Advertencia: Para la parte especial de GingaXCinque, recomiendo que escuchen la canción de Alexandre Pires "Quitémonos la ropa". Es la que yo estaba escuchando en esos momentos y me sirvió de inspiración XD


Capítulo 13

Nanoha no podía dar crédito a lo que oía. ¿Fate estaba en comisaría? ¿Qué parte de "no te metas en problemas" no había entendido? Empezó a preguntarse si la rubia había sido así de impulsiva desde que se marchó de Uminari, o, por el contrario, ha sido todo a raíz de que ella llegara. Suspiró. Ginga la estaba poniendo al tanto mientras iban en el auto, omitiendo el dato que hizo que Fate estallara de esa manera. Antes de explicarle eso a Nanoha, debía hablar con Fate y explicarle a ella el motivo que la llevo a esa situación. Suspiró. Llamó a Leti Lowran para pedirle que enviara las grabaciones del hotel a la comisaría lo antes posible para ayudar a Fate a salir de allí. Al llegar a comisaría, Nanoha esperó mientras Ginga prestaba declaración a los agentes y explicaba la grabación en su móvil y las imágenes que había enviado Leti. Tras horas declarando y explicando todo detalladamente, salió de la sala y se dirigió hacia la cobriza, quien se encontraba algo desesperada por no saber nada. Ahora sería el turno de Fate de declarar, y, por suerte, contaría con las imágenes que la exculparían de todo. Pasaron otro par de horas cuando por fin Fate salió libre de allí.

- ¡Fate-chan! –gritó la cobriza poniéndose en pie para abrazarla.

- Hola, Nanoha. –le devolvió el abrazo– Te he echado de menos. –inspiró el aroma de su cabello haciéndola sonrojar.

- Ni te pienses que te vas a salvar de la regañina que te espera cuando lleguemos a casa. –le dijo seria mientras se separaba del abrazo.

- … –tragó pesado y la miró con terror para luego mirar a su pelimorada amiga, quien reía– Ginga… ¿estás bien?

- Sí, Fate. Estoy muy bien. –le sonrió y le dio un apretado abrazo que fue correspondido– Vámonos a casa. –les dijo a ambas, quienes asintieron.

Las tres volvieron al apartamento que compartían y fue allí donde les explicó a las dos todo lo que había pasado desde que Scaglietti llegó en la madrugada y el motivo por el que decidió llevar a cabo ese arriesgado plan.

- No debiste hacerlo, Ginga. –habló la oji borgoña– ¿Y si no hubiese llegado a tiempo?

- Sabía que no tardarías en llegar. Scaglietti nos ha estado molestando mucho y sé que no te has podido sacar el asunto de la cabeza. Sabía que no serías capaz de quedarte tranquila en casa, aunque Nanoha pusiera todo su empeño.

- Es una obstinada… –dijo la cobriza suspirando haciendo reír a la pelimorada y abochornando a la oji borgoña– Y por todos los cielos, Fate Testarossa, ¿qué parte de "no te metas en problemas" no entendiste?

- Yo... yo… –se puso nerviosa ante la mirada de la oji lavanda– Lo siento, Nanoha. Actué impulsivamente. Cuando vi a Scaglietti acariciando de esa forma la pierna y mejilla de Ginga, me cegué. No iba a permitir que abusara de ella, aunque eso significase meterme en problemas. Sabes que Ginga es muy importante para mí. –la cobriza asintió– Y que se expusiese de esa manera… –apretó los puños.

- Fate. –la llamó mientras posaba su mano sobre su puño– Ya ha pasado todo y podemos seguir trabajando en nuestro hotel. –sonrió– Y ¿sabéis en lo que he estado pensando? –ambas la miraron con una ceja enarcada– Bueno, Nanoha-san va a abrir una pastelería, ¿no es así? –la cobriza asintió– ¿Qué te parece si te haces cargo de los postres del hotel? –la rubia abrió los ojos como platos– Ya sabemos que sus postres están muy deliciosos. Todos saldríamos ganando. Podríamos recomendar a nuestros clientes que fuesen a comprar sus postres en su pastelería una vez que los prueben en nuestro hotel. Quedarán tan encantados que estoy segura de que podríamos hacerle un poco de publicidad.

