Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, Zag Animation, Disney y TF1, hago esto sin fin de lucro.

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Je suis

Por Mimi chan

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Capítulo 12

¿Cuan largamente podía permanecer la pena? ¿Cuanto tiempo el alma, el cuerpo y el corazón pueden soportar el dolor? ¿Cuánto podía soportar ella misma ese sentimiento agudo, doloroso y aguijoneante en su pecho antes de derrumbarse por entero?

Por el momento llevaba una semana.

Nada había vuelto a ser lo mismo para ella. La poca luz que se había colado a su mundo, la tranquilidad, la normalidad, se habían extinguido por completo. Después de aquel par de días que habían cambiado su mundo poniéndolo de cabeza. Marinette había dejado París, a sus queridos padres, su mejor amiga buscando eso. Lamentablemente a pesar de que todos sus sueños eran sobre eso, un cambio completo y radical a su vida, todo había sido para mal.

Se había cambiado de departamento dos días después de lo que había pasado con Adrien. Cole se había portado solicito, atento y contento de sacarla de la pequeña habitación en la que había estado viviendo. El distrito donde estaba su apartamento no le gustaba y el apartamento menos, comparado con lo que le ofrecía tenía razón. El distrito era uno de los mejores, mucho más cerca del trabajo y el instituto. Tenía una amplia cocina, un comedor y una sala, dos habitaciones y dos baños, era más el apartamento para una pequeña familia que para una sola persona, era primoroso y debía costar por lo menos 10 veces más de lo que ella pagaba, pero no quería detenerse a pensar en ello. Aceptaba la generosidad de Cole o se quedaba en su apartamento para recordar todos los días lo que había pasado allí, lo dulce y lo amargo y no era algo que le apeteciera realmente.

Esos dos días Adrien no había ido al instituto tampoco, no podía suponer siquiera lo que él estaría sintiendo en ese momento, pero algo le decía que era incluso más duro para él que para ella y la hacía sentir horrible.

Cuando había regresado a clases solo la había categórica y completamente ignorado, no había esperado nada diferente, pero aun así era como un peso constante en el pecho, que no podía salir de allí por nada del mundo.

Cole por supuesto se había dado cuenta de su depresión y a pesar de que no le había hecho preguntas, sino por el contrario, solo la había querido animar invitándola a ir a cualquier lado, contándole chistes y tratando siempre de estar de buen humor con tal de que ella se animara por lo menos un momento, Marinette intuía que él sabía que tenía que ver directamente con Adrien su actual estado de animo.

Oh, si solo él supiera.

Marinette no había encontrado tampoco el modo de romper su relación con Cole. Él era tan tierno, tan amable y tan generoso que cualquier chica estaría loca si no se enamoraba perdidamente de él, pero lo había traicionado, así que en su conciencia ella ya no significaba nada para él, quizá después de lo que había hecho con Adrien ni siquiera podía llegar a ser su amiga.

¡Dios!, se miraba al espejo y seriamente se preguntaba ¿Quién era la chica que se reflejaba en él? Marinette siempre había creído de si misma que era una chica honorable, sincera y decente, que no lastimaría nunca a nadie a propósito y que nunca traicionaría la confianza de alguien que la depositara en ella.

Cada una de esas cosas, que no creía que pudiera hacer, eran justo las que había hecho.

Bien, solo podía seguir adelante, la persona que fuera en ese momento, tenía que seguir como fuera hacía adelante antes de que su dolor la detuviera en ese mismo lugar.

Se dedicó con profusión a sus estudios y al trabajo con Charly, tomaba tantas horas extras como le era posible, pasaba muchas horas en la biblioteca y dedicaba toda su atención y detalle al trabajo, todas las notas de venta del restaurante estaban pulcra y escrupulosamente guardadas en los archivos y en la computadora, y trataba de hacer su mejor trabajo en la caja, incluso se había quedado algún par de veces a ayudar en la cocina en lo que pudiera a Charly que no dejaba de regañarla por eso.

Charly se había cansado de decirle ya, que eso que ella tenía se llamaba de una sola forma…

:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:

— Mal de amores.

Marinette sonrió con pesar para sus adentros, ojala fuera tan simple.

— No precisamente Charly – dijo ella mientras secaba platos con una toalla y los acomodaba a su lado – solo es que… — miró un momento su reflejo en el pulcro plato que secaba, como explicárselo… – he lastimado a alguien solo por ser lo que soy, no creo que pudieras entenderlo.

— Jaja – Charly río de buena gana divertido y con cierta amargura al mismo tiempo – voltéame a ver Marinette.

