Aviones de papel
Capítulo XIII:
"Déjà vu"
El regreso a clases tras el parón de invierno arrolló a Ranma como una aplanadora.
Después de pasar unos días de vacaciones idílicos junto a su novia, de descansar y disfrutar de los días libres en casa o saliendo con sus amigos, y de haberse aprovechado de la reprimenda que Nodoka le había dado a Genma, volver al trajín de las clases y los partidos no era precisamente algo de lo que tuviera ganas. Especialmente no porque había cierta persona a quien deseaba romperle la cara.
Luego de que Sayuri y Ryoga le contaran todo lo sucedido en la fiesta de Ukyo, Ranma permaneció sumido en el más profundo de los silencios, intentando asimilar todo lo que había escuchado.
Ryoga siempre había sido uno de los jugadores más fuertes del equipo, tanto físicamente como a nivel mental. Era un excelente defensa central porque era robusto y sólido como una roca, pero también porque gozaba de muchísimo temple; escuchar que había recibido una paliza por parte de otra persona era algo que se le escapaba de todo entendimiento. Primero, porque le costaba imaginar a Ryoga siendo golpeado sin poder defenderse; segundo, porque no concebía que hubiera persona en el mundo que odiara tanto al chico como para hacerle eso. ¡Ryoga Hibiki no se metía con nadie! Era un cacho de pan.
Pero lo que más le impactó fue lo sucedido con Akane.
Akane siempre le había parecido una chica súper fuerte y con un carácter que no daba pie a tonterías. Metía en cintura a cualquiera que quisiera pasarse de listo y no le aguantaba nada a nadie. Era muy amable y bondadosa, sí, pero no era ni sumisa, ni débil, ni nada de eso. Joder, ¡ni siquiera parecía una persona demasiado vulnerable! Salvo por el día del Baile de Invierno, cuando la vio cabizbaja y taciturna por el recuerdo de su madre, Ranma jamás había visto ninguna muestra de vulnerabilidad por parte de Akane. Nunca.
Y sin embargo, Tatewaki Kuno la había agredido físicamente.
Ranma sentía una mezcla de ira recalcitrante y tristeza profunda. Deseaba con todas sus fuerzas tener al psicópata de Kuno frente a él para partirle la cara. Había pocas cosas que a Ranma le parecían más viles, bajas, y deshonrosas que golpear o maltratar a una mujer. Para él, hacerlo constataba un pecado capital que no admitía redención alguna. Le ofendía que Kuno fuera esa clase de hombre, pero más aún le ofendía que se lo hubiese hecho a Akane.
¿Lo peor de todo? No podía ajustar cuentas con él, pues Sayuri le había pedido que no dijera nada, ya que era un tema que Akane evitaba a toda costa.
—La única vez que hablamos sobre lo sucedido fue ese mismo día —explicó—, y ya nunca más volvió a tocarlo.
Ranma creía entender por qué Akane prefería no hablar sobre lo ocurrido, intuía que vivir una situación como esa no debía ser nada fácil, así que revivirlo tampoco. Tuvo que mentalizarse para aceptar el hecho de que no podía hablar del tema con ella. Por más ganas que tuviera de abrazarla y prometerle que él siempre la cuidaría y protegería para nada más volviera a ocurrirle, sabía que solo debía hacerlo si su novia sacaba el tema.
Tatewaki Kuno… era harina de otro costal.
Con él tendría que hacer tener cabeza fría y pies de plomo, pues sabía que si quería mantener la beca, debía evitar a toda costa meterse en problemas. No sería nada fácil, tomando en cuenta las ganas que tenía de enseñarle una lección a ese hijo de puta, pero todo fuera por seguir en la Academia y estar cerca de Akane.
Esa primera semana tras el winter break fue igual que cada año. Anécdotas de viajes y vacaciones familiares, sonrisas de orgullo al ver buenas calificaciones, expresiones de alivio y agradecimiento al ver exámenes inesperadamente aprobados, caras de preocupación y horror al ver notas nefastas.
Akane, Sayuri, Hiroshi y Yuka se encontraban en el grupo de los estudiantes aplicados a los que los resultados de los exámenes no les preocupaban en los más mínimo, pues estudiaban a conciencia y les iba bien en las pruebas. Ranma, Asami y Daisuke, se encontraban en el grupo de estudiantes que se sentían aliviados y agradecidos al ver que les había ido bien; Daisuke era bueno en las materias numéricas, pero no se le daban bien las demás; el caso de Asami y Ranma era similar: a ninguno de los dos les gustaba estudiar.
Pero además de las clases, también volvieron los entrenamientos de los respectivos equipos deportivos de la Academia Furinkan, incluido el del equipo de voleibol.
A mitad de semana, Yuka y Akane se dirigieron a la primera práctica de voleibol tras el parón.
—Akane, ¿podemos hablar?
Akane se detuvo de inmediato en mitad del pasillo. Ni siquiera tuvo que girarse para saber de quién se trataba. Tomó una bocanada de aire antes de mirarlo. Al hacerlo, intentó comprender cómo una persona podía ser tan testaruda, necia y desubicada. ¿En qué idioma y de qué forma necesitaba Tatewaki Kuno que le dijera que no quería hablar con él? Soltó un largo suspiro.
—¿Qué quieres? —Su tono dejaba en evidencia que él era una persona non grata en su vida.
—Hablar contigo. —Contestó él—. ¿Podemos hablar a solas? —No había mirado a Yuka en ningún momento—. Te prometo que solo será un minuto.
Yuka frunció el ceño. ¿Quién se creía que era ese patán para despacharla así como si nada? Ella no pensaba dejar a su amiga sola con ese tipo. Pero Akane sabía que Tatewaki no se daría por vencido hasta que no le dijera lo que le quería decir, así que cuanto antes hablaran, mejor.
—Está bien, pero será solo un minuto como tú mismo has dicho —comentó Akane. Al ver que Yuka parecía indignada, se dirigió a su amiga en voz más baja—. Adelántate, no tardaré. Y si tardo, ven a buscarme, ¿sí?
Yuka asintió con la cabeza. Antes de marcharse, le envió una mirada asesina a Kuno.
Cuando estuvieran solos, Akane se cruzó de brazos y miró a Tatewaki, esperando que hablara.
—Akane, yo... quisiera pedirte disculpas.
Aquella era la primera vez que Tatewaki se disculpaba con ella desde lo sucedido durante el verano.
Después de que Ryoga la rescatara de las manos —literalmente— de Kuno, Akane prácticamente se lanzó escaleras abajo con el objetivo de huir lo más rápido posible de aquel nefasto momento. Encontró a Sayuri sentada en un sofá cerca de las escaleras y rompió a llorar en cuanto su amiga le preguntó qué le pasaba. Tenía el vestido a medio poner, la cara completamente pálida, los labios trémulos y los ojos llorosos.
A pesar de que podía recordar vívidamente cada segundo de la agresión, todo lo posterior se había convertido en un recuerdo borroso. Sabía que Sayuri la había llevado hasta Yuka y Hiroko, y que sus amigas habían intentado averiguar qué había ocurrido, pues Akane era incapaz de hablar. Sabía que Ryoga se le había acercado poco después para preguntarle cómo estaba, y que ella lo había abrazado sin dejar de llorar. Sabía que Ryoga les había contado a sus amigas lo sucedido con Tatewaki, y también sabía que su ex había golpeado a Ryoga hasta dejarlo al borde de la inconsciencia.
La fiesta se terminó inmediatamente. Tanto Ukyo como Yuka y Hiroko hablaron de llamar a la policía, pero ni Akane ni Ryoga, que prácticamente no podía hablar tras la golpiza, quisieron involucrar a las autoridades. Él, porque no sería capaz de contar el verdadero motivo por el que Kuno lo había atacado; Akane, porque tenía la certeza de que no le creerían o no le harían caso; después de todo, ese tipo de denuncias rara vez procedían, y además se sentía responsable por lo que había sucedido. Ella había subido voluntariamente con él al piso de arriba, aún sabiendo que era muy probable que Tatewaki le pidiera hacer ciertas cosas.
Pero ahora que lo tenía en frente y que recordaba el terror que la había hecho sentir, además del dolor físico, no podía creer que no se hubiera disculpado con ella antes. Le había pedido que hablaran, pero jamás le había dicho las palabras «lo siento». Si lo pensaba bien, era de hecho la primera vez que se disculpaba con ella por cualquier cosa.
Como si pudiera leer su mente, Tatewaki continuó con sus disculpas.
—Yo… estoy muy arrepentido por lo que pasó, por lo que te hice. —Su rostro reflejaba abatimiento—. Lo siento mucho.
Tatewaki podía llorar, podía arrastrarse por los suelos, podría suplicarle y jurarle por todos los dioses que se arrepentía y que no volvería a hacerlo, podría incluso traer a un sacerdote y a un psiquiatra que corroboran su redención y arrepentimiento, y aún así, Akane no le creería. Y de llegar a creerle el día en que los planetas se alinearan, aún así jamás volvería a confiar en él ni a dejarlo entrar en su vida. No lo haría ni aunque su vida dependiera de ello.
—Está bien. —Contestó, pensando que probablemente lo mejor sería aceptar sus disculpas para cerrar el ciclo. No porque verdaderamente creyera que él se merecía su perdón, sino porque pensaba que tal vez así él ya no la buscaría más—. Te perdono. Me parece bien que hayas reflexionado sobre lo que hiciste y que te hayas dado cuenta de que fue algo horrible. —Lo miró sin ninguna expresión en el rostro—. Y espero de corazón que no vuelvas a hacerle algo como eso a ninguna chica. Buen día.
Le pasó por un lado con el objetivo de dar por terminada la conversación, pero Tatewaki todavía tenía cosas por decir.
—Espera, Akane. Eso… ¿eso qué significa? —Parecía confundido—. ¿Volverás a hablarme? ¿Seremos amigos?
Akane vio en ese momento, la mirada tímida y simpática con la que Tatewaki solía mirarla aquellas primeras semanas en las que apenas se estaban conociendo.
—Significa que no te odio y que no te deseo el mal. —Al ver que Tatewaki iba a hacer alguna otra acotación, Akane se le adelantó—. Y eso es todo.
Él frunció el ceño, una expresión de confusión e impotencia apareció en tu rostro.
—¿No quieres ni siquiera ser mi amiga?
Akane no dijo nada. Interpreta mi silencio, pensó.
—Pero, si te estoy pidiendo perdón —alegó—, te estoy diciendo que lo siento y que estoy muy arrepentido.
—Y me parece muy bien, pero eso no significa que vaya a dejarte entrar en mi vida una segunda vez, Tatewaki.
—Entonces no me perdonas.
—Sí, te perdono, pero una cosa no tiene nada que ver con la otra. Y si tu arrepentimiento y disculpas fueran genuinas, no me estarías reprochando nada.
Tatewaki apretó los puños y soltó un largo suspiro. No estás en posición de exigir ni reprochar nada, se dijo a sí mismo.
—Tienes razón. —Su tono fue mucho más conciliador—. Espero que alguna vez podamos ser amigos.
Espera sentado, pensó Akane.
—Adiós, Tatewaki.