- ¡Ginga-san! –gritó la cobriza saltando de su asiento para abrazarla– ¡Me encanta esa idea! Fate-chan… –la vio con mirada de cachorrito– ¿Es eso posible? –la rubia asintió.

- Hablaremos con Leti Lowran. –sonrió– Ahora deberíamos de descansar un poco. Ha sido una noche demasiado intensa. –tendió una mano hacia la cobriza– ¿Me acompañas, Nanoha? –le sonrió.

- … –asintió ruborizada mientras tomaba su mano.

- Yo iré al hospital. –la cobriza y la rubia la miraron preocupadas– Tranquilas. Estoy bien. Sólo iré a ver a Cinque y contarle que ya ha acabado todo. –las chicas suspiraron aliviadas, aunque la rubia hizo el intento de hablar, siendo detenida por la oji esmeralda– No, Fate. No tienes que acompañarme. –la oji borgoña se rascó la nuca– Descansad. Nos vemos más tarde. –le dio un beso en la mejilla a cada una y se marchó.

Fate y Nanoha se dieron un baño juntas para relajarse y después se tumbaron en la cama, esta vez sí, para dormir sin hacer travesuras. No por falta de ganas, pero la rubia estaba demasiado cansada para una nueva ronda. Necesitaba descansar. Necesitaba recuperar toda su energía física y mental que se había llevado Scaglietti desde que apareció en el hotel. Una vez que recargase toda esa energía, hablaría por fin con Nanoha para preguntarle qué es lo que quiere para un futuro juntas. Fate abrazó a la cobriza y así se quedaron rápidamente dormidas hasta la hora del almuerzo.

Ginga caminó lentamente por los pasillos del hospital en busca de la habitación correcta. Cuando la encontró, se posicionó delante y tocó dos veces. Esperó a oír el permiso, pero no llegó. Escuchó unos pasos tras de ella, se volteó a ver de quién se trataba y vio a una peligris agotada.

- Ginga… –susurró– ¿Qué haces aquí? –le preguntó sorprendida.

- He venido a buscarte. –le sonrió– Tenemos que hablar. –la de ojos color miel asintió– Ven conmigo. –la tomó de la mano y la jaló al exterior donde se sentaron en una pequeña zona verde bajo un árbol sin soltarse.

- ¿Cómo estás? –le preguntó una vez sentadas.

- Feliz. –entrelazó sus dedos con los de ella– ¿Cómo estás tú?

- Si tú estás feliz, yo también. –le sonrió y besó su mano– Estaba preocupada por ti. –dijo con algo de tristeza aún en sus ojos– Me alegro de que estés bien. –le sonrió otra vez y un pequeño silencio apareció.

- Quiero explicarte, ahora sí, todo lo que ha pasado en el hotel. –rompió el silencio– Desde que volvimos de Uminari, tu padre nos ha dado muchos quebraderos de cabeza. –la de ojos color miel frunció el ceño– Sabía que habíamos ido allí, juntas. –la miró a los ojos– Nos hizo fotos donde salimos abrazadas o tomadas de las manos. –la peligris abrió los ojos en sorpresa– La acompañé a su hogar en nochebuena porque sus madres pensaban que yo era su pareja. Está de más recordarte que Fate y yo somos muy buenas amigas, ¿verdad? –dijo haciendo reír a su compañera– Ella es mi mejor amiga. Haría cualquier cosa por ella al igual que ella lo haría por mí. Nos conocemos desde que éramos unas niñas. Desde que se mudó conmigo, hemos sido inseparables. Siempre hemos estado juntas. Trabajamos y vivimos juntas. Era obvio que iríamos de vacaciones a ver a nuestras familias, juntas. Lo cierto es que me enfadé mucho con ella cuando me dijo que trabajaría en tu hotel. –rió un poco– Pero ahora me alegro tanto de que lo hiciera… –la miró con total cariño haciendo ruborizar a la peligris– Jail sacó sus propias conclusiones sobre esas fotos. Fue ahí donde empezó todo. Él tuvo una reunión con Fate en la que le dijo que yo estaba despedida. –la de ojos miel abrió los ojos en sorpresa– Fate se enfadó mucho y le rebatió todo el tiempo, así que me llamó para reunirme con ellos. Me enseñó las fotos y me dijo que, como Fate no estaba de acuerdo con mi despido, tendríamos que hablarlo entre nosotras y decidir quién se iría. La respuesta de Fate fue "vete al infierno" y un fuerte puño en la cara.

