Bleach no me pertenece, es propiedad de su respectivo autor… Aunque el personaje Oc es de mi completa propiedad.
" Una nueva vida en un mundo donde jamás debió existir. Las consecuencias son… Una historia diferente"
Ese día había comenzado normal en la opinión de Ana, Gin la había despertado, la había bañado y la había alimentado, luego de colocarle una piyama rosa ya estaban listos para ir al quinto, claro que ninguno de los dos espero ver a Kuchiki Kaoru en la entrada de la casa viendo todo el lugar con ojo crítico.
La mujer de cabellera blanca y perfectamente arreglada iba vestida con otro kimono de lujo con flores estampada, este era de color verde limón bastante hermoso, mientras que el obi era un marrón oscuro. Algunos pasos detrás de Kaoru estaban de dos mujeres seguramente sirvientas de la noble, ambas iban vestidas con kimonos rosas idénticos y sus cabellos estaban recogidos en moños.
—¿Qué está haciendo aquí? —Preguntó Ginebra.
—Viendo el lugar donde vive mi futura nieta —contestó Kaoru sin voltearlo a ver, observando la pequeña casa donde ambos vivían—. ¿Está seguro que no me quiere dar la custodia? Solo la habitación de Mashirō será más grande que esto ofrece despectivamente señalando la casa.
Ana frunció el ceño con molestia, era verdad que en la casa donde vivían era pequeña, pero aun así era acogedora, incluso si no había mucho espacio a Ana le gustaba.
—Mi respuesta sigue siendo no. Y si no le gusta mi casa es su problema, no el mío funcionamiento Gin pasando aún lado de Kaoru. Una vez estuvo lejos Ginebra tomo a Mashiro y la carga al frente de él para verla a los ojos—. ¿Qué tienes de especial como para que una noble quiera adoptarte?
Ana lo vio a la cara y balbuceo un: "Soy bella, hermosa y adorable" por supuesto que el teniente no le entendió nada.
Luego más tarde ese mismo día cuando Gin estaba supervisando un entrenamiento de kendo había comenzado a nevar, Ana estaba bastante feliz ya que Gin la había dejado en el suelo y ella había descubierto que ya tenía suficiente control sobre su cuerpo como para gatear.
Estaba realmente entusiasmada que había logrado un pequeño avance a su independencia, realmente había extrañado moviéndose libremente sin que alguien la cargara. Y como la nieve estaba cayendo Mashirō había decidido salir a jugar. Tuvo que esperar el momento oportuno para salir del dojō sin ser vista, cuando lo logro se internó por los largos pasillos de la quinta división.
Y es que cuando eres un bebé todo a tu alrededor es gigante, Ana comenzó a desesperarse después de un tiempo cuando no vieron nada, gateaba y gateaba y lo único que fueron eran pasillos interminables, no recordaba que Gin caminara tanto de un lugar a otro , fue después de un rato que llego al pasillo exterior, el jardín era muy lindo ya medida que pasaba el tiempo era cubierto por una ligera y delgada capa de nieve.
Ana quiso bajar al jardín pero la altura del piso de madera al suelo era bastante grande, tal vez para un adulto incluso un niño no fuera nada pero ella en ese momento era una bebé, y una caída como esa iba a doler, gateo a lo largo del pasillo hasta que en su campo de visión aparecieron unos pies, levanto la cabeza y vio a la abuela Kaoru.
—Tu padre es un irresponsable —Kaoru se agacho y la recogió—. Como puede dejarrte sola… Mei.
—Hai Kaoru-sama —habló una de las sirvientas acercándose y sacando algo de una bolsa, un adorable oso de felfa fue empujado a Mashirō.
Ana gimió de alegría abrazando el oso, este era esponjoso y muy suave incluso tenía un leve olor a vainilla.
—Que honor tenerla por aquí, Kuchiki-san —saludó Aizen acercándose al grupo de mujeres.
—El honor es mío —devolvió el saludo Kaoru—. Aizen-taicho espero que no sea un inconveniente que este aquí está disponible a la vez que mecía a Mashirō.
—Por supuesto que no —Aizen sonrió—. Pero por favor pase a mi oficina, estoy segura que allí estará más cómoda.
Lo cierto es que aunque aún no era veinticuatro de diciembre Ana se sintió como si ese fuera el día de noche buena, una vez estaban en la oficina de Aizen, la abuela Kaoru le había enseñado muchas cosas, varios kimonos, piyamas, muchos juguetes desde peluches hasta sonajas. Incluso la había alimentado y podía decir sin alguna duda que ese biberón había estado delicioso.
Unas horas más tarde había llegado Gin y solo había dicho solo un: "Ah, estas hay" en dirección a Mashirō, Kaoru había intentado una vez más intentar que le entregara la custodia pero Gin se había negado.
Kuchiki Kaoru era una mujer perseverante, a los largo de dos semanas estuvo intentado de una u otra manera conseguir la custodia a pesar de que Gin en cada ocasión se negaba. Kaoru no era de las personas que se rendían fácilmente había que reconocerle eso.
En esas dos semanas Ana apenas y había pasado tiempo con Gin, siempre que llegaban al quinto escuadrón por las mañanas Kaoru ya estaba allí, después de tener una pequeña conversación una en la cual ambos se insultaban (Kaoru disfrazaba los insultos con palabras educadas) Kaoru se iba llevándose a Mashirō y siempre se la regresaba a Gin al atardecer.
