La escandalosa Lady
Capítulo 14
Londres se sorprendió al oír hablar del alejamiento entre el Lord escocés y su Lady. El Lord se ha retirado al continente, y la Lady ya no vive en Mount Street. Hay un dicho, al que más de una novia y un novio deberían prestar atención: Quién rápido se casa, pronto se arrepiente.
Publicado en una gaceta de sociedad.
Enero, 1878
Naruto había llamado a Hinata valiente en la terraza, pero Hinata vio quien era realmente valiente cuando observaba a Naruto durante el viaje a Londres. Salieron un día después de dar a Mirabelle un funeral apropiado, una triste tumba en el cementerio empapado por la lluvia.
Yodo se había encaprichado con Naruto y apenas permitía que nadie más la tocara. Permitía a Hinata que la abrazara, asociando en su diminuto cerebro que Hinata iba con Naruto. Pero también dejó claro que prefería a Naruto.
Él permitía complacido que Yodo se sentara en su regazo, jugara con su reloj de bolsillo, saltara sobre sus rodillas, le tirara del pelo, y se apoderara de su nariz. Hinata nunca había pensado que a Naruto se le dieran bien los niños, cuando se enteró de que estaba embarazada, había estado secretamente preocupada de que Naruto no se interesara por el bebé cuando naciera.
Ahora, mientras le observaba desde su asiento en el compartimiento, pensó divertida que quizás se le dieran incluso mejor que a ella. Le dio la leche en su propia taza, le permitió desmigar el pan en el vino de la cena.
—¡Todo tiene un límite!—, dijo Naruto mientras le entregaba la niña sucia a Natsu, para que le cambiara el pañal. La doncella se había suavizado bastante después de observar a Naruto con Yodo, y había empezado a dedicarle sonrisas indulgentes.
Mientras el tren continuaba rodando, Naruto se durmió apoyado contra la pared del compartimiento, con Yodo dormida en sus brazos. Ver a su marido, vestido con un kilt, con el bebé sobre su pecho, hizo que el corazón de Hinata se caldeara.
Cuando llegaron a Londres a la mañana siguiente, Naruto indicó a su cochero que les llevara a casa de Hinata. Ella fue muy consciente de las miradas de sus vecinos mientras bajaba del coche en el norte de Audley Street, seguida por su marido con un bebé.
Sintió como se levantaban todas las cortinas. Naruto estaba en lo cierto: los cotilleos serían implacables. Su personal de la casa había estado a la altura de las circunstancias. Morton advertido por un telegrama de Bee, había acondicionado la habitación de Konohamaru como habitación infantil.
También se había tomado la libertad de ponerse en contacto con su sobrina, una niñera que buscaba empleo. Morton había dispuesto que la señorita Westlock fuera entrevistada por la tarde, si a milady le parecía bien, lo que así fue.
—Por eso siempre dije que te quedaste con mis mejores sirvientes—, dijo Naruto. —Morton es un dios entre los mayordomos.
—Me esfuerzo por hacerlo lo mejor posible, milord—, dijo Morton con frialdad.
—Sé que lo haces, Morton, pero soy consciente de a quien preferirías si tuvieras que elegir entre mi esposa y yo. Dile a Bee que me prepare un té, sé un buen muchacho.
A Hinata le gustó la señorita Westlock cuando la conoció, estaba segura de que sería así estando recomendada por Morton, y la contrató en el acto.
Era una sensata mujer de treinta y cinco años, Miss Westlock había dado por sentado que no iba a ser rechazada y trajo su equipaje con ella. Rápidamente se instaló en la habitación de arriba, junto al cuarto de la niña y asumió sus funciones.
Hinata planeaba pasar el resto de la jornada desempaquetando y yendo de compras. Había un montón de cosas que comprar; muebles, un cochecito de bebé, pañales, ropita, juguetes. Naruto decidió acercarse a su casa con Bee para ver cómo avanzaban las reparaciones. Tuvo que llevarse a la señorita Westlock y a Yodo con él cuando la niña dejó claro que no pensaba perderle de vista.
