una conversación. Pero su mente se perdió en los múltiples cuadros que colgaban en las paredes. En ellos había retratos de mujeres muy hermosas. Todas lucían vestidos de seda y joyas preciosas. Pero lo que más llamó su atención fue una característica que se repetía en todos y cada uno de esos retratos. Su piel ligeramente tostada, como la de Sakura.
Llegaron a una sala de lectura que convergía con otro eterno pasadizo y Xiao Lang se quedó parado frente a uno de los cuadros que allí había expuestos. Yue se giró al notar que ya no le seguía y también fijó su atención en la imagen. Dos niñas pequeñas les saludaban con una brillante sonrisa. El príncipe se acercó hasta que sus dedos casi tocaron el vestido de una de las pequeñas.
- La señorita Kinomoto, deduzco.
- Así es. A sus ocho años. – una risa suave se le escapó entonces. Recordó una anécdota que le había confesado la señorita Mizuki justo antes de la subasta de Sakura.
- Veo que aquí no le faltaban los dientes delanteros… Aunque si llevaba esas dos coletas… - Yue rodó los ojos, pero se unió a él con una sonrisa ladeada. Eso le sorprendió, no esperaba que ese chico altivo le siguiera la corriente tan fácilmente.
- Sí que le faltaban. La duquesa insistió en que omitieran ese detalle en el cuadro.
- Ya veo… Y la niña de melena oscura y ojos violeta debe ser su dama de compañía.
- Sí, es Tomoyo. Sakura insistió en que las retrataran a ambas. Eso enfureció a la duquesa y rompió con una tradición familiar. Cómo ve, es el único cuadro dónde se retrata a alguien que no porta el apellido Kinomoto.
- Veo que su rebeldía le viene desde niña – Yue volvió a sonreír, dejándole aturdido.
- Oh, sí. Nuestro pequeño monstruo tiene tendencia a ir en contra de las normas. La duquesa ha intentado corregir ese "defecto" a costa de su propia salud, pero lo cierto es que Fujitaka la admira por ser tan sincera de corazón. Al parecer, él mismo tuvo sus momentos de rebeldía cuando era joven – Xiao Lang le analizó con cautela y decidió que era el momento de dar el primer paso.
- Conoce muy bien esta casa y a los Kinomoto. Espero que encontremos un momento de esta estadía para sentarnos y dar rienda suelta a sus recuerdos con la señorita Kinomoto. Así podré comprenderla un poco mejor. Y a usted, de paso.
- No veo qué razón tendría usted para querer conocerme…
- No sea modesto. No puedo ignorar a un hombre que se atreve a llamar a mi prometida "pequeño monstruo" en mí presencia. – Yue ni siquiera se inmutó por la acusación – No sé si lo hace para provocarme, advertirme o simplemente por costumbre.
- Puede que un poco de las tres – el menor de los Tsukishiro se alejó unos pasos y tomó asiento en uno de los sillones que había dispuestos al lado de una librería. Xiao Lang confirmó entonces, que al igual que él, Yue pretendía conocer más a su adversario – Lo cierto es que me cuesta hacerme a la idea de que Sakura sea su prometida. No le conozco lo suficiente, apenas hemos cruzado más de dos palabras seguidas en nuestros encuentros pasados. Pero siempre pensé que era un digno heredero al trono. A pesar de su corta edad, tiene un estilo de lucha fuerte y analiza bien a su oponente. Eso dice mucho a su favor – Xiao Lang apenas pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Que un joven de diecinueve años le evaluara mencionando su juventud, era casi ridículo.
- Supongo que debo sentirme halagado por su comentario. Pero le recuerdo, que usted es mucho más joven que yo.
- Es cierto, soy menor. Pero no por mucho.
- ¿Seis años son pocos para usted?
- Lo son. Por eso no comprendo que deba tratarle con tanto respeto y haciendo reverencia tras reverencia solo porque sea el futuro emperador. Parece que esté hablando con mi padre… No le veo el sentido a tanto protocolo absurdo - Xiao Lang tomó asiento a su lado y cruzó las piernas.
- Sí, es un factor común en estas tierras. Al parecer los sureños no conocen muy bien las normas que exige el decoro. De ser así, jamás se habría sentado tan descaradamente en presencia de un príncipe – Yue levantó una ceja y miró el sillón por acto reflejo.
- ¿No puedo sentarme si usted está de pie? ¡Absurdo!
- Tranquilo, no se lo tendré en cuenta. Pero me alegra saber que los pobres modales de Sakura no son sólo una muestra de desagrado hacía mi persona y mi título – Xiao Lang notó esos ojos azules fijos en él, pero no le importó demasiado. Le había sobreestimado. Al parecer, sólo era un niñato más con aires de grandeza. Diestro con la espada y de buena familia. Pero un crío.
- Veo que ya la llama por su nombre…
- ¿Le molesta? – el chico de melena plateada desvió la vista para contemplar un jarrón de terracota que había a un lado. El príncipe veía en sus ojos que se estaba conteniendo, así que pensó que había llegado el momento de ir a por todas – He notado que no sólo es cercano a Touya Kinomoto. Creí que era su hermano el que tenía sentimientos por mi prometida, sus palabras le delatan fácilmente, pero puede que vaya errado y en realidad sea cosa de ambos - esos ojos celestes le analizaron con cautela.
- ¿Qué le ha contado el idiota de mi hermano? – Xiao Lang no pudo evitar sonreír un poco. Sin duda, Sakura y Yue habían sido criados juntos. Ambos tenían el mismo descaro al hablar.
- Ha sido muy directo, en realidad. Dejó caer que ya no podría formar parte de la familia Kinomoto. Siendo Sakura la única hija de la casa… no fue difícil para mí atar cabos.
- Este Yuki…
- Creo que sólo era una provocación inocente, nacida de la frustración. Pero eso sólo me da más motivos para creer que no sólo se trataba de un matrimonio concertado, él la ama. ¿Estoy en lo cierto?
- Es usted directo… - una sonrisa ladeada se dibujó en su pálido rostro. Xiao Lang jamás había visto una tez tan fina y clara en ningún hombre. Era un rasgo propio de mujer. Pero debía decir, que no por ello Yue Tsukishiro lucía menos varonil.
- No me gusta andarme por las ramas. Mi tiempo es valioso. Así que le pediré que me devuelva el favor y responda a mi pregunta sin tapujos.
- No puedo responderle sinceramente… el "decoro" que tanto insta en recordarme, me lo impide – Xiao Lang puso los ojos en blanco y se dejó caer en la silla. Últimamente parecía que todos le echaban en cara su estatus. Pero luego le hizo un ademán con la mano para que prosiguiera. Puestos a ceder, ya no venía de uno más.
- Es como vivir en un bucle sin fin…
- ¿Disculpe?
- Está bien. No tendré en cuenta nuestras posiciones sociales en esta conversación ni le penalizaré por ello. Tiene mi palabra – Yue le miró a los ojos a pesar de saber que no era lo correcto y dejó descansar sus codos en las rodillas.