Sin esperar que el chico le respondiera, Akane emprendió la marcha rumbo al gimnasio, intentando apartar de su mente los recuerdos de una relación que deseaba dejar atrás, especialmente porque sentía mucha responsabilidad sobre lo que había ocurrido.
En parte, se sentía mal consigo misma por haberse enamorado de él, por no haber escuchado a sus amigas, por no haber identificado todas las banderas rojas o por haberlas ignorado, por haber confiado en Tatewaki. Akane se sentía culpable por lo que había pasado, pues pensaba que ella había habilitado a Tatewaki para que él se aprovechara de ella. Tal vez le había dado a entender que ella era una mujer fácil de manipular, o tal vez el haber accedido a todos sus deseos hacía que él siempre exigiera más de ella. Quizás había mostrado mucha vulnerabilidad, pero ya no más.
Akane había decidido que ya no sería la chica inocente y frágil de la que cualquiera podía aprovecharse.
Nunca más.
Kira Michibiata entró a la biblioteca como si estuviera yendo al Purgatorio. Acababa de recibir un estúpido sermón por parte de Mr. Taro, de la insoportable de Rumiko Suzuki, y de Miss Ninomiya, que era la profesora guía de su curso.
Que sus calificaciones dejaban mucho que desear, que era el último año y debía aplicarse más, que no había asignaturas más importantes que otras, que si podía aprobar materias como Física y Química, también debía aprobar Historia, Geografía y Japonés...
Se había dirigido a la biblioteca con la intención de estudiar un poco para ver si se le quedaba algo en la cabeza. ¿Por qué la biblioteca? En su casa tenía todas las distracciones del mundo y en casa de otra persona tampoco se concentraba, porque se dedicaba a charlar y a perder el tiempo, así que la biblioteca era el lugar ideal por varios motivos: 1) no había nada divertido que hacer, 2) era un lugar silencioso diseñado para que la gente pudiera concentrarse con facilidad, 3) ninguna de sus amistades ponía un pie allí jamás, así que tampoco había oportunidad de encontrarse a alguien que la distrajera.
Pero cuando ya estaba sentándose en una mesa, algo llamó su atención. Algo que la hizo olvidarse de su intención de estudiar. Algo que definitivamente era mucho más interesante que los ríos de Japón y las reglas gramaticales de la lengua nipona. Algo que en realidad era alguien: Hiroshi Tsujitani, el amiguito de Asami.
Después del Baile de Invierno, en la primera semana de las vacaciones, Kira se encontró con Aika en las clases de pilates que las dos tomaban juntas. Charlaron sobre temas varios, hasta que Aika le preguntó por Yusaku, su novio intermitente (intermitente porque terminaban y volvían al menos cuatro veces al año). Kira le contó que estaba convencida de que esta vez habían terminado definitivamente, tomando en cuenta que Yusaku ya estaba en la universidad y se veían cada vez menos. Tal vez sea lo mejor, alegó Kira, tomando en cuenta que ninguno de los dos avanzaba por culpa del otro. Aika le dio la razón y le dijo que esperaba que estuviera bien, tomando en cuenta que tal vez le fuera difícil desacostumbrarse a tener al chico cerca de ella.
—Creo que lo que más voy a echar de menos es a su amigo —le guiñó un ojo a Aika, quien entendió perfectamente que Kira estaba refiriéndose al pene de su exnovio—, no creo que sea nada fácil encontrar chicos bien dotados.
No es que Aika necesitara de demasiados alicientes ni empujones para abrir la boca y compartir cotilleos e intimidades, pero tras aquel comentario le fue inevitable confesarle a su interlocutora que ella había dado con un diamante en bruto que no solo estaba espectacularmente dotado, sino que además hacía todo lo que ella le pedía. Lo buscó en Instagram para mostrárselo a Kira, quien lo reconoció al ver sus fotos: un chico delgado de estatura promedio y cara bonita que era amigo de 'Sami.
No creyendo que Aika se hubiera acostado con aquel chico tímido y con facciones de niño, le pidió más información. Su amiga, por supuesto, no escatimó en detalles. Y luego le dejó la puerta abierta para que se acercara a él.
Y ahora el chico estaba ahí estudiando en la biblioteca sentado en la mesa más alejada de todas, tomando apuntes en un cuaderno con dos gruesos libros reposando abiertos sobre la mesa. Y Kira no creía en las coincidencias. No había tenido la oportunidad de hablar con él en la fiesta de Sentaro Daimonji, pero esta vez no perdería la oportunidad de conocerlo.
Mientras caminaba hacia él, se acomodó el pelo rubio, el cual llevaba suelto. Hiroshi estaba muy concentrado anotando algo en su libreta porque solo le prestó atención cuando ella le habló.
—Hola, ¿qué tal? —Esbozó su mejor sonrisa Colgate, consiguiendo que el chico la mirara.
Hiroshi alzó la cabeza y reconoció de inmediato a la chica que acababa de saludarlo. Era la rubia bonita que le había hecho ojitos en la fiesta del equipo de fútbol. ¿Cómo le había dicho Ryu que se llamaba? Kira… Kira Michibiata.
—Hola, ¿bien y tú?
—Bien. Te vi el otro día en casa de Sentaro, no sabía que solías ir a esas fiestas.
—Bueno, es que no suelo ir —contestó—, fui porque Ranma me invitó. —Silencio. ¿Debía decir algo más?—. Tú… ¿sueles ir mucho?
Ella asintió con la cabeza. Hiroshi se fijó en que Kira llevaba consigo un libro de Historia y un cuaderno. Como ella seguía de pie frente a él sin decir nada, la invitó a sentarse en su mesa. Ella le agradeció volviendo a sonreírle. En vez de sentarse en la silla que tenía más cerca, dio la vuelta a la mesa para tomar asiento junto a Hiroshi.
—¿Qué estudias? —Le preguntó ella al ver sus apuntes.
—Geografía, aunque no estoy estudiando, es para un trabajo que hay que hacer. Lo mandaron hoy y estoy aprovechando para adelantar. —Sintió que las mejillas se le coloreaban—. Soy un poco nerd, lo sé.
Kira se rio ante el comentario y ante el sonrojo del chico. ¡Se veía realmente adorable!
—No deberías avergonzarte por eso —le dijo en un tono amigable—, mírame a mí, que soy un poco vaga. ¿Me ves avergonzada por ello? No, ¿verdad?
Esta vez fue Hiroshi quien se rió, dejando ver dos hoyuelos en sus mejillas.
—¿Te gusta Geografía? —Preguntó Aika.
—Sí, se me dan bien las materias de sociales.
—Buff, a mí se me dan fatal. —Bufó y dejó su libro y su cuaderno sobre la mesa—. Me va mejor con las numéricas. Siento que solo es cuestión de pensar y usar el sentido común y las fórmulas, en cambio en estas… se me hace súper difícil acordarme de todos esos nombres y fechas, ¿sabes?
A Hiroshi aquello le pareció curioso, pues conocía a muy pocas personas a las que los números les gustaran más que las letras. Daisuke y Yuka eran dos, por ejemplo, aunque a la chica se le daba bien todo lo que hacía porque era verdaderamente brillante. Por lo general, la mayoría de la gente tenía dificultades precisamente con las asignaturas numéricas y lógicas, mientras que aquellas conceptuales y de sociales les eran más sencillas.
—Sí, claro, entiendo.
—¿Y cómo lo haces? —Kira parecía genuinamente interesada—. Para aprenderte las cosas y luego no olvidarlas.
—Creo que lo principal es que me interesan los temas, pero también tengo varios métodos que me ayudan a la hora de estudiar.
Los ojos de Kira, que eran del color de las avellanas, brillaron con emoción en aquel momento.
—¿Me podrías enseñar? —Batió sus pestañas, se mordió el labio inferior y posó su mano sobre el brazo de Hiroshi—. Porfa, porfa.
Hiroshi sintió que estaba viviendo un déjà vu. Él, sentado ocupándose de sus propios asuntos, y una chica chica guapa de último año acercándose para coquetearle. Una escena muy similar a la del Baile de Invierno con Aika.
—¿Q-quieres que yo te enseñe técnicas de estudio? —Preguntó con una mezcla de nervios y emoción.
Kira asintió con la cabeza y se deslizó sobre la silla para quedar todavía más cerca de Hiroshi.
—Sí. Tú me ayudas con eso y —posó su mano en el muslo de Hiroshi y lo acarició despacio mientras acercaba sus labios a su oreja—, yo te puedo recompensar.
Era impresionante lo rápido que su pene reaccionaba ante los estímulos femeninos. In omnia paratus. Preparado para todo.
Kira olía a vainilla. Me pregunto si también sabe a vainilla. Hiroshi giró su rostro para mirarla, ocasionando que sus narices se rozaran. De cerca pudo ver que tenía varios lunares en la cara, además de unos preciosos ojos almendrados.
—¿Recompensarme? —Se atrevió a preguntar—, ¿c-cómo?
—Como tú quieras —se mordió el labio inferior y llevó sus manos hasta las mejillas de Hiroshi—, solo tienes que pedírmelo.
Apiádate de mí, Señor.
Hiroshi apartó la mirada, nervioso y excitado, siendo consciente de que si seguía estando tan cerca de ella no resistiría el deseo de besarla. Para ocupar la mente en otra cosa, cerró los dos libros que tenía en la mesa y se incorporó para devolverlos a la estantería de donde los había cogido, la cual estaba a unos metros de la mesa.
—N-no hace falta que me recompenses de ninguna forma —comentó al ver que Kira lo había seguido—, yo… p-puedo ayudarte sin que me des nada a cambio.
Kira sonrió. Aika le había dicho que el chico era muy tímido y que al principio solía mostrarse nervioso y reservado, pero una vez que pasaba esa barrera, el asunto cambiaba.
—Pero quiero hacerlo. Además, también estarías ayudándome de otra forma. —Volvió a morderse el labio inferior—. Verás, rompí con mi novio hace poco, y como he estado un poco triste al respecto, Aika me dijo que tú podías ayudarme…
¿Aika?
—¿Ayudarte? ¿Ayudarte cómo?
La sonrisa coqueta de Kira volvió a aparecer, y por primera vez Hiroshi notó que era distinta a la de Aika. Aika era una leona que sonreía para atraer a su presa. Kira, en cambio, parecía más el dulce cordero que vive la vida esperando que el lobo feroz la devore.
Hiroshi tragó grueso. ¿Él debía ser el lobo feroz?
—Pues… ya sabes. —La chica lo miró con un poco de timidez y bajó la voz—. Íntimamente.
¿Aika… le había recomendado sus servicios a Kira? Pero, ¡si él apenas sabía nada!
Como si estuviera leyendo la mente de Hiroshi, Kira sacó su móvil de su bolsillo y lo desbloqueó. Le mostró la pantalla del teléfono a Hiroshi. Estaba abierta en una conversación de WhatsApp con Aika Shiota.
Kira: «Segura que no te molesta que le tire los tejos a Hiroshi?»
Aika: «Segura! Peeeero no lo acapares para ti sola, que ya sabes que me encanta». Emoji babeando.
—¿Qué dices?
