-Vamos, JoJo, tienes que elegir algo… ¿qué tal este?- le preguntó Kakyoin, mostrándole un peluche de tortuga en la tienda en la que estaban.
-Cumple seis, no cuatro- gruñó Jotaro.
La cabeza le latía dolorosamente. Era una tarde maravillosa en una ciudad que ya no le parecía tan desagradable y en lugar de estar en la playa o paseando, Kakyoin lo había arrastrado a esa especie de cacería para conseguirle un regalo al crío.
-¿Quizás un libro?-le preguntó Kakyoin indicando la librería que estaba al frente, una vez que salieron al pasillo del centro comercial.
Jotaro asintió y empujó a Kakyoin en esa dirección. Súbitamente sintió que los observaban. Se detuvo y miró a su alrededor, ¿sería un stand user? Miró la cabeza pelirroja de su amigo y notó que también se había puesto tenso.
-Jotaro-s…-alcanzó a decir una voz rasposa detrás de ambos.
Por instinto, Jotaro se volteó y hundió su pie en el estómago de la persona que -calculó- estaba a unos dos metros detrás suyo. Un grito de dolor le advirtió que había tenido éxito.
-¡Jotaro!-exclamó Kakyoin girando su silla.
Un hombre en un oscuro traje negro yacía de espaldas respirando con dificultad mientras se sujetaba el vientre. Algunas personas que estaban cerca los miraban atentamente y cuchicheaban entre ellos sobre si llamar a seguridad o no. Jotaro tomó al desconocido de las solapas del traje y lo levantó.
-¿Quién eres y por qué me sigues, maldito?
-Jotaro...sama-balbuceó el hombre.
¿Jotaro-sama? Nadie lo había tratado con tanto respeto antes. ¿Quién carajo era ese hombre? Sólo entonces notó la insignia de la Fundación Speedwagon en el pecho del desconocido. Por supuesto, pensó.
Lo soltó delicadamente y lo sostuvo del hombro para evitar que se desplomara.
-¿Por qué demonios hizo eso? ¡Nunca se acerque a mí así por la espalda!-gruñó Jotaro, sintiéndose un poco culpable.
-Tengo una llamada para usted, Jotaro-sama-jadeó el hombre-. Es urgente. ¿Puede seguirme, por favor?
Asintiendo, Jotaro siguió al hombre a un teléfono público cercano, donde otro hombre vestido de similar manera lo saludó y se apartó del teléfono. Otro más de la Fundación, pensó Jotaro. ¿Por qué su abuelo tomaba tantas precauciones si ya sabía que él estaba ahí para conocer al Josuke?
-Sabía que andabas en Morioh-le dijo Joseph Joestar cuando se llevó el teléfono a la oreja-. ¿El canalla de tu abuelo te dijo que fueras?
-No, vine por mi cuenta. Pero me estoy quedando con él.
-¡Por supuesto!-exclamó su abuelo, molesto-. Traidor.
-Oi-lo frenó su nieto-. El único traidor aquí eres tú, no te hagas el ofendido ahora.
-No me refiero a eso, se supone que con tu abuelo teníamos un plan de acción para contarles…
-No me importa, no me metan más en sus líos. ¿Qué quieres?-lo cortó Jotaro
-Quiero hacerle un regalo de cumpleaños a Josuke-dijo Joseph, después de una pausa-. Y me dijeron que estabas en el centro comercial y pensé...
-Pues debería ayudarte oji-san, conoce mejor al crío que nadie en esta familia.
-¡Ese era el plan original!-tronó su abuelo-. ¡Pero no le pediré ayuda a ese… italiano!
-Yare yare daze-murmuró Jotaro, intercambiando una mirada exasperada con Kakyoin, que estaba a su lado jugando con su mechón de pelo-. No sé nada de niños, jiji. Yo tampoco sé qué regalarle.
-¿Qué te dijo el italiano? Asumo que te dio pistas o ideas.
-No lo hizo, está muy ocupado preparando la fiesta y entrenando al crío.
-¡Podría ir a conocerlo!-dijo Joseph, como si la idea le hubiese golpeado la cabeza.
-Ni se te ocurra, oji-san me dijo que su madre no quiere verte. Y jamás te dejará verlo si haces esa estupidez.