- Le tomaré la palabra y puede que no le guste lo que le diga.
- No es la primera vez que me advierten de ello…
- ¿Sakura? – Xiao Lang asintió en silencio y frunció el ceño ante la sonrisa de estúpido que se le dibujo al joven en la cara. – Típico de ella…
- Puede ser sincero y hablar sin miedo. Asumiré ese riesgo. ¿Contestará ahora a mi pregunta? – hubo un momento incómodo de silencio en el que el muchacho parecía sopesar sus opciones, pero finalmente Yue se dignó a hablar.
- Sí, su majestad. Mi hermano ama a Sakura. De hecho, quería pedir su mano dentro de dos años. En su ceremonia de mayoría de edad. El duque ya había dado su consentimiento – Xiao Lang intentó mantener su semblante calmado, pero estaba seguro de que el corazón se le había detenido. Una cosa era albergar ciertas sospechas… pero tener la certeza de que había separado a una pareja que se amaba, era algo muy distinto – Yukito tiene el anillo desde que cumplió los veinticuatro años y lo ha guardado a buen recaudo desde entonces.
- Entiendo… le agradezco su sinceridad. No esperaba que contestara.
- Es de dominio público. Todos en esta casa podrían haber contestado a su pregunta, cómo he dicho, el duque ya había dado su consentimiento. Además, mi hermano y yo fuimos entrenados bajo la técnica de la familia Kinomoto y eso sólo se hace si…
- Si se pretende unir ambas casas. Algo había oído… - Los dos se quedaron en silencio por largo rato, perdidos en sus pensamientos y divagaciones.
- Era de mi madre ¿Sabe? – Xiao Lang levantó una ceja, sin comprender a qué se refería.
- ¿Disculpe?
- El anillo. Su última voluntad fue que Yukito convirtiera a Sakura en su esposa. Era su sueño. Unir a nuestras familias – Xiao Lang aguantó su fría mirada con fuerza y dignidad. No titubeó por los claros sentimientos de desprecio del joven, ni sintió ira por sus palabras. Aunque por un momento, y sólo por un instante, sintió tristeza por Yukito Tsukishiro y su futura prometida. Pero no podía dejar que Yue lo notara.
- Entonces, sí era un matrimonio concertado… puede que su amor por ella no sea tan profundo. A fin de cuentas, su hermano es mucho mayor… Le saca doce años…
- ¿Y eso qué importa?
- Sólo me sorprende que un hombre adulto se enamore de una niña. – el príncipe oyó su risa burlona y sintió como sus puños se contraían.
- ¿Y qué me dice de usted? Sé contar, y por lo que yo sé, le lleva diez años a Sakura ¿O no cumplirá veintiséis años el mes que viene?
- Cierto. Pero yo no estoy enamorado de la señorita Kinomoto. No se equivoque. Mis ojos sólo pueden verla como lo que es, una niña.
- Una niña… y aun así se casará con ella…
- Sí, lo haré. Es la voluntad de mi padre. ¿Debo acaso ir en contra de los deseos del emperador?
- Dios me libre de semejante ultraje… - Xiao Lang frunció las cejas, incómodo con el tono que empezaba a tomar la conversación. Aunque esperaba esa reacción por parte del muchacho – Se casará con Sakura… y con dos mujeres más.
- Así se ha hecho durante siglos y alberga un significado importante para la corona. Todos tenemos nuestras obligaciones y cargas, señor Yukishiro.
- Tres esposas hermosas en su alcoba… qué gran carga. ¿No cree que es una tradición estúpidamente antigua e injusta? Tres mujeres para satisfacer a un solo hombre… ¿cómo puedo quedarme tranquilo sabiendo que mi mejor amiga será solo un objeto más en la cama de un príncipe?
- Cuidado, señor Tsukishiro. Le he dado permiso para ser sincero, pero tengo mi límite – Yue se mordió el labio tan fuerte, que sangró. Un gesto demasiado familiar y que le recordó enormemente a la joven Kinomoto. Xiao Lang soltó un suspiro y miró en dirección a la puerta. El silencio reinaba alrededor, así que dedujo que sus palabras no serían oídas por nadie más. Podía permitirse ser él mismo.
- Lamento la situación en la que se encuentran ambos.
- ¿Disculpe?
- Sakura y su hermano. Un amor frustrado debe ser… duro de sobrellevar. Pero no iré en contra de la decisión de mi padre. Así que le sugiero que no cometa la estupidez de intentar pedirme que interceda por ellos.
- No iba a hacerlo…
- Bien. Sakura es joven y… sé que es inteligente. Con el tiempo asumirá su nuevo papel y dará honor a su cargo, sea cual sea.
- ¿Concubina? ¿Hay algún honor en ello? – el castaño dejó que su espalda se relajara y estiró su cuello mientras miraba el cuadro de las dos niñas. Sakura estaba de pie, con una sonrisa alegre, mientras que la señorita Daidouji descansaba en un sillón floreado, bordando un pañuelo.
- Si es eso lo que le preocupa, puede calmarse. No dejaré que Sakura sea un mero objeto de decoración, sea cual sea el resultado de la prueba.
- ¿Cómo puedo creer en sus palabras? ¿Las otras candidatas no son acaso su amiga y su prima? Sakura jamás ganará la competición – Xiao Lang sabía que estaba hablando de más y no le serviría de nada. Sólo lograría crear malentendidos y falsas esperanzas. Pero por alguna razón, quería dejar claro lo que pensaba sobre la muchacha de ojos esmeralda.
- Me refiero a que no importa qué lugar ocupe. Procuraré que tenga cierto grado de responsabilidad y permitiré que colabore en las reuniones de palacio. Opino que Sakura posee una mente muy capaz, a pesar de su corta edad.
- ¡Sakura es más inteligente que cualquier hombre!
- ¿Entonces por qué se preocupa? ¿Cree que la competición es injusta?
- Absurda… pero me dirá de nuevo que es la tradición y que es muy importante para la corona.
- Lo es. Una tradición de más de trescientos años. Pero ha evolucionado con los distintos reinados y se han variado la calidad de las pruebas para adaptarse a los tiempos actuales. – Yue se levantó y caminó por la sala intentando serenarse – Señor Tsukishiro, comprendo su preocupación. Eso me dice que en verdad aprecia a la señorita Kinomoto.
- Es prácticamente mi hermana.
- Entiendo… y por eso le pido que deje que ella demuestre su valor – el muchacho bufó con arrogancia - ¿No confía en qué "su pequeño monstruo" pueda ser capaz de ello?
- Ese no es el verdadero punto.
- ¿Y cuál es entonces? – Yue volvió a sentarse y le miró con determinación.
- No se trata de sí Sakura es digna del cargo. ¡Se trata de su felicidad! Puede que parezca fuerte y segura… pero tiene un corazón noble y romántico… no sabe lo dulce que puede llegar a ser y lo… lo inocente… yo… - Yue se llevó las manos a la melena, despeinándola sin apenas ser consciente de ello - Dígame… ¿Cómo podrá ser feliz así? Usted mismo ha confesado que no la ama… ni ella a usted…– Xiao Lang cogió aire y tomó paciencia. El amor… todo siempre se reducía a ese concepto abstracto que no lograba entender. ¿A caso los nobles sureños educaban a sus hijos con cuentos de hadas?