No lo acapares para ti sola. Ya sabes que me encanta.
Hiroshi había sido un niño bueno y obediente toda su vida, un chico tímido y tranquilo que se limitaba a ver como otros disfrutaban de la compañía femenina. Bien, era hora de cambiar eso. Hora de portarse muy mal.
Cogió el rostro de Kira con ambas manos y la acercó a él para besarla con ganas. La chica correspondió de inmediato a su ímpetu y le rodeó el cuello con las manos, dejándose hacer sin rechistar. Él aprovechó para pegar su cuerpo a la estantería y besarla como si no hubiera un mañana. Aprovechando que ella era más baja y más delgada que él, apretó su cuerpo contra el suyo y sintió que se derretía ante aquellas deliciosas curvas. Kira soltó un gemido que fue a parar a la boca de Hiroshi, haciendo que el chico reaccionara y fuera consciente de que había empujado a Kira contra la estantería y la besaba como un desquiciado.
—Disculpa —se excusó avergonzado—, tendría que haberte preguntado primero. Y no debí ser tan brusco.
—No, no, está bien. De hecho —se mordió el labio inferior—, eso me gusta, me gusta mucho.
—¿Te gusta que sea… brusco?
Sabía que había mujeres a las que les gustaban los juegos salvajes y los hombres dominantes que las tomaran con fuerza, pero no pensó que se toparía con una tan pronto. Joder, no pensó que se toparía con una en su vida...
—Me encanta…
Pero no estaba quejándose de ello.
Tras la práctica del equipo de voleibol, Akane se dirigió a la biblioteca para buscar a Hiroshi. Habían quedado de encontrarse ahí para regresar juntos a casa.
Akane se lo encontró sentado en la mesa más alejada. A medida que se acercaba a él, notó que su amigo estaba completamente perdido en sus pensamientos, los cuales a juzgar por su expresión, eran de lo más agradables.
—¿Y esa cara?
Hiroshi se sobresaltó y dejó caer el bolígrafo que tenía en las manos, haciendo que Akane sonriera. Su amigo era muy fácil de asustar.
—¿De dónde saliste? —La miró mientras se llevaba una mano al pecho—. Qué susto me has dado…
Ella siguió riéndose y Hiroshi eventualmente se puso de pie, llevándose la mochila al hombro.
—¡Estabas en la luna! ¿En qué pensabas?
Un sonrojo se apoderó de las blancas mejillas de Hiroshi, quien le dio una rápida mirada a Akane antes de empezar a caminar. Ella pareció todavía más interesada en escuchar la respuesta.
—En Kira Michibiata.
—¿Michibiata? —Akane frunció el ceño—. No me suena mucho… ¿es una chica de último año?
—Sí, una de las animadoras —respondió él en el momento en el que salían de la biblioteca—, una rubia pequeñita. Déjame ayudarte con eso. —Señaló el bolso de deporte que Akane llevaba en el hombro opuesto al de la mochila.
—No hace falta, Hiro, gracias. ¿Por qué pensabas en ella? ¿Te gusta? —Esbozó una sonrisa y alzó una ceja—. ¿Ahora te van las animadoras? Claro, ya probaste a una y ahora las quieres a todas —comentó bromeando con él y le guiñó un ojo.
El chico, lejos de reír, pareció contrariado.
—En realidad son ellas las que me buscan a mí, Akane. ¡Y no sé qué hacer!
Ante la confundida y curiosa mirada de su amiga, Hiroshi soltó un largo suspiro y le hizo un resumen ejecutivo para actualizarla en cuanto a la situación actual de su vida sexual e íntima. Akane era la única persona a la que Hiroshi le había contado algo, y de alguna manera, se sentía bien hacerlo. Su amiga podía aconsejarlo, y si no, al menos le serviría para dejar salir todos los pensamientos que rondaban su confundida y calenturienta cabeza.
La joven Tendo escuchaba todo con los ojos y la boca muy abierta, completamente sorprendida ante el giro de 360 grados que había dado la vida de su tímido amigo, quien no tenía idea de qué había pasado en el universo para que su suerte cambiara de esa forma. Finalmente, alegó que no estaba del todo seguro sobre lo que haría.
—¿Qué quieres hacer?
—¿Tú qué crees? —Preguntó—. Quiero estar con Kira, pero no quiero que eso estropee lo que tengo con Aika.
—¿Y qué tienes con Aika?
Sexo salvaje en el que ella hace lo que le da la gana conmigo y yo la obedezco y complazco en todo, pensó. Naturalmente, no fue eso lo que le dijo a su querida amiga.
—Sexo casual cuando ella quiere.
—Hiro, yo creo que a Aika no le molesta que te acuestes con su amiga, por algo le habló de ti, ¿no?
—Y… ¿crees que debería comentárselo antes? —Preguntó con timidez—. Mencionar que sí estoy interesado en Kira, solo para que ella lo sepa.
Akane sonrió y miró a su amigo con ternura. Hiroshi era tan correcto que incluso en una situación como esta estaba intentando de actuar de la forma más éticamente correcta.
—Creo que debes hacer lo que te dé más tranquilidad. —Contestó Akane, pensando en qué haría ella si estuviera en esa situación—. Aunque estoy segura de que se enterará porque Kira se lo contará.
Hiroshi se sintió un poco más tranquilo y con más claridad sobre lo que debía hacer tras hablar con Akane. Agradecía poder tenerla como confidente sobre este tema, pues no se sentía cómodo hablando del tema con sus amigos hombres. Primero, porque estaba seguro de que no le creerían; segundo, porque a diferencia de Akane, los chicos seguramente pedirían miles de detalles que él no quería compartir por prudencia y pudor; tercero, porque sabía que Akane no diría nada, y para él era importante proteger la privacidad de las chicas.
Durante el resto de la caminata hacia sus casas, Akane no pudo evitar recordar su conversación con Tatewaki. ¿Por qué ahora? ¿Por qué volvía aparecer para acercarse a ella, esta vez pidiendo disculpas? ¿Por qué no la dejaba en paz y seguía adelante?
—¿Estás bien? —La pregunta de su amigo la sacó de sus cavilaciones—. Estás muy seria y callada, y no creo que sea porque también estés pensando en cómo será el sexo con Kira Michibiata...
Akane se rió y Hiroshi sonrió complacido al poder sacarle una sonrisa a su amiga. Se veía muy taciturna e incluso un poco preocupada.
—Sí, estoy bien —contestó ella—, es solo que… Tatewaki me buscó para hablar hoy.
Hiroshi no había estado presente en la fiesta de Ukyo Kuonji, pero sí había escuchado algunas historias de terror por parte de Daisuke sobre lo ocurrido ese día. Sabía que para Akane era un tema muy delicado, pues ella nunca lo tocaba, así como tampoco lo hacía nadie del grupo.
—Se me acercó con la excusa de pedirme perdón por lo que pasó, diciendo que estaba muy arrepentido y que lo sentía mucho —explicó—, pero yo no le creí. Le dije que lo perdonaba para ver si así pasa la página y ya no vuelve a hablar nunca más. —Frunció el ceño—. ¿Puedes creer que pretendía que fuéramos amigos?
—Le dijiste que no, me imagino…
—¡Por supuesto!
Continuaron hablando del tema hasta llegar a la casa de Akane, donde se despidieron con un abrazo. Hiroshi esperó que Akane entrara a su casa para marcharse.
Mientras caminaba por el jardín frontal, Akane se obligó a dejar de pensar en Tatewaki. Tras saludar a su familia se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa. Su muñeca vibró. Mensaje de WhatsApp. Una enorme sonrisa se plantó en el rostro de Akane. Si había alguien que podía cambiarle el humor, ése era Ranma.
Ranma: «Te había dicho ya que eres mi chica favorita en todo el mundo? No? Bueno, eres mi chica favorita en toooodo el mundo». Emoji con corazones en los ojos. «Te quiero, preciosa». Emoji de beso.
Suspiró y sonrió como lo que era, una adolescente enamorada. Se mordió el labio inferior y se acostó boca arriba sobre su cama, llevándose el móvil al pecho.
—Yo también te quiero.
El primer partido tras el parón de invierno llegó el viernes de la semana siguiente.
Las tensiones estaban a la orden del día ya que se trataba de un partido importante ante un colegio con el que Furinkan tenía una rivalidad importante. Era un equipo que solía dar batalla en lo deportivo, pero también en lo mental. Más de una vez habían expulsado jugadores por tener encontronazos dentro del campo que nada tenían que ver con el fútbol. Por ese motivo, el entrenador Mihara había preparado meticulosamente todas las tácticas del partido.
Pero Mihara no era el único que había preparado algo especial para esa noche. Aika Shiota, la capitana de las animadoras, también. Lo había hecho de la mano de Asami Kobayashi, a quien consideraba su padawan, y quien esperaba pudiera heredar el rol de capitana el próximo año.
Precisamente, Asami se encontraba con el resto de las animadoras, calentando motores y preparando al público para lo que se venía, y agradeciendo internamente tener tanta coordinación y personalidad a la hora de bailar, tomando en cuenta que su corazón había empezado a latir con fuerza cuando los jugadores salieron al campo y sus ojos captaron la imagen de Ryu.
Era la primera vez que lo veía desde el Baile de Invierno, que también había sido la última vez que habló con él. Durante las vacaciones de invierno, había tratado de no pensar en él, y en gran parte lo había conseguido.
Para el winter break, ella y su familia fueron al Ki Niseko Penthouse en Niseko a esquiar y pasar el año nuevo. Su padre tuvo una ilustre invitada: la famosísima y aclamada actriz japonesa Haruka Hara, considerada su musa por haber protagonizado varias de sus películas. Haruka fue acompañada de su esposo, el actor Ken Honda, y su hijo Takashi.
Como Asami se estaba recuperando del despecho que le dejó su relación con Ryu, enfocó sus energías en compartir con su familia, pasar momentos agradables y perfeccionar sus ya destacadas técnicas de esquí.
Al segundo día, notó que a Takashi no se le daba bien deslizarse por la nieve, así que se ofreció a ayudarlo para que no hiciera el ridículo y pudiera disfrutar con ella de las pistas de esquí. Bastó solo un día para que Asami pensara que aquel guapo y simpático jovencito a quien conocía desde que eran niños podía ser el clavo que sacaría otro clavo, y bastaron solo dos flirteos para darse cuenta de Takashi, quien siempre la había tratado casi como una hermana, también la encontraba atractiva.
Así que una noche, mientras los adultos tomaban champaña y comían en uno de los restaurantes del resort, Asami y Takashi se entregaron a la pasión y a los deseos de la piel en el jacuzzi del penthouse.
Tras regresar a casa, Asami puso las cosas en perspectiva. Por un lado, le alegraba haberse acostado con Takashi porque lo había disfrutado y además la había ayudado a darse cuenta de que había vida después de Ryu. Por otro, había decidido que quería estar sola y disfrutar de sus amistades al máximo.
Ella nunca había necesitado de la compañía masculina para ser feliz, pues los chicos siempre habían sido una diversión y nada más, pero lo cierto es que le había afectado mucho lo ocurrido con Ryu y no quería que volviera a repetirse. Así que por lo que quedaba de año (o sea, todo) o al menos por lo que quedaba de año escolar, no saldría ni se fijaría en ningún chico. Su prioridad serían sus amigos.
