Capítulo 11

BPOV

La fiesta en casa de Rosalie fue divertida, como dijo Alice, las tres podíamos llegar a ser buenas amigas; confirmé su lealtad cuando traté de sonsacarle algo de información sobre Edward y ella se negó por completo, desvió la atención de una manera profesional. Conversamos sobre cómo se conocieron ella y Emmett, resultando que un día se encontraba de guardia en el hospital y él llegó herido de bala. Me asusto en ese momento y como por instinto me giro hacia el chico de ojos verdes que se encuentra observándonos. Rosalie me dice que en ese momento ella no sabía que su hermano y el bombón sexy que se encontraba en una camilla eran amigos.

— ¿Por qué terminó Emmett en tu consultorio con una bala dentro de él?

Ella suspira.

—Ahí fue donde aprendí a que habría preguntas en las cuales no obtendría respuesta y conociendo a mi hermano temo decirte que es algo que debes aprender y aceptar si quieres vivir en paz —me dice seria—. Si no quieres vivir así lo mejor será que te retires desde ahora.

Después de eso dimos por zanjado el tema.

—O—

—o—

—¿Te quedarás a dormir? —le digo a Edward después de bajar de la motocicleta.

—Eso suena realmente tentador —gruñe en mi oído—. Pero recuerda que debo salir de viaje mañana.

—Cierto —no puedo evitar hacer una mueca de decepción.

—Prometo que regresando —besa la comisura de mis labios—. Vamos, te acompaño.

Se baja de la moto y toma mi mano mientras caminamos hacia la entrada.

— ¿Adónde irás? —le pregunto.

—A Alemania, debo finiquitar unos asuntos de la empresa.

— ¿Tardarás mucho?

— ¿Por qué? ¿Acaso ya me extrañas? —me jala hacia él y me dedica su sonrisa petulante.

—Puede —me froto contra él—. Un beso podría ayudarme a aguantar la espera —le sonrío.

—Bueno ¿quién soy yo para negarte un beso?

Toma mi trasero entre sus manos y me levanta, enrollo mis piernas en su cintura y me besa de manera ardiente, su lengua acaricia mis labios buscando adentrarse en mi cavidad bucal, le doy gustosa el acceso mientras batallo para dominar el beso. Enredo mis dedos en los cabellos que rozan su nuca, siento sus manos masajear mi trasero. Estoy por quedarme sin respirar, pero no quiero parar de besarlo. Así que es él quien me deposita de nuevo en el piso.

—Vamos, verificaré que entres a tu casa y me marcharé.

El día había pasado sin ver su cara del señor precavido, incluso la había extrañado, es una parte de él. La primera que le conocí.

Camino frente a él, puedo escuchar sus pisadas sobre el asfalto y las losas de la entrada de la casa, incluso su manera de andar es precavida. Comienzo a subir los escalones de la entrada cuando me toma de un brazo y sin saber cómo termino detrás de él, su espalda se expande, me cubre por completo, se encorva ligeramente y es cuando me doy cuenta que se encuentra adoptando una posición de defensa, lo cual encuentro raro porque no logro percibir peligro alguno. Trato se asomarme para ver lo que él ve, aquello que lo ha hecho ponerse en esta postura, pero mueve un brazo hacia tras y me mantiene inmóvil pegada a su espalda.

—No te muevas —gruñe.

Comienzo a sentir el ambiente cargado de hostilidad y peligro, pero a diferencia de lo que Edward pueda percibir, el origen de todo esa amenaza proviene de él. Soy incapaz de moverme, sigo al pie de la letra sus órdenes, temo la reacción que pueda tener en caso de desobedecer.

—Edward —digo en un susurro—. ¿Qué sucede?

—Alguien ha entrado en tu casa.

— ¿Qué? —elevo el tono de mi voz.

Me muevo rápido tratando de llegar a la puerta. Alice podría estar adentro herida, salió antes que nosotros de la fiesta, pero él me detiene antes de entrar.