- Da por supuesto que ella jamás me amará. Y aunque no tiene por qué hacerlo para cumplir con su deber, puede que el tiempo y el roce hagan el milagro. Aunque no tiene importancia, dado la naturaleza de este contrato.
El príncipe se levantó, dando por cerrada la conversación. No quería indagar más por esa noche, ni abusar de la confianza de un muchacho. Ya le había hecho hablar más de lo que creía correcto. Además, el punto de la conversación era descubrir los sentimientos de los hermanos, no los suyos.
- ¿Le parece si seguimos? Deben estar buscándonos por toda la casa - Pero el menor de los Tsukishiro parecía reacio a dejar esa conversación a medias.
- No la conoce…
- ¿Disculpe?
- A Sakura. ¿Cree que se enamorará del hombre que le ha robado sus sueños? Nunca. Ella ama a mi hermano. Lo sé.
- Parece muy convencido de que su verdad es la única posible. ¿Le ha preguntado a ella directamente? ¿Sabe Sakura que su hermano quería pedir su mano? – Xiao Lang se regocijó en su cara dudosa y le dio la espalda – No puede hablar por ella. Es muy presuntuoso de su parte creer que la conoce hasta ese punto.
- Sakura lo sabe – el príncipe se giró y le fulminó con los ojos – Yuki se lo confesó el día de la gala. Y ella le habría aceptado de no ser por el miedo a las represalias que podría tomar el emperador – Xiao Lang arrugó el ceño y sintió como la ira crecía en su pecho.
- ¿Su hermano le confesó sus sentimientos cuándo Sakura ya era mi prometida?
- ¿Acaso importa? No están casados. Aún pueden ocurrir muchas cosas que hagan que el emperador cambie de idea. O que usted…
- Basta – Xiao Lang levantó su mano y cerró los ojos con fuerza – Es culpa mía. Le he pedido que fuera sincero, pero mi autocontrol llega hasta aquí. No querrá causarle ningún inconveniente a su hermano. Por lo que sé, ya ha hablado usted mucho más de lo que debería… – Ambos se miraron con sentimientos frustrados, pero Yue pareció comprender que había cruzado una línea muy fina. Aunque ya era muy tarde para retroceder.
- ¿No es lo que quería? ¿Qué hablara de más? ¿No es por eso por lo que me ha preguntado a mí en vez de a Yuki? – Xiao Lang se sorprendió por sus palabras.
- ¿Insinúa que me he aprovechado de su juventud y temperamento para sonsacarle información de forma injusta?
- Creo que esa era su intención, sí. Pero pierde el tiempo. No he dicho nada que mi hermano no le hubiera contado él mismo. Puede preguntarle directamente, verá que no tendrá una respuesta distinta a la mía.
- Le tomaré la palabra y eso haré.
- ¿Le preguntará? – el príncipe dio un golpe de asentimiento con la cabeza que causó la risa del muchacho - Discúlpeme si no le creo, su majestad.
- ¿Acaso le he dado algún indicio que le haga sospechar que soy un mentiroso?
- No, en realidad ha sido más sincero y abierto de lo que esperaba. Pero creo, que ya le he dado más información de la que usted deseaba escuchar. Y ahora, se siente culpable y por eso huye, como un cobarde – Xiao Lang le fulminó con los ojos y sintió como el estómago se le revolvía hecho girones. Pero no dejó que se le notara. En vez de eso, se obligó a hablar con voz pausada y serena.
- No tiene usted pelos en la lengua, eso puede traerle problemas en el futuro. Pero se equivoca. ¿Por qué debería sentirme culpable?
- Porque no es tan frío como quiere aparentar. He notado el cambio en sus ojos, se siente mal por frustrar todos los sueños de Sakura y también los de mi hermano.
- Yo no tomé la decisión. Ni siquiera la conocía.
- Pero no hace nada para ayudarla.
- No tengo ese poder.
- No me tome por un idiota. Soy joven, no imbécil – el príncipe se acercó hasta él con paso lento y se quedó a escasos centímetros del muchacho. Eran más o menos de la misma altura, por lo que sus ojos quedaron perfectamente conectados.
- Está perdiendo la compostura, señor Tsukishiro. De nuevo. No olvide que está hablando con el futuro emperador.
- Usted fue el que pidió sinceridad y dijo que dejáramos a un lado nuestras diferencias sociales. ¿O acaso no es nadie sin su título?
- No voy a tolerar…
- ¡Aquí estás! ¡Gracias a los cielos! Llevamos un buen rato buscándote – el segundo príncipe apareció por la puerta con una enorme sonrisa y lo tomó del hombro mientras tiraba de él con confianza. Venía acompañado de la señorita Daidouji, que los miró, temerosa.
Xiao Lang se quedó contemplando a Yue Tsukishiro en absoluto silencio durante una eternidad. No podía enfriar su cabeza y las últimas palabras de ese crío seguían taladrando su sien. Por eso apenas le llegó la voz de la dama.
- Su majestad, si me lo permite le guiaré hasta el comedor. Aguardan por usted – el castaño se obligó a centrarse de nuevo y le dedicó una sonrisa fingida mientras se separaba del hijo menor de los Tsukishiro. Su tiempo con él había concluido y no de la mejor manera.
- Por supuesto, señorita Daidouji. Disculpe, estaba algo absorto en mis pensamientos.
- Oh, no se disculpe usted, por favor. ¿Nos acompaña, joven Tsukishiro? – Tomoyo clavó sus ojos violetas en Yue, que miraba a su majestad con desprecio. La morena tembló de miedo al comprender que su amigo estaba furioso y no había ningún modo de calmarlo sin ofender al príncipe ni empeorar las cosas. Pero por suerte, la sensatez ganó la partida.
- No, Tomy. Me temo que algo ha surgido en mi casa y debo partir. Pero los veré mañana. Sakura me ha honrado con una invitación a sus actividades del día. Espero, que no le resulta una molestia, su majestad.
La morena quería morirse allí mismo. Jamás había visto a Yue comportarse de esa manera. Siempre había sido un joven fiero, pero nunca había sentido ese frío en su alma. En un intento por desviar su atención, encontró apropiado correr a su lado y tomar su mano con familiaridad. No era lo correcto, pero era el mal menor.
- Es una lástima. ¿Te pido un carruaje?
- No será necesario Tomy… iré con mi yegua. Dile a Yukito que me he ido pronto. ¿Quieres?
- Así lo haré. Oh, y gracias por ayudar esta tarde en los establos. Ya temíamos que no estuvieran listos para la competición de mañana. Sakura anda algo corta de tiempo y no puede adiestrarlos cómo siempre. – Yue miró de nuevo al príncipe heredero y soltó un bufido molesto.
