Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo está historia llena de clichés y el OC.
NOTA IMPORTANTE
Voy a reestructurar la historia para facilitar un poco más su lectura, reacomodando los capítulos. El contenido no cambia en lo absoluto, sólo la forma en la que se presenta la historia. En todo caso, todo lo que estaba publicado hasta el 12 de octubre de 2020 se considera el Libro I, más el primer interludio (los cuales separan cada libro).
Todo esto aprovechando que el sitio al parecer está en drogas en esta fecha (3 de noviembre de 2020) y no está mostrando los caps recién publicados. Así que, si estaban leyendo la historia y llegaron al Interludio A, esta continua en el Libro II (Capítulo 12: Unidad Reflectante de Ataques) cuya publicación debió comenzar a partir del día 5 de noviembre de 2020 (si es que para entonces el sitio ya fue reparado).
Libro I
Capítulo 10
Carta 11
Señal del Destino
[Carta de Trampa]
Cuando un monstruo que controlas es destruido en batalla y mandado al Cementerio: Invoca de Modo Especial, desde tu mano o Deck, 1 monstruo "HÉROE del Destino" de Nivel 4 o menor.
Comencé a escuchar las voces como un eco lejano. Por un momento fui incapaz de entender lo que decían, como si mi mente se hubiera quedado en blanco y fuera incapaz de reconocer el idioma en que hablaban, durante un instante me recriminé a mí mismo pensando que me había quedado dormido mientras veía anime. Parpadeé tratando de acostumbrarme al repentino resplandor de la dura luz blanca que llenaba la habitación.
Tarde unos treinta segundos en reconectarme con la realidad, entonces pude entender lo que decían las voces. Una mujer le estaba pidiendo a Yugi y Kaiba que salieran. La cabeza me palpitaba y todavía sentía ganas de vomitar.
Una enfermera, la mujer que habló antes, se acercó a mí y comenzó a hacerme algunas preguntas. Respondí lo mejor que pude. Ella simplemente asintió y luego me dio una pastilla, antes de ordenarme que descansara unos minutos.
Quince minutos después, Judai entró en la habitación. Se veía triste.
—Lo siento —dijo en voz baja.
Parpadeé.
—¿Por qué?
Judai se mordió el labio.
—No tienes por qué disculparte —dijo Yubel. Estaba flotando detrás de Judai con los brazos cruzados.
—Lo que Haou hizo no estuvo bien —replicó con voz cortada.
Me tomó un momento recordar lo ocurrido. Mi mente me decía que tenía que estar molesto por ello, pero la Oscuridad en mí se sentía feliz de haber sido útil a mi Maestro.
—Está bien —dije—. Sólo hice mi trabajo.
Judai se mordió los labios con más fuerza y temí que fuera a lastimarse.
—En serio, no pasa nada…
—¡Claro que sí! No debería lastimarte de esa forma. Eres mi amigo, y Haou… Haou es mi otra mitad. Cada vez que hace estas cosas, es como si yo te las hiciera.
Pude ver las lágrimas escurrir por el rostro de Judai.
—¿Sentiste lo que pasó allí?
Judai asintió.
—Cuando Haou tomó tus memorias, yo también las recibí.
Eso tenía sentido según la lógica extraña por la que el Heraldo de la Oscuridad parecía regirse. La Oscuridad en mí se sintió complacida de haber hecho bien su trabajo. Judai ahora tenía el conocimiento de esas cartas. Eso era una gran ventaja. Él podría hacer uso de esa información para manifestarlas con su voluntad si fuera necesario. Después de todo, como dijo, Haou es su otra mitad. Todo lo que el Rey Supremo puede hacer, Judai también.
Pero había otro motivo por el que Judai estaba así. Entre toda esa información sobre las cartas editadas por Konami, había algo más.
—¿Qué más viste?
Judai sollozó.
—Vi lo que pasó antes de tu muerte.
Sí, yo también lo había visto. Vi a mi propia mano alzar el cuchillo y enterrarlo en mi cuello. Estaba de pie frente al espejo del baño. Pero, mientras cometía suicidio, no eran mis ojos los que me devolvían la mirada desde el reflejo: eran los ojos dorados de Haou.
No sabía cómo sentirme al respecto. Es decir, debería estar furioso, pero no podía. La Oscuridad en mi alma estaba despierta. Ya no era un poder que simplemente estaba allí durmiendo, era algo tangible. Y también sabía que, aunque eran los ojos de Haou los que había visto en mi propio rostro, a la vez no lo eran. No al menos los ojos del Haou que conocí en este mundo; sino un eco lejano, el último remanente de una conciencia que estaba muriendo. El otro Haou, lo que quedaba de él, comprendió lo que los supervivientes intentaban hacer para cambiar la historia. Con eso en mente, al logran atravesar el landscape del multiverso en busca de otro mundo, debió poseer el alma de un duelista —o lo más parecido a uno— que pudo encontrar. Simplemente yo estaba en el lugar correcto, o equivocado, para que él me utilizara. Aprendió cualquier cosa que pudiera ser útil, y antes de desaparecer completamente ordenó a la Oscuridad llevar esa información con seguridad de regreso para que su yo del pasado pudiera usarla.