—Mierda, Bella —gruñe—. ¡Quédate atrás de mí!

Me gira entre sus brazos para quedar frente a él y por fin puedo verlo por completo. Sus ojos son furia, están en llamas; su mandíbula tensa, sus fosas nasales están dilatadas, no obstante su respiración es tranquila. Aparta su mirada por milésimas de segundo mientras entrecierra sus ojos, es como si estuviera echando un vistazo rápido a nuestro alrededor.

—Edward, Alice puede estar adentro —llamo su atención.

—Necesito que te quedes aquí, promételo —me instiga.

—Bien, haré lo que me pides.

En ese momento su rostro se transforma, las llamas han desaparecido para dar paso al más helado abismo. Su mirada es vacía, su mandíbula se encuentra en tensión, pero al mirar su cara es como si mirara un autómata, un hombre mecánico que sólo actúa, sin emociones, sin expresiones, vacío. Mi sangre se hela. Nunca creí poder decirlo, pero Edward me atemoriza.

Me toma de los hombros y me hace a un lado, tengo la esperanza de que al verme aparezca la calidez y sensualidad con la que suele mirarme, pero no hay ni un pequeño rastro de ello.

Lo veo entrar, su andar es precavido, su postura me recuerda a la de un tigre que está al acecho.

Muerdo mi labio con desesperación esperando algún grito que me indique que algo anda mal. Cruzo los dedos para que no suceda.

No escucho ruido alguno, pero a los pocos minutos veo salir a Edward. El hombre mecánico ha desaparecido, al igual que el vacío en su mirada.

—No hay nadie —su voz todavía deja entrever preocupación.

—Quizá Alice vino y se le olvidó cerrar —comento.

—No, han entrado a robar, hacen falta la pantalla y algunos objetos en la estancia —mira a todos lados—. Debo hacer unas llamadas. No entres todavía.

Lo miro caminar hacia la acera, su espalda y postura siguen tensos, continúa en estado de alerta. Miro hacia la puerta que está abierta de par en par, siento el impulso de entrar y verificar que todo está bien, o por lo menos que nadie se encuentra herido, pero lo miro nuevamente y me abstengo de seguir ese impulso ya que tengo la ligera sospecha que eso no ayudará al nerviosismo de Edward.

A los pocos segundos está de regreso a mi lado, su mirada continúa un poco distante, así que tomo su rostro, veo que realmente está preocupado.

—Es una fortuna que estuvieras aquí conmigo.

Me pongo en la punta de mis pies para besarlo, pero no recibo respuesta.

—Esperaremos a que Sam y los chicos vengan a revisar todo y podrás entrar a verificar si te hace falta algo.

—Eso realmente no es importante. Estamos todos bien —trato de aligerar el ambiente, pero él parece obstinado en continuar en alerta—. Pero si crees que lo mejor es esperar a tu equipo lo haremos.

Permanecemos en un incómodo silencio hasta que Sam y el resto de la escolta llega. No puedo evitar gesticular mi sorpresa al verlos. Cuando Edward dijo que vendrían a revisar me imaginaba que sólo serían un par de ellos, con sus trajes al estilo hombres de negro, no a todo un equipo S.W.A.T. con grandes armas y formación militar.

— ¿No crees que es un poco exagerado todo esto? —miro pasmada cómo van pasando uno a uno los miembros del equipo.

Edward me fulmina con su mirada.

—Bien, olvida que dije algo.

Lo dejo guiar mientras me voy a la acera y me siento en ella. Espero a que su equipo termine lo que sea que estén haciendo, espero que él se acerque, pero eso no sucede en absoluto.

—Han terminado —escucho su voz a mi lado—. Ya puedes entrar y revisar lo que te hace falta.

Siento un escalofrío que me recorre todo mi cuerpo y tiene que ver con el hombre frente a mí. Me encuentro con un Edward desconocido.

