Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo los tomé prestados para crear esta historia.
Capítulo 11
Bella nunca tuvo que enterrar a ningún ser querido hasta esa mañana. No sabía lo que era llevar en el corazón la muerte de alguien importante en su vida, pero ahora lo sabía. Eran sentimientos muy confusos, muy extraños. Se sentía tan fuera de sí, que incluso respirar le resultaba cansador. Ser testigo de cómo Alice desaparecía en la tierra, envuelta en una tela blanca, fue una experiencia horrible. No hubo cajón fúnebre, ni flores bonitas, ni palabras de despedida en público. Solo unas flores amarillas que encontró en el camino.
Cuando la tierra cubrió el cuerpo de Alice, dejando la cruz de madera a la vista, Bella se acercó y en silencio dejó las flores en el centro, deslizó los dedos en la tierra y marcó su mano en ella un instante antes de retirarse.
Era tan difícil mantener la calma, pero lo cierto es que no tenía ganas ni de llorar. Había llorado tanto el día anterior que sus ojos estaban secos, le dolía la garganta y su cerebro trabajaba sin descanso. Pensaba que, a lo largo de su vida, siempre tuvo problemas superficiales y nunca tan devastadores como este. Lo tuvo todo desde muy pequeña, todo lo que deseaba, pero ahora esas cosas no tenían ningún valor.
Antes del viaje, vivir era algo que creía tener con seguridad, como si nunca fuera a perderlo. El viaje cambió la perspectiva que tenía de la vida y le dejó marcas que serían imborrables.
Una experiencia así no la olvidaría jamás.
Pensó que lo correcto sería trasladar a Alice a California con ellos, enterrarla allí donde nació y vivió su infancia, pero en el fondo sabía que Alice no elegiría eso. Querría estar acá con Jasper, si también estuviera muerto. El lugar donde se habían conocido, donde pretendía quedarse por voluntad propia por mucho tiempo.
Así que eso fue lo que hicieron… improvisaron un funeral con lo que tenían a disposición. Porque era eso o dejarla amontonada entre los otros muertos por otro par de días.
Rose y ella le limpiaron la carita, la peinaron, le pusieron un vestido blanco que la mamá de Seth les regaló a ellas con mucho respeto. Vestida así parecía una novia. No la que esperaban ver realmente, pero igual de hermosa.
Luego su hermoso rostro desapareció bajo una tela blanca y le tomó mucha fuerza de voluntad no saltarle encima y quitársela.
Ahora ya no estaba, se había ido de verdad. No quedaba nada de su alma ni de su cuerpo. Nunca volvería a ver su cara, nunca más la abrazaría, no podría llamarla cuando la necesitara, no lloraría en su hombro ni escucharía su voz.
Los días comenzaron a ser exasperantes.
Y de Jasper no sabían nada todavía.
Cuando regresaron al refugio en la mañana, venían ingresando a cinco personas desde una camioneta. Todos muertos.
Bella se preguntaba: ¿Y si nunca aparecía? ¿Y si el mar lo absorbió para siempre?
Eso le hizo tener escalofríos.
"…el último reporte indica que hay 6 mil heridos…"
Una radio pequeña en el centro del comedor les informaba cada nuevo reporte de las autoridades. Toda la gente se reunía al mediodía en torno al aparato, ya que ellos no podían verlos por televisión. De esa forma se enteraron de que serían evacuados a las ciudades más cercanas para atención médica en los próximos días.
"…se atribuye a la reciente erupción volcánica como la causante del devastador Tsunami. El volcán Anak Krakatau, ubicado en el estrecho de Sonda, hizo erupción a eso de las 21 horas del 22 de diciembre. Veinte minutos más tarde se registra un Tsunami en la costa occidental"
Bella se sentó en el suelo con las piernas estiradas, agotada por la caminata después de enterrar a Alice. Poco después se le unió Edward.
"…el evento volcánico provocó un desprendimiento de rocas submarinas…"
Según explicaba el reportero, Indonesia tenía activo el Sistema de alerta de Tsunami, sin embargo, este solo se aplicaba a terremotos y no a tsunamis volcánicos, razón por la cual no hubo alerta a la población y por ende nadie evacuó a los cerros.
"500 muertos. 6 mil heridos. 30 desaparecidos"
Bella suspiró y buscó los brazos de Edward por un poco de consuelo.
El número de víctimas no le sorprendía. Durante todo el día recibían más y más cuerpos sin identificación y la zona no daba para más. Trató de no recordar la cantidad que vio cuando se despidió de Alice. Tantos que nunca serían identificados… ¿Cuántos de ellos los estarían buscando, esperanzados de encontrarlos con vida?
Por suerte, en ese momento llegó Seth al comedor para distraerla de sus tristes pensamientos, llevando con él un cachorrito.
—Oh, ¿es tuyo? —le preguntó.
El niño parecía entusiasmado, así que se sentó con ellos en el suelo, de piernas cruzadas.
—Sip. ¿Verdad que es adorable? Mi abuelo y yo lo rescatamos de un árbol, el pobrecito tenía la patita atascada y estaba llorando. Lo hemos llevado con la veterinaria de la zona. Mira, tiene un pelaje muy suave. Y cojea. —levantó la mirada hacia Bella— Cojea como tú, Bella.
—Wow, tenemos mucho en común. —bromeó— ¿Cómo lo vas a llamar?
—Mmm no lo sé. Mi abuelo dice que le pongamos Valiente.
