XXVIII
Deseo
Habían transcurrido ya tres horas después de lo sucedido; desde ese entonces no habló con él, ni una sola palabra, tampoco respondió sus mensajes o llamadas. Nada de contacto en absoluto, lo que la extrañó demasiado; él no podía pasar ni diez segundos sin su presencia, siempre le preguntaba cómo estaba y si le faltaba algo, si ya había comido o si quería que fuera por ella a su trabajo al salir. Llamó un poco su atención, y la idea de mandarle un mensaje le llegó a la mente; pero entonces recordó el porqué estaba enojada con él e interrumpió la acción. Lo mandó al diablo.
Se completaron las cinco horas, y ya la estaba preocupando; ella, encerrada en su habitación con las cortinas azules cerradas, estaba sentada sobre su cama con las piernas pegadas a su pecho, mordía nerviosamente la uña del dedo pulgar derecho tratando de decidir si mandarle un mensaje, o seguir siendo indiferente. Al final la preocupación ganó y tomó rápidamente su móvil para escribirle; el mensaje fue enviado, y un segundo después el tono de una campanita sonó dentro del departamento. Se confundió y a la vez estaba intrigada; salió de su habitación y se dirigió a la cocina, ahí creyó haber escuchado el tono, y efectivamente sobre la mesa se encontraba un smartphone con un colgante de un gato azul. Ese celular era de él, lo dejó ahí, y ella no sabía si fue a propósito o por descuido. Eso la impulsó a tomar su chamarra, las llaves del departamento, y salir a buscarlo a todos lados.
Corrió como alma que lleva el diablo por las calles de la ciudad hasta llegar al bar "Fairy Tail", aquel que más frecuentaba junto con él, entró y le preguntó a la chica Bartender si había visto al chico de cabellera rosada; la mujer le confirmó su presencia aquella noche, pero lo que le dijo después la preocupó en un cien por ciento y disparó sus emociones: El chico había bebido, tanto, que no podía caminar bien, y balbuceaba cosas sobre cumplir el deseo de su novia.
En ese momento ella salió del bar y siguió buscando al chico pelirrosado, aunque le llevara hasta la madrugada; pasó media hora buscándolo, no había ni una sola pista o indicio de a dónde se fue, qué camino tomó. Ella siguió. Aminoró el paso a la entrada de un parque para tratar de recuperar el aliento; sus pies y piernas le dolían, además sentía su garganta y pecho a punto de explotar. Jamás se había cansado tanto en la vida. Levantó la mirada y notó que un grupo de personas se estaban reuniendo en un sólo punto en específico del parque; sin perder tiempo, aprovechó aquello para acercarse y preguntar a cada hombre y mujer si habían visto al chico pelirrosado, en ese momento una idea cruzó por su mente: El peor de los casos. Buscó fuerzas de lo más profundo de su cuerpo y corrió hacia el tumulto, se abrió paso entre tantas personas, tropezó con el pie de un hombre y cayó de frente hasta el centro exacto del tumulto; abrió los ojos y vio que cayó en las raíces de un viejo roble, levantó la mirada hacia las ramas y encontró algo que detuvo su corazón un le heló la sangre.
En las ramas destacaba una figura humanoide, una persona que tenía amarrada una cuerda al cuello, dejándolo colgando sin vida. La chica cubrió su boca con la mano derecha sin apartar la mirada de la aterradora escena, las lágrimas no tardaron en salir, y sintió cómo algo dentro de ella se quebró como un vidrio.
—¡NATSU! —chilló presa del pánico y la desesperación.
Suplicó por ayuda a cualquiera de los presentes, pedía a gritos por una ambulancia o una patrulla, alguien que tuviera el corazón de ayudarle a su pareja; la espera se hizo eterna, y la chica lloraba desconsolada por lo que estaba viendo.
Ella no quería que las cosas terminaran de esa manera, no lo había dicho en forma literal; se había convertido en presa de la cólera y la rabia. Las personas decían cosas sin sentido cuando estaban enojadas, nadie quedaba exento de hacerlo; todos somos humanos, cometemos errores, pero...hay personas que lo procesan de forma diferente. Unos lo entienden, es por el calor del momento y no le dan tanta importancia; otros, se lo toman personal, y esas palabras que se pronunciaron resuenan en la mente del otro incontables veces hasta que ya no pueden más. El chico pelirrosado fue una de esas personas; pues él amaba con locura a la chica que ahora lloraba desesperadamente por él, y que rezaba por que aquello se tratara de una pesadilla, sólo un mal sueño. Desgraciadamente...no lo era.
Las palabras que pronunció, y el momento exacto en el cual las dijo, regresaron a su memoria: Estaban en el departamento, discutiendo; él trataba de calmarla, ella no parecía escucharlo, sólo le escupía insultos tras insultos con el rostro enrojecido de coraje. Llegó el momento donde no pudo soportarlo más y le gritó cuatro palabras que podrían desgarrar a cualquiera que las escuchara.
—¡Desearía que estuvieras muerto! —y al final se le cumplió su deseo.
Hay veces que se debe cuidar lo que uno desea, porque la vida...te lo puede cumplir.
FINALE.
Bueno, chicos, ya estamos en la recta final de este fic que en verdad me ayudó a redactar pequeñas historias; tenía un pequeño problema con eso, pero ahora ya tengo la experiencia necesaria y la práctica. Ahora me gustaría decirles que estoy planeando agregar una historia extra, osea que serían treinta y dos historias en total, así que les hago la siguiente pregunta:
¿Quieren que la última historia sea un final bueno o malo?
