The Loud House es propiedad y creación de Nickelodeon, Chris Savino y Viacom. Calle Dálmatas 101 es propiedad de Disney. Estas series no me pertenecen. Esta historia está hecha con fines de entretenimiento.
Capítulo 11: Verdaderas intenciones
Dentro del edificio de Hunter, la malévola coleccionista de pieles disfrutaba de un té a los pies de las grandes jaulas repletas de dálmatas. Escuchaba algo indiferente el proceso de captura de los perros relatado por su sobrino, quien se veía bastante emocionado al respecto.
"Fue así tía: en primer lugar, Cuddles rastreó la presencia de los dálmatas en la ciudad. Luego, intenté seguirlos por mi cuenta día a día; grababa en mi teléfono todo lo que hacían, a dónde iban, a qué se dedicaban. Incluso llegué a ganar un pase VIP para conocer en persona a las Triple D, que son esas tres pequeñas actrices de allí." Las señala en una de las jaulas, ellas se veían totalmente aterradas. "Fue en ese momento cuando descubrí que tenían parentesco con aquellos dálmatas que intentaste capturar hace años." La mujer hace una mueca de desprecio, recordando su pasado intento fallido. "Otro día, hubo un revuelo en la ciudad por el descubrimiento de una dálmata que podía hacer arte. Al enterarme de la noticia, rápidamente fui al lugar en cuestión y tuve la posibilidad de perseguirla hasta dar con su lugar de residencia. Muy perspicaz de mi parte, ¿no?" Sonríe orgulloso, pero su tía solo rueda los ojos. "El resto fue pan comido. Espié sus movimientos hasta saber el nombre de cada uno de ellos, conocer sus gustos, sus personalidades, y toda la información que te fui enviando." Finaliza con una gran sonrisa.
"No era necesario aprenderse el nombre de todos ellos." Lo regaña con una mirada fría.
"Oh bueno, eso me ayudó a poder diferenciarlos más rápido, y no fue un trabajo muy fácil que digamos." Ríe algo nervioso.
"Sabes Hunter, cuando intenté capturar la primera generación de dálmatas en esos años que mencionaste, todo el trabajo me llevó apenas una semana. Y no un mes como te ha tomado a ti." Le cuenta con calma pero denotando furia en su rostro.
El chico traga un poco de saliva ante lo que respondería. "S-sí, pero…lamentablemente no te funcionó, es decir…con toda la información que fui recolectando, yo sí pude capturar a todos ellos." Juega un poco con sus dedos en señal de nerviosismo.
Nuevamente la mujer lo mira con desdén. Da un trago largo a su té, le entrega la taza vacía en sus manos y se pone de pie observando las jaulas. "Yo no veo a todos ellos aquí."
"Oh bueno, sé que me faltaron unos pocos, pero al menos ya sabemos dónde viven. Si quieres podemos ir ahora mismo y capturarlos." Sonríe con malicia.
"Ya no es necesario." Lo detiene. "De hecho, creo que fue una buena idea dejar unos cuantos libres para que dejen más descendencia y así obtener un cargamento nuevo más adelante."
Los ojos del muchacho se estrellan, maravillado por la perfecta idea de su tía, aunque se preguntaba por qué querría tantos animales en su hogar. La malvada coleccionista abandona la sala, seguida por su fiel sobrino.
Los dálmatas son dejados solos en silencio, aún con sus caras largas y orejas caídas. Dylan había oído la conversación pero no le había prestado demasiada atención. Su pena era mayor a cualquier otra situación que lo rodeaba. Entristecido y con la mirada hacia el piso, sorbe su nariz soltando un pequeño llanto. Su mente todavía se centraba en esos humanos que habían compartido los días con ellos, y no podía creer que los habían traicionado de esa forma. No quería aceptarlo, le costaba muchísimo, pero parecía ser la cruda realidad.
Una pata lo palmea en su lomo. Era su compañero de ciencias y compinche, Dawkins. El can científico se encontraba casi en las mismas condiciones y con los mismos pensamientos. Una mente tan brillante como la de él había sido burlada por el juego de un grupo de humanos que de seguro se habían hecho pasar por sus pares con sus mismos gustos. Él sí había parado su oreja ante las palabras dichas por el rubio, y el hecho de que éste había estudiado sus movimientos por semanas era la prueba suficiente de que los Loud habían sido enviados por él para atraerlos.
