Bruma

Lo mandaron a Azkaban sin juicio. Directo del callejón donde lo habían apresado, al cuartel del Departamento de Seguridad Mágica donde lo habían golpeado e insultado, a la cárcel. En el camino lo golpearon e insultaron de nuevo. No importaba ya. Sirius era un muerto en vida.

Pensaba en Harry y sólo sentía un odio más grande por Peter. Y a la vez por sí mismo. Por su culpa su ahijado se había quedado sin padres, por su culpa su mejor amigo estaba muerto, por haber confiado. Trataba de bloquear la culpa, pero si lo hacía lo atacaba algo peor: la tristeza y el dolor.

Así que prefería no pensar en nada, dejarse llevar. Era un sentimiento de irrealidad, de lejanía. Como si contemplara desde lejos su cuerpo que se movía por inercia.

Era como si atravesara una bruma espesa, y no pudiera ver ni oir nada. El dolor era demasiado inmenso. Sirius se hundía más y más en el interior de ella. Dejando que lo invadiera por completo, que lo adormeciera. No quería sentir, pero no podía hacer otra cosa. El dolor le embotaba los sentidos y las ganas de vivir.

Mientras lo llevaban a su celda, medio fue consciente de los gritos y burlas de algunos de los presos. Lo iban a poner en el ala de alta seguridad, ahí donde los más leales servidores del ahora caído mago tenebroso estaban encerrados.

—Estarás con tu familia —le dijo el auror que lo empujó a la fría celda y le escupió.

«Mi familia está muerta» pensó amargamente.