— ¿Bella? —escucho la voz de mi amiga y me giro hacia ella— ¿Qué es todo esto? ¿Qué ha sucedido?

Escucho el miedo en su voz y me acerco a abrazarla. No quiero que se asuste. Todo está bien, así que no es necesario hacerle pasar un mal rato.

—Tranquila, todos estamos bien. Alguien ha entrado en casa y el equipo de Edward estaba inspeccionando que todo estuviera seguro para nosotras.

— ¡No puede ser! —dice Alice alarmada— ¿En serio estás bien? No quiero que me mientas.

—Alice, lo estoy ¿acaso crees que Edward me dejaría en peligro o estar aquí si estuviera mal?

—Bueno, supongo que es un alivio que Jake esté todavía de viaje.

Sí, así había sido.

—Tendremos que revisar para checar lo que se han llevado e ir a levantar una denuncia.

Ambas entramos en la casa, Alice mira vacilante a todo el equipo de Edward que se encuentra dentro y en la entrada. Vemos que se hacen falta algunos aparatos de la estancia, pero para suerte de mi amiga nada importante de la cocina. Esas jodidas cosas cuestan una millonada. Posteriormente subimos a revisar nuestras habitaciones, verificamos que se han llevado algunas joyas, no estamos bastante claras en cuanto a las cosas de Jacob, pero le hemos preguntado por mensaje por aquellas cosas de valor.

Doy un último vistazo a mi cuarto y compruebo una vez más que sólo tomaron las joyas que estaban en el tocador, no esculcaron ni se llevaron nada más. Afortunadamente llevaba el anillo de la abuela conmigo y las llaves del carro.

—Jasper nos llevará a levantar la denuncia —asoma Alice la cabeza.

—Vamos —tomo mis cosas de nuevo y salgo con ella.

—Bella —escucho la voz de Edward y me giro hacia él—. Sam irá contigo, después te llevará a un hotel. Te quedarás ahí hasta que regrese de mi viaje y…

—No —lo corto—. Me quedaré aquí. No dejaré a Alice sola y la conozco lo suficiente para saber que no irá a ningún lado esta noche, así que gracias por la oferta, pero no.

—Bella, no seas terca, de ningún modo te quedarás en esta casa, no después de lo que ha sucedido —dice entre gruñidos.

—Parece que no me escuchas, no dejaré sola a Alice.

—Perfecto, entonces ambas se van al hotel.

—No.

—Sí.

—No.

—Bella —gruñe.

—Chicos, se hace tarde

Nos interrumpe Jasper, pero sigue una batalla de miradas entre Edward y yo, pero decido ser yo quien rompa el contacto porque a decir verdad en este momento no quiero que esté cerca de mí, por lo menos no el Edward que ha estado frente a mí la última hora. Esa es la verdadera razón por la cual no acepto el irme a un hotel.

—Las llevaré y traeré de regreso —dice Jasper—. Me quedaré con ellas esta noche, tú debes tomar tu vuelo y se hace tarde.

La mirada de Edward sigue fija en mí, pero no respondo en lo absoluto ante ello.

Segundos después siento la decepción aparecer cuando se marcha sin decirme una sola palabra, es entonces cuando me giro para mirarlo. Una parte de mí, la mayor de ellas comienza a sentir pánico, una alarma de emergencia se despierta en el centro de mi pecho. He querido mantener este temor lejos, he tratado de ignorar lo que ha sucedido esta noche, pero ahora que se ha marchado de esa manera todas las dudas han salido a flote.

— ¿Bella? —me llama Jasper—. Andando.

Lo sigo sin prestar mucha atención a lo que dicen él o Alice o cualquier otra persona; no cambian mucho las cosas por el resto de la noche.

Al regresar a casa me doy cuenta de que hay tres hombres cuidando la casa. Jasper saluda a cada uno de ellos y avisa que se quedará para que ellos puedan retirarse.

