Esa semana Harry tenía a los niños, no tan niños, con él y atesoraba cada momento con ellos en casa. Incluso cuando ninguno de los tres quisiese realmente pasar la tarde con él, pero lo entendía. Eran adolescentes. Estaban en la edad en que era mucho más divertido estar todo el día con amigos o haciendo cualquier otra cosa que no involucrase a los padres.

Tampoco es que no hicieran nada juntos, porque seguían desvelándose con alguna película de terror o haciendo bromas durante el almuerzo o comiendo helado en la terraza cuando estaba demasiado caluroso el día.

A Harry solo le importaba no perderse esas etapas de sus vidas, porque ya estando los chicos en Hogwarts se perdía demasiado. Cada año que volvían había algo distinto en ellos que Harry descubría conforme transcurrían los días.

Por ejemplo, esa semana había notado que Lily había estado particularmente callada, e incluso la descubrió llorando un par de veces. Imaginó que Ginny sabía algo al respecto cuando estuvieron con ella los primeros días de vacaciones, pero se equivocaba. Sin embargo, y luego de insistir un poco sin dejar de darle su espacio, su hija le confesó que la razón por la que se encontraba así era porque había tenido su primera decepción amorosa. Claro, él hubiese preferido que ocurriera cuando fuese un par de años mayor, pero no podía hacer nada más que intentar animarla. Eso, y hacer lo posible por sonsacarle el nombre del niñato y así poder lanzarle un par de hechizos que lo mantendrían con picazón por todo un mes, pero Lily ya había intuido que él intentaría algo así, por lo que se rehusaba a revelar la identidad del infeliz.

En ese minuto, su hija, su sobrino y él se encontraban en la cocina. Lily, un poco más animada, y Hugo lo ponían al día de lo que habían vivido ese año en Hogwarts mientras que él preparaba pizza para cenar.

Fueron las estruendosas risas que se oían en el piso de arriba lo que hicieron que Harry decidiera ir a echar un vistazo.

—Iré a preguntarle a Albus y a Scorpius si bajarán a cenar ¿bien? -les dice, luego de que Hugo terminara su anécdota de la vez que le dijo sin querer papá al profesor de Defensas Contra Las Artes Oscuras, que resultó ser Krum, y que no solo se ganó las burlas de sus compañeros, sino que también un castigo totalmente estúpido de su padre cuando le contó lo ocurrido. —Es turno de ustedes de terminar esto. Agreguen los ingredientes que faltan y ya bajo.

—Si James está donde su novia ¿Puedo, entonces, agregarle queso extra? -pregunta la chica —No tendremos a nadie quejándose por su intolerancia a la lactosa.

—Agrégale lo que quieras, cariño.

Harry entonces sale de la cocina con dirección a la habitación de su hijo. A mitad de las escaleras, no solo oye las risas sino que también un poco de música y el rumor de una conversación, que imaginaba, debía de ser muy chistosa. Con suerte, podría convencerlos de que bajasen con él y hicieran que Lily se distrajese un poco.

—Al, Scorp -llama a la puerta, pero pasado un par de minutos y sin que nadie le respondiera decide abrir. Lo primero que recibe al entrar es una espesa cortina de humo que llena la habitación y le hace entrecerrar los ojos, a pesar del cristal de sus gafas.

Frunciendo el ceño, agita una mano frente a sus ojos para ver con mayor claridad y se encuentra a Albus sentado en el suelo con las piernas cruzadas y a Scorpius recostado sobre la cama con los pies en alto y afirmados sobre la pared. Cada uno con un enorme cigarrillo y un montón de botellas vacías de cerveza muggle repartidas por toda la habitación.

Cuando se dan cuenta de su presencia, Albus empuja sin querer una carísima botella de whisky de fuego, la cual juraba estaba en su despacho, y Scorpius se incorpora de golpe. Los dos, con los ojos tan rojos por la hierba, intercambian una mirada antes de esconder, inútilmente, los cigarrillos.

—¿Y esto?

—No es lo usted cree, señor Potter -se apresura por decir Scorpius, con voz rasposa, adoptando una sonrisa angelical.

—¿Qué se supone que creo? -pregunta cruzándose de brazos.

Ambos chicos balbucean un instante buscando una buena excusa, pero al no encontrar ninguna, es Albus quien se aclara la garganta y habla luego de toser.

—La hemos tomado del cuarto de James -explica. —El plan sólo era esconderla ¿Verdad, Scorp? Pero una cosa ha llevado a la otra y bueno…

—¿Y las cervezas? ¿Qué hay del whisky?