A Ana le faltaban las palabras para describir la mansión Kuchiki, no es que la hubiera visto toda, pero lo poco que había visto era espectacular, Ana había tenido la pequeña esperanza de encontrarse con Kuchiki Byakuga pero todas las veces que estuvo allí nunca lo vio.
El tiempo en la mansión había sido tratada como toda una princesa, la bañaban con agua con esencia de rosas, su dieta había cambiado ligeramente agradándole las papillas de frutas, así como diversos jugos. Ya no usaba solo piyamas sino que le colocaban kimonos de invierno bastante elaborados e incluso le han tomado algunas fotos.
Mashirō estaba vestida con un kimono de invierno bastante abrigador de color azul con puntos en blanco, ella estaba ocupada moviéndose por toda la oficina de Aizen regando todos sus nuevos juguetes, Ana quería poner a prueba la paciencia del capitán pero, para su frustración Aizen parecía tener la paciencia de un santo.
Kaoru y Aizen había tenido una clase de conexión dado que ambos tenían varias cosas en común y una de esas cosas era la pasión que tenían ambos por la lectura. En ese mismo momento estaban teniendo un animado debate sobre un libro, Ana había seguido la conversación un buen rato ya que el tema era interesante pero después de un tiempo se aburrió y decidió que era la hora de desordenar la oficina.
Alguien toco la puerta pero Mashirō no le prestó atención para seguir haciendo desastre lanzando de un lado a otro todos sus juguetes, el que quisiera caminar por allí iba que tener que hacer malabares si no quería pisar nada. De un momento a otro un peculiar y dulce aroma llego a su nariz, olfateando varias veces como un perro Ana se giró a los adultos, sus ojos se fijaron en las galletas que sostenían, bajo la mirada hasta la pequeña mesa que estaba al frente del sofá donde había un bol azul con galletas recién horneadas dentro.
Ana no estaba orgullosa de decir que había babeado con el olor de las galletas.
Mashirō gateo apresuradamente a la mesa, aún no tenía dientes para comer algo tan duro pero podía humedecerlo lo suficiente para comerlo, llego a la mesa la cual no estaba muy elevado del suelo, tomo la superficie con sus regordetas manos y trato de ponerse de pie , algo difícil ya que sus piernas aun no era lo suficientemente fuerte para sostenerla, se levantó pero se tambaleaba de un lado a otro, era molesto no tener el control total de su cuerpo.
Estiro uno de sus brazos y movió todos sus dedos para tomar el recipiente, rozo el bol un par de veces hasta que lo pudo agarrar y rodarlo hacia ella.
—Oh no, Mashirō-kun. Tú no puedes comer eso —negó Aizen apartando el recipiente.
Ese simple movimiento causo una serie de consecuencias, Mashirō perdió el equilibrio y se fue hacia atrás su barbilla golpeo la mesa y su trasero choco contra el piso, las lágrimas se acumularon en sus ojos, cuando eres un bebé tu cuerpo y piel es más sensible al dolor.
—¡Mashirō! —Kaoru no perdió el tiempo para levantarla y revisarle la barbilla, la cual estaba un poco roja y llamaba bastante la atención ya que su piel era inusualmente pálida igual a la de Gin—. Tranquila pequeña no llores —arrulló.
Mashirō miro a Aizen con el ceño fruncido, todo era culpa de él, si no se hubiera entrometido ella habría comido su galleta pero no, tenía que meterse y de paso hacer que ella se lastimara, tal era su enojo que no noto la expresión que surco los rostro de los adultos.
Ichimaru Gin caminaba alegremente por los pasillo del quinto hasta que llego a la oficina abrió la puerta, en su rostro estaba su sonrisa zorruna, sus ojos aunque entrecerrados se enfocaron en Mashirō la cual estaba expulsando su energía espiritual. Su sonrisa se tambaleo por un momento pero nadie lo estaba viendo como para darse cuenta.
El reiatsu de Mashirō era alto no llegaba al de un oficial sentado pero si llegaba a al nivel de un simple shinigami adulto, ella tenía el poder necesario como para entrar a la academia, y si su reiatsu seguía lo más seguro es que llegara al nivel de un teniente e incluso el de un capitán en un futuro no muy lejano.
—Nee nee Shirō-chan.
Mashirō reacciono al peculiar nombre con el que se refería Gin a ella, dirigió sus ojos hacia la puerta donde lo vio parado, gimió un poco hasta que sus lágrimas cayeron de sus ojos, le lanzo los brazos. Gin se acercó y la cargo, Ana oculto su rostro en su pecho y comenzó a desahogarse.
—¿Por qué Shirō-chan tiene la barbilla roja? —Preguntó en un tono acusador. Muy en el fondo a Gin no le interesaba pero prefirió decir eso a hablar sobre la expulsión de reiatsu.
No es que Aizen olvidara algo así como así, pero si podía posponer esa plática lo haría. El inusual reiatsu que tenía Mashirō estaba llamando la atención de Aizen lo sabía por el brillo que tenía en sus ojos y eso no le gusta en lo más mínimo.
Debía hacer algo y pronto.
Continuara Bye Bye ...
Nota de Autor:
Nuestra encantadora Mashirō-chan no es un bebé ordinario, tiene mucho reiatsu. Y Aizen está interesado ¿Qué consecuencias traerá esto?
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Fecha de Publicación: 05/10/2020