Claro, todo lo anterior no era más que una teoría. Mi única prueba eran los recuerdos de esa sensación de no ser yo mismo, de que algo más guiaba cada una de mis acciones en esos últimos días. Y por supuesto, los propios sentimientos de satisfacción de la Oscuridad Gentil en mi alma, ahora completamente despierta, por haber cumplido su misión.
—Si ya no quieres ser mi amigo lo entenderé —la voz entrecortada de Judai me sacó de mis pensamientos—. Después de lo que te hice… debes odiarme…
Parpadeé. Sí, esa debería ser la reacción a todo esto. Claro, realmente no podía culpar a Judai. Él no estuvo allí para guiar la mano con el cuchillo. Según lo que Yugi dijo, su yo de esa otra realidad había caído mucho antes luchando contra la Luz. Pero el ser humano no es precisamente lo más racional cuando se trata de cosas como esta.
—No puedo hacerlo —dije—. Sé que debería mínimo estar furioso, pero no puedo.
—Eso es porque no puedes romper tú juramento —aclaró Yubel.
Judai se giró para ver al espíritu en busca de respuestas.
—Juró lealtad a un Rey, no un juramento falso como los que cualquier humano hace un día y rompe al siguiente. Y la forma en la que lo hizo… En los viejos tiempos, así era como un rey juramentaba a sus sirvientes más fieles. Incluso si no hay un reino o un título como tal, tú y Haou siguen siendo el Rey Supremo debido a un verdadero Derecho Divino de Nacimiento. Las leyes místicas que rigen nuestro Universo determinan eso. Y determinan que, al haber jurado su lealtad, Kenichi no puede hacer ni sentir nada que pueda llevarlo a romper su palabra.
—¡Eso no es justo! —dijo Judai—. ¿Lo sabías? ¿Haou lo sabía? ¿Por qué no me dijeron nada?
—Porqué te habrías opuesto —respondió el Maestro Haou desde la puerta de la habitación—. Eres demasiado débil.
Judai negó con la cabeza.
—No está bien…
—Esto es una guerra. Se hace lo que sea necesario. No puedes dejar que un activo valioso ronde solo por allí sin control.
—Kenichi no…
El Maestro caminó hacia su hermano, puso sus manos sobre sus hombros y le obligó a verlo.
—Haré lo que sea necesario para acabar con la Luz y asegurarme de que sobrevivamos a esto. No me importa si te lastima, o que tan culpable te sientas; porqué esto es lo que debo hacer y no hay lugar para dudas o sentimentalismos. La debilidad significa muerte.
Por la forma en la que pronunció las últimas palabras, pude intuir que algo realmente malo debía haber pasado. La mirada que Yubel dirigió en su dirección sólo confirmó eso.
Judai se mordió el labio y no dijo nada más.
—Seca esas lágrimas. Llorar en público no es algo que haga un rey.
Haou se alejó de Judai y caminó hacia mí. Sus ojos fríos me miraron un momento y no pude evitar que un escalofrío me recorriera el cuerpo.
—No esperes que dejé las cosas más fáciles para ti. Ahora que el poder que obtuviste de mí está despierto, trabajaras el doble.
Dio media vuelta y abandonó la habitación.
Judai se sentó en una silla cerca de la puerta, sin atreverse a decir nada más. Yubel estaba recargada en la pared con la mirada perdida en algún punto del techo.
Unos minutos de incomodo silencio más tarde, la puerta se abrió y entró Yugi para avisar que la enfermera dijo que podía llevarme a casa.
~Yu-Gi-Oh! GX~
Eran las diez cuando Yugi nos dejó en casa. Al parecer, no estuve inconsciente por más de media hora. La migraña también disminuyó gracias al medicamento que me dio la enfermera. Aun así, me dio la indicación de tomarme las cosas con calma al día siguiente y no tratar de hacer mucho esfuerzo. Por lo demás, acordamos no decir nada a mis padres sobre ese incidente. Yugi pareció dudar un poco sobre esto, pero Pegasus lo convenció. Ellos no tenían ni idea de lo que estaba pasando, y tratar de explicar lo ocurrido sólo causaría que se asustaran y desconfiaran. En especial porque no podíamos contarles toda la verdad detrás de nuestras acciones.
Como recomendó la enfermera, me tomé las cosas con calma al día siguiente. Habiendo sufrido migrañas en mi vida anterior, sabía que lo mejor era evitar ver televisión o cualquier cosa demasiado brillosa, además de los ruidos fuertes. Así que pasé todo el día adentro leyendo y acomodando mis cartas.
El domingo, como era nuestra costumbre, pasé la tarde en casa de Judai.
Él aún se sentía mal por todo lo ocurrido dos días atrás. El Maestro Haou, por su parte, se mostró indiferente. Su atención estaba más enfocada en planear como usar el conocimiento que tenía ahora sobre lo que bien podríamos llamar cartas del futuro.