—Es un buen nombre.
—También le he puesto la pañoleta roja que usaba Fergus. ¿Te conté la historia de Fergus, Bella? Pues era mi mejor amigo perruno, pero murió en el tsunami. Pobrecillo. Espero que no se enfade si le doy esto a Valiente.
Seth hablaba hasta por los codos. Bella le sonrió.
—Creo que a Fergus lo pondrá muy feliz.
Seth tenía la capacidad de hacerle olvidar los malos ratos con mucha facilidad. Adoraba a ese niño y su sonrisa infantil, sus flores de papel y su forma rápida de hablar. Él los visitaba todos los días con algo en su bolsa de Nilo; duraznos, manzanas, galletas de arroz, panecillos de anís y caramelos. A Bella siempre le daba más que al resto a escondidas. Luego se ponía rojo cuando Edward lo pillaba infraganti.
Edward, sentado a su lado, veía con ternura como Bella sostenía al cachorro en su regazo.
A veces le costaba creer que Bella seguía viva. Las pesadillas de ambos no terminaban, ni siquiera abrazándose para dormir. En sus sueños todavía la buscaba desesperado, todavía revivía aquella mañana de soledad, cuando no tenía idea en dónde se encontraba. Cuando se despertaba pegaba un salto y la abrazaba todavía más fuerte entre sus brazos.
Bella seguía recibiendo atención médica, pero Edward siempre estaba preocupado por ella. La pierna iba bien, pero necesitaba una cirugía en el ojo y allí ya no podían proporcionársela. Era demasiada gente y muy pocos suministros.
Sue llevaba el alimento sin falta cada día, realmente era una mujer muy admirable en su labor. Nunca descansaba y trataba de ayudar a todo aquel que se le acercaba. Seth tenía un gran ejemplo a seguir en el futuro, aunque desde ya tenía esa buena voluntad de ayudar al prójimo.
La gente en el refugio también era muy respetuosa, se ayudaban unos a otros, distrayendo a los niños más pequeños. Y lo que a Bella más le gustaba, era la costumbre de encender velas cada noche por los que habían partido. Le pareció un gesto tan bonito que nunca se perdía el homenaje.
Cuando el momento de la vela terminaba, se ponían a rezar.
Bella no era buena rezando, pero lo hacía con todo su corazón.
Se fueron a dormir tarde esa noche a la carpa que Sue les proporcionó cuando llegaron. Rose y Emmett decidieron a último momento quedarse cerca de la fogata, pero Bella se sentía tan agotada que apenas fue capaz de sacarse los zapatos. Fue Edward el que terminó quitándoselos y tapándola con una manta. A los pocos minutos la acompañó, abrazándola por la espalda.
Bella tenía los ojos cerrados con las manos bajo su mejilla izquierda, pero la verdad es que no estaba durmiendo.
Rodó en la colchoneta hasta quedar de espalda y observó la cubierta hecha de material sintético de la carpa.
—Edward, tengo frío. —susurró.
Con los ojos todavía en la cubierta, Bella se movió hasta quedar pegada al cuerpo de Edward y este rápidamente cedió un poco más de la manta para abrigarla.
—¿Así está mejor?
—No, quiero que me abraces.
—Vale.
La acercó a él con su brazo libre, lo suficiente para que su cara se escondiera en su cuello. Bella suspiró en él, sintiéndose pequeña.
—Edward. —lo volvió a llamar. Tenía mucho sueño, pero le costaba dormir. Eso y el miedo a las pesadillas— ¿Cuándo crees que terminara todo esto?
Cada vez que se sentía indefensa, Bella le formulaba la misma pregunta, a pesar de que sabía que él no tenía ni idea.
—Pronto, muy pronto.
—¿Cuándo es pronto?
En los próximos días, diría.
—En los próximos días.
Suspiró otra vez, agarrándose fuerte a su cuello y se durmió encaramada en sus piernas, como un koala.
Si todo salía bien, pronto evacuarían a un lugar más seguro.
Si evacuaban a un lugar más seguro, podrían comunicarse con sus familias.
Y si se comunicaban con sus familias, podrían irse a casa pronto. Entonces la promesa de Edward se cumpliría y todo se terminaría.
Soñó que volvía a casa y que su padre la recibía en el aeropuerto. En el sueño nunca hubo tsunami, solo anécdotas de una gran boda. Edward venía tras ella con las maletas llenas de regalos. Esme también estaba allí, preguntándoles si el viaje fue demasiado pesado.
Bella derramó una lágrima dormida. Era el primer sueño bonito que tenía desde que todo sucedió. No le daba miedo, pero sí una profunda tristeza.
Alguien los despertó en mitad de la noche.
—Edward. —sonaba como Emmett. Ambos se movieron en la colchoneta, medio mareados por el sueño— Bella.
Bella se frotó el ojo sano mientras apoyaba el codo y se levantaba.
—¿Qué? ¿Qué pasó? —preguntó rápidamente.
No podían ver a Emmett por la oscuridad, pero era evidente que se trataba de él.
—Creo… que hemos encontrado a Jasper.
Buenas noches, ¿cómo están? Ya se van esclareciendo las cosas, al fin sabremos de Jasper y todos pronto se irán a casa.
Como siempre mil gracias por leerme, comentarme y esperar pacientemente las actualizaciones.
A esto ya le va quedand capítulos, todavía no estoy segura.
Espero que lo hayan disfrutado. Nos leemos pronto. Besos.