Hinata miró divertida, aunque con cierta tristeza, como Naruto subía a su coche con Yodo en brazos, seguido por la señorita Westlock que llevaba una gran bolsa con todo lo que podrían necesitar.
Hinata y Naruto no se habían separado desde que salieron de Londres, le parecía extraño caminar por la casa sin tropezar con él. He vivido tres años y medio sin él, se recordó. Tres años y medio. Y, sin embargo, una tarde sin Naruto, y ya la casa parecía vacía. Decidió que el mejor recurso era mantenerse ocupada, por lo que ordenó a su cochero que la llevara a Regent Street.
Hinata descubrió que le gustaba ir de compras para la niña. Ella examinó la mercancía en tantas tiendas que Natsu comenzó a gruñir sobre las desgastadas suelas de sus zapatos. Hinata la hizo callar y apiló en los brazos de la mujer libros ilustrados, bloques de construcción, un servicio de té diminuto, y una muñeca casi de la mitad del tamaño de la doncella.
Los conocidos que encontró la miraron con evidente curiosidad y ella les dijo que estaba planeando adoptar un niño. Lo sabrían, tarde o temprano, razonó. Además, no tenía la intención de mantener en secreto la existencia de Yodo. Cuando volvió a casa, los lacayos se quejaron tanto como Natsu, mientras transportaban caja tras caja.
Hinata encontró una carta de Sakura Douglas esperando en la mesa del vestíbulo. Naruto aún no había regresado, y se apresuró a ir a su habitación para leerla. Leyó la nota dos veces y la besó.
—¡Dios te bendiga, Sakura, vieja amiga!— dijo, y guardó la carta en su pecho.
Cuando Naruto volvió a casa con una Yodo dormida en sus brazos, se encontró con Hinata en la habitación de los niños. La señorita Westlock tenía que solucionar algunos asuntos, por lo que fue Naruto quien llevó a Yodo a la cama.
Hinata estaba en la ventana de la habitación de los niños, la mirada fija en la tarde que caía, acariciando el pelo rubio de una enorme muñeca que estaba sentada en el asiento junto a ella. Naruto acostó a Yodo en su cuna, la tapó con una manta y se acercó a Hinata.
Hinata no se volvió. Un debilitado rayo de sol de la tarde, le tocó la cara, y el dolor que vio allí le rompió el corazón. Naruto le tocó el hombro.
—Hinata—. Hinata se volvió hacia él, con los ojos húmedos de lágrimas. Abrió la boca como si quisiera justificar su llanto, pero las palabras se quedaron atragantadas. Naruto abrió los brazos, y Hinata se perdió en ellos.
Los recuerdos inundaron de nuevo a Naruto cuando la abrazó contra él. No recuerdes. No dejes que te hagan daño. Pero los recuerdos no tenían piedad. Tan claro como si hubiera sido ayer, se vio llegando a la habitación de Hinata en la casa de Mount Street después de que hubiera abortado a su hijo.
Naruto iba tambaleándose borracho, a pesar de los esfuerzos de Menma para mantenerle sobrio. En el tren de Dover a Londres, Naruto había mantenido una botella de whisky en su boca, en un intento de ahogar el horrible dolor que desgarraba sus entrañas. Nunca había sentido nada igual, ni siquiera cuando su madre murió años antes.
Nunca había estado cerca de su madre, apenas la había conocido. Su padre les había mantenido, a todos los hermanos alejados de la frágil duquesa, los celos del viejo duque llegaban incluso a sus hijos. La duquesa había muerto a causa de que esos celos obsesivos.
La pena por su madre no fue nada comparada con la que había sentido cuando Menma finalmente consiguió meter en su cabeza que Hinata había perdido a su hijo y estaba en peligro de morir ella misma. El whisky de malta no disminuyó la culpa de Naruto ni el dolor ni una milésima, pero continuó bebiendo, intentándolo con desesperación.
Cuando llegó a la casa y logró subir las escaleras hasta el dormitorio de Hinata. Recordó encontrarla recostada en un diván delante de la chimenea. Su oscuro pelo estaba suelto, su cara intensamente pálida. Le miró con ojos enrojecidos, cuando Naruto se tambaleó. Logró llegar al diván y cayó de rodillas, hundiendo la cabeza en su regazo.