—Teníamos sed -responde —¿Sabías que duele tanto la garganta con esto? -agrega, levantando un porro demasiado grande para cualquiera.

—Oh, y como en esta casa no tenemos agua y solo hay cerveza…

—Señor Potter, no se enoje, solo queríamos probarla ¿si? En Hogwarts es imposible conseguirla y James no le comparte nada a Albus -agrega el pequeño Malfoy, disculpándose tan dulcemente que Harry está a punto de revolver su cabello y decir que olviden el asunto. Pero decide que lo mejor es mantenerse firme.

—Entiendo la curiosidad, pero esa cantidad que tienen ahí, chicos, es demasiado. Al igual que las cervezas. -dice, tajante. Después sus ojos se posan en la botella volcada que había dejado caer su hijo y suspira —Y el whisky de fuego… eso será descontado de tu mesada, Al.

—¿Qué? -suelta en un quejido.

—Tranquilo, Al, yo te lo devuelvo -le dice Scorp en un "susurro", guiñándole un ojo.

—Nada de eso, Scorpius, hablaré con tu padre.

El chico lo mira como si lo hubiese reprendido cruelmente.

—¿A papá? No, Señor Potter. Si le dice a mi padre no me comprará la escoba que prometió.

—Lo siento, Scorp, pero es mi responsabilidad informarle sobre lo ocurrido.

—No sea tan auror, señor Potter -le dice con un puchero.

—No me han dejado opción. Es demasiado lo que tienen ahí, no puedo dejarlo pasar.

—Pero, papá -interrumpe su hijo, adoptando una expresión de pura seriedad. —Si estás enojado por la cantidad de hierba… entonces ¿No sería culpa de James? Es de él. -razona el menor.

—Él igual tendrá su sermón, pero ahora no está aquí.

—Señor Potter, y si lo piensa bien, esto estaba prácticamente a nuestro alcance -comenta Scorpius, adoptando la misma expresión de Albus, apuntando hacia los restos de hierba que había sobre una pequeña mesita —¿Tenemos la culpa de que James haya dejado a disposición de cualquiera sus pertenencias? ¿Y puede culparnos de querer probar algo que encontramos, digamos que, por casualidad?

—Y las cervezas con el whisky ¿No deberían estar bajo protección en una casa llena de menores de edad? -continúa Albus.

—Oh, vamos, no voy a caer en esa lógica retorcida que tienen a favor de ustedes.

—No sé de que hablas, papá.

Harry no responde. Agita la varita y de un segundo a otro toda la hierba y lo que quedaba de su whisky de fuego, llegan a sus manos. Un segundo movimiento de varita logra que ambos chicos se estremezcan, aun cuando desconocen el conjuro.

—Vamos, chicos ¿No creen que esas pobres botellas no tienen la culpa de estar desparramadas en cualquier lado de esta sucia habitación? ¿Y será mi culpa ser auror y saber de ciertos hechizos que anulan cualquier intento de magia en un lugar cerrado? -se burla —Ahora, ordenen. -agrega sonriendo. —Luego, bajan porque estamos haciendo pizza con Lily y Hugo. ¿Quieren alguna en especial?

—Oh, no, cualquiera está bien -dice Albus.

—¿Y tendremos helado después?

—Claro, Scorp.

Harry cierra la puerta tras él y se aleja de la habitación temiendo haber sido demasiado duro con los chicos. Ingresa a su despacho, se sienta frente su escritorio y toma entre sus manos una pluma y un trozo de pergamino, pero duda un segundo antes de escribir.

Albus y Scorp solo tenían curiosidad. En parte era un alivio que la saciaran en casa, donde estaban seguros. Pero, por otra parte, no quería alentarlos a que continuaran manteniendo esa conducta. Y no bromeaba cuando decía que tenía que comunicárselo a Malfoy. Si la situación hubiese ocurrido en casa del antiguo Slytherin, se hubiese molestado mucho de que éste no se lo informara. Es su derecho estar al tanto, sobre todo cuando le hubo confiado a su hijo bajo su cuidado.

Finalmente, escribe;

"Malfoy, lamento informarte de esto por medio de una carta, pero no se si te encuentras en tu casa para hablar por red flú. En fin, he sorprendido a Albus y a Scorpius ebrios y ligeramente drogados. Nada grave, solo un poco de hierba que he confiscado. Creí que necesitabas saberlo. Por favor, no te molestes tanto con los chicos, ya los he sermoneado. Disculpa mi descuido. Me encargaré de que no haya más hierba en nuestra casa.

