N/A:Holaaa! Pues estoy muy orgullosa de mí misma por poder volver a publicar tan pronto! La verdad es que este capítulo debería corresponder a la semana pasada, ya que es el cumple de Hermione, pero bueno, más vale tarde que nunca.

Como siempre, mil millones de gracias a las que me habéis dejado review, gracias especiales a Belén, Andrea y a Guest que han dejado review sin cuenta. Gracias también a las que habéis añadido la historia a favoritos o simplemente le dais al click.

Sin más, os dejo, a leer.


Lo que esconde tu interior


X

Hermione se despertó con un sonoro bostezo y se estiró en la cama. Tras el ventanal aún era de noche: con los malditos horarios de Malfoy cuando amanecía ellos ya llevaban un buen rato trabajando en el laboratorio.

Malfoy.

Los sucesos de la noche anterior acudieron de golpe a su cabeza y entonces Hermione fue consciente de que en algún momento de la noche, alguien – probablemente Toppy o Millie– la había encontrado dormida en el suelo de la habitación prohibida y la había levitado hasta su cama. Porque tenían que haber sido los elfos ¿verdad? De ningún modo él…

Eres como el fruto prohibido, ¿lo sabías Granger?, eso que te mueres por probar porque sabes que te está completamente vedado…

¿Por qué todo lo relacionado con Draco Malfoy tenía que ser tan malditamente complicado? Pero no tenía sentido preocuparse por preguntas a las que jamás encontraría una respuesta y tampoco quería llegar tarde a trabajar: no sabía cómo iba a enfrentarse a él, pero estaba segura de que después de lo mucho que había bebido, aquella mañana Malfoy tendría una resaca que le haría estar de un humor de perros. Suspirando, salió de la calidez y comodidad de la cama, se dirigió al vestidor y se puso lo primero que encontró: unos vaqueros desgastados y una sencilla camiseta blanca.

Fue mientras recorría el corredor de camino al laboratorio cuando se dio cuenta: estaban a 19 de septiembre. Su cumpleaños.

¡Qué distinto era aquel año de su último cumpleaños! Hermione pasó gran parte del día trabajando en el Ministerio: cuando se encontró a Harry por los pasillos él fingió que no recordaba qué día era y tampoco recibió noticia alguna de Ron o los Weasley, pero al llegar a casa aquella tarde, cansada y triste porque sus padres tampoco recordarían que era el cumpleaños de su única hija, allí estaban todos: Harry, los Weasley, Luna e incluso Lavender, todos apelotonados en su minúsculo salón gritando ¡sorpresa! y haciendo aparecer de la nada una inmensa tarta.

Parecía que aquel año no habría sorpresa alguna y, más allá de recibir alguna tarjeta de felicitación de sus amigos, nadie la abrazaría, nadie le cantaría cumpleaños feliz ni le diría que pidiera un deseo al soplar las velas.

Cuando se encontró frente a la puerta del laboratorio respiró hondo antes de entrar: no sabía de qué humor encontraría a Malfoy después de los sucesos de la noche anterior y no estaba muy segura de si deseaba volver a verlo tan pronto. No obstante, debía ser profesional ante todo, tenía una misión por delante y por más que retrasara el momento, la situación no dejaría de ser incómoda.

Malfoy apenas alzó la cabeza, estaba profundamente concentrado en el contenido de una probeta humeante frente a él y sólo desvió la mirada un momento hacia la puerta al notar la presencia de Hermione en el laboratorio.

–Buenos días, Malfoy.

–Hola Granger, la decocción de mandrágora ha estado fermentando durante toda la noche, hoy deberíamos añadirle el pelo de unicornio y comprobar cómo reacciona. –Hermione estaba segura de que él no añadiría nada más, de que seguiría trabajando en silencio como siempre, fingiendo que la noche anterior nunca había existido, pero entonces, la tomó por sorpresa murmurando–: espero que hayas dormido bien.

El hecho de que Malfoy tratara por todos los medios de esquivar su mirada inspiró un inexplicable sentimiento de ternura en Hermione, muy parecido al que había sentido hacia el recuerdo del Malfoy niño buscando consuelo en brazos de su madre; finalmente, decidió desechar esos pensamientos improductivos de su cabeza: tenían una poción que inventar y el tiempo corría en su contra.