Precisamente, en las grandes techadas del campo de fútbol de la Academia, Hiroshi estaba sentado entre Akane y Yuka. Pero a diferencia de sus dos amigas y del resto del público, el joven Tsujitani no miraba a los jugadores. Las animadoras eran mucho más interesantes que el juego.
Los ojos de Hiroshi iban de Kira a Aika y de Aika a Asami, tres chicas muy distintas, pero que no pasarían desapercibidas ni en medio de una multitud. Kira Michibiata, la rubia de baja estatura y pelo con un largo medio; Aika Shiota, la chica alta de larguísimo pelo casi negro; y Asami Kobayashi, la castaña de pelo corto y estatura promedio.
A Hiroshi no dejaba de sorprenderlo que tres chicas tan distintas entre sí pudieran gustarle tanto. Y en el caso de Aika y Kira, además de las diferencias visibles, había otras que las hacían muy distintas.
En el sexo, Aika era una mujer dominante a la que le gustaba llevar la batuta, y que disfrutaba mucho de dictar los tiempos y prefería estar arriba; no temía decir lo que quería hacer ni tampoco lo que quería que le hicieran; era una mujer muy directa y muy apasionada. De Kira podría decirse que era el extremo opuesto de Aika: desde el episodio en la biblioteca, solo se había acostado con ella dos veces, pero a Hiroshi le quedaba muy claro que la chica prefería que fuera él quien ejerciera el rol más activo y dominante, y quien llevara la voz cantante; aquello había sido una novedad para él, tomando en cuenta que antes de Kira solo había estado con Aika que era exactamente lo opuesto. Y aunque al principio se sintió un poco inseguro, pronto Kira y él se entendieron muy bien, pues la chica era bastante comunicativa.
Fue así como Hiroshi comprendió que el sexo, aunque no siempre y no en todos los casos, se trataba de una dinámica de poder. ¿Le gustaba más ser dominado y tener un rol un tanto más pasivo o sumiso, o por el contrario, prefería ser él quien ejerciera el poder sobre su compañera, como hombre alfa? Lo cierto es que disfrutaba ambas, pero probablemente lo que más le gustaría sería el balance perfecto entre ambas. Podría decirse que tenía ese balance, tomando en cuenta que con una era una cosa y con la otra era otra, pero lo cierto es que le gustaría probar ese balance con una sola mujer. Y ahí era donde su mente —y su corazón— lo llevaba hacia Asami. Porque por algún motivo, no podía dejar de ver a Asami como más que una amiga.
¿Por qué, si ya se había acostado con dos chicas guapas, seguía suspirando por su amiga? Hiroshi llegó a la conclusión de que era porque a Asami no solo la deseaba físicamente y ya, sino porque la quería, la quería demasiado. ¿Estaba enamorado de ella? No lo sabía, pero era probable. Pero había varios problemas con eso, los cuales vamos a enumerar a continuación: (1) Asami solo lo veía como un amigo, (2) a Asami le gustaban los chicos experimentados. Y es aquí cuando uno se pregunta: ¿no se supone que ya era él un chico experimentado, tomando en cuenta que se había acostado (y seguramente seguiría haciéndolo) con dos chicas mayores que estaban enseñándole muchas cosas? Probablemente sí, pero es aquí donde entra el tercer problema: (3) Asami había decidido no involucrarse de ninguna forma que no fuera una casta amistad con ningún chico, hasta nuevo aviso.
Hiroshi lo sabía porque el fin de semana anterior había ido con ella y Hiroko al cine a ver una película extraña pero interesante, y luego, mientras tomaban chocolate caliente en una cafetería, Asami les había dicho eso.
Entonces, por más que Hiroshi consiguiera un diploma que lo certificara como experto en el arte indio del Kama Sutra, tampoco tendría oportunidad con ella. Así que simplemente tendría que aceptar su destino y su lugar, y buscar consuelo en los brazos de Kira o de Aika.
No es que se estuviera quejando sobre eso…
—El número cinco parece tenerla agarrada con Ranma.
La voz de Yuka lo hizo recordar que estaban viendo un partido de fútbol y no una presentación de baile. Hiroshi miró a su amiga y luego posó sus ojos en el campo.
—Es que es su marca —dijo Akane con el ceño fruncido—, por eso está encima de él, pero sí creo que de forma más incisiva que lo normal. ¿Tú que piensas, Hiro?
Que el fútbol es un coñazo.
—Sí, sí, pienso lo mismo —comentó, prometiéndose poner más atención al partido para dejar sus cavilaciones a un lado y poder charlar con sus dos amigas.
Si tan solo no hubiera tres hermosas distracciones tan cerca de él, todo sería más fácil.
Ranma estaba tenso. Muy tenso. Y nada tenía que ver con el partido, o al menos casi nada.
Le estaba costando concentrarse y poner la mente en el juego, pues estaba bastante ansioso y no podía dejar de pensar en una conversación que había tenido con su padre ese mismo día durante el desayuno.
Luego de que Genma le contara a su mujer que él y Ranma habían discutido y que se le había ido la mano —literalmente— con su hijo, Nodoka lo reprendió y le dijo que esperaba que aquello no volviera a repetirse. Genma era uno de esos hombres a los que le gustaba ver felices a sus eposas, así que evitó a toda costa volver a enfrentarse con el chiquillo, una intención que duró varias semanas.
Pero aquella mañana, Ranma había estado hojeando algunos folletos de universidades que le entregaron en clases. Su madre se había mostrado interesada y le había hecho algunas preguntas sobre el tema. Pronto se dio cuenta de que su hijo se ponía nervioso, pues no tenía del todo claro dónde le gustaría estudiar ni tampoco qué, a diferencia de varios de sus compañeros, que ya sabían hasta qué nombres les pondrían a sus hijos.
—No está mal que vayas pensando en qué quieres hacer, cariño —le dijo Nodoka al verlo un poco inquieto—, simplemente para que vayas evaluando todas las opciones que tienes. No tienes que decidir nada aún.
Fue allí cuando Genma intervino.
—La opción que tiene es partirse el lomo entrenando para poder ganarse una beca deportiva —miró a Ranma—, porque ni tu madre ni yo podemos pagarte una universidad privada y lo sabes. Y espero que no pretendas que lo hagamos.
Ranma era consciente de que sus los ingresos de sus padres, aunque no eran escasos, sí eran limitados en cuanto a ciertos temas. Si quería asistir a una universidad privada, lo mejor sería hacerlo a través de una beca deportiva.
—Ranma lo sabe, Genma, pero lo digo porque tal vez quiera aplicar a una beca deportiva —explicó Nodoka, conciliadora como siempre—, o tal vez esté interesado en una universidad fuera de Japón.
Desde que estudiaba en la Academia Furinkan, aquella posibilidad que antes no estaba ni cerca de entrar en su cabeza, se había materializado. Al ser un colegio internacional de gran prestigio, los estudiantes graduandos tenían ciertas facilidades para conseguir cupo en universidades en otros países, sobre todo en Reino Unido y Estados Unidos, pero también en Corea del Sur y algunas ciudades de China. El problema es que para estudiar en esas universidades no bastaba con solo hablar japonés.
—¿Y para eso no tiene que hablar varios idiomas? —Genma frunció el ceño—. Porque que yo sepa éste solo habla Japonés y un inglés a duras penas.
A Ranma le molestaba la habilidad que tenía su padre para menospreciarlo cada vez que tenía la oportunidad.
—Pues hablo bastante más inglés del que podrías aprender tú en tu vida —respondió Ranma a la defensiva—, y seguro que también hablo mejor japonés que tú.
—Muchacho altanero, ¿te crees muy listo? Da gracias que he dedicado toda mi vida a entrenarte y a hacerte un hombre y un gran atleta, porque si no, quién sabe dónde estarías ahora —le dijo de forma despectiva—, con lo débil y vago que eres…
¡O sea que ahora debía darle las gracias por explotarlo y presionarlo de forma obsesiva!
—Genma, por favor —Nodoka habló en un tono que dejaba muy claro que no pretendía tolerar más las palabras de su marido—, no hables así de Ranma. No es ningún vago, ni tampoco es débil…
—¡Eso lo dices porque no lo has visto últimamente! Cada vez le pone menos empeño a las cosas, cada vez te veo correr menos en los partidos.
—Ya te dije que no todos los partidos son iguales, papá, ¡deberías saberlo! Además, esta liga tiene más nivel que la de mi anterior instituto, es más táctica y estratégica.
—Pues espero verte esta noche siendo táctico y estratégico.
Ranma frunció el ceño. Oh, no. Eso sí que no.
—No vas a ir esta noche.
Nodoka parpadeó confundida y miró a su hijo con un halo de decepción. Genma acentuó su ceño fruncido y apretó la mandíbula. Ese niño estaba colmándole la paciencia y las manos estaban empezando a picarlo.
—¿Y por qué no? —Se inclinó hacia adelante sobre la mesa—. ¿No será que no has entrado al once titular? ¿Que te han relegado a la banca? —Su rostro comenzó a adquirir una coloración rojiza—. Es eso, ¿verdad? ¡Ahora eres un segundón!
—¡No soy un segundón! ¡Simplemente no quiero que vayas porque lo único que haces es criticarme!
Llegados a ese punto, los dos hablaban con voz colérica y Genma, que tenía el color de un tomate maduro, se puso de pie bruscamente, haciendo que la silla se cayera hacia atrás. Apoyó las manos sobre la mesa y miró a su hijo con desaprobación y furia.
—¡Tu madre quiere verte! ¿También a ella vas a impedírselo? Muchacho grosero y malcriado…
—¡Mamá no tiene nada que ver en esto! Y claro que puede ir —cuando Ranma miró a Nodoka, sus gestos se suavizaron—, puedes ir a verme siempre que quieras, mamá —su tono también cambió a uno más dulce y cariñoso—, tú sí me apoyas y te alegras por mí.
Nodoka estiró el brazo y acarició la mano de su hijo sobre la mesa.
—¿Qué significa eso? —Genma se cruzó de brazos—. ¿Que yo no te apoyo? ¿Y qué crees que hice cuando te conseguí la oportunidad para esa beca? ¿Hundirte? ¡Estás en ese colegio gracias a mí!
Ranma, harto de discutir, se puso de pie para marcharse. Ya se le empezaba a hacer tarde para las clases.
—Tú no lo hiciste por mí, lo hiciste por ti —estaba muy molesto, pero ya no alzaba la voz—, lo hiciste porque estás buscando la forma de aprovecharte de mi éxito. Siempre lo has hecho.
Genma abrió la boca y los ojos totalmente sorprendido e indignado ante aquello, como si no pudiera creer que su propio hijo pensara eso de él. Al ver que Ranma parecía satisfecho con su comentario, orgulloso de haberle callado la boca a su padre, Genma quiso cogerlo del cuello y darle una buena tunda para que lo respetara. Pero sabía que su mujer jamás lo permitiría. Tampoco podía insultarlo, al menos no delante de ella. Así que eligió usar el mismo tono que su hijo, con una frase que no incluía insultos, pero no era por ello menos dolorosa.