- Sí, parece que será lo habitual a partir de ahora. ¿Verdad? - Eriol se adelantó un poco y miró a los muchachos con una sonrisa.
- Señorita Daidouji… ¿Por qué no acompaña al señor Tsukishiro hasta la puerta? Mi hermano y yo nos las apañamos bien a partir de aquí. Gracias a usted, ahora conozco perfectamente el camino.
- Pero no sería correcto, ustedes son los invitados de la casa y…
- Insisto – Tomoyo miró a un lado, y luego al otro. Sin saber exactamente que debía hacer. Pero finalmente asintió, haciendo una reverencia. No podía ir en contra de los deseos de un príncipe.
- Como guste, majestad
Yue se inclinó con brusquedad y miró de nuevo al futuro emperador. Ninguno había suavizado su gesto y seguían enviándose miradas de advertencia. Pero el joven sabía que su pequeño trato ya no era valido y que ahora debía dirigirse a él con cortesía. Aunque le hirviera la sangre por dentro.
- Su majestad… le veré mañana. Espero que pasen una velada agradable.
- Yo también, señor Tsukishiro. Gracias por su compañía y buenas noches.
Ambos príncipes vieron partir al menor de los Tsukishiro en silencio. Pero en cuanto se cerró la puerta, Eriol le miró con una ceja alzada y golpeó su hombro con saña.
- Te dije que podía ocuparme yo de ellos… Pero no, tenías que ir directo al punto sin estrategia alguna. ¡Le has subestimado!
- ¿Cuánto has oído?
- Todo. Pero ha llegado la señorita Daidouji y adiós a mi diversión – Ambos se miraron seriamente y Eriol notó hasta qué punto su hermano se veía afectado – No es normal en ti esta actitud… ni siquiera has intentado confundirlo y al final has sido tú el que ha hablado de más.
- He logrado lo que quería. Ahora sé lo que ambos opinan de la señorita Kinomoto.
- Y ellos también. El secreto es obtener información sin revelar tus cartas, hermano. No envestir a tu contrincante como un toro. Has perdido tu toque…
- ¿Mi toque? Te recuerdo que ha sido ese niñato el que me ha faltado al respeto sin miedo alguno a las represalias.
- Porqué tú se lo has permitido, Xiao… - el castaño se dejó caer otra vez en el sillón y soltó de golpe todo el aire de sus pulmones.
- Fui directo porque quería una respuesta clara. Sólo le pedí sinceridad.
- Oh, de eso has tenido de sobra – ambos se miraron y la risa estalló, cortando el tenso ambiente que se había respirado hasta el momento. Eriol tomó asiento en la silla que antes había ocupado el joven y se cruzó de piernas. Esos ojos color mar le miraron con serenidad y Xiao Lang no pudo evitar derrumbarse – Y dime… ¿es cierto? ¿Te sientes culpable? – el futuro sol del imperio tiró su cabeza hacia atrás y miró el techo.
- Tú eres el que alardea de conocerme tan bien… ¿tú que crees?
- Creo que ni siquiera sabes dar nombre a lo que sientes – una vez más reinó el silencio entre los dos hermanos. Porque era cierto. No lo sabía. Pero pronto la tensión se fue disipando y Xiao Lang decidió que era momento de dejar atrás esa conversación. Se había sentido muy relajado mientras paseaba por las propiedades de los Kinomoto y quería sentirse así el resto de su estancia.
- ¿Sabes de lo que si estoy seguro? – Eriol le dedicó una sonrisa, aliviado por el cambio de humor de su hermano. – De que no soporto a ese niñato engreído… Puede que te use como testigo para acusarle por desacato a la autoridad. Un par de días en prisión le sentarían bien.
- Fuiste tú el idiota que le dio permiso.
- Podríamos decir que no oíste esa parte.
- No cuentes conmigo para ello. Me cae bien.
- No sé porqué no me sorprende…
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Cómo era de esperarse le fue otorgado un lugar de honor en la cena. Encabezaba la mesa presidencial, mientras que el duque Kinomoto hacía lo propio del otro lado. Sakura se situó a su derecha, dejando a su hermano Eriol a su izquierda. El resto tomó asiento a lo largo de la mesa sin mucho cuidado, buscando la compañía de los mas allegados. Sonrío al ver a Meiling sentada a la izquierda de Eriol. Seguro que no quería permanecer cerca de la señorita Kinomoto, pero aun así prefería la compañía de los suyos. Naoko en cambio, se posicionó muy lejos, al lado del mismísimo duque y el resto de su familia. Yukito Tsukishiro se sentó con ella, con una sonrisa suave. La conversación fluyó naturalmente entre los comensales, así que decidió que él debía seguir su ejemplo.
- Y dime, Eriol. ¿En qué consistirá la cena de hoy? – No esperó que toda la mesa se quedara en silencio ante su comentario jocoso, pero tampoco le importó. Y cómo imaginaba, su hermano sólo le sonrío de vuelta mientras sorbía un poco de agua de su copa.
- ¿Cómo iba yo a saberlo, hermano?
- Dímelo tú. Ha sido agradable encontrar un baño con esencia de eucalipto y pino. Sin flores. Con el agua casi hirviendo y mucha espuma. También dejaron a mi alcance un montón de toallas calientes y una copa de vino tinto ligeramente enfriada.
- Oh, que maravilla.
- Sí… y demasiado acorde a mis gustos… ¿no crees?
- No me lo agradezcas a mí. Es responsabilidad de la señorita Kinomoto buscar información sobre ti para complacerte. Dónde la busque, no es de tu incumbencia, hermano. – Todos los comensales disimulaban mirando el techo o los cubiertos, pero era obvio que tenían una oreja en la conversación. – Pero ya que preguntas… supongo que el menú de la noche incluirá carne de res y un delicioso, aunque simple, puré de patatas. Sin grumos, por supuesto ¿Cierto, señorita Kinomoto? – Sakura le sonrío de vuelta.
- Por supuesto. Hemos dispuesto una cena de pocos platos, pero destinada a complacerles. Empezaremos con unos entremeses de verduras, un sencillo plato de marisco, una crema fría de temporada y un filete de nuestro mejor rebaño. El animal ha sido sacrificado esta misma mañana, por lo que la carne debe ser muy jugosa. Y de postre hemos elegido una selección muy variada a gusto de nuestros invitados. Por lo que sé, la señorita Yanaguisawa prefiere los postres cítricos – Naoko levantó la vista en su dirección y le sonrío.
- Es correcto, señorita Kinomoto.
- Y la princesa Li gusta de tomar fruta y queso en la cena – Meiling Li tomó un sorbo de su copa de vino blanco y arrugó la nariz.
- No me disgusta ningún dulce. Pero sí, prefiero no comer repostería por la noche. Es muy considerada con nosotras a pesar de que no podemos puntuarla. Pero espero que su menú incluya algo de chocolate, señorita Kinomoto. Como sabrá…
- Es el sabor preferido de su alteza, lo sé – Meiling la fulminó con la mirada, molesta por la interrupción - No, esta noche me temo que no hay ningún postre de chocolate – el príncipe heredero abrió los ojos, sorprendido por la revelación.