Judai y yo nos dedicamos a practicar nuestro duelo mientras el Maestro Haou meditaba. De tanto en tanto se detenía para hablar algunas cosas con Yubel, usando un idioma que al parecer sólo ellos comprendían. Me di cuenta de algo: aunque Judai era su otra mitad, Haou raramente compartía todo lo que sabía con él. Su intención parecía ser la de mantenerlo sólo con el conocimiento mínimo para que pudiera defenderse ante las potenciales amenazas. Todo lo importante lo discutía únicamente con Yubel.
—Kenichi —me llamó con tono imperativo.
Dejé mis cartas sobre la mesa y me giré para verlo.
—Maestro —dije con voz calmada esperando a que ordenara.
—Dime todo lo que sabes sobre las cartas "Dios Terrestre".
Intuyendo que se refería a su lore, le hablé sobre los dioses sellados en las líneas de Nazca en América del Sur, sobre los Dark Signers y su relación con estas cartas. Lo cual, por supuesto, llevó a la lucha que había entre el Dragón Carmesí y estas entidades, las cuales estaban relacionadas con el Inframundo y la Muerte.
—Así que sirven a la otra Oscuridad —dijo Haou pensativo.
—¿La Otra Oscuridad? —preguntó Judai.
—Aquella que no crea vida, sino que intenta traer muerte —aclaró Yubel—. Es decir, la razón por la que los humanos temen a la Oscuridad y tratan de conseguir el falso consuelo que la Luz les ofrece.
—Cómo sea —interrumpió Haou—. No parece que vayan a someterse a mí… por ahora. Pero siempre hay un camino. Dioses o no, son espíritus de duelo. Y no hay espíritu al que no pueda someter a mi voluntad.
Sentí un escalofrío. No dudaba que el Maestro Haou fuera capaz de hacer eso. Pero de momento, los Dioses Terrestres dormían, y seguirían así hasta que ocurriera el incidente Reversa Cero, para lo cual aún faltaba mucho tiempo. E incluso era posible que nunca sucediera.
Estaba claro que nuestras acciones alterarían el curso de la historia, que era el principal motivo por el que Yugi, Kaiba, Pegasus y Fubiki (además del resto de los supervivientes que faltaban por revelarse) se arriesgaron con este plan enrevesado. El futuro del duelo en este mundo cambiaría completamente. Pegasus trabajaba ahora no sólo en la invocación por Sincronía, sino también en las invocaciones XYZ, Péndulo y Enlace.
—Háblame de la "Ultra Polimerización". ¿Formaba parte de alguna historia o sólo fue algo que se les ocurrió a los encargados del juego?
—Es usada por Yuri, un personaje de Arc-V. No hay un lore significativo detrás de ella. Es decir, a diferencia de "Súper Polimerización", nunca se menciona que se necesiten almas de duelistas para crearla. Aunque, en cuestión de efecto es por mucho mejor que "Súper Polimerización".
—El efecto de una carta siempre será equivalente al poder que tendrá al ser empleada mediante un Juego de lo Oscuro o como un medio para invocar la Magia de las Sombras —aclaró Yubel—. Si su efecto supera al de "Súper Polimerización", entonces su poder canalizado mediante la energía de duelo será mucho mayor. Claro, siempre y cuando quien la use tenga las capacidades necesarias para respaldar ese uso. Además de la suficiente cantidad de almas para recargarla.
No me gustó nada eso. "Súper Polimerización" era capaz de literalmente destruir el mundo y recrearlo al antojo de quien la activara. Sólo pensar en una carta que superara a eso era aterrador.
—¿Qué sucedió exactamente en el mundo donde se usó esa carta? —preguntó Haou.
Hice un resumen más o menos sobre las dimensiones de Arc-V, sobre Zarc y sus reencarnaciones, incluyendo a Yuri. Y por supuesto, el intento de conquista que la Academia de la Dimensión Fusión llevó a cabo sobre las otras tres dimensiones.
—¿No había dimensión de Enlace? —preguntó Judai.
—No, Arc-V es antes que Vrains. Y hasta donde vi de Vrains, la trama no iba sobre los aspectos místicos del duelo; sino sobre dilemas morales respecto a si las Inteligencias Artificiales con consciencia de sí mismas y libre albedrío podrían ser consideradas seres vivos y sí, de existir, podrían convivir con la humanidad o terminaríamos en una guerra de humanos contra tecnología. Por el rumbo que llevaba la historia, dudo que se fuera a hacer referencia a los sucesos de Arc-V o de alguna otra de las series.
Hice una mueca de cansancio.
—El problema es que no hay nada que confirme líneas del tiempo definidas, salvo entre Duel Monsters, GX y 5D's. Zexal parece ir por su propia cuenta, especialmente porque en ese mundo el Extra Deck es más bien el Deck de XYZ, pues las fusione y sincronías parecen haber desaparecido. Y en Arc-V, aunque aparecen Asuka y Edo, está claro que no son las mismas personas que conocemos. La Academia de la Dimensión de Fusión no es la Academia de Duelos. Si la Dimensión de Fusión fuera donde nos encontramos, la Dimensión de Sincronía representaría su futuro y no parecía ser el caso. Además de que la Dimensión de Fusión no parecía estar en medio de una guerra entre la Luz y la Oscuridad; la Dimensión de Sincronía no parecía tener Signer y Dark Signers; y en la dimensión XYZ no se hace mención a Yuma, los números y cualquier cosa que pasé en Zexal.