- Ahora entiendo por qué está tan maltratado. –ambas rieron– Se lo merece. Yo hubiese actuado igual. La entiendo muy bien. Es mi padre, pero tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Ginga, y no voy a permitir que nadie, absolutamente nadie, te haga daño.

- Gracias… –le susurró tras darle un corto beso.

- ¿Qué pasó después?

- Fate se reunió con Leti Lowran para intentar buscar una solución. Estuvo todo el día en Fira reunida con ella. Volvió justo antes de yo salir para cubrir mi turno. Jail sabía que yo estaría allí sola y que Fate no tardaría en llegar, así que me llevó a la oficina para hablar. Activé la grabadora en el móvil y grabé nuestra conversación. Me dijo que, tanto Fate como yo, estábamos despedidas, a menos que yo hiciera algo para salvar el puesto de Fate… –la peligris se tensó– Me dijo que, si me acostaba con él, perdonaría que lo hubiese golpeado y le permitiría seguir trabajando, así que "acepté". –hizo el gesto de las comillas con las manos– Acepté porque sabía que Fate llegaría en cualquier momento y no pasaría nada. Sólo pasó lo que visteis. Sólo acarició un poco mi pierna y mi mejilla. Nada más.

- ¿Y si Fate no hubiese llegado a tiempo? –cerró las manos en forma de puños.

- Lo habría hecho. Fate siempre llega en el momento perfecto. Créeme. Tenía confianza en que esta vez no sería diferente. –sonrió tranquilizando a su compañera– Y eso es todo, Cinque. –ambas suspiraron a la vez– Y ahora… –se puso en pie y miró a la peligris– ¿Qué quieres hacer?

Cinque se puso en pie, tomó la mano de Ginga, entrelazó sus dedos y caminó hacia el auto de la pelimorada para ir a almorzar. Pasaron un rato agradable. Después de eso, Ginga le enseñó un poco la ciudad a Cinque. Le enseñó los lugares más bonitos antes de llevarla de vuelta a un apartamento que la peligris había rentado. Una vez que llegaron, la invitó a pasar para mostrárselo.

- Renté este apartamento porque no sabía muy bien qué hacer. –se rascó la nuca– Sólo quería encontrarte. –suspiró– Ya te lo he dicho, Ginga. –se acercó y la tomó por la cintura mirándola a los ojos– Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Te amo. Quiero estar contigo siempre. Quiero ser quien te cuide, quien te bese y haga el amor cada noche, pero no quiero presionar... –no pudo terminar la oración porque la pelimorada le robó un beso.

- No me presionas. Yo también quiero lo mismo. –ambas sonrieron.

(Canción de Alexandre Pires)