—Lo siento—. Graznó. —Lo siento mucho.
Había esperado sentirse mejor en cualquier momento. En cualquier momento, ella acariciaría su cabello y le susurraría que todo estaba bien. Que ella le perdonaba. Pero ese toque nunca llegó.
Naruto se había dado cuenta, en las sombrías semanas que siguieron, de lo terriblemente egoísta y despiadadamente bastardo, que había sido. Se vio sorprendido y dolido cuando Hinata no le había acariciado para aliviar su dolor.
Buscó sus ojos, encontrando una mirada brillante en un rostro tan blanco que parecía tallado en mármol. Naruto había tratado de abrazarla, pero estaba tan borracho, que cayó a cuatro patas y vomitó en la alfombra en su lugar.
Menma, que rara vez mostraba emoción de ningún tipo, había arrastrado a Naruto, fuera de la habitación, frunciendo el ceño con furia. Bee le había limpiado, mientras que Menma le miraba furioso.
—Hinata lloraba por ti—, dijo. —Así que fui a buscarte. No sé por qué te quiere. Estás borracho todo el tiempo—. Naruto no tenía idea del por qué tampoco.
Cuando se sintió mejor, Naruto buscó a Hinata, sabiendo que tenía que pedir disculpas por partida doble. La había encontrado en la habitación infantil, con la mano en la cuna tallada que habían elegido juntos cuando se enteraron de que estaba embarazada. Naruto se le acercó por detrás y deslizó sus brazos alrededor de ella, apoyando la mejilla en su hombro.
—No puedo decirte cuánto lo siento—, dijo. —Lo que ha pasado, el no haber estado aquí, el haber llegado borracho. Creo que me moriré si no me perdonas.
—Me imagino que acabaré perdonándote —, contestó Hinata, acariciando con un dedo la madera pulida de la cuna. —Suelo hacerlo.
La tensión que le invadía disminuyó, relajó los hombros y enterró su rostro en el cabello fragante de su esposa.
—Podemos intentarlo de nuevo. Podemos intentar tener otro bebé.
—Era un niño.
—Lo sé. Menma me lo dijo—. La besó en la curva del cuello, cerrando los ojos para contener las dolorosas lágrimas. —Tal vez la próxima vez será un niño también.
—Todavía no—. La respuesta de Hinata fue tan poco audible que casi no la oyó.
Naruto creyó entenderla. Necesitaba tiempo para sanar. Naruto conocía a las mujeres y sus dolencias a través de sus modelos, sabía que no podían posar totalmente desnudas cuando tenían la regla, y que a veces no podían trabajar durante semanas después de dar a luz o haber tenido un aborto involuntario.
Les molestaba no trabajar, porque necesitaban el dinero. Algunas llevaban a sus bebés con ellas al estudio, porque no podían permitirse el lujo de contratar a alguien que los cuidara, y las modelos con frecuencia, no tenían ni maridos, ni amantes fieles. A Naruto nunca le importó, le gustaban los niños.
—Cuando estés preparada, avísame, —le dijo Naruto a Hinata, acariciando su mejilla. —Dímelo, y empezaremos de nuevo.
Hinata se apartó de él, con sus ojos perlas llameando en su blanco rostro.
—¿Es tan fácil para ti? Este niño no llegó a nacer, pero no importa, ¿simplemente vamos a tratar de tener otro?
Naruto parpadeó ante su repentina furia.
—Eso no es lo que quise decir.
—¿Por qué te molestaste en regresar de París, Naruto? Serías más feliz allí con tus amigos, tratando de ver cuánto se puede beber antes de que no puedas caminar.
Naruto dio un paso atrás, enfadado, sobre todo porque ella se acercaba bastante a la verdad.
—No estoy borracho ahora.
—No estás tan borracho como cuando llegaste a casa para consolarme y vomitaste en mi alfombra.
—Eso fue un accidente desafortunado.
Hinata apretó los puños.
—¡Maldita sea!, ¿por qué regresaste?
—Menma dijo que me necesitabas.
