Código Galaxy

Capítulo 12

Aquel era el primer día en que el grupo de Jeremy salían de su cuarentena obligada. Habían pasado un total de tres semanas estándar, equivalentes a 21 días estándar de 30 horas cada uno y que suponían 26 días en la Tierra. Durante los primeros 5 DE estuvieron solos hasta que Aelita se acabó de romper, momento en que llegaron los clones. Ella sentía muchas ganas de explicarle a Jeremy qué había pasado aquella noche, se sentía fatal por ello y muy culpable por serle infiel al rubio, pero Odd insistió en guardar el secreto.

-Tranquila, no se enterará- estaban cuchicheando de camino a la primera clase.

Ese era el primer día que salían todos juntos, si contar con las veces que Jeremy y la chica tuvieron que ir, el primero a conocer a los clones, y la segunda para cambiar de mentalidad con lo que estaba pasando. Ambas salidas sirvieron bastante para su cometido y no fue necesaria más intervención al respecto, lo sucedido aquella noche fue suficiente para que ella asentara la cabeza definitivamente.

-Pero, ¿y si pasa? No quiero que se entere por un tercero…- murmuraba ella, eso era lo último que deseaba. Gracias a ir los últimos, podían estar más o menos tranquilos de que nadie reparara en ellos.

Tampoco es que hubiera mucha distancia entre donde dormían y el aula, pero menos era nada.

Algo hastiado, Odd se detuvo un poco, y ella con él- Se lo diré yo. Si… se tiene que cabrear, que sea conmigo- ella le sonrió.

-Gracias, eres un gran amigo- le abrazó entonces, y se unió con los demás, que iban entrando al cuarto.

-Amigos, ya…- gruñó, molesto. En realidad no se lo iba a decir, no era tan estúpido.

Además se sentía superior a su amigo por ser el primero en ver desnuda a la muchacha, cosa que en teoría le correspondería a Jeremy pero… fue él. Y se lo llevaría a la tumba, salvo que pueda usarlo más adelante en su favor. Le diría algo, de todas formas, por si ambos lo comentaban y que así ambos creyeran algo lo bastante conveniente para salvar su trasero. Conociéndoles no sería de forma directa, lo que era perfecto.

-¡Odd! ¿Vienes o qué?- Yumi estaba a las puertas de la sala, con cara de diversión.

-Sigo con hambre, ¿Cómo voy a afrontar el día si me dan tan poco de desayuno?- bromeó, bostezando incluso.

Yumi se rio un poco por ello y le dejó entrar a la sala. Allí ya estaban sentados todos los demás menos ellos dos, y el muchacho sintió algo de presión en el pecho. De no ser por ver allí a los clones sentados aquella casi parecía una clase más en Kadic. El suelo era de losas, paredes blancas y unas ventanas que daban, al menos en apariencia, al exterior. La pizarra era un marco negro y en cada asiento había una gran pantalla. Naipe le observó con una ceja alzada.

-¿Te pasa algo, Odd?- le preguntó, pero este negó.

-No, es que…- Ulrich suspiró.

Estaba al lado de Jeremy, sentados en la esquina superior derecha. A su izquierda, Yumi y Aelita, mientras los clones estaban en grupos de dos. Ritmo y Compás detrás de los chicos, mientras Muralla y Ventura estaban detrás de las adolescentes. Él estaría junto a Dinamo a la izquierda de las dos clones, estando así una línea de 2 y detrás una de 3, y formando por tanto una suerte de L.

-Se parece un huevo a nuestra casa. ¿Esto ha sido cosa tuya, no, Jeremy?- este asintió, y se hundió de hombros.

-Me preguntaron ayer cómo eran las cosas en la Tierra, cuando nos dieron la cena. ¿Os acordáis?- y asintieron los demás.

Así era mejor pues se encontrarían más a gusto, aunque esa era la teoría. En la práctica no sabían muy bien qué decir, pero Naipe no dio tiempo a que pensaran demasiado en ello.

-¡Bien, primera lección! Física y química, demostradme lo que sabes. Jeremy- este se levantó algo nervioso.

Ella tecleó en su mesa, también contaba con una pantalla interactiva. En la pizarra aparecieron unas fórmulas matemáticas que él identificó rápidamente. Lo mismo que ella iba escribiendo aparecía al mismo ritmo en las pantallas de todos ellos, les recordaba bastante a lo que se veía en las pelis. Sólo que aquello era real.

-¿Sabes de qué son?-y él asintió.

-¿Las sabrías aplicar?- en eso dudó algo más pero volvió a asentir. Naipe sonrió, cerró esa ventana y mostró un gran cuadrado blanco con varias pestañas en el lateral izquierdo.

Empezó a dibujar con maestría y colocó algunos datos a modo de enunciado y que Jeremy ni entendía, pero que seguramente tendría que resolver, de alguna forma.

-Bien, ahí tienes La características de un haz de luz lanzado por un soldado con una L-300, tienes un minuto para determinar donde cae- y apareció un cronómetro en un lateral.

El muchacho tragó saliva, empezó a temblar un poco y hacer operaciones rápidas en su cabeza. Apenas quedaban diez segundos cuando, casi al azar, hizo una cruz donde estimaba podría ser la respuesta indicada.

-Jeremy dice que cae a doscientos metros del lanzador, ¿Ulrich, qué opinas?- este alzó la cabeza y balbuceó un poco, sonrojado.

-¿Yumi?- ésta casi ocultó su rostro entre su pelo, por lo que la mujer pasó a Aelita, que se hacía la tonta escribiendo algo en su pantalla, pero en realidad tampoco tenía ni idea.