La chica lo hizo, no vio nada extraño en él.

— Tú tienes ese tipo de corazón generoso que no puede ver lo que toda la gente se empeña en ver Marinette – dijo él y tomó su mano, la puso a lo largo de su brazo, Marinette lo entendió en ese momento – ¿Sabes lo difícil que es ser un hombre de color en cualquier lugar de Europa? Tengo la mitad de mi sangre japonesa y he sido criado y nacido aquí y he vivido toda mi vida aquí, soy lo raro entre lo raro y no hay un día en que no salga a la calle y algún oficial me detenga para pedirme mis documentos o alguien me atienda en un aparador a dos pasos de distancia, a mí no me importa, pero a Ryoko eso la humilla enormemente.

— ¡No es de ningún modo tu culpa, Charly! – dijo Marinette hasta cierto punto avergonzada por lo que la gente le hacía pasar.

— Y lo sé, Marinette – dijo el hombre sacando otra carga de trastos de la máquina de lavado – así como se dos cosas. Una, esa persona a la que lastimaste no es Cole, si no ese otro, al que verdaderamente amas…

— Yo…

— Y dos – la interrumpió – tú no pudiste hacer nada a propósito para lastimarlo. Si lo hiciste estoy seguro, como que el color de mi piel es negro, que es el orgullo de él lo que salió realmente herido y que no hiciste nada con intención de lastimarlo realmente. Dale tiempo Marinette, él terminara por entender eso.

:-:-:-:-:-:-:-: End Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:

Pero en toda una semana él no lo había entendido y no parecía que lo hiciera en un futuro próximo, la miraba con el mayor desdén del mundo cada que se topaba con él y aunque quisiera evitarlo aquello la lastimaba enormemente.

[…]

¿Como podía ella lastimarlo ahora más de lo que lo había hecho antes?

Adrien se sentía simplemente miserable sin ella. La miraba en el salón y veía que era apenas una sombra de la chica que solía ser, lucía apagada, triste y gris. Adrien no era estúpido, solo había un real motivo para que ella luciera así. La culpa. Pero la culpa de ella no encajaba en la ecuación que él quería formar.

Ella lo había abandonado, había jugado con él, con sus sentimientos, dejando que la persiguiera incansablemente para dejarlo al final con un palmo de narices sin ningún tipo de remordimiento, pero la chica estaba teniendo remordimientos, era claro.

No sabía cómo es que debía reaccionar ante ella, sabía que no era una mala chica ¡Por todos los diablos! ella era generosa y atenta, por lo que él sabía, nunca había demostrado deshonestidad, ambición o hipocresía.

Tenía días y días pensando en los motivos de ella para hacer las cosas que había hecho. Por dos días había estado encerrado en su apartamento primero odiándola, después sintiendo ira por si mismo, por haber sido tan estúpido y no haberse querido dar cuenta antes; después de nuevo a ella, por haber dejado que en los últimos días él se acercara tanto; después de nuevo a él, por haberse enamorado de ella; y después a ella por haberle dicho la verdad, porque no solo la había mantenido dentro de ella como lo había hecho ya por años; después volvió a sentir desprecio por si mismo, por ser tan cobarde y pensar eso.

Y así consecutivamente había estado peleando con sus sentimientos.

Pero el que representaba el sentimiento más duro de todos era por mucho la ira, la desesperación, la ansiedad, el coraje y la rabia por amarla en ese momento. La quería tanto que de buena gana quería ir con ella y decirle que nada importaba, que lo que había pasado en el pasado ya era pasado, valga la redundancia.

Pero ¡Maldita fuera! ¡Si importaba y no podía solo dejarlo atrás!

Y luego estaba el deseo, ¡Oh maldito fuera esta vez él mismo! la deseaba más ahora de lo que había sido en cualquier momento, estaba ese aspecto vulnerable y frágil que ella ostentaba ahora, ella lucía dolida y necesitada, parecía como si quisiera castigarse a si misma por lo que había hecho y dicho. La había visto trabajar a sol y sombra en la escuela, tomaba por lo menos tres clases extra y estudiaba por largos ratos en la biblioteca, cuando no hacía eso estaba con Jordan. La frialdad que tenía para con él era evidente, pero aun así no había escuchado que rompieran y él seguía esperándola en la entrada cada mañana con un café y yendo con ella a la puerta aunque él se fuera y ella se quedara. En su trabajo era igual – sí, lo reconocía, la había espiado – la veía siempre activa y amable, aunque decididamente apagada y luego iba a casa. Había salido del pequeño departamento para ir a una zona residencial, debía ser el departamento que Jordan tanto había insistido que tomara. Bien ella tenía toda esa semana con la misma rutina, lucía todo el tiempo como si estuviera a punto de desplomarse en el piso y eso solo despertaba en él el instinto de ir hasta ella y rodearla con sus brazos y después llevarla a casa y meterla en la cama y pasar de nuevo con ella horas y días en esa cama alejados de todo lo demás que había en el mundo, de las verdades, de las mentiras, de las personas y las cosas y todas esas cosas que no debían ser más que sombras a su alrededor.