La mañana transcurrió de manera habitual: ninguno de los dos hizo mención alguna al "incidente", como Hermione había comenzado a llamarlo mentalmente y Malfoy seguía sin ser capaz de mirarla a los ojos, como un adolescente avergonzado tras haber sido sorprendido cometiendo una fechoría. No obstante, había pequeños detalles que dejaban entrever a Hermione que algo había cambiado definitivamente entre ellos: las acciones de él hacia ella eran más suaves, menos bruscas, más amables. Cuando notaba que un instrumento estaba lejos del alcance de Hermione, se lo acercaba antes de que ella tuviera que dar la vuelta alrededor de la mesa y, como por un acuerdo tácito, él se dedicó a las tareas más tediosas y desagradables: trocear escamas de dragón en láminas tan finas que parecían invisibles o machacar apestosas vísceras de sapo, al tiempo que dejaba para Hermione las labores más entretenidas.

Cuando Millie les interrumpió para anunciarles que la comida estaba lista, Hermione se dio cuenta de que estaba famélica; llevaban toda la mañana trabajando sin interrupción, ambos inmersos en el borboteo y el vapor de los calderos, casi sin ser conscientes del paso del tiempo, así que al ver el delicioso pollo asado frente a ellos en la mesa del comedor, tanto Malfoy como ella tuvieron que hacer grandes esfuerzos para controlarse y no abalanzarse sobre la comida como fieras hambrientas.

–Entonces, Granger, cuéntame ¿qué haces en Londres cuando no eres el perrito faldero del ministro?

Hermione estuvo a punto de lanzarle una réplica afilada, pero al mirarle, comprobó que no había rastro de malicia ni sarcasmo en su rostro y sí una expresión de auténtica curiosidad. Dado que Malfoy, a su manera, parecía estar tratando de conversar amigablemente, no pasaba nada porque hiciera caso omiso a sus burlas.

«Pero sólo por esta vez»

–Trabajo en el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas.

–¿En serio? ¿La bruja más brillante de nuestra generación ha terminado en ese agujero? –Malfoy se mostraba sinceramente perplejo– Vamos, Granger, alguien tan inteligente como tú debe saber que estás perdiendo el tiempo en ese lugar.

–¡Por supuesto que no! –ahora sí que Hermione estaba completamente indignada– Estoy intentando implementar políticas inclusivas para los licántropos: que todos tengan acceso a la poción matalobos y así poder garantizarles empleos dignos. ¡Quiero que sean ciudadanos de pleno derecho dentro de la comunidad mágica!

–Un objetivo encomiable, desde luego, pero dudo mucho que esa sea la vía más adecuada para conseguirlo –Malfoy había recuperado su habitual arrogancia, se sentaba muy derecho y la miraba con una ceja arqueada; no pudo evitar sonreír de medio lado cuando comprobó que Hermione le miraba con el ceño fruncido– Apuesto a que te pasas el día encerrada en un cubículo, redactando propuestas e informes que nadie lee.

«¿Por qué el muy maldito tiene que llevar siempre la razón?» A Hermione no dejaba de sorprenderle que, pese a lo poco que le había contado sobre su vida, Malfoy se hallaba siempre peligrosamente cerca que de la realidad.

–En serio, Granger, no me mires así –ella alzó la vista alarmada « ¿es que es tan obvio lo patética que soy?»–. Tú no tienes la culpa de que esa panda de idiotas no sepa lo genial que eres.

Al escuchar sus palabras, Hermione estuvo a punto de atragantarse con una patata frita. Abrió los ojos como platos. Malfoy carraspeó.

–Quiero decir, eres como un maldito grano en el culo, Granger, irritante, molesta, metomentodo y mandona, pero eres la persona más brillante que conozco: eres trabajadora, creativa, honesta, leal, siempre encuentras una buena solución para todo –Hermione fijó la vista en un punto del mantel, incapaz de soportar la intensidad de los ojos grises–. Cualquier jefe de departamento debería estar matándose por tenerte en tu equipo.

–Bueno, supongo que como no hagamos pronto la dichosa poción no va a quedar departamento en el que estar –se encogió de hombros y por fin se atrevió a mirarlo a los ojos.