Cinque pulsó un botón y empezó a sonar una música. Tomó a su compañera de la cintura de nuevo y comenzó a bailar con ella hasta que empezó a sonar el estribillo de la canción, donde comenzó a acariciar lentamente su cuerpo, le robaba algunos besos y se quitaban algunas prendas de ropa. Entre bailes, la peligris guio a la pelimorada hacia el dormitorio donde la tumbó en la cama y lentamente siguió acariciando, besando y marcando su piel expuesta haciéndola suya. Ginga no dejaba de suspirar mientras sentía como la recorría por entero. Amaba a esa mujer. La de ojos color miel la miró con profundo amor y pasión. Quería hacerle el amor a esa preciosa mujer de ojos esmeralda que estaba debajo de ella. Quería hacerle saber que nunca se iría y que se quedaría con ella hasta el fin de los días o hasta que ella quisiese. Quería, no, deseaba hacerla feliz. Deseaba verla sonreír. Esa sonrisa que enamoraba y que la hacía sentir millones de mariposas en el estómago cada vez que la mostraba. Le dio un lento beso donde la pelimorada pudo apreciar todas las emociones que sentía su novia, porque, aunque no lo habían dicho, con la confesión de la peligris se dedujo que lo eran a partir de ahora. La oji esmeralda le devolvió el beso intentando transmitirle también todos sus sentimientos, subiendo poco a poco la intensidad hasta que sus lenguas se entrelazaron y empezaron a danzar. Cinque rompió el beso e hizo un recorrido con su boca desde su mejilla hasta su cuello y clavícula haciéndola erizar su piel. Siguió haciendo un recorrido hasta llegar a uno de sus pezones, que empezó a lamer y succionar. La oji esmeralda sujetó su cabeza para que no se separase de allí. Comenzó a jadear su nombre en cada caricia y beso que recibía de su amada mientras ella arañaba la espalda de ésta. Tras haberle dado la atención merecida a los pechos de la pelimorada, siguió con su camino de besos hacia su abdomen plano hasta quitar la última prenda que quedaba. La peligris comenzó a lamer aquella parte íntima que tan húmeda estaba ya. Con cada roce de su lengua, Ginga gemía más y más fuerte. La de ojos color miel no quiso esperar más e introdujo uno de sus dedos en aquel lugar húmedo y cálido y esperó a que su novia se repusiera del pequeño dolor para después empezar con un vaivén lento que se fue volviendo más intenso, al igual que los gemidos de esa bella mujer que gritó su nombre al llegar al orgasmo. Tras reponerse de esa oleada de placer, la pelimorada quería hacer disfrutar a la peligris también, así que le quitó la última prenda que tapaba aquella parte íntima que ella ansiaba ver, tocar y probar. Ginga se colocó sobre Cinque y estuvo admirando el hermoso cuerpo de su novia durante unos segundos, haciendo que ésta se ruborizara, antes de besarla apasionadamente mientras masajeaba sus pechos. Cuando sus pezones estaban duros y erectos, bajó su boca hacia ellos y les prestó la atención que se merecían mientras que con sus manos acariciaba su firme abdomen y seguía bajando hasta su húmeda entrepierna. Sin esperar más, la penetró lentamente provocando que la de ojos color miel arqueara la espalda y soltara un gemido de dolor y placer. Ginga volvió a besar y succionar el cuello de Cinque mientras con una mano acariciaba uno de sus pechos y con la otra le hacía el amor. El cuello era el punto débil de la peligris y la pelimorada lo acababa de descubrir. La oji esmeralda subió la intensidad y no paró hasta que su pareja llegó al orgasmo. Ambas cayeron exhaustas en la cama una al lado de la otra, riendo.

- ¡Wow! –habló aún respirando agitadamente la peligirs– Eso ha sido…

- Fantástico. –acabó por ella la pelimorada– Tenemos que repetirlo más veces. –le dijo mirándola con una sonrisa.

- Todas las que quieras, mi amor. –le dijo ya más calmada y subiéndose encima nuevamente.

- Me gusta cuando me dices mi amor… –mordió su labio inferior mientras arañaba la espalda para tentarla a que volviera a hacerle el amor.

- Mi amor, eres muy juguetona… –dijo con una sonrisa traviesa antes de besarla apasionadamente y volver a otra ronda de pasión.

Nanoha se despertó antes que Fate. Suavemente, se separó de su abrazo y se levantó. Se cambió de ropa y volvió a la habitación para ver a la rubia dormir plácidamente. Salió de la habitación y se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua. Miró el reloj. Suspiró. Dejó una nota y se marchó. Era hora de encontrar el local perfecto para la pastelería. El nuevo Midori. Sonrió y caminó hacia varios locales.

