"Hay cosas en este mundo que están fuera de nuestro control. A veces nos gusta echarnos la culpa para intentar darles sentido".
11. Acerca de la culpa.
Eran casi las tres de la madrugada cuando el repique del teléfono lo saco súbitamente de su sueño. Sasuke saltó en la cama, conmocionado y maldiciendo a quien tratase de comunicarse con él, busco a tientas el teléfono en el colchón.
Maldijo cuando lo encontró en el borde de la cama y cuando se apresuró a contestar la llamada termino.
El hombre trató de mirar el número, la llamada hecha a través de la aplicación de mensajería instantánea, no le dejaba divisar el número ni el usuario. La app era conocida por sus buenas opciones de privacidad, pero Sasuke dudaba que quien llamase a esa hora lo hiciera porque quería discreción, en un principio el número y el usuario de Sasuke Uchiha era un misterio para las personas comunes y corrientes, quien llamase sabría que tenía privacidad garantizada.
Se puso las pantuflas y salió de la habitación, la puerta del frente era la del dobe, el Kazekage insistió en darles alojo en su palacio sin queja alguna solo porque ambos eran personajes muy influyentes en el país del Fuego y Sakura y Naruto eran amigos personales de su hijo Gaara.
Tocó un par de veces esperando despertar al rubio, en cambio este abrió la puerta, investido en pijama, pero nada somnoliento.
—¿Por qué no estas durmiendo, Dobe?
—¿Por qué no estás tú durmiendo, Teme?
Sasuke arremetió a la fuerza en el cuarto y se lanzó en el pequeño sofá junto a la mesa de café. Las suites eran lo que se esperaría del palacio de un noble y estaban bien dotadas de todo, incluyendo un espacio para tomar el té que ellos abarrotaron con vasos de café y las pocas noticias que tenían sobre el incidente.
—Donde esta Hinata es de día, hablábamos.
Sasuke se cubrió la cara con la mano.
—Alguien me estaba llamando, no se ve ni usuario ni número.
—¿Quién diablos llama a las tres de la mañana?
—No sé ¿Sakura?
Naruto no dijo nada, ni siquiera reclamó el tono burlesco con el que lo dijo. Si lo hubiera hecho, Sasuke lo habría usado como excusa para discutir, y realmente necesitaba discutir.
Tenían días frustrantes y dolorosos donde lo único que querían hacer ambos era jalarse de los pelos.
Sakura ahora era una leyenda, alguien mítico de quien todos alguna vez oyeron pero que nadie se atrevía a afirmar si fue real. Gaara, Kankuro y Temari trataron de ponerlos en contacto con lo mejor de inteligencia de su país y hasta donde los medios del mismísimo Kazekage alcanzaron, los pusieron en contacto con la gente que controlaba sus fronteras.
Un desastre.
El país del Viento era el único país que abiertamente había declarado una guerra contra el tráfico de los Akatsuki, fueron muy ingenuos al pensar que podrían encontrar algo ahí. Esa gente era mucha, estaban en tantas naciones como células dormidas, y Sakura era tan pequeña, solo una pequeña mujer entre tantas que terminaban en sus garras.
—¿Tú crees que…?
—¡No, Naruto, no es Sakura!
Un suspiro frustrado salió de sus labios.
—Hoy en la cena con Gaara realmente quise golpearlo.
Sasuke abrió un ojo para mirarlo. Naruto estaba sentado al otro lado de la mesilla con el semblante ensombrecido.
—¿Por?
—Él dijo… Gaara dijo, que tal vez deberíamos olvidarnos un poco de esto.
Ahí iba la gente de nuevo a hacer conjeturas ridículas.
—¿Tú crees eso también?
Una parte de su cerebro quería creerlo porque él no era un soñador como Naruto, era negativo, para nada esperanzador. Pero era ella, ¿cómo renunciar a su vida?
—No—contesto lo más firme que pudo, aunque escucho su propia voz vacilar—. Sakura está ahí, en algún lugar. Esta esperándonos.
—No podemos abandonarla.
—Y si aquí no saben nada, pues seguiremos buscando.
Ninguno de los dos quiso preguntar dónde, pues realmente no los sabían.
—El contacto del Kazekage le dijo a Gaara que en el Arrozal han tenido muchos desertores. Las personas cruzan ilegalmente la frontera al País de las Aguas Termales, hay una gran economía ahí.
—¿Turismo?
—Algo así, hay aguas termales, mucha gente entrando y saliendo.
A Sasuke no le gustaba por donde iba la idea, pero rápidamente se percató que no le gustaría por donde se movían ninguna. En todas, Sakura era una moneda de cambio. Naruto también sabia eso.
—Muchos terratenientes, personas malas—concluyó él cuando Naruto se calló.
Sasuke extendió el mapa del continente en la mesa, las esquinas ya estaban manchadas por café y las etiquetas adhesivas que habían coloca en ciertos lugares se estaban moviendo de su sitio. Aun así, Naruto rápidamente señalo la frontera con las Aguas Termales.
—Mira, está justo en el punto fronterizo con el Arrozal y nuestro País.
Al moreno se le atravesó un escalofrio en la columna vertebral.
—¿Por qué no pensamos eso antes, Teme?
—Porque ellos son un país neutral con esto de Akatsuki. Se supone que son los mejores amigos de Otto ¿Quisieras ir a investigar ahí por qué esos locos secuestraron a Sakura?
Naruto gruño en un acuerdo forzado: —Es como Ame. Quien sabe que cosas pasan allá.
Cerraron el mapa y nadie volvió a decir una palabra. Seguían en el mismo punto de partida.
—Y la policía aun no me ha notificado nada—espeto Sasuke—No han mencionado a los secuestradores, incluso están cerrando el caso de Aoki.
—Quieren darla por muerta. ¡No podemos permitirlo!
El Uchiha quiso hablar, pero las palaras quedaron atascadas en su garganta. Recordaba atentamente la conversación que había mantenido por llamada con la madre de Sakura una noche antes de partir a Suna. Ella decía exactamente lo mismo, querían dejarla descansar por fin. Sasuke le explicó detalladamente lo que habían recopilado de Aoki
Quería convencerla de algún modo de mantener los ánimos altos, pero ahora que estaba lejos y las noticias parecían mermar, todo apuntaba a que ella también empezaba a rendirse. Eso nunca se lo diría a Naruto, necesitaba su positividad para seguir adelante con la búsqueda, no iba a darle ideas ridículas.
—No podemos permitirlo—coincidió—Tracemos una nueva ruta, podríamos volver a Sendai, nos encargaríamos de presionar a las autoridades de nuevo.
—¡Le diré a mi padre y-
—Dobe no puedes decirle a tu padre—la cara de Naruto se agrió—Está a punto de lanzar su candidatura a la presidencia ¿No? Podrías meterlo en un problema, ¡Piensa con la cabeza!
—Si es así, tampoco deberíamos volver a nuestro país. ¿Qué diría tu padre cuando todo esto salga a la luz? El heredero de la corporación anda de paseo por el continente—se burló.