–¿Cómo lo harías?

La inesperada pregunta de Malfoy la sorprendió.

–Si tuvieras carta blanca, si te dieran el poder para cambiar las cosas –aclaró él– ¿cómo harías para integrar a los hombres-lobo?

–Mmmmm.

Hermione se tomó el tiempo para pensar, lo cierto era que cientos de ideas se agolpaban en su cabeza, pero cuando las plasmaba en documentos nadie de su departamento parecía dispuesto a leerlas; por otra parte, cada vez que se tomaba su tiempo para explicárselas a Harry y Ron, éstos la escuchaban atentos durante un par de minutos, para después pedirle que se relajara, que debía tratar de desconectar del trabajo y separar los temas laborales de las cenas con amigos. Sin embargo, al mirar a Malfoy vio una expresión de genuino interés en él: sus facciones estaban relajadas, la observaba con atención; el contraste entre ambos lados de su rostro, las cicatrices retorcidas y la piel pálida como el mármol, le ofrecía un extraño aire enigmático, atrayente, que la impulsaba a hablar.

–Pues les garantizaría el acceso a la poción para todos; el Ministerio la financiaría, así no deberían depender de sus circunstancias económicas o sociales para acceder a un buen empleo con el que ser autosuficientes y salir del círculo vicioso. Si el Ministerio costeara la producción de la poción a gran escala, habría una gran reducción en costes y sería un proyecto mucho más viable económicamente que el modelo actual.

–Es una poción que no puede fabricarse a gran escala, Granger. El principal principio activo es el acónito, un veneno demasiado poderoso. Un pequeño error en la dosis puede ser fatal, imagínate las consecuencias en grandes cantidades de poción.

–Podrían implementarse mecanismos de control efectivos –la verdad es que discutir del asunto con Malfoy resultaba extrañamente revitalizante: una especie de desafío intelectual fascinante y exigente al mismo tiempo –. Estoy segura de que puede lograrse una producción estable con todas las medidas de seguridad necesarias.

–Tal vez, pero no conozco a nadie tan loco para asumir ese riesgo –se encogió de hombros antes de añadir–: supondría enormes desembolsos de dinero y podría implicar la pérdida de grandes cantidades de ingredientes.

–Entonces, ¿cuáles son las opciones?, ¿quedarse de brazos cruzados y no hacer nada para que las cosas cambien?

–Yo no he dicho eso, Granger –esbozó una sonrisa irónica–, simplemente que deberías encontrar a un loco para hacer que cambien.

Hermione suspiró, la conversación había llegado a un punto muerto y no se le ocurría mucho más que decir. Entonces, recordó otro asunto que llevaba días dando vueltas en su cabeza.

–¿Leíste lo de Zabini, Malfoy?

–¿Qué pasa con él? –preguntó con un tono repentinamente cortante.

–Parece que también está afectado por la maldición sensorem.

–Bueno, pues lo siento por él –no obstante, Hermione apreció en la voz de Malfoy un matiz apático e indiferente que desmentía completamente sus palabras.

–Pensaba que era tu amigo –«Ya estás metiéndote de nuevo donde no te incumbe».

–Tú lo has dicho, Granger. "Era".

–¿Ocurrió…? –Hermione sabía que no debía indagar más, sin embargo, conforme más cosas averiguaba sobre Malfoy, más le intrigaba su persona, aunque en esta ocasión no pudo terminar la pregunta porque él siguió hablando, con la voz extrañamente ronca y cargada de resentimiento.

–¿Sabes eso de las bodas? ¿eso de "en la riqueza y en la pobreza"? –se le escapó una carcajada desprovista de humor–, pues con los amigos debería ser lo mismo. Pero no. Se marcharon todos, Zabini, Theo, Pansy, hasta ese gorila de Goyle dejó de considerarme digno de su compañía. El Ministerio confiscó nuestras cámaras de Gringots, el apellido Malfoy terminó arrastrado por el barro y ellos desaparecieron, simplemente se fueron. Todos.

–Malfoy yo… –estuvo tentada a alargar el brazo para tocar su hombro, pero se lo pensó mejor y se quedó mirándolo, mordiéndose el labio.