Dolly jamás había visto al genio de la familia demostrar sus afectos tan públicamente. Tal vez él no se había dado cuenta pero se encontraba abrazando a su hermano mayor para reconfortarlo. La skater, aunque también confusa y vacilante, no se creía del todo las palabras de Hunter. Desde el momento en que los Loud comenzaron a compartir sus gustos con ellos, había sentido en su interior que eran unas personas amables. De alguna manera tenía que voltear esa teoría inventada y buscar la forma de salir de allí. No podía permitir que se rindieran.
"Hermano, lo que dijo aquel chico es una locura." Se acerca lentamente hacia él.
Sin voltear a verla responde. "Lo sé, todavía no me lo creo."
"No me refiero a eso, sino que no me parece del todo cierto."
Dawkins se une a la conversación. "El hecho de que digas 'del todo' claramente demuestra que una parte de ti piensa que sí es real."
"Bueno, no quiero afirmar algo sino tengo pruebas al 100%, pero mi punto es que yo confío en ellos." Dice con firmeza.
"Dolly, está todo más que claro. Llegaron, se hicieron pasar por nuestros amigos, sacaron toda nuestra información y ahora desaparecieron por completo." El genio explica decepcionado.
La dálmata frota su pata en su cabeza intentando pensar en algo que apoye sus palabras. "Piensen en el tiempo que se tomaron para estar con nosotros, las cosas que hicieron por los pequeños…Delgado estaba muy contento cuando Lana le arregló sus rueditas." Aporta con un ejemplo, pero no ve convicción en ellos. "Da Vinci me contó lo mucho que significó para ella que Leni le dejara plasmar su arte en sus vestidos." Cuenta. Al no obtener respuesta, voltea a ver a sus hermanos menores y hace un gesto pidiendo ayuda.
"Es cierto chicos. Nadie antes se había preocupado tanto por mí y mis rueditas." Exclama sonriente el pequeño.
"¡Luan nos enseñó uno de sus libros de chistes y piensa traducirlo al idioma perruno!" Ladran en coro los Dimitri.
"Incluso la nerd se interesó por tus inventos o lo que sea que haces, Dawkins." Dice algo desinteresada Destiny.
"¿Lo ven? Hasta ellos notaron lo mucho que les importamos." Señala Dolly. "No podemos rendirnos así. Debemos pensar en algo hasta que vengan por nosotros."
"Eso que mencionaste, Destiny, me hizo notar que hasta Lisa entregó su dispositivo de traducción a Hunter para que nos entienda." Eso agarró desprevenido a todos. ¿Cómo era posible que el muchacho supiera exactamente lo que se estaban comunicando?
"Eso tiene que tener otra explicación." La dálmata mayor intenta alejarlo de ese pensamiento. "Por favor, chicos, recuerden que incluso nos dijeron que estarían encantados de volver a visitarnos en otras vacaciones. Si realmente fueran malvados, ¿tendrían esa intención?"
El científico da un largo suspiro. "Dolly…qué tan ingenua puedes ser…"
"No me importa lo que ustedes dos piensen, mis demás hermanos y yo trataremos de encontrar la forma de salir de aquí." Exclama con furia y determinación.
"Lo dudo mucho." Nuevamente, Cruella y Hunter se hacen presentes, ambos con una malévola sonrisa en sus rostros. "Dálmatas, conozcan a su futura dueña." Continúa el joven, extendiendo sus brazos hacia su tía para presentarla.
"Aww, qué bonitos que son." La mujer expresa falsa ternura, intentando acariciar a uno de ellos, que por poco muerde su mano. "Ugh, perro pulgoso." Se pone de pie y echa un vistazo rápido a todas las jaulas. "Bueno, dejémonos de tonterías. Es hora de comenzar con lo planeado: Hunter, toma a aquella pequeña sin manchas." Ordena. El chico voltea a ver a donde su mano indicaba, y ve a Dorothy entre un grupo de cachorros.
A pesar de ser todos de la misma raza, la pequeña era la única que aún no tenía esas distinguidas manchitas que tanto diferencia a los dálmatas de los demás. Mientras que el tiempo de aparición de estas motas se da entre las primeras dos semanas y el mes de vida, Dorothy aún no poseía ninguna en sus tres meses de existencia. Esto no era algo extraño según el perro científico, ya que existió un caso en el que un dálmata no había conseguido sus manchas hasta el año de vida; y como ese había otros ejemplos más.