-¿Qué tal si le regalo un auto?
-Cumple seis, jiji. Ni siquiera a mí me has regalado un auto.
-Es verdad, nunca te pregunté, ¿quieres un auto?
-No, jiji, soy menor de edad todavía, ¿lo olvidas?
-¿Y para qué reclamas entonces? En todo caso, lo de ser menor de edad a los dieciocho es porque eres japonés, algo que afortunadamente se puede arreglar, ¿no quieres la nacionalidad estadounidense de tu madre?
-No, gracias. Y mamá renunció a la estadounidense, por si acaso…
-¿QUÉ?-tronó su abuelo.
-Cuando vea algo que le pueda gustar a Josu… al crío, te avisaré-gritó jotaro para hacerse escuchar por los alaridos de su abuelo-. Asumo que los de la Fundación seguirán por aquí rondándome. Ah, cierto, creo que le di una patada a uno.
-¿QUÉ?
-Lo llevaré al médico, para que no digas después que soy un delincuente o algo peor. Adiós.
Y antes de que Joseph Joestar le dijera algo más, colgó.
Después de muchas vueltas por el centro de la ciudad (gracias a que Kakyoin lo arrastró a una tienda de fotografía, a tomar helado, a visitar librerías y a un restaurante), Jotaro y Kakyoin volvieron a casa cerca del anochecer cargados con bolsas y cansancio. Dejaron las compras sobre una de las camas de la habitación que compartían y a los pocos minutos Caesar les llevó sándwiches y unos cafés. Mientras devoraba el bocadillo (adoraba los panini de mozzarella con tomate que hacía su abuelo), Jotaro le contó lo de Joseph y su llamada.
-Ese tonto…-suspiró Caesar con los dedos en el puente de la nariz-. Ya le dije que Tomoko no quiere verlo.
-Lo mismo le dije yo- dijo Jotaro-. De todas maneras, no puedes negarle que le envíe un regalo al mocoso, ¿o sí?
-Supongo que no-dijo su abuelo, dejándose caer en la cama de su nieto.
-¿Por qué Tomoko-san no quiere que Joestar-san aparezca por aquí?-preguntó Kakyoin, sentado en la otra cama.
-Cosa de ella-dijo Caesar, rápidamente. Muy rápidamente. Jotaro lo miró con suspicacia-. Es la madre y tiene la última palabra.
-¿Le dijiste que estamos aquí, oji-san?-preguntó su nieto-. ¿Y quiénes somos?
-No-dijo su abuelo-. Ustedes llegaron recién hoy en la mañana, no he tenido tiempo. Y no he visto a Tomoko o a su padre hoy.
-¡¿Qué estuviste haciendo todo el día, entonces?!-exclamó Jotaro, medio serio, medio divertido.
-Co-cosas-dijo Caesar-. Además, ¿exactamente qué quieres que le diga? "Hola Tomoko, llegó mi nieto, ¿recuerdas que te hablé de él?, bueno, llegó con su amigo de improviso a conocer a Josuke, sí, ya saben toda la verdad… ¡y también tienen stands! ¿Qué te parece? ¡Quieren saber qué clase de stand tiene Josuke! ¿Me ayudarías a explicarle a tu hijo toda la verdad? ¡En especial la parte en la que estoy casado con su padre que también está casado con mi amiga! ¡Claro! ¡Tomoko, por favor, ayúdame a explicar a tu hijo de casi seis años que vino a visitarlo su sobrino de dieciocho y que su padre es poliamoroso bisexual, tiene un stand y es mayor que su propio abuelo! ¡Digo, como para que no se espante en caso de que el estúpido de su padre quiera aparecerse también de improviso saliendo de un pastel, porque es la clase de tonterías que haría el imbécil de Joseph Joestar!"
-¿Qué es polibaboso bimensual?-preguntó una voz infantil detrás de él.
-¡Oh, nooo, Zeppeli-san, Josuke está detrás de usted!-exclamó Kakyoin con fingida sorpresa y moviendo las manos exageradamente.
Jotaro sintió deseos de golpearlo en serio, pero entendió en ese instante por qué su amigo estaba segundos atrás haciéndole gestos a su abuelo para que se callara. Por supuesto, notó la presencia del niño mucho antes con Hierophant Green. Maldición. pensó.