Suspirando, la clon posó vista entonces en Muralla. Este se alzó enseguida.

Se cuadró y casi gritando, dio una respuesta- ¡El proyectil caería a 250 metros del lanzador, con 30 grados de inclinación y en la pared derecha, señora!- se golpeó en la rodilla mientras se levantaba pero aguantó el tipo como buen soldado.

Odd aguantó una risita, mientras los demás clones sudaban algo en frío deseando que su compañero hubiera acertado. Durante su formación rápida habían hecho sobre todo práctica, no esas cuestiones que apenas habían trabajado.

Pero Naipe negó- Me dan igual todas las respuestas- rodeó con un círculo rojo el nombre del arma.

-Ya deberían saberlo, venía en el temario que os dimos- regañó la mujer.

Al ver que no caían, procedió a explicarse- Estas armas siempre apuntan de forma automática. Pero en el supuesto de estropearse esa función… Muralla es el único que ha acertado- este sonrió por dentro con cierto orgullo.

-Con esto quiero que veáis que en una situación de estrés, y perdonadme la expresión, andáis jodidos. Será mejor que os preparéis a fondo- borró lo escrito en la pizarra, y en su lugar apareció un documento de texto.

-Como tenemos poco tiempo iremos directamente al grano. Os estaremos enseñando todo lo que podamos en el menor tiempo posible, pero… siendo realistas, llevará tiempo- suspiró entonces.

Aelita alzó la mano, Naipe no entendía muy bien a qué venía.

-Es que tengo una duda- añadió ella, y la clon la invitó a hablar con un gesto, apoyándose en su mesa.

-¿Después de todo esto nos enseñarán a hacer eso de la energía? Según Seriel y Asmeya íbamos a aprender sobre eso también- y la otra asintió.´

-Sí, pero todo a su tiempo- sonrió por ello, y entonces se aclaró la garganta.

-Bien. Lo primero son los tipos de armas. Encontramos las tipo L y las tipo E. Las primeras disparan haces de luz, las segundas crean escudos para defenderse. Las espadas de luz son un arma especial de los Xanium- mostró imágenes de cada una.

Eran idénticas a las que vieron durante su escaramuza en la nave imperial cuando fueron rescatados. Y al parecer había varias de cada tipo, de 100 a 600. El número indicaba la potencia, a más alto era más fuertes eran los disparos o la defensa, según el caso. Las espadas eran diferentes, pues aunque muy impresionantes, en manos no aptas no valían de absolutamente nada por ser más veloces las armas de láser. Se trataba de un tubo más o menos largo con un cristal en su punta, una agarradera con las marcas de los dedos para ayudar a su sujeción, y encima de esta un sensor. Era bastante simple en realidad.

-Sin embargo, la potencia no lo es todo. Necesitas habilidad para disparar, puntería, y sobre todo saber usar el arma- les enseñó una entonces, y que sacó de su cinturón.

-Esta es una L-500, de las más potentes. Con esto matas casi cualquier cosa, pero tarda en cargar y es pesada, ya veis que es grande- efectivamente, parecía un fusil de asalto.

Mostró una versión del mismo arma pero bastante más pequeña, de aproximadamente la mitad de longitud.

- Esta es una L-100, en un humano le provocaría una lesión de quemadura grave pero no llegaría a ser letal. Lo bueno, que puedes disparar muchas veces en el mismo tiempo que la anterior carga, así que es ideal para tiroteos rápidos. Deberéis aprender cuando es mejor usar unas u otras- quitó entonces las imágenes y miró a Ventura.

-¿Me sabes indicar las partes del arma?- y este asintió.

Ella le entregó la misma, y comenzó a señalar- Cargador, gatillo, cañón y láser-

Esta asintió sonriendo- Efectivamente, ¿y qué pasa cuando se descarga?- este dudó un poco.

Ella alzó una ceja- Es que… en realidad no se descargan. Tienen una batería nuclear que la mantiene en constante funcionamiento, como las espadas de luz- y Naipe asintió.

-Exactamente. Primera lección, estas armas puedes dispararlas de constante, que no se van a quedar sin disparos-

-En contados casos tendréis que cambiar la batería, normalmente porque comienzan a fallar pero la L-500 que os enseñé antes la tengo desde que nací, hará 3 años aproximadamente- explicó. Ulrich alzó la mano en ese momento.

-¿Y vamos a usarlas hoy, o…?- y la mujer sonrió de tal forma que a ellos les dio algo de miedo.

Las clases siguieron con normalidad. Tras el uso de armas estudiaron, ahora sí, física más teórica y lengua galáctica, momento en que desactivaron sus placas que les permitían hablar el idioma común para que, en caso de rotura por cualquier motivo se pudieran comunicar con los clones o con otros oficiales sin demasiados problemas. Por supuesto en eso entraba la escritura y estuvieron un buen rato hasta que aprendieron el abecedario galáctico y que a Jeremy le sonó extremadamente familiar.

-Son las mismas letras que aparecían en el súper ordenador, ¿o es cosa mía?- comentó Ulrich, en sus pantallas vieron una plantilla con todas las letras y que tenían que repetir cada una varias decenas de veces.

-Lo son, lo son. Extraordinario…- Jeremy tenía una sonrisilla en la cara, estaba disfrutando con ese aprendizaje.

Había en total 26 letras más los símbolos de escritura y que les recordaba a las lenguas que ya conocían. ¿Qué probabilidades había? Desde luego ínfimas, pero les prometieron que el día siguiente se lo explicarían todo detalladamente cuando dieran algo de historia.