—Lo sentimos, pero tenemos órdenes del señor Cullen de permanecer esta noche vigilando y protegiendo a las señoritas Swan y Brandon —responde uno de los hombres.

—De acuerdo —Jasper se gira hacia nosotras—. Chicas entren, las seguiré en unos segundos.

—Te veo adentro, Jasper —le dice Alice mientras que yo únicamente asiento con mi cabeza.

— ¿No crees que esto es muy exagerado por parte de Edward?

Sólo me encojo de hombros.

—Estás muy parlanchina esta noche ¿ha sucedido algo?

— ¿Algo además de que hayan entrado a robar a nuestra casa?

—No sé, dímelo tú.

—Sólo estoy cansada, Alice. Subiré a dormir, dale las gracias y buenas noches de mi parte a Jasper.

Le doy un beso en la mejilla a Alice y me subo prácticamente arrastrando hasta mi habitación.

Saco mi teléfono de mi bolo y me percato de tener un mensaje de Edward.

"Espero no te moleste, he dejado a algunos de los muchachos debido a tu terquedad de permanecer en esa casa.

E."

Y ahí está justamente la razón por la cual había rechazado la propuesta de Edward y había preferido el que se marchara antes que tenerlo a mi lado. El distanciamiento que marcó entre nosotros de manera inminente, la frialdad y el vacío de sus palabras. No entendía ese cambio en él, pero me había hecho estremecer y la sensación de alarma continuaba presente en mí.

No respondo a su mensaje y me voy directo a la cama.

Ha pasado una semana desde el incidente del robo en la casa de Alice y las cosas no han cambiado desde esa noche en básicamente dos cosas: uno, los hombres continúan cuidando la casa, con la única variable de estarse rotando; dos, la lejanía con Edward. No respondió a ninguno de mis mensajes, en las pocas conversaciones telefónicas sólo cruzamos un par de palabras, siempre había algo que tenía que hacer y quedaba en marcarme después, cosa que no sucedió.

Lo último que me dijo fue que llegaría pasado mañana, fecha en la que espero poder arreglar todas las cosas con él, o por lo menos poder cruzar más de dos palabras.

Voy y vuelvo del trabajo sin mayores complicaciones, extrañaba la independencia que me da el tener mi propio carro. Al llegar a casa me encuentro con Alice, se encuentra inspirada en la preparación de algunos platillos, lo cual significa mantenerme alejada de la cocina, así que sólo me asomo por la puerta para saludar y después subo a mi habitación para ponerme más cómoda, bajo justo en el momento en que llaman a la puerta y me encuentro con Jasper.

—Hey, Alice está en la cocina —le aviso—, pero yo que tú no entro ahí en este momento. Se encuentra en su momento de inspiración.

—Oh, ¿puedo esperarla en la sala?

—Por supuesto, entra.

Me hago a un lado para dejarle entrar.

— ¿Ya han sabido algo de los ladrones que entraron aquí? —le pregunto mientras ambos tomamos asiento en la sala.

—No realmente, han pasado pocos días, tienen algunas pistas que los están llevando por el camino correcto, o eso parece, pero no tienen nada en concreto.

— ¡Jasper!

Alice camina de manera entusiasmada hacia el chico rubio frente a mí. Lo besa en los labios y se sienta en su regazo. Este par está cada vez más liado, me pregunto si alguno de ellos ha tomado conciencia de ello.

— ¿De qué hablaban? —nos pregunta.

—Sólo le informaba a Bella lo que le dijeron a Edward sobre el robo a su casa.

— ¿Edward? —le pregunto perpleja.

—Sí, prácticamente en cuanto bajó de su avión antier fue a investigar cómo iba el caso.

Siento un puñetazo en el centro de mi estómago, trato de jalar aire de la manera más discreta posible, pero las náuseas no me lo permiten.

La alarma que ya sentía se intensifica.