Quería más que con desesperación, con lujuria, con una fijación obsesiva, volver a besarla, volver a recorrer su cuerpo delicado con sus manos, y volver a esta dentro de ella, sentía que se estremecía solo de pensarlo.

Y pensaba ¿Cómo podía pensar y desear eso de alguien que lo había humillado de esa manera? y el mismo pensamiento tenía un traidor que le decía que él conocía el motivo para que Marinette no le revelara su identidad antes. Él lo sabía desde un principio, por eso había estado tan obsesionado con ella, porque en su fantasía la chica que fuera capaz de romper todas las reglas para arriesgare por él y con él, tenía que ser la indicada, la que quería estar a su lado para siempre.

Ladybug… Marinette no lo había humillado por diversión, aun podía escuchar en sus oídos cuando ella le había dicho "¿como tendría el valor para decirte que no volvería a estar contigo cuando te amaba?" ¡Dios santo, como ansiaba creerle! porque la verdad era, que estaba muriéndose por ella, por poder estar con ella, pero ¿Cómo podía creerle?, ¿Cómo podía estar plenamente convencido de eso?, ¿Cómo podía convivir con ella verla todos los días y recordar siempre lo que el pasado había sido?

No, no podía, su orgullo nunca lo dejaría estar con ella y conformarse con eso.

"Tú lo sabrás y… me odiaras por eso. Me odiaras." Había dicho ella solo un par de días antes en el delirio de la fiebre y él había estado tan tontamente seguro de que no sería así, que sin importar que, él no la odiaría.

La cosa era que… no, no la odiaba realmente. Por qué sabía que si la odiara, entonces no la amaría de la forma en la que lo hacía en ese momento.

[…]

— Te lo dije Marinette, te dije que si seguías con este ritmo te desgastarías en un abrir y cerrar de ojos – dijo el joven de ojos azules delante de ella reprendiéndola.

— Oh, Cole – dijo ella tratando de calmarlo, más que molesto el parecía realmente preocupado – solo fue un leve desvanecimiento.

— Madeimoselle Dupain– dijo la enfermera en medio de la conversación con su novio mientras ponía un aparato para medir la presión en su brazo y este de forma automática trabajaba – ¿Cuando fue su última comida?

— Hoy en la mañana – respondió ella sin mirarla aparentando atención en el aparato.

— Mentira – replicó Cole – hoy en la mañana solo te vi tomar café.

— Es no es comida, madeimoselle – le replicó la enfermera con dureza.

— Ayer por la mañana – dijo la chica sin discutir – comí antes de las clases extra y pensaba comer algo con Charly, pero había demasiado trabajo y…

— Tiene la presión algo baja, madeimoselle Dupain – dijo la enfermera – esta usted demasiado delgada para que tenga que perderse comidas a propósito.

— ¡No lo hice a propósito! – dijo la ella no quería que pensaran esas cosas de ella – solo estaba demasiado ocupada.

— Descanse aquí un momento – dijo mirándola con cierta desconfianza, tomó los resultados de su tensión en una libreta, luego se dirigió a Cole – giovane Jordan, podría usted por favor traer algo substancioso y un jugo de naranja a madeimoselle Dupain por favor, ahora lo que debe ser la mejor solución es comer algo.

— Por supuesto – respondió él enseguida.

— Iré a avisar que tiene que suspender sus clases hoy – le dijo la enfermera de nuevo a Marinette – descanse aquí mientras vuelvo.

— Gracias.

Así la enfermera y Cole salieron de la habitación blanca que era la enfermería, Marinette se recostó en la cama y cerró los ojos.

Marinette también sabía que su ritmo la haría desfallecer tarde o temprano y aunque fuera erróneo eso buscaba, un castigo, una retribución al dolor que le había provocado a Adrien por lo que le había hecho. Oh, ella lo estaba pasando mal, pero no más que él, podía casi jurar, él…

— Marinette…

Marinette abrió los ojos y se levantó de un impulso, lo que trajo inmediatas estrellas a sus ojos y sintió que caía hacía adelante antes de que la persona que la había llamado la alcanzara, ella se sostuvo de sus brazos incrédula de que fuera real.