-¡Me abuuuuurroooooo! ¿Cuándo vendrá lo divertido, Naipe?- exclamó de pronto Odd, en francés, así que esta ni le entendió.

Se limitó a hundirse de hombros, se acercó hasta él y le puso la mano en la cabeza, obligándole a seguir.

Aelita y Yumi se rieron, mientras Ulrich rodaba los ojos y Jeremy ni se enteraba de aquello. Los clones se miraron entre ellos sin comprender demasiado, apenas sabían un par de palabras que el rubio les enseñó.

-Le llamaban… Einstein, ¿no?- Muralla estaban a un lado, repasando un poco mientras los demás aprendían las letras. Junto a él estaban los demás clones.

Fan asintió, estaba tamborileando en su mesa- ¿Deberíamos… llamarle así? No deja de ser nuestro jefe- añadió.

-Yo creo que le gustará. Como si llamamos a la jefa Princesa- añadió entonces Compás, contenta.

-Son nuestros superiores. No deberíamos salvo que ellos nos dejaran. Es como con Gruñón o con Otaku- las palabras de Dínamo hicieron que los demás asintieran.

Y aunque Jeremy no entendía casi nada de lo que decían, sí que oyó claramente la palabra Einstein. Y sabía perfectamente de dónde venía. Suspiró, Odd era incorregible. En ello pensaba mientras hacia los ejercicios, tan concentrado que ni notó que alguien se colocaba a su lado.

-Jeremy- y giró de pronto su rostro. Vio justo delante de él a Aelita, y una sonrisa boba apareció en su boca, por lo que ella hizo lo mismo.

-¿Sí?- preguntó, y ella se rascó algo la nuca- ¿Me ayudas, por fi? Me cuesta un poco- en realidad no lo necesitaba en absoluto pero quería pasar tiempo con él. Y de paso… hablar.

-Oye…- murmuró ella al rato, habían hecho un par de letras ya pero estaban los dos aburridos ya de eso.

El chico la miró con interés- ¿Te… contó Odd lo que pasó?- preguntó.

El chico suspiró, y ella se temió lo peor- No, ¿por? ¿Qué tendría que saber?- ella se puso colorada.

Se comenzó a poner nerviosa, y temiéndose que pudiera liar alguna, Odd se levantó y tiró de Jeremy hacia arriba.

-¿Sucede algo?- preguntó Naipe, volviendo a encender el traductor, pero el primero negó, con una sonrisa afable.

Sin entender demasiado Jeremy se dejó llevar a un lateral por Odd, que le empezó a susurrar.

-Es… bueno, tuvo un retortijón, ya sabes, y… tuve que echarle una mano. Se puso muy nerviosa la pobre, ya sabes cómo es- esa mentira era descarada, pero no tenía más opción.

El otro asintió entendiendo, pensativo, y luego miró a Aelita. A ella se le cayó el mundo a los pies por ver lo serio que estaba, y vio como en cámara lenta ambos volvían a su sitio. Jeremy se recolocó en su asiento, y la miró comprensivo.

-Tranquila, ya me lo dijo. Un accidente lo tiene cualquiera- ella parpadeó confusa. ¿De verdad… no le importaba? No se lo creía.

-¿De… de verdad no estás enfadado?- preguntó, y él le restó importancia.

-Nos puede pasar a todos. Pero tienes que controlar más los nervios- regañó, y ella asintió con ganas.

-¡Por supuesto! ¡Jamás volverá a pasar!- y ella sonrió mucho más tranquila, sin ser consciente del movimiento de Odd.

Este había escuchado todo, y por dentro se sintió orgulloso y algo molesto a partes iguales. Ahora ella estaba más unida a él, éste pensaba que la chica era más dulce que el caramelo, y ahora se encontraba más lejos del corazón de Aelita que nunca. Ya se buscaría los medios para que fuera suya, nada se resistía a Odd el magnífico.

En ello pensaba cuando se abrió la puerta del aula. Apareció Asmeya, con su uniforme de capitán de la República: uno conformado por unas protecciones en pecho, hombros y piernas, con la tripa protegida por un haz de plasma, así como la parte interna de brazos y muslos.

-Está todo listo, ¿cómo ha ido la primera clase?- preguntó, los adolescentes volvieron a encender las placas con el permiso de Naipe, y entonces la Xanium preguntó lo mismo.

-Al menos esto no es repetir lo mismo vez tras vez- comentó Yumi, recostada en su mesa, Ulrich seguía concentrado en la pantalla, acariciándose la frente con los dedos.

-Me alegro. En un rato vendrá Cubo a por vosotros, quiere comprobar vuestras aptitudes físicas de primera mano, y de paso haremos también el análisis cuántico en el mundo virtual. ¿Os han hablado de este proceso?- preguntó.

Estos asintieron- Fue hace una semana, cuando nos dijeron que hoy sería la primera clase- respondió entonces Ulrich, se había levantado y puesto a estirar su cuerpo.

-Perfecto. En ese caso…- se giró al notar que llegaba alguien y sonrió un poco. Era precisamente el clon, que apareció por la puerta con las manos tras la espalda.

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Durante ese mes, en la Tierra también habían pasado bastantes cosas. Los Knight y los Magné habían contemplado con estupor como los imperiales se dedicaban a matar sistemáticamente al cinco por ciento de cada zona habitada para asustar a la disidencia y dejar en claro que toda acción contraria al Imperio conllevaría medidas terribles contra la población. De hecho durante las primeras horas de aquella mañana Sam y Percy estuvieron aterrados ante la idea de que apareciera una patrulla por casa y que se los llevaran, pues por la televisión aparecieron líderes de diferentes grupos antisistema muertos en vivo y en directo por parte de oficiales imperiales.