—Menma dijo... Menma dijo... ¿Es esa la razón por la que volviste a casa? ¿No fue porque querías estar conmigo? ¿No por lo que había ocurrido?
—¡Maldita sea, Hinata!, deja de tergiversar mis palabras. ¿Crees que no siento nada? ¿Crees que no siento cómo se me ha roto el corazón? ¿Por qué crees que bebo? Estoy tratando de aliviar el dolor, y no lo logro.
—Pobrecito, mi pobre incomprendido.
Si le hubiera abofeteado, no le habría escocido tanto.
—¿Qué es lo que te pasa? —, preguntó. —Nunca te he visto así.
—El asunto es que perdimos a nuestro hijo—, casi gritó Hinata. —Pero no regresaste a casa para consolarme, Naruto. Viniste para que yo te consolara a ti—. Naruto se quedó con la boca abierta.
—Por supuesto que quiero consolarte. Debemos consolarnos mutuamente.
—No me queda consuelo alguno. No me queda nada. Me he quedado vacía, y tú no estabas aquí. ¡Maldito seas!, ¡te necesitaba, y no estabas aquí! — Ella se apartó, con el brazo sobre su vientre, la mortecina luz hacía refulgir su pelo.
—Lo sé—, dijo Naruto, desgarrado. —Lo sé. Pero cariño, fue tan inesperado. El embarazo iba bien, no podíamos prever que esto iba a suceder.
—Podrías haberlo sabido si hubieras estado en ese baile conmigo. Si hubieras estado en Londres. Si no hubieras desaparecido semanas atrás, sin molestarte en decirme dónde ibas.
—¿Quieres mantenerme atado con una correa ahora? — La ira de Naruto, alimentada por el dolor, estalló en su interior. —¿Sabes por qué me fui?, discutíamos casi constantemente. Necesitabas descansar de mí.
—Y decidiste irte..., en medio de la noche, sin decir ni una palabra. Tal vez lo que necesitaba era que te quedaras. Tal vez prefiera pelear contigo que estar en una casa vacía contigo a cientos de millas de distancia. ¿Alguna vez te lo has preguntado? No, sólo desaparecías y tratabas de compensarlo con regalos tontos cuando decidías volver a casa.
¡Dios mío!, le enloquecía más que ninguna mujer de todas las que había conocido. No, más que cualquier otra persona que hubiera conocido jamás, hombre o mujer, sin lugar a dudas.
—Hinata, mi padre mató a su propia esposa. Apretó su cuello hasta ahogarla. ¿Por qué? Debido a que estaban siempre discutiendo, él estaba borracho, y no pudo controlar su ira. ¿Crees que quiero que eso suceda? ¿Crees que quiero salir de un estado de estupor un día para ver que te he hecho daño?
Hinata le miró fijamente en estado de shock.
—¿De qué estás hablando? Nunca me has golpeado.
—¡Porque siempre me he ido antes de que pudiera suceder!
—¡Dios mío, Naruto, ¿estás diciendo que te vas porque si te quedaras me pegarías?
—¡No!— Naruto nunca imaginó hacer una cosa así, pero siempre estuvo aterrorizado de haber heredado el carácter de su padre. El anciano había enviado a un psiquiátrico a Menma por ser el único testigo de la muerte de su madre, y había azotado a Naruto por su necesidad de pintar.
—Por supuesto que no quiero golpearte Hinata—, dijo. —Nunca lo haría.
—Entonces, ¿por qué?
Su exasperación volvió.
—¿Tiene un hombre que explicar todas sus ideas a su esposa?
—Si está casado conmigo, sí.
Naruto de repente, sintió ganas de reír.
—Oh, mi pequeña debutante, ¡menudas garras tienes!
—No quiero hablar de garras, gracias. Tampoco quiero que me tomes el pelo o que tomes decisiones por mi propio bien. Quiero un matrimonio normal. ¿Es eso mucho pedir?