— Adrien… — lo miró en medio de los giros que daba su cabeza.

— No quise asustarte – se disculpó él mientras la ayudaba sentarse de nuevo bien en la camilla.

— Está bien – dijo ella.

— ¿Qué te pasó? – le preguntó él, evidentemente preocupado.

— Solo me salte un par de comidas y sufrí un mareo hace un poco – dijo ella tratando de restarle importancia.

— Por lo que escuche – dijo él – literalmente caíste al suelo de la biblioteca, si Jordan no te encuentra pudiste pasar allí un rato.

— No fue para tanto – dijo la chica avergonzada, solo imaginaba lo que los demás estarían pensando de ella.

— ¿Por qué te saltaste comidas? – dijo molesto, preocupado – ¡Trabajas en un restaurante, por Dios!

— Solo estaba ocupada – dijo ella por fin sacando algo de coraje – no soy anoréxica o algo por el estilo sabes, no lo hice a propósito yo…

Pero no pudo continuar hablando porque Adrien había atraído su cabeza con sus manos y había cubierto sus labios con los suyos en un beso que le supo más a desesperación que otra cosa. Marinette aferró su cuello y respondió al beso con ese mismo sentimiento, un compás de lenguas, dientes y alientos que tenía un tinte de violencia. Con cierta sorpresa y rudeza, Adrien la dejó ir.

— No logro perdonarte Marinette – dijo apoyando su frente a la suya absorbiendo su calor, cuanto había necesitado su contacto, con tanta hambre que lo asustaba – no puedes culparme por eso.

— No hice lo que hice para lastimarte – dijo ella sin querer separarse de él, sintiendo como lagrimas querían bajar por sus mejillas – si te lo dije fue por que no era correcto que lo ocultara, no puedes culparme por eso.

— Sí yo no debo, tú tampoco – dijo él con voz rota – no sigas lastimándote a ti misma.

— Adrien, yo…

— Agreste.

Adrien y Marinette miraron a Cole que estaba en la puerta, se sintieron asustados de que pudiera haberlos sorprendido besándose, pero por la expresión afable de él no parecía que fuera así.

— Solo vine a ver como estaba Marinette – dijo dando un paso lejos de ella – aun esta un poco mareada, ¿Te sientes mejor?

— Sí, gracias por la ayuda – dijo ella tratando de seguir la pantomima, quizá Cole pudiera realmente creer que habían estado literalmente pegados por un mareo súbito de ella.

— Pensé que estaban disgustados ustedes dos – dijo Cole entrando en la pequeña habitación poniendo una bolsa de papel en una mesa pequeña.

— Lo estamos – dijo Adrien, recordando que lo estaban, mucho más que eso.

— ¿Por qué? – preguntó Cole con curiosidad.

— Cosas que pasaron en París, Jordan – dijo con cierta dureza Adrien – no es…

— No te preocupes Cole, las arreglaremos de algún modo – intervino Marinette antes de que Adrien dijera alguna otra cosa – gracias por venir Adrien, estaré bien.

— Recuerda lo que te dije.

Y así sin decir nada más o despedirse de Cole o de ella salió de la habitación. Cole se acercó con una sopa instantánea, un emparedado y un zumo de naranja recién hecho inmenso, además de galletas y golosinas.

— Fue lo mejor que pude conseguir en la cafetería – dijo el chico defendiéndose.

— Gracias Cole – dijo mientras tomaba un bocado de la sopa – esto esta muy bien.

— Sé… — dijo Cole sentándose a su lado en la camilla con cierta reserva – que no debería inmiscuirme Marinette y tratare de no hacerlo, pero…

— ¿Pero?

— No sé qué pasó entre ustedes y no meteré mi nariz en eso, pero si el orgullo del chico es más grande que su amistad, no es un buen amigo.

Marinette no respondió llevó la pajilla del zumo y bebió en silencio.

Si solo Cole supiera, no es que Adrien fuera un mal amigo, aquí la que había sido mala había sido ella, su amistad o lo que hubiera podido llegar a ser en el futuro, se veía lejana, no importaba si la había besado de nuevo solo hacía un momento, tenía la sensación en su pecho y esta no desaparecía, que le decía que Adrien no la perdonaría nunca.

Fin capítulo 12

29 de septiembre de 2020

12:50 am