- ¿Conocía mis preferencias y aun así ha decidido ignorarlas? Nunca deja de sorprenderme, lo admito.
- En realidad, la cena sí incluía algunos postres con chocolate, pero he decidido reservarlos para otra ocasión – Xiao Lang apoyó el mentón en la palma de su mano y le dedicó una sonrisa suave que alteró los nervios de la castaña.
- Me invade la curiosidad, señorita Kinomoto. No nos deje con esta intriga y comparta sus motivos con el resto de la mesa.
- No tiene importancia, solo creí que no sería conveniente. El chocolate es un alimento enérgico, su majestad. No conviene tomarlo por la noche si no se descansa correctamente. Algunos opinan que puede provocar pesadillas.
- Veo que se ha propuesto hacer que duerma, señorita Kinomoto. ¿Acaso es de dominio público mi insomnio? ¿O también se lo ha contado mi hermano? ¿Tendré que penalizarla por buscar ayuda en un miembro de la familia real? Y uno que la puntúa, nada menos…
- Yo…
- Oh, vamos. Deja a la muchacha en paz, Xiao. Todo el mundo sabe que pasas noches enteras en tu maldito despacho. En vez de intentar sacarle los colores a tu prometida, podrías preguntar que ha dispuesto en su lugar.
- Oh, he ordenado que preparen algo más suave. Un mouse de queso y frambuesas. Espero que también sea de su agrado, majestad. Verá que ayudará a su digestión y le facilitará conciliar el sueño.
- Ya veo… y en realidad, le estoy agradecido por sus buenas intenciones. No imaginé que prestara tanta atención a los detalles.
- Le agradezco el cumplido, majestad.
- Pero espero que la ración de chocolate de mañana sea generosa. Es un capricho mío que intento concederme a menudo. Aunque supongo que mi hermano también le habrá contado eso.
- Lo será, su majestad. Tiene mi palabra - Xiao Lang le sonrío de lado y reprimió el deseo de coger su mano sobre la mesa. Jamás había sentido empuje por los gestos cariñosos, así que se sobresaltó al darse cuenta de la traición de su instinto. Pero por suerte, estaba su hermano para romper el encanto.
- ¿Y que hay de mí, señorita Kinomoto? – Eriol dejó su servilleta a un lado y le dedicó una mirada traviesa. - ¿Dónde queda mi dulce favorito?
- Su postre… es una sorpresa – Xiao Lang frunció el ceño. De nada servía todo ese esfuerzo por complacerle ahora. Al parecer, el que se llevaba siempre la mayor atención de la dama, era su hermano.
- Ahora sí ha picado mi curiosidad. No le he contado nada de mis gustos.
- Eso no es cierto, alteza. Llevo más de tres meses de conocerlo y creo, que me hago una idea de cómo es y lo que le gusta. Se las da de reservado, pero no es ningún misterio para mí – Eriol levantó una ceja y dio una palmada alegre.
- Eso me ha sonado a apuesta, señorita Kinomoto. ¿Le apetece jugarse una cena?
- Oh, pero mire que es usted tramposo. Sabe que apostar es uno de mis placeres culpables.
- Eso tengo entendido, mi hermosa cuñada. Como ve, usted tampoco es ningún misterio para mí – la garganta de la duquesa Kinomoto pareció sufrir una leve irritación, pues se la oyó toser con fuerza.
- Hija… ¿por qué no le cuentas a su majestad, nuestro futuro sol del imperio, los planes que tienes para su visita? Al menos así sabremos si los aprueba o no… Aún tienes tiempo de cambiar de idea.
Xiao Lang se recostó en la silla, viendo como todo un tropel de sirvientes aparecía para servir la cena. Tal y como había comentado Sakura, el primer plato se componía de un conjunto de verduras de temporada, servidas al vapor, en salsa o simplemente bañadas en una vinagreta de frambuesa. No era aficionado a los vegetales, pero lo cierto es que todo tenía un aspecto maravilloso. Dejó que uno de los lacayos le atendiera y miró a la que sería su suegra en unos meses.
- Por su tono de voz deduzco, mi apreciada duquesa Kinomoto, que no los aprueba.
- No me siento muy cómoda con algunos detalles. Es cierto. Pero mi hija, a pesar de todas sus virtudes, tiende a no escuchar a sus mayores.
- Es no es justo, querida – Fujitaka mordió una seta en salsa y sonrío a su hija con confidencia – Sakura siempre escucha nuestras opiniones. Pero luego toma la decisión por sí misma. Es lo que le hemos enseñado. Informarse, escuchar, valorar y decidir. ¿Verdad cariño? Creo que para alguien que puede gobernar en un futuro, no es mal aprendizaje. Pero dejemos que la persona que tendrá que lidiar con ello nos dé su dictamen ¿Qué opina usted sobre la educación de mi hija, majestad? Por lo que me ha dicho mi esposa, ha causado cierta incomodidad en palacio.
Xiao Lang miró a su futuro suegro a lo largo de la gran mesa. Para un buen analista cómo él, era muy simple adivinar la situación que viviría esos días en el hogar de los Kinomoto. Puede que se hubiera confiado con el joven Tsukishiro, pero no era difícil comprender la mentalidad de su futura familia. Ya podía predecir cómo actuaría cada miembro sin necesidad de confraternizar mucho más. Por un lado, el duque. Fujitaka Kinomoto. Ferviente admirador del emperador y un héroe de guerra. Pero también un padre amoroso y fiel. Por eso no le sorprendió ver el desagrado en sus ojos cuando le pidió que encerrara a la bestia. A pesar de conocer su deber, el instinto protector que sentía por su hija peleaba por salir y ganarle la partida. Pero si le demostraba que cuidaría bien de Sakura, se ganaría todo su respeto y confianza.
- Opino que su hija tiene grandes dones para gobernar. No se lo niego.
- Esas son las típicas palabras falsamente amables que preceden a un "pero"
Esa había sido la voz del hijo mayor de los Kinomoto. Touya ni siquiera había probado un bocado del primer plato. Seguramente no gustaba de comer verduras, pero también se debía a su malestar. Desde que había entrado en la sala, tenía el ceño fruncido y los labios fuertemente apretados. Parecía estar conteniéndose a sí mismo. Si Fujitaka amaba y admiraba a su hija, Touya no podía ser menos. Celoso y posesivo, hasta el punto de la locura. Lo comprobó en la fiesta y lo podía ver en sus ojos ahora. Y no podía culparle por ello. De hecho, no le importaría estar en su lugar. Nunca tuvo una relación personal con sus hermanas. Más bien eran cuatro extrañas para él. Ser querido con tanta intensidad por los tuyos, era sin duda objeto de su envidia.
- "Pero", creo que un poco de etiqueta social no hubiera estado de más. Será difícil para su hija adaptarse a nuestras costumbres.
- Mi hermana sabe adaptarse a cualquier situación, su majestad. Ese no es el problema.
