Capítulo 12: La nevada:

A la mañana siguiente, Misa se despertó y se sentó perezosamente sobre lo que ella pensaba que era su cama, mientras se frotaba los ojos con una mano y estiraba el otro brazo hacia arriba, a la vez que bostezaba ampliamente. Había dormido bastante bien y se sentía descansada.

En ese momento se dio cuenta de que se escuchaban voces a su alrededor y abrió los ojos de golpe, percatándose de que no estaba en su habitación y de que tampoco estaba en una cama. Más bien estaba en uno de los sofás de la sala de control, donde también se encontraban L, Near, Matsuda y Mogi en la zona donde estaban los ordenadores, aunque solo el primero parecía haberse dado cuenta de su bostezo tan poco elegante, ya que L la estaba mirando de reojo con curiosidad.

"¡Vaya! Algunas veces descuida su imagen, ¿eh?" pensó el moreno divertido mientras Misa rápidamente cortaba el bostezo y bajaba el brazo a una posición más normal.

"¿Es que nunca has visto a nadie bostezando?" adivinó ella lo que debía de estar pensando el chico, ya que le pareció verlo sonreír levemente.

-Buenos días, Misa – la saludó L entonces, volviendo a mirar hacia su pantalla.

-Buenos días – murmuró la rubia aún un tanto avergonzada de que ese chico la hubiera pillado en un momento tan poco elegante.

-Oh, ¡buenos días, Misa-Misa! – exclamó Matsuda entonces girándose en su silla para mirar a la chica – Ryuzaki ya nos ha comentado que estás echando una mano en el caso, así que te doy la bienvenida al grupo. Estoy deseando trabajar contigo como en los viejos tiempos – añadió con una sonrisa.

-Gracias – contestó ella – Yo también estoy deseando ayudar.

-Tú estás acostumbrada a hablar en público – opinó Mogi también – Seguro que puedes darle una nueva perspectiva a ese discurso.

-Haré lo que pueda – les aseguró la chica.

Tras esta conversación, Matsuda volvió su vista al informe que estaba leyendo. Notó que pasar página con la rubia le estaba resultando mucho más fácil de lo que había esperado. Además, ella no parecía haberse tomado en serio la declaración, lo cual era un alivio para el muchacho, ya que podrían continuar exactamente igual que antes.

Aunque con respecto a Sayu, el joven policía había decidido que lo mejor en ese momento era centrarse en el trabajo y así darse unos días. En ese instante le costaba pensar en serio en el tema, y seguramente sus sentimientos se irían ordenando solos durante ese tiempo.

Por su parte, a Misa volvió a abrírsele la boca, pero esta vez se la tapó con la mano para disimular un poco. Se levantó despacio del sofá y fue hasta un baño cercano con algo de pereza. Una vez dentro se miró al espejo y comprobó que se veía horrible, ya que al dormir el pelo se le había desordenado un montón y sus coletas se habían quedado bastante asimétricas.

Negó con la cabeza, aunque le tocara sacrificar un poco su aspecto, esos días tendría que esforzarse. Se había equivocado admirando a quien no debía, y sabía que ayudando a L podría sentirse un poco mejor consigo misma.

-Rectificar es de sabios – le dijo a su reflejo.

Suspiró. Esa frase sonaba como algo que perfectamente le podrían haber dicho sus padres… La vida era tan injusta… ¿Por qué ellos ya no podían estar más a su lado? Aunque solo fuera durante un ratito pequeño…

-Todo ha cambiado tanto desde que no estáis aquí… – murmuró Misa mirando hacia arriba.

Mientras empezaba a arreglarse, trató de imaginarse lo que opinarían sus padres si la vieran mezclada con aquel extraño grupo de detectives. Seguramente sentirían curiosidad por lo misteriosos que eran todos ellos…

"No os preocupéis por mí, son buena gente. Aunque a veces Ryuzaki es un poco insoportable" les contó la rubia mentalmente a sus padres.