"Um, de acuerdo." Con dificultad, Hunter logra sacar a la pequeña de la jaula. Como no paraba de moverse, le coloca unas esposas especiales para sus diminutas patas y la sostiene en brazos esperando por órdenes de su tía.
La mujer extrae una llave que tenía escondida bajo su gran tapado y la utiliza en una vieja cerradura ubicada sobre una gran pared. Su sobrino alza una ceja confuso. Nunca había notado esa cerradura allí. Inesperadamente, un panel se abre revelando un compartimiento donde había palancas y botones con luces que titilaban. Sin explicar nada, la coleccionista activa una de esas palancas y una gran compuerta se abre detrás de ellos.
El rubio solo trastabillaba, incapaz de expresar la confusión que tenía. En el tiempo que vivió en ese edificio, jamás supo que detrás de esa pared había una habitación secreta. Y el hecho de que aún había más palancas y botones por presionar significaba que ese lugar era mucho más grande de lo que se imaginaba.
Cruella ingresa al cuarto, enciende las luces y descubre una máquina bastante aterradora. "Han pasado años desde que usé esto por última vez." Desempolva el mecanismo con sus manos. Éste consistía de una cinta de transporte hacia unas cuchillas que luego pasaba a un contenedor que aumentaba su temperatura interior en cuestión de segundos, terminando su recorrido en otros dos contenedores metálicos.
"¿Y eso q-qué es?" Pregunta con curiosidad Hunter, aún con Dorothy en sus manos. Por alguna razón desconocida, aprieta levemente a la pequeña contra su pecho, como si intentara protegerla.
"Aquí es donde obtendré lo que tanto anhelo de esos dálmatas." Señala las cuchillas. "Esas de allí se encargarán de arrancarles la piel en una forma tan eficaz que no se perderá nada de producto." Sigue con su dedo al siguiente sector de la máquina. "Allí dentro, la alta temperatura hará que la piel se endurezca y sea más fácil de producir para mis futuros tapados. Luego, al final verás dos contenedores más, donde se separarán el cuerpo de las hermosas pieles."
Hunter da un paso corto hacia atrás tras escuchar esa atrocidad, ¿entonces su tía abuela quería a los dálmatas para mutilarlos vivos y obtener sus pieles para su negocio? Todo este tiempo había tenido el pensamiento erróneo de que, en realidad, Cruella era una coleccionista de razas caninas, y sus pieles solo una afición, pero no que ella misma las producía.
La mujer voltea a ver a su sobrino, fuerza una sonrisa y señala a la cachorra en sus brazos, para luego indicarle con los ojos lo que tenía que hacer. El joven alza una ceja y gira levemente su cabeza para mirarla de reojo. "¿Qué?"
"Vamos, enciende la máquina y pruébala." Lo invita con la mano nuevamente. Las pupilas de Hunter se encogen ante el pedido, y baja la mirada para observar a la pequeña que intentaba zafarse de su agarre. "Oh, no te preocupes, no será una pérdida ya que no posee ninguna mancha, por lo tanto esa dálmata es inútil."
El chico comienza a generar pensamientos totalmente contrarios a los que había tenido en las últimas semanas respecto a los dálmatas. Contempla a todos los demás, aún enjaulados y tristes, esperando por su cruel movimiento. Todo este tiempo, su intención había sido la de acercarse más a su tía, porque sentía la necesidad de pertenecer a alguien. Siempre había sido un solitario que tendía a ser rechazado, por lo que no dudó en unirse a ella, aun sin saber cuáles eran sus verdaderas intenciones con los cachorros. Y había algo más, algo que admiraba en aquella gran familia canina luego de conocerlos a la perfección; y era la unidad y el amor que se tenían entre todos. Algo de lo que él carecía en su vida.
"Hunter, ¿qué esperas?, arrójala ahora." La mujer comienza a impacientarse. "Recuerda que luego de esta misión te regalaré ese viaje al Caribe que tanto deseas." Al no recibir respuesta, nota que el chico comienza a dudar en su accionar, por lo que se acerca lentamente hacia él para tomar a la pequeña y hacerlo ella misma. Extiende su mano para agarrarla, pero sorpresivamente Hunter se hace a un lado. "¿Qué haces?" Lo intenta de nuevo pero el chico vuelve a esquivarla.
