Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a J.K. Rowling. Lo demás (trama, personajes originales...) pertenecen a Ada P Rix.


CAPITULO 11


― Tenemos que ver esto desde otra perspectiva, creo que nos estamos equivocando y que no se trata solo de vírgenes.

Errr ... ¿tú crees?

Blaise estaba pensativo, sentado en el alféizar del ventanal de la sala común, mirando por la ventana.

― Sé que Miranda Halfridge no es virgen, pero ayer la viste los melones durante todo el día.

― Por todas partes ― confirmó Draco con un suspiro, recordando perfectamente el día.

― Me pregunto qué podría ser entonces... si no son vírgenes, ¿entonces qué? ― Pansy les preguntó a ambos sentándose a los pies de Draco en el suelo y hojeando lo que parecía una revista de belleza ― ¿Por qué quiere el encantamiento que mires a esas chicas en particular?

Esa era la pregunta clave.

¿Y por qué una de esas chicas en particular era Hermione Granger?

Su polla se tensó, pero él apenas lo notó, ya se había acostumbrado. Bastaba con pensar en su rizado cabello para que se le pusiera como una puta roca.

Le había arruinado.

Y Granger lo sabía.

Cada vez que pensaba en lo ocurrido hacía dos días, le asaltaban flashbacks de esa maldita seductora cabalgándole sobre los pantalones. ¡Dios, qué sensación tan increíble! Y esa extraña conversación que tuvieron después lo dejó atónito...


¿Quién ha dicho que sea virgen?

Podría haber atrapado moscas. Ahí, sentado bajo ella, con sus gemidos aún retumbando en su cabeza, sus pantalones cubiertos de semen, y su boca abierta por el shock.

Ella lo miraba con curiosidad; tenía las piernas abiertas sobre las suyas, su respiración aún era entrecortada y las palmas de sus manos estaban apoyadas sobre sus muslos, haciendo que su escote sobresaliera en su dirección.

Y, por algún motivo, a Draco no parecía el momento ni el lugar para tener una conversación como esa. Y si no dejaba de mirarla, no tardaría en volver a estar como una piedra.

Dale 5 minutos, amigo, que no eres una máquina...

― Bueno yo –supongo que la mayoría de la gente simplemente… ― balbuceó intentando explicarse.

― …simplemente asume que soy una mojigata y no tengo ningún atractivo sexual? ― le preguntó con una pequeña mueca en el rostro ― ¿O que no tengo apetito sexual como todos los demás? O, Dios no lo quiera, ¿alguien me considera lo suficientemente atractiva como para querer follar conmigo?

Los pulgares de Granger trazaban círculos distraídos en sus muslos a medida que ella bajaba la mirada, y Draco se dio cuenta de que se sentía algo insegura. Que Dios se apiadase de él, Hermione Granger acababa de decir 'follar'... y viniendo de sus labios, sonaba increíblemente sexual.

― Mira, estoy seguro de que hay muchos… ― trató de explicarse, pero una vez más ella lo interrumpió. Y oh, esos círculos que sus pulgares dibujaban en sus muslos...

― Malfoy, no hace falta que hagas eso, soy muy consciente lo que la gente ve y piensa de m…

Esta vez fue él quien la interrumpió. La agarró de los hombros y la acercó a él. Sus pechos se volvieron a tocar y ambos gimieron de nuevo ante el contacto de sus sensibles regiones inferiores. Ella le miró directamente a los ojos; estaban tan cerca que sus narices prácticamente se rozaban, y él pudo ver la necesidad sexual brillar de nuevo en sus ojos.

― Yo te veo, Granger ― le dijo con una honestidad nada propia de él, en un tono bajo y con la mirada fija en sus labios ―. Y desde mi punto de vista, tu 'atractivo sexual' no tiene absolutamente nada de qué preocuparse.

Granger se ruborizó y miró hacia debajo de nuevo. Claramente no se había esperado que él respondiera con honestidad a sus reflexiones.

Él usó el dedo índice para levantar su barbilla, haciendo que sus miradas conectaran de nuevo. Sus ojos brillaban con gratitud y parecían más que un poco curiosos de sus intenciones. Su mirada voló hacia sus labios y juntaron sus frentes al tiempo que los dos se acercaban ligeramente, algo a lo que se estaban acostumbrando.