—Tendría que ser un tonto o un iluso para creer que tú podrías ser lo suficientemente exitoso como para que alguien pueda aprovecharse de ello. —Su mirada fue gélida—. No eres tan bueno como crees y no creo que llegues a serlo jamás.
Cualquiera pensaría que a esas alturas de su vida, Ranma ya estaría acostumbrado a los inalcanzables estándares que su padre le imponía, o a sus menosprecios, insultos, comentarios displicentes y actitud condescendiente; sin embargo, Ranma era solo un adolescente que lo único que quería era ser aceptado y querido. Y las palabras de su padre dolían y calaban profundo.
Sin decir nada, caminó hacia la puerta, se puso su abrigo, cogió su mochila y se calzó. Antes de salir, miró a su padre y, intentando que no se le quebrara la voz, le dijo.
—No quiero verte en el partido esta noche, o te juro que voy a pedir que te saquen con seguridad.
Las palabras de su padre se quedaron clavadas en su mente y en su corazón todo el día.
Tendría que ser un tonto o un iluso para creer que tú podrías ser lo suficientemente exitoso…
No eres tan bueno como crees y no creo que llegues a serlo jamás…
El entrenador del otro equipo tenía muy claro que Ranma era el jugador más determinante de su equipo, por lo que le había asignado como marca personal al número cinco, un tipo corpulento y fuerte, que además de marcarlo físicamente para impedirle jugar con comodidad, estaba intentando sacarlo mentalmente del partido. Y estaba funcionando.
Ranma se dio la vuelta y le propinó un empujón que el otro jugador no se esperó, pero que le sacó una sonrisa al ver que había conseguido que perdiera los estribos. Ranma, al ver la sonrisa petulante en la cara del tipo, quiso partirle la cara. Para su suerte, Toraijiro Higuma, su compañero en el centro del campo y con quien hacía una dupla espléndida de recuperación y creación, se interpuso entre los dos. Posó sus manos en las mejillas de Ranma y acercó su frente a la suya.
—Cálmate. Cálmate porque te van a expulsar y con uno menos ahí si la petamos, ¿okay?
—Es un cabrón y un hijo de puta, Torai…
—Ya lo sé, pero no vas a ganar nada si te peleas —le dijo y lo cogió del brazo al ver que intentaba mirar al rival—, al contrario, gana él.
El árbitro se acercó a ambos jugadores y les sacó tarjeta amarilla a los dos. Ranma pareció todavía más molesto, pero no protestó, pues sabía que empujar a un rival era considerado conducta antideportiva, indistintamente de si el otro llevaba todo el partido pegándole patadas y susurrándole insultos y provocaciones.
Varios minutos después, se fueron al descanso. Ranma prácticamente no atendió a la charla técnica, pues estaba pensando en qué haría para evitar perder la calma, tomando en cuenta que estaba apercibido. Los quince minutos del descanso se le pasaron volando y pronto ambos equipos salieron de los vestuarios.
Mientras pisaba el césped del campo, Ranma miró hacia la grada. Bien, al menos su padre no estaba ahí. Quién lo aguantaba después diciéndole que era débil mentalmente y todas esas cosas. Le daba risa que el padre de Ryu, que había ido a ver el partido y a apoyar a su hijo y al equipo, le hubiera dicho antes del juego que seguramente su padre debía estar muy orgulloso de tener un hijo tan talentoso.
Sí, claro. Su padre no estaba orgulloso de él, solo se aprovechaba de que Ranma fuera bueno en los deportes.
Aunque nunca lo suficientemente bueno...
¿Y si hubiera nacido sin una pierna? ¿Su padre también lo hubiera obligado a ser atleta? ¿También habría esperado que su hijo fuera un hombre entre hombres? ¿Lo presionaría y exigiría día tras día para que fuera lo mejor que podía ser? Lo dudaba, con lo insensible que era su padre probablemente ni siquiera le prestaría atención. Tal vez incluso lo hubiera dejado abandonado en el hospital.
A lo mejor eso era todo lo que necesitaba, cortarse una pierna.
Bueno, no te la tienes que cortar, basta con que te la rompas...
Como si se tratara de una voz que le hablaba desde fuera, Ranma escuchó aquello con atención. Si se lesionaba y no podía practicar deportes, su padre ya no lo hostigaría tanto. ¿Con qué objetivo, si ya su hijo prodigio estaba deshabilitado para el deporte? Lo pensó bien. ¿Quería practicar deportes el resto de su vida? Bueno, sí, le gustaban y era bueno en ellos; quitando la relación con su padre, la verdad los disfrutaba bastante. Pero, ¿se veía siendo un atleta profesional o semiprofesional? Probablemente no. Para eso había que entrenar de forma incansable prácticamente todos los días del mundo, había que poner mucha atención a la alimentación y evitar ciertas comidas, no podía o no debía trasnochar, ni beber alcohol, ni ir de fiesta en exceso. Y no es que él fuera un borracho o un fiestero empedernido, pero quería tener todas esas posibilidades al alcance de sus manos.
Pero lo más importante, no quería ser presionado para ser el mejor, para estar en constante competencia con los demás, para ser el más hombre entre los hombres. No quería que nadie, mucho menos su padre, determinara su valía ni estableciera qué tan hombre y fuerte era basándose en sus habilidades deportivas.
Y entonces lo vio todo con claridad. Si el número cinco quería molerlo a patadas hasta romperle el tobillo, la tibia o el peroné, Ranma no se opondría.
El pitazo que daba inicio al partido no se hizo esperar.
La oportunidad de Ranma llegó en el minuto sesenta y cinco, cuando su compañero Toraijiro Higuma le mandó un balón largo que iba en dirección a la medialuna del área.
Lo siguiente ocurrió en segundos. Balón en disputa. Ranma vio que el jugador rival que fungía como su marca, y a quien había logrado quitarse de encima por un par de minutos, corría hacia él, y a juzgar por su expresión no iba precisamente al balón. Ranma llegó primero al balón, lo que le dio una ventaja de al menos dos segundos para moverlo y evitar la entrada del rival; sin embargo, esta vez no lo hizo. Se quedó allí durante esos dos segundos y esperó que su marca lo barriera, impactando contra su tobillo izquierdo. Y entonces, el dolor.
No gritó, pero cayó al suelo e inmediatamente se llevó las dos manos al tobillo lastimado, sintiendo que las olas de dolor se extendían hacia el resto de su cuerpo. El picazo no se hizo esperar, y tanto el árbitro como los jugadores se acercaron a él. Ranma no vio nada de eso, pues estaba tendido en el suelo con los ojos cerrados mientras se tocaba el tobillo, sintiendo un intenso dolor que prácticamente no le permitía moverse, pero el árbitro sacó una segunda amarilla al jugador rival, lo que constituía en una expulsión.
En la grada, Akane, Hiroshi y Yuka se habían puesto de pie. La castaña, se cubría la boca con ambas manos, el chico tenía los ojos muy abiertos, y la menor de las Tendo fruncía el ceño mientras apretaba los dientes.
—¿Por qué no se movió? —Preguntó más para sí misma que para los demás—. ¿Por qué se quedó ahí?
—¿Qué dices? —Preguntó Yuka
—Ranma… antes, cuando el jugador fue al balón, se quedó ahí…
—Es que todo pasó súper rápido, y aparte no creo que le hubiera dado tiempo de hacer nada —explicó su amiga.
—Joder, parece que le pegó fuerte —añadió Hiroshi—, fue una entrada súper peligrosa, ¿será que lo lesionó?
Akane se temió lo peor. Una de las principales virtudes de Ranma como jugador era la facilidad que tenía para regatear y quitarse de encima jugadores, y había contado con suficiente tiempo para al menos mover el balón y que la barrida del jugador no lo impactara directamente. Ahí había algo raro. Era como si… como si hubiera estado esperando que el otro jugador lo golpeara. Como si quisiera lesionarse.
El chico fue atendido a un costado del campo, y seis minutos después de salir, volvió a reincorporarse al juego. Aunque cojeaba, no parecía estar herido de gravedad. Al verlo volver a entrar al campo, la grada le aplaudió.
Y si Akane necesitaba mayor confirmación de que Ranma estaba muy raro, llegó en el minuto ochenta, cuando marcó el gol que empataba el partido y ni siquiera lo celebró.
—Tal vez siga molesto por la amarilla y dolido por el golpe —comentó Hiroshi para tranquilizar a su preocupada amiga.
Akane lo dudaba. A Ranma le pasaba algo, y ella iba a averiguar qué.
El partido finalizó con un empate a dos, nueve tarjetas amarillas y un expulsado.
Asami se despidió de sus compañeras y se puso sus AirPods mientras caminaba hacia la salida del gimnasio. No tenía pensado cambiarse de ropa allí, pues quería llegar cuanto antes a su casa.
—¡'Sami!
Se giró al escuchar su nombre y vio a Ryu caminar con paso rápido hacia ella. Había conseguido ignorarlo exitosamente durante los calentamientos, por lo que no deseaba charlar con él. Apresuró su marcha para salir de allí cuanto antes y evitarlo, pero el portero del equipo de fútbol no iba a rendirse tan fácilmente.
—¡Espera, espera! —La alcanzó justo afuera del gimnasio y se plantó frente a ella para impedirle el paso—. ¿Qué te pasa? ¿Por qué me estás evitando? —Frunció el ceño—. ¿Por qué ya no me hablas?
Asami notó que Ryu se había cortado el pelo recientemente. Pensó que se veía todavía más sexy que antes, pero pronto apartó esos pensamientos de su mente. Frente a ella estaba el chico que la había lastimado, y debía recordárselo.
—No respondes a mis mensajes ni a mis llamadas, no te acercas a mí y cuando yo me acerco, huyes como si se tratara de la peste. —Ryu estaba serio y sonaba casi desesperado—. Me ignoras, me evitas… ¿por qué?
—¿En serio necesitas que te lo diga? —Asami frunció el ceño y lo miró como si no pudiera creer que Ryu en serio no tuviera ninguna idea de por qué ella estaba así—. No quiero que me escribas ni que me busques Ryu, porque ya no quiero nada contigo.
—Oh, eso me queda clarísimo —dijo con ironía—, pero lo que no entiendo es por qué. Y sé que no es porque ya no te guste o porque te gusta otro, porque una vez acordamos que si eso llegaba a pasar alguna vez, seríamos honestos con el otro.
Asami soltó una risa amarga e irónica, y negó con la cabeza. Dejó de mirarlo durante varios segundos, mientras pensaba en una forma educada de mandarlo a la mierda.
—Honestos… ¿como lo fuiste tú conmigo sobre Shizuka Okitsu? —Le dijo de forma acusadora—. ¿O es que eso ya se te olvidó?
Ryu alzó ambas cejas y apartó la mirada. Asami no le dirigía la palabra desde el Baile de Invierno, y aunque al principio pensó que era porque estaba celosa, al ver que la chica no le respondía los WhatsApps ni tampoco las llamadas, pensó que seguramente sería algo más.