No sobrerreacciones, Bella. No tiene importancia, repito una y otra vez.

— ¿Has dicho antier? —pregunto.

—Sí, Edward llegó antier.

Llevo mis manos a mi estómago como si con ello pudiera contenerlo y llenar el vacío que se ha formado.

—Te has puesto pálida, Bella —me dice mi amiga quien se muestra de inmediato alarmada.

—Lo siento, comí algo en la tarde y me han dado nauseas. Los dejaré solos.

Me levanto rápido y subo las escaleras, no me detengo a responder a Alice quien me pregunta si necesito algo. Cierro la puerta de una patada y me recargo en ella.

¿Por qué Edward me mintió en la fecha de su llegada? ¿Qué ha sucedido para que se comporte de esta manera?

Cuando me doy cuenta hay lágrimas en mis mejillas, me las limpio rápido. Tomo mi teléfono para marcarle, pero me detengo justo a tiempo. Es él quien me ha mentido y quien comenzó a comportarse distante; no debo ser yo quien lo busque.

Al día siguiente me voy a trabajar y todo marcha con tranquilidad, hago las visitas agendadas, las llamadas pertinentes para concretar algún contrato o hacer pedidos; durante la tarde trazo algunos planos y comienzo a armar un par de carpetas de presentación. Me he sentido sola, la charla de Ángela me ha hecho falta en todo el día, pero está de vacaciones así que serán varios días así.

—Bella, Bella —escucho la voz de mi jefa, Eryn, detrás de mí— ¿Crees poder quedarte un poco más tarde? Traerán algunos materiales, los iba a esperar, pero ha surgido algo.

—Por supuesto, Eryn. Sólo dame una lista de aquello que traerán para verificar la compra.

—La he dejado en mi escritorio. Eres un tesoro. Nos vemos mañana.

La veo tomar el ascensor y poco a poco el resto de mis compañeros la siguen. El piso se queda prácticamente vacío, sólo quedamos otro de los organizadores, Elihud, y yo. Ya he terminado con mis pendientes del día y he comenzado con los del día de mañana, estoy comenzando a desesperarme, pero pronto se escucha el sonido de que alguien va subiendo por el elevador y sale un tipo con el uniforme de la mensajería favorita de Eryn, trae un par de cajas encima de un transportador.

Escucho que le pregunta a Elihud por Eryn, pero me levanto para decirle que yo recibiré el pedido, firmo en la orden electrónica y le pido que deje los paquetes en la pequeña bodega de materiales que tenemos al fondo, tomo la lista que mi jefa me ha dejado y voy a verificar que todo esté completo. Lo está, por lo que dejo ir al chico. Corro a tomar mis cosas y marcharme de una buena vez por todas.

Bajo hasta el estacionamiento donde únicamente quedan tres carros, camino hasta donde dejé el mío y no me doy cuenta de la figura que se encuentra recargada en él hasta que estoy a sólo un par de metros, por un breve lapso me siento atemorizada y comienzo a buscar cualquier cosa con la que pueda defenderme, pero a los pocos segundos alcanzo a reconocer la silueta del hombre. Veo su cabello desordenado, los ángulos de su espalda y la anchura de sus hombros.

—Edward —susurro al acercarme, pero es lo bastante alto para que él me escuche y se gire hacia mí.

—Hola, Bella.

Me estremezco al escucharlo, pero no es como en las otras ocasiones, donde el simple hecho de escuchar su voz despierta deseo y placer en mi cuerpo, no, esta vez la agitación se debe a lo que hay en su voz, o mejor dicho aún, lo que no hay en su voz. No percibo la calidez, el anhelo y deseo con el que suele hablarme; y al ver su rostro confirmo lo que mis oídos no han percibido.

— ¿Por qué me mentiste?

Se muestra confundido.

—Jasper me ha dicho que regresaste hace días y antes de que te enfades con él, él realmente no sabía que me habías mentido.

