Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.
Tema del capítulo: Canción.
28 DE OCTUBRE:
ANDRÓMEDA
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
¡Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
(Pablo Neruda, La Canción Desesperada)
A cuatro días de que el mes acabe, octubre veintiocho por la noche resulta anormalmente silencioso. El viento del norte ha tomado un descanso, por lo que las rojizas y doradas hojas de los árboles tan solo susurran entre ellas, como si compartiesen un secreto.
Sentado con Eren en el alfeizar de la ventana del cuarto, lo abrazas y observas las estrellas que aglomeradas resplandecen en el aterciopelado cielo oscuro. Tú hablas y el chico escucha ensimismado las historias que vas contando; historias felices, historias tristes; historias llenas de valentía, corazones destrozados y amor que traspasa el tiempo.
Aquella tarde él ha estado pintando, por lo que sus dedos siguen manchados de óleo, resaltando el moreno tono de la mano que sujeta la tuya; y al contemplar tan conocido contraste, piensas en como podrías pasarte la vida entera admirándolo.
Observas el cielo y vislumbras a Orión en su eterna lucha, anunciando ya la pronta llegada del invierno y el cambio de estación; mientras que Andrómeda, brillante en total esplendor, aun gobierna valiente el firmamento esperando por su rescate.
E inevitablemente aquella triste historia te recuerda a Eren, porque si bien el afilado chico de invierno que se encuentra entre tus brazos está lejos de ser una princesa de leyenda, tanto él como esta fueron condenados por sus propios padres al sufrimiento, debiendo confiar su sellado destino a las manos de otro para ganar su ansiada libertad.
Octubre ya termina entre hojas caídas y blancos cielos traslúcidos, y cuando noviembre de inicio lleno de las primeras escarchas invernales, sabes que tu soledad te golpeará como un enorme peso.
Y entonces piensas en aquella otra existencia que voluntariamente dejaste atrás, y en como ese cambio en verdad terminó por salvarte. Treinta años que ahora son como un sueño ante tus ojos cansados. Treinta años que se desdibujan frente a aquellos tres que te han devuelto la vida.
La mirada de Eren te busca, y en ella ves el oscurecido bosque de las noches invernales. Sus dedos trazan el contorno de tus labios silenciosos en una efímera caricia, y sujetas su mano y besas sus dedos, contemplando como el verde que tiñe sus iris se vuelve azul noche, recordando el lejano verano.
La risa que vuela de sus labios es sutil y tímida, como si temiese romper el momento. Acaricias su rostro y le besas, y sientes que podrías fijar aquel momento en el firmamento.
Octubre nocturno se presenta ante ustedes silencioso, pero en medio de la noche silente, Eren comienza a cantar para ti… y es horrible.
Eren canta, y ninguna nota se enlaza con la otra, por lo que todo lo que sale de sus labios es un completo sinsentido. Eren canta, y a pesar de que su canción es una tonada triste que destroza corazones, acabas riendo ante lo mal que lo hace, y él ríe contigo.
Busca tu boca y le correspondes, y a pesar de ya sentir el frío de noviembre congelar tu espalda, aquel momento tan solo es de ambos y les pertenece.
La canción de Eren finalmente se convierte en dos, en tres, y en algún momento acabas cayendo en su juego tonto y te le unes, volviendo la silenciosa noche otoñal en una balada nocturna.
Las horas pasan y las estrellas avanzan con ella, y cuando su atención vuelve a centrarse en el maravilloso cielo cambiante, desde donde la princesa cautiva todavía los contempla, deseas hallar alguna manera de poder liberarla.
La mano de Eren se alza y traza formas indescifrables en el alto cielo, y cuando entrelazas esta con la tuya, besando su morena frente, te pregunta:
—Si pudieras pintarnos en el firmamento, ¿cómo describirías nuestra historia?
El estrellado cielo ante tus ojos se muestra por completo inalcanzable, y su pregunta impregna en ti una sensación de absoluto infinito.