Él y su abuelo se voltearon lentamente para ver a un confundido Josuke en el umbral de la puerta.
-¡¿Josuke que haces aquí?!-exclamó Caesar.
-Yo venía…-Josuke se recargó en el marco de la puerta y se abrazó-...venía a preguntarte… Bueno, no importa,yo...
-Oji-san… tienes que contarle la verdad-dijo Jotaro, mirando seriamente al niño. Sabía que no había otra alternativa
-Sí, especialmente lo del polibaboso-dijo Kakyoin, sonriendo-. ¿Por qué no te sientas, Josuke?
El niño obedeció a las palmaditas que hizo el joven en la cama y se sentó cerca de él, muy derecho. Por un momento, los mayores se miraron unos a otros, como esperando que alguien dijera algo, pero finalmente fue Josuke quien rompió el incómodo silencio:
-¿Alguno de ustedes me va a explicar qué está pasando?-preguntó, irritado.
-Ok, Josuke. Em… tu padre también es el abuelo de Jotaro-dijo Kakyoin con decisión.
-¡KAKYOIN!-exclamaron abuelo y nieto.
-¡Bueno, alguien tenía que empezar!-exclamó el joven-. Yo no sé para qué me traen si saben cómo soy.
-¡Yo no te traje, tú me trajiste a mí!-tronó Jotaro.
-Yo no te obligué-dijo Kakyoin, encogiéndose de hombros.
Jotaro le tiró el resto de sandwich que le quedaba y Kakyoin se rió mientras se sacaba la ricotta del pelo.
-¡Ya dejen de pelear ustedes dos!-exclamó Caesar, enojado.
-¿Cómo que mi papá es el abuelo de Jotaro-san? ¿No que tú eres el abuelo de Jotaro-san, Shiza? Espera…-el niño entrecerró los ojos, pensando y de pronto gritó-.¡Si mi papá es el abuelo de Jotaro-san y tú, Shiza, eres el abuelo de Jotaro-san, entonces… ¡TÚ ERES MI PAPÁ, YO LO SABÍA!
-¿QUÉ?- exclamó Caesar, sonrojándose violentamente-. No, no, no… A ver, Josuke, te contaré toda la historia.
Y lo hizo. Le contó todo desde que él, Suzie y Joseph se habían conocido en Italia, cómo habían decidido vivir juntos porque se querían mucho, el nacimiento de Holy y Jotaro y brevemente el conflicto con Dio. Todo, por supuesto, narrado con el absolutamente necesario filtro infantil del tipo "cuando un papá, una mamá y otro papá se quieren mucho…", "este señor malo que era un vampiro que quería hacer daño a tu familia" y cosas de ese estilo. Aproximadamente treinta minutos después, cuando Caesar terminó de explicar; él, Jotaro y Kakyoin miraban a Josuke, que tenía la mirada perdida desde hacía un rato.
-Creo que lo rompimos-dijo Kakyoin, alarmado.
-¿Jo-Josuke?-preguntó Caesar, preocupado.
-Oi, mocoso-exclamó Jotaro, moviendo su mano frente a su ojos-. ¡Josuke!
El niño parpadeó lentamente y alzó la vista para mirar a Jotaro directamente a los ojos, de pie frente a él.
-¡¿TENGO UN SOBRINO GRANDE?! ¡FANTÁSTICO!
Acto seguido se lanzó y se aferró a la pierna de Jotaro, con una expresión de felicidad.
-¡ARGGG! ¡Suéltame, engendro!-gritó Jotaro, sacudiendo la pierna.
-¿De todo lo que le dijo solo le quedó eso?-preguntó Kakyoin a Caesar-. Estoy sorprendido.
-Aparentemente, ¿sí?-respondió Caesar, mirando a su nieto forcejear con Josuke.
-¡Ya verán mis amigos cuando vean que tengo un sobrino tan alto y fuerte! ¡Y también tiene stand! ¡FANTÁSTICO!-gritaba Josuke.
Comenzó a trepar por la pierna de Jotaro (con una habilidad sorprendente), pero este fue más rápido, lo tomó del cuello de la polera y lo despegó de su cuerpo. Con un poco más de fuerza de la necesaria, arrojó a Josuke a la cama libre como si se deshiciera de un gato particularmente enojado y hostil.