En ese momento llegó la calma. Las protestas desaparecieron de pronto y los ánimos se congelaron tras la explosión de violencia y odio de la noche previa y que derivó en matanzas tanto de los locales como por parte de los foráneos. Y es que al final del día la gente quería vivir tranquilamente y sin preocupaciones ni problemas más allá de los que ya la vida de por sí le planteaba. Zormu observó aquel cambio con una sonrisa de satisfacción.

-Qué fácil es dominar a un pueblo, ¿sabes, Dáraman?- se giró entonces.

Se encontraba en su despacho en la nave crucero que sobrevaloraba la Tierra. Allí estaba su médico personal, era de la otra especie nativa de su planeta natal. Anatómicamente se parecía mucho a la de Zormu, pero la de Dáraman tenían los ojos predominantemente violáceos, y contaban con unas glándulas en sus pulmones que desarrollaban gases especiales y que servían a modo de calmante, relajante muscular, o incluso para ayudar a la curación de determinadas enfermedades.

Este permanecía en un respetuoso silencio- Primero, les doblegas con toda tu fuerza. Luego, tomas todos y cada uno de sus héroes, de sus símbolos, y los destruyes. Cuando eso pasa, el pueblo se levantará, habrá caos, y entonces, debes aplastar ese fuego inmediatamente. Darles una sensación de que sólo contigo habrá paz. Y entonces… serán tuyos hasta morir- sonrió algo.

Los ojos de Zormu reflejaron la luz entonces y brillaron como los de un gato. Dáraman entendía que no estaba sólo contando qué había hecho en aquel planetucho que sobrevolaban, pues eso mismo lo había hecho en su propio planeta, Delta Airei 5. Sólo que los que habían sufrido aquel proceso era su propia especie en lugar de la de un mundo extraño que ni conocía siquiera.

-Pero qué sabrás tú, si eres un simple deloriano…- el aludido asintió. Evidentemente no lo pensaba, pero no era momento de mostrar esos pensamientos.

-La tuya es una especie que entiende su posición, ¿sabes? Tenéis claro que os va mejor bajo el control de los delaranios, sobre todo conmigo al mando. Los seres de este mundo… espero que lo entiendan pronto también. No sería agradable tener que sacarles de su error a la fuerza, ¿no crees?- a eso Dáraman se limitó a asentir.

Hubo un largo rato de silencio, durante el mismo Zormu observaba la rotación del planeta pensativo mientras el otro permanecía callado para no importunar a su amo. Porque lo era, como era el señor de todo su mundo. Las vidas de todos, delorianos y delaranios por igual, estaban en sus manos permanentemente.

-¿Preparaste mi medicación? Me duele un poco la cabeza últimamente…- murmuró, y Dánaman asintió, cortés.

-Tengo la bombona con los gases preparada, señor. ¿La tomará ahora?- y el otro asintió.

-Ya llegó mi marido desde nuestro mundo, por cierto. En cuanto acabes conmigo quiero que vayas a hacerle un reconocimiento completo- todo lo frío que era con los demás lo compensaba con lo agradable que era con su pareja.

Con una mera reverencia el otro obedeció. En un lateral efectivamente tenía una caretilla que flotaba y que permitía llevar pesos enormes con tan solo una mano. La acercó hasta el líder político, ya sentado en su sillón y a la espera. Le tendió una máscara que iba conectada con un tubo transparente hasta la boquilla de la bombona, y cuando se la colocó en el rostro, Dáraman liberó su contenido.

Un suave gruñido salió del pecho de Zormu, que se relajó de forma inmediata. Su vista se cristalizó un poco, y una ligera sonrisa apareció en su rostro cuando por la puerta vio como aparecía una suerte de entidad humanoide. El mismo contenía un gas verdoso que se movía y en el que se veían pulsos eléctricos. Gracias a la tecnología de la República tenía un cuerpo de carne y fibra que aparentaba con una fidelidad extraordinaria que era de carne y hueso. Lo único que demostraba que no lo era se encontraba en su estómago: una esfera que contenía al gas vivo que movía el traje.

-Mi amor… ¿cómo te ha ido en este planetucho?- su voz era suave y cálida, y para dejarles intimidad, Dáraman salió del cuarto, con una amplia sonrisa en su rostro. Zormu ni se enteró de que salió, demasiado absorto con su marido y las caricias que este le daba. Su pelo era negro como el azabache, mientras sus ojos tenían una tonalidad bastante clara. Su cálida piel hacia que el tirano se acurrucara, y su aliento hacia que se le erizara el vello-

-Bien, bastante bien Aquión…- la voz del político se fue suavizando según hacía efecto el gas, y la visión se le fue haciendo borrosa.

Durante unos instantes los ojos de Aquión pasaron de ser azules a morados, pero Zormu ni se lo planteó. Simplemente cayó dormido mientras el segundo le recostaba entre sus cómodos brazos, cantándole una suave nana.

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Durante ese mes el grupo de Laura cumplió con lo que su líder había dicho: convivieron todos en el mismo espacio desde el amanecer hasta que dormían, estando siempre juntos para hacer grupo. En ese lapso de tiempo Jim adelgazó bastante, pasando de ser una mole de grasa a una de músculo, pudiendo incluso competir con Hielos en rondas de pulsos para demostrar que había dejado de ser, como le llamaba Laura, una "albóndiga".