Misa terminó de arreglarse y luego se dio la vuelta sobre sí misma para observar una última vez que todo estaba correcto. Después salió de allí para dirigirse de nuevo hacia donde estaban los demás.

-Ya estoy de vuelta – anunció ella mientras se sentaba en una silla giratoria libre que había justo al lado de L – Me pondré a trabajar inmediatamente en el discurso.

-Perfecto – le contestó el detective moreno.

Sin embargo, en vez de continuar leyendo sus papeles, Misa entonces fijó su atención en la página web tan colorida que estaba en las pantallas de los chicos.

-¿Y vosotros qué estáis haciendo? – les preguntó con curiosidad.

-Estamos investigando esa página web en la que supuestamente se originó toda esta historia de los seguidores de Kira – le explicó L.

-¡Vaya! Entonces, ¿es aquí donde quedaron esos tipos de anoche? – siguió preguntando Misa.

-Así es. Se trata de una de esas páginas de culto a Kira – siguió contándole el moreno – La gente lleva años acusando públicamente a otros en este tipo de lugares, con la esperanza de que él los juzgue.

-Pero como Kira ya no actúa, la gente ha empezado a impacientarse y a tener iniciativas como la de anoche – explicó también Near.

-Ya veo – asintió la chica – Pues parece que se están publicando un montón de mensajes ahora mismo – observó señalando una de las pantallas.

-Así es. La página cada vez se está llenando más de gente cotilla – comentó Matsuda con preocupación mientras leía los nuevos mensajes que iban añadiendo – Y encima hay muchos felicitando al grupo que atacó, dispuestos a unirse a ellos si hace falta…

-Supongo que era inevitable – respondió L torciendo la cabeza con disgusto – La noticia no para de extenderse por las redes.

-Eso es un problema – comentó Misa.

-Claro que lo es – contestó el detective moreno – ¿Entiendes por qué necesito tu ayuda para tener cuanto antes ese discurso?

-Sí, para intentar tranquilizar a la gente – respondió ella y acto seguido estiró el brazo para robar la fresa del pastel que L se estaba comiendo.

-¡Eh! – exclamó el moreno haciéndose el enfadado.

-Acabo de levantarme y aún no he tomado nada – se defendió la chica.

-Pero no me quites lo que ya me estoy comiendo yo – respondió L – Aunque si tienes hambre no tengo ningún problema en ofrecerte otro pastel de fresa, barritas de chocolate, croissants, rosquillas de varios sabores… – empezó a enumerar el detective mientras señalaba uno por uno aquellos dulces que tenía esparcidos sobre la mesa.

-Creo que me conformaré con las fresas – lo cortó la chica señalando un bol lleno de ese tipo de fruta. Para ella era con diferencia lo más sano y natural que había a lo largo y ancho de aquella gran mesa.

-De acuerdo. Pues las fresas para ti – respondió L acercándole el plato y ella se llevó tres.

-Gracias, Ryuzaki – le dijo con una sonrisa y después le revolvió un poco el pelo con la mano que le quedaba libre, haciendo que al chico se le acelerara el pulso.

-De… nada – murmuró él sintiendo calor en las mejillas.

L miró al frente inmediatamente. ¿Qué era eso? ¿Por qué seguían pasando cosas raras alrededor de Misa? ¿Tenía algo que ver con aquello de los celos que había mencionado Yuko?

"¡Basta, basta!" se dijo a sí mismo. "Todo esto que está pasando últimamente tiene que tener una explicación lógica".

-Bueno, volviendo al caso… Por lo que nos ha dicho Aizawa, hubo un usuario que fue citando a todos los detenidos y hemos averiguado que se creó ese perfil ayer mismo – continuó diciendo L.

-¿Ayer? – preguntó Misa sorprendida.

-Así es. Debía de tener ya todo bien pensado – opinó Near.

-Sí, eso está claro. Me parece que quien sea se está tomando muchas molestias en hacer todo esto… Me pregunto si hay algún plan bastante más elaborado detrás – comentó L con interés poniéndose un dedo sobre los labios.

