— ¡Déjenos ir a Mistilteinn, por favor! — rogó Ichigo, haciendo una profunda reverencia.
Como líder del Escuadrón 13, su deber era velar por el bienestar de los suyos y dirigirlos hacia la victoria en las misiones. Y durante todo este tiempo, estuvo preguntándose y preocupándose sobre el paradero de su mejor amigo, Hiro.
Pues pese a que quedaban resquicios de lo que alguna vez, fueron sentimientos románticos hacia él, ella en verdad se preocupaba por él. Y también, ansiaba que Hiro volviera con ellos, a casa con su familia.
Por ello, cuando fueron informados sobre el paradero de Hiro, quién ahora se encontraba en Mistilteinn según aseguró el doctor FRANXX.
No dudó ni un segundo, en pedir permiso para que ella y su escuadrón, pudiesen reunirse y verlo por sí mismos.
La nueva Nana estaba por decir algo —negar el pedido—, cuando de repente se unió Goro a la súplica.
— ¡Por favor, permítanos ir a Mistilteinn! — pidió Goro, haciendo una reverencia igual a la de su compañera —quien de reojo, lo miraba sorprendida, pero sintiéndose feliz al saberse apoyada—.
Y también se unió Zero Two, ¿Y cómo no? Ahora tenía noticias de su Darling, por lo que ella no aceptaría un No por respuesta.
Luego se unió Mitsuru —que a pesar de que sus recuerdos hayan sido borrados, el sentimiento de querer ver a su compañero, era más grande que nada—, después Zorome junto a Miku, pidiendo al unísono poder ver a Hiro; para finalizar con Futoshi, Ikuno y Kokoro.
— ¡Por favor, se lo rogamos!
La nueva Nana estaba impresionada, nunca había visto al escuadrón 13 pedir algo con tanta vehemencia que solamente, podía quedarse callada y observar.
Preguntándose por primera vez, si debía acceder o no. Porque estaba realmente segura de que, ellos no aceptarían un No por respuesta, sobre todo Código 002, la más privilegiada por así decirlo.
Por lo que, rendida, dio su veredicto final —... El escuadrón 13 tiene permiso para ir a Mistilteinn.
Miraba a su alrededor lo que alguna vez, fue su antiguo hogar en el que creció y convivió junto a su escuadrón.
Sintiéndose nostálgico, al sentir el pasto bajo sus pies, ver los árboles que habían ahí y aquel lago en el cual, ocurrieron bastantes cosas.
Lo que inició, toda su travesía, que fue toparse con Zero Two. De quién alguna vez, estuvo enamorado.
Suspirando, procedió a desvestirse, dejando la camisa y pantalón en el suelo, doblada para así, comenzar a sumergirse en el agua fría. Y así, lavarse.
Desde la cabeza y cuernos, hasta los pies.
Para luego alzar la mirada al cielo, suspirando levemente, con una pequeña sonrisa.
Aunque eso terminó en poco tiempo, puesto que el sonido de unas burbujas enfrente de él se escuchó y de ahí, emergió Ichi. Quien tenía en sus fauces a un pez, al cual terminó devorando.
Al sentir la mirada —la mayor parte del tiempo, estoica— de ella sobre sí, se sonrojó, sumergiéndose, avergonzado.
La klaxo-sapiens parpadeó, confundida por su comportamiento tímido —. ¿Por qué te escondes?
Hiro alzó la mirada y un poco la cabeza del agua, azorado —. Creí que estabas con Nawabari-san en tierra firme...
—... Lo estaba — respondió, despreocupada, mirando hacia donde su sirviente yacía oculto, entre los árboles —. Pero, no quería dejarte solo y desprotegido aquí. Por eso vine... Aunque no pensé que te estarías bañando.
Volteó a verlo, inclinando ligeramente la cabeza a un lado —. ¿...Lo siento?
—... Realmente no lo estás sintiendo.
— La verdad no — respondió sincera, haciendo enrojecer más al chico —. Aunque no halló razón para sentirse avergonzado, después de todo, somos una pareja.
Las orejas de Hiro comenzaron a arder —. Sí pero, hay veces en las que uno requiere privacidad para cierto tiempo de cosas. Cómo bañarse, por ejemplo.
—... Ya veo — respondió, y en lugar de alejarse, se acercó, tomando sus manos para jalarlo hacia ella para su sorpresa.
— ¿I-Ichi!
— Nada conmigo, por favor — pidió, mirándolo a los ojos, en un tono de voz suave. A Hiro le pareció tierna en ese momento, haciéndolo enrojecer más (si era posible).
Luego de meditarlo por medio minuto, accedió con una sonrisa rendida —. De acuerdo, sólo por un rato.
Jugaron a perseguirse el uno al otro —donde en ocasiones, Hiro la cargaba al estilo nupcial mientras ella se dejaba hacer—, también capturaron algunos peces y de paso, buscaron cosas bajo el agua. No encontrando más que piedras pequeñas.
Sin embargo, y aunque parecieran cosas de niños, ambos disfrutaron del tiempo juntos. Incluso Ichi se permitió sonreír un poco al escucharlo reír.
Él... En verdad, es diferente al resto de humanos, pensó, abrazándolo por detrás con cuidado; sorprendiéndolo.
— Hiro... Gracias por todo — dijo sincera, apoyando su mejilla en su espalda —. De verdad, muchas gracias.
— Ichi...
— Si logramos ganar esta guerra, quisiera que permanecieras a mi lado, como mi compañero de vida — su mirada relució en añoranza y tristeza, ya que no había certeza de poder ganar así como la probabilidad de perder. Y perderlo todo.
Hiro se volteó, tomando entre sus manos, su rostro con suavidad al mismo tiempo que la miraba con decisión en sus ojos —. Ganaremos esta guerra, Ichi. Incluso si tomaron otros años más, ganaremos. Lo prometo.
— Hiro... — estaba genuinamente asombrada. Y aunque su pesimismo quería hacer de las suyas de nuevo, una parte de ella de verdad, creyó en sus palabras.
Tuvo fe.
Inconscientemente fueron acercando sus rostros, hasta finalmente unir sus labios en un beso.
El cual, gradualmente, comenzó a subir de intensidad. Casi al punto en el que ella comenzaba a usar sus dientes.
Y fue ahí, donde Hiro terminó el beso, con la respiración agitada.
— ¿Estás bien?
— S-Sí, sólo, no estoy acostumbrado.
—... Fui un poco brusca, lo siento — se disculpó, tocando sus propios labios, pensativa —. No recuerdo bien cómo es dar un beso.
— No te preocupes, yo tampoco recordaba cómo hacerlo — sonrió, avergonzado —... Después de todo, perdí la práctica — murmuró para sí, ruborizándose.
Ya habría tiempo para más, pensó él.
Ichi desvió su mirada al cielo, tornándose seria —. Será mejor que te cambies — dijo —, ellos ya están aquí.