- Por favor, sir Kinomoto. Deléiteme con su sabiduría. ¿Cuál es el problema entonces?
- ¿Por qué actúan cómo si yo no estuviera presente? – Sakura miró a su hermano con una ceja alzada. Y cómo todos esperaban, él la ignoró.
- El problema que tiene usted con mi hermana, es que ella ha decidido no adaptarse.
- Touya…
- Mi hermana no ha sido educada para lucirse como un jarrón en subasta ni para doblegarse ante ningún hombre. Si usted cree que con una institutriz y algunos consejitos va a someterla a su gusto…
- ¡Basta hermano, por favor! ¡No soy un caballo al que hay que domar! – Eriol soltó una risa divertida y se añadió a la calurosa conversación.
- Por todos los cielos, esta cena es la mejor del año. Y sólo acabamos de llegar. Muero por asistir al banquete del tercer día – Xiao Lang le miró con una ceja alzada y fue el turno de la voz de la sensatez.
- ¿No creen que las verduras de este año son muy ricas en color y textura? Sin duda las lluvias han sido generosas y abundantes esta primavera.
Tomoyo Daidouji. La prima. Hija de un conde y relacionada por parte de madre con la familia Amamiya. Una joven que sí había recibido la educación apropiada y con todos los adjetivos y atributos asociados a una dama de la nobleza. Otra fiel seguidora de Sakura Kinomoto, pero con más cabeza que el bruto de su hermano. No perdía la compostura fácilmente y siempre buscaba una solución pacífica porqué creía que era el mejor modo de ayudar a su prima. Y en su opinión, era la persona más sensata de la mesa. Pero tampoco podía confiarse, sabía que Daidouji era un arma de doble filo. No sería su aliada si no demostraba que era digno de su mejor amiga. Y algo le decía, que era tan astuta como su hermano Eriol.
- Le doy la razón en eso, señorita Daidouji. Y la salsa que acompaña a los espárragos está exquisita. Pueden felicitar de mi parte a la cocinera.
- Cocinero, en realidad. Somos la única casa noble con un chef masculino. ¿Eso también les escandaliza, su majestad? – un golpe sordo sonó al final de la mesa y todos vieron el rostro molesto de la duquesa.
- Hijo, ya basta. Tengamos la cena en paz. Su majestad no tiene porqué soportar una disputa familiar la primera noche que nos visita. Le pido disculpas por el comportamiento de mis hijos, futuro sol del imperio. Aún son jóvenes y cómo ve, su padre les ha enseñado a ser fieros y competitivos incluso cuando no llevan la espada a cuestas.
Y ahora era el turno de Nadesiko Kinomoto. Una mujer de belleza y dotes incomparables. Pero con un agudo sentido crítico con los suyos. Fingía buscar la paz, mientras sembraba discordia escondida y culpaba a los demás de situaciones que había creado ella misma. A fin de cuentas, ella había sacado el tema de la visita real dejando claro su opinión disconforme. Era obvio que amaba a sus hijos, pero tenía cierta necesidad de notoriedad egoísta. Aunque parecía que lo hacía de forma inconsciente.
- No se lamente, duquesa Kinomoto. Admiro la sinceridad de su familia. Es reconfortante ver cuanto aman y protegen a su hija. Si mis hermanos me defendieran con tanta devoción, no necesitaría un ejército.
- Oh, vamos Xiao, todos te queremos.
- Deja que albergue mis dudas, Eriol – el príncipe heredero se llevó la servilleta a los labios para ocultar su sincera diversión. Pero su sonrisa no pasó desapercibida para nadie.
De algún modo, la formalidad se había perdido entre el trato común y familiar de los Kinomoto. Sólo Meiling Li permanecía erguida en su lugar, con el labio superior arrugado y una ceja alzada.
- Pero volvamos al punto que ha sacado la duquesa antes de causar todo este revuelo. Dígame, Sakura ¿puedo llamarla Sakura frente a su familia? Creo que hay suficiente confianza ahora que ya nos hemos tirado los trapos sucios a la cabeza – la castaña soltó una risa suave que le ablandó aún más.
- Si lo considera adecuado, yo no voy a llevarle la contraria en algo cómo eso.
- Oh, bien. Es un alivio encontrar algo en lo que estemos de acuerdo.
- Exagera usted, su majestad – un ligero rubor cubrió las mejillas de la castaña, que desvió la vista al darse cuenta – Pues verá, yo… lo cierto es que espero que los planes sean de su agrado. No son convencionales, eso se lo aseguro.
- Si fuera así, me decepcionarían. No me tenga más en vilo. ¿Qué ha preparado para nosotros?
- Pues… Al leer las condiciones de la prueba me di cuenta de que debía enfocar esta oportunidad desde un punto de vista práctico. Cómo dijo la reina Anna, es un entrenamiento para poder complacer a los dignatarios extranjeros que visitan el palacio. ¿Es así?
- Es correcto – los sirvientes pasaron por la mesa recogiendo los restos que habían quedado de los primeros platos y llenaron sus copas de vino. – Aunque no creo que necesite práctica para eso. Sólo la he llevado una vez a una visita social, pero me parece que causó furor con cierto duque extranjero. Un bebé de elefante que pasea por mis establos es una clara muestra del afecto que le tiene. Agradezco que me lo confiara de nuevo, por cierto. Es una compañía divertida.
- ¿Está bien Troné?
- Sí, es un animal dócil, a pesar de la amenaza que supone para mi persona su peso y su tamaño – la castaña puso los ojos en blanco.
- Ya vuelve con ese tema. ¡No es un carro de mercancías!
- Lo parece.
- Sakura, ¿algún día contarás tus planes o se van a pasar la noche flirteando? Me va a sentar mal la cena… – Una vez más, Touya sacó su mal genio. Su hermana se puso más roja que una manzana, pero asintió.
- Oh, cierto. Me voy por las ramas con facilidad… y no es común en mí. Suelo ser muy directa.
- Ya vuelves a cambiar el sujeto de la conversación, Sak… pareces algo inquieta esta noche…. - Tomoyo miró a su prima con dulzura y la castaña hizo un mohín infantil.
Xiao Lang no pudo evitar reír ante la cándida reacción de su futura esposa y fingió no notar el aturdimiento de su hermano. Eriol le miraba como si le hubiera crecido una segunda cabeza. Sabía que se comportaba de forma muy distinta a lo habitual, pero quería que los Kinomoto vieran que no sería un mal esposo para su hija. De algún modo, necesitaba su aprobación más que cualquier otra cosa. Se suponía que era Sakura la evaluada en esa visita de cortesía, pero Xiao Lang no perdería la oportunidad de complacer a su futuro suegro. No estaba de más tener la lealtad del general del ejército imperial. No por su deber como soldado, sino de corazón.
- Bien. Mi intención es que disfruten de todos los placeres de nuestras tierras. He preparado muchas actividades en el pueblo, así como algunas excursiones a aquellos lugares más hermosos. También hemos abierto el coto de caza para ustedes y preparado a nuestros mejores caballos. Además, en dos días es la exhibición militar.