Tu relación con Eren ha sido muchas cosas, algunas buenas, otras no tanto, pero sobre todas ellas ha imperado siempre el gran amor que por él sientes. El chico de verano que pintó tu descolorido mundo gris de colores cálidos y llenó tus días con su risa y juegos tontos. El chico de invierno que te hizo vivir un infierno por no poder convertir su sufrimiento y dolor en tuyos para liberarlo.
Tu historia con Eren se ha teñido en mil colores y mil matices, y se ha dibujado de mil formas frente a los ojos de ambos durante aquellos años de rondarse y conocerse. Ha sido una historia hermosa a la que lamentablemente le augura un final doloroso. Una historia como aquellas tantas que repletan el firmamento, tan maravillosa como trágica.
Y la mirada del chico sigue posada en ti como noche silenciosa, esperando tu respuesta. Una mirada profunda de abisal océano sin límites, y tan intensa como el oleaje moliente.
—Trágica —reconoces al fin, y aunque la palabra debería quemar en tus labios, no lo hace pues la sabes certera. La saeta en la diana de aquel destino escabroso, quien los unió para después separarles, dejando su corazón junto al otro.
Las dramáticas cejas de Eren se fruncen y su respiración se congela en un latido ante tus palabras; aun así, cuando retorna a su bullente vida, son suave aceptación y sonrisa las que adornan sus labios. La serena tranquilidad que le otorga su arbitraria certeza de poseerte.
—Es sempiterna.
La sonrisa del chico no muere en sus labios cuando su mano rodea tu pálido cuello para inclinarte y poder besarte, y al contemplar sus ojos verdeazulados convertidos en cielo, ves en ellos reflejarse estrellas y constelaciones, donde cada una representa un deseo.
Y el tuyo es que él sea feliz y libre, por todo aquello que durante tanto tiempo le fue negado. Que una vez octubre acabe y su nueva vida comience, esta lo reciba con buenos ojos y brazos abiertos; y que tal vez, cuando la nostalgia sea fuerte, recuerde esa noche de susurros nocturnos, cuando pintó la historia de ambos en el estrellado cielo, decidiendo que su amor sería sempiterno.
Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes hayan llegado hasta aquí. Espero de corazón que la viñeta de hoy fuese de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en ella.
Por lo demás, ya llegamos al día veintiocho del mes y con ello solo quedamos a tres capítulos del final de la historia. Los últimos tres pasitos para despedirnos por aquí.
En esta oportunidad, vuelve a llegar uno de mis capítulos favoritos, nuevamente dedicado al infinito cielo estrellado; pero a diferencia de la vez anterior que fue Polaris la protagonista, este vez le ha tocado el turno a Andrómeda, la constelación que gobierna el cielo otoñal en el hemisferio norte durante todo octubre, y la cual tiene toda una leyenda mitológica detrás.
Para quienes no lo sepan, Andrómeda era una princesa, hija de los reyes de Etiopía, quienes debieron entregarla en ofrenda al monstruo marino Ceto para apaciguar la ira de Poseidón. Andrómeda fue encadenada a una roca en espera de su muerte, pero Perseo acabó rescatándola, reclamando posteriormente su libertad y su mano, por lo cual tras algunas cuantas escaramuzas más, acabó consiguiéndola y casándose con la princesa.
Así que de alguna manera esta historia acabó enlazada en mi cabeza entorno a Eren. Obviamente el muchacho está lejos de ser una princesa, pero sí se vio durante mucho tiempo encadenado debido a la condena que lo sometió su padre, y no fue hasta que Levi apareció en su vida, que logró rescatarlo de ello para asegurarle la libertad que tanto ansiaba.
El tema para el capítulo de mañana es «baño», así que solo espero igualmente les guste y puedan disfrutar de lo último que va quedando de esta historia.
Una vez más muchas gracias a todos quienes leen, comentan, envían mp´s, votan y añaden a sus listas, marcadores, favoritos y alertas, siempre son mi mayor incentivo para seguir esforzándome.
Un enorme abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes. ¡Hasta mañana!
Tessa.