Fate despertó al no sentir la calidez de Nanoha. Abrió los ojos lentamente, y al comprobar que la cobriza no estaba, se incorporó abruptamente. Se refregó las manos por la cara para espabilar un poco y se levantó de la cama. Salió de la habitación y se preocupó al ver que ni Ginga ni Nanoha estaban en la casa. Iba a marcar a la cobriza cuando vio la nota en la barra de la cocina. Suspiró. Volvió a la habitación, se cambió de ropa, tomó las llaves del auto y se marchó. Llamó a Nanoha para saber dónde se encontraba, y tras recibir las indicaciones de lo que veía la cobriza, supo rápidamente dónde estaba. Puso rumbo hasta allí. Al llegar, se encontró a la oji lavanda hablando con una señora castaña.

- Nanoha. –la llamó sobresaltándose la nombrada.

- Fate-chan. –le sonrió– Déjame presentarte a…

- Buenas tardes, Linith. –hizo una pequeña reverencia.

- Buenas tardes, Fate. –le dijo la señora con una sonrisa y desordenando sus cabellos como si fuese una niña.

- ¿Se conocen? –preguntaba la cobriza sorprendida.

- Sí. Linith tiene una residencia de estudiantes, que es donde Ginga vivía mientras estudiaba. Ella me acogió a pesar de no ser estudiante y me dio un hogar. Hasta que empecé a trabajar en el hotel, la ayudé a llevar la residencia. Era mi forma de pagarle por darme una cama y comida caliente. Se convirtió en una madre para mí. –habló la rubia con cariño.

- Fate ha sido una niña muy buena. La quiero como a una hija. –miró hacia la cobriza– Es un buen partido, créeme. –le susurró.

- ¡Linith! –gritó la rubia ruborizada cubriéndose la cara.

- Lo sé, Linith-san. –habló la cobriza con cariño.

- Entonces, ¿te gustaría alquilar mi local?

- Nanoha, ¿quieres alquilar el local de Linith?

- Sí. Me encantaría alquilar su local. Es muy parecido al local de mis padres en Uminari. Desprende un sentimiento muy cálido. –se llevó la mano a la altura del corazón– Es justo lo que estoy buscando.

- Pues no se diga más. Es todo tuyo. Si necesitas ayuda, no dudes en decírmelo.

- Gracias, Linith-san. –dijo feliz.

Las tres entraron en el local para firmar el contrato y para que Nanoha les contase sobre los planes de su negocio en ese local. Linith estaba encantada con la idea que había tenido Nanoha. Estuvieron hablando por largo y tendido hasta que llegó la hora de marcharse. Fate llevó en su auto a la castaña a su hogar y, después de despedirse, puso rumbo hacia el hotel para hablar con Leti Lowran. Dejó el coche en el parking, tomó la mano de Nanoha y entró. No había nadie en recepción, así que fue directa a su oficina. Tocó la puerta y dejó pasar primero a la cobriza una vez que escuchó el permiso.

- Buenas noches, Fate. –saludó la pelimorada– Buenas noches, eh… –miró a la oji lavanda.

- Nanoha, Takamachi Nanoha. Buenas noches. –hizo una pequeña reverencia.

- Buenas noches, Leti. Ella viene conmigo. –la de ojos grises asintió y les hizo señas para que tomaran asiento– Menudo ajetreo hubo en este hotel… –suspiró cansada– ¿Cómo está la señorita Nakajima?

- Está bien. Estará bien. –sonrió la oji borgoña– Ginga fue muy valiente haciendo lo que hizo. Gracias a ella, hemos podido quitarnos a Scaglietti de encima.

