Shibari: ataduras

James/Sirius


—¿Tú estás seguro de esto?—preguntó dubitativo Sirius al ver las cuerdas finas que James había comprado.

—Vi a Lily con un dibujo de esto entre sus libros.—James subió sus gafas con su típico tic de cuando no estaba seguro de algo.

—Tu no-novia es una auténtica pervertida—bufó divertido Sirius.

—No hables así de Lily.—Se enfadó el gafotas.

—¿Y por qué soy yo el modelo de vuestras cositas raras?—preguntó mientras se quitaba la camisa del uniforme.

James le miró dejando los nudos a un lado.

—¿Porque careces de eso llamado vergüenza, de moral vas corto, y puede servirte con cierto lobo?

—Ya sé porqué eres mi mejor amigo—le sonrió ampliamente—¿Me lo quito todo?

—No necesito ver tu micropene, gracias.

—Insultando mi nada pequeña hombría no es como se piden los favorcitos, Potter.

—Ropa interior puesta, Black—le amenazó.

James le había mostrado una imagen que hasta a él le había sorprendido, una chica completamente desnuda y atada con esas finas cuerdas en unas formas realmente sugerentes.

Algo le decía que Lily Evans no era la dueña de la imagen que James había encontrado, la chica era una auténtica mojigata, pero se lo había callado porque en el fondo tenía curiosidad por ver cómo se vería con ellas puesto.

Y luego se iba a dar un pasito por el dormitorio para que Remus le viera, que ese era otro mojigato que no aceptaba ninguna de sus invitaciones a llevar esa bonita "amistad" a algo más físico. Pero que le miraba comiéndole con la mirada, lo hacía.

—¿Y dónde has encontrado tú esas fotos?—preguntó mientras sentía que en ese aula hacía un frió del demonio y podría cortar hielo con sus pezones.

—La biblioteca Black no es la única que tiene cosas interesantes.—Con la de vueltas que James le estaba dando a la cuerda lo más normal era que el que acabara atado fuera él.

Pero al final miró a Sirius calculando sus medidas, y parecía decidido.

—Ponte de pie.

—Sí, señor fetichista—le picó Sirius.

—No jodas, Sirius. Creo que esto va por aquí, dame tu pie.

Para sorpresa de James, Sirius le dio el pie, y se comportó como un chico obediente haciendo todo lo que le pedía.

Lo mismo la opción de controlar a Sirius siempre fue atarlo como a un perro.

Los nudos eran complicados, pero había estado leyendo mucho sobre ello. No iba a negar que a él también le había sorprendido encontrar aquella imagen en el libro de Lily, pero si a ella le gustaban esas cosas, él iba a aprenderlas todas. Iba a hacerse maestro.

Cuando comprobó el resultado final, se quedó asombrado. A James aunque no le gustaran los hombres podía apreciar cuando uno era atractivo, y Sirius Black era el más atractivo de todo Hogwarts. Las cuerdas se le ceñían a la perfección por sus muslos y brazos, pero donde realmente hacían un excelente trabajo eran las que cruzaban su entrepierna, que gracias a Merlín había pedido que no mostrara. Las que cruzaban su pecho aprisionando sus pectorales dejando una gruesas líneas marcando sus pezones.

¿Los pezones de los chicos podían verse así de bien?

—Quiero verme en un espejo—exigió Sirius.

A James le costó coordinar oído y cerebro, había hecho un trabajo realmente bueno.

—Wow, tengo que estar realmente increíble para que se te ponga dura, Potter.

Eso sí llegó a entenderlo James, que se miró hacia abajo y se llevó las manos hacia delante para cubrirse.

—Es lo que suele ocurrir al verme desnudo, no te avergüences—se rió Sirius—. Un espejo.

James le miró mal, pero transformó una silla en un espejo de cuerpo entero.

—Impresionante, me follaría a mí mismo si pudiera.—Sirius no dejaba de mirarse—Yo digo que debería quitarme los calzoncillos para que fuera perfecto. ¿Dónde está mi varita?

Pero no necesitó su varita, James desapareció su ropa interior y se acercó a mirar la imagen que devolvía el espejo.

Obviamente ya le había visto el pene a Sirius, su amigo era un completo exhibicionista, pero con aquellas cuerdas, su desnudez era como aún más desnuda.

Estaba comenzando a desvariar.

—Me encanta—felicitó Sirius a James—. Pero, amigo, esto a tu proyecto de esposa no le pega nada.

James se volvió a subir las gafas, se le había olvidado imaginar a Lily con las cuerdas puestas.

—Anda, cállate y vamos a quitarlas.—Cambió de tema y de vista, no estaba bien que mirara a Sirius así.

—¿Qué? No, yo me las dejo puesta, pienso hacer un pase en el dormitorio para Remus.

—No vas a poder andar con eso, te rozará por todos lados.

—Lo sé—sonrió pícaro girándose para mostrarle su erección, James se atragantó y miró para otro lado. —Ayúdame a vestirme.

James ni se le ocurrió volver a ponerle una mano encima, para algo eran magos y le vistió con golpe y medio de varita.

Sirius le miró mal por ser tan brusco, pero estaba pletórico con las sensación de las cuerdas sobre su piel y se fue rápidamente de allí buscando en el mapa del merodeador dónde estaba Remus.

Sin Sirius en el aula, James comenzó a respirar más tranquilo, solo era Sirius, su amigo al que había visto desnudo mil veces y unas pocas cuerdas.

Recogió todo metiéndolo en su bolsa de la escuela.

Aquella tarde en clases dobles de pociones con Slytherin, James aún no podía quitarse la imagen de la mente, y menos cuando Remus era incapaz de quitar la vista de su amigo en común que no paraba de sonreír aunque le costaba sentarse bien.

Las imágenes no deseadas eran tremendamente mortificantes, a tal punto que casi no pudo contemplar cada gesto o mirada de Lily.

Pero ver como Snivellius se acercaba a su futura esposa, sí que le trajo de vuelta. No había algo que más odiara que la estrecha relación de esos dos.

Quizás hubiera sido mejor que siguiera pensando en Sirius y sus problemas anales, para no escuchar la conversación de Lily y Severus.

—Lily, ¿tienes el libro de transformaciones que me prestaste la semana pasada? Creo que me dejé algo dentro.

—No, lo tengo en mi habitación, luego lo busco.

—No, no, solo dámelo y yo lo buscaré—dijo el grasiento menos grisáceo de lo habitual—Es una carta de mi madre.

Pero cuando por error James vio el trozo de piel entre la camisa y los pantalones del Slytherin, reveló un trozo de cuerda demasiado conocida para él mandándole una imagen mental que no podría arrancarse ni lanzándose un obliviate.

No, aquella imagen no era de Lily, era del jodido Snivellius- culo atado-Snape, y James era incapaz de no imaginarlo cada vez que lo miraba, y jamás, jamás de lo jamases reconocería que comenzó a imaginárselo cada noche cuando cerraba sus cortinas para no escuchar el escándalo de la nueva pareja de su dormitorio.


A mi algo entre Sirius y James me parece altamente incestuoso, jajajaja.

Hoy he descubierto que Twitter es una página porno, madre mía, que hasta me he sonrojado.

En fin, que entramos en la última semana y estoy hiperventilando, me parece que llevo publicando este kink toda la vida jajaja.

Hasta mañana.
Besitos.
Shimi.