Judai parecía no entender mucho. Y la verdad es que yo tampoco. Las líneas de tiempo del anime me daban dolor de cabeza.
—Mi conclusión: cada anime después de 5D's es su propio universo y tratar de unificarlos es imposible. Pero, en esa misma línea, la llamada temporada cero tampoco es compatible con Duel Monsters, y los mangas de cada serie también van por su propio lado. Ni hablar de las películas. Esa es otra lata de gusanos que no creo debamos abrir.
Suspiré.
—Sólo me resta decir: tenemos las cartas de todas esas dimensiones y líneas de tiempo, el canon no importa.
Judai pareció aturdido. Yubel me miró con una sonrisa burlona. El Maestro Haou como siempre no parecía tener expresión alguna.
—De nuevo me dejé llevar —dije sintiéndome avergonzado.
—Sólo un poco —admitió Judai con una risilla. Fue agradable escucharlo reír de nuevo.
—¿Un poco? —resopló Yubel—. Es como escuchar un debate político.
—Sí, bueno, discutíamos mucho eso en los foros sobre la serie y en comentarios al azar en vídeos de Youtube… Un servició de vídeos por Internet —aclaré al notar la confusión ante lo último.
El Maestro Haou volvió a sentarse a meditar. Judai y yo reanudamos nuestro duelo. Esta vez Yubel estaba supervisándonos. Ya no intentaba atacarme cada vez que conseguía dañar lo puntos de vida de Judai, pero aun así no parecía gustarle.
Judai de pronto dejó de moverse. Soltó sus cartas y se volvió hacia su hermano. Yo mismo lo sentí. Algo grande parecía haber golpeado a Haou.
El Rey Supremo se levantó de golpe de donde estaba sentado meditando. Su respiración estaba agitada y sus ojos brillaban en color oro.
—Dios Exterior —gruñó—. ¿Qué son?
Sentí como el miedo se deslizaba por mi estómago ante las implicaciones detrás de esa pregunta.
—Nyarla y Azathot —dije en voz baja.
—Dijiste que no había nada místico en el juego de tu mundo —gruñó—. Esas cosas, no son de este mundo. ¿Qué son? ¡Responde!
Todo lo que pude hacer fue balbucear:
—No pueden existir. Son literatura. Cuentos de horror.
Vi a Yubel ir hacia Haou y sujetarlo para que no cayera. Estaba sudando y su cabello estaba más desordenado de lo normal, dándole un aspecto peligroso. Además, creo que él estaba tan aterrado como yo, sólo que lo expresaba mediante la furia.
—Oh, son muy reales —espetó mi Maestro—. No son espíritus… No sé qué son. Se sienten… como la Oscuridad… como la Luz. Quizá algo que va más allá de eso.
No sé cómo pude mantener la cordura ante lo que eso implicaba.
—¿Están aquí? —pregunté en un hilo de voz.
El Maestro negó con la cabeza.
—No han entrado.
Esas palabras fueron como un bálsamo que sanó algo de mi cordura.
Tras un momento, finalmente pude hablar:
—Las cartas Dios Exterior son parte de un conjunto de seis monstruos y dos cartas mágicas, todas ellas inspiradas en las obras literarias del autor Howard Phillips Lovecraft. No se supone que existan. Pero… si son reales, si están allá afuera, jamás deben entrar.
Comencé a reír histéricamente. La risa de quien está verdaderamente aterrado y necesita romper la tensión.
—Muchos insistían que Lovecraft escribió algo más que simples cuentos —dije—. Yo no lo creía. Esas cosas, los Exteriores, los Primigenios, los Arquetípicos o Ancianos, no deberían de existir.
Por otro lado, dijo una voz en mi cabeza, tampoco debería de existir este mundo en donde estoy. Y si hay un multiverso allá afuera, si la ficción realmente es una ventana otros mundos, entonces por simple lógica esos seres existen.
—Son… Dioses, o lo que está más allá. El cosmos, la naturaleza. —Tuve que respirar para tranquilizarme un poco más—. Representan muchas cosas y en esencia son lo que no se puede explicar. Entes de naturaleza tan ajena a la lógica del universo ordenado, que sólo pueden ser representados como la más absoluta manifestación del caos. No son buenos ni malos, no hay un sistema moral que pueda aplicarse a ellos. Más bien, son indiferentes, como el universo mismo.
—¿Son cartas? —preguntó Judai.
—No —respondió Haou en un gruñido—. No lo son y jamás deben serlo. Sería abrirles la puerta. Este mundo es mío, no permitiré que esas cosas vengan aquí y hagan lo que quieran.
La mirada del Maestro se dirigió a mí.
—Olvida que existen. Ni una palabra sobre ellas. No me importa que tan buenas cartas sean, o cuanto te haya gustado jugarlas, están prohibidas.
—Por supuesto —estuve de acuerdo.