—¿Te refieres a un matrimonio en el que me pase todo el día en mi club y suelte un gruñido detrás de mi periódico en la cena? En el que estaría obligado a tener una amante para satisfacer mis deseos, ya que tú no tendrías ningún interés en los placeres más bajos de la vida. Te pasarías el día comprando cosas inútiles y estaría aliviado de que no me pisotearas—. Se había quedado sin aliento, esperaba ver su sonrisa ante tan ridícula escena, pero ella sólo le miró furiosa.
—Ese es tu habitual punto de vista: todo o nada. En tu opinión, o tenemos un matrimonio salvaje y escandaloso, o me ignoras completamente. ¿Alguna vez has pensado en algo intermedio?
—No, porque siempre es así—.Naruto apretó las manos, tratando de calmarse. —¿Lo ves? Discutimos por todo. O bien hacemos el amor o gritamos hasta derrumbar la casa. Te dejo, porque eso debe ser muy agotador para ti. Si te preocupa que me lie con otras mujeres...
—No me preocupa eso. Menma me lo habría dicho.
—Ah, sí, Menma. Tu protector, mi vigilante. El querido Menma, que siempre está a tu lado.
—Por el amor de Dios, Naruto, no estarás celoso de Menma, ¿verdad? Nunca soñaría en traicionarte.
—Por supuesto que no estoy celoso.
¿O sí? No es que Menma tratara de seducir a Hinata, porque Menma no sabría cómo hacerlo. Su hermano satisfacía sus necesidades con putas, pero sin establecer vínculos emocionales con ninguna mujer. Pero Menma era un buen amigo de Hinata, tal vez mejor amigo de lo que Naruto jamás sería. Eso le irritó.
—Parece que le prefieres a tu lado.
—Porque él si está aquí. Tú nunca estás, excepto cuando te conviene. Y entonces intentas seducirme o mostrarme a tus amigos como una dulce debutante que tiene el suficiente carácter para admitirlos como son. Tú no resultas... cómodo.
—¡Oh Señor!, ¡Líbrame de ser cómodo! Eso suena a los balbuceantes viejos de los clubs, con zapatillas grises de paño. Por eso me voy, querida. Para que vivas cómoda.
—No resultas reconfortante, no en lo más mínimo. No estabas aquí cuando más te necesitaba.
Naruto se percató hacia la mitad de la discusión de que esta vez no le perdonaría tan fácilmente. Hinata no se acercaría, no le sonreiría, ni le diría lo feliz que estaba de verle a pesar de las circunstancias. No le recibiría con los brazos abiertos en su cama, ni oiría su envolvente risa, que le hacía recordar, lo fantástico que era estar junto a su esposa.
Esta vez, su recibimiento fue glacial. Naruto dio un paso atrás, levantando las manos en señal de rendición.
—Me he disculpado, Hinata. Lo siento de verdad. Si hubiera supuesto lo que podría ocurrir, me hubiera quedado a tu lado. Necesitas tiempo para sanar, lo entiendo. Envía a por mí cuando quieras que vuelva.
Giró sobre sus talones y se alejó de ella. Bajó las escaleras, salió de la casa y cogió el primer tren a Escocia. Allí bebió el whisky MacUzumaki hasta ahogarse, esperando un mensaje de Hinata que nunca llegó.
Los recuerdos de Naruto, se extinguieron y volvió al presente. Estaba de pie en la habitación de Yodo, apretando a Hinata contra él, viendo cómo incluso la débil luz del sol hacía brillar los suaves mechones, por encima de la oreja.
—Hinata—, susurró. —Era un bastardo egoísta. ¿Me crees cuando te digo que ahora soy consciente de ello?
Hinata estudió la capa de hollín depositado en el alféizar de la ventana.
—Fue hace mucho tiempo.
—¿Y lo has olvidado todo? Lo dudo, mi amor—. El suspiro de Hinata fue tan suave que casi se le pasa por alto.
—He terminado con esa parte de nuestras vidas. La ira, las recriminaciones, el dolor. No quiero volver a recordarlo.
Naruto besó el cálido hueco detrás de la oreja.
—Yo tampoco quiero recordarlo. Y no quiero que me perdones. ¿Lo entiendes? Nunca me perdones.
—Naruto.