- Sí. En esta cadena de hoteles, las cosas se mueven muy rápido, Fate… Tras el escándalo, el comité ya ha destituido a Jail y ha nombrado a un nuevo presidente… Yo. –la rubia abrió los ojos en sorpresa– A partir de ahora, seré yo quien se encargue de todos los hoteles del mundo. Toda la responsabilidad recaerá sobre mí. No he podido negarme ya que ha sido una votación entre los accionistas. Dicho esto, tengo que decirte que, siendo consciente de todo el esfuerzo y dedicación hacia tu trabajo, quiero que te encargues de todos los hoteles de nuestra isla. –la cobriza y la rubia se sorprendieron– Harás el trabajo que yo he estado haciendo hasta ahora, además de que te daré total libertad para tomar las decisiones que estimes oportunas sin consultarlas conmigo. Tendrás mi aprobación para todo lo que hagas. Estás más que capacitada para hacerlo. Confío plenamente en tu criterio y sé que harás siempre lo correcto. Además, quiero agradecerte todo lo que hiciste por mi hijo, así que, por favor, no me des una respuesta ahora y piénsalo.

- Y si acepto, ¿qué pasará con este hotel?

- Bueno, sería responsabilidad tuya. Puedes despedir y contratar a quien quieras. –miró a la cobriza– O ascender a quien creas oportuno. –le dedicó una sonrisa cómplice– Sé que tomarás la decisión correcta, Fate.

- Bien. En ese caso, nos retiramos, Leti. Llevaré a Nanoha al apartamento y volveré para hacerme cargo de mis funciones mientras me decido sobre tu oferta. –se puso en pie seguida de la cobriza.

Ambas salieron del hotel y subieron al auto para marcharse. El camino se hizo en un cómodo silencio. Fate quería hablar con Nanoha y pedirle su opinión al respecto, pero esperaría a llegar a casa. En lugar de ir al apartamento, fueron a una playa por la que Fate paseaba a diario. Al bajar del auto, tomó su mano y la guio hacia la arena. Le pidió que se quitara los zapatos y caminaron. La cobriza se abrazó a la cintura de la rubia cuando sintió el frío recorrer todo su cuerpo.

- Lo siento, Nanoha. –dijo avergonzada la oji borgoña– Nunca recuerdo que a las personas no les gusta el frío como a mí. –la cobriza negó.

- Estoy bien, Fate-chan. –la rubia la apretó un poco más contra ella– ¿Por qué hemos venido aquí?

- Verás, Nanoha. Esta playa significa mucho para mí. –se detuvo y abrazó a la oji lavanda de frente– Cuando dejé Uminari hace cuatro años, esta playa se convirtió en mi refugio. Aquí venía a desahogarme. Me gusta observar la puesta de sol porque los colores rojizos me recordaban a tu cabello. –la cobriza se ruborizó– Te he traído aquí porque quiero decirte, confesarte, que, pase lo que pase, cuentas y contarás con mi apoyo siempre. Te amo tanto que lo dejaría todo por ti. Si me dices que quieres volver a Uminari, me iré contigo. Volveremos juntas. Ahora mi hogar está donde estés tú. –le acarició la mejilla– Quiero estar siempre contigo, por eso… –se hincó de rodillas– Nanoha, ¿quisieras aceptarme como tu novia, prometida y futura esposa?


Hasta aquí el capítulo 13. Ya sólo queda un capítulo para terminar esta historia...

¿Aceptará Fate la proposición de Leti? ¿Le dirá Nanoha a Fate que sí? ¿Fate le pedirá a Nanoha que trabaje en el hotel? ¿Qué hará Cinque a partir de ahora? En el capítulo final se responderá a todo...

Por último, pero no menos importante, GRACIAS a los que seguís leyendo esta historia.


*Saizoh: Wendy, inocentemente, mantenía informada a su novia Dieci, sin saber que ésta se lo contaba a su padre. Las dos fueron engañadas por Jail para este conseguir deshacerse de Ginga y quedarse así con Fate... Ella era su objetivo. Ella a era a la que quería conseguir...

No es que fuese a violar a Ginga, ella se iba a dejar para así proteger a Fate. Jail sabía que no conseguiría a Fate, así que quiso arrebatarle a la persona, que según él, más amaba sobre la faz de la tierra.

Por cierto, espero que hayas leído lentamente la parte lemon de GingaXCinque... Espero también que te haya gustado. Esa parte en especial va dedicada a ti por estar siempre ahí. Es mi regalo.