El mero hecho de saber que estaban allá fuera, tratando de entrar, era aterrador. Como dijo Giles a Buffy en cierto punto: "Hay muchos de estos entes, cada uno presionando las paredes entre las dimensiones, tratando de abrirse paso".
Esa fue la última vez que hablamos sobre los dioses de Lovecraft dentro del duelo. No sabía si algún día encontrarían la forma de atravesar los mures de este mundo o no, sólo importaba esforzarse para que eso jamás sucediera. La Luz de la Destrucción parecía poca cosa comparada con ellos… En especial comparada con Nyarlathotep.
Las palabras de Lovecraft resonaron en mi cabeza durante días después de aquello:
"No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas."
"Ex Ignorantia ad Sapientiam; ex Luce ad Tenebras"[1]
~Yu-Gi-Oh! GX~
Un par de días después de la "reunión informativa", Yugi llamó a casa para invitar a mi familia a una cena en casa del abuelo ese sábado. Claro, mis padres podían faltar si mi madre no se sentía cómoda conociendo a la mujer con quien se casó su padre. Pero Mamá no parecía contrariada por esto y aceptó la invitación.
Creo que, a su manera, ella hizo las paces con ese asunto. Es decir, realmente nunca hubo mala sangre entre la familia Muto y la nuestra. Fue la decisión de la abuela el no buscar al Sr. Muto para avisarle sobre el embarazo. Y como mi madre y Yugi discutieron más tarde —algo de lo que, como es obvio, no me entere hasta mucho tiempo después—, ahora que sabía que tenía más familia, familia que no se avergonzaba de ella como la familia de la abuela, se esforzaría por hacer que las cosas funcionaran. Los detalles del pasado y la forma en la que estaban relacionados no le impedirían conectarse con el hermano menor que ahora sabía que tenía. Ni me negaría a mí el derecho a conocer a mi bisabuelo y mi tío.
Puedo entender que mucha de su reticencia inicial respecto a si yo debía conocer o no a esa parte de la familia venía de la mala relación con la familia de la abuela. La única vez que conocí a esa parte de la familia las cosas no terminaron de buena forma. Siendo sincero, no podía importarme menos. Eran completos desconocido para mí. Al menos con mamá, papá y el tío Kouji tenía una conexión. Quizá no habría podido vivir en esta vida si ellos no hubieran estado allí apoyándome en cada paso. Incluso cuando no tenían ni idea de que cargaban con un alma reencarnada que muchas veces pensó en morir para volver a "estar en paz".
Dejando todo el drama familiar de lado, Yugi insistió en que debería invitar a Judai a la cena. No hizo mención a Haou, supongo asumiendo correctamente que al Rey Supremo no le interesaba acudir a reuniones como esa.
Así pues, el sábado me vestí con mi mejor traje, y Judai se puso lo más presentable que pudo para asistir a la cena, su cabello era imposible de domar: sin importar lo que hiciera siempre terminaba tan esponjoso como un Kuriboh —pero, eh, de entre todos los protagonistas "Yu" a él le tocó la mejor suerte en lo que respecta a la cabellera—. Yugi insistió mucho en que había una sorpresa para nosotros, así que Judai no paraba de dar saltitos con entusiasmo. La actitud infantil de Judai siempre sacaba una sonrisa a mis padres, quienes a estas alturas ya lo habían aceptado como sobrino honorario.
Eran sobre las seis de la tarde cuando la tía Megumi nos recibió en la puerta de la residencia Muto. Como era una visita formal, entramos por la puerta de la parte residencial del edificio en lugar de por la puerta.
—Es un placer conocerte finalmente —dijo la tía Megumi a mi madre con sinceridad.
—El placer es mío —respondió mi madre sonriendo. Si hubo tención allí no la noté—. Espero que mi Kenichi no sea una molestia cada vez que viene por aquí.
Me sonroje ante eso. Siempre cuenta con tus padres para avergonzarte en las reuniones familiares.
—Oh, no te preocupes. De hecho, debo agradecerle. El suegro estuvo algo apagado desde que Yugi se marchó a la universidad. Sus visitas le han devuelto la chispa a su vida. Por supuesto, el entusiasmo del pequeño Judai ayuda —agregó sonriéndole a Judai, quien de pronto se mostró tan tímido como la primera vez que visitó la casa del abuelo.
Pasamos a la sala de estar. El abuelo estaba allí, al igual que Yugi, quien le servía una bebida a él y alguien que no esperaba ver esa noche, tomando en cuenta que asumí se trataba de una cena familiar.
—Ah, deben ser los padres del pequeño Kenichi —saludó Pegasus poniéndose de pie—. Es un placer conocerlos. Tuve la ocasión de ver el duelo de su hijo de primera mano en mi torneo de Halloween. Un maravilloso espectáculo.
—El placer es nuestro, Sr. Crawford —dijo mi padre tratando de superar su sorpresa de ver en persona a quien posiblemente era el hombre más rico del mundo, gracias a ser el creador del Duelo de Monstruos, el juego que en una década consiguió convertirse en la mayor fuente de economía del mundo—. Soy Kensuke Satou, y ella es mi esposa, Miyuki.
—Es un placer conocerlo, Sr. Crawford —agregó mi madre.