De hecho también había probado la veracidad de sus muchas historias de aventuras, cuando afirmaba haber estado en submarinos, en la selva, o incluso protegiendo a algún líder político importante.

-¡Ay, calla maldita sea!- era de noche, estaban en su cuarto y aquella era la tercera anécdota del antiguo profesor, y Estrella, Blancas y Negras estaban bajo una manta y con algo de miedo en el cuerpo por los cuentos de él.

William debía reconocer que, cuando se ponía, era un excelente orador- ¿Y todo esto le pasó de verdad, señor Jim?- le preguntó Vientos, que estaba como un niño pequeño, muy interesado.

-Por supuesto- y Hertz, allí presente también, rodó los ojos.

-Ya, claro- murmuró, divertida. El aludido se rio un poco.

-Oh, vamos Suzanne. Sea o no verdad, ¿qué más da? Es divertido- comentó, risueño, y ella sonrió algo entonces.

Siempre le había visto como un bárbaro peor que los que quemaron la biblioteca de Alejandría. De hecho un día se lo gritó. Pero… tenía su cierta sensibilidad. Y ese aspecto duro y demasiado bruto guardaba, bastante al fondo todo había que decirlo, una calidad humana excepcional. En esos casi 30 días se habían acercado bastante.

-Eso sí, sin duda- se estiró un poco. A su izquierda estaban Patrick, Floresta y William, que estaban tapados por una manta.

Laura estaba bastante contenta. Había logrado, siguiendo las indicaciones de su maestra Starlight, unir al grupo y que pudieran estar todos juntos y ser uno sólo. Habían hablado y entrenado mucho todos ellos, incluida ella, que había pasado de ser la malvada imperialista que les tenía ahí atados… a una suerte de confidente.

-Mañana por la mañana os llevaré por primera vez al ordenador cuántico- comentó, y los demás la miraron con interés.

-Susan, tú serás la que les lleve al mundo virtual, ¿vale?- y esta asintió.

-¿Entraremos todos, teniente?- preguntó Hielos, y ella asintió.

-Los clones no tenéis poder alguno para descifrar, pero vosotros sí- y señaló a Patrick y William.

-Con un ordenador cuántico se pueden saber muchas cosas, entre otras cual es el máximo de poder de un individuo. Y en eso entran los poderes especiales que os conté- explicó ella.

William bajó entonces el rostro. No quería ir, la última vez que entró fue tomado como esclavo por una IA que le obligó a luchar contra los que eran sus amigos, y eso le había dolido profundamente. Ahora deseaba no tener que hacer lo mismo, pero conociendo su suerte seguramente se acabaran reencontrando en el frente, y de nuevo como enemigos. Y esta vez no sería capaz de mirar a los ojos de Jeremy, o de Ulrich… o a los de Yumi.

-¿Estás bien?- murmuró Estrella, algo preocupada, pero le restó importancia con un gesto.

-Sí, perfectamente- afirmó, casi de inmediato.

Sonrió un poco al ver que no quedó demasiado realista, pero los demás decidieron que no le presionarían. Si tenía que contar algo lo haría por voluntad propia.

-Mejor, tenemos que estar frescos y descansados para entonces, así que vamos a dormir ya- se levantó entonces, los demás se cuadraron ante ella inmediatamente, recogieron las cosas y fueron hacia la zona de descanso en silencio.

Laura apagó la luz que usaban a modo de iluminación central y fue también a su cama, algo cansada por todo el trabajo de aquel día. Dudaba bastante poder dormir de todas formas, pues los nervios impedirían que conciliara el sueño. Su maestra estaría presente ese día y tenía que salir todo perfecto, y su mayor deseo era que la otra se sintiera orgullosa de ella.

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Precisamente esta se encontraba de gala, lejos del planeta de entrenamiento imperial donde estaba su alumna. Si la capital de la República era Alfa Leoni 1 – Asmara – la del Imperio era Beta Escorpi 1. Al otro lado de la galaxia, y a tres días de viaje a través de los caminos estelares que se trazaban a lo largo del espacio. Antes de la guerra civil eran las dos perlas de la República, centros urbanos donde se movían millones de seres, miles de millones de mercancías, y cantidades ingentes de dinero. Eran grandes centros de comercio y florecientes lugares de intercambio, donde muchos querían ir para buscarse una mejor vida. Mientras se miraba al espejo Asmae vio por el rabillo del ojo aparecer a Beatrice por la puerta del baño.

-Hola Bea- comentó, y se giró.

Contempló el vestido de ella. Era rojo, ligeramente escotado y siguiendo la moda imperial, con su logo en forma de alfiler y que unía la parte delantera con la trasera. Por su parte la otra llevaba su traje de gala, con la corbata perfectamente colocada y todas sus medallas bien limpias en su pecho. Starlight se dedicó a colocarle cuidadosamente la ropa, mientras la otra se sonrojaba ligeramente, se sentía un poco como una niña pequeña.

-¿Está usted lista?- alcanzó a preguntar entonces, y la otra miró ligeramente molesta.

-Ya te he dicho que no me trates así. Háblame de tú a tú- casi ordenó, pero la otra negó.

-Se supone que soy tu ama de llaves, tú… secretaria o algo así- comentó, a lo que Starlight negó.

-Cierto, pero no lo eres. Sabes de sobra tu misión realmente- Beatrice asintió entonces.