-¡YA BASTA!-exclamó Jotaro.
Josuke rompió a reír mientras rodaba en la cama para quedar en cuatro patas, como si se prepara para… ¿saltar?
-¡Hazlo de nuevo, hazlo de nuevo!-gritó el niño, eufórico-. ¡Soy tu tío, tienes que hacerme caso! ¡Te ordeno que lo hagas de nuevo!
-¿QUÉ DIJISTE, MOCOSO?
Estaba tan enojado que no lo vio venir: Josuke saltó y se arrojó contra su pecho con tanta intensidad que lo desequilibró y cayó al suelo estrepitosamente con el crío encima, riendo. Sintió la casa estremecerse con el golpe. Los mechones salvajes de Josuke le tapaban la boca y Jotaro escupió y resopló para quitárselos de encima. Condenado crío, pensó. ¿Por qué Star Platinum no había amortiguado la caída o algo?. Alzó la cabeza y miró el sonriente rostro de Josuke, que a su vez le devolvió una mirada prístina con esos ojos tan parecidos a los suyos. Por supuesto, era un crío. Y un Joestar. Star Platinum no lo reconoce como un peligro inminente, pensó. Dejó caer la cabeza y miró el techo de la habitación, resignado.
Sintió unas manos pequeñas tocar sus mejillas. Oh, no. Antes de que pudiera defenderse, esas manos sucias estrujaron su piel de la misma manera en que lo haría un familiar molesto. Igual a como lo hacía Joseph Joestar cuando Jotaro era pequeño y quería hacerlo enojar.
-¡Ya déjame en paz, mocoso!-gritó.
Pero fue Hierophant Green quien, enrollándose en el cuerpo del niño, quitó a Josuke de encima y lo sentó sobre la cama. Cuando Jotaro se sentó y se calzó la gorra nuevamente, vio que tanto su amigo como su abuelo estaban reprimiendo risas. Star Platinum se materializó detrás de Jotaro y, por una fracción de segundo, pensó en la posibilidad de atacarlos con varios ¡ORA!, pero recordó que los quería mucho y se obligó a calmarse.
Josuke miraba impactado a Hierophant Green, que había vuelto a su forma humanoide y flotaba detrás de Kakyoin. Luego miró a Jotaro -ya de pie-y a Star Platinum que se erguía detrás de él, amenazante. Los ojos del crío brillaron con intensidad.
-¡Wow! ¡Sus stands son geniales! ¡GENIALES! ¿Tienen nombre? ¿Desde cuándo los tienen? ¿De verdad lucharon con ese señor vampiro malvado con ellos? ¿Qué poderes tienen?
-Bueno, este es Hierophant Green-dijo Kakyoin, mientras su stand alzaba nuevamente al pequeño-. Me ayuda a moverme cuando no tengo mi silla o a alguna persona cerca.
-¿Ayudarte a moverte? No entiendo-dijo Josuke, flotando.
-Kakyoin sufrió un accidente cuando luchábamos contra DIO-gruñó Jotaro.
-El "señor vampiro malvado"- corrigió Caesar, con una risita-. Josuke, yo ayudé a Kakyoin lo que más pude con el hamon, pero…
-Ya no puedo caminar-dijo Kakyoin, encogiéndose de hombros-. Así que uso a Hierophant para moverme.
Josuke miró a Kakyoin, luego a Caesar y finalmente a Jotaro, ceñudo. Kakyoin lo dejó caer con suavidad sobre la cama.
-¿Es por eso que puedes subir las escaleras auqnue no puedas caminar? Aquí estamos en el segundo piso-murmuró el niño.
-Así es.
Josuke se quedó callado sumido en sus pensamientos. Miró a Jotaro y a Caesar y le sonrió a este último.
-¿Cómo es tu stand, Josuke? Zeppeli-san no nos ha dicho mucho sobre él…-dijo Kakyoin, rompiendo el silencio.
-No nos ha dicho nada-corrigió Jotaro.
-Tengo que volver a casa, es tarde-dijo Josuke, levantándose-. O me regañarán. ¡Más les vale que vengan a mi cumpleaños! Le avisaré a mi mamá.