—Oh, no hay necesidad de ser tan formales. Esto no es una reunión de negocios. Pueden llamarme Pegasus.
—Por favor, tomen asiento —intervino Yugi salvando a mis padres—. Puedo ofrecerles una bebida mientras esperamos a que la cena se sirva.
Su mirada se desvió hacia mí y Judai.
—Bien, niños, mientras los adultos nos ocupamos de la charla aburrida, ¿por qué no van a la tienda? Estoy seguro que Edo y Johan apreciaran tener un poco más de compañía.
Esto sin duda llamó mi atención. Podía entender que Edo estuviera allí, es decir, hasta donde sabía su situación familiar no estaba resuelta y seguía bajo la protección de Pegasus. La presencia de Johan en la casa Muto por otro lado me tomó completamente por sorpresa. Es decir, debería estar en un orfanato en Noruega.
Acompañamos a Yugi hasta la tienda. Efectivamente, allí estaban Edo y Johan en medio de un duelo. Para tener sólo ocho y siete años respectivamente, ambos se batían en duelo con una pasión y entusiasmo que incluso superaba a muchos adultos. Johan en especial parecía realmente radiante y daba una buena batalla con sus Bestias de Cristal. Edo, usando un mazo de Héroes Elementales, no se quedaba atrás.
—¡Judai, Kenichi! —nos saludó Johan con entusiasmo agitando su mano en cuanto el duelo terminó.
Edo se giró levemente. Sentí un escalofrío cuando vi sus ojos azules. Estaban apagados, casi sin brillo, era como mirar a los ojos de un fantasma. Un niño no debería tener esa mirada.
—Diviértanse, les avisaré cuando sea hora de cenar —se despidió Yugi antes de volver a los "asuntos aburridos de adultos".
Judai ya se había acercado a Johan y estaba conversando alegremente con él. Para haberse visto sólo durante unas pocas horas hace meses, se comportaban como si hubieran sido amigos toda la vida. (Yubel sin duda no era feliz con este hecho.) Uno podía entender porque los shippeaban tanto. No es qué fuera muy difícil shippear personajes de Yu-Gi-Oh! en primer lugar. Sentí escalofríos por toda la espalda al recordar ese detalle. Si ahora estaba en este mundo… No, mejor no pensar en eso por mi salud mental.
—Mucho gusto, soy Kenichi Satou —decidí presentarme ante Edo para dejar de pensar en cosas "turbias".
Edo dudó un momento antes de darme la mano. Su apretón se sentía inestable, algo que chocaba demasiado con el personaje seguro y algo presumido que recordaba del anime. Por supuesto, de nuevo, este Edo era un niño de siete años a quien la vida no estaba tratando bien. Al menos quizás esta vez podría evitarse que fuera dominado por los deseos de venganza, los cuales lo llevaron a ser una más de las marionetas de la Luz, incluso si realmente nunca tuvo control sobre él.
—Soy Edo Phoenix —dijo con voz queda y en inglés, luego rectificó y volvió a presentarse en un japonés con un acento americano muy marcado.
—No hay problema, puedes hablar en inglés si te hace sentir mejor —respondí yo mismo en inglés—. De hecho, me ayudarías a practicar el idioma. A menos que también quieras practicar tu japonés —agregué.
Edo me miró profundizando su ceño fruncido.
—Tu inglés es raro —dijo.
—¿Raro? —En esta vida no había tenido tiempo de usar el que en realidad fue mi segundo idioma, así que no sería tan extraño que sonara un poco mal tras años sin hablarlo. De hecho, en mi vida pasada mucho del dominio que adquirí de él venía de haber trabajado en un call center durante mis días de universidad (además de leer los textos en los videojuegos viejos que siempre llegaban en inglés a mi país, y las propias cartas de Yu-Gi-Oh!). En mi vida profesional realmente lo ocupé muy poco.
—Sí, no suena como ¿japonés? —respondió, refiriéndose al parecer a que mi inglés no parecía tener acento japonés—. Es más como el de la señora Miriam. Ella limpiaba en casa.
Debo decir que eso me sorprendió un poco. Luego de años hablando exclusivamente en japonés, no pensé que todavía quedara algún rastro del acento de mi lengua materna en mi inglés. Lo cual tiene lógica: esa era mi forma de hablar en inglés desde que lo aprendí.
—Edo, este es mi amigo Judai —nos interrumpió Johan—. ¡Juega un mazo de héroes como tú! De hecho, en el torneo de tu padre casi estuvo a punto de ganarme.
Edo se estremeció un poco, y luego miró a Judai con el mismo ceño fruncido con el que me vio a mí.
Mi mente por su lado estaba en otra cosa. ¿El torneo de su padre? Nunca conocimos al señor Phoenix… Y entonces lo entendí: Pegasus mencionó la posibilidad de adquirir la custodia completa. Si ese fue el caso, ¿había adoptado a Edo legalmente?
—¿También juegas Héroes? —preguntó Judai con entusiasmo—. ¿Cuál es tú favorito? Me gusta mucho "Héroe Elemental de la Llama Wingman". Diría que es mi carta favorita, pero entonces Yubel se pone celosa.