Que tengas unas buenas noches,

Harry"

Enrolla el pergamino, lo ata a la pata de su lechuza y vuelve a la cocina. Para su sorpresa, su hijo y Scorp ya estaban ahí reunidos con Lily y Hugo, quienes se burlaban de los movimientos torpes de ambos.

Cuando está sacando las pizzas del horno, una enorme lechuza entra veloz por la ventana de la cocina y vuelta hasta él.

Harry desenreda el pergamino que tenía atado en la pata y lee.

"Potter; mantén abierta la red flu que conecta mi casa con la tuya. Voy para allá en cuanto termine el trabajo que estoy haciendo.

-Draco Malfoy"

Veinte minutos después, las protecciones de la casa advierten sobre la llegada del rubio.

—Tenemos invitados, chicos. -anuncia, antes de incorporarse para ir a recibir al visitante.

Al entrar a la sala, se encuentra a Draco Malfoy saliendo de la chimenea.

Algo que había notado Harry desde que las visitas de Malfoy comenzaron a ser poco más frecuente, es que no importa desde que chimenea saliese Malfoy, nunca tenía ni un solo rastro de hollín e iba perfectamente peinado, como si simplemente hubiese utilizado la aparición.

—Malfoy -lo saluda.

—Potter -responde, girándose hacia él —Estaba en una reunión y… ¿Es cierto lo que dice tu carta? Me ha costado tiempo entender tu letra, por cierto. ¿Nunca practicaste caligrafía de pequeño?

Harry resopla. Ni cinco minutos, y ya lo medio insultaba.

—Disculpa. Para la próxima haré que alguien la escriba por mí -dice sarcástico. Malfoy rueda los ojos.

—Deberías. -El rubio se alisa la túnica antes de continuar —¿Y bien? ¿Dónde está Scorpius?

—Ven -le indica caminando de vuelta hacia la cocina —Estamos comiendo pizza.

—Me dijiste que los habías reprendido y ahora ¿Los consuelas con pizza?

Harry no responde porque justo en ese momento entran a la cocina. Todos los chicos se giran hacia ellos, interesados en quién lo acompañaba.

—Padre ¿Qué haces aquí? -pregunta el pequeño de los Malfoy a penas sus ojos se posan sobre él.

—Veo que estás feliz de verme -le responde el mayor, con las cejas en alto—Vengo a buscarte. Me ha llegado el rumor de que ahora te drogas.

—¿Eso te han dicho? -pregunta, haciéndose el desentendido.

—Señor Malfoy, mi padre ya nos ha reprendido. -salta Albus en su defensa.

—Me temo, Al, que tu padre nunca ha buscado esa palabra en el diccionario.

—No sé si te está insultando o sólo bromea -comenta Lily, mirando pensativa de Harry hacia Draco. Malfoy sonríe.

—Tranquila, Lily, solo bromeo. -le asegura el mayor.

Harry interrumpe.

—Querida, no quieres ver a Malfoy molesto. Te insulta hasta volverse un hurón.

El rubio se gira dedicándole una mirada de pocos amigos mientras los pequeños hacen un enorme esfuerzo para no reírse.

—No empieces con tus aburridas bromas, Potter -se vuelve a su hijo —No ahora que tengo que lidiar con el drogadicto de mi hijo.

—No exageres, papá -murmura entre dientes.

—Malfoy, esto no se repetirá. Ya de dije que aseguraré de que así sea -promete Harry.

—Claro, o seré yo mismo el que te denuncie. -declara el rubio —Por posesión y distribución de drogas a menores de edad. Ya te digo. Los tengo a ellos de testigo. -agrega, apuntando a Lily y a Hugo.

—Si mi padre se va a la cárcel ¿Me puedo ir a vivir con ustedes, Señor Malfoy? -pregunta el pequeño Potter.

Harry lo mira ofendido, llevándose una mano hacia el corazón como si le doliera.

—No puedo creer que ni siquiera intentes defenderme, Albus. -reclama.

—Si no hubieses acusado a Scorp con su padre, nada de esto estaría pasando, papá. -le responde el menor, encogiéndose de hombros como si fuese algo obvio.

Harry entrecierra los ojos y lo apunta con un dedo acusador.

—Te estás buscando que le pida consejos a Malfoy sobre tus castigos. -advierte.