–Menos melodramas, Granger. Tenemos trabajo que hacer –se levantó de la mesa y esperó a que ella lo siguiera. En un gesto de inusual cortesía, Malfoy sostuvo la puerta del comedor para que ella pasara primero.

Llevaban un buen rato trabajando en el laboratorio cuando la voz de él rasgó el silencio de la tarde.

–Yo les ofrecería un permiso retribuido, Granger –al ver el gesto interrogante de Hermione, aclaró– a los hombres-lobo, me refiero. Al ministerio le resultaría más rentable sufragar el permiso que el desarrollo de la poción en grandes cantidades.

–Puede ser, pero ¿por qué alguien iba a contratar a un hombre-lobo sabiendo que debe concederle un permiso de varios días al mes?

–Por incentivos fiscales, mejora de la reputación de la empresa –mientras hablaba, partió una ramita de ajenjo con los dedos– ¿yo qué sé? La filántropa aquí eres tú, Granger. No yo.

–Te equivocaste de carrera, hubieras sido un buen político, Malfoy.

Él sonrió, sin dejar de prestar atención a la ramita. Esta vez, Hermione notó que era una sonrisa de verdad.

Aquel día ambos se quedaron trabajando juntos hasta tarde, el ambiente era cómodo, apacible, sin rastros de tensión u hostilidad. De vez en cuando, la quietud se veía interrumpida por la conversación casual: hablaban de todo y de nada, temas triviales, inofensivos, nada que pudiera sacar a la luz asuntos espinosos o sombríos. Discutieron sobre libros, música, viajes –por alguna razón que Hermione no comprendía, Malfoy detestaba la playa– y cuando el reloj dio las nueve, comprobaron que el día se les había pasado en un suspiro.

–¿Te ayudo a recoger? –como normalmente Malfoy se queda trabajando solo en el laboratorio, Hermione no tenía ni idea de su rutina a final del día; se sorprendió a sí misma pensando que no le importaría pasar un poco más de tiempo con él.

–No te preocupes, Toppy suele encargarse de todo.

–Bueno, buenas noches entonces. –Hermione se detuvo un momento en el umbral de la puerta, lo justo para ver cómo Malfoy se apartaba el flequillo rubio de la frente y se volvía hacia ella.

–Que descanses, Granger –musitó.

Cuando caminaba de regreso a su cuarto, ella no pudo evitar pensar que no había sido un cumpleaños tan malo después de todo.

Una vez en su habitación, Hermione comprobó que Millie había dejado su correspondencia en una bandejita de plata sobre la mesita de noche. Se fijó en los remites: había cartas de Harry, Ginny, Ron y Lavender y lo que aparentemente era un vociferador de parte de los Weasley, pero lo que llamó su atención fue un paquete envuelto en seda verde encima de su cama. Con dedos temblorosos, comenzó a desenvolverlo, para descubrir un libro de aspecto bastante antiguo. Al abrir la primera página leyó

Jane Eyre, 1848.

«¡Merlín! ¡Alguien le había regalado una primera edición de Jane Eyre!»

Entre las páginas, había una nota escrita en tinta esmeralda: después de semanas intercambiando notas y apuntes, Hermione habría reconocido la caligrafía, pulcra y elegante, entre miles.

Tengo entendido que es una cursilería muggle bastante famosa, pero dado tus espantosos gustos literarios, estoy seguro de que te va a encantar.

DM

PD: Una chica bastante sabelotodo y marisabidilla encerrada en una lúgubre mansión con un tipo atormentado ¿qué puede salir mal?

PD PD: Feliz cumpleaños

Sí, definitivamente, después de todo aquel cumpleaños no había estado nada mal.


N/A: Y hasta aquí hemos llegado por hoy ¿qué os ha parecido? Ya sabéis que me encanta leer que opináis, así que los reviews son más que bienvenidos.

El próximo capítulo será íntegro POV de Draco, trataré de tenerlo el próximo viernes o si no, al siguiente. (Publicaré anuncios, adelantos, etc. en mi página de FB -modo spam off).

Y nada más, que paséis muy buen fin de semana y os cuidéis mucho en estos tiempos que corren.