Ella era una suerte de agente secreto de la oficial. Era lo ideal, siendo una humana y como mujer entrenada en el combate por ser agente de seguridad en su planeta natal, tenía todas las aptitudes para el cargo. Y precisamente por no venir de la galaxia todos se sentirían mucho más tranquilos con ella delante, pensando que no tendría ni idea de nada de lo que pudieran ellos hablar. En palabras de Starlight sería como hablar en clave delante de un animal, no tenía sentido y podían ser como quisieran. Así que se infiltraría allí donde la mandara, recabaría información y se la entregaría a su señora, al más puro estilo James Bond.

-Aún no me ha dicho qué hago aquí- y la imperial frunció algo los labios.

-Sí que te lo he dicho- afirmó, y Beatrice supo que era mejor no insistir más.

En ese mes había aprendido bastante sobre la mujer, entre otras cosas que era mejor no llevarle demasiado la contraria, que su vida privada era extraordinariamente privada, y que podía ser muy convincente cuando lo deseaba.

-Seré imperial y habré matado a más de los que puedo o quiero recordar, pero tengo mi corazoncito- afirmó. Decidió la humana entonces que la dejaría hablar.

-Te vi ahí, rodeada de esos animales, medio desnuda y a punto de ser violada por varios y… mi ira ardió. Te tenía que salvar, y encima demostraste un gran valor en esa situación. Eso es algo que he aprendido a respetar, el luchar hasta la muerte. ¿Te vale con eso o quieres que te haga un croquis?- Beatrice asintió, despacio. Sus mejillas se sonrojaron un poco por esas afirmaciones.

-Us… tú también demostraste mucho valor al ir a rescatarme. Pudiste pasar de largo y volver a la seguridad de tu nave- pero la imperial negó.

-Da igual, lo pasado, pasado es. Gírate- ordenó, y la otra obedeció.

Contempló a Beatrice, y sonrió complacida. Su cuerpo era delgado y atlético, su pelo estaba recogido en una coleta y llevaba un hermoso collar en torno a su cuello conformada por esferas de luz.

-Estas muy hermosa- comentó Starlight, y Beatrice sonrió un poco.

-Recuerda, serás mis ojos y oídos, bebe con moderación y entérate de todo lo que puedas. Te presentaré a un alto político imperial, el presidente de Gobierno del sistema Alfa – Gamma Acuari 4, aunque es el peor de todos. Supongo que por eso es el gobernante de su mundo- comentó.

Por lo poco que sabía aquel era un planeta de contrabandistas. Le sorprendía que hubiera un mínimo de orden en un mundo así dada la naturaleza de la actividad que desempeñaban. Asintió ante la orden dada, y entonces Asmae le tendió su brazo, para que lo tomara. A ella le recordó el gesto que un caballero haría para acompañar a su dama. Y su corazón se aceleró un poco ante ese pensamiento.

-Bajemos, nos llevarán en un cuatriplaza hasta donde se hará el evento. Está aquí cerca pero no me gusta llegar tarde a los sitios- salieron entonces del cuarto y llegaron al pasillo.

Este, al igual que su habitación, estaba alfombrado y con paredes blancas decoradas con símbolos dorados. Había pantallas que mostraban un hermoso paisaje externo y con luces a lo largo del techo, a Beatrice le recordaba bastante a los hoteles de la Tierra. De hecho no le extrañaba, sabiendo la historia de todo aquello gracias a sus visitas a la biblioteca personal de la oficial, a la que solía preguntar cuando dudaba sobre algo o no entendía algún suceso. Según esta era la mejor forma de formar a alguien, más cuando se es nuevo en un ambiente totalmente desconocido, y de paso jugarían con la teórica inexperiencia de ella.

-Esta fiesta la hacen políticos después del tercer aniversario de la rebelión. Son unos hipócritas y no han invitado a casi ningún militar, apenas estarán también los instigadores, pero… qué sabré yo, que solo soy una Xanium revolucionaria que sólo quiere lo mejor para los suyos- comentó.

Se habían colocado encima de la plataforma del ascensor, igual que los que había en las naves imperiales. Miró a la otra de reojo y soltó un suave suspiro.

-Esta guerra durará años… va a ser una de desgaste, ninguno de los dos bandos tiene aún la victoria y muchas cosas pueden ir mal- afirmó.

Delante de ella apareció el holograma para determinar a qué plantan irían. Ellas estaban en la 752, e irían al nivel del suelo, en la 0. Una vez dado al botón una luz las rodeó, y aparecieron en la misma plataforma pero bastante más abajo. Gracias a la tecnología que tenían en todas las plantas la presión era la misma en todas partes y no había problemas a ese respecto.

-Los políticos suelen ser así, sí…- murmuró Beatrice, aún no se acostumbraba.

A ellas se acercó un nativo. Era de aspecto humano, con cuatro brazos y dos piernas, ojos marrones y piel clara, tenía una amigable sonrisa en el rostro y estaba bien afeitado tanto en la barba como en su pelo. Llevaba un uniforme negro algo ajustado pero bonito pese a lo sencillo que era.

-Yo seré su chofer, si…- pero Asmae extendió la mano, como pidiéndole algo.

El aludido tragó saliva, rebuscó en su bolsillos, y sacó un mando tipo el que accionaba la puerta de un garaje.

-Esta fuera, a la entrada, señora- masculló suavemente, y se retiró rápidamente.

Starlight sonrió un poco e invitó a la otra a que anduviera- Prefiero conducir yo misma- comentó, ante la mirada de sorpresa de la otra, que se limitó a obedecer.

Una vez salieron del amplio salón de entrada del hotel – idéntico en decoración a los pisos superiores con la única diferencia de contar con un gran cuadrado central para atender a los clientes – salieron al exterior.

