MJ Keehl: Sí! La autora podría haber hecho un fic aparte con ese capítulo, daba para más! Me alegro que te gustara, y espero que este que se viene también :). Saludos!


Mes


Cuando Petra le dijo que estaba embarazada de tres meses, Levi estaba más que extasiado. Permaneció en silencio, pero la sangre le bombeaba en los oídos, y sus manos se humedecieron mientras miraba a su esposa, preguntándose qué casualidad cósmica la había traído a su vida para darle tanta felicidad. Sólo pudo abrazarla con fuerza y susurrarle al oído que sería una madre hermosa, y maldición que iba a enorgullecer a su hijo. De lo que no se daba cuenta era de lo cansador que sería el recorrido.

El cuarto mes pasó con Petra en el baño todas las mañanas con Levi apartándole el cabello y acariciándole la espalda. Ella le agradecía cuando terminaba, sólo para volver a encorvarse y vomitar. Levi no podía hacer nada más que contenerla en silencio.

En el quinto mes, comenzaron los antojos. Algunos días leían juntos cuando de repente ella le pedía pan plano, o estaban en la calle y ella le decía que podía oler carne, que encontraban cuatro cuadras más adelante. Tomaba parte de la comida de él cada vez que comían juntos, y él se veía obligado a aceptarlo. Una noche, ella lo despertó de un codazo y dijo que tenía antojo de miel y de tarta de leche de pájaro. Se levantó de la cama y fue al mercado abierto más cercano para comprar miel. Cuando Petra no vio la leche de pájaro, sollozó horriblemente y lo dejó fuera de la habitación después de pedirle que le trajera una cuchara para poder comer su miel. Él pasó la noche durmiendo en el sofá de su oficina.

Su estado de ánimo variaba más rápido de lo que Levi podía contar durante el sexto mes. En un momento ella le gritaba que se alejara, y al otro le pedía un beso. Se enojaba cuando él no le acomodaba la silla, y le gritaba cuando sí lo hacía, alegando que debería hacerlo aún si no se lo pedía. Levi no comentaba nada sobre su molestia, y hacía lo que le pedía, reduciendo su ira a rodar los ojos. Después de todo, era la madre de su hijo. Y con cambios de humor, antojos y todo, aún la amaba.

La barriga de Petra ya estaba completamente grande, y la mayor parte del séptimo mes pasó con la mano de Levi sobre ella, escuchando las patadas del bebé. Lo fascinaba, y por las noches, se maravillaba de la fuerza de su hijo. A veces, le murmuraba cosas inaudibles que Petra no podía escuchar porque dormía, pero Levi creía que así le podía enseñar cosas sobre el mundo. No estaba seguro, pero lo hacía de todos modos. No conoció a su propio padre, por lo que pensaba que no lo amó. Le asustaba a Levi la posibilidad de no amar a su bebé, o que su bebé no lo amara. Se prometió a sí mismo que estaría allí para su hijo sin importar nada.

El octavo mes lo llevó a lecciones donde enseñaban cómo cuidar a un recién nacido. Levi aprendió a cambiar pañales, a hacer eructar a un bebé, a hacerlo dormir y a sostenerlo. Por supuesto, todo eso era la teoría, y en realidad, la única información útil que sacaba de las lecciones era el consejo de otros padres, que le decían que se preparara, que durmiera todo lo que pudiera, y que aprendiera a contener el aliento cuando le tocara cambiar pañales. Levi no se dio cuanta de cuán útiles eran esos consejos hasta que el bebé nació.

Era el noveno mes, y Petra rompió fuente en medio de la noche. Estaba extrañamente tranquila cuando se lo dijo, pero no fue hasta que se dobló de dolor que Levi se percató de que en serio el bebé estaba en camino. Se apresuraron hacia el hospital, y Petra estuvo en labor por trece horas. Trece jodidas horas con Levi tomándole la mano, escuchándola gritar y animándola a seguir pujando cada minuto. Nadie se lo agradecería; ni comprendería por lo que estaba pasando para asegurarse de que ese bebé naciera. Maldición.

Cuando posó sus ojos sobre su hijo recién nacido, ahora envuelto y tranquilo en lugar de la figura sucia y quejona de momentos atrás, su corazón se suavizó. El bebé miró a Levi con sus curiosos ojos y la boca abierta de asombro, y Levi supo que ese momento le definía la vida.

'¿No es hermoso?' Le preguntó Petra, quien se veía desaliñada y agotada en la cama de hospital.

Levi asintió aturdido. 'Es hermoso.'