No hubo más tiempo para seguir ya que un estruendoso golpe en la puerta los desconcierta. Súbitamente, ésta sale volando por encima de sus cabezas, revelando del otro lado a dos equinos y dos humanos: eran Perla con su compañero Apollo, y los padres Loud, que habían llegado al rescate de los cachorros. Una alarma se enciende y decenas de hombres salen de sus habitaciones para contraatacar. Rápidamente, los equinos noquean a cada uno de ellos, propinándoles tremendas patadas con sus fuertes cascos. Cruella aprovecha el alboroto para arrebatar a Dorothy de las manos de su sobrino. Sin pensarlo dos veces, enciende la máquina que emite unos sonidos metálicos antes de empezar a reaccionar e impulsar sus engranajes, cobrando vida en unos pocos segundos. Dylan y sus hermanos cubren sus rostros para evitar ver esa escena, pero el joven De Vil baja una palanca que abre todas las jaulas, permitiéndoles la libertad.
En un abrir y cerrar de ojos, la sala se comienza a llenar de dálmatas corriendo por doquier, intentando escapar de ese lugar espeluznante. La ola de cachorros atropella a la coleccionista que pierde el control de la bebé, cayendo en brazos de Lynn Sr. "Descuida pequeña, ya estás a salvo." Le sonríe.
"No pierdan más tiempo y escapen por allí." Señala Hunter con su mano. Había ocurrido todo tan rápido que los dálmatas no sabían si creerle o no, pero no tuvieron opción al ver a sus hermanos menores correr hacia un largo pasillo que los llevaba hacia un portón que conectaba con el callejón detrás del edificio.
Todos emprenden el camino y, antes de retirarse, los Loud reconocen el rostro del joven. "Tú eres-"
"No es momento de explicaciones, ¡solo váyanse!" Les ordena con autoridad, a lo que ellos asienten.
El rubio permanece de pie, observando cómo se levanta la mujer lentamente. Luego de esperar por tanto tiempo tener el respeto de uno de sus familiares más cercanos y exitosos, había decido pasarse de bando, y ayudar a los animales. El por qué era lo que su tía más ansiaba saber.
Con una sonrisa aún malévola, y que no parecía decepcionada por sus acciones, finalmente lo mira a los ojos. "Querido Hunter, acabas de arruinar nuestro plan." Limpia un poco de sangre que tenía en el labio producto de un golpe que le había dado uno de los cachorros accidentalmente. "No te culpo, hubiera sido muy espantoso reproducir esas imágenes en frente de todos los pequeños, ¿verdad?, ¿es eso lo que quisiste evitar?" El chico solo la mira con atención, sabía que no le dejaría pasar por alto lo que había hecho. "Muy bien, quiero que sepas que simplemente ya no te necesitaré." Comienza a retirarse. Esto tomó por sorpresa al rubio, era imposible que se fuera sin aunque sea darle un castigo. "Qué lástima que mi sobrino preferido haya decidido traicionarme de esa forma." Suelta en un tono dramático aunque falso, aún de espaldas. La puerta se cierra, quedando el chico solitario, en una sala donde ahora solo abundaba el silencio.
La coleccionista no era tonta, conocía sobre la naturaleza de Hunter e intentaba aprovecharse de ello, incluso hasta en este momento. Cuando parecía que finalmente conseguiría a alguien que lo respetase por sus acciones, algo en el fondo de su corazón le dijo que esa no era la forma correcta. Y ciertamente era verdad, los pobres animales no tenían la culpa de que su tía abuela sea una coleccionista empedernida y psicópata, capaz de asesinar a una familia tan leal como la de los Dálmata. Quién sabe cuántas otras familias caninas más la mujer había quebrado con el solo hecho de hacer pieles para su negocio y placer. No importaban sus últimas palabras, su necesidad de compañía y amistad no eran más que las vidas de unos seres tan bondadosos.
Repentinamente, una voz lejana rompe el silencio que lo rodeaba. Se gira y ve a los Loud sobre ambos caballos que venían a toda velocidad por el pasillo. "¡Capturaron a los dálmatas!" Exclama el hombre a medida que se acercaban.
Esto provocó que las orejas de Hunter se pararan como si fuera un can más. "¡¿Qué sucedió?!"
"Al salir por ese portón los cachorros fueron encerrados en un contenedor gigante que los esperaba justo al final del pasillo."
"¿Cómo pasó eso?" Ahora entendía porque Cruella no estaba preocupada ni en lo más mínimo. Tenía preparada otra trampa, y le había funcionado perfectamente. "Rayos, iré por la puerta delantera y los sorprenderé por allí, tal vez algo se me ocurra."