- Suena maravilloso. No veo el motivo del desacuerdo con su madre – Nadesiko puso los ojos en blanco y bebió un poco de agua.
- Eso es porqué aún no ha contado el detalle en el que discrepo. Hija, por favor.
- Bien, yo… sé que su majestad tiene muchas obligaciones y que no goza de tiempo para estar relajado y en familia. Así que pensé en evitarle cenas de cortesía con la nobleza de los alrededores. No celebraremos ningún evento social durante su estancia. – Xiao Lang abrió los ojos y dejó que su espalda quedara recostada en el respaldo de la silla.
- Vaya, eso sí es una sorpresa.
- Yo… he creído que necesitaba un descanso de todas sus obligaciones. No he informado a nadie de su visita aquí. Sólo aquellos que han venido con usted saben que el futuro sol del imperio está en nuestra casa.
- Eso explica porqué no había gente esperando por nosotros cuando hemos cruzado los caminos reales. Ya creía que tu popularidad había descendido en el sur – Eriol se apartó lo justo para que le sirvieran el segundo plato. Todo un manjar del mejor marisco. ¡Adoraba el marisco! Y la muy pilla lo sabía, porqué notó los ojos brillantes de Sakura sobre él. Pero fue la voz de su hermano la que interrumpió su degustación.
- ¿Has tenido algo que ver en esto, Eriol?
- Para nada. Lo juro por todos nuestros antepasados.
- ¿Le disgusta? - Sakura agachó la cabeza y fingió sentirse avergonzada. Puede que hubiera engañado a muchos hombres con su actitud de niña buena, pero Xiao Lang la conocía lo suficiente para comprender su estrategia. Y le divirtió entrar en su juego.
- En realidad, no. Aunque reconozco que no es común. Siempre que visito alguna casa aliada, se llena de aristócratas y cenas de mil platos. Es una formalidad a la que estoy acostumbrado.
- Porqué socialmente es lo correcto. Algo que mi hija no comprende… - Una vez más, la duquesa sacó su artillería. – Pero ese no es el verdadero motivo de mi desconformidad.
- Ahora sí me tiene a la expectativa. ¿Qué ha planeado que disguste tanto a su madre?
- Yo… quería proponerle que mañana fuéramos a la competición equina que organiza mi familia y también a la feria del condado. Y…
- ¿Y? No puede ser bueno si le cuesta tanto confesarlo.
- Pensé que sería adecuado que dejara sus ropajes reales y fuera vestido como un caballero de mi familia. De hecho, había pensado que ambos deberían ir uniformados y de incognito, su majestad.
- ¿Cómo? ¡Su majestad no puede vestir como un simple caballero! – la princesa Li alzó la voz por encima de la mesa y ahora todos los ojos estaban fijos en ella. La duquesa solo asintió a su comentario con una mirada de aprobación.
- ¿Lo ves, hija? No es apropiado pedir algo como eso a su alteza. Además, si van de incognito, tendrán que renunciar a su escolta. No podemos permitir que le pase nada a su majestad. Irán al pueblo con al menos treinta hombres y se anunciará apropiadamente. ¿No crees que es lo correcto, querido? – Fujitaka tragó una gamba y miró a su hija.
- Lo importante no es lo que yo crea, sino lo que opine su majestad. – Ahora todos los ojos miraban al futuro sol del imperio. Xiao Lang soltó el tenedor y se llevó la servilleta a los labios con calma.
- He asistido a varias ferias en distintos condados. Algunas de ellas, en el extranjero. Siempre he ido en calidad de invitado de honor y con al menos cincuenta escoltas.
- Es cómo tiene que ser, si señor. – La duquesa miró a su hija con una sonrisa suave y la confianza del ganador. – No pasa nada, mi amor. Sé que tu intención era buena, pero hay ciertas cosas que no pueden ser cambiadas.
- Oh, puede que no me haya explicado bien – Nadesiko Kinomoto enmudeció al instante - Con mis palabras quería decir que sería todo un cambio ver una feria desde otra perspectiva. Siempre he sentido envidia de los jóvenes nobles por disfrutar del evento cómodamente y sin obligaciones. Además, he sido entrenado como un caballero también. Así que vestir el uniforme dorado de su familia no sería una mentira. Creo que será una experiencia única, Sakura. Acepto sus condiciones.
- Pero… pero… ¿Y su seguridad? ¡No puede salir sin escolta! – la princesa Li volvió a levantar la voz, alterando aún más a toda la mesa. – Yo… lo lamento, su majestad. Pero no creo que el emperador quisiera correr ese riesgo.
- Vaya, princesa Li. Desconocía que pudiera leer la mente de mi padre.
- Yo, no quería decir…
- Está bien, comprendo sus temores. ¿Cómo garantizará nuestra seguridad, Sakura? Meiling tiene cierta razón. Si se ha filtrado de algún modo la información de mi llegada puede haber cierto riesgo.
- Touya, Yukito y Yue nos acompañarán. Son los mejores caballeros de nuestro ejército. Y nuestras tierras son muy seguras. Además, no hay guerras internas en Aristia desde la invasión a Lua, y de eso ya hace trescientos años. No corre ningún peligro mientras estemos a este lado de la frontera. – Xiao Lang miró a su futuro suegro y le pidió su opinión con los ojos.
- No corre peligro alguno, su majestad. Nadie de esta casa filtraría información. Además, se lleva a mis mejores hombres con usted y, que yo recuerde, tanto usted como el segundo príncipe tienen sus propias y destacadas habilidades. Ningún granjero ni hijo de herrero de nuestro pueblo puede si quiera soñar con rozarles.
- Concuerdo. Así será. Mañana visitaremos el pueblo vestidos cómo caballeros de su regimiento. Será todo un descanso. Ha tenido usted una idea maravillosa, Sakura.
- Pero…
- Princesa, dejemos el tema zanjado, por favor – Xiao Lang notó tristeza en esos ojos rojos, pero no podía seguir permitiendo sus caprichos. Desvió la vista a la que había sido su mejor amiga por años y le dedicó una sonrisa - Señorita Yanaguisawa, sin duda el caviar es de su agrado. La ha tenido muda durante toda la discusión - Naoko alzó la vista y sonrío con dulzura.
- Oh, es toda una exquisitez. Me temo que voy a ganar peso estos días. El chef de su familia es excelente, señor Kinomoto.
Fujitaka Kinomoto agradeció el cumplido y se dispuso a comer en silencio. Todos lo hicieron y la conversación decayó hasta que el duque sacó algunos temas del ejercito a relucir. El resto de la velada la pasaron discutiendo asuntos de estado. Algo aburrido para las damas, pero necesario. Sólo una joven de ojos jade parecía disfrutar con el giro de la conversación. Y eso dejó a nuestro príncipe, aún más cautivado.