—Shizuka y yo no tenemos nada, así que no puedes decir que no he sido honesto contigo.
—Oh, sí que puedo, porque es la verdad. —Dio un paso adelante para estar más cerca de él y alzó la cabeza para mirarlo fijamente—. Después del numerito romántico que montaste en el aula de Arte, yo te pregunté si te gustaría ir conmigo al estúpido baile y me dijiste que no te gustaba ir acompañado a esos eventos. —Acentuó su ceño fruncido—. ¿Lo recuerdas?
—Sí.
—Perfecto. Porque luego de que me dijeras que no a mí, me enteré de que la habías invitado a ella. Y te apareciste en el baile con ella colgada del brazo, como si fuera tu novia. Y yo por supuesto, haciendo el papel de estúpida.
—Asami…
Estaba molesta —no— furiosa con él, y la furia estaba dando paso a otros sentimientos que eran los verdaderamente predominantes. La rabia era solo una forma de enmascarar a las otras emociones. No pudo evitar que algunas lágrimas se acumularan en sus ojos.
—No te estaba pidiendo que me hicieras tu novia y me llevaras a tu casa a cenar con tu familia, ni que te pusieras un collar con mi inicial, ni tampoco que firmaras un papel que dijera que eres mío y de nadie más. —Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, pero Asami no cambió su expresión molesta—. Lo único que quería era que fuéramos juntos, o al menos que tuvieras la decencia de decirme que querías llevar a otra persona.
Odió estar sintiendo que vivía un puto déjà vu en el que Ryu hacía una de las suyas y luego la buscaba para endulzarle el oído y conseguir que lo perdonara. La única diferencia es que las bromas pesadas de antes y el tratarla de forma indiferente o fría, no se comparaba con el desplante del Baile de Invierno.
Ryu se sintió desarmado y totalmente culpable al ver las lágrimas de Asami. Nunca la había visto llorar. Comenzó a comprender que las consecuencias de sus acciones no siempre serían inocuas.
—Y por si fuera poco —continuó Asami—, tuviste la desfachatez de decirme que te querías ir conmigo luego de que Okitsu se fuera a su casa. —Si Ryu creía que iba a irse de rositas, estaba muy equivocado. Ahora que la había buscado para hablar, Asami pensaba cantárselas todas—. Como si yo fuera…
Le dio un empujón para apartarlo y comenzó a caminar para alejarse de ahí. Estaba perdiendo los estribos y no quería que Ryu la viera llorar.
—'Sami, espera, por favor. —Esta vez, en vez de intentar detenerla, Ryu caminó a la par de ella—. Yo no quise ofenderte, no te dije eso con mala intención.
—Pero me dejaste muy claro lo que piensas de mí. A otras chicas las invitas a bailes y a mí solo me invitas a follar, porque me imagino que solo te valgo para eso.
—¡Por supuesto que no! —Esta vez fue Ryu quien perdió los estribos. Cogió a Asami por ambos brazos y la obligó a mirarlo—. ¡Yo no pienso eso de ti! Pero no te invité porque… porque…
Porque no quiero que te hagas ilusiones.
—¡Mira la verdad es que no me importa! ¡Ya te dije que no quiero nada contigo!
Ryu frunció el ceño.
—Está bien, pero estás siendo injusta conmigo.
Asami abrió la boca indignada e intentó empujar a Ryu, pero el chico no la soltó.
—¿Cómo te atreves a decirme eso?
—Tú y yo acordamos desde un principio que lo nuestro sería casual y los dos dijimos que ninguna buscaba una relación seria. —Le dijo intentando recuperar la calma, todavía sin soltarle—. Si las cosas cambiaron para ti, si tú querías algo más, podrías habérmelo dicho, porque eso no era lo que…
—¿Tú crees que yo planeé esto?
Llegados a este punto, Asami sintió que ya no tenía sentido fingir ni pretender que Ryu no le había roto el corazón.
—¿Crees que yo deseé que esto pasara? ¡Por supuesto que no! —Las lágrimas siguieron saliendo de sus ojos y la voz se le quebró—. Créeme que de haber podido evitar enamorarme de ti, lo habría hecho, ¡porque eres un estúpido y un insensible y un grosero y no te soporto!
Ryu la estrechó entre sus brazos y la apretó contra su cuerpo. Asami, que lo último que quería era ser abrazada y consolada por él —¡la ironía!— se permitió llorar un poco más antes de separarse de él.
—'Sami, yo te quiero mucho —susurró mientras le acariciaba el pelo—, pero… no sé si pueda comprometerme. —No sé si quiero hacerlo—. No puedo prometerte nada y no quiero lastimarte…
—Ya lo has hecho —se llevó las manos a la cara y se separó las lágrimas—, y me da igual si no fue tu intención.
Se separó de él y Ryu la miró con incertidumbre, preocupación y un nudo en el estómago que no supo identificar porque no lo había sentido jamás, pero que era una mezcla de angustia y dolor.
—¿Ya no vas a hablarme nunca más? ¿Ni siquiera como una amiga?
Dua Lipa. New Rules. Regla número tres: no seas su amiga, sabes que vas a despertarte en su cama por la mañana.
And if you're under him, you ain't getting over him.
—No creo que tú y yo podamos ser amigos, Ryu.
—'Sami...
Asami lo miró por última vez antes de darle la espalda y dejarlo solo. Esta vez, Ryu no sospechó que ya se le pasaría. Esta vez, Ryu no pensó que debía urdir un plan romántico para calentarle el oído y que la chica se ablandara. Esta vez, Ryu ni siquiera intentó seguirla.
Porque Asami ya no era su sirena.
En el vestuario, Ranma se cambiaba de ropa mientras pensaba en su suerte y en las ironías de la vida.
De no haberlo buscado o querido, seguramente se le habría roto el tobillo. Pero como eso era precisamente lo que él había esperado, solo había recibido un fuerte golpe que le resintió la pierna y el pie, pero nada más. Mañana seguramente estaría un poco hinchado y con dolor, pero sin fracturas.
Cogió la camisa que había llevado para ponerse después del partido y se dio cuenta de que estaba arrugada, pues la había metido de cualquier manera en su bolso. Sintió varias fuertes palmadas en uno de sus omóplatos desnudos.
—¡Ánimo, hombre! ¡Cambia la cara! —Torajiro Higuma sonreía animadamente—. Ya sé que solo te gusta ganar, pero este empate es valioso y tiene gusto a victoria por ese golazo que marcaste casi al final.
—Pues eso no hace que mi humor mejore.
—Pero la fiesta de ahora seguro sí.
—No creo que haya nada para celebrar —dijo Ranma con amargura.
Toraijiro se rió.
—Allá te puedes desahogar. Habrá todo lo necesario —le guiñó un ojo—, desde buena bebida hasta buena compañía.
—Estás desactualizado, Higuma —le dijo Daisuke—, Ranma tiene novia.
—¡Pues mejor aún! —Toraijiro le dio otras palmadas y un coscorrón que lo despeinó todavía más—. Significa que es un polvo seguro, ¿no? Así que cambia la cara. Llegas a la fiesta, te tomas unas copas, te diviertes un rato, luego te tiras a tu novia y ya está.
Ojalá fuera todo tan fácil…
Si lo pensaba bien, tal vez eso era lo que necesitaba. No quería pensar en nada ni tampoco quería hablar de sus sentimientos, lo único que quería era sepultarlos para dejar de sentirlos. Quería olvidarse de todo, y para ello necesitaba distracciones fáciles.
Salió del vestuario acompañado de Daisuke, quien también parecía cansado y no estaba de su habitual buen humor.
—Hoy nos mató la presión. —Comentó Ranma haciendo referencia al partido—. No estamos acostumbrados a una presión tan alta, y creo que lo peor es que...
—Honestamente —Daisuke lo interrumpió—, no quiero seguir hablando de eso. —Se pasó una mano por el pelo oscuro y movió el cuello para destensarse—. Solo quiero salir de aquí, emborracharme y follar.
Al parecer Daisuke y Toraijiro compartían la misma filosofía de vida. Ranma observó a su amigo y frunció el ceño ante lo que acababa de decir. Emborracharme y follar.
—¿Con Yuka? —Preguntó mirándolo curioso.
Daisuke lo miró.
—¿Con quién más? —Se rió—. No pensarás que voy a engañarla…
En realidad, lo que Ranma no pensaba era que su amigo y su novia ya hubieran dado el paso. Entonces recordó que la noche del Baile de Invierno, Daisuke le indicó que él y Yuka no irían a casa. ¿Habría perdido la virginidad ese día?
—¿Yuka y tú ya…?
—¡Daisuke!
Los dos amigos miraron a la chica que acababa de acercarse a ellos. A Ranma le pareció que era uno o dos años menor que ellos. Tenía un abundante pelo castaño claro y llevaba un lazo.
—Azusa, hola. —Daisuke esbozó una sonrisa galante, de esas que Ranma lo había visto mostrar otras veces a chicas que le gustaban, o con las que coqueteaba—. ¿Cómo estás? Tenía tiempo que no te veía.
—Tenía tiempo sin venir a ver un juego, pero jugaste súper bien, como siempre.
Al ver que ella le hacía ojitos y que Daisuke le sonreía, Ranma sospechó que la chica era un viejo crush o un antiguo ligue de Daisuke.
—Gracias, seguro que si hubiera sabido que estabas en el público hubiera jugado mejor.
Ranma frunció el ceño y miró a su amigo como si fuera un extraterrestre. ¿Por qué estaba coqueteando con una chica que no era su novia? Carraspeó, haciendo que ambos lo miraran.
—¿Conoces a Ranma?
—No —contestó ella y miró al pelinegro—, solo de vista. ¿Estás bien? Esa patada fue muy fuerte.
—Sí, estoy bien.
—Bueno, ya no los molesto más. —Comentó Azusa con una sonrisa y volvió a mirar a Daisuke—, nos vemos.
En el momento en el que el chico se acercó a ella para darle un beso en la mejilla y posar su mano en su espalda baja, Ranma apartó la mirada. Y en el momento en el que miró hacia otro lado, se fijó en dos chicas que estaban a unos metros de ellos. Akane y Yuka.
—Nos vemos —le dijo Daisuke a Azusa y acarició su mejilla para luego guiñarle un ojo.
Ranma estaba tieso como una estatua, sus ojos posados en la castaña de pelo largo que observaba la escena con una cara que dejaba en evidencia lo que sentía en ese momento.
—Será mejor que tengas una buena explicación —comentó el joven Saotome sin dejar de mirar a su novia y a su amiga.
—¿Para quién? ¿Para ti? —Daisuke, que había seguido a Azusa con la mirada mientras se alejaba, miró a Ranma con una sonrisa burlona.
—No, para tu novia.
Solo entonces Daisuke se dio cuenta de que Yuka estaba de pie junto a Akane a tan solo unos metros de ellos. Y a juzgar por su expresión, había visto su coqueteo con Azusa Shiratori. Y no le había gustado en lo absoluto. Tenía la mandíbula totalmente desencajada y sus ojos destellaban con lo que Daisuke sabía eran celos.
—Mierda.
—Exacto.