"Vamos contigo." Sugiere Rita.
"No, ustedes quédense y llamen a sus hijos, tenemos que recuperar a los dálmatas entre todos." Antes de retirarse les lanza un dispositivo que les permitía rastrearlos. "Ubíquenlos con eso, la última vez que los chequeé aún estaban cerca del descampado donde capturamos a los últimos dálmatas." Acelera el paso y sube las escaleras rápidamente.
Lynn Sr. toma el GPS y comienza a manipularlo en busca de sus queridos hijos. "Con que él fue quien los engañó, e hizo que me sintiera casi a morir." Aprieta su puño.
"Calma querido, no es el momento de recordar eso. ¡Mira!" Una luz verde parpadeaba en la pantalla del aparato. "Allí marca el paradero de nuestros bebés."
Mientras tanto, los niños Loud se encontraban en aquella casa que habían visto a lo lejos. El único lugar habitado en la zona, para ser exactos. Allí vivía una joven solitaria, que prácticamente no tenía contacto con nadie más que con sus queridas mascotas: un perro, un gato y un loro.
"¿Y por qué decidiste alejarte tanto de la civilización?" Pregunta Lisa con curiosidad mientras recibía un vaso de limonada por parte de su hospedadora.
La chica suspira. "Solo me siento cómoda conviviendo con mis queridos amigos aquí." Sostiene en un fuerte abrazo a los tres animales.
"¿Y por qué marcaste este lugar como un estudio contable en el mapa?" Inquiere Lori consultando su celular nuevamente luego de haberlo cargado allí mismo.
"Ah, eso… Lo hice hace un par de meses para recibir visitas y ver si así podía conocer a alguien." Ríe nerviosa.
"Esa no es una forma adecuada para conocer gente, mujer." Reclama la genio luego de darle un sorbo a su bebida.
"Oh, bueno. De todas formas solo recibí diez personas desde que lo puse." Todos la miran asombrados por saber quiénes habían sido. "Y…son ustedes chicos." Luan emite una pequeña carcajada tomando esas palabras como un chiste, pero se calla rápidamente antes de ser regañada por sus hermanos.
"Aww, pobre de ti, si quieres yo puedo ser tu amiga." Se acerca Leni y le ofrece un cálido abrazo.
La chica se avergüenza ante el afecto y suelta una risita. "Oh bueno, podría considerarlo." Mira de reojo a sus compañeros animales, como si les pidiera permiso para recibir la amistad de esas personas desconocidas, a lo que ellos solo ruedan los ojos, dándole a entender que no era necesaria su autorización.
"Am, no quiero parecer una insensible y todo eso pero…¿no vinimos aquí para llamar a papá y mamá, y averiguar el paradero de los dálmatas?" Recalca Lana algo impacientada.
"Ya estoy en eso." Dice la rubia mayor marcando el número de sus padres.
"Ah, lo siento chicos. No quería interferir con su búsqueda." Dice con tristeza la chica solitaria.
"Descuida, no lo estás haciendo, pero ya que Lana tocó el tema nuevamente-"
"¿Conoces a algún secuestrador de animales por la zona?" La modista interrumpe a su hermana genio.
La mujer retrocede del susto y toma a sus mascotas en un asfixiante abrazo. "¡¿Qué?!, ¿hay un secuestrador de animales por aquí?" Tiembla sin parar.
Lincoln corre a su hermana de escena y explica mejor la situación. "Tal vez no estés enterada pero una mujer llamada Cruella anda por la ciudad robando cachorros de dálmatas, solo DÁLMATAS." Resalta la palabra para calmarla. "Y bueno, em…se llevó a los de una familia amiga…" Intenta no revelar mucho sobre la gran familia perruna, ni que ellos estaban tan involucrados. "¿Sabes algo de ella?"
Tras escuchar ese peculiar hecho, la dueña de casa alza una ceja sin soltar a sus compañeros. "La verdad, no. Y tampoco me gustaría saberlo, gracias."
"Oh, ¡hola papá!" La voz de Lori corta la conversación. "S-sí, bueno…es una larga historia, pero-" Del otro lado podían oírse los regaños enfurecidos del señor Loud. "Por favor, solo dime dónde se encuentran ahora mismo. Arreglaremos lo otro cuando todo esto pase." Pasaron un par de intercambios más de palabras hasta que finalmente cortó. La rubia voltea a ver a todos. "Papá y mamá están en la guarida donde tenían secuestrados a los dálmatas, le dije que me envíe la dirección lo más rápido posible así que prepárense para emprender el viaje." Ordena como toda buena hermana mayor.