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- Lamento si mi decisión le ha causado problemas. Quizá debí abrazar los convencionalismos y ceder a los deseos de mi madre. No quiero que acepte mis rarezas sólo por complacerme – Sakura era la guía de su majestad una vez más. La cena había terminado de forma pacífica y todos habían decidido acostarse temprano para descansar del largo viaje.
- Es cierto que tiende a ser una joven "original", señorita Kinomoto. Pero entiendo sus motivos. Desea ir más allá para causar impresión. Busca el agrado de su invitado y su total atención. No es de las que se conforma con menos. Cómo con el duque Akoto. Jamás habría causado semejante interés en él sin salirse del comportamiento habitual de una dama noble.
- ¿No le disgusta?
- No en este contexto. Ha intentado meterse en mi cabeza y quiere que mi visita sea un descanso más que una obligación social. Seguramente Eriol le ha contado que me paso el día entre reuniones, papeleo y entrenamientos. También le habrá insinuado que las fiestas de palacio me parecen ostentosas, aburridas y muy previsibles.
- Algo de ello me ha contado. Pero lo cierto es que he podido ver por mí misma la presión a la que están sometidos los herederos al trono y las pocas distracciones mundanas a las que tiene acceso.
- Es cierto. Para la familia real un descanso es una cena con decenas de invitados.
- Eso no es un descanso, es un tormento. – Xiao Lang soltó una carcajada y miró la puerta de sus estancias con tristeza. El camino se le había hecho muy corto.
- ¿Sabe? Si sus planes le salen bien, serán sin duda mis mejores vacaciones en años – Sakura se sonrío a si misma y bajó la cabeza.
- Ese es mi mayor deseo, su majestad.
- Deje que lo dude… pero es lo que le toca hacer. Y por ahora, me conformaré con eso. Ya es un gran paso teniendo en cuenta nuestra situación – ambos se quedaron en la puerta unos segundos, sin saber cómo despedirse y dar por cerrada la noche. Por suerte, una mucama giró la esquina cargada con una bandeja.
- Oh, casi lo olvido. Es una infusión que he pedido para usted. Una selección de hiervas de cosecha propia que le ayudaran a dormir sin pesadillas y aliviaran su jaqueca.
- ¿Eso también se lo ha contado mi hermano? – Sakura levantó su dedo índice y se tomó la libertad de presionar ligeramente el entrecejo del príncipe heredero. Luego le dedicó una sonrisa radiante que brilló bajo la luz de las velas.
- Me lo ha dicho su ceño. Arruga las cejas de vez en cuando y se masajea la sien cuando cree que nadie le observa. Es un gesto que realiza de vez en cuando, sobretodo a esta hora del día.
- Es imposible que sepa eso con sólo haberme observado algunas noches.
- ¿Eso cree? – Sakura se alejó unos pasos, para luego girarse con suavidad. Sintió un nudo en su garganta. – Oh, una última cosa. Notará que su cojín tiene un ligero aroma floral. No se extrañe.
- ¿Otro truco para conciliar el sueño?
- Oh, no. Sólo creo que es agradable. Y si algo sé del descanso, es que cómo más reconfortante el lecho, mejores son los sueños – Xiao Lang se sorprendió pensando que con ella acostada a su lado, todos los hombres tendrían los mejores sueños – Buenas noches, su majestad.
- Bu… buenas noches, señorita Kinomoto.
- Sakura.
- ¿Eh?
- Toda la noche me ha llamado por mi nombre. ¿No es así?
- Así es. Supongo que a veces se me olvida.
- No se preocupe, le perdono.
Y así, sin más. Sakura Kinomoto desapareció en la oscuridad. Se quedó allí de pie, contemplando la negrura que se la había llevado hasta que se dio cuenta de que no estaba solo. La mucama estaba allí de pie, con la bandeja y una sonrisa pícara. Tosió, algo incómodo y la dejó pasar. Miró de nuevo la esquina por la que su futura esposa había desaparecido y suspiró. Sabía que esa dulzura sólo era una actuación destinada a complacerle por el bien de la prueba. Seguramente orquestada por los consejos de la duquesa y su prima. Pero aún así, no pudo evitar que se le acelerará el corazón.
- Por todos los dioses… me estoy volviendo loco…
Continuará…
Notas de la autora: ¡Por fin Xiao deja su arrogancia a un lado! Ya quiero ver como va dejando atrás sus defensas y se muestra tal y como es. ¿No creen? Jajajaja. Nos esperan muchas aventuras en la casa Kinomoto, y no todo será de color de rosa, ya aviso. Pero espero… que les guste y sigan conmigo. También veremos un poco más de todos nuestros protas (Eriol, Mei y Naoko) y puede que algo de los bosques de Lua… Así que… ¡no me abandonen! Las quiero y cómo siempre que puedo, les dejo un pequeño adelanto… jajajaja.
"La mano de Sakura detuvo su intención de alejarse y la miró, embobado.
- ¿Veintitrés?
- ¿Disculpa?
- Tu edad… - La risa brotó de sus labios como el agua de una cascada y todos le miraron asombrados, incluso Eriol.
- Por dios, Sakura… en verdad eres única en tu especie… ¿Por qué no se lo preguntas a mi hermano? A fin de cuentas, debo ser mayor que él, ya que soy el heredero.
- Lo cierto es que tampoco conozco la edad exacta de Eriol y… algo me dice que me mentiría sólo para divertirse a mi costa.
- Es más que probable, sí.
- Pero prometo leer la biografía de los emperadores más tarde. Seguro que mi padre tiene una copia.
- Oh, por todos los dioses… no dejaré que leas tan tedioso volumen solo por eso. Veinticinco, Sakura… tengo veinticinco años. El mes que viene cumpliré veintiséis. Así que soy mucho mayor que tú, sí. ¿Te sorprende? – no era necesaria la pregunta. Los ojos cómo platos de la muchacha decían todo lo que pasaba por esa preciosa cabecita alocada. - Me alegra parecer más joven a tus ojos… ¿O pensabas que tenía veintitrés por mi falta de madurez?
- Puede…
- Ahora sí eres tu misma de nuevo – despeinó su cabello con una mano y se unió al resto. Pero Sakura seguía demasiado descolocada para poder hacer lo mismo. Su yegua le dio un toque suave con el morro en la espalda y se vio obligada a mirarla. Sus frentes chocaron con suavidad y dejó que un suspiro sonoro abandonara sus labios.
- Dark… de verdad que no comprendo a ese hombre…"
Hasta aquí, jajaja. Cómo ven, se tutean en esta parte. Ya veremos porqué… jajajaja. Muchas de ustedes me preguntaron por las edades de los personajes, por eso pensé en dejar este adelanto. Jajaja. Aun así, se lo aclaro un poco: Xiao Lang tiene 25, casi 26. Eriol 24 y Takashi 22. Sakura 16, Yue 19 y Touya y Yukito 28. Naoko tiene 22 años y Mei 19. Y tomoyo es de la edad de Sakura. Me he dejado alguien? Jajajaja. ¡Un beso!
INTENTARÉ PÚBLICAR EL 11 DE DICIEMBRE!