El cielo, de un hermoso color amarillento, estaba despejado y con el sol naranja iluminando el planeta. Hacía calor, por todas partes había lo que parecían arboles con hojas en forma de lámina y algo que se asemejaba a flores en la parte alta de sus copas. Vieron a múltiples nativos yendo y viniendo, pero apenas les vieron unos segundos. Centraron su vista en el vehículo ante ellas, a Beatrice le recordaba a un coche que planeaba, era muy estético en sus formas – redondeadas y con luces de un hermoso color azulado – y de unos dos metros de alto, con un morro alargado y un total de cuatro puertas.

-Monta- mientras que la imperial se montaba donde debía ir el piloto, la otra se sentó a su lado. Y si el exterior era espectacular, el interior no era menos. Parecía una nave espacial con tantas pantallas.

En cuanto se colocó en su asiento, ante Starlight se iluminaron los mandos del aparato, y sonrió. Mientras las biplazas tenían una dirección manual, aparatos más pesados – y por supuesto las naves – tenían un sistema de navegación mucho más preciso.

-Ahora vas a ver tecnología de verdad- extendió sus manos, y alrededor de las mismas aparecieron círculos de luz.

En torno a los pechos de ambas salieron de los asientos unas cuerdas que lejos de hacer daño les dieron sensación de seguridad, instante en que la imperial movió su mano izquierda un poco. Beatrice dio un grito de impresión cuando comenzaron a moverse a toda velocidad, saliendo cual bólido hacia las calles y obligando a más de uno a frenar para no estrellarse. Starlight dio un grito de júbilo cuando, moviendo ambos brazos, elevó en el aire el aparato y se colocó en un carril aéreo.

-Joder, ve con cuidado- exclamó Beatrice, su corazón iba a todo lo que daba por la impresión. La otra se rio un poco.

-¿Nunca has tenido que correr tras un malo?- preguntó, y la otra asintió.

-He estado en varias persecuciones sí, pero… esto lo supera todo…- miró por la ventana. Tenían por encima y por debajo vehículos como el suyo y lo que le recordaba a motos circulando.

-La circulación en general es más complicada aquí, sí. Pero por haber más carriles, porque el sistema es muy parecido al final- comentó.

Tomó la mano de la otra y colocó los aros de luz en torno a su brazo- Ahora controlas la dirección… así, muy bien- le movía poco a poco la mano para seguir el carril. A la vez que movían su brazo el vehículo seguía suavemente el gesto.

Al haber tubos a los lados a modo de guía era más sencillo- ¿Ves? Es como un coche de vuestro mundo, sólo que usas tus propias manos- comentó.

-Entonces debe ser mucho más difícil. Más si hay muchos otros volando en todas direcciones- y entonces la otra se hundió de hombros.

-La única manera de no estrellarte con alguien es no saltarte las prohibiciones de paso. Como esa- a unos metros de ellas vieron un robot que se mantenía en el aire y que tenía luces parpadeando. Estas fueron de color morado hasta que se pusieron en dorado.

-Ahora no podemos pasar. Cuando se ponga en azul podremos seguir, porque si cruzas ahora te estrellas de bruces con todos esos que van ahora por delante- explicó.

-Las batallas aéreas deben ser un caos…- murmuró Beatrice, y la otra asintió.

-Lo son. Pero así son más divertidas. Aquí puede pilotar cualquiera. Ahí arriba, la cosa cambia. Y yo soy la mejor- Beatrice sonrió divertida.

-No lo pongo en duda, Star- la otra la miró con una ceja alzada.

La chica se quedó blanca y comenzó a balbucear, pero la aludida se comenzó a reír un poco mientras movía de nuevo el aparato.

-De hecho me gusta. Eres… la primera en mucho tiempo que me trata como alguien normal- añadió entonces.

-Las otras fueron mi única alumna, Laura. Es casi mi hija. Y el otro… ya recapacitará- Beatrice creía saber de quien se trataba.

Estuvieron a partir de ahí en un agradable silencio con música de fondo que se oía gracias a la radio. Al estar insonorizado no escuchaban todo el sonido estridente del exterior y que en condiciones normales hubiera sido bastante molesto.

-Al principio no quería creer que los humanos venimos de la República, pero… con estas cosas…- Starlight sonrió un poco y giró su rostro un poco.

-Eres una mujer de poca fe, por lo que veo… Te tengo dicho que los republicanos no son de fiar y tú sigues empeñada en no hacerme caso- y la otra se acarició el puente de la nariz.

-Reconoce que la historia es cojonuda. Es decir, unos colonos de la República, hace más de diez mil años, llegan al planeta, lo habitan, se mezclan con los nativos a los que cambian su ADN, y por un desastre natural relacionado con volcanes pierden comunicación con Asmara y la Tierra queda olvidada por posteriores gobiernos- Starlight asintió.

-¿De verdad nadie preguntó? ¿En serio en 10.000 años nadie se preocupó de nuevo por ellos?- entonces la imperial cambió de carril.

No respondió hasta que se incorporó plenamente al mismo- No es que se olvidaran. Simplemente dejó de ser rentable. El planeta estaba lejos, el camino espacial hasta aquí no quedó terminado hasta años más tarde y para entonces apenas quedaban colonos así que el gobierno se limitó a tener el planeta controlado desde lejos y quedó como alto secreto de estado. Imagínate: millones gastados en poblar un mundo a la basura, entonces había reparos en hacer gasto público. Ahora… gastan en las bobadas que quieren- suspiró entonces.

-Me cuesta pensar en ellos como tan malvados…- musitó ella, y Starlight la miró.