"¿Sabes si están todos bien?" Pregunta con preocupación la fontanera.
"Seguro que sí, pero tenemos que ir rápido para evitar que algo malo les suceda."
En pocos segundos, los Loud se preparan para abandonar el pequeño hogar de la adolescente. Ella los observa quieta mientras se ponen en marcha, planeando la ida hacia el destino, que por cierto ya tenían luego de que Lynn Sr. la enviara correctamente por celular.
Leni voltea y la ve, llevaba una mirada caída e insegura. "Oye, ¿te gustaría venir con nosotros?" Todos giran sus cabezas ante el ofrecimiento.
La chica de cabellos castaños titubea la respuesta. "N-no…no puedo."
Los Loud alzan sus cejas en señal de sorpresa. "¿Por qué?" Inquiere la rubia de dieciséis años, entristeciendo la mirada.
"Lo siento pero…no puedo dejar a mis mascotas solas aquí."
"¡Pero ellos también pueden venir!" Alienta la amante del lodo. "Yo soy la mejor comunicándome con los animales, y puedo ver claramente las ganas que tienen de ser parte de esta aventura." Le guiña con una sonrisa.
Esto provoca una risita en la chica pero inmediatamente cambia de expresión. "Pero, ¿y si los capturan también?" Los tres ruedan los ojos y se muerden los labios. Sabían exactamente que su tímida dueña evitaba salir de su casa a toda costa.
"No permitiré que eso suceda." Le asegura la gemela de gorra roja, tomándola del brazo.
"Por cierto, ¿cómo te llamas?" Pregunta Leni.
"Brittany." Revela jugando con sus cabellos. "Ya me dirán ustedes sus nombres en el camino." Ríe nerviosa.
"Oh, qué lindo nombre, y veo que hace juego con tu perro." La modista acaricia al can. "¿Cómo se llaman ellos?"
La recién presentada señala al perro nombrándolo como Jeff, a la gata como Kiara y al loro como Klaus. "Me sorprende que hayas notado eso de mi nombre, porque lo dices por su raza, ¿verdad?"
"¡Claro que sí!" Leni expresa alegría con una gran sonrisa. "El Bretón Español es una raza muy bonita." Cumplimenta al can que le responde con una cariñosa lamida en el cachete. Los demás Loud permanecen sorprendidos por el conocimiento de su hermana sobre razas caninas.
No pierden más tiempo y salen a toda prisa hacia su destino, con cuatro acompañantes nuevos. Brittany no podía creer lo que estaba haciendo. Se había decidido a salir de su zona de confort, con unas personas totalmente desconocidas pero que le habían caído bien desde el momento que pisaron su casa. Tal vez será porque eran las primeras personas con las que hablaba en meses, pero se sentía emocionada por lo que viviría en esta nueva aventura.
- o -
Afuera del edificio de Hunter, un helicóptero era enganchado al contenedor gigante en el que se encontraban los dálmatas. Adentro del mismo, los mayores intentaban abrir con golpes y patadas la pequeña compuerta que los había engañado, creyendo que era la salida al callejón. Era sorprendente el detalle de su interior, ya que simulaba perfectamente el exterior de un edificio, con tachos de basura y balcones saliendo de sus paredes repletas de grafitis. Solo un maestro de la pintura podría haber sido capaz de realizar semejante obra para confundirlos de esa forma.
Allí, junto a los hombres que se preparaban para el despegue, Cruella esperaba por los adultos y su sobrino, quienes probablemente saldrían en busca de los cachorros. El gato lampiño, Cuddles, permanecía a su lado, con su cola ondeante y ojos amarillos. "Cuando venga ya sabes qué hacer."
Hunter corría a toda velocidad por los pasillos del edificio, su mente aún en los sucesos recientes. Su tía, alguien a quien admiraba mucho por su exitoso pasar en el negocio de la indumentaria, y quien lo había contactado para una misión importante, terminó siendo una maniática asesina de animales. Su afán por ser alguien útil en su familia lo había enceguecido completamente, no permitiéndole ni siquiera notar la absurda cantidad de perros que le pedía para "cuidar en casa".