—Técnicamente acabas de decirlo —murmuré viendo como un furioso espíritu aparecía detrás de Judai. Aunque no estaba furioso con él en sí, sino con la pequeña bola de pelos alada que parecía estarse burlando de ella por sus celos tan obvios
Johan dio un respingo nervioso al sentir a Yubel, aunque no se aterró tanto como la primera vez que la vio en el Reino de los Duelistas. Para su suerte, Yubel estaba muy ocupada amenazando a Kuriboh Alado con la mirada como para intentar asustarlo de nuevo.
Yubel tendía a ser celosa especialmente cerca de Johan. Incluso más de lo que era conmigo, supongo que el hecho de que había jurado lealtad a sus protegidos era la razón por la que me toleraba más.
—¿Yubel? —preguntó Edo con un tono distante.
Judai asintió y le mostró la carta.
—Papá la ganó en un concurso hace un par de años. Me la dio a mí y desde entonces es mi mejor amiga.
Edo extendió los dedos en dirección a la carta. Yubel se olvidó de Kuriboh Alado y le dedicó una mirada indescifrable al niño. Edo claramente no podía ver a los espíritus, pero debió sentir algo, puesto que se estremeció y luego apartó la mano rápidamente como si se hubiera quemado, incluso cuando no llegó ni a rozar la carta.
Recordé que Yubel mencionó que el padre de Edo fue quien hizo su carta. Al ser una carta única, y si Edo sabía eso último, puedo entender que para él estar tan cerca de ella debía ser doloroso. Un recuerdo de su padre que no podía tener. Separar a Judai de Yubel era imposible. Al menos si queríamos ahorrarnos todo el dolor que la temporada tres de GX llevó a la Academia de Duelos y a sus habitantes. Eso, y evitar la ira asesina de Haou si su amada Yubel se iba de su lado.
—Lucha conmigo —dijo Edo de pronto. Su voz era seria y dura. Podía sentir la intensidad con la que veía a Judai, como si fuera un enemigo al que debía derrotar a como diera lugar.
Yubel frunció el ceño. Judai simplemente sonrió de la forma más amplia y brillante que pudo y asintió.
—Por supuesto.
Edo tomó sus cartas y las barajó rápidamente. Judai hizo lo propio, ocupando el lugar de Johan en la mesa; mientras, Johan y yo nos sentamos en los otros dos extremos para mirar el duelo.
Edo comenzó con la fusión de Avian y Burstinatrix para crear al "Héroe Elemental Phoenix Enforcer", lo cual entusiasmó mucho a Judai. El saber que podía usar a los mismos héroes para crear nuevas fusiones siempre lo había emocionarlo mucho, especialmente cuando era un héroe que no conocía. Por supuesto, técnicamente Judai debía de saber sobre esta fusión, tomando en cuenta que tenía acceso a la "base de datos" completa de cartas que Haou tomó de mi mente. Pero allí estaba, sonriendo como niño en dulcería ante la aparición de una carta que al parecer era completamente nueva para él.
Meditando sobre ese detalle, tal vez la explicación para esto sea realmente simple. Es posible que Judai no pueda acceder al conocimiento de esas cartas de forma automática. Haou necesitó meditar en la información obtenida para poder hacer uso de ella. Si es el caso, para Judai tener todo ese conocimiento no sirve de nada si activamente no lo busca en su mente.
El duelo avanzó sorprendentemente parejo. Aunque Edo usaba fusiones diferentes a las de Judai —este mundo tenía más fusiones alternas de los Héroes de las que recuerdo en el otro mundo—, estaba más que claro que para ese punto su nivel era el mismo. Edo todavía no tenía experiencia como duelista profesional y Judai, aunque ya había participado en torneos, se notaba que estaba disfrutando demasiado del duelo como para querer que terminara pronto.
Edo, a diferencia de Judai, no parecía estarse divirtiendo en forma alguna. A cada turno que pasaba, se notaba más frustrado con el punto muerto en el que se encontraban. Era sorprendente que pudiera mantenerse sin cometer errores incluso cuando era claro que a cada momento su frustración y su furia eran mayores.
El rostro de Yubel era indescifrable. Mantenía la mirada fija en el campo sin apartar su atención de las cartas.
El ambiente comenzó a viciarse tanto que incluso Johan, quien era tan entusiasta de los duelos como Judai, se fue quedando cada vez más callado y melancólico. Un maullido triste se escuchó en su dirección. Alcé la mirada y pude ver al espíritu de Rubí mirando el duelo desde el regazo de su Maestro. Estaba muy triste.
Kuriboh Alado, flotando detrás de Judai, también parecía afligido.
Judai finalmente notó la atmosfera cada vez más cargada. Su sonrisa alegre se apagó y, para no alargar eso mucho más, realizó un combo final que terminó el duelo en un empate.
Edo golpeó la mesa, maldiciendo en inglés.
La habitación quedó sumida en un silencio triste.
Edo tenía la cabeza sobre la mesa, mientras todo su cuerpo temblaba, siendo sus sollozos ahogados el único sonido audible en la habitación.