Y antes de que alguien pudiera decirle algo más, se fue corriendo. Mientras Jotaro intercambiaba una mirada con Kakyoin, su abuelo se pegó en la frente y salió corriendo detrás del niño.
-¡Josuke, espera! ¡No le he dicho a Tomoko que Jotaro está aquí!
A la mañana siguiente, Kakyoin y Jotaro tomaban desayuno en la terraza trasera de la casa, que era una plataforma de madera con una sencilla baranda que daba vista al jardín. Jotaro estaba leyendo el periódico y Kakyoin escuchaba música y leía un libro cuando vieron llegar a Josuke, con expresión enfurruñada. Jotaro gruñó y se escondió detrás del periódico, pero Kakyoin se quitó los audífonos y pausó el walkman.
-Buenos días, Josuke. Feliz cumpleaños- saludó, mientras el niño se sentaba en la baranda.
-Buenos días-murmuró el niño.
-¿No deberías estar en tu casa, mocoso?-preguntó Jotaro, aún oculto.
-Sí, no… lo que pasa es que…
-¿Quieres hablar con Zeppeli-san? Está adentro-informó Kakyoin.
-No, yo… quería hablar contigo, Kakyoin-san.
-¿Conmigo? ¿Sobre qué?
-Sobre tu stand.
Jotaro bajó el periódico rápidamente. ¿Acaso el crío les iba a mostrar finalmente su stand? La noche anterior su abuelo había vuelto tarde y se había ido directamente a dormir sin decirles nada más. Y en la mañana les preparó el desayuno y no habló más del tema, respondiendo solo con evasivas.
-¿Qué ocurre con tu stand?-inquirió Jotaro.
-Jotaro-san, Shiza me dijo que tenías tu stand desde hace muy poco, pero que Kakyoin-san lo tenía desde pequeño-le dijo Josuke, sonriendo-. Por eso necesito hablar con él y no contigo, sobrino.
El énfasis en la palabra "sobrino" provocó que Jotaro se levantara rápidamente de la mesa con una aura amenazante, pero Kakyoin lo retuvo.
-No seas ridículo, JoJo-le espetó, obligándolo a sentarse-. Deja de comportarte como un crío- luego miró al niño-. ¿Qué quieres saber, Josuke-kun?
-¡Cómo tener más poder! Tu stand tiene forma y el mío apenas lo veo y no es tan poderoso. Además, ningún amigo mío tiene stand y no quiero que me miren raro… porque me ha pasado…-dijo, triste, pero se recuperó y exclamó-. ¡Y tampoco sé cómo esconderlo de los demás! Shiza me ha estado enseñando a controlarlo, pero...
-Ok, calma-dijo Kakyoin-. ¡Son demasiadas preguntas!
-Mi stand no es tan poderoso porque soy muy pequeño, ¿verdad?
-Un stand es la representación de tu espíritu de lucha-interrumpió Jotaro con la taza en la mano-. Tus ganas de pelear o tu corazón, por así decirlo. No tiene que ver con la edad. Si tu stand no se manifiesta como tal, seguramente es porque no has necesitado esa voluntad de pelea o porque no la has desarrollado aún. Mi madre, por ejemplo, aprendió a controlar su stand hace poco.
-Y Jotaro también-dijo Kakyoin, ofreciéndole galletas al niño, que aceptó encantado-. Yo aprendí a controlarlo de pequeño, porque nací con él.
-¿Cómo lo hiciste?
-Toma tiempo, pero me sirvió muchísimo comunicarme con él- Hierophant Green apareció levitando detrás del muchacho-. Al principio, pensé que me estaba imaginando cosas. Y cuando se lo expliqué a mi padres, no me entendieron y me llevaron al médico. Durante mucho tiempo me hicieron exámenes e incluso me medicaron para controlar mis "alucinaciones".
Jotaro ya sabía parte de esa historia, pero no estaba al tanto que habían medicado a su amigo. Tuvo ganas de posar su mano en el hombro de Kakyoin, pero se contuvo. Sabía que al otro lo molestaría después por ese gesto y quería ahorrarse eso.
-¿Funcionó?-preguntó Josuke.