—Para empezar -comenta el aludido. —No les habría dado pizza.

—Eso no es justo, pues nosotros no hicimos nada -salta su sobrino, Hugo. Un chico menudo y tan pelirrojo como cualquiera de los Weasley, pero inusualmente tímido, como nadie en esa familia.

—Tú y Lily se quedarían con las porciones de ellos dos. -explica Draco.

—Me gusta la idea. -asiente Lily, satisfecha.

—¿Por qué eres tan dramático, papá? -le reprocha Scorpius a su padre —Es sólo marihuana.

—No me importa lo que sea. -Draco le dedica una mirada severa que a Harry le recuerda vagamente a la del profesor Snape. —¿Cómo la consiguieron, por cierto?

—Se la sacamos a James. -explica.

Draco sube ambas cejas.

—No solo eres drogadicto, sino que también ladrón. ¿Qué clase de hijo he criado?

Scorpius rueda los ojos, exasperado.

—Padre ¿Es en serio que me vienes a buscar para ir a casa?

—¿Te parece que estoy para bromas?

Scorpius va a replicar, pero titubea un instante, como si no estuviese seguro de qué decir.

—¿No? -prueba.

—Has acertado.

Harry entonces decide intervenir

—Malfoy, no seas así. Los chicos tienen planes.

El pelirrojo asiente enérgicamente.

—Si, señor Malfoy, aquí hay felevisión y veremos una película

Malfoy reflexiona un instante y luego le dedica una mirada seria a su hijo.

—Bien, puedes quedarte -le dice —pero tú y yo hablaremos en casa mañana por la mañana.

—¿En la mañana? -se queja.

—Si, Scorp. Y no insistas o me harás cambiar de opinión. -le advierte el mayor.

Scorpius rueda los ojos.

—Bien. Luego no te quejes si me mudo con los Potter. -replica.

—No me quejaría, me compraría un crup.

El menor reprime una sonrisa, y se gira hacia Harry.

—¿Ve lo cruel que es mi padre, Señor Potter? -comenta.

Éste se limita a reír mientras le tiende a Malfoy un vaso de whisky de fuego que recibe con una sonrisa.

A los pocos minutos, todos los chicos deciden que es tiempo de subir a ver la película, entonces Harry y Draco se quedan solos en la cocina.

No se dicen nada por un instante, pero cuando dejan de oír la seguidilla de pasos en las escaleras, el rubio sube su vista del vaso hacia los ojos del moreno.

—Ahora hablando en serio. ¿Qué ha pasado exactamente con los chicos?

Harry le cuenta todo.

—Entiendo. -Malfoy asiente —Gracias, de todas formas, Potter, por avisarme. -agrega, sincero.

—No hay de qué. Era mi responsabilidad hacerlo. Tú habrías hecho lo mismo -Draco sube ambas cejas —Supongo.

—¿Y arriesgarme a que me arrestaras? Claro que no. -se burla, negando también con la cabeza.

—De enterarme que me ocultas algo así, de seguro haría algo mucho peor que arrestarte, Malfoy.

Ante ello, Draco le dedica una divertida mirada que Harry no quiere corresponder, así que se esconde tras un sorbo de whisky de fuego.

Estar frente a frente con el rubio, y compartiendo un trago, aun le resultaba extraño, pero ya empezaba a acostumbrarse. Su particular sentido del humor, su sarcasmo pasivo-agresivo y ese brillo casi insinuador que pasaba por sus ojos era algo a lo que sí, se quería acostumbrar.

—Vaya, creo que no me conviene averiguarlo, entonces. -replica, sarcástico.

—Me alegra que hayas entendido. -sonríe. — ¿y tú agradeciendo? Eso es nuevo.

—Se llaman modales, Potter.

—Nunca te vi agradeciendo nada antes.

—Y yo no sabía que estabas tan al pendiente de mí.

De eso hablaba. De esa mirada penetrante que parecía decir algo más, de como su lengua se asomaba ligeramente con algunas palabras y de como la comisura de sus labios se elevaba de tal forma que no llegaba a ser del todo una sonrisa pero que le provocaba las mismas cosquillas.

¿Podía acostumbrarse? Es lo que más quería.

—No, no te creas. -Le suelta, desviando su mirada hacia los vasos de whisky.

Se quedan en silencio un instante, en que los dos aprovechan para dar el último sorbo al licor de sus vasos.

Luego Harry se le ocurre una idea.

—¿Quieres ver la cantidad de hierba que le he confiscado a los chicos?