Jamás había vivido con ella, por ende, no conocía en qué tipo de hogar residía la mujer. Él asumía que se trataba de una mansión rica con miles de habitaciones y mayordomos, en donde los canes serían tratados como reyes. Desde chico siempre había anhelado tener perros como mascotas, miles de ellos. Por lo que pertenecer a una gran familia de gran renombre en una lujosa mansión le vendría como anillo al dedo para cumplir su sueño.
No mentía cuando decía que era aficionado a los perros. Y es que sentía que simpatizaba mucho con ellos y, además, algo a lo que ni siquiera él sabía darle una respuesta, podía entenderlos. Un poder que probablemente todo dueño de una mascota querría tener. Él lo poseía, y nunca lo había revelado, a nadie. Bueno, solo a una persona, y a una persona equivocada. Pero lo había hecho solo por la razón de que esa misma persona lo había contactado diciéndole que tenía la certeza de que él sería fundamental para esta misión. Es como si Cruella sabía de antemano sobre su secreto, y por eso lo contactó.
Su recorrido al exterior del edificio no le había tomado más que cinco minutos, pero fue el tiempo que usó para pensar en todo esto. Al llegar a donde se encontraba el helicóptero, se esconde para observar el panorama: dos hombres terminaban de reforzar el enganche de la aeronave con el contenedor, otros dos se encontraban en la cabina esperando por la orden de despegue, y Cruella permanecía de espalda junto a su compañero felino, observando el trabajo de sus secuaces. SU compañero felino y SUS secuaces, los de Hunter, no los de Cruella. Porque ella le había regalado todo ese edificio y ese equipo de élite con la condición de que cumpliera con su palabra. Fue estupendo ser el jefe de todo eso mientras duró. Ahora ya estaba perdido.
Sacude su cabeza intentando borrar esos pensamientos. Su misión ahora era salvar a los cachorros, incluso aunque luego éstos lo vieran con odio. Era casi imposible, estaba solo, necesitaba la ayuda de los Loud. Saca su teléfono y contacta a los padres aún dentro del edificio. "Vamos, contesten, contesten…" Repite con nervios apretujando el dispositivo en sus manos.
Adentro, el señor Loud recibe la llamada y ve que es un número desconocido. Algo dubitativo, responde y, sin poder creerlo, oye la voz de Hunter. "¿Cómo rayos conseguiste mi número? ¡¿También hurgaste nuestros números de teléfono?!" Escupe con furia.
El stalker profesional intenta sosegarlo. "Por favor, quiero ayudarlos, cooperen conmigo."
Rita le arranca el teléfono de las manos a su esposo y continúa la conversación. "Solo porque sabemos que nuestros hijos están bien y en camino te escucharemos."
"De acuerdo, necesito que se dirijan a la salida donde fueron atrapados los dálmatas. Ya han colocado la puerta verdadera en su lugar pero está sellada. Díganle a sus compañeros que la golpeen con todas sus fuerzas, estoy seguro que podrán aflojarla." Explica refiriéndose a Perla y Apollo. "Esto causará una distracción y así podré arrebatarle el control remoto a mi tía para liberar a los dálmatas."
"Está bien." Asiente la mujer.
"Pero háganlo de inmediato porque en unos pocos minutos despegarán con todos ellos." Los apura. "Ah, y una cosa más. A un costado del interruptor de la luz verán un pequeño botón rojo, presiónenlo y verán a los padres de los cachorros. Afortunadamente, mi tía nunca los notó."
Ante esto, Lynn y Rita jadean del asombro. Casi que se habían olvidado por completo de sus pares perrunos. Inmediatamente, la señora Loud corre hacia dicho botón y lo presiona, dejándoles contemplar la prisión de vidrio en la que se encontraban Doug y Delilah, ya en condiciones preocupantes.
Al haberse encontrado en un cuarto totalmente blindado, ningún ruido había sido capaz de penetrar las paredes de la habitación, por lo que no se habían enterado de nada de lo que había sucedido recientemente. Los pobres dálmatas llevaban rostros de derrota y devastación. Al sentir el movimiento de su jaula, creían que era su turno de ser lanzados a la máquina de pieles, pero no. Al alzar sus miradas, notan con total sorpresa a sus pares humanos, quienes los contemplan totalmente adoloridos por su estado.
Rápidamente, Lynn recuerda las palabras del rubio y se dirige junto a los equinos a aquel portón de salida, dejando a su esposa allí para tratar de liberar a los canes adultos, a medida que los ponía al tanto de la situación. "Descuiden chicos, sus hijos están todos bien, y ahora mismo vamos en su rescate." Abraza la jaula de vidrio en un intento de demostrarles afecto simbólicamente.