Sintiéndome cada vez peor, hice lo único que podía haber hecho en esos momentos: me levanté, caminé hacia Edo y lo atraje en un abrazo. Era un niño destrozado y yo, incluso con un cuerpo de ocho años, era el adulto allí.
—¿Por qué? —murmuró en inglés—. ¿Por qué se fue y no me dejó nada?
No había forma de responder esas preguntas. Por lo poco que sabía de Edward Phoenix, fue un hombre que puso su amor en cada carta que creó. Pero, al ser sólo un empleado, esas cartas siempre tenían que ser entregadas a alguien más. Edo no tenía ninguna de esas cartas que su padre tanto amó. Incluso los Héroes del Destino estaban fuera de su alcance, sometidos a una especie de cuarentena para descartar cualquier influencia negativa de la Luz en ellas.
Estar tan cerca de una y no poder siquiera tocarla fue la forma perfecta de reabrir las heridas todavía frescas de la muerte de su padre.
Edo se tranquilizó poco a poco. Judai se levantó de la mesa y fue hacia la parte de atrás del mostrador. Allí abrió una gaveta en donde el abuelo guardaba, entre otras cosas, un botiquín de primeros auxilios y una caja de pañuelos por si se necesitaban. Tomó algunos de estos último y se los dio a Edo para que secara los restos de las lágrimas.
Johan estaba muy silencioso, con Rubí todavía en su regazo. Pasaba su mano por el pelaje del carbunclo en un gesto distraído, en parte para tranquilizarse a sí mismo, deduje. Una muestra del poder que tenían las Bestias de Cristal, pues eran capaces de volverse tangibles por breves periodos de tiempo en el mundo humano usando su propia Energía de Duelo, sin consumir la de su compañero humano.
Luego de otro par de minutos, Johan y Judai comenzaron a conversar en voz baja, mientras que yo me aparte de Edo una vez que me quedó claro estaba más recuperado.
Edo permaneció un momento con la mirada baja, mientras estrujaba los restos del pañuelo desechable en sus manos. De pronto alzó la mirada y miró a Judai con la misma intensidad de antes.
Judai se dio cuenta, dejó lo que sea que estuviera hablando con Johan y le devolvió la mirada. Esta vez no había ninguna sonrisa en su rostro. Su mirada era seria, de una forma que sólo había visto en Haou, aunque libre de esa sensación que siempre he definido como "el abismo devolviéndote la mirada".
—¿Cuidas bien de Yubel? —preguntó Edo con tono serio.
Judai asintió con la cabeza, antes de responder con el mismo tono:
—Por supuesto. Es mi amiga, nunca dejaría que le pasara nada.
Edo asintió. Quizá no entendía del todo lo que quería decir Judai con respecto a que Yubel era su amiga, pero aceptó las palabras de Judai como la verdad.
—Bien, porque si no lo haces, entonces vendré y voy a recuperarla.
Yubel parecía más que lista para destrozar a Edo. Yo hice lo mejor que se me ocurrió: me levanté para atraer su atención, la miré seriamente y negué con la cabeza. Lo peor que Yubel podía hacer ahora era atacar a un niño que ya estaba pasando por mucho. Me miró con odio, pero al final aceptó no hacer nada… al menos por ahora.
Sin dejar de mirarme con odio, el espíritu colocó sus manos sobre los hombros de Judai en una actitud protectora.
—No dejaré que nada le pase a Yubel —repitió Judai sin dejar de mirar a Edo con esa mirada tan seria que provocaba escalofríos—. La protegeré con mi vida.
Yubel torció los labios, al parecer lista para argumentar que ese era su trabajo y no a la inversa. Antes de que pudiera decir cualquier cosa, Judai tomó su mano derecha y la apretó un poco.
Edo asintió, sostuvo la mirada de Judai un poco más y luego volvió a desviarla hacia sus manos.
Luego de eso, la pesadez del ambiente comenzó a disiparse.
Johan soltó un leve suspiro y Rubí finalmente desapareció.
Unos diez minutos más tarde, la puerta de la trastienda se abrió.
—Es hora de cenar —dijo Yugi. Su actitud alegre se apagó un poco al notar el ambiente, y el hecho de que Yubel permanecía detrás de Judai con actitud protectora—. ¿Pasó algo?
Judai abrió la boca, pero Edo se adelantó:
—No es nada, Sr. Muto. Sólo un malentendido. Ya lo solucionamos.
Yugi lo miró un momento, y finalmente asintió.
Antes de ir al comedor, pasamos por el baño de los clientes para lavarnos las manos y, en el caso de Edo, lavarse la cara.
Judai y Johan retomaron su conversación, y Yubel finalmente desapareció de la vista. Aunque su presencia todavía se notaba, lo que dejó claro que no estaba en su carta sino observando todo lo que pasaba desde algún lugar cercano. Yubel al ser uno de los espíritus más poderosos, tiene una peculiaridad que otros espíritus no parecen compartir: ella es capaz de decidir si dejar que las vieras o no, sin importar que tan poderoso seas o que tan conectado estuvieras con el mundo de los espíritus.
[1] "De la Ignorancia a la Sabiduría, de la Luz a la Oscuridad".