—Yo…

—No, sé que no me debes explicaciones. Es más ni si quiera sé si esto es una de las cosas que no tengo permitido preguntarte.

—Tuve que regresar antes, eso fue todo.

— ¿Sabes una cosa? Preferiría mil veces que me dijeras que efectivamente tiene que ver con uno de los tantos asuntos que no te puedo preguntar a que me mintieras viéndome a la cara.

—Vamos, te llevaré a tu casa.

—Traigo carro, no es necesario.

Rodeo el vehículo, pero no logro abrir la puerta porque la mano de Edward toma la mía y me gira hacia él.

—Estás enfadada y lo entiendo, créeme que no te culpo por ello y quizá sea mejor de esta forma. He dejado tantos cabos sueltos.

—Edward —susurro nuevamente—. No… no te e… entiendo.

Mi mente estaba yendo rápido y aunque le dije que no lo entendía mi yo interior me decía que sí lo hacía, pero no quería aceptarlo como un hecho.

—He dejado que las cosas vayan muy lejos. Quería hacer esto de una mejor manera, pero dudo que la haya y entre más pronto termine con esto será lo mejor para ambos.

— ¿Qué estás tratando de decir?

—Estoy diciendo que esto no puede continuar. Creí que lo que me hacías sentir era diferente, pero estando lejos me doy cuenta que…

—Basta, sólo dilo, no des vueltas.

—Debemos terminar.

— ¿Terminar qué? Si esto realmente nunca comenzó. Espero te hayas divertido Edward Cullen.

Tomo con mi mano libre la suya que mantiene agarrada con firmeza mi otro brazo, la desprendo de mi cuerpo y coloco en su palma las llaves del carro.

—Quiero el dinero de mi coche lo más pronto posible.

Camino con paso firme, agradezco el haber traído balerinas al trabajo, me hacen el camino más fácil. Lo siento seguirme, pero no presto atención.

— ¡Bella, el carro es tuyo! —grita y se coloca a mi lado.

—Quiero el dinero de mi auto —digo sin mirarlo—, señor Cullen.

Salgo lo más rápido del estacionamiento y para mi fortuna va pasando un taxi, al cual le hago la parada y la suerte sigue de mi lado, giro y veo que está por alcanzarme así que me subo lo más rápido que puedo y lo veo quedarse ahí.

Trato de no derrumbarme en el camino a casa, no quiero que Alice o Jacob me pregunten lo que ha pasado. No quiero hablar al respecto, no quiero tener que escucharlos tratando de consolarme porque eso lo hará real.

Afortunadamente para mí la casa se encuentra vacía cuando llego, así que aprovecho la oportunidad para subir a mi habitación y quedarme ahí hasta el día siguiente. En cuanto toco la cama las lágrimas se desbordan, es como si estuvieran esperando el momento adecuado y en cuanto lo han percibido no hubo nada que evitara que se derramaran. Y como si se tratara de una novela, la ironía hace acto de presencia, todos los buenos momentos que compartí con él vienen uno por uno, aguijoneando justo en el centro de mi pecho. Oprimo con fuerza tratando de alejar el dolor, pero no sucede, sólo se hace más intento.

—Bella —escucho susurrar a mi amiga, volteo a verla y corre hacia mí.

No la escuché llegar a casa.

—Oh, cariño. Mírate nada más —se sienta en la cama y me lleva a recargarme en su regazo—. Estoy aquí, Bella.

Y sólo eso faltaba para que el dolor fuera desbordante.

—Ya estoy aquí —escucho jadear a Jacob mientras entra corriendo a mi habitación—. He venido en cuanto Edward me lo pidió.

Agradezco que se quedaran conmigo durante toda la noche, sin pedirme explicaciones, sin preguntarme absolutamente nada.