—Él no puede objetar nada en contra ¡Estoy buscando a mi prometida! Le interesa tanto como a mí, no opines sobre eso tú.
—Oh claro, porque le encantara saber que rompiste tu matrimonio antes de que se la llevaran.
—¡Cállate, la boca Naruto!
—O que hablaste con la oveja negra de la familia.
—¡Te romperé la cara si no cierras la boca, usurakantochi!
—¡O que ella está en esto por tu culpa, porque no pudiste ir a esperarla al salir de su trabajo, tu gran teme!
Eso había sido todo. Sasuke estrello su puño con tanta fuerza en la cara de Naruto que le mando a volar hacia atrás sentándolo de golpe en el sofá. El impacto de las largas piernas del rubio levantó consigo la mesa volcando los papeles y el mapa en el suelo, el vaso de café mancho todo a su paso.
Naruto se cubrió la cara haciendo presión sobre el labio donde su amigo le había golpeado. Sasuke trato de moverse a ver qué era lo que realmente había hecho con el Dobe, su ira se había dispersado junto con el puño.
De repente, el Uzumaki empezó a reírse.
—Mierda, Teme, no pensé que me pegarías tan duro.
—¿Qué-
La sangre se escurría un poco por su barbilla, pero su cara lucia tan jovial y alegre como siempre, incluso el semblante sombrío que había tenido al inicio de la conversación se había ido. Él estaba fresco como una lechuga.
Así que tras una pequeña sensación de alivio, el pelinegro comenzó a enojarse de verdad.
— ¡Eres una peste! —gritó— Solo terminaras de volverme más loco. ¡Imbécil!
—Eh, Sasuke, no te enojes más. Solo lo hice porque estas muy tenso—con el borde de su pijama se limpió el poco la sangre del labio, pero no dejo de mostrar esa sonrisa de zorro en todo momento—Tu eres como una bomba de tiempo, mejor explotas acá y no en medio de algo importante.
Sasuke se pasó la cara por la mano, solo Naruto creía que era lógico hacerle enojar para que lo golpeara. Él no entendía lo que le hacía. La estabilidad emocional de Sasuke siempre estaba en otras personas y pocas veces dependía de el mismo, con Sakura quién sabe dónde, Naruto era la única ancla que le quedaba. Un conflicto así con él, solo terminaría por enviarlo por un nuevo túnel de culpa.
—Mierda, Dobe—intentó relajar los hombros—me vas a venir matando un día de estos.
—¿Yo a ti? ¡Casi me partes un diente!
Empezaron a recoger el desastre del suelo en silencio cuando Sasuke reconoció una melodía que empezaba a zumbar en el aire.
Su teléfono en la cama repicaba con una nueva llamada entrante. Ambos se miraron la cara con nervios palpables, pero el aparato seguía sonando entre ellos.
—¡Contesta es tu teléfono!
—¡Contesta tú! Podría ser la gente de tu padre.
—¡O del tuyo!
Pero ninguno de los dos lo tomó. Sasuke se percató que, al igual que él, los brazos de Naruto colgaban a su lado visiblemente tembloroso. Él mismo sentía todo su cuerpo vibrar del mismo modo, aparentemente sin razón.
Naruto tomó el teléfono de la cama: —Numero desconocido— se imaginó eso de antemano—¿Y si es Sakura? —la pregunta flotó en el aire y ambos volvieron a mirarse.
—¿Y si no es? —dijo el Uchiha de vuelta.
La llamada se cortó e inmediatamente entro otra, Naruto le lanzó el teléfono por la sorpresa y Sasuke por inercia lo atajo en el aire.
Contestó antes de que pudiera acobardarse.
—¿Aló?
Una voz conocida le recibió del otro.
—¿Por qué te tomo tanto responder?
—¡Itachi! —se le fue todo el aliento de golpe. Naruto se precipitó a su lado y pegó la oreja al otro lado del teléfono— Estaba durmiendo.
—Tengo noticias.
El corazón de ambos subió a su garganta. A su lado, Naruto empezó a respirar cada vez con más fuerza, tanto que el pelinegro tuvo que empujarlo de su lado y tomar asiento cautelosamente en la cama. Luego ambos intercambiaron una mirada sentimental.
Pasaron unos segundos más antes de que se sintiera con la voz lo suficiente integra para responder: —¿Dónde?
Itachi hizo un ruido raro al otro lado de la línea, algo que parecía un carcajeo.
—No es tan simple. Mis noticias no llegan hasta allá.
—¿Ah no? ¿Y entonces que es?
—No necesitas saber, quien, ni por qué, pero efectivamente ella fue tomada como rehén.
Sasuke apretó la mandíbula: —Eso ya lo sé.
—Pero seguir la pista de a donde le han conducido es especialmente difícil más aun cuando ellos mismos no saben dónde está.
—¿Cómo así?
—Ella se ha ido. Incluso ellos la están buscando—hubo un momento de silencio largo después de eso. Sasuke sabía que Itachi seguía ahí, podía escuchar su respiración con el ruido de la llamada, pero tampoco sabía por qué no hablaba.
De igual modo, no habría mucho que decir por su parte. Estaba igual de atónito. Naruto hacia señas delante de él. Y paseaba nervioso en una línea recta desde el minibar hasta de vuelta frente a él.
—Probablemente está bien ¿Verdad?
Era estúpido preguntarle cuando Itachi no tendría respuestas.
—Supongo—aclaró su hermano—No la buscan para nada bueno.
Sasuke tembló un poco.
—¿Y tú? ¿Ellos también te tienen buscándola?
—Sasuke, no voy a hablar de eso.
—Eres parte de ellos, ¿no? Te tendrán buscándola, y no para algo bueno. Es mi prometida, es mi mejor amiga… Tú no puedes-
—¡No voy a buscarla! Ni por ti ni por ellos, y lo que yo haga aquí no te concierne, estúpido hermano menor.
Pero Sasuke sabía que Hitachi no hacía cosas buenas, no mientras perteneciera a esa gente. La vergüenza de la familia Uchiha había llevado a bloquearlo de su existencia, como un fantasma, la presencia de Itachi era un mito. Algo que todos querían borrar, que nunca llego a ser público.
Sasuke estaba empezando a comprenderlos, si Itachi también la buscaba no sería para silenciarle de la manera más agradable posible. Él desconfiaba de la palabra de su hermano tanto como lo hacía desde que abandonó la casa muchos años atrás. Si era así, el mismo Sasuke se obligaría a llevarlo hasta la ley, así delatarlo le arruinara a él y a su familia.
—Nunca te perdonaré si tu-
—Que ya te dije que no y no pienso explicarte razones—hizo una pausa para tomar aire—. Escucha, ella estará bien siempre y cuando no esté con ellos. Si es que está viva debes encontrarla antes.