Afuera, Hunter continúa observando a los malhechores, esperando ansiosamente por la señal para dar el siguiente paso. Al ojear el lugar, nota que su compañero Cuddles no se encontraba junto a su tía, como lo estaba hace unos pocos minutos. Se desespera mirando hacia todos lados para divisarlo pero, inesperadamente, recibe un fuerte arañazo en su pierna derecha y una embestida posterior, volteándolo al suelo.
Cruella oye el alboroto y gira para ver lo que pasó. "Oh, querido sobrino, has vuelto." Se acerca hacia él. El chico la mira fijo a los ojos y con dientes apretados, aguantando el dolor de la herida. "Mira muchacho, yo no quiero ponerme en contra tuyo. Eres el único que puede ayudarme a salir adelante con este proyecto."
"¡¿Proyecto de matar animales?!" Exclama casi interrumpiéndola. "Yo no me anoté para hacer eso." Intenta levantarse pero siente unas garras apoyándose en su herida, lo que le provoca un intenso dolor. Voltea a ver a su viejo compañero. "Cuddles, ¿por qué me haces esto?"
Cruella lo toma del mentón y vuelve a traer su mirada hacia ella. "Mira Hunter, esos pequeños no serán sacrificados en este mismo instante, no te preocupes. Estacionarán en esa caja por 6 meses para que sus pieles maduren y así mejore su calidad. En ese tiempo seguro te olvidarás de ellos. Es más, si quieres puedes venir conmigo en la limusina, nos iremos a una de mis fábricas en París." Hace una oferta tentadora. "Allí podrás tener toda la atención que quieras, manejar el negocio, y de paso tomarte unas vacaciones, ¿qué dices?"
El adolescente estalla sin darle tiempo a esbozar una de sus falsas sonrisas. "Esto es todo ilegal, ¡¿cómo puede la gente permitir un negocio de pieles?!, ¡¿no se dan cuenta que hieren a los pobres animales y sus familias?! ¡Ellos son como nosotros, viven para alimentar, enseñar y ver crecer a sus hijos!"
"Bla, bla, bla…" La mujer hace un gesto con su mano denotando aburrimiento.
De repente, un estruendo desconcierta a todos. Era la señal que Hunter le había pedido a los Loud para continuar con su plan. Antes de que alguien pudiera hacer algo al respecto, Cruella toma a su sobrino de la chaqueta y lo lanza hacia el contenedor donde estaban los dálmatas. En una acción totalmente coordinada, Cuddles presiona el botón del control que permite abrir la pequeña puerta y así enviar al joven al interior de la enorme caja de concreto. Con una simple señal de mano, el helicóptero toma vuelo y comienza a alejarse lentamente del lugar.
Lynn, Perla y Apollo observan boquiabiertos la partida de la aeronave. Cruella toma su limusina y se aleja triunfante. En el edificio, Rita se las había arreglado para quebrar el fuerte vidrio de la jaula con herramientas que había encontrado allí, y abrazaba con delicadeza a los perros adultos. En el interior de la caja transportada, Hunter miraba con remordimiento a todos los dálmatas capturados.
Uff, difícil capítulo. Realmente me tomó todo este tiempo para pulirlo bien ya que no quería que queden cosas inconclusas o enredadas, al menos eso espero. Pero bueno, ¡nuevo personaje!...perdón por eso. Ya sé que hay muchos personajes principales en la historia y tal vez sea algo difícil reconocer y tener un seguimiento de todos, pero prometo que es el último que incluiré. Incluso tuve que eliminar un par que inicialmente eran parte de la historia pero como recurrentes, ejemplos: Clarissa (la Corgi vecina de los dálmatas) y un par de amigas de Dolly.
Respecto a la nueva acompañante de los Loud, lo que quise decir con el parecido de su nombre con el de la raza de su perro que menciona Leni, es porque en inglés ésta se llama Brittany Spaniel. ¡Muy bien Leni por notarlo! Ah, y Hunter sabía que su tía estaba metida en el negocio de la indumentaria pero NO que también hacía pieles de animales. Aclaro por si las moscas.
Bueno, muchas gracias por su lectura, como en todos los capítulos, y nos estamos leyendo en la próxima. ¡Cuídense y saludos!