—Bien

—Vamos a mi despacho.

Harry deja la pequeña bolsa de hierba decomisada sobre su escritorio mientras se sienta en una esquina de éste. Malfoy por su parte, toma asiento en la enorme silla que estaba frente y acerca la bolsita hasta él, haciendo una mueca de desaprobación.

Harry se lo queda viendo, imaginando que el rubio solo la examinaría, por eso casi se cae del escritorio cuando ve que se lleva el cigarrillo mal armado hasta los labios para prenderlo con un conjuro sin varita.

—¿Qué haces? -le pregunta perplejo.

—Fumarla. -le dice, como si hubiese preguntado algo estúpido —¿Qué pretendías hacer tú con ella?

—Botarla, obviamente.

Malfoy resopla.

—No seas aburrido.

—Le acabas de decir a tú hijo que lo castigarás por esto. -exclama, intentando quitárselo de las manos, pero Malfoy se lo impide.

—Es un niño. No dejaré que esto se le haga costumbre, pero yo no lo soy y puedo fumar cuando se me plazca.

—Eres increíble.

—Gracias.

—No era un cumplido

Draco rueda los ojos, se acomoda más en la silla y luego le tiende el otro cigarrillo.

Unos minutos después, cada uno estaba fumando la hierba confiscada.

—¿Cómo va el divorcio con Ginevra?

Harry bota un poco de humo y bebe un sorbo de whisky antes de responder.

—Ugh. Si hubiese sabido que tendría que firmar tantos papeles e ir de aquí para allá entonces nunca me hubiese divorciado.

—Y ten en cuenta que, si se trata de ti, seguro lo están haciendo más rápido.

—Quizás por eso la tasa de divorcios es tan baja.

Malfoy asiente.

—Muchos solo lo hacemos de palabra. ¿Sabes? Ante la ley Astoria y yo seguimos casados.

—¿En serio?

—Que sí.

Harry frunce el ceño, pensativo. Ya estaba al tanto de que Astoria y Malfoy no vivían como un matrimonio, sin embargo, desconocía las razones.

—¿Por qué tomaron esa decisión? -pregunta entonces, curioso.

Malfoy suspira, como si meditara si era buena idea o no contarle. Al final decide que sí porque apaga el cigarrillo y se aclara la voz.

—Nada malo. La amo. Es la mejor amiga que he tenido en todo mi vida -responde. —pero tenemos intereses distintos.

—¿Qué clases de intereses?

—Nada importante.

Harry no sabe por qué, pero la mirada que le dedica Malfoy hace que las mejillas se le enciendan y el corazón le latiese un poquito más fuerte.

—Si no importara no se habrían divorciado. -insiste.

—Adivina -suelta las palabras lento, con esa sutil sonrisa que parecía incitarlo a actuar.

Harry no dice nada por un minuto. Comete el error de pensar en cosas que podrían hacerle ganar un puñetazo del otro. Pero el rubio estira el brazo y apoya tentativamente la mano cerca de la suya, entonces se arriesga;

—Creo que me hago una idea.

Y antes de darse cuenta, sus labios estaban contra los de Malfoy.

Ya entrada la madruga, Hugo se despierta. No recordaba en qué minuto se había dormido, solo que había sido mientras miraba la película y no había alcanzado a ver el final.

El cuello le dolía horriblemente debido a la posición en la que había quedado; con la cabeza en el hombro de su prima y las piernas colgando por el brazo del sofá.

Se incorpora lentamente y se percata de que los demás chicos también se habían rendido al sueño. El felevisor seguía encendido y proyectaba una tenue luz oscura con la palabra "Fin" en medio. Se levanta del sofá despacio, con cuidado de no despertar a nadie, para ir al baño.

A mitad del corredor, la puerta de la habitación de su tío Harry se abre, pero no es él quien sale de ahí como imaginaba, sino que era el padre de Scorpius, que vestía una camisa y unos pantalones de dormir que estaba seguro eran de Harry.

Los dos se miran perplejos por un segundo.

A Hugo se le encienden las mejillas violentamente cuando comprende lo que estaba pasando, o más bien, lo que sucedió.

A falta de no saber qué hacer, ni muchos menos que decir, decide que lo mejor es desaparecer del lugar.

—Buenas noches, señor Malfoy -le dice rápido, dándose la vuelta para apurar el paso y continuar con su camino.

Cierra la puerta del baño tras él y deja salir un suspiro contenido. Mañana tendría muchas preguntas para su tío.