Angel se vistió lentamente, con el pelo todavía mojado después de la ducha, con los músculos gratamente doloridos después del sexo.

Alastor y Mimzy ya no estaban en el dormitorio.

Echó un vistazo a su teléfono para comprobar la hora. No era tarde; no era de extrañar que no fueran a acostarse todavía. Ahora que los finales se habían terminado, Mimzy podría quedarse despierta hasta tan tarde como le viniera en gana, y los horarios de trabajo de Alastor eran irregulares de todos modos.

Angel volvió a deslizar el teléfono en su bolsillo, se puso los zapatos y dejó el dormitorio. Podía oír voces procedentes de la sala de estar.

Angel se quedó quieto en la puerta.

Alastor y Mimzy estaban decorando el árbol de navidad, o más bien, Mimzy lo estaba decorando mientras Alastor miraba, viéndose vagamente divertido. Ellos estaban hablando tranquilamente; Mimzy estaba sonriendo y rodando los ojos. Alastor parecía relajado y cómodo, con su suéter y pantalones de chándal gris de aspecto suave.

— Estoy segura de que la he visto en alguna parte— dijo Mimzy, excavando en las cajas— ¡La encontré!— ella agarró una estrella en su embalaje, sosteniéndola para inspeccionarla. Bajo la luz, brillaba con gracia y arrojaba pequeños fragmentos de luz dorada en el suelo y en sus manos. Era perfecto.

Eran perfectos. Una pareja tan perfecta.

— ¡Voy a ponerla en el árbol!— Mimzy declaró, saltando sobre sus pies— ¿Me levantas?

— Puedes usar el taburete— Alastor dijo secamente.

Mimzy hizo un puchero.

— ¡Alastor!— Suspirando, Alastor se acercó y la sostuvo para que ella pudiera poner la estrella en la parte superior del árbol.

Mimzy colocó la estrella antes de deslizarse por el cuerpo de Alastor y besarlo, con los brazos alrededor de su cuello.

Angel los vio besarse. Tenía una sensación de frío en la boca del estómago, una sensación que se revolvió y lo atravesó. Sentía náuseas.

Se aclaró la garganta y entró en la habitación, poniendo una sonrisa brillante.

— Muy bien, me tengo que ir— no era como si quisiera que se acordaran de que él estaba aún allí.

La pareja dejó de besarse y se volvieron hacia él.

Mimzy sonrió, apoyando su mejilla contra el pecho y envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de Alastor. Su lenguaje corporal apestaba a posesividad.

— ¿Vas a pasar la Navidad aquí? Quiero decir en la ciudad— añadió rápidamente, como si temiera que Angel lo confundiera con una invitación.

Angel sonrió con fuerza. No era ni estúpido ni ciego. Él notó que había comenzado a no gustarle a Mimzy. Se preguntaba por qué ella no le había dicho nada todavía.

— Sí, realmente no tengo ningún otro lugar a donde ir. Mis padres están en Islandia, estudiando los volcanes, así que somos simplemente la abuela y yo— Mimzy asintió.

— No te veremos de nuevo por un tiempo, así que ¡Feliz navidad!— casi se echó a reír. Era tan sutil como un puñetazo en la boca.

— Sí— dijo, encogiéndose de hombros en su chaqueta— Feliz Navidad a ustedes también— Estuvo a punto de llegar a la puerta cuando Alastor dijo:

— No te vayas— Angel se detuvo.

— ¿Qué?

— No puedes irte.

— ¿Por qué no?— Alastor se desenredó de Mimzy y se acercó a él.

— Tu cabello está mojado— dijo, pasando su mano por el pelo de Angel. Sus dedos rozaron la oreja de Angel—Está helando afuera— Angel tragó, encontrándose con sus ojos chocolate oscuro. Por encima del hombro de Alastor, podía ver que Mimzy tenía el ceño fruncido.