La castaña se dio la vuelta, haciendo que su pelo largo ondeara con el viento, y se marchó de allí casi corriendo. Ranma puso su mano en la espalda de Daisuke y lo empujó.
—Muévete.
El chico salió corriendo tras su novia. Ranma se acercó a Akane y notó que parecía tan confundida como él.
—Hola —se inclinó hacia abajo para darle un beso—, ¿qué tal estás?
—Confundida…
—Somos dos. —Le dijo encogiéndose de hombros—. Lo mejor será dejar que hablen. ¿Los esperamos en las gradas?
Akane asintió con la cabeza y cogió la mano de Ranma antes de empezar a caminar rumbo al campo de fútbol.
—¿Y tú? —Preguntó ella.
—Yo también estoy confundido. No tengo idea de qué carajo fue eso. —Pero puedo hacerme una idea.
Akane negó con la cabeza.
—No, no, quiero decir, ¿tú cómo estás? —Apretó su mano y se inclinó hacia él para darle un beso en el brazo.
Ranma volvió a encogerse de hombros y evitó mirarla a los ojos. Había algo en la mirada de Akane que hacía que fuera imposible ocultarle nada. Pero no estaba listo para hablar de todo lo que sentía (ni siquiera sabía si algún día lo estaría), así que lo mejor sería no mirarla y no tocar el tema. Y no es que no se sintiera cómodo o en confianza con Akane, pero no quería que ella viera esa parte tan turbia de su relación con su padre (aunque ya conocía un poco), ni tampoco que supiera que lo afectaba muchísimo. Si mostraba vulnerabilidad, tal vez ella pensaría que era débil. Y ya era suficiente con que su padre lo pensara.
—Prefiero ganar que empatar, pero no siempre se puede. —Le acarició la mejilla y esbozó una pequeña sonrisa, sintiéndose más tranquilo solo con mirarla. Estar con ella le hacía bien—. ¿Quieres ir a la fiesta de Higuma?
—¿Tú quieres ir? —Preguntó Akane mirándolo con atención, intentado descifrar qué estaba pasando por la mente de su novio en aquel momento.
¿Tenía ganas de celebrar, bailar y compartir con mucha gente? No. ¿Quería estar en un lugar donde todo el mundo estaría feliz menos él? Tampoco. ¿Quería beber para olvidarse de todo por un rato? Sí. ¿Quería pasar un momento agradable e íntimo con su novia? También. Y sabía que en la fiesta podría hacerlo; en cambio, si se iba a su casa, probablemente tendría que lidiar con sus padres y con una conversación incómoda.
—Sí.
Llegaron a las graderías y subieron unas cuantas hasta quedar sentados en el medio.
—Tenía muchas ganas de verte —le dijo Ranma mientras la rodeaba con un brazo, haciendo que Akane sonriera.
—Pero si me viste hoy en clases.
—Sí, pero en clases no puedo hacer esto…
Acercó sus labios a los de su novia y la besó con ganas. Akane correspondió al beso y Ranma aprovechó para abrazarla por la cintura y acercarla a él todo lo posible, tomando en cuenta que estaban sentados. Akane disfrutó de la pasión con la que su novio la besaba hasta que recordó que no estaban en un lugar apropiado para la intensidad de lo que estaban haciendo.
—Espera, espera —movió su rostro ligeramente hasta que sus labios se separaron de los de Ranma—, alguien nos puede ver.
Ranma la miró con cara de pillo, como si no hubiera matado una mosca en su vida. Akane por poco y se olvida de lo que quería hablarle, al ver esos ojazos azules que la volvían loca. Ranma era guapísimo, y a veces era difícil no quedarse embelesada ante su belleza.
—Lo siento —le dijo sin romper su abrazo—, es que eres muy irresistible, Akane...
Volvió a acercar su rostro al de ella y repartió besos en su mejilla y labios. Akane sonrió complacida y encantada de que su novio la encontrara irresistible. Sin embargo, no era el momento de dejarse llevar, pues todavía había algo de lo que quería hablar con él.
—Ranma, hay algo que quería preguntarte. —Adoptó un semblante serio, aunque todavía dulce—. Antes, en el partido, ¿por qué no te has quitado cuando el otro jugador ha ido hacia ti?
—¿Qué? —El cambio de tema lo descolocó por completo
Akane narró la jugada para darle contexto a Ranma y que supiera de lo que le estaba hablando, mientras el chico la observaba sin entender cómo Akane se había percatado de un detalle como ese. Nadie, ni siquiera el cuerpo técnico del equipo de fútbol, lo había notado. Y sin embargo su novia sí...
—Te has quedado ahí. ¿Por qué?
Ante la visión de esos sinceros ojazos cafés, Ranma fue incapaz de mentir. Miró hacia el frente y contestó restándole importancia al asunto, deseando que Akane dejara el tema.
—Solo… solo ha sido un accidente.
Pero Akane no era tonta. No solo sabía lo suficiente de deporte como para entender que la actitud de Ranma no había sido accidental sino intencional, sino que además lo conocía lo suficiente como para saber que el chico le estaba respondiendo con evasivas.
—Ranma, mírame —su voz se mantuvo firme pero comprensiva—, mírame y dime que no lo has hecho a propósito.
Luego de aproximadamente diez segundos de silencio, Ranma soltó un largo suspiro. Seguía mirando el campo de fútbol cuando contestó.
—¿Y qué más da si así ha sido? —Comentó y Akane sintió que el cuerpo de su novio tensaba con cada palabra pronunciada—. El caso es que estoy bien y ya está.
Akane parpadeó varias veces, sin poder creer lo que estaba escuchando. ¿Entonces sí había sido intencional?
—¿Cómo que qué más da? —Apretó su mano—. Te pudo haber hecho un daño verdadero, Ranma, y tú no puedes lesionarte.
—De hecho, sí puedo.
Al recibir la beca de la Academia Furinkan, Ranma recibió varios documentos con información sobre la beca, el reglamento del colegio, distintos estatutos y otras cosas. Así que mientras contemplaba la posibilidad de coger una sierra eléctrica para amputarse la pierna, recordó una cláusula sobre posibles lesiones en uno de los dichosos documentos. No era tonto, no iba a lastimarse sin tener la certeza de que su permanencia en el colegio estaría seguro.
«Si el estudiante llegara a sufrir una lesión grave que le impidiera participar de actividades deportivas, será apartado del equipo y eximido de sus obligaciones deportivas hasta su total recuperación. Si se determinara que la lesión es permanente, se le permitirá al alumno culminar el año escolar en la Academia Furinkan. Tras finalizar el año escolar, un comité académico, administrativo y deportivo determinará si el estudiante puede permanecer en la Academia Furinkan para culminar los años restantes de su colegiatura, en caso de no ser alumno de último año».
Así que cuando en el partido vio la posibilidad de buscar una lesión que lo sacara de su martirio, no perdió el tiempo. El problema es que el universo había estado a su favor (o en su contra, según se viera) y no le había pasado nada. Al menos nada más que un rasguño y un encontronazo que no pasó a mayores.
—Si me lesiono, solo estaré fuera del campo hasta mi recuperación, no me echarán de Furinkan. Puedes estar tranquila.
—Me queda clara esa parte. Si te lesionas no te expulsarán, vale. —Akane miraba a Ranma intentando descifrar qué motivo podía tener para querer lesionarse—. Pero, ¿por qué querrías lesionarte? ¿No quieres jugar más? ¿Ha pasado algo?
Mientras sentía que su nerviosismo y abatimiento aumentaban a partes iguales, Ranma sopesó contarle todo a Akane. ¿Cómo podía decirle que quería lesionarse para que su padre dejara de joderle la vida cuando él mismo sabía lo retorcido que era algo como eso? No, no podía. Pensaría que estaba loco, que su comportamiento enfermizo seguro se debía a que él estaba tan mal como su padre.
Dejó de abrazarla a Akane y se separó ligeramente de ella, sintiendo que necesitaba espacio para respirar y calmarse un poco.
Aquella fue la confirmación que Akane necesitaba para estar segura de que a Ranma le pasaba algo. Creyó intuir lo que podía ser.
—¿Qué te pasa? —Cogió el rostro de su chico en sus manos para hacer que lo mirara—. Ranma, háblame por favor.
—Akane, la verdad no quiero seguir hablando ni del partido ni de esto. —Apartó su rostro de ella—. No ha sido un buen día ni un buen juego y prefiero que dejemos el tema estar.
—Está bien, Ranma. —Sabía que no debía presionarlo, que si él no le quería contar probablemente tenía sus razones, pero al menos se aseguraría de que supiera que podía confiar en ella—. Pero ya sabes que puedes confiar en mí, contarme lo que sea. Incluso si es algo que tiene que ver con tu padre. —Cogió su mano entre la suya y lo acarició.
Akane sospechaba que Ranma había vuelto a discutir con su padre. La primera vez que lo había visto abatido e incluso llorando había sido luego de pelearse con su padre tras un partido. Tiempo después, durante las vacaciones de invierno, Ranma se emborrachó hasta la inconsciencia y al día siguiente le contó que el día anterior había tenido una discusión con su padre que él calificó como «una tontería».
Ranma sintió que su corazón daba un vuelco dentro de su pecho. Era impresionante lo perceptiva e intuitiva que era Akane. ¿Cómo hacía para darse cuenta de todo? ¡Para saberlo todo! Sintiéndose acorralado y todavía más intranquilo que antes, decidió dejarle claro que si estaba intentando animarle, estaba consiguiendo lo contrario.
—Quería estar contigo porque siempre logras alegrarme —recogió su mano para que Akane no lo tocara—, pero en este momento estás ocurriendo lo opuesto. —Su tono dejaba muy claro que había perdido toda la paciencia, y que Akane estaba entrando en terreno peligroso.
Akane sintió una punzada de dolor en el pecho. Miró a Ranma como si fuera un extraño, sin poder creer que le hubiera dicho algo como eso cuando ella solo estaba tratando de ayudarlo. Bien, tampoco iba a rogarle, y menos si se ponía grosero con ella.
—Pues entonces lo mejor será que te deje solo, para no seguir amargándote la vida. —Su tono fue una mezcla de ironía y acidez. Se puso de pie y bajó dos gradas. Cuando hubo suficiente distancia entre los dos, volvió a hablarle—. Solo quería saber por qué estás así tan apagado y tan raro, nada más.
—¡No estoy raro! —Exclamó él molesto y volvió a mirarla—. ¡Y tampoco estaba apagado! ¡Te estaba besando, fuiste tú quien me detuvo!
—¡Pues es normal que me preocupe por ti!
Pero Ranma ya había tenido suficiente.
—¡Y A TI QUE MAS TE DA! —Con la mano abierta, golpeó la grada con fuerza, causando un estruendo que hizo que Akane se sobresaltara.
Durante los primeros segundos, Akane se quedó de piedra ante la reacción de su novio. Fue entonces cuando su mente le hizo una sucia jugarreta. De pronto, ya no se encontraba en la Academia, sino en la casa de Ukyo. Y ya no estaba usando ropa de invierno, sino un bikini. Y no era Ranma quien le había gritado, sino Tatewaki.