En ese momento apareció una Y mayúscula negra sobre fondo blanco en el monitor de L.

-Acaba de llegar un nuevo informe de Aizawa – explicó la voz de Yuko – Por lo visto ya ha terminado de interrogar a todos los detenidos.

-Gracias por el aviso – le contestó su hermano – Me pondré a leerlo inmediatamente.

-¡Oye, buenos días, Yu! – la saludó Misa antes de que cortara la conexión.

-Buenos días, Misa – le respondió.

-Vaya, con todo este alboroto que se ha montado me imagino que no habrás podido declararte a tu chico… – dijo la rubia con tristeza – Con todo lo que nos esforzamos con los dulces…

-Ah… bueno… En realidad, al final sí que pude decírselo – contestó la morena con timidez.

-¿Sí? ¿Y qué te contestó? – cuestionó la otra chica con curiosidad.

-Bueno… me pilló por sorpresa, pero ya le he dicho que pronto tendremos una cita – contestó Near en lugar de Yuko.

-¿Qué? ¿Eres tú el que le gusta? – le preguntó la rubia sorprendida al chico.

-Eso parece – asintió el del pelo blanco.

-Jo, Yu. Podrías habérmelo dicho antes – le regañó Misa mirando hacia la pantalla con seriedad – Pensaba que sería alguien desconocido para mí… Pero siendo Near… podría haberte ayudado preparando un encuentro especial o algo así, con un ambiente romántico y esas cosas – añadió con los ojos brillantes imaginándose la escena, haciendo que L, el cual no perdía detalle de la conversación, rodara los ojos por lo cursi y estúpido que sonaba todo.

-¡No hacía falta, de verdad! – contestaron Near y Yuko a la vez, sintiendo vergüenza.

La rubia se rio un poco ante la reacción de ambos.

-Contestando lo mismo a la vez – murmuró Misa divertida – ¡Qué monos! – añadió haciendo que los dos aludidos se ruborizaran.

-Te… ¡tengo que seguir trabajando! – exclamó Yuko atropelladamente – Ya hablaremos más tarde. Adiós – se despidió y cortó la conexión, haciendo que la Y desapareciera de la pantalla de su hermano.

Near suspiró mientras se retorcía un mechón de pelo blanco. Al igual que la mayoría de niños del orfanato, él también había tenido una vida solitaria, con muy poca gente en la que poder confiar de verdad. Y esa chica de pelo negro… era importante, eso era innegable. La pregunta era, ¿cómo de importante?

OoOoO

Aquel mismo día ya por la tarde, Sakura salió de su última clase del día y se dirigió deprisa a la puerta de salida de su facultad. Por la hora que era, su mejor amiga ya debía de estar allí esperándola.

-Buenas tardes, Erika – saludó Sakura en cuanto la vio.

-Ah, hola Sakura – contestó la otra chica – ¿Ya has terminado por hoy?

-Sí, ¿y tú?

-También – respondió Erika.

Las dos empezaron a caminar entonces por una senda de baldosas, con árboles y algunos bancos para sentarse a los lados.

-Parece mentira cómo pasa el tiempo – comentó Sakura mirando un momento hacia atrás para observar el edificio de la universidad en el que ya llevaba varios años estudiando – En apenas un mes diremos adiós a todo esto.

-Sí – estuvo de acuerdo su amiga – Si lo piensas es deprimente…

-Total. ¿Cómo llevas los exámenes finales?

-Bueno… Ahí van, supongo – contestó Erika.

Ambas salieron de aquella zona verde y comenzaron a andar por las calles de Tokio, mientras los primeros copos de una nevada les hacían abrir sus paraguas.

-Oye, he escuchado en las noticias lo que sucedió ayer sobre ese intento de asalto a una cárcel. ¿No se te ocurriría…? – empezó a preguntar Erika, cuando observó una mirada desafiante en los ojos de su amiga – ¡Se te ocurrió! – exclamó escandalizada, tapándose la boca con ambas manos.

