Al día siguiente Meimi llegó a la escuela con mucho sueño, por lo poco que había dormido debido a los ajetreos de noche anterior, pero con una gran calma que no había experimentado en semanas. Seira se extrañó de verla en un humor tan apacible, debido a que ya se había acostumbrado a que su amiga estuviese tensa y sin muchas ganas de nada. Saludo a Daiki con mucha alegría al llegar a la escuela. Ese día no discutieron ni hablaron sobre el tema de la ladrona. Incluso en el recreo almorzaron juntos ante la satisfecha mirada de una Seira que no dejaba de lanzarle miradas de complicidad a Meimi.

Cuando salían de la escuela, Meimi le contó toda la aventura de la noche anterior, mostrándole parte de las prendas desgarradas de Saint Tail. La monja solo pudo saltar hacia atrás horrorizada, al ver la sangre de su amiga entre la ropa hecha jirones

-Ah...Lo siento mucho, perdóname Meimi. Soy una tonta...-rafrulló de inmediato la joven novicia, poniéndose roja.- No te creí cuando debí hacerlo...quizás podríamos haber evitado la muerte de la señora Oba...- La muchacha de pelo castaño se veía sinceramente arrepentida, así que Meimi no dijo nada más.

-Pero es verdad...-enunció con tristeza la muchacha pelirroja.- Pobre señora Oba. Iré como mínimo a su funeral si puedo. Es lamentable que no hayamos podido evitar que ella y su hijo murieran...-

-Que Dios cuide sus almas...Rezaré por ellos...-enunció Seira apretando su crucifijo contra el pecho.

El resto del día transcurrió sin novedades, las chicas se presentaron al sencillo funeral de la señora Oba, donde solamente estuvo presente un sacerdote además de las muchachas. El sol caía en el crepúsculo mientras el ataúd de la anciana era sepultado en la misma tumba que el su hijo.

La madre de Meimi ya estaba en casa, sus heridas también había sanado milagrosamente. Su esposo y su hija no paraban de consentirla y de alegrarse por su curación. Y del otro lado, el padre de Daiki también estaba completamente recuperado, tanto que quiso tomarse un día libre para ir el sábado a las carreras de autos con su hijo para celebrar.

Aquella noche, Saint Tail apareció sorpresivamente en casa del muchacho. El joven estaba estudiando un libro de matemáticas, cuando la ladrona, con su figura esbelta y femenina, tocó su ventana.

-Ah!...Que, que quieres de mi ladrona?...- enunció el muchacho mientras la joven lo tomaba por sorpresa y le vendaba los ojos.

-Venía a ver a mi detective favorito..-ronroneó la muchacha. La verdad es que ella no podía ía muchas ganas de besarlo, de abrazarlo, acariciarlo... En unos pocos segundos, la chica se abalanzó sobre el, dándole un sensual beso en los labios. El joven no sabía que estaba pasando. Pero le agradaba que la joven le diera cariños y lo besara. No pudo resistirse más y empezó a corresponderle los arrumacos. Se tumbaron sobre la cama. La ladrona comenzó a desnudarse. El muchacho, que tenía los ojos vendados, no sabía lo que sucedía hasta que la ladrona desabrochó su camisa y le bajó los pantalones.

-Te mereces un premio muy especial por ser tan valiente...- habló la chica, completamente desnuda, mientras acariciaba el cuerpo también desnudo del chico. Sacando un preservativo de su chistera, la muchacha se dispuso a abrirlo. Esa noche, sin que Daiki acabara de entender lo que estaba pasando, ambos habían perdido su virginidad. A la joven pelirroja, le había dolido la penetración, pero estaba tan excitada que no le había importado. Tras acabar su demostración de amor, se quedaron abrazados en la cama. Meimi no quería que esa noche acabara. Estar así de cerca con su enamorado, le importaba más que cualquier robo o cualquier misión como Saint Tail...

Un rato después, la muchacha se vistió y se dispuso a retirase. Tomando la mano del joven entre las suyas, le rogó:

-Por favor...no le digas a nadie que...estuvimos juntos. Quiero que sea nuestro secreto especial...-

Al día siguiente, el joven se despertó e hizo su rutina como si nada como si fuera a la escuela.

Los muchachos le preguntaban a Daiki por qué se veía tan contento. El no respondía. Solamente decía que el caso del atacante misterioso que había agredido a varias personas en la ciudad había sido resuelto. Siguió hablando con Rina y sus compañeros del caso, hasta que vió llegar a Meimi, quien le lanzó una dulce sonrisa. No supo por qué, pero le devolvió el gesto, sin ganas de pelear. Al fin, todo había terminado, aunque aún quedaba pendiente saber la identidad de la ladrona, pensaba Daiki mientras repasaba los recuerdos de la noche anterior...