Aquel déjà vu la sacudió de forma tan violenta, que sus piernas estuvieron a punto de flaquear. Los labios le temblaron y sus ojos se llenaron de lágrimas, no solo ante aquel doloroso recuerdo, sino ante la posibilidad de que Ranma pudiera llegar a hacerle lo mismo que Tatewaki. Ante la posibilidad de que en un momento de rabia, Ranma también la agrediera físicamente. Miró a su novio como si fuera un completo desconocido, una persona en quien no podía confiar completamente.
Ranma fue consciente de que si el grito había estado de más, con el manotazo a la grada se había pasado tres pueblos. Solo necesitó ver la expresión dolida e incluso asustada de Akane para darse cuenta de que había perdido el control y estaba pagando con ella los platos rotos por la resquebrajada relación con su padre. Y consigo mismo.
—Akane, escucha —intentó encontrar las palabras adecuadas para disculparse y que ella lo entendiera—, no quise…
—No vuelvas a gritarme en tu vida. —A pesar de que tenía la voz quebrada, el tono de Akane fue cortante y decidido. Tanto, que Ranma ni siquiera sintió el impulso de interrumpirla—. Si crees por un segundo que soy el tipo de mujer a la que puedes hablarle de esa forma, estás muy equivocado. —Volvió a subir los peldaños de la grada, para acercarse a él—. Si piensas que puedes gritarme y tratarme así, será mejor que te olvides de mí, porque no voy a permitirte que vuelvas a hacerlo, ¿me has entendido?
Seis meses atrás, Akane se había jurado a sí misma que jamás permitiría que un hombre volviera a maltratarla de ninguna forma posible. No dejaría la puerta abierta para que Ranma le hablara como le diera la gana. Al ver que el chico permanecía en silencio, Akane repitió su pregunta.
—¡¿Me has entendido?!
—S-sí… te he entendido.
—Bien. Buenas noches.
Le dio la espalda y comenzó a caminar para marcharse de ahí cuanto antes, sintiendo que las lágrimas finalmente abandonaban sus ojos. Se las limpió de mala gana con el dorso de la mano.
Mientras la veía alejarse de él, Ranma fue consciente del peso de lo que había hecho. No solo porque había estado mal, sino por las implicaciones que podría traerle con Akane. Por lo que le había dicho, Ranma intuyó que la chica probablemente había revivido todos los malos momentos que vivió junto a Tatewaki.
Y se odió a sí mismo al darse cuenta de que al tratarla así había revivido un recuerdo doloroso para ella.
Akane se alejó de las graderías y caminó rumbo al estacionamiento, deseando que Asami ya estuviera ahí, pues lo único que quería era marcharse y sabía que su amiga no iría a la estúpida fiesta, así que podía irse a casa con ella.
Más que molestarle, le había dolido mucho que Ranma reaccionara de forma tan negativa a su interés por ayudarle y saber qué le pasaba, en especial cuando el chico prácticamente le había confesado que sí había dejado su pierna allí para que lo lesionaran. Akane no entendía cómo Ranma podía querer algo así. ¡Una lesión era el mayor temor de cualquier atleta!
Al llegar al estacionamiento, vio que Daisuke y Yuka parecían estar discutiendo. Pero cuando se acercó a ellos, Daisuke se dio la vuelta bruscamente y empezó a caminar hacia en dirección opuesta de donde estaba Yuka. Estaba visiblemente molesto.
—Daisu, ¿todo bien? —Le preguntó Akane cuando el chico le pasó por un lado.
—Pregúntale a tu amiga —respondió él de mala gana y siguió caminando con paso apresurado.
La menor de las Tendo continuó caminando hasta que alcanzó a Yuka, que se había sentado en una de las bancas que había ahí. La misma banca donde ella se había besado con Ranma por segunda vez.
Yuka parecía apunto de echar humo por las orejas. Tenía los ojos llorosos, pero parecía más enojada que triste.
—¿Qué pasó? —Preguntó Akane sentándose junto a ella.
Yuka tenía los ojos llorosos, pero parecía más enojada que triste. Se cruzó de brazos y miró al frente.
—Los hombres son unos estúpidos.
—Oh, lo sé, créeme que lo sé. —La miró de reojo—. Pero, ¿quieres contarme por qué Daisuke en particular está también metido ese saco?
El comentario sirvió para aligerar tensiones y hacer que Yuka riera. Solo entonces la castaña notó que su amiga también parecía haber llorado.
—¿Y a ti qué pasó? —Frunció el ceño—. Espera, ¿por qué no estás con Ranma? ¿No vas a la fiesta? ¿Pelearon?
Akane asintió con la cabeza. Le contó a su amiga que discutieron cuando ella lo confrontó sobre lo ocurrido durante el partido.
—Se puso súper a la defensiva y hasta me gritó. —Apretó la mandíbula—. Lo puse en su lugar de una vez, no voy a permitir que vuelva a hablarme así jamás.
Yuka la miraba con atención, intentando encontrar alguna otra emoción distinta al enojo en el rostro de Akane.
—Por un momento… por un momento recordé…
Calló. No era capaz de decir en voz alta que había tenido un déjà vu a su relación con Tatewaki. Pero Yuka la conocía lo suficiente como para intuir lo que estaba pensando.
—El caso es que le dejé claro que no podía volverme a hablar así. —Concluyó, no queriendo ahondar demasiado en el tema.
—Hiciste bien, Akane. Ojalá yo pudiera ser también así de directa.
Justo cuando le iba a preguntar a qué se refería, Yuka divisó a alguien a lo lejos.
—¿Esa no es Asami? ¡Asami!
La aludida, que estaba caminando con paso rápido por el estacionamiento, se detuvo al escuchar la voz de Yuka. Divisó a su amiga sentada en una banca junto a Akane. Caminó hacia ellas y las dos se dieron cuenta de que había estado llorando.
—¿Qué te pasa? —Preguntó Akane—. ¿Por qué tienes esa cara?
—Porque odio a los hombres —dijo con tal sinceridad que sus amigas se miraron entre ellas—, son unos idiotas, insensibles y desconsiderados, ¡y no se merecen a ninguna de nosotras!
Yuka esbozó una sonrisa, pues le parecía completamente curioso que las tres estuvieran sintiendo lo mismo al mismo tiempo.
—Ven aquí.
Hizo un espacio para que Asami se sentara en medio de las dos.
—Yuka y yo también odiamos a los hombres esta noche, 'Sami, así que no estás sola.
—Porque me peleé con Daisuke.
—Y yo con Ranma —comentó Akane.
—Y yo con Ryu —añadió Asami—, pero lo mío era la crónica de una muerte anunciada, así que qué más da, no hablemos del tema. —Miró a sus dos amigas—. Ustedes dos, ¿qué? De Akane y Ranma no me sorprende porque los dos tienen un carácter jodido, ¿pero de ti y el novio perfecto? —Comentó en tono burlón y luego pareció recordar algo, así que frunció el ceño—. Que ahora que lo recuerdo, Daisuke me dio un pelotazo hoy en el calentamiento...
Akane se llevó una mano a la boca para aplacar su risa, pero fue en vano. Asami frunció el ceño y la empujó, haciendo que la menor de las Tendo riera todavía más. Yuka encontraba la situación graciosa, pero no era capaz de sonreír. Todavía seguía muy afectada tras la discusión con su novio.
—Vi a Daisuke coquetear con Azusa Shiratori hace un rato.
Asami frunció el ceño y su mandíbula se desencajó.
—¿Ella no tiene como quince años?
—Debe tener quince o dieciséis, sí —respondió Akane—, a mí también me pareció un poco raro. Iba a preguntarle a Ranma si él sabía algo, pero me dijo que estaba tan perdido como nosotras.
Yuka suspiró.
—Daisuke me dijo que solo eran amigos y que ella había ido a saludarlo, pero tú los viste, Akane —miró a su amiga—, ese no fue un saludo amistoso y ya. Obviamente se lo dije y él intentó restarle importancia, hasta que finalmente me confesó que entre ellos hubo algo el año pasado, antes del verano. —Se cruzó de brazos—. El caso es que no sé si le gusta todavía o qué, pero le reclamé por coquetear con ella y ¿saben lo que me dijo? Que estaba haciendo una escena por nada.
Tanto Asami como Akane se quejaron de aquello. Las dos le dieron la razón a Yuka y pensaron que Daisuke estaba siendo injusto al no reconocer que había actuado mal y además tener el tupé de decir que Yuka le estaba haciendo una escena.
Justo en ese momento, Akane recibió un mensaje de WhatsApp de parte de Hiroshi.
Hiroshi: «Si mis papás preguntan, me voy a quedar a dormir en tu casa, ok?»
Akane parpadeó un par de veces y releyó el mensaje. Bien, al menos alguien iba a tener suerte esa noche.
«En serio?»
Hiroshi: «Por favor, por favor, por favoooooor...» Emojis de manos suplicantes y caritas llorando.
«Ok, pero al menos dime si te vas con Aika para saber, por cualquier cosa».
—¿Qué pasa? —Preguntó Asami al ver la expresión en el rostro de Akane—. ¿Ranma te está escribiendo?
—No, no, Ranma, no. —Pensó una mentira rápida—. Es Nabiki que me está cobrando un dinero que me prestó…
Akane no sabía si Ranma iba a escribirle, pero por el momento ella no tenía ánimos de charlar con él. Estaba todavía enojada y dolida por el rumbo que había tomado la discusión entre ellos, pero también estaba afectada por el déjà vu que había vivido. Sabía que las situaciones no eran comparables, que Ranma no le había tocado un pelo y que además solo había sido un grito y un golpe a la grada; sin embargo, se había asustado ante su reacción.
Akane nunca había tenido miedo de Ranma, ni había sentido que el chico era capaz de hacerle verdadero daño, ni siquiera cuando eran archienemigos. Y no es que ahora sí le tuviera miedo, pero ahora contemplaba la posibilidad de que un día las cosas se salieran de control con él. ¿Estaba dispuesta a permitirlo? ¿A darle el beneficio de la duda? ¿Estaba dispuesta a vivir algo parecido otra vez?
No. Nunca más. No importaba cuánto quisiera a Ranma.
Hay una canción que se ajusta perfectamente para la relación que tienen Ranma y Genma: Perfect de Simple Plan. Good ol' classic.
A pesar de que ninguna mujer es responsable ni culpable de que la agredan/abusen, muchas sienten que es su culpa que haya ocurrido. Y esa es la principal razón por la que Akane prefiere no tocar el tema y simplemente hacer como si no hubiera sucedido jamás. El problema con la negación es que funciona hasta hay un trigger que activa y saca todos los sentimientos enterrados.
Ranma tendrá que hacer las paces con sus emociones, ya que el no saber manejarlas le está pasando factura.
De Hiroshi solo puedo decir que la vida lo está recompensando por ser un chico bueno, adorable y discreto (entre otras cosas). De Ryusami, que finalmente ella le dijo todo lo que tenía guardado. De Yaisuke, nada, porque quiero que saquen sus propias conclusiones.
Estoy haciendo todo lo posible por mantener el ritmo de actualización, pero recuerden que es posible que en algún momento se hagan menos frecuentes. Gracias a todos por leer.