— Nunca me resfrío— dijo Angel. Sonrió brillantemente— Yo realmente me tengo que ir. Tengo una cita con Skyrim esta noche. Quiero patear el culo de ese dragón— Alastor resopló.

— Skyrim es patético— dijo antes de caminar alejándose un poco hacia un armario y sacar una toalla— La historia es débil y no hay elecciones significativas en el juego. Trata con Planescape: Torment , si quieres jugar un verdadero RPG5

Regresó a Angel y comenzó a secarle el pelo con la toalla, luciendo bien y eficiente. Como si no hubiera nada extraño en ello. Como si fuera una cosa perfectamente normal para hacer.

Angel se le quedó mirando.

Bueno. Él sabía que Alastor podía ser un hombre muy considerado cuando quería serlo -Angel lo había visto en el modo "novio Perfecto" demasiadas veces ya para contarlas, y siempre le molestaba- pero esto... Angel tuvo que admitir se sentía... Agradable cuando él estaba en el extremo receptor de sus atenciones. Más que agradable.

— Cállate, resentido— dijo Angel con una sonrisa forzada, tratando de actuar como si esto no le hiciera sentirse extraño en absoluto— Yo no juego Skyrim por la historia. Lo juego porque es lindo y divertido ¡Y puedo ir a cualquier sitio al que quiera! Además, tiene algunos modos de juego geniales— Él movió sus cejas— Como prostitución animada ¡Puedes tener sexo con quien quieras!— Alastor resopló.

— ¿Por qué no me sorprende?— murmuró, sus fuertes dedos masajeándole el cuero cabelludo mientras continuaba secando el cabello de Angel.

Angel trató de no reclinarse hacia su toque; realmente, lo intentó.

— Yo no sabía que jugabas videojuegos. No pareces ése tipo.

— ¿Por qué?— Angel se encogió de hombros.

— No lo sé. Siempre te ves tan... Maduro y serio.

— No tienes que ser inmaduro y ultrasensible para disfrutar de un buen video juego— la voz de Alastor sonaba plana, pero sus ojos brillaban con diversión.

Angel se rió un poco.

— Sí, búrlate de mí— Él se quedó inmóvil cuando los dedos de Alastor le rozaron la sien.

— Está lo suficientemente seco ahora— dijo Alastor, en voz baja.

— Sí— dijo Angel, balanceándose ligeramente sobre sus pies. Sus labios se separaron. Se los lamió cuando sus miradas se encontraron.

Los dedos de Alastor todavía estaban en su cabello.

— Dulzura ¿Me puedes ayudar con este adorno?— Alastor no se movió, todavía mirándolo fijamente— ¿Alastor?— Algo brilló en los ojos de Alastor.

— Sí— dijo, pero no se alejó de Angel.

Angel miró por encima del hombro a Mimzy. Ella tenía los labios fruncidos apretadamente.

Cuando sus ojos se encontraron, ella lo fulminó con la mirada.

— Correcto— dijo Angel, dirigiéndose hacia la puerta— Nos vemos— La mano de Alastor lo aferró del brazo.

Angel inhaló temblorosamente, su corazón latiendo en su garganta.

— ¿Que?— dijo sin darse la vuelta.

El aliento cálido de Alastor rozaba su oreja.

— Feliz Navidad— Angel exhaló y susurró

— Feliz Navidad— La mano en su brazo se mantuvo por un momento antes de que desapareciera. Angel abrió la puerta y se fue. Como siempre hacía.

Estaba oscuro afuera.

Estaba nevando; suaves copos de nieve de ensueño giraban en espiral hacia abajo camino al suelo. Luces rojas y verde claro brillaban a lo largo de las ventanas y puertas de las tiendas, mientras que las calles estaban cubiertas de una alfombra blanca. Era hermoso. Como algo salido de un cuento de hadas.

Angel se metió las manos en los bolsillos y caminó. La nieve crujía bajo sus pies y se metía en sus zapatos.

Sintió el frío hasta en los huesos.

— Feliz Navidad— susurró y se rió, sonando agudo y quebradizo.