EPOV

Las pesadillas han regresado, después de años completos sin ellas, pero conozco a la perfección la razón por la cual aparecieron, por la cual mis sueños han regresado a ser inquietos. Estoy sudoroso, salgo de la cama y me meto a la ducha, restriego mi cuerpo con jabón como símbolo de querer desaparecer esas malditas imágenes.

—Esto es tu culpa, ella está muerta por tu culpa.

Miro la cara de Alice descompuesta por el dolor, las lágrimas bañan su rostro, pero lo que atrae mi atención es el cuerpo inerte y pálido entre sus brazos.

Es Bella.

Me acerco hasta donde están y veo la mancha carmesí cubriendo su cuerpo, el líquido sigue fluyendo de él. La herida está fresca, pero ha sido certera, el alma de mi ángel ya no habita el santuario que la contenía.

Caigo de rodillas frente a ella, me empapo de la vida que se ha esfumado.

—Bella, mi ángel —mi voz sale ronca.

—Ella ha muerto por tu culpa, Edward —me dice Alice—. Debiste alejarla de tu oscuridad.

Acaricio su rostro, pero me aparto rápidamente al ver mis manos llenas de su sangre.

—Ella está muerta por tu culpa. Tu culpa.

Grito de impotencia y dolor. Mi puño se estampa varias veces contra el azulejo de la ducha. Mis nudillos se abren y la sangre comienza a correr junto con el agua.

Salgo de ahí hasta el vestidor, no me importa dejar un reguero de agua a mi paso. Me visto deprisa, debo de dar el maldito paso.

— ¿Estás seguro de lo que vas a hacer, amigo? —me pregunta Emmett.

—Sabes que es lo que debo hacer, Emmett. La he colocado en la mira, la he dejado expuesta, he sido egoísta y mira lo que ha pasado. Esta vez no sucedió nada, pero ¿y la siguiente? No… no soy capaz de pensar en ello. No quiero… no puedo.

—Edward, cálmate. Ni siquiera has dejado que la investigación termine. ¿Por qué crees que esto tiene que ver con tu pasado?

—A Bella nunca le ha sucedió algo y casualmente comienzo a salir con ella y sucede este robo —digo entre comillas en el aire—. No es coincidencia.

—Estás exagerando. Debes entender de una maldita vez que no todo lo que le sucede a la gente a tu alrededor está relacionado contigo.

—No la expondré de nuevo —digo de manera firme.

Necesito protegerla y para eso debo de terminar con ella.

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-o-

La espero recargado en su coche mientras Sam me espera en el otro extremo del estacionamiento. Lo mejor es no ser visto cerca de ella, entre más pronto vean que me he alejado dejarán de prestarle atención y dejará de estar expuesta.

La escucho acercase. Incluso puedo oler su perfume, frutal y fresco. Me he familiarizado tanto con cada aspecto de ella que ya se encuentra en mi registro.

Llevo días sin verla, sin tocarla y mi primer impulso es correr hacia ella y tomarla entre mis brazos para pegarla a mi cuerpo, resguardarla ahí y ser su escudo, sin embargo sé que la mejor manera de mantenerla protegida es estando lejos de ella, cortar con todo esto.


Hola, mis bellas lectoras. Un capítulo complicado, a este par se le ha acabado la felicidad por el momento, pero a partir de esto descubriremos el pasado secreto de Edward que tanto le atormenta. Se vienen buenos momentos, no pueden perdérselos. Y no se preocupen que esta separación no durará tanto ;)... pero díganme qué es lo que piensan de todo esto.

MUCHAS GRACIAS CHICAS POR SUS REVIEWS Y POR LEER: reva4, LicetSalvatore, Smedina, miop, Adriu, Fallen Dark Angel07, Pameva, rjnajavas, Car Cullen Stewart Pattinson, Liz Vidal, cavendano13 y saraipineda44.

Espero que les haya gustado, no olviden dejarme sus comentarios, diciéndome qué les ha parecido. Nos leemos pronto en No ha terminado.

Les mando cariño a todas.

Att.

Dai.