Sus ojos brillaban bajo la luz dorada de la estrella principal del sistema, dándole un aspecto bello y poderoso. Sonrió un poco, Beatrice ni se había dado cuenta de que habían aparcado. Su corazón comenzó a latir con fuerza en ese momento, algo sonrojada.

-Lo son. Los políticos que conocerás hoy no son mucho mejores. Pero… te prometo que todo irá a mejor cuando yo gobierne con mi marido- y salió entonces del aparato.

Cuando salió la otra, ante su vista apareció un gran edificio de lo que parecía mármol blanco, bastante hermoso y con dos alturas, aunque la fachada no era totalmente recta pues la segunda planta no era tan larga como la primera, que se extendía varios metros más y formando un dosel sustentado por amplias columnas. Encima de la misma había una gran terraza donde estaban todos reunidos y ya de fiesta.

-Justo a tiempo. Nos hemos saltado todos los discursos- comentó Asmae, y, tomada de la mano de la otra, se dirigió a la entrada a paso firme.

Anduvieron los pocos metros de jardín que había entre la entrada y la puerta de acceso a las instalaciones, donde unos corpulentos nativos las pararon para pedirles acreditación. Una vez comprobaron su identidad las dejaron entrar, y pudieron entrar al interior del parque. Estaba cubierto por bellos parterres, algunas fuentes con un líquido verduzco semejante a agua y con lo que parecían aves volando por entre las copas de los árboles. Parecía un parque del sur de Europa a inicios de verano más que un mundo extraño.

-Sonríe mucho, déjate invitar y hazte la tonta. Les encantará que te hagas la tonta- le susurró, mientras andaban de la mano.

Beatrice asintió, decidida a… bueno, a ver qué pasaba. No tenía ni idea de protocolo, menos aún si se hablaba del de un mundo extraño que ni sabía colocar en el mapa de la galaxia. Lo que tenía claro es que se esforzaría. Se encaminaron a lo largo de un camino de piedra que las llevó a lo largo del parque hasta alcanzar el edificio que vieron al llegar. A sus puertas y protegidos por sombrillas vieron a varia personas hablando entre ellos animadamente, todos finamente vestidos con largos trajes muy coloridos. Los había de todas las formas, tamaños y colores.

-Señor presidente- saludó con una sonrisa falsa Starlight, haciéndole una ligera reverencia que fue imitada por la otra.

Este se giró. Era un nativo de aquel mundo, algo alto para su especie y con algunos abalorios de plata y oro en torno a su cuello, brazos y pecho. Formaban entre todos ellos el símbolo del imperio, así que claramente no era algo hecho de forma aleatoria. Este también sonrió un poco.

-Lady Starlight, un gusto verla aquí. Veo que viene bien acompañada- extendió su brazo inferior derecho y la aludida se limitó a acercar su mano a la del otro.

-Beatrice Magné, e-encantada, señor…- murmuró ella, y el otro soltó una ligera carcajada.

-El gusto es mío, señorita Magné. Yo me llamo Aeféris Kogaria, Presidente de este planeta y, si todo va bien, dentro de poco Aeféris Máximo, el primero de una larga dinastía de emperadores del Segundo Imperio galáctico-

Beatrice tragó saliva. Eso iba claramente en contra de los intereses y deseos de Asmae, que también deseaba ser emperatriz, y no solo ella notó esa contradicción. La tensión entre ellos era más que evidente.

-Para ello primero tenemos que ganar la guerra, y estamos lejos de ello, señor Presidente- comentó la general, con una ligera sonrisa. Dijo la última palabra recalcándola y molestando al aludido.

Este asintió un poco- Cierto, sus conquistas ayudan pero… siempre se puede lograr más- comentó.

Starlight frunció ligeramente el ceño- Ayudaría si nos dieran más presupuesto, ¿no se iba a hacer eso mismo en la sesión de hoy?- preguntó, pero Aeféris negó.

-Efectivamente, se iba. Pero ya sabes cómo es la política a veces, nos fuimos por las ramas… Pronto, lo prometo- la oficial apretó los puños pero asintió, sonriéndole un poco.

Beatrice fue testigo de todos aquellos gestos, y no sabía muy bien dónde meterse, pero por suerte la otra estaba igualmente deseando salir de allí, por lo que se despidió de Aeféris con una ligera inclinación, y tomó la mano de su compañera, penetrando por primera vez al edificio.

Éste era realmente hermoso y espacioso, con cortinas rojas y paredes de lo que parecían mármol y piedra. Pero ellas no estuvieron pendientes de aquello por ir rápidamente por el interior hasta llegar al centro de la estancia, donde estaba el ascensor cuántico.

-Que mal me cae ese gilipollas…- murmuraba Asmae, y Beatrice suspiró.

Esta la detuvo para que no subiera al ascensor. La otra la miró con sorpresa, no entendiendo muy bien porqué lo hacía.

-Estas alterada, Star. No… no sería bueno para la misión si llegas así al piso de arriba- en realidad eso le daba igual. Lo que sí le importaba era verla mal.

Esta bajó algo el rostro y suspiró pesadamente- Llevas razón… sí…- comenzó a calmar su propia respiración.

Alzó un poco el rostro y miró a Beatrice a los ojos. Esta se sonrojó un poco pero sonrió ligeramente, contenta porque la otra le hiciera caso.

-Gracias. Eres una espía bastante buena aunque solo hayas entrenado conmigo un mes- comentó, y entonces sí, subieron.

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(1) DE es día estándar; DT día terrestre

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.