-No-suspiró Kakyoin-. Ahí entendí que Hierophant no se iba a ir y que probablemente no lo estaba imaginando, así que en lugar de ignorarlo, le hablé. Lo conocí, aprendí a usar sus poderes… Y si hay algo que me sirvió muchísimo fue ponerle un nombre. Le puse muchos, pero Green fue el único que quedó. Hierophant se lo puse después, pero eso es una larga historia.
-¿Entonces solo tengo que practicar?-preguntó Josuke.
-Y ponerle un nombre, al hacerlo es como si lo hicieras parte de ti-le dijo Kakyoin-. Quizás no ha mostrado su verdadera forma por esa misma razón.
Josuke tragó el último pedazo de galleta que le quedaba.
-No sé cómo llamarlo, la verdad.
-Ya encontrarás un nombre. Tienes tiempo-dijo Jotaro-. Yo no tuve mucho, la verdad, porque mamá estaba en peligro. En mi caso, mi amigo Avdol eligió el nombre, a mí me hizo sentido y lo acepté.
-Sea que lo nombres tú o recibas ayuda, yo creo que lograrás controlar tu stand a la perfección, Josuke. Con el tiempo-dijo Kakyoin-. Eres un diamante en bruto, por así decirlo.
-¿Qué significa eso?
-Significa que eres algo con mucho valor, pero falta para que desarrolles tu talento completamente-respondió Jotaro-. Es como si tuvieras algo brillante dentro de ti, pero aún nadie lo ve.
Josuke lo miró sorprendido y con ojos brillantes. Había tanta ternura en ellos, que Jotaro tuvo que apartar la mirada. Kakyoin reprimió una risita, se quedó pensando y luego miró sus audífonos. Acto seguido, se quitó los audífonos y se los puso al niño y oprimió el botón play.
-¿Qué es esto? Suena genial-dijo Josuke.
-Pink Floyd-dijo Kakyoin-. Espera un segundo.
Acto seguido, tarareó una parte de la canción mientras Josuke la escuchaba:
Shine on you, crazy diamond
You were caught on the crossfire of childhood and stardom
Blown on the steel breeze
Como on you, target for faraway laughter.
-Es una canción que trata de sacar la luz interior, aún cuando eres un adulto y te han pasado muchas cosas en la vida- dijo Kakyoin, mientras el niño se quitaba los audífonos-. Me quedé pensando en eso del diamante y quizás ese sería un buen nombre, ¿que te parece?
-¿Diamond?-preguntó Jotaro.
-Crazy Diamond-corrigió Josuke-. ¡Me gusta!
Saltó al césped desde la baranda, extendió el brazo y gritó:
-¡Crazy Diamond!
Del extremo de su mano brotó una silueta humanoide un poco más alta que Josuke, de color rosa y celeste y que tenía una especie de casco en forma de corazón. El stand se quedó flotando a unos metros del niño con actitud desafiante. Tenía los ojos brillantes y muy humanos, como los de Star Platinum.
Jotaro notó que su lado Kakyoin se ponía rígido y que Hierophant Green se materializaba en actitud amenazante a su espalda. Jotaro miró a Josuke que seguía maravillado observando a Crazy Diamond y no se había dado cuenta del comportamiento hostil de Kakyoin. Claro, el pequeño stand era extraordinariamente parecido a The World, stand de DIO. Era de esperar una reacción así. Tenía que hacer algo para calmar a Kakyoin sin asustar a Josuke. Puso su mano con cautela en el hombro de su amigo y le habló, pero éste no reaccionó.
-¿Alguien me quiere explicar qué está pasando aquí?-tronó Caesar, apareciendo por el costado de la casa con herramientas de jardinería.
Hierophant Green se había convertido en unas cintas que se arrastraban silenciosas hacia Josuke y su stand. Jotaro intercambió una mirada significativa con su abuelo y este, comprendiendo, se acercó a Josuke y cubrió con su espalda la visión de los jóvenes en el pórtico. Jotaro se inclinó frente a Kakyoin para mirarlo a los ojos y lo tomó de los hombros.
-¡Kakyoin! ¡Reacciona!-exclamó, sacudiéndolo-. ¡Noriaki!
Jotaro nunca llamaba a su amigo por su nombre, lo que era un tema de burla por parte de Kakyoin. A este le divertía enormemente la situación y frecuentemente lo molestaba diciéndole que lo llamaba por su apellido sólo porque no sabía cómo se llamaba realmente y que, si algún día lo llamaba por su nombre, era porque estaba ocurriendo algo serio o el inicio del apocalipsis.