—Escúchame. Cuando te dije que te quería en mi vida otra vez, quiero decir que quiero devolverte todo lo que cogí de ti.
—No cogiste nada de mí—, dijo Hinata.
—¡Bobadas! Te amaba y te adoraba, pero te vaciaba como un hombre sediento bebiendo de una fuente. Me encantaba todo lo que me dabas, admiración, aceptación, amor, perdón... Pero me olvidé de amarte de igual forma.
—¿Y has cambiado?
Se rió ante el escepticismo de su tono.
—Me gustaría pensar que sí. Quiero compensarte por todo lo que te he hecho.
Hinata se giró en sus brazos. Sus ojos estaban húmedos.
—No podemos hablar de eso ahora mismo, Naruto. Por favor
Naruto asintió con la cabeza. Era un idiota, quería que le admirara por haber cambiado, cuando era evidente que tenía otras cosas en su cabeza. ¿Sería ese su castigo? ¿Ver cómo la mujer que adoraba permanecía indiferente a sus esfuerzos para hacer las paces?
—Me ha escrito Sakura—, dijo Hinata. —La carta estaba aquí cuando llegué después de las compras.
A Naruto le importaba un bledo todo, pero Hinata esperaba una respuesta.
—¿Cómo están las cosas?
—Está planeado un encuentro con Hanabi. Después de todos estos años, finalmente podré ver a mi hermana otra vez.
Naruto la abrazó con más fuerza, sabiendo lo importante que era para ella.
—Excelente noticia. ¿Dónde y cuándo se encontrarán?
—Mañana por la tarde en Holland Park. Y no, no estás invitado. Esto es algo que tengo que hacer sola.
Le lanzó una mirada severa, y Naruto sonrió.
—Muy bien, cariño. No me inmiscuiré—. No era exactamente así, pero ella no tenía por qué saber eso.
—Gracias.
Naruto inclinó la cabeza para besarla, pero justo en ese momento se despertó Yodo. Hinata empujó bruscamente a Naruto, cogió la muñeca, y se acercó sonriendo a Yodo, mientras le enseñaba su nuevo juguete.
Hinata llegó al lugar de reunión en Holland Park, antes de la hora acordada. Se paseaba, imaginando todo tipo de razones por las que su hermana no sería capaz de llegar. Tal vez su padre se hubiera enterado del proyecto y encerrado a Hanabi en su dormitorio. Tal vez Hanabi, había cambiado de idea, y seguía enojada por la fuga de Hinata. Pero no, ella confiaba en Sakura.
Era encantadora, si alguien podía lograr ese encuentro era ella, además el hecho de que fuera una de las damas de compañía de la reina, le confería un gran ascendiente con la madre de Hinata. Sakura también era ingeniosa. Si alguien podía organizar una reunión secreta entre Hinata y Hanabi, esa era Sakura Douglas.
Sin embargo, Hinata abría y cerraba las manos mientras caminaba.
¿Qué le diría a Hanabi cuando la viera? ¿Qué ha sido de ti en estos seis años?‖ O ¡Cielos, cuanto has crecido! La última vez que Hinata había hablado con su hermana, Hanabi llevaba coletas y admiraba a Hinata, le preguntaba continuamente sobre la ropa, el pelo, el matrimonio, y los hombres, como si la inocente Hinata, consultara todas las noches el oráculo de los dioses y lo supiera todo.
No había visto a su hermana, desde que se casó con Naruto, sólo la vislumbró una vez, con el corazón destrozado, y vio que se había convertido en una hermosa joven.
Hinata oyó un crujido detrás, y su pulso se aceleró. Salió del estrecho sendero dirigiéndose a una arboleda espesa, vio la ancha espalda de un hombre con el pelo rubio alejándose de ella —Naruto—, dijo con desesperación, entonces el hombre se dio vuelta. No era Naruto.
Hinata se volvió, e intentó alejarse, pero sólo dio dos pasos antes de que el hombre la cogiera por la cintura levantándola. Le tapó la boca con la mano para evitar que gritara.
—Hinata—, dijo, la caliente saliva mojó su oído. —Cariño, nunca vuelvas a dejarme.
Continuará...