¿Quién se atrevería a dar el primer paso y cerrar la distancia entre sus labios? Sus corazones martilleaban contra sus pechos, la temperatura subiendo repentinamente en la habitación una vez más.

Sus labios rozaron los de él con extrema suavidad, acercándose sólo un poco más a él. Su respiración se aceleró cuando ella paró justo al límite, pero sin llegar a profundizar el contacto tanto como a él le hubiera gustado. Él no se atrevió a profundizarlo.

Una vez más, quería que ella tuviera el control y supiera que podía parar esto si quería.

Ella se detuvo y se echó hacia atrás. Y él maldijo en silencio.

― Gracias ― le dijo finalmente, ofreciéndole una pequeña sonrisa ―. Por todas las cosas buenas que has sido capaz de decirme.

Él sonrió al oír eso. ¿Qué había pasado con los viejos tiempos en los que la insultaba de todas las maneras posibles y se comportaba como un auténtico capullo con ella?

Se llama madurez, colega.

― Si te sirve de ayuda, tienes un par de tetas absolutamente increíbles.

Ella se rió y abandonó su regazo, levantándose y empezando a ordenar el baño.

― Tengo que estar en clase en cinco minutos.

Draco se dispuso a arreglarse, cuando le surgió una curiosa duda.

― Entonces, ¿quién te quitó la virginidad? ― le preguntó mientras se ponía de nuevo la túnica y se alisaba la corbata. ¿Tenía derecho a preguntar? ¿Le respondería ella? ¿Era de su incumbencia?

Eres un poco cotilla, ¿no?

Ella le miró mientras se recogía el pelo en una coleta, algunos rizos sueltos enmarcando su cara sexualmente. Dios, ella hacía todo eso del atractivo sexual sin esfuerzo.

¿Por qué cojones no había visto eso antes?

Pero ya sabía la respuesta.

Las túnicas de los magos y brujas eran monótonas y muy poco favorecedoras. Incluso las chicas que hacían el esfuerzo de ir sexy tenían dificultades para lograrlo. Alguien como Granger ni siquiera se molestaba, le preocupaban más sus libros y su maldito gato peludo.

Al cual juraría haber visto merodeando alrededor cuando los dos se habían estado frotando hasta correrse. Probablemente a la espera de abalanzarse sobre él y atacar.

Esa pequeña bestia salvaje.

― Víctor Krum ― llegó su respuesta desde la pequeña sala de estar, tranquilamente, mientras la veía meter libros en su cartera.

Draco estaba impresionado.

Victor Krum, ¿eh? Entonces, debía de haber ocurrido en la época del Baile de Navidad en...

― ¿Cuarto año? ― su voz salió fuerte y sonando un poco desconcertada ― Joder, ¿quieres decir que perdiste la virginidad antes incluso de que yo lo hiciera?"

Granger sonrió satisfecha.

― Probablemente. Me pareció que era el momento adecuado. Y eso es todo lo que diré al respecto ― se colgó el bolso del hombro y se puso de nuevo firme, como si no hubiera pasado nada ―. ¿Estás listo para irte?

Draco no la interrogó más. Sabía cuándo no debía presionar a una mujer que llevaba un bolso que pesaba como una casa de ladrillos.

Se miró el pelo en el espejo. Todo había vuelto a la normalidad. Para ser sinceros, se había olvidado por completo de eso. Era evidente que tenía asuntos más importantes y duros en la cabeza.

― Sí, yo también tengo sitios en los que estar, ya sabes ― miró la hora. No tenía ningún sitio en el que estar y estaría encantado de tener otra ronda de sexo en seco ahora mismo.

― ¿Oh? ¿Como tratar de deshacerte de este tonto encantamiento que tienes sobre ti? ― preguntó ella con curiosidad.

Él le sonrió.

― Si te digo la verdad, creo que empieza a gustarme...― sus ojos recorrieron su cuerpo apreciativamente.

Granger se sonrojó y abrió la puerta de su habitación para que pudieran salir.

― Te vas a meter en problemas jugando con ese tipo de hechizos ― le dijo con firmeza. Pero a continuación, una pequeña sonrisa apareció en sus labios ―. A no ser que sepas jugar con ellos sin que te pillen.

El pequeño y negro corazón de Draco dio un vuelco.

Bueno, bueno, bueno... Granger era una chica traviesa.

Si quería jugar, él iniciaría la partida.