-¡Noriaki!-repitió Jotaro, meditando si debía darle una cachetada o no.
-Vaya, así que sí te sabes mi nombre-murmuró Kakyoin, mirando los ojos de Jotaro y parpadeando lentamente, como si saliera de un letargo-. ¿Qué pasa? ¿Es el apocalipsis o qué?
Hierophant Green retrocedió y desapareció bajo los pies del muchacho y Jotaro, sin pensarlo, le pegó una palmada cerca de la nuca que casi lo derribó de la silla.
-¡Auch!-gritó su amigo, sobándose-. ¿Por qué hiciste eso?
-¡Porque estuviste a punto de atacar al crío! ¿En qué estabas pensando?
-Yo…¿en serio?-Kakyoin parpadeó de nuevo, como si su cerebro estuviera procesando toda la información-. Honestamente, no sé qué estaba solo vi…
-Lo sé-dijo Jotaro, palmeándole el hombro-. Todo está bien, Kak; oji-san se encargó.
-¿Josuke, estás bien?-preguntó Caesar-. ¿Te lastimaste?
-¿Qué? ¡No! ¡Mira, Shiza! ¡Es mi stand! ¿Puedes verlo?-exclamó Josuke. No se veía afectado ni asustado. Más bien estaba eufórico. Jotaro suspiró: no había notado nada.
-Apenas una silueta, pero sí, algo veo-respondió Caesar-. ¿Cómo lograste que se manifestara?
-Kakyoin-san me ayudó. Bueno, también Jotaro-san. Pero más Kakyoin-san.
Caesar se apartó y se volteó para ver a los aludidos, que le devolvieron una mirada culpable. En especial Kakyoin que, usando a su stand, se acercó a ellos y miró de reojo a Crazy Diamond.
-Te dije ayer que puedes llamarme Noriaki, Josuke-dijo Kakyoin, sonriendo-. Buen trabajo, tu stand es… sorprendente. ¿Nos mostrarás ahora cuál es su poder?
-Oh, no aún-dijo el niño-. Aún no tengo suficiente práctica, pero ya verán. Shiza me ayudará.
-Vuelve a casa o tu madre me matará porque pensará que te secuestré-dijo Caesar, guiñándole un ojo-. Iré en la tarde a preparar todo para tu fiesta, bene?
Josuke asintió y se fue rápidamente, mientras Crazy Diamond desaparecía detrás de él. Jotaro lo vio marcharse, entrecerrando los ojos. ¿Por qué rayos ese mocoso no quería mostrarle sus poderes? ¿Qué escondía? ¿Qué puede esconder un crío de seis años? Seis años. Con un bufido, recordó que no lo había saludado por su cumpleaños ni tampoco le había entregado su regalo. Miró a su abuelo que conversaba seriamente con Kakyoin sobre lo ocurrido. Pensándolo bien, Caesar tampoco le había hablado mucho del stand de Josuke. ¿Por qué tanto misterio? Ni modo, tendría que averiguarlo por las suyas. Tendría que observar al chiquillo más de cerca, en un ambiente familiar. Y para eso tendría que ir a la condenada fiesta de cumpleaños, tuviera ánimos o no.
oOo
Muchas, muchas horas después de ese infernal sábado de junio y después de todas las crisis y desastres evitados (algunas provocadas por el imbécil de Joseph Joestar), Caesar estaba en la cocina buscando bocadillos para los niños, cuando sintió una punzada en la cabeza que lo desorientó. Aturdido, dejó la bandeja con comida sobre la mesa y se sentó, mientras las sienes le palpitaban. Qué extraño, pensó. Se tocó la frente y se sobresaltó al notar que estaba ardiendo. ¿Fiebre?
Un estremecimiento le recorrió el cuerpo y le hizo doler gran parte de sus músculos. Reprimió un quejido y se abrazó a sí mismo porque sentía frío. ¿Estoy… estoy enfermo? Eso era imposible. Reguló su respiración y envió una onda de hamon por su cuerpo que le alivió al instante. Si era un resfriado, entonces ya no lo tenía. Pan comido.