-Sabes que no puedo dejar pasar esta oportunidad – contestó Sakura.

-Entonces, ¿vas a continuar con tu plan? – preguntó su amiga en voz baja.

-Pues claro – asintió convencida.

-Quiero decir… Ya te han dado una plaza en la comisaría de Tokio gracias a la carta de recomendación de tu profesor – respondió Erika – ¿No estarás arriesgándote demasiado para nada? ¿Qué pasará si algo sale mal?

-Tengo que hacer esto, Erika – contestó Sakura – Siento que cada vez estoy más cerca de mi objetivo.

-¿Pero eres consciente de todo lo que podría pasarte? – insistió la otra chica – Si la policía ha detenido a una parte de ese grupo, es muy posible que la página ya esté siendo registrada. Es más, al tratarse de algo relacionado con Kira, lo más probable es que el mismísimo L ya esté tras la pista – añadió en voz muy baja.

-Ya lo sé – respondió la otra chica en el mismo tono – Pero es la única pista que tengo. ¡No puedo dejarla escapar como si nada!

-Escucha, Sakura, y no te enfades – contestó Erika – Sabes que te he estado ayudando con esto y que te apoyo, pero… la cosa se está volviendo cada vez más siniestra, y lo cierto es que no quiero tener nada más que ver con este tema. Tengo otras cosas por las que luchar, tengo sueños que cumplir. Y la verdad es que tanto Kira como L me dan miedo. No quiero ser el blanco de ninguno de ellos, así que lo siento, pero no voy a ayudarte más con este asunto.

-Lo entiendo, Erika. No te preocupes – contestó Sakura tratando de sonreírle, pero al momento volvió a quedarse seria – Sé que no he vuelto a ser la misma desde que pasó aquello… Por eso quiero averiguar la verdad cuanto antes. Quizás algún día pueda sonreír de nuevo…

-Estoy segura de que algún día sonreirás – respondió su amiga – Te deseo toda la buena suerte del mundo. Seguiré sin contarle nada a nadie sobre este asunto, como hasta ahora – le prometió.

Las dos chicas siguieron avanzando juntas un poco más hasta llegar al semáforo donde sus caminos se separaban.

-¡Erika! – la llamó Sakura mientras la otra cruzaba la calle.

-¿Eh? – preguntó su amiga girando la cabeza.

-¡Eres la mejor informática de Tokio! ¡Muchas gracias por tu ayuda! – exclamó Sakura mientras agitaba el brazo para despedirse.

-¡De nada! ¡Ha sido un placer! – le respondió la otra.

Erika terminó de cruzar la calle y miró de nuevo hacia atrás.

-Ojalá encuentres a alguien que de verdad pueda ayudarte – le deseó mientras la observaba alejarse bajo la nieve que caía.

OoOoO

Las horas siguieron pasando y la noche pronto llegó a Tokio. Misa terminó de leer detenidamente por enésima vez aquel discurso de L. Dicho texto básicamente hablaba sobre la detención de Kira, sin dar ningún detalle sobre su identidad, para proteger a la familia según le había explicado el moreno a Misa. Después empezaba a disertar sobre la paz en el mundo y el difícil objetivo que eso era, pero que con la colaboración de todos podría lograrse.

La rubia lo había leído ya tantas veces en lo que iba de día que tenía la sensación de habérselo aprendido mucho mejor que la mayoría de los guiones que había tenido que memorizar para su trabajo.

-Mira, Ryuzaki – lo llamó Misa entonces – Ya he terminado de revisar el discurso, ¿puedes leerlo a ver qué te parece?

L en ese momento estaba dándole un buen bocado a un trozo de tarta selva negra que ya tenía a medias.

-Sí, dámelo, por favor – contestó el moreno mientras terminaba de masticar aquel dulce.

La chica le tendió los papeles y lo miró expectante mientras él leía. No estaba muy segura de que fuera a gustarle, lo único que había hecho era cambiar varias expresiones que había considerado algo difíciles de entender por algo más sencillo para que la gente no tuviera demasiados problemas en comprender el mensaje.

-Misa, apenas has modificado nada – le dijo L justo al terminar de leer.

-Ya lo sé. Pero… es que estoy de acuerdo con todo lo que dices – le explicó la chica – ¡Tenemos que conseguir la paz entre todos!

-Te repito mi pregunta inicial – contestó él – ¿Cómo reaccionarían los seguidores de Kira después de haber oído este discurso?

-Pues… – dudó ella – Supongo que habrá opiniones de todo tipo.

-Más sencillo, ¿cómo reaccionarías tú si aún siguieras pensando de esa manera? – reformuló L su pregunta y Misa lo pensó un poco.

-Yo… me enfadaría y le gritaría a la tele que es mentira todo lo que estás diciendo, y que Kira jamás podría perder ante alguien como tú – contestó finalmente alzando un dedo como si estuviera respondiendo una pregunta en clase.

-¡Vaya! Qué sinceridad… – murmuró L, aunque en el fondo no le sorprendió la respuesta – Entonces eso significa que el discurso no cumple su objetivo de tranquilizar a la gente. ¿Te das cuenta?

-Pues… es verdad – respondió la rubia con preocupación – Pero… creo que el discurso está muy bien redactado y estoy de acuerdo con las ideas principales. ¿Qué podemos hacer?

Ambos se cruzaron de brazos pensativos.

-Veamos… – murmuró L – ¿Qué tal si meditas un poco sobre qué tipo de discurso te hubiera hecho reaccionar positivamente cuando eras seguidora de Kira?

-Vaya… esa es difícil – admitió Misa.

-Piénsalo con tranquilidad, ¿vale? – le pidió el chico – Es cierto que tenemos algo de prisa, pero no necesito la respuesta en este mismo momento.

-En ese caso, creo que me subiré a mi habitación a descansar – contestó ella levantándose de su silla.

-Está bien – respondió L – Que descanses.

Misa entonces subió las escaleras que había allí dentro de aquella sala y se metió en el ascensor. Una vez en su habitación observó que los restos de la cena de San Valentín aún seguían esparcidos sobre la mesa, junto a la foto de Light, justo como se los dejó la noche anterior.

No tenía ganas de ponerse a limpiar aquello, ya lo haría en otro momento, aunque sí recogió la foto y se dejó caer en el sofá con ella entre las manos.

-Esto es mucho más agotador de lo que parece – suspiró – Pero en parte también lo hago por ti, ¿sabes, Light? Sé que si me esfuerzo estarás muy orgulloso de mí y no te arrepentirás de haberme pedido que siga adelante – le explicó a la foto con orgullo.

En ese momento alzó la vista y se fijó en la ventana.

-¿Es nieve? – se preguntó levantándose del sofá.

Misa soltó la foto de Light sobre la mesa baja de cristal que tenía enfrente y se dirigió al ventanal para ver mejor el exterior. Fuera, efectivamente, estaba cayendo una buena nevada y el suelo de las calles estaba cubierto de blanco. Daba la sensación de que debía de llevar bastantes horas así…

-¿Cómo es posible que no me haya enterado de esto en todo el día? – murmuró poniendo la palma de la mano sobre el frío cristal.

Lo pensó. Llevaba casi un día entero metida en la sala de control, una habitación oscura y sin ventanas que le proporcionaran luz natural. Sin contacto con el exterior era prácticamente imposible enterarse de lo que estaba pasando fuera…

-¡Pues claro! ¡Ya lo tengo! – exclamó de repente golpeándose la palma de una mano con el otro puño.

Misa salió corriendo de allí con una sonrisa y volvió de nuevo a la sala de control.

-¡Ryuzaki! – gritó en cuanto lo vio.

-¿Eh? ¿Pasa algo? – preguntó él sorprendido por verla tan pronto por allí de nuevo.

-¡Sí! ¡Ven corriendo! – exclamó la chica tirando de su brazo para sacarlo de la habitación.

Ambos llegaron hasta la puerta exterior del edificio y salieron a la calle.

-¡Está nevando! – gritó Misa entusiasmada – ¿Lo ves? – añadió señalando hacia el cielo con la mano.

-Sí – asintió el chico con bastante menos entusiasmo que ella – ¿Qué tiene de especial? ¿Nunca has visto nevar? – añadió metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón.

-Claro que he visto nevar, hombre.

-¿Entonces? – preguntó L sin entender todavía a qué venía todo aquel alboroto.

-Bueno… Al ver toda esta nieve he tenido una gran idea – empezó a explicarle Misa mientras se agachaba un momento para recoger un puñado de nieve fresca del suelo.

-¿Ah, sí? ¿Cuál? – preguntó el chico con curiosidad y en ese momento ella le tiró al pelo la bola de nieve, haciendo que él pusiera cara de disgusto ante el frío contacto.

-¡Esta! – exclamó la chica empezando a reírse por la expresión de él.

-¡Oye! ¿No tuviste bastante con la guerra de almohadas o qué? – le preguntó L entonces con tono retador.

-Ya ves que no – contestó la chica sacándole la lengua.

L se sacó una mano del bolsillo con algo de pereza por el frío y se agachó un momento para hacer una bola de nieve, la cual lanzó inmediatamente contra Misa.

-¡Te vas a enterar! – exclamó ella mientras recogía un gran puñado de nieve del suelo para lanzárselo a L, aunque este lo esquivó en el último momento y contraatacó con otra bola.

Entonces los dos se picaron y se siguieron lanzando unas cuantas bolas de nieve más.

-¡Ay, qué fría! – se quejó Misa después de que le impactara un pegote de nieve en la cara – Pero, ¿verdad que quedándote ahí dentro jamás te hubieras dado cuenta de lo divertido que es esto? – le preguntó a L.

-Supongo que no está mal… – murmuró el chico sin apenas emoción en la voz, aunque en el fondo tenía que reconocer que se estaba divirtiendo un poco.

-Tratándose de ti, lo tomaré como sí – dijo Misa con naturalidad, haciendo que él se sorprendiera de que la chica hubiera adivinado tan fácilmente lo que estaba pensando – ¿Sabes? Te he traído hasta aquí porque viendo la nevada me he dado cuenta de lo que quisiera que me hubieras dicho en algún discurso tuyo – empezó a explicarle ella.

-¿Y de qué se trata? – preguntó L con curiosidad.

-Me hubiera gustado que me hubieses advertido – contestó la rubia – Yo creía en Kira de corazón… hasta que he podido ver las cosas desde otra perspectiva. Hasta que me he dado cuenta de que lo mismo que me ayudó, tampoco le costó nada quitarme lo que más quería.

-Ya veo – asintió él.

-En tu discurso tenemos que hacer igual, tenemos que conseguir que los demás puedan ver las cosas también desde una nueva perspectiva – continuó diciendo la chica – Si siguen encerrados en una habitación oscura no podrán ver que está nevando fuera y no podrán saber toda la diversión que se están perdiendo, ¿no crees?

L sonrió. Normalmente era muy infantil e impulsiva, pero si se ponía seria y pensaba un poco podía tener grandes ideas.

-Tiene sentido – admitió el detective – Está bien, lo redactaremos con esa idea en mente.

-¡Bien! – exclamó ella dando un pequeño salto de alegría – Sabía que te gustaría mi nuevo razonamiento. A… a… ¡achís! – estornudó entonces.

-Venga, vamos dentro antes de que te resfríes – propuso él y Misa asintió.

Ambos se dieron la vuelta y pasaron de nuevo al calor del edificio, dejando atrás la fría calle nevada.

-Estoy muy cansada, creo que me voy a ir directamente a dormir – dijo ella al llegar a la sala de control – Hasta mañana, Ryuzaki – se despidió.

-Hasta mañana, Misa – se despidió también el chico – Que descanses.

-Y tú no te canses demasiado, ¿vale? – le pidió la chica rozando suavemente con sus dedos el brazo de él justo antes de alejarse.

L se quedó mirándola marcharse hasta que Misa desapareció por la puerta del ascensor que la llevaría hasta su habitación. El chico después se dirigió a donde estaba Yuko trabajando, la cual lo miró con curiosidad. Por supuesto, ella también controlaba desde su puesto de trabajo la entrada al edificio a través de las cámaras de seguridad.

-Pareces contento – opinó la morena entonces – Vienes sonriendo un montón.

-¿En serio? – preguntó él extrañado.

-Sí – asintió la chica, mientras su hermano se llevaba una mano a la mejilla para comprobar que, efectivamente, estaba sonriendo ampliamente sin darse ni cuenta – Debes de habértelo pasado muy bien en la nieve.

-No ha estado mal… – murmuró L tratando de disimular que se había divertido bastante.

-A mí no me engañas, hermano – respondió Yuko divertida – Tengo una teoría, ¿quieres oírla?

-¿Qué teoría? – preguntó el chico.

-Yo creo que te gusta Misa – se decidió a decirle sus sospechas.

L se puso completamente rojo al oír aquello.

-¿Qué? ¡Ni… ni hablar! ¡De… de ninguna manera! – exclamó él como pudo.

-No hace falta que te alteres tanto – respondió la chica divertida – Ya sé que se pasa bastante mal hablando de esto, pero si algún día quieres ser feliz con la persona que amas, tendrás que enfrentarte a tus sentimientos y aceptarlos, ¿no?

-¿Quieres callarte ya? – preguntó L completamente avergonzado – ¡Te digo que yo no estoy enamorado de nadie!

-Bueno… Viendo tu comportamiento de estos días yo diría que tienes un diez por ciento de probabilidades de que se trate de amor – contestó Yuko con tranquilidad.

-¿Qué? ¡Un uno como mucho! – exclamó su hermano inmediatamente.

-¡Un ocho! – contraatacó la chica.

-¡Un dos!

-¿Qué tal un cinco? – cedió Yuko.

-No, un… tres – murmuró L – Y no subo más.

-Está bien, un tres – aceptó su hermana.

-Eso es, un tres – repitió él – Aún sigue habiendo un 97 por ciento de probabilidades de que no se trate de una estupidez tan grande como el amor.

-De acuerdo – contestó ella encogiéndose de hombros – De todas formas, yo estaré aquí para apoyarte sea lo que sea, ¿vale?

-Lo que tú digas – murmuró L mirando para otro sitio, aún bastante avergonzado – Y ahora, ¿podemos seguir trabajando en el caso? – preguntó deseoso por cambiar ya de tema.

-Por supuesto – asintió ella.

Yuko sonrió con satisfacción. Tratándose del cabezota de L, que admitiera que podría estar enamorado, aunque fuera en un pequeñísimo porcentaje, era una gran victoria.


¡Buenas! Admito que me quedé bloqueada al escribir este capítulo y no sé de cuántas maneras lo he escrito hasta que me ha gustado T_T. Por eso he tardado más tiempo en subir, sorry! Espero que al menos este arco esté siendo un poco interesante.

Gracias por vuestra paciencia :) y de nuevo perdón, espero tardar menos para el próximo.

Y ahora contestaré comentarios:

LilSykesMixer: jajaja, a mí me encantan L y Misa picándose, no sé, en el anime también tienen sus escenas "tontas" y son muy divertidas. Y sí, L ya no tiene escapatoria del amor xD

InOuji: esta vez voy a trabajar más en el pasado de Sakura, así que sí, se avecina drama :s

Jellosh: ¡hola! Gracias por seguir esta historia :)

Jessicaoscura: ¡hola! Sí, claro que me acuerdo de ti, es verdad que comentabas casi siempre en la otra historia. Me alegro de que estés por aquí de nuevo, y espero que te guste la nueva versión, ya que al final le estoy cambiando bastantes cosas y tal. En mi opinión, esta tiene un tono más serio y también habla algo más del pasado de los personajes, creo que así cuadra mejor todo :)