—¿De qué hablas? ¡Claro que está viva! —pensó en decirle que Aoki afirmó lo viva y coleante que estaba cuando huyó por la frontera, o como Naruto y él pensaban en seguirle la pista. Se mordió la lengua.
—Conozco a alguien. Ella podría ayudarte a buscarle. Tiene contactos.
¿Qué tipo de contactos? Quiso preguntar, en cambio, escucho en silencio lo que su hermano quería decirle.
—Ella era una de ellos, o de nosotros, da igual. Maneja la mejor red de información del continente.
—¿Cuánto me costara eso? —la información, bien sabia Sasuke, siempre era muy cara. Lo que él en realidad quería preguntar era cuánto costaría la ayuda que su hermano mayor estaba brindando ahora.
Itachi se largó para convertirse en un mercenario, hacer una fortuna a su propio modo.
—Su precio no necesitas saberlo, va por mi cuenta. Ella te encontrara en Otto en una semana a partir de hoy. Y no trates de contactarme, me he desecho de todos mis teléfonos por seguridad.
—¿Debería confiar en ti? —escapó de sus labios sin poder controlarlo.
Otra pausa donde Itachi respiro contra la bocina.
—Eso dependerá de las ganas que tengas de salvarla.
-o-
Por la mañana, Sakura se despertó como de costumbre y se sorprendió de encontrar a Kakashi aun durmiendo. El peliplata solía tener hábitos de sueño muy marcados y pocas veces dormía ella más que él, pero ahora, él estaba tirado en el piso como un cuerpo inerte.
La mujer se acercó un poco a él e inmediatamente se alejó, su respiración alcohólica le golpeo de frente, de hecho, todo el cuarto estaba impregnado entre el perfume del hombre en el piso y el claro olor de algún licor.
¿Qué diablos?
La cama del piso estaba mal acomodada, como si simplemente lanzó todo lo mejor que pudo hasta la madera, y su enorme cuerpo estaba tirado casi desmayado la mitad en pleno piso. Despeinado, sin camisa, y muy borracho aparentemente. Ella ni siquiera le oyó entrar anoche.
Sakura se levantó sigilosamente e hizo camino hasta el baño, cuidando de no despertarlo y tener que explicar por qué le estaba mirando. Mientras se duchaba pensó en eso, dudaba tener que explicarlo. Si Kakashi era fiel a su palabra —o tomaba fielmente las de ellas— las cercania entre ambos se había acabado. Se habían detenido a donde sea que estuvieran llegando, y ambos lo sabían.
En la noche reflexionó eso. Temprano en la mañana sentía que, aunque por incomodo que fuese, era lo correcto.
No todas las cosas que se dicen cuando se está enojado son falsas, la mayoría —como esa— tienden a ser ciertas. Por lo menos la cosa de la línea.
Luego de un buen rato, Sakura se miró por última vez en el espejo lista para salir, aún tenía los ojos un poco hinchados y las ojeras que eran marcas permanentes en su rostro estaban más oscuras. Se dio unos golpecitos en las mejillas, no había nada que hacer a eso.
Kakashi ya se había levantado, estaba sentado en la mesa del comedor con la cabeza entre las manos. Sakura se aferró la toalla en el cabello y antes de que pudiera escabullirse hasta la habitación, él hablo:
—No hay comida.
Ella no se dio la vuelta para mirarlo. Sentía los colores empezar a subir por su rostro.
—¿Ah, sí? ¿Y ahora? —su voz salió más despreocupada de lo que esperaba.
Kakashi no respondió por unos segundos. Sakura escucho la silla del comedor chillar contra el piso.
—Comprar—dijo tajante acercándose a ella.
La mujer se dio la vuelta y lo miró. Estaba a centímetros de distancia, su mirada intensa y poco aburrida como normalmente era, estaba fija en la cara rosada de Sakura. Ella lo miro y casi por inercia sus ojos se desplazaron desde su cara con restos de un rastrojo gris hasta sus pectorales y brazos bien esculpidos.
—Mi toalla—su brazo se estiro por encima de la cabeza de la mujer y arrebató la tela enredada en su cabello.
—¿Qué demonios?
—Iremos a comprar comida— tomó la toalla mojada y se dio la vuelta para el baño.
Sakura vio su espalda hasta que cerró la puerta tras sí.
¡Maldición!
Ahora no estaba molesta con nadie en especial. Solo odiaba el modo en que no podía dejar de mirarlo. Eran sus hormonas, nada más. No tenía nada que ver con él y sus abdominales cincelados en mármol, o con el tatuaje simplista en su bíceps o tal vez la marca de belleza peligrosamente cerca de sus labios.
Era un hombre, insufrible, huraño y arisco, pero después de todas era un hombre y ella una mujer, una mujer que disfrutaba mirar aparentemente.
Y ella odiaba eso. Odiaba querer mirarlo y más aún, odiaba no poder decírselo. Por qué Sakura nunca había sido una mujer tímida, ni con su prometido ni con nadie más, la cura para estos males —le había enseñado la experiencia— era hablarlos, y ella venia escondiéndole a Kakashi desde mucho rato atrás que estaba disfrutando de darle atenciones.
Cuando la regadera dejó de sonar y el peliplata salió del baño, Sakura se estaba terminando de convencer de la buena idea que era mantener las distancias.
—¿A dónde iremos? —le preguntó.
Kakashi se sacudió la cabeza como animal salvaje, su cabello salpicando todo a su paso.
—Mercado.
—¿Hay un mercado? ¿Cerca?
La sola idea de salir del pueblo le daba tanta emoción como miedo, pero a falta de respuesta, le dejó sentada en la mesa como un niño confundido. No sabía si correr a la puerta a ponerse los zapatos o devolverse enfurruñada hasta la cama.
Sakura se mordió el labio y frunció el ceño. Estaba siendo una mañana muy bizarra, tanto en el comportamiento de ella como en la actitud de él, no por lo poco que decía, sino porque por fin, la rutina se había roto.
Yo le hice romperla.
Trató de alejar esos pensamientos de la mente y floto tras él en su paso a la cocina.
—Has una lista de lo que falta—le ordenó.
La mujer ignoró su tono de voz de mando y simplemente se adentró hasta la encimera a hacer lo que él le pidió. Kakashi se perdió de nuevo de vuelta al cuarto.
—¿Puedo ponerme creativa?
Un segundo de silencio.
—Solo lo necesario.
Ella no sabía que podría ser necesario en el Norte. La mitad de sus comidas eran cosas que no había probado en años. ¿Qué necesitaba entonces? ¿Harina para fideos? ¿Y con qué se comía eso?
En la encimera, justo al lado de fregadero estaba la olla que usaban para el café completamente vacía, a su lado, una botella de licor a medio vaciar. Sakura tomó nota del café, y casi por inercia termino de volcar la botella en el fregadero, él no necesitaba eso ahora.
Luego de revisar los envases vacíos, y tomar notas mentales de los vegetales que solían consumir, Sakura salió airosa de la cocina.
—¡Listo!
Salieron tranquilamente de la casa.
Mientras caminaban, Sakura volvió a sentirse nerviosa. Por las calles principales del pueblo la gente los miraba descaradamente, como si fuesen la atracción principal del circo. Reconoció varias caras en el trayecto, un par de niños, la mujer que vendía maíces hervidos en la plaza, y varias de las personas del sequito de la líder comunal. Les saludó cortésmente y trato de mantenerse a la par de Kakashi.
—¡Oye, oye, espera! ¿Qué paso con eso de camina a mi lado?
Él gruño una pequeña respuesta de esas que ella aun no entendía, y con solo mirarlo Sakura comprendió que estaba luchando por permanecer estoico ante el sol.
Casi soltó una carcajada de malicia.
—¿Y los muchachos? —preguntó, ignoraría que la ignoro— Pensé que para estas cosas siempre mandabas a Gai, a él le gusta cocinar.
—Están en el cuartel.
—¿De verdad los castigaste por lo de la mascarilla?
Entraron a una parte del pueblo que ella no sabía que existía. Las calles empedradas se habían ido y todo se convirtió en un espacio amplio plagado de comerciantes y toldos por doquier.
—¿De verdad te importa lo que estén haciendo? —la sostuvo por el cuello de la camisa antes de que un chico en bicicleta le atropellara.
—Si. Son mis amigos.
Habían muchas personas de allá para acá. Las ancianas de la plaza iban en grupo tomadas del brazo hasta uno de los estrechos caminos entre los puestos de pescado.
Kakashi se sumergió entre las personas con Sakura tras él.
—Están ocupados—declaro tajante. Ella le dio una mirada indignada y él con un suspiro continuó: —Están resolviendo lo del almacén.
—¿Todos?
—Solo Genma. Gai está suplantándome en el campo de entrenamiento. Estoy suspendido ¿recuerdas?
Claro que lo recordaba, no era necesario decirlo en ese tono. Sin embargo, la ojiverde no iba a replicar eso y mucho menos en ese momento. Así que se dejó guiar solamente hablando lo que Kakashi le pedía. Dios le bendijo con una memoria bastante impresionante como para recordar con detalle lo que verdaderamente hacía falta.
Luego de un rato y con varias bolsas encima, Kakashi se paró en un puesto ambulante en una zona que estaba bastante vacía y arrastro a Sakura hasta un asiento, en la mesa de madera apenas tallada, estaba pegado el menú.
—No es necesario, podemos comer en casa.
Kakashi la ignoró y llamo a un adolescente que se acercó a ellos. Traía un pañuelo rojo en la cabeza peliroja.
—Oh, Kakashi-taichou, es bueno verle de nuevo. ¿Qué va a pedir?
La miró a ella y a él intermitentemente.
—Sopa de miso—murmuró apenas audible, porque él muchacho no paraba de darle esa mirada extraña y era lo primero que estaba en el menú.
—Ok, perfecto, la señora Hatake quiere sopa de Miso.
—Yo solo quiero una lata de shochu, Katsuo—el muchacho asintió medio extrañado, Sakura lo notó.
Y antes de alejarse hasta detrás de un pequeño mostrador, dijo: —Mi hermana se alegrará de saber que has venido. Pensé que estabas enojado con nosotros, Hanabi dijo que no te quería ver, pero ayer… ¡Olvídalo! —hizo una pequeña inclinación, sus ojos brillaron verdaderamente alegres—¡Es bueno que vengas Hatake-taichou!
Cuando el muchacho se fue, Sakura no pudo evitar lo que estaba a punto de decirle a Hatake.
—¿No es muy temprano para beber? Ni siquiera has comido.
—¿No es muy temprano para ser entrometida? Ni siquiera es medio día.
La mujer apretó los dientes con fuerza, Kakashi estaba tentando su suerte de nuevo, sentía la sangre hervir por el deseo de discutir, pero se mordió la lengua cuando continuo calmadamente.
—Evitaría hacerlo, pero si la persona que está encargada de protegerme está embriagándose delante de mis ojos, me es casi imposible.
Se encogió de hombros descuidadamente.
—Ni siquiera crees eso, así que por qué te importaría entonces.
—¿Creer qué?
Pero Kakashi no tenía pinta de responder e inéditamente llegó el mesero con la bebida. Intercambió un par de palabras con el peliplata, cosas triviales y Sakura se concentró en mirarse la punta de sus botas. A diferencia de Kakashi que bien podría soportar la llegada del frio invernal del Norte, ella estaba sufriendo por mantenerse.
Lo miró de reojo, el chico se había ido y él tomaba un sorbo de su lata descuidadamente. Entre su molestia, Sakura se sintió culpable ¿Eran sus palabras lo suficientemente amargas para obligarlo a beber temprano en la mañana? ¿O solo eran los caprichos ocasionales de un hombre que acostumbraba a estar solo? De cualquier modo, ella le había presionado para romper una rutina. Poner límites tal vez fue una decisión áspera y urgida pero muy correcta, y Sakura no había tenido tiempo de disculparse por los otros comentarios que hizo la noche anterior.
De pronto, la comprensión vino a su mente como una chispa en la oscuridad.
—¿Crees que no creo que puedas protegerme?
Él bajo su lata y la miró.
—¿Importa lo que yo crea?
—¿Por qué siempre me respondes preguntas con preguntas?
—¿Por qué siempre estás haciendo preguntas?
Sakura apretó los dientes.
—Estaba enojada ¿Esta bien? Tomaste la decisión sin consultarme, has estado tomándote atribuciones sobre mi estancia aquí sin consultarme, eso no me hubiese molestado normalmente, pero…
—Pero lo hizo.
—Si, lo hizo—Sakura tragó el nudo de su garganta y se fijó de nuevo en el menú, no podía verle a la cara—. Y dije que cosas que realmente no siento-
—Pero las dijiste.
La sopa de Miso llego acompañada de un pequeño plato con verduras al vapor. Sakura tuvo que morderse la lengua ante la interrupción, pero cuando miró a Kakashi él estaba tranquilo como si nada hubiese pasado, aquello —más que verlo beber— volvía a molestarle. Ella sabía que él estaba incomodo por lo de la noche anterior, pero era demasiado terco para dejar entreverlo.
—Mi madre y mi hermana pasaron toda la semana pasada hablando de usted, Kakashi-taichou. Pensé que iría al festival con mi hermana.
Sakura se detuvo a mitad de un bocado de vegetales. Kakashi no dijo nada por lo que el muchacho continuo: —Y ha estado tan enojada desde que llegue. Estuve en Konoha todo el mes anterior afinando los detalles de servicio militar, y desde que regresé el pueblo me parece extraño.
—¿Katsuo? —Kakashi le detuvo. El muchacho paró su monologo y lo miró con los ojos medio nervioso— ¿No tienes algo más que hacer?
El chico miró alrededor la otra mesa del pequeño puesto vacía, pero aun así asintió y con una pequeña disculpa se retiró de al lado.
Sakura continúo comiendo en silencio. Después de todo, había personas que no estaban al tanto de los nuevos acontecimientos en el pueblo. Sakura vio al muchacho del otro lado de la pequeña cocina junto a un señor algo mayor y este parecía estar regañándole. El cabello rojizo los delató como familiares de Hana y Hanabi.
Luego de medio comer —se atiborró del plato a pesar de haber perdido el apetito— Kakashi y ella trataron regresar a casa, y antes de salir del mercado, Sakura vislumbro la pescadería. Emiya-san y Daichi estaban en un banquillo junto a un toldo de madera. Ella tuvo que acercarse a saludar, pero luego de un par de frases con los dos hombres, se sintió incomoda con la mirada de Kakashi taladrándole la nuca.
Regresaron en silencio, poco dispuestos a intercambiar palabras, pero cuando Kakashi estaba despojándose de sus botas en el pórtico, Sakura decidió que era momento de continuar la conversación.
—¿Ahora podemos hablar?
—¿Hay algo de lo que tengamos que hablar?
—Bien, señor todo-lo-respondo-con-una-pregunta. ¡Tenemos que hablar!
Lanzó las bolsas sobre la mesa y regresó a sentarse en el pórtico de madera junto a él. Kakashi se agarraba la cabeza.
—Fue un error. Estaba muy enojada, nada de lo que dije es cierto y lo sabes. ¿Podrías dejar de beber?
—Mira, no estoy bebiendo por lo que dijiste o como lo dijiste, es tu problema en quien confías, Sakura, y no tiene que ser en mí.
—Pero pensé que tú-
—No estoy enojado por ti. Anoche lo estuve, pensé que éramos amigos, pero estoy tan acostumbrado a que la gente ponga esperanzas en mí que pensé que de verdad lo éramos.
—¡Y lo somos! —su tono se elevó un par de octavas y se percató de la cercanía inconsciente que estaban teniendo, ella cerrando el espacio entre ellos sin tener consciencia de ello. —Los amigos en el Sur también pelean, las chicas lastiman a los chicos y viceversa, también nos culpamos entren nosotros-
—¡Ese el punto, Sakura! ¿Qué no lo ves? —su cara se había descompuesto en un gesto que Sakura no supo identificar, tal vez estaba dolido, tal vez frustrado, nunca podría decirlo.
El pecho del hombre subía y bajaba conteniéndose delo que realmente quería decir. Sakura por un instante se sintió verdaderamente pequeña.
—Tu y yo no podemos ser amigos.
—¿Por qué discutimos? ¿Por qué somos un hombre y una mujer?
—Porque tú eres del Sur y yo del Norte. Tomo decisiones arbitrarias porque estás aquí, arriesgo a mis camaradas por ti. Tu eres un denominador en común.
Su boca se había quedado seca por momentos y ante su falta de respuesta Kakashi decidió continuar.
—Tenías razón acerca de un par de cosas. La gente confía tanto en mí y yo solo termino por meterlos en más problemas—tomó una bocanada de aire—Y nunca debimos cruzar esa línea, no somos amigos y no podemos serlo. Así que no, no estoy bebiendo porque estuve enojado contigo, estoy bebiendo porque vienen días duros y no sé cuándo podrían matarme. No tiene tienes nada por qué disculparte.
-o-
Kakashi llego al cuartel por casualidad, Taki, el encargado de los perros envió un mensajero a buscarle. Cuando llego, Guruku estaba echado en las piernas del hombre.
—Creo que la comida le ha hecho mal—le dijo.
Kakashi se acercó hasta el animal, su carita deprimida era un claro estatus de su salud. Apenas pudo levantar el hocico hacia él cuando lo olió. El peligris puso una mano en las orejas del animal.
—Pero con qué los han estado alimentando. Guruku es delicado, no tolera cualquier comida.
La cosa con los perros del ejercito era medio enredada, todo habían sido entrenados del mismo modo, y sometidos a las mismas misiones, pero no todos tenían dueño. Eran perros que el cuartel acogió y en su momento, cuando el presupuesto lo permitía, fueron condicionados para el rastreo y la compañía. El caso de Kakashi y su manada era completamente distinto y especial, ellos pertenecían a él prestados al ejército.
—El mayor Mori cambio el menú de los perros—dijo Taki. Los ojos le brillaron del miedo y Kakashi lo atribuyó a la mueca fúrica que su cara le estaba demostrando.
El peliplata sin decir una palabra dio un par de pasos hasta la pequeña casucha que usaban de almacén. Efectivamente los sacos de comida animal genérica se habían ido.
—¿Qué les están dando? —preguntó tratando de sonar lo más calmado posible. Fallido.
—Las sobras del comedor. Huesos, pellejos, comida quemada.
—¡Qué rayos! ¡¿Y permitiste eso?!
—Lo siento mucho capitán, no puede opinar nada, podrían castigarme. Traté de buscarlo pero me dijeron que estaba suspendido, solo esta mañana pude enviar por usted.
—¿Cuántas veces les han dado eso?
—No hay muchas sobras, por lo que el mayor ha ordenado solo alimentarlos una vez al dia.
Esa había sido la gota que derramo el vaso. Kakashi paso junto al hombre, sin siquiera darle una última mirada a Guruku y se dirigió a grandes zancadas al edificio principal, cruzó los pasillos fúrico, un par de puertas mal cerradas y a muchos ignoró en el camino hasta que vio al final de un pasillo oscuro la puerta que buscaba.
Un soldado apostado unto a ella, como si hiciera una guardia falsa, pero al capitan no le importó y le rugió que se hiciera a un lado sin contemplaciones.
Cuando arremetió, lo más calmado que pudo, a la oficina, Takashi estaba tranquilamente sentado en su silla. Los lentes estaban sobre su cabeza y era un hecho que lucía mucho más viejo y desgastado.
—Mayor Mori—saludó más por obligación que por ganas.
El hombre no pudo ocultar una pequeña sonrisa de su rostro.
—Capitan Hatake, que alegría verlo por acá. Tome asiento.
—No vengo por una charla amistosa, mayor, yo-
—Correcto. Acaba de llegar en el momento perfecto. Estaba a punto de enviar un mensajero por usted.
Fue entonces que Kakashi miró a los tres hombres que también se encontraban en la habitación. El uniforme negro sin patrón camuflado, la insignia insípida en el hombro derecho, boinas minimalistas.
Raíz.
El capitán trató de verse lo más tranquilo posible mientras tomaba asiento a la silla señalada frente al escritorio del mayor. Uno de los hombres estaba en el asiento a su lado y dos de ellos de pie tras ese que parecía ser el líder.
Mori se aclaró la garganta: — Estos amables caballeros arribaron hoy a nuestro cuartel. ¡Imagine mi sorpresa a saber que estaban aquí por usted!
Kakashi se mordió la lengua para no responder algo malo. Trató de mantener la respiración pausada.
—Oh, vaya, espero no sea algún club de fans, realmente no estoy de humor.
Todos fruncieron el ceño. Kakashi sabía que podía excusarse con esas bromas porque de manera oficial no estaba de servicio.
—¡Sea, serio, Hatake! —le regañó el de los lentes.
—Mis disculpas, caballeros, ¿En qué puedo ayudarles?
El líder lo miró por un minuto en silencio, y luego procedió a hablar:— Estamos aquí por la investigación de inteligencia.
—Pasamos toda la mañana afinando detalles, y solo estaba esperando el momento adecuado para entregarte a los señores. ¿Está bien eso?
Kakashi lo miró, se estaba colocando los lentes mientras en su cara se formaba una sonrisa sádica.
—Realmente no tengo ningún problema con eso. Solo pensé que las investigaciones de ejército de país de fuego debían estar a cargo de la inteligencia del país del Fuego.
—¡Raíz es parte de este país tanto como ustedes!
—No me malinterprete—dudo ante su nombre.
—Agente 0018
En raíz no hay nombres, cierto.
—No malinterprete lo que quise decir, agente 0018. Solo pensé que los asuntos internos del ejercito debían ser investigados por la división de inteligencia del ejército en el pais del Fuego.
—Esto dejó de ser interno cuando se les identifico como dos ciudadanos del país del arrozal.
Kakashi trató de asentir a pesar de sentir como una fuerza invisible tiraba de su cabeza para negar las palaras del hombre.
El hombre le dio una última mirada de superioridad al peliplata y se levantó de su asiento, los otros dos cerraron la formación a sus espaldas y se cernieron peligrosamente sobre el Hatake.
—Hatake Kakashi, seré yo, el agente 0018, quien le suplante en sus funciones como capitán hasta terminado el proceso de investigación. Todas las asignaciones y pendientes a su cargo deberan transmitirlas hacia mi o a mi segundo al mando, agente 0019. Tiene 24 horas para eso.
El capitán mantuvo la cara estoica.
—Sus subordinados que no puedan cumplir funciones para mí, serán reasignados a nuevas escuadras. Y desde este momento, tres de sus sargentos también son relevados de sus funciones en este escuadrón.
—¿Por qué ellos?
El mayor y el de raíz intercambiaron una pequeña mirada.
—La investigación se ha extendido hasta sus allegados involucrados en el incidente.
—Solo siguieron ordenes de mi teniente y mías—sentía su voz rugir en su garganta por mantener la calma.
—Ordenes de arriba. Los sargentos Shiranui, Maito y Sarutobi, están suspendidos de las funciones en el pelotón o mejor dicho, mi pelotón.
La sangre hervía como lava entre sus venas, sin embargo, su exterior solo mostraba una cara en blanco y tal vez un posible ceño fruncido. Nada más. En ese momento más que nunca, agradecía esa capacidad para mantener su expresión estoica y desprovista de cualquier emoción. No les daría lo que ellos querían, no caería en el juego que quería proponer Takashi para él.
Los hombres se retiraron sin exigir respuesta a cambio y Kakashi no sintió la necesidad de saludar acorde a su rango, después pues de todo, ya no tenía obligación de hacerlo.
Como siempre, las cosas se oscurecían cuando parecían aclararse y el peliplata sabía que se pondrían peor con el tiempo. Cuanto pasaría para que se percatasen que su investigación no serviría de nada y tuviesen que buscar otra manera de señalarlo. Era cuestión de esperar y eso era algo que definitivamente no le agradaba.
Mori hizo una tos falsa y Kakashi recordó que él seguía ahí en esa oficina extraña, el tema del cargo le distrajo lo suficiente como para olvidar lo que realmente le llevó ahí. De pronto, la furia volvió a él y esta vez no quiso molestarse en esconderla, quería que el mayor viera que si estaba molesto.
—Los perros del cuartel—dijo sin rodeos—. Tengo entendido que usted se tomó la atribución de cambiar su dieta.
—Si, he sido yo, ¿Algún problema con ello?
—¿Desde cuándo es un experto en canes como para cambiar sus comidas? No pidió las opiniones de los cuidadores, está usando su autoridad para-
—Cuida lo que estás diciendo, Hatake, puede que no estés de servicio, pero aun puedo ponerte bajo arresto en una celda.
Kakashi inspiró todo lo que pudo.
—Mayor Mori, sin ánimos de ofender, usted debería limitarse a las funciones administrativas que se le otorgaron como autoridad en este cuartel. El área de los canes esta fuera de su supervisión.
—También de la tuya, si no estoy equivocado.
El peligris resistió el impulso de carcajearse.
—Si, también de la mía, pero los perros que usamos en combate son adquisiciones del ejército y por ende miembros de este, no permitiré que se les dé un trato injusto.
—Mira Hatake, estoy muy ocupado para discutir esto a fondo. Confórmate con saber que no hay presupuesto para la comida de los pulgosos.
Ahora la sonrisa amarga si floto en la cara del capitán.
—No sé a quién quiera engañar—se levantó de su asiento y miro al mayor desde arriba— o cuantos se han tragado esa mentira.
—¿De qué hablas?
—Si hay presupuesto. La manutención de los perros es cubierta en su totalidad por un benefactor anónimo, lo sé, porque ese soy yo.
La cara del hombre paso del enojo a la perplejidad en segundos.
—Espero reanude la dieta que llevaban antes, mayor.
Kakashi salió de la oficina con más aires de superioridad de lo que pretendía y sin siquiera escuchar la respuesta del mayor. Cuando rodeó toda el área y pasó por su propio lugar, encontró la puerta abierta y varios hombres de raíz moviendo las cosas de allá para acá. Se acercó con cautela y tomó una de las chaquetas camufladas que siempre dejaba en el percho y habían sacado afuera junto con otras cajas.
Había libros que quería tomar y un par de papeles que dejó a medio redactar, pero lo dejó de lado solo por no hacer más contacto con esas personales y se alejó tan sigilosamente como llegó. Se echo la chaqueta al hombro y se perdió de nuevo entre los pasillos que lo llevaban al patio del área de los perros.
Cuando llego, Taki se había ido, y varios novatos jugaban con Bull en el campo de tierra a lo lejos. Guruku seguía en el mismo lugar de antes, acostado con la cabeza sobre las patas.
Kakashi estuvo un rato con él en sus piernas acariciando tras las orejas del animal hasta que llego Tenzou.
—Supuse que estarías aquí, capitán.
—Ya puedes decirme "sempai". Estamos fuera de servicio ¿recuerdas?
—Difícil perder la costumbre. Estaba con los muchachos, andan un poco alterados.
Kakashi torció el rostro.
—Yo también lo estaría si fuera ellos.
—Están suspendidos en el escudaron, no del cuartel. Serán reasignados. Tal vez Anko se apiade de ellos.
El peliplata coincidió descuidadamente pero no dijo más. No quería hablar con Tenzou ahora, él sabía que a eso era lo que había venido el castaño. Su teniente era como una voz de la consciencia para Kakashi y lo menos que quería era alguien que le recordara que todo esto se lo había buscado a pulso. Después de todo, Tenzou siempre se opuso a las decisiones tomadas por él desde aquel día que encontró a Sakura vagando por la montaña.
Indudablemente todo lo devolvía a ella.
—¿Estas bien? —le preguntó.
—Si, Tenzou, estoy bien.
—Anoche no te veías bien.
—Estaba borracho, nunca estoy bien cuando estoy borracho. Hoy solo tengo una resaca.
Pateó una roca en la tierra. Tal vez si Tenzou notaba lo frustrado que se sentía, dejaría de llevar la conversación hasta el sermón que se notaba a leguas quería darle
—Esta mañana Ibiki pasó la información de los diplomáticos que cuidaremos, la recogí de tu oficina antes que llegaran los locos.
—¿Quiénes son?
—Un par de los de siempre, la gente de Otto, el embajador de Ame. Aunque esta vez hay gente nueva, el canciller de Kumo y un enviado especial del Suna, el hijo menor del mismísimo Kazekage.
Kakashi presentía que esos dos últimos le darían un gran dolor de cabeza.
—Delega todos nuestros pendientes a la gente de Raíz. Me voy a casa, Tenzou.
Sintió que su amigo quería decir algo más, pero Kakashi definitivamente no estaba de humor.
El camino se le hizo corto, demasiado para su gusto, y cuando llego a casa Sakura no estaba por ningún lado. Ni en el patio, ni en el cuarto, ni en el baño.
Se le crisparon los pelos de la nuca.
Toda la casa parecía estar intacta, incluso la comida estaba tapada en su lugar familiar de la mesa y no había signos de escape o —en sus defectos— secuestro.
Corrió fuera de la casa de nuevo. La calle estaba vacía a excepción de un par de niños que jugaban en la plaza y el anciano del frente que barría su pórtico. Kakashi camino hasta la esquina y se devolvió. El corazón ya latiendo en lo alto de su garganta.
Ella no podía haberse ido, no iría a ninguna parte lejos y mucho menos sola, no estaba tan enojada para eso y conocía los riesgos de deambular por ahí.
Imágenes de la pelirosa siendo arrastrada contra su voluntad, atada y amordazada llegaban a su imaginación como las olas del mar, iban y venían.
—¡Hatake-san!
Antes que pudiera correr a la siguiente cuadra, uno de los niños de la plaza le llamó. Era el hijo de uno de los comerciantes de verduras.
—¿Está buscando a Sakura-san? Se ha ido con la gente de la comuna a lo del festival. ¡Es mañana!
Kakashi apenas agradeció y se lanzó casi corriendo hasta el lugar. Tener a Sakura lejos de su vista le generaba un nuevo tipo de ansiedad, notó. Temía por la vida de la mujer casi tanto como por la de él, era terrible en el sentido estricto de la palabra, si la vida de aquella mujer pendía de un hilo era por que la suya estaba igual. Pero había algo más ahí, algo que le llevaba a ella de nuevo.
Lo había notado la noche anterior cuando llegó a casa. Sakura dormía tan profundamente que ni se movió cuando él entró dando trompiscones. La había mirado por un rato, su pecho subía y bajaba rítmicamente y aunque su cara estaba fruncida en alguna de sus pesadillas, ella lucia pacifica después de todo.
Entonces notó que estar con Sakura le hacía tomar las decisiones incorrectas siempre, y no era por el miedo a revelar el secreto, era solo por ella. En el tiempo que llevaban conviviendo juntos se había abierto más a esa mujer que a alguna otra persona en años. Estaba acostumbrado a llegar a cenar con ella o verla dormir justo antes de levantarse. Patético.
Kakashi no podía permitirse abandonarlo todo otra vez por una mujer. Ya había sucedido algo similar con Rin, y terminó de la peor manera posible. Con Sakura no podía decir que seguiría el mismo camino, pero podía ver él final y no era bueno para los que le rodeaban. Ya estaba cansado de llevar culpas ajenas en los hombros.
La cosa es que establecer nuevamente la línea había sonado de maravilla cuando salió de sus labios de cereza y volvió a parecerle ideal mientras se desmayaba en su embriaguez, pero en la mañana, sobrio y completamente en sus sentidos le parecía extremadamente doloroso.
Al llevar al claro la vio, estaba agachada junto a una pequeña niña. Su falda demasiado larga se arrastraba en la hierba y la cola que ataba su cabello estaba demasiado floja. Sostenía el tobillo de la pequeña y lo envolvía en alguna tela.
En la mesa junto a ellos, los adornos que colgarían de los toldos estaban todos arrugados y torcidos.
Sus nervios se fueron y casi aquello le arrancó una sonrisa de alivio.
Era tan mala en las tareas del hogar, no podía ni limpiar un piso, mucho menos hacer un adorno.
Ella miró en su dirección y sus ojos esmeralda se fijaron en él, inmediatamente giró la cara de vuelta a la niña, aparentemente estaba enojada.
Kakashi busco la sombra de un árbol y la esperó un rato más hasta que cayó el sol. Cuando ella llego a su lado ya estaba oscureciendo y las mujeres se empezaban a dispersar. Kakashi sintió varias miradas indiscretas cuando ella llegó a su lado.
—Te deje una nota pegada en el portón, no era necesario que vinieras—dijo. Varios mechones cayeron contra su cara.
—Si, la vi—mintió—. No es bueno que estés sola.
Ella hizo un ruido de acuerdo y empezó a caminar. Tal vez ayer ella habría pensado en tomarle de la mano por el bien de la fachada, hoy parecía que eso no le importaba.
—¿Cómo están los muchachos? Escuche que el mensajero dijo que uno de los tuyos estaba enfermo.
—Uno de mis perros, ya está mejor.
—¿Sabes? No tienes que responderme, solo sonríe un poco y mírame bonito. Nos están vigilando.
El peliplata detuvo la caminata, efectivamente tras ellos varias de las mujeres venían tomadas del brazo con los ojos fijos en la pareja.
—Preguntas hasta cuando no quieres preguntar—le dijo
—¿Y qué significa eso?
Kakashi la miro expectante y ella no pudo contener la risa que broto de sus labios. Seguía haciendo preguntas sin querer. Caminaron de vuelta en silencio.
El peliplata había pensado que si Sakura quería hablar ella misma iniciaría la conversación pero durante todo el camino estuvieron más callados que cualquier otra vez. Las mujeres se habían perdido en una intersección, y antes de que se percatara, estaban frente a la casa, poco antes del atardecer.
—¿Alguna pregunta incomoda, Sakura? —preguntó mientras se quitaba los zapatos.
—Ninguna. Solo ayudare lo poco que pueda y con eso me evitare ir al festival.
Él asintió.
—Los muchachos están suspendidos. Podrías ir si quisieras, les diría que te llevaran.
Ella pareció pensarlo unos instantes.
—Tu no irías, entonces.
—No, yo no.
Kakashi se miró los pies. Todo volvía a ser incomodo y nada se sentía correcto.
—No debería ir, tú lo dijiste. No podemos ser amigos. No quiero encariñarme con ellos, no quiero hablarles del Sur ni que me hablen de ti o del Norte.
—Dije que nosotros no podemos ser amigos.
Se mordió la lengua instantáneamente mientras procesaba lo que había dicho. Si conocía a Sakura aunque sea un poco, esa frase desataría un torrente de preguntas que iniciarían con un-
—¿Por qué tu y yo no?
—No pienso tener esta conversación de nuevo, Sakura.
—¿Tener esta conversación? ¡Tú eres el único que habló esta mañana!
Kakashi se llevó las manos a la cara y se frotó para despabilarse un poco, sentía que si se quedaba sentado ahí empezarían a discutir.
Kakashi Hatake llevaba una vida relativamente tranquila, discutir nunca estaba entre sus planes inmediatos, pero el temperamento explosivo de Sakura le daba un vuelco completo a todo.
La noche anterior se había cabreado tanto que se fue montaña arriba dando zancadas hasta el cuartel y no dudo en despertar al combo para un par de tragos. No estaba molesto con ella en realidad, estaba más que todo enojado consigo mismo, Sakura solo había sido un detonante.
Ella le siguió de cerca y cuando Kakashi se sentó a comer su almuerzo de cena, la mujer arrebató el plato de sus manos.
—Hablas de conversaciones y no quieres hablar conmigo. Nunca quieres hablar conmigo.
—¿Por qué debería? Tu y yo no somos amigos, no podemos serlo, ni siquiera estamos casados de verdad…
—¡Pero lo estaremos!
Podía ver su piel de porcelana tensarse en la frente ante aquellas palabras. Kakashi no podía culparla, a él le perturbaban igual.
Dio un largo suspiro, cruzó los brazos y se reclinó en la silla: —Solo traté de ser amable por lo que dije ahora, si quieres ir al jodido festival anda. No voy a detenerte. Debemos guardar apariencias.
—No me refiero a eso y lo sabes.
—¿Qué respuestas quieres? Si quieres hablarles del Sur, hazlo; quieres ponerte pegotes en la cara, hazlo; quieres hacerte amiga de los vecinos, no dudes. Solo tratemos de dejar de relacionarnos de otro modo, tú y yo.
—¿Es cierto lo que dijiste antes?
Sus ojos eran jade líquido. Kakashi no quiso pensar que la estaba haciendo llorar. Las mujeres naturalmente eran emocionales, y por todo lo que estaba pasando Sakura el comprendía que de vez en cuando tendría sus puntos de quiebre. Lo que no quería pensar era que sucedía gracias a él. La pérdida de una amistad no podía doler, no así.
—¿Solo soy un problema otro para ti? —su voz baja y suave se fue apagando en cada palabra, pero su cara aun era una mueca poco enojada.
Su consciencia, aquella parte de su mente que arañaba empezó a picar para decirle que sí. Sabía que era lo mejor, sentía que si solo pronunciaba aquellas palabras ella se terminaría por alejar, era lo correcto. Sin embargo, su mano casi inconsciente trato de deslizarse por encima de la mesa hasta las de ella.
Apretó el puño con fueza y se mordió la lengua, igual no pudo contenerse: —No lo eres.
Ella lo era.
—No quise decir eso. Todo esto es confuso, el que estés aquí es un problema ambos lo sabemos, pero no tú. Tú no eres un problema, Sakura.
Su lengua enredándose en sí misma, su mente hecha una batalla de voluntades.
Sakura lo miro, la emoción reverberando en sus grandes ojos.
—Lo siento. Anoche me sentía tan perdida, me sentia-
—Si tenías razón. Es mi culpa. He tomado malas daciones desde el inicio.
—¡Deja de culparte! Tuviste que elegir entre una mala decisión y una peor. Todos están en este rollo por elección propia, no has obligado a nadie. Y estoy aquí, viva, gracias a ti.
Kakashi tenia cosas que negaran eso, pero decidió callarse, ya Sakura no lucia enojada y por algún motivo él no quería que lo estuviera. Ella le regreso el plato de comida, pero de repente su estómago no se sentía preparado para comerla. Había pasado todo el día a base de agua y café, la resaca se había ido hace un rato, pero él aun resentía los estragos de una mala noche.
Sakura lo miró y le dio algo parecido a una sonrisa. Kakashi resistió el impulso de sonreír de vuelta. Estaba pasando de nuevo, era él dejándose llevar por ella y sus emociones de chica.
—Anoche te espere bastante, estaba preocupada. Quería disculparme contigo… es solo que—tomó una bocanada de aire como si sus palabras le sofocaran—. Estamos cruzando la línea una y otra vez, no sé a dónde vamos, ya no.
Hatake sabía lo que ella diría, su estómago se retorció más ante ese pensamiento.
—Estuve todo el día pensando, es lo correcto. Estoy dañando tu rutina, te estoy causando cada vez más problemas y me estoy acostumbrando a ti —posó sus ojos brillantes en él—Ya no quiero seguir cruzando la línea, Kakashi, pero no creo poder tratarte como un extraño de nuevo.
Kakashi tragó el nudo de su garganta. Tal vez Sakura no entendía a qué tipo de juego estaban jugando. Ella no lo veía de su modo, no lo sentía orbitar alrededor de ella o perder los estribos por ella. Se volvía egoísta e impulsivo.
—Eres un denominador común en cada una de mis malas decisiones. No puedo permitirme acostumbrarme a ti, no cuando otras vidas dependen de mí.
—Lo sé—ella trató de sonreír de nuevo, en cambio, su cara se contorsiono en una mueca fea y falsa—. Mantendremos la fachada del matrimonio el tiempo que sea necesario, hay que hacerlo creíble, ya sabes.
La mujer se levantó de la mesa tranquilamente y dio un par de pasos hasta la puerta del cuarto.
—Ya no tengo hambre. Buenas noches, Kakashi-san.
—Buenas noches, Sakura-san.
Su voz pasiva se perdió tras el clic de la puerta.
Luego de unos minutos, Kakashi intento comer y todo lo que llevaba a su boca era amargo a su gusto. Era amargo verla retractarse de sus palabras, era amargo tener que trazar limites, era amargo pensar en sus amigos, en su trabajo, en su vida.
Una bilis amarga estaba empezando a llenar su día a día y Kakashi no podía entender exactamente por qué.
Llevó el plato a medio comer hasta la cocina y lo tiró junto a los demás, sus manos se aferraron al fregadero con tanta fuerza que vio sus nudillos empezar a ponerse blancos.
A estas alturas de juego solo estaba empezando a ver dos cosas con claridad. La primera, era que no quería poner distancia de Sakura y la segunda, es que necesitaba urgentemente emborracharse de nuevo. Él simplemente no quería pensar ni en ella ni en nada.
¡Gracias por leer! ¡Feliz navidad!