-¿Caesar?-preguntó Tomoko, entrando a la cocina-. ¿Qué haces aquí?
-Oh, vine a buscar unas cosas-sonrió él, levantándose y tomando la bandeja. Entonces sintió que sus piernas no lo sostenían y se agarró a la mesa para no caerse. ¿Por qué su cuerpo se rebelaba de esa manera?
Tomoko le lanzó una mirada suspicaz y le puso la mano en la frente.
-Estás ardiendo, Caesar. Y te ves como la mierda. Sin ofender.
Caesar volvió a sentir los escalofríos recorrer su cuerpo, como si tuviera gripe. ¿El hamon no había sido suficiente para estabilizar su cuerpo? ¿Acaso se estaba volviendo viejo? ¿Su hamon ya no era como antes? ¿Se iba a convertir en un viejo canoso y arrugado, como su marido?
-Deberías acostarte-dijo Tomoko, tomando su brazo y arrastrándolo hacia el pasillo.
Caesar no tuvo fuerzas para contradecirla y la siguió, apenas fijándose dónde ponía los pies porque cada paso implicaba un espasmo muscular terrible. Cuando llegaron a la pieza del fondo, Tomoko lo ayudó a recostarse en la cama. Caesar reprimió un quejido. No se sentía así de adolorido desde que entrenaba con Lisa Lisa en la isla Air Supplena. Y en ese entonces no era tan hábil con el hamon de sanación como ahora.
-Sólo necesito descansar un momento y estaré bien-musitó él, regulando su respiración para enviar otra onda de hamon a su cuerpo que lo alivió casi enseguida. Casi como magia, pensó.
-Estás pálido, Caesar. Las marcas de tus mejillas apenas se ven-dijo Tomoko, sacando un termómetro del velador junto a la cama-. Ponlo debajo de tu axila.
Los síntomas volvieron a invadir el cuerpo de Caesar. ¿Por qué el hamon no funcionaba? Evitando quejarse, obedeció a Tomoko y dejó caer su cabeza en la almohada, sintiéndose un viejo decrépito. Qué diría Lisa Lisa si me viera. Probablemente que no he entrenado lo suficiente. Los escalofríos se intensificaron y no pudo evitar emitir un gemido.
-¡Ey! Pareciera que te estás muriendo-comentó Tomoko, medio divertida, medio alarmada-. Apuesto que eres de esos que no se enferma nunca, pero cuando lo hace, le da muy grave.
-Yo NO me enfermo nunca, para eso tengo al hamon-murmuró Caesar, enojado-. Pero no sé por qué, ahora no funciona. Nunca me había pasado.
-¿Nunca te había pasado? No lo puedo creer-se burló ella-. Pásame el termómetro, por favor, a ver qué tan mal estás.
-Bueno, pasó solo una vez-dijo Caesar en un quejido particularmente senil mientras obedecí hace mucho tiempo y fue cuando Joseph y yo...
Oh, merda.
No, no puede ser.
Literalmente sintió que su alma salía de su cuerpo y volvía en un segundo. No, no, no, pensó con desesperación. No quería volver a pasar por eso de nuevo. No otra vez. No así. No ahora que había hecho todo lo posible para hacer las cosas bien esta vez.
Miró a Tomoko que revisaba el termómetro, sentada a su lado. Por alguna razón, la veía borrosa. ¿Eran lágrimas o la fiebre? Quizá ambas.
-Tienes fiebre. Y alta-dijo Tomoko, preocupada-. Te traeré medicinas y un paño frío. Si no se baja, llamaré a un médico.
-Tomoko, necesito... que me pases el teléfono, por favor-dijo, apenas articulando las palabras. Sentía los labios muy secos-. Es urgente.
No supo qué cara le puso, pero ella se alarmó al verlo y le trajo rápidamente el teléfono inalámbrico de la otra habitación. Caesar marcó el número que se sabía de memoria y mientras escuchaba el tono de llamada, Tomoko le puso una mano en el hombro.
-¿Qué pasa, Caesar? Creo que nunca te había visto así, me estás asustando.
-Suzie sabe-dijo Caesar, simplemente.
oOo
La canción citada "Shine on you, crazy diamond" de Pink Floyd no me pertenece. Bueno, no es que a Araki le haya importado mucho